
“Tell me… Who… are… you…?”
Pocas cosas existen en la vida que me enerven más que hablar de un tema a toro pasado, sin la necesaria percha de actualidad que despierte en el lector el interés conveniente y sin la avalancha de sensaciones que el fallecimiento de un genio como el de Satoshi Kon pudo inspirarle a un corazón como el mío, tan difícil a la hora de abrirse y sin embargo tan poco aficionado a despedir para siempre a personas que de un modo u otro forman parte de su vida. Pero ciertos deberes personales unidos a trabajos imprevistos y el cansancio acumulado por la sucesión de reviews maratonianas han hecho que no sea hasta hoy cuando por fin pueda rendirle a mi manera un pequeño homenaje y discreto homenaje a este gran creador que nos dejó, como siempre en estos casos, sin pedirnos permiso, en plena madurez y con un reconocimiento internacional concienzudamente ganado que hacían presagiar en su persona al digno sucesor de Miyazaki como cabeza pensante de la animación japonesa.
La trayectoria de este hombre no pudo ser más dispar en mi opinión y sus trabajos mantuvieron una trayectoria similar a la de una montaña rusa en la que podíamos encontrar aberraciones como Paranoia Agent o Paprika, auténticos inspiradores de indiferencia como Millenium Actress o joyas intemporales de la talla de Tokyo Godfathers capaces de darle la vuelta a una situación tan recurrente como la de un cuento de Navidad y transformarlo en algo… mágico, único e irrepetible al modo que sólo las obras dignas de llamarse grandes son capaces de inspirar.
Ya en su momento, la aventura de los tres mejores padrinos que una niña abandonada pudiese tener tuvo el honor de llevarse el primer 10 de la historia de esta bitácora por conseguir algo tan sencillo a la par que maravilloso como hacerme reír y llorar de felicidad a un tiempo. Sin embargo, mi corazón me pedía terminar de narrar de una vez las incursiones que en vida realizó a un séptimo arte que logró dominar, y en el que logró el nada desdeñable mérito de hacer que todas y cada una de sus extravagancias magistrales fueran licenciadas en occidente.
Por ello se hacía necesario hablar de Perfect Blue. El largometraje que hizo que el resto del planeta empezase a mirar a Kon como un director de prestigio y que lo consolidó como la brillante apuesta que más tarde se haría realidad, aunque sin permitir que el éxito hiciese que renegase de sí mismo o lo cambiase en relación a lo que siempre fue: un friki terriblemente accesible y divertido que conseguía que sus dibujantes, lejos de un deber u obligación, considerasen trabajar con él un placer y un extraordinario privilegio. Así pues y sin más dilación, procederemos a desentrañar un auténtica Opera Prima.
ADVERTENCIA: Atención, el anime analizado a continuación contiene desnudos integrales, sexo explícito y escenas extraordinariamente violentas que pueden herir la sensibilidad del espectador, por lo que ningún menor de edad debe verlo salvo bajo su propia responsabilidad.
Continuar leyendo ‘Perfect Blue, el proyecto underground del que nació Satoshi Kon’
Nos honran con su presencia