La tumba de las luciérnagas; el principio del fin de Isao Takahata

-.¿Qué haces? -.Estoy haciendo una tumba. Mamá también está dentro de una tumba ¿verdad? Se lo oí decir a la tía hace unos días o sea que ya sé que mamá ha muerto y seguramente debe estar en una tumba. -.Un día iremos a ver su tumba, hace tiempo estuvimos en Nanobiki ¿te acuerdas de que visitamos todos el cementerio? Mama esta allí; su tumba está cerca de los árboles grandes. -.¿Por qué se mueren tan rápido las luciérnagas?

La idea de crear una review de esta película surgió hace más de un año cuando uno de los lectores de esta bitácora me solicitó vía email que dedicase unas líneas a la que a su juicio era el mejor largometraje de animación de todos los tiempos. Una postura sobre la que, como podréis observar a continuación, difiero sensiblemente.

Sin embargo, no deja de ser cierto que dicho film es considerado por algunos como la obra cumbre de Isao Takahata, así como uno de los hitos más importantes de la historia del anime, por lo que finalmente he decidido que la apuesta del que fue considerado el gran gurú de los dibujos animados televisivos nipones, tenga cabida en esta bitácora con su correspondiente análisis.

Por lo tanto, y sin más dilación, inicio de esta manera una serie que tenía mucho tiempo apalabrada pero que finalmente no realicé, como era la de analizar fría y rigurosamente los que yo denomino “apócrifos de Ghibli”, es decir, dirigidos por otros directores al margen de Miyazaki y cuyos resultados, en algunos casos fueron más bien cuestionables. Veremos si dicho rasero es aplicable a “La Tumba de las Luciérnagas”.

Ficha Técnica

Hotaru no Haka (火垂るの墓) conocida en español como “La Tumba de las Luciérnagas” es una película del estudio Ghibli de 88 minutos de duración, estrenada el 16 de abril de 1988 y perteneciente al género dramático. Fue dirigida por Isao Takahata, producida por Toru Hara y estaba basada en la novela homónima de Akiyuki Nosaka.

Historia

1945. Japón se encuentra sumido en la última fase de una guerra que sabe perdida. Su enemigo, Estados Unidos, se encuentra a las puertas, y los bombardeos con los que castigan a la población civil son cada vez más frecuentes y cruentos. En una de sus ofensivas, dos niños, Seita y su hermana pequeña Setsuko, se alejarán de su madre y procederán a refugiarse en otro lugar.

Cuando todo finaliza, ambos acuden al colegio en el que los civiles se reunían para contabilizar las víctimas y prepararse para los días posteriores, pero allí Seita será informado de que su madre ha sido alcanzada por una de las bombas. Un hecho que, unido a la gravedad de sus heridas, y a la enfermedad cardíaca que padece, no tardarán en hacer que muera.

Seita, Setsuko y su tía

Los niños, que desconocen el paradero de sus familiares directos en Tokio, se ven obligados a convivir con su tía; una mujer nacionalista que, aprovechándose de su condición de huérfanos, les arrebatará sus objetos de valor para venderlos y así alimentar con arroz blanco a su familia mientras que a ellos les condenará a comer platos paupérrimos llegando incluso a amenazarles con la inanición.

Cansados de malos tratos y de abusos, ambos partirán de la casa para vivir en una cueva; algo que obligará a Seita a robar y a vivir de la picaresca mientras intenta que su hermana no sea consciente del terrible drama que la rodea. Aunque su carácter débil y su naturaleza enfermiza harán de su cometido una misión imposible.

Tema central de la OST

  • Main Theme” compuesto por Michio Mamiya

Análisis

Como más adelante detallaré, nos encontramos ante una producción de tintes dramáticos e intimistas para cuya comprensión se entremezclan diferentes factores ajenos a una obra convencional como podían ser los relacionados con quién era Takahata, qué estaba en juego con esta película tras años de decadencia y muy especialmente qué era lo que con ella se quería plasmar.

Por lo tanto tal vez lo más juicioso antes de adentrarnos en el análisis de este relato en cuestión es recordar brevemente qué era Japón en 1945, qué situaciones lo habían llevado a los hechos acontecidos narrados en el guión y, muy especialmente, qué era lo que se encontraba arraigado en el espíritu japonés del momento, que de un modo tan velado a la par que patente se llega a mostrar.

Resulta, eso sí, francamente difícil resolver la duda acerca de cuál de los muchos factores que se entremezclan en “La Tumba de las Luciérnagas” sería el primero a explicar por razones de importancia histórica y relevancia en su guión. Los acontecimientos que se suceden son demasiados, su complejidad excesiva y el contexto internacional en el que se desarrollan poco o nada tiene que ver con el actual. Por ello, sería interesante mencionar en qué había consistido el milagro japonés que había asombrado al mundo.

De enclave colonizable a potencia colonizadora

Desde 1867, fecha de la restauración monárquica en la figura del emperador Meiji (Mutsuhito), hasta 1905, año de la victoria nipona en la Primera Guerra Ruso-Japonesa, el archipiélago había conseguido una proeza que hasta aquel instante parecía más un motivo de chiste que de un hecho rigurosamente serio y contrastado. En menos de 40 años habían pasado de ser un conjunto de islas sin importancia aparente, potencialmente colonizables y sumidas en un feudalismo impropio de un periodo como el del XIX, a convertirse en una referencia internacional capaz de derrotar a una de las grandes potencias imperiales como era Rusia.

La victoria no había sido accidental; el emperador había logrado reconciliar a su pueblo y convencerlo de la necesidad de modernizarse y occidentalizarse para poder recuperar los siglos de retraso que arrastraban si no querían convertirse en una parte más de entidades imperiales como la de Holanda que por aquel momento se expandían por la zona. Por ello, fueron varios los esfuerzos de su gobierno por analizar la situación mundial en la que se encontraban y pedir a las principales fuerzas de la época que, a cambio de dinero y otra clase de favores, mostrasen su buena voluntad para enseñarles a ser uno más de ellos.

Así, durante los primeros años de esta etapa, el imperio acogió a toda clase de figuras de la esfera política, económica y militar, que permitieron al país adoptar el sistema administrativo francés, el modelo educativo y militar de Prusia (la influencia norteamericana fue anecdótica al contrario de lo que se afirma en la película “El último samurai”) y muy especialmente el modelo de armada británica; un punto que cobrará una importancia capital no sólo en el film que nos ocupa, sino en el siguiente medio siglo de historia nipona.

Estreno de un navío de la armada japonesa en “La tumba de las Luciérnagas”

Tal y como afirma el profesor Florentino Rondao, la época en la que nos movemos hacía que el rango de una nación se evaluase mediante los kilómetros que englobase su bandera. El Imperialismo forzó a todo país que quisiese tener un mínimo de relevancia internacional a amasar su propio imperio artificial como fuese sin importar en muchas ocasiones la importancia de las conquistas o el potencial de los subsuelos que dominase, y África y buena parte del este asiático sirvió para colmar dichas ambiciones.

Japón se había librado de la colonización, pero si quería conservar su posición necesitaba forzosamente expandirse y ello sólo podía hacerse siguiendo un modelo británico, es decir, una poderosísima armada y un ejército de tierra que interviniese sólo cuando fuese estrictamente necesario. No es por lo tanto extraño que se mencione con orgullo que el padre de Setsuko y de