
Está claro que, tal y como rezaba aquella emotiva carta de la película “El Sur” “el tiempo es el más implacable juez que existe” y todavía sigo sin creerme que hayan pasado nada menos que cuatro años desde la última vez que vi al completo un anime del estudio BONES.
Paradójicamente, por aquel entonces consideraba a esta fábrica de sueños como la mejor productora existente en el mundo de la animación japonesa y no había un solo producto que llevase su sello y que no “visionase” por el simple placer de comprobar cuál era la siguiente locura con la que descubría una nueva y sorprendente forma de crear un mundo alternativo al real pero completamente creíble.
Sin embargo, y por razones que no alcanzo a entender, tras terminar Kurau Phantom Memory no volví a interesarme por uno solo de sus proyectos. Eureka 7 la dejé a la mitad y Ouran Host Club consiguió horrorizarme lo suficiente como para abandonarla al cuarto episodio. Por ello, este Darker Than Black, una de sus últimas y más arriesgadas apuestas recientemente licenciada en España, ha supuesto mi reencuentro real con ellos con el que he querido comprobar si su productora sigue estando en la cresta de la ola o por el contrario ha seguido fiel a esa regla no escrita del mundo del animación japonesa que reza aquello de que todo lo que sube, tras unas dos temporadas en la cresta de la ola, cae en picado. Veremos si es así.
ADVERTENCIA: El anime que analizo a continuación contiene escenas de extrema violencia, por lo que ningún menor de edad debe verlo salvo bajo su propia responsabilidad. Del mismo modo, la descripción de personajes posee numerosos spoilers que revelan algunos detalles clave de la historia, con lo que dicha sección debe ser leída con extrema cautela por parte de los que estén interesados en verla y aún no lo hayan hecho.



















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