
No había ya lugar a la duda acerca de la calidad de aquella locura que en su momento se dio en llamar The King of Fighters. Lo que en principio parecía un juego de tantos destinados a morir en el olvido, se había transformado en la principal enseña de SNK y que, para sorpresa de todos, había relegado al olvido a títulos tan representativos como Samurai Spirits, Fatal Fury o Art of Fighting.
Sin embargo, la saga estaba incialmente destinada a acabar en su entrega del 97, en la que por fin iba a hacer acto de presencia el mítico Orochi, cuya resurrección había sido objeto de tanta controversia en los últimos tiempos. De ahí que la compañía nipona pusiese tanto de su parte para hacer de este título el mejor juego de lucha en 2D de todos los tiempos y, a pesar de que técnicamente volvió a dejar mucho que desear, su tremenda jugabilidad y su amplia cantidad de secretos lo convirtieron en un mito capaz de codearse en Japón con contemporáneos suyos de la categoría de Virtua Fighter 3 Team Battle y su todopoderosa Model 3, con una simple Neo Geo que, dicho sea de paso, empezaba a darle prioridad al lanzamiento de cartuchos debido al fracaso de su versión en CD.

“I tried to talk with God to no avail.
I call him up in and out of nowhere
said if you won’t save me please don’t waste my time”.
Si hay algo que tenía claro al volver a escribir sobre anime es que, desgraciadamente, una de mis grandes pasiones estaba atravesando por una de sus mayores crisis cuyas claves consistían en un gusto exacerbado por los superpersonajes de merchandising y en una nulidad enervante a la hora de desarrollar guiónes mínimamente originales o atrayentes para cualquier tipo de público.
Por ello, cuando leí algunas críticas hacia este anime, (entre ellas la de nuestro amigo Morisato), los ojos se me iluminaron y decidí lanzarme a por él a toda costa a la espera de encontrar por fin una serie de animación que me hiciese recobrar la fe. Pero por desgracia todo lo que puedo decir de ella se resume en una palabra: decepción. Un sinsabor más que se suma a la ya extensa lista de nombres comercialmente muy difundidos pero pésimamente concebidos y desarrollados que no hacen sino apuntalar a la cada vez menos creíble industria de la animación japonesa.
Comencemos a destriparlo.
The King of Fighters 96
Publicado Enero 31, 2010 Frikadas , Opinión , Reviews , Videojuegos 2 Comentarios
Tras la sorpresa que para propios y extraños supuso la secuela del crossover de SNK en 1995, no eran pocos los que se preguntaban cuáles serían las directrices que la compañía nipona seguiría para mejorar un título que, si bien no se había caracterizado precisamente por su calidad técnica, había revolucionado el mundo de los juegos de lucha en 2D en cuestiones de jugabilidad introduciendo de un modo auténticamente creíble el combate por equipos en el género.
The King of Fighters 96 se enfrentó por tanto al difícil reto de consolidar una saga que progresivamente se iba convirtiendo en la bandera del portaestandarte de la lucha en 2D en una plataforma como Neo Geo que empezaba a acusar ya de forma seria el acoso imparable de las 3D de placas como las Model de SEGA, o la System de Namco.
El resultado fue un producto sobresaliente que colmó las ansias de los fans que reclamaban un apartado técnico acorde con la calidad de la jugabilidad ofrecida por la franquicia, pero que no llevó hasta sus últimas consecuencias las nuevas y atractivas mejoras que ofreció. Ahora veremos el porqué.

Pocas dudas quedan ya, al margen de gustos u opiniones, de que Toki wo Kakeru Shoujo se convirtió en uno de los mayores éxitos de crítica y público en la historia reciente del anime merced a su innovadora propuesta de mezclar la ciencia ficción con la rutina escolar japonesa, unida al más que llamativo diseño de sus personajes y al innegable carisma de Makoto Konno, que sedujo a millones de espectadores de todo el mundo que proclamaron al director de la cinta, Mamoru Hosoda, como uno de los nuevos reyes de la animación japonesa.
