
Tras la sorpresa que para propios y extraños supuso la secuela del crossover de SNK en 1995, no eran pocos los que se preguntaban cuáles serían las directrices que la compañía nipona seguiría para mejorar un título que, si bien no se había caracterizado precisamente por su calidad técnica, había revolucionado el mundo de los juegos de lucha en 2D en cuestiones de jugabilidad introduciendo de un modo auténticamente creíble el combate por equipos en el género.
The King of Fighters 96 se enfrentó por tanto al difícil reto de consolidar una saga que progresivamente se iba convirtiendo en la bandera del portaestandarte de la lucha en 2D en una plataforma como Neo Geo que empezaba a acusar ya de forma seria el acoso imparable de las 3D de placas como las Model de SEGA, o la System de Namco.
El resultado fue un producto sobresaliente que colmó las ansias de los fans que reclamaban un apartado técnico acorde con la calidad de la jugabilidad ofrecida por la franquicia, pero que no llevó hasta sus últimas consecuencias las nuevas y atractivas mejoras que ofreció. Ahora veremos el porqué.





















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