Kingdom Hearts II. La consolidación técnica del nuevo mito de Square

.-If Light and Darkness are eternal then surely we nothings must be the same… Eternal! .-You are right, light and darkness are eternal. Nothing probably goes on forever too. But guess what, Xemnas? .-That doesn’t mean YOU’RE eternal! .-No more eternal than that radiance of yours…

Al comenzar esta nueva singladura en la bitácora, muy clara se encontraba en mi cabeza que debía por fin poner punto y final a las asignaturas que tenía pendientes en lo que a videojuegos se refiere. En ese sentido han sido varios los títulos que durante este año me he pasado que parecían irremediablemente destinados a criar polvo en mi estantería sin ser acabados jamás como era el caso de Age of Mythology, Warcraft III o muy especialmente el Golden Sun, que llevaba nada menos que nueve años durmiendo el suelo de los justos hasta que un día me dio por invertir diez horas seguidas en conseguir todos los Djinn y ganar así la batalla final. Sin embargo, de todos ellos fue Kingdom Hearts II el primero de los que este año terminé y que, dada la review que le dediqué a su primera parte, parecía claro que su inclusión en este blog era sólo cuestión de tiempo.

Ambos fueron programas con los que puedo decir que me tiré mi tiempo. Con el primero concretamente desde mediados de 2003 hasta mayo de 2008. Con el segundo desde junio del mismo año hasta febrero del presente (2011), aunque tales lapsos de tiempo fueron provocados bien por la adquisición de una Xbox360 por mi parte, bien por mis otros quehaceres que me tenían ocupado casi a tiempo completo.

Confieso que cuando lo probé por primera vez, la apuesta de Square Enix me sorprendió gratamente, dado que el apartado técnico era visiblemente superior al de su predecesor, su jugabilidad se había incrementado considerablemente y la historia de ese aparente nuevo protagonista llamado Roxas prometía elevar a la franquicia al nivel que sólo los grandes del videojuego podrían alguna vez alcanzar. Por ello decidí ponerme de nuevo con él y no cejar en mi empeño de acabármelo cuanto antes para intentar tachar nombres de mi lista de juegos sin terminar cuya extensión empezaba a ser alarmante y que ahora vuelve a tener un tamaño aceptable.

Así pues, y sin más dilación, he aquí mi particular visión de la segunda y hasta ahora última entrega de la saga para consolas domésticas y de la que llevamos cinco años esperando su tercera parte, si no contamos, por supuesto, a sus cuatro monstuosas apariciones en las portátiles, de las cuales me ahorraré la menor valoración por no elevar mis niveles de acidez estomacal.

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La tumba de las luciérnagas; el principio del fin de Isao Takahata

-.¿Qué haces? -.Estoy haciendo una tumba. Mamá también está dentro de una tumba ¿verdad? Se lo oí decir a la tía hace unos días o sea que ya sé que mamá ha muerto y seguramente debe estar en una tumba. -.Un día iremos a ver su tumba, hace tiempo estuvimos en Nanobiki ¿te acuerdas de que visitamos todos el cementerio? Mama esta allí; su tumba está cerca de los árboles grandes. -.¿Por qué se mueren tan rápido las luciérnagas?

La idea de crear una review de esta película surgió hace más de un año cuando uno de los lectores de esta bitácora me solicitó vía email que dedicase unas líneas a la que a su juicio era el mejor largometraje de animación de todos los tiempos. Una postura sobre la que, como podréis observar a continuación, difiero sensiblemente.

Sin embargo, no deja de ser cierto que dicho film es considerado por algunos como la obra cumbre de Isao Takahata, así como uno de los hitos más importantes de la historia del anime, por lo que finalmente he decidido que la apuesta del que fue considerado el gran gurú de los dibujos animados televisivos nipones, tenga cabida en esta bitácora con su correspondiente análisis.

Por lo tanto, y sin más dilación, inicio de esta manera una serie que tenía mucho tiempo apalabrada pero que finalmente no realicé, como era la de analizar fría y rigurosamente los que yo denomino “apócrifos de Ghibli”, es decir, dirigidos por otros directores al margen de Miyazaki y cuyos resultados, en algunos casos fueron más bien cuestionables. Veremos si dicho rasero es aplicable a “La Tumba de las Luciérnagas”.