Ante semejantes antecedentes, era de esperar que su siguiente trabajo fuese uno de los más esperados de la primera década del siglo XXI, gracias no sólo a la avalancha de reconocimientos cosechada por su predecesora, sino por la más que deplorable calidad de la inmensa mayoría de los animes de importancia posteriores a 2005 y a la creación de ese engendro putrefacto mitad catalizador de procesos psicóticos, mitad diosa por excelencia del onanismo, a la que se le dio por nombre Haruhi Suzumiya.
La mecha se encendió en la Tokyo International Anime Fair de 2008, en la que se anunció que Hosoda trabajaba en un nuevo proyecto al que no se atrevió a dar nombre. La expectación creada fue máxima, aunque no sería hasta abril del año siguiente cuando se mostrase el primer trailer de la película y se revelase su título final: Summer Wars.
Estrenada finalmente el 1 de agosto de 2009 en Japón y once días más tarde en Corea del Sur, la cinta sigue sin tener una fecha confirmada para Europa o Estados Unidos a pesar de que nombres como Sitges, o Locarno figuran en su historial de festivales de cine y de reconocimientos bien en clave de premio, bien en clave de nominación.
Así pues, comencemos a desgranar los entresijos de esta nueva y fascinante propuesta que, como no podría ser de otra manera, no dejará indiferente a nadie.
The King of Fighters 95
Publicado Enero 24, 2010 Frikadas , Opinión , Reviews , Videojuegos 6 Comentarios
Un año después de su arriesgada apuesta, con unas ideas más claras sobre sus objetivos y una mayor visión de los intereses de los fans ganados, SNK volvió a la carga con una secuela que realmente podía considerarse el verdadero episodio 1 de la saga. Un título que cuya fama y popularidad se extendió rápidamente por todo el mundo hasta el punto de convertirse en un fenómeno de culto que alargó la vida de las 2D hasta unos extremos que todavía a día de hoy siguen causando asombro.
Veamos qué nos ofrecía.

Como señalan nuestros amigos de Anime Shinto, Internet y Youtube se están convirtiendo en una de las más atractivas plataformas de lanzamiento para jóvenes promesas de la animación que en vez de intentar pasar los estúpidos e inútiles castings y procesos de selección de las productoras, exponen directamente sus obras para que el público juzgue si son o no dignas de aplauso.

Resulta realmente curioso comprobar cómo algunos proyectos por los que nadie en su sano juicio hubiese apostado el menor de sus bienes por su salida adelante, se convierten en auténticos puntos de inflexión de la historia del género al que pertenecen y pasan a formar parte de un pequeño grupo de elegidos cuyo nombre es considerado como clave.
Ni la idea era nueva, ni técnicamente hacía honor a una placa de tanto potencial como llegó a ser la Neo Geo, ni estaba dotado de una historia capaz de interesar ni tan siquiera de forma remota al jugador y ni siquiera salió al mercado en un tiempo propicio para los videojuegos en 2D. Sin embargo, una jugabilidad inédita hasta la fecha y una personalidad definida, y a partir de entonces perfectamente identificable, convirtió a The King of Fighers ‘94 en todo un fenómeno de masas que alargó de un modo milagroso la vida del género de la lucha en dos dimensiones y amasó un increíble número de fans que incluso a día de hoy siguen reclamando nuevas ediciones y formas de continuar el eterno combate entre Kyo Kusanagi e Iori Yagami, aunque todavía habría que esperar un año a que este último apareciese en escena.
Veamos cuáles fueron las claves de este éxito.
Akira
Publicado Enero 11, 2010 Anime , Frikadas , Manga , Opinión , Reportajes , Reviews 8 Comentarios
¿Cuáles son las palabras exactas? ¿Qué es lo que se puede decir cuando intentas analizar lo que supuso nada más y nada menos que Akira? Corría el año 1991 cuando precedida de una mención de honor del Festival de Cine de San Sebastián llegó a las carteleras españolas la película de animación que protagoniza esta entrada. Una cinta que si bien no obtuvo el éxito en taquilla de las por entonces intratables superproducciones de Disney, marcó sin embargo un hito por el que ha sido recordada hasta la actualidad: el de penetrar en occidente con la etiqueta de producto “Manga”, que hasta entonces había sido ocultada contra viento y marea como se había demostrado por ejemplo en producciones como Marco, Sherlock Holmes, G-Force o Candy Candy que en base a su distribución habían sido identificadas como francesas, italianas o alemanas; especialmente las vinculadas a Nippon Animation.
