¿Cómo se empieza una entrada cuando simplemente no se sabe qué decir? ¿Se divaga? ¿Empiezas a contar algo de tu vida? ¿Te acuerdas de todos los ancestros de alguien para atraer visitas? ¿Hablas del tiempo?
Cualquiera de esas opciones parece buena, aunque me vais a permitir que empiece por donde hay que hacerlo, es decir, por el principio. Lamento haber borrado el anterior blog que tenía. Digamos que no estaba en mi mejor momento y la cogí con lo primero que encontré.
Sinceramente me sentía bastante orgulloso de Land of Drakengard y gracias a él conocí a un montón de gente nueva con la que aprendí mucho más de lo que yo pensaba y pasé momentos francamente inolvidables. Pero la vida es así y en ocasiones hay que tomar decisiones difíciles ya que, en lo personal, para mí era necesario hacerlo. En el fondo, si bien Carlos III llegó a afirmar que su desmedida afición a la caza se debía a que ésta le ayudaba a luchar contra el gran enemigo de los Borbones… yo puedo decir que lo comprendo porque ambos tenemos el mismo Némesis, la melancolía. Un sentimiento que te hace hacer en ocasiones cosas que… bueno… no tienen demasiado sentido.
También he de confesar que me preocupaba el uso que estaba haciendo del nombre de “Drakengard” (que viene del videojuego homónimo) y siempre tuve la sensación de que más tarde o más temprano Square-Enix se iba a enfadar e iba a sufrir las consecuencias. Total, por chorradas mayores borran diariamente multitud de vídeos en portales como Youtube.
Con todo, pienso honestamente que no mereció un final así. Siempre pensé que si algún día me tocaba cerrarlo sería de una forma más bien entrañable, lo típico para suscitar alguna lagrimilla y acordarme de todas las personas sin las cuales dicho espacio no hubiese sido el mismo. Sin embargo, todo se resolvió con un arrebato de impotencia que mi bitácora no se merecía. Tal vez por esa asignatura pendiente que tengo con ella retomo de nuevo la actividad bloguera, aunque reconozco que no es el único motivo.
Si no me echo atrás en el último momento, el día 15 de abril empiezo un nuevo proyecto laboral del que no puedo hablar mucho aparte de que, como mínimo hasta verano, me tendrá atado a Valladolid, una ciudad que me merece todo el respeto del mundo pero que jamás me ha gustado. De hecho si todo hubiese ido tal y como yo lo había planeado en octubre del año pasado, a estas alturas me encontraría residiendo en Zamora, pero el dinero es el dinero y el master que quiero hacer en la segunda parte de 2008 en Madrid no se va a pagar solo, por lo que necesito pasta, mucha pasta.
En honor a la verdad estoy deseando irme a la capital de España. Ya en Castilla y León no puedo aprender nada más de mi profesión y dos de mis mejores amigos (también periodistas) se encuentran ahora mismo abriéndose paso en Frankfurt y en Turín, y, honestamente, no quiero dejar que me superen. Pero para dar ese paso todavía queda algún tiempo.
Con todo esto lo que quiero decir es que con este blog al menos me distraeré y pensaré en otra cosa que no sea en la mala leche que invade todo mi cuerpo cada vez que piso en Valladolid ni en lo poco que hacen los representantes políticos de Castilla y León por el progreso de nuestra región y en particular de mi pobre Zamora, que a día de hoy es más un barrio residencial de la bella ciudad de Salamanca que la ciudad con solera y orgullo que un día fue.
Por cierto, manda huevos que a la alcaldesa Rosa Valdeón le preocupen más chorradas demagogas “consiguevotos” como la integración de la mujer en las procesiones de Semana Santa y las posteriores, que el hecho de que la desinversión en “La bien cercada” esté haciendo que nuestros chavales ya no quieran ni hacer el bachillerato en ella.
Por último me gustaría aclarar dos cosas antes de terminar. La primera que las actualizaciones serán semanales y la segunda que esta bitácora, lo que ha sido, lo que es, y lo que será, va dedicada con todo el cariño del mundo a AnimeSPS y en especial a su gente por estar a mi lado tanto en los buenos momentos (risas, éxitos, subidón de visitas derivados de ellos, juegos, quedadas, iniciativas) con su compañía, como en los malos (depresiones, palos personales, decepciones, etc) con su afecto, apoyo y calor.
Así pues ahora sí con mucha voluntad, con las agallas de Siegfried en la saga Soul, y al más puro estilo Kazuya Mishima, cuando volvió de entre los muertos para enviar al infierno a Heihachi en el Tekken 4, retomo las palabras textuales que en aquel momento pronunció ( y que hace más de tres años adopté como lema de vida) con las que… ¡VOLVEMOS A LA CARGA!
They all thought I was out of the game… But I’m Holding All The Cards Now… I’ll… Get Everything Back!
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