Tras los sucesivos fiascos que para esta generación de consolas han supuesto la mayoría de los títulos programados en el Imperio del Sol Naciente, parece claro que Japón necesitaba imperiosamente un título con el que reivindicar de nuevo su papel preponderante en el mercado del videojuego y que, al mismo tiempo, trajese un toque de aire fresco a un mercado saturado de secuelas que han ido hundiendo progresivamente a sagas tan dispares como Final Fantasy, Winning Eleven (Pro Evolution Soccer) o Devil May Cry.
En relación a esta última no cabe duda de que su primera y tercera entrega fueron verdaderamente memorables, pero la segunda y especialmente la cuarta, sumieron a la franquicia en un ostracismo que benefició claramente a la sangre nueva derivada de títulos de temática similar como “God of War” o el más reciente “Dante’s Inferno” cuyo origen era occidental.
Tal vez motivados por ello, Platinum Games, la reencarnación de Clover Studio que tantas alegrías ha dado a los usuarios de Nintendo con su MadWorld para Wii e Infinite Space para DS, con la ayuda del padre de Dante Sparda, Hideki Kamiya, decidió tomar el relevo en el género de los Beat’em up en 3D contra rivales demoníacos para reivindicar de nuevo la supremacía japonesa en este campo utilizando para ello una forma hasta ahora inédita como era la de las brujas. El resultado fue Bayonetta, un sensacional juego para Xbox 360 y PS3 y cuyos principales aspectos procederemos a analizar.
ADVERTENCIA: El juego analizado contiene escenas extremadamente violentas en las que se reproducen torturas, vejaciones y momentos que pueden herir la sensibilidad del espectador con lo que ningún menor de edad debe jugarlo salvo bajo su propia responsabilidad.





















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