
Nada hacía presagiar en aquella tarde de 1849 que en uno de los habituales paseos que Eric Buttman (también llamado Goodman o Buttman en las diferentes versiones de la serie) solía dar por el bosque en compañía de sus hijos, se convertiría en el momento que cambiaría su vida y la de su familia para siempre. Tan solo algunas gotas de agua que darían paso a una violenta tormenta que le obligó a resguardarse junto a los pequeños Abel y Arthur debajo de un árbol.
De pronto, el sonido de la densa lluvia al caer y de los truenos se mezclaron con el llanto de un bebé. Algo que obligó al señor Buttman a salir de su refugio y peinar la zona hasta encontrar a la criatura, que se encontraba junto a su madre, sepultada por la caída de uno de los troncos que los rayos habían partido.
Antes de morir, la mujer tuvo fuerzas para decirle a Eric el nombre de su hija, Georgie, y para confesarle que estaba huyendo de los militares de la zona porque su marido era un deportado y ella había escapado. Por ello, y viendo cercana su hora, le pidió que se hiciese cargo de su hija y que le entregase una pulsera como recuerdo de quiénes fueron sus auténticos padres.
El señor Buttman no entregó al bebé a las autoridades y regresó al lugar en el que se encontraban Abel y Arthur para presentarles a la que desde entonces sería nueva hermanita, aunque sólo su recelosa mujer Mary y su gran amigo Kevin, conocerían el origen delictivo del padre de la pequeña Georgie.
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