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Samurai Spirits: El primer gran paso de SNK hacia la leyenda

Resulta en muchas ocasiones divertido comprobar qué primeras veces recuerdas y cuáles, por contra, se sumergen en el abismo de lo olvidado para no volver a emerger de tu memoria. El enigma no es nuevo y muy posiblemente los que disfrutasteis de Forrest Gump os lo habréis planteado en alguna ocasión, aunque dista mucho de mi intención la de hablar de las virtudes de la obra cumbre de la filmografía de Tom Hanks.

Samurai Spirits fue un juego que apareció en mi vida durante una breve estancia que mantuve en la localidad ciudadrealeña de Campo de Criptana cuando apenas contaba con 12 años de edad. Por aquella época las recreativas eran un sector pujante y muchas de ellas se encontraban en bares en los que, al módico precio de 25 pesetas, ponías a prueba tus habilidades mientras tus padres (que te daban el dinero para jugar) discutían sus “asuntos de mayores” sin que tú les incordiases.

Naturalmente yo no era ninguna excepción a la regla y en un caso como el mío no resultaba excesivamente difícil desembarazarse de mí si existían unos buenos gráficos y un planteamiento original en el programa en cuestión que ejecutaban aquellos voluminosos muebles que todo el mundo ansiaba poseer. Pero aquella vez fue algo diferente. No era la primera ocasión en la que degustaba uno de los títulos de SNK, pero sabía que lo que tenía entre mis manos era un producto completamente diferente, increíblemente innovador y, por encima de todo, escandalosamente adictivo.

Aquel arcade del ninja americano llamado Galford acompañado de su husky siberiano, que medía sus técnicas contra samuráis pelopincho como Haohmaru, aldeanas con espíritu de kunoichi que respondían al nombre de Nakoruru o criaturas como Gen-An y su abominable garra tenía un extraño don: una indescriptible capacidad para seducir que cautivaba al jugador y lo hacía preso de un universo del que era capaz de salir hasta destripar su último secreto o su más oculta posibilidad.

Con el tiempo el conocido en occidente como Samurai Shodown pasaría a formar parte de mi colección de Mega Drive y se convertiría en uno de mis títulos más explorados y queridos hasta pasar a ser uno de los juegos a los que más tiempo le llegué a dedicar en mi adolescencia y al que sólo la irrupción de esa maravillosa saga llamada The King of Fighters fue capaz de ocupar ese lugar en mi corazón.

Esta entrada pretende pues compensar esa pequeña deuda que tenía con esta joya de la lucha en 2D que fue parte fundamental de mi vida y a la que tan pocas veces, sin embargo, le he dedicado las palabras que merecía. Así pues y sin más dilación, os invito a adentraros conmigo en las entrañas de una apuesta con la que SNK consiguió uno de sus mayores éxitos en Japón y que se le puede considerar un antecedente directo de joyas como el genial Soul Blade y sus sucesores con el “apellido” Calibur a las que espero poder algún día rendirles la debida pleitesía.

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He cumplido con mi deber

“Si puedes hacer un montón con todas tus victorias. Si puedes arrojarlas al capricho del azar, y perder, y remontarte de nuevo a tus comienzos sin que salga de tus labios una queja (…) tuya es la Tierra y sus preciados frutos. Y lo que es más, serás un hombre, hijo mío”

Tenía planeada para hoy una review de anime relativamente trabajada, aunque después de lo acontecido en el presente día me veo obligado a dejarla para la semana que viene y haceros, en su lugar, partícipes de una pequeña alegría que me he llevado tras salir, hace escasas horas, la última nota que estaba pendiente: he conseguido acabar satisfactoriamente primero del grado de Derecho aprobando todas las asignaturas, con nota en todas ellas.

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Out of Sight

Como bien sabéis no soy precisamente de la clase de hombres que muestren hostilidad alguna a dejarse seducir por aquellas historias que, bien por su sensibilidad, bien por la impecable mezcolanza de bondad y originalidad que desprenden, consiguen llegarme al corazón. “Out of Sight” fue un pequeño descubrimiento para mí hallado vía Facebook por uno de mis amigos de Zamora y que, a lo largo de estos meses de ausencia, se ha ido convirtiendo en uno de mis cortos de animación preferidos. Aunque existen una serie de actores en él que tal vez se escapen en un primer visionado y que me gustaría proceder a explicar.

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