Ranma ½; la locura transformista de Rumiko Takahashi

Los caídos en las lagunas de Jusenkyo… En ningún caso deben abusar de su capacidad para transformarse. En ningún caso podrán perjudicar a los demás cuando lo hagan. Aquéllos que tengan el poder de transformación sólo están autorizados a utilizarlo si respetan las dos reglas anteriores.

Que nadie me malinterprete. Este blog volverá a la actividad el 12 de junio del presente año. Pero hoy digamos que es un día “especial”, al menos en lo que a mí se refiere dado que me he propuesto que en él exista de una endemoniada vez haya una efeméride interesante antes de palmarla, y ya que la temporada pasada le dediqué a tan señalada fecha una review a la que a mi juicio es la mejor serie de animación de todos los tiempos, en esta ocasión me gustaría redactar otra… aunque sobre uno de los peores, a la vez que más queridos por mí, animes por aquello de que en él no sólo se encuentran un montón de horas invertidas y dinero gastado, sino también risas, ilusión, cariño y todas esas cosas que hacen que un producto sin calidad aparente consiga llegar al corazón y quedarse en él como parte de ti.

Las tres sencillas reglas con las que comienza esta review eran las que regían la vida de todos aquellos insensatos que, tras osar entrenar en el peligroso campo de Jusenkyo, habían caído en alguno de sus muchos estanques, cada uno de los cuales encerraba una particular maldición que hacía que cuando una de sus víctimas se mojase la cabeza con agua fría, su cuerpo se transformase en el del ser que siglos atrás se había ahogado en ellos, aunque tal efecto podía ser revertido con un chorro de agua caliente en la testa para volver a la normalidad.

Tenía apenas doce años cuando empecé a disfrutarla y tal fue el aprecio que le llegué a desarrollar que incluso a día de hoy es el manga más largo que, comprado tomo a tomo, se encuentra en mi biblioteca, así como uno de los pocos que me he leído en su totalidad. No os podéis ni imaginar la cantidad de tardes que llegué a pasar ante el televisor viendo una y otra vez los episodios que tenía grabados y cómo incluso llegué a aprenderme capítulos enteros de memoria disfrutando de las peleas estúpidas entre Ranma y Ryoga esperando que este último lograse por fin derrotarlo definitivamente, o de las argucias de Shampoo para hacerse con el amor del chico de la coleta. Todo ello con las simples ansias de que una vez Saotome y Akane reconociesen de una vez lo mucho que se querían.

Como ya he dicho, estamos ante una serie ínfima pero también ante una de las pocas por las que pondría la mano en el fuego por haber logrado algo tan grande, a la par de difícil, como es hacerse con el cariño de toda una generación que al margen de gustos, modas y tendencias, la sigue considerando un mito. Por todo ello, me gustaría invitaros a adentraros conmigo en una de las historias más tiernas, divertidas, cargantes, repetitivas, frustrantes, embriagadoras, deliciosas… y simplemente adictivas que he tenido el gusto de disfrutar. Así pues, con todos vosotros y con el mayor de los cariños… mi infancia.

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