
Sí es verdad. Qué fácil resulta ahora hacerse con un buen videojuego. Prácticamente todas las ciudades españolas de más de 20.000 habitantes poseen una tienda de videojuegos con todas las novedades y con un más que generoso mercado de segunda mano para aquellos que deseen disfrutar de sus juegos originales. Sin embargo, prácticamente hasta la llegada de las 128 bits la cosa no era tan fácil como pudiese parecer.
Recuerdo todavía cuando con apenas 12 años y una vez conseguida la ardua tarea de reunir las 7.000 pesetas que por entonces costaba comprarse una novedad de Master System, recorría por una ciudad como Valladolid cadenas tan importantes como Continente o Pryca (actualmente fusionadas con el nombre de Carrefour) sin que fuese capaz de encontrar nada que no fueran las conversiones a 8 bits de los Sonic y algún que otro título basado en la película o serie de televisión de turno de cuya calidad media me voy a ahorrar comentarios.
Para todos aquellos que vivimos esa época comprar un videojuego era algo mágico. El número de títulos era mínimo y su calidad ínfima, pero los disfrutábamos al máximo y los exprimíamos hasta que no quedaba un milímetro por explorar o un secreto por descubrir. Aunque claro esas limitaciones hacían que en no pocas ocasiones fuésemos víctimas de estafas, como le ocurrió a este alma de cántaro que os habla, que cambió una joya de coleccionista como era el Guardian Heroes de Saturn por un Nights con una mancha de tinta en el disco y completamente inservible después de pagarle incluso dinero por el “favor” al propietario gafotas de una conocida tienda que me echó a voces cuando le fui a pedir responsabilidades aprovechándose de que era un menor (me lo llega a hacer ahora y se come el CD con la tinta delante de sus clientes mientras destrozo su culo a puntapiés).
Pero lo peor sin duda no eran estas cosas, sino la grosería con las que se arrojaban en este mercado auténticas joyas que, merced a la desidia de ciertas distribuidoras o el nulo rigor de ciertas publicaciones, caían en el anonimato. Algo de lo que se lucran, y no precisamente de un modo discreto, los pocos que, bien por su buen olfato, bien por conocimiento, bien por la simple coincidencia, se hicieron en la zona PAL con joyas que a día de hoy se venden a precio de oro.
Éste es un humilde repaso a alguno de esos títulos que hoy les dan considerables alegrías económicas a sus compradores primigenios.
Continuar leyendo ‘Los tesoros PAL que todo coleccionista de videojuegos ansía poseer’
Nos honran con su presencia