Top 10: Mis canciones de videojuegos más queridas

Ante todo me gustaría disculparme por haber tenido el blog en un pequeño hiatus veraniego que se ha prolongado de forma imprevista a lo largo de dos semanas debido a dos factores fundamentales: el primero, y por lo tanto más importante, es que estoy haciéndome cuatrilíngüe y dentro de poco voy a tener que demostrar mis conocimientos de lengua francesa, con lo que me estoy preparando a conciencia para un examen que por mis huevos voy a aprobar (hay que mentalizarse ante todo); el segundo es que cuando uno redacta la que honestamente considera su obra maestra, gusta de darse un pequeño descanso para que la gente pueda leerla como se merece y juzgar o no si es digna de tal título impuesto por su creador.

Ciertamente, había prometido un post realmente bueno para hoy, sin embargo el estar completamente volcado con el idioma galo me ha impedido ponerme de lleno con la idea que tenía pensada, por lo que la he sustituido por un Top 10 que desde hace tiempo tenía pensado hacer como era el de mis temas preferidos nacidos exclusivamente por y para los videojuegos.

Como siempre estamos ante una clasificación meramente subjetiva y que, por lo tanto, muy probablemente no contendrá ni las mejores canciones, ni los hitos sonoros más importantes de la esfera del entretenimiento que analizamos, pero sí aquéllas que han marcado mi vida y que, como tales, considero en mi humilde opinión que no deben caer en el olvido y que, de cuando en cuando, merecen figurar en todo repaso que se merezca por este particular mundo de estas OST que tan poco reconocimiento han gozado en el continente europeo hasta el día de hoy.

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FullMetal Alchemist, el estigma del pecado de aquéllos que intentaron derrotar a la Muerte

People cannot gain anything without sacrificing something. You must present something of equal value to gain something. That is the principle of Equivalent Trade in Alchemy. We believed that was the truth of the World when we were young”

Todos los que me conocéis sabéis que no sé hacer gran cosa aparte de escribir. Siempre he dicho que ésta es mi manera de vivir y que si no fuera por ella… creo que hace mucho tiempo que mi existencia carecería de sentido. Aunque hoy, me apetecía hacer algo especial en base a esa habilidad porque la ocasión lo merece.

Nunca he tenido en mi vida demasiados momentos felices, aunque entre los pocos que tengo, recuerdo uno muy por encima de los demás. Fue un autorretrato con una sonrisa que alguien me regaló el día en el que cumplí 27 años. Se trataba de una simpleza, pero a veces las cosas que llegan al corazón, las más mágicas y emotivas que uno recuerda son muchas veces las más sencillas. Una razón por la cuál aquel dibujo es mi posesión más valiosa.

Por ello, puesto que en aquel momento la persona más importante de mi vida me regaló una parte de ella, en el hipotético caso de que esté leyendo esto me gustaría darle como regalo de cumpleaños este reportaje. Sé que no se trata de nada especial, pero es lo único que sé hacer que tenga un aire mínimamente mío. Aunque por supuesto éste es un regalo público que me gustaría compartir, naturalmente, con todos vosotros.

Se trata con mucha diferencia de la review más extensa que he hecho en mi vida. Os puedo asegurar que casi me he vuelto loco para confeccionarla porque he tenido que trabajar a contrarreloj y perdiendo más de una hora de sueño para poder tenerla a tiempo para este día tan especial. Pero bien está lo que bien acaba y espero que este trabajo, que con tanto esfuerzo he logrado concluir, sea tanto de su agrado como del vuestro, con este pedazo de mí en forma de análisis y reconocimiento a uno de mis grandes mitos del anime hecho realidad por esa factoría de sueños japonesa que en su momento llevó el nombre de Bones.

Por la destinataria, y por todos los que día a día siguen mis peripecias por este diablo mundo en el que me ha tocado vivir. Con todos vosotros, la cronología de un pecado que cambió el curso de la historia del manganime. Moltes Felicitats!

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Final Fight: de mito arcade a bandera del Beat’em up para SNES

Ante todo me gustaría disculparme por el retraso en la publicación de la entrada debido al viaje que tuve que hacer el pasado fin de semana unido al inesperado de ayer por la noche y que me impidió ponerme a escribir hasta esta misma mañana, por lo que de antemano me gustaría pedir indulgencia ante según qué erratas, así como en la ya mencionada demora en la redacción de la entrada y la poca frescura de alguno de sus párrafos.

Dicho esto, no es la primera vez que dedico un reportaje a una saga de beat’em ups en 2D y, como en todos ellos, me veo ciertamente incapaz de explicarle a un usuario actual de videojuegos los motivos exactos por lo que estos títulos de “todos contra el barrio” llegaron a atesorar la popularidad de la que gozaron y llegaron a copar del modo que lo hicieron las preferencias de los jugones en las recreativas, que esperaban durante horas su turno mientras intentaban aprender los trucos y estrategias de los jugadores más experimentados. Dentro de este mundo, sin duda Double Dragon pasará a la historia por ser el primero, aunque en ningún caso por ser el mejor. De hecho, sagas como Golden Axe o Streets of Rage superaron claramente al original y lo condenaron, incluso en la época dorada de las dos dimensiones, a un ostracismo del que nunca pudo recuperarse.

En ese aspecto, el gran rival de SEGA en este terreno fue sin lugar a dudas Capcom, que con títulos de la talla de Captain Commando o su Cadillacs & Dinosaurs consiguió ganarse por méritos propios su sitio en el Olimpio de los videojuegos, aunque de toda aquella hornada de grandes títulos, Final Fight fue el más afamado y el que constituyó el gran bastión de la 16 bits de Nintendo para enfrentarse a las alternativas propuestas por Mega Drive. A lo largo de este artículo, intentaremos pues aportar un poco de luz acerca de los motivos que impulsaron su éxito así como su posterior declive y su trascendencia en el mundo del entretenimiento digital.

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