Akira, fue un producto 100% japonés que no camufló su origen y no ocultó en absoluto la crudeza de su argumento en cuanto a la trama o la violencia de sus situaciones. La controversia estuvo servida y durante mucho tiempo dio origen a toda clase de artículos e intervenciones de detractores del por entonces nuevo e incipiente fenómeno, pero también fue la cabeza de puente que necesitaba la industria del manga para desembarcar definitivamente en la práctica totalidad del continente europeo, y que tan buenos resultados cosechó en España en colecciones como las Manga Manía. Así pues, analizaremos concienzudamente este fenómeno e intentaremos aclarar algunas de las claves por las cuales obtuvo el reconocimiento que a día de hoy se le concede.
ATENCIÓN: El texto desplegado a continuación contiene numerosos spoilers especialmente relacionados con el manga por lo que no debe leerse salvo que no se tenga intención de hacerse con el cómic. Del mismo modo estamos ante un relato que contiene escenas de sexo explícito, drogas y violencia extrema por lo que ningún menor de edad debe verlo salvo bajo su propia responsabilidad.
Nunca fui alguien normal. Así me lo hicieron saber desde el día en el que nací. Cuando era pequeño mis padres se divorciaron. Ahora es algo muy normal pero por entonces aquello era un invento considerado poco menos que blasfemo. No me voy a meter en quién tenía razón de los dos, sólo en que vi a mi madre tan desvalida y aterrorizada que decidí intentar defenderla como fuese a pesar de que solo tenía seis años y así lo hice.
No voy a contar el desenlace de la historia, pero el hecho de ser hijo de una divorciada y el estar todo el día pendiente de mi madre hicieron de mí un objeto de mofa por parte mis queridos compañeros, todos ellos niños bien y muy de derechas o ateos recalcitrantes muy de izquierdas y sin bautizar que iban a colegios de curas. Coherencia ante todo.
Ahora eso recibe un nombre: Bullying, y sus responsables (y los que lo amparan) son castigados como se merecen. Pero en aquella época se llamaba “algo habrás hecho”, “los niños de padres divorciados son niños-problema” e incluso “tus compañeros te están aguantando con un estoicismo admirable”. Esta última dicha por un hijo de puta (con perdón a las putas) porque yo era la única víctima de Bullying del colegio dispuesta a defenderse con uñas y dientes y a no dejarse ningunear, en vez de aceptar que nos humillaban “porque lo merecíamos”. Nos atacaban porque tenían dinero. Se creían por encima de nosotros y que el tener una posición social pudiente les daba derecho a avasallar a los demás y a someterlos a toda clase de vejaciones si lo creían oportuno. Creo que olvidé la cantidad de lágrimas que les llegué a secar a compañeros de otros cursos a los que como a mí les hacían la vida imposible. Ellos aguantaban un año y a veces ni eso, pero yo lo hice hasta el final.
Tampoco tuve un padre real. Mi madre volvía de noche de dar clases y yo me quedaba solo en casa esperando a que volviese. Nadie me enseñó a ser un hombre y tuve que aprenderlo por mi cuenta, pero como no tenía a nadie tuve que recurrir a los mejores de la historia. Cogía un libro y lo devoraba, lo exprimía a tope, me empapaba de todo lo que contenía y lo reemplazaba por otro. La política de Bismarck, la valentía de Sócrates ante los villanos que lo condenaron a muerte y que con tanta pasión retrató Platón, Maquiavelo y su retrato del príncipe ideal a César Borgia (Fernando el Católico), los discursos de Churchill, la picaresca del mariscal Rommel, Orwell y su obsesión por la verdad y la libertad, la grandilocuencia de Julio César… Por eso me permito la inmodestia de decir que en parte soy hijo de todos ellos, pero especialmente de dos: Rudyard Kipling y su excepcional “If” que me enseñó lo que es realmente un hombre y Thomas Hobbes por el “Homo homini Lupus Est” que popularizó en su Leviatán (que no creó). Una vez me dijeron que yo era la demostración de esa frase y que yo realmente parecía un lobo; no sólo en mis gestos o en mi mirada (que también) sino en mi forma de ser, pero además añadieron que en esa frase el malo no era el primo hermano del perro, sino el hombre.
El lobo es un animal orgulloso, fiel y leal. El lobo sólo mata por alimentarse y por darle de comer a sus lobeznos, mientras el hombre mata por placer y lo que es peor, lo hace con sus semejantes. El lobo respeta a sus jefes o se aisla y vive en soledad, el hombre sólo vive con la obsesión de conseguir el poder, aparearse y “matar a su padre” como diría Freud. El lobo fue el primer compañero del hombre y sin él probablemente se hubiese extinguido, pero vio su maldad y decidió abandonarlo. Por ello el hombre siempre ha denostado al lobo en beneficio del perro, una especie igual de noble pero incapaz de ver que se trata de un ser maligno del que el propio Dios renegó. Por ello siempre he dicho de forma orgullosa que soy un lobo al que muchos han herido y en eso reside mi fuerza.
Cuando llegué a la universidad yo tenía 18 años y un I.Q. de 134, pero no sabía lo que significaba vivir ni lo que era ser humano. No sabía integrarme con la gente, no sabía salir de fiesta, ni hablar de cosas intrascendentes, ni pedirle a una chica que fuera mi novia. Era simplemente una persona cuyo crecimiento emocional se detuvo a los seis. Durante los siguientes años fui un monstruo. Quería convivir con los demás, pero no podía. Por ello me dediqué a hacer lo único que sabía hacer: escribir. Escribía artículos, discursos… y se los daba a otro que no tenía mi habilidad para que se llevase la gloria en mi lugar. Cuando no le era útil se deshacía de mí… Y con esa excusa escapaba, huía de cualquier cosa que significase querer a alguien.
Por si fuera poco, algunas personas de mi familia, motivadas por sus intrigas, empezaron a machacarme y a castigarme a mí como si yo fuese mi padre. No era por lo tanto sólo una víctima de Bullying, sino también alguien de quien renegaban personas a las que quería y lo que es peor, sin más motivo que el ser hijo de un padre al que prácticamente no conocía. Todo ello hizo que tuviese un carácter irascible y colérico que sólo hallaba la paz con el enfrentamiento con los demás. Llegué a pensar que ya que todo el mundo me odiaba, sería por algo y que yo merecía que me odiasen.
Tuve al menos la fortuna de que una de las pocas personas que se preocuparon por mí cuando era pequeño me recondujo por el buen camino, “Ángel”. Fue el primero que me dijo que realmente yo era una buena persona y que no debía dejarme llevar por todas las cosas malas que me habían pasado.
También tuve la suerte de tener un “hermano”, Manuel, que pese a no serlo de verdad, se convirtió en una de las personas más apreciadas para mí. De hecho, realmente no sé qué hubiese sido de mi vida si no hubiese tenido su compañía desde que jugábamos al World Cup Italia 90 de Mega Drive.
Había vivido durante muchos años cosas que hubiesen vuelto loco a cualquiera y lo hice sin quejarme ni una sola vez. Ni siquiera derramé una sola lágrima. Creo que en 15 años no lloré ni una sola vez, pero pienso que no fue por valor, sino porque ni siquiera sabía llorar.
Me hice periodista por una razón. Cuando yo era débil e indefenso no tuve a nadie que me ayudase realmente y no quería que nadie que pasase por lo que yo pasé destrozase su vida por un culpa de un silencio cómplice o una condena que nadie se atreve a expresar. Porque quería, como decían en un conocido videojuego, ser el alguien al que tienes cuando no te queda nadie. Por eso tragué carros y carretas para licenciarme, e hice lo imposible para hacerme con un puesto en diferentes medios de comunicación en los que entré.
Pero necesitaba también aprender a ser humano y ¿os lo imagináis? ¿Os imagináis lo que significa crecer de golpe unos quince años en apenas dos? Pues eso fue lo que tuve que hacer yo. Muchas personas me decepcionaron, otras se aprovecharon de mí y muy pocas me brindaron su amistad. Creo que entonces lloré y reí todo lo que no había hecho en todos estos años, pero agradezco cada risa y cada lágrima que cayó por mi rostro, porque me convirtieron en persona.
¿Recordáis cuándo borré el blog? Fue una de esas chiquilladas que todavía me quedaban por eliminar. Además aquella salmantina no merecía la pena en ningún aspecto. Pero cuando me fui y dejé aquella entrada de “Adiós” lo hice por un motivo muy claro. Porque viví un amor imposible, cierto, y difícil, muy difícil, pero ello no quiere decir que no me dejase la piel por estar con ella y que no la quisiese de verdad. Ciertamente para mí no es importante si fue por un motivo u otro o quién tuvo la culpa de la ruptura. Para mí lo importante fue que perdí para siempre a una persona de las pocas que eran imprescindibles para mí, alguien con la que quería compartir el resto de mi vida, que me llenaba por completo y por la que hubiese dado la vida si hubiese sido necesario. Y sé que no todos los días se encuentra a alguien así.
Cuando me dejó pensé que ya no tenía derecho a escribir porque el alma se me había roto en mil pedazos. A finales de marzo no era capaz de enlazar dos palabras con coherencia y decidí apartarme de todo y de todos. ¿Os podéis creer que me dolía tanto el pecho cuando me ponía a escribir que pensé que me iba a partir en dos? Por eso me fui, porque un hombre que pierde a la mujer que ama no es digno de tal nombre.
Durante todo este tiempo abandoné mi profesión, me saqué un certificado para ejercer de profesor y obtuve el carnet de conducir. Pero no era capaz de hacer nada útil, me sentía un payaso inservible que sólo servía para lamentarse de sí mismo y jugar a la consola hasta reventar. Por ello mi carácter iba empeorando. Cada vez me hacía más insociable y huraño. Empecé a creer que si me habían hecho daño ¿para qué me iba a molestar en caerle bien a alguien o a querer hacer algo bueno por nadie?
En el fondo, un periodista que no escribe está muerto y empecé a olvidar el motivo por el que entré en este mundillo. El que ya os expresé.
En octubre conocí a una buena chica que había sido como yo. También ella había defendido a su madre, pero con sus propios puños y con su vida. Había sufrido la soledad y el aislamiento, el acoso y la intolerancia, la maldad de muchos de los de su entorno. No era capaz de disfrutar de la vida, de estar bien con su novio, de disfrutar de sus amigos.
Rápidamente se hizo amiga mía e intenté ayudarla… hasta que pensé que no quería volver a ayudar a nadie, a querer a nadie, a dejar que nadie más entrase en mi vida y la retiré de mi vida ofendiéndola de verdad. Es la primera vez en mi vida que me comporto realmente como un cobarde y lo que es peor, como una mala persona a sabiendas de lo que significa comportarse mal. No creo que mis palabras de perdón arreglen nada, aunque se lo expresaré cuando la vuelva a ver, si es que tengo el valor de volverle a mirar a la cara.
Pero lo importante no es el hecho en sí, sino en que por primera vez me he comportado como todos esos cabrones que me intentaron hacer la vida imposible durante tantos años.
El motivo por el que vuelvo a escribir no es porque esté ni mejor ni peor (mis amigos saben de sobra cómo he llegado a estar) ni porque quiera comentarios en plan “tío, qué alegría el verte de nuevo” o el “mira éste cómo le gusta llamar la atención”. Vuelvo a escribir por la simple razón de que no quiero volver a ser nunca más ese maldito monstruo que era cuando no tenía ninguna emoción, porque es la única manera de conservar la cordura, y porque escribir es lo que me recuerda el qué y el porqué tengo que ser ante todo una persona y porque hoy me sentido… un gusano como todos aquellos a los que juré y perjuré hacerles pagar su maldad.
No me interesan los foros, ni conocer a gente a través de Internet, sólo el no volver a sentirme como me he sentido hoy, por haber olvidado lo que realmente me importa en la vida. Quien no quiera volverme a leer, está en su derecho. No lo hago para que la gente me lea, sino por mero egoísmo. Porque quiero seguir siendo yo; el yo al que su madre le leía Platero y Yo, el yo que era una y otra vez humillado al PES por su hermano Manu, el yo al que Ángel enseñó a ayudar a los demás. Allá cada cual lo que opine de mí. Todo lo que tengo que decir sobre mí ya lo he dicho.
Ah y, por favor, soy algo más que esos adolescentes que llaman gratuitamente la atención con victimismos y a los que erróneamente se les llama emos. Ni siquiera sé lo que realmente significa esa palabra.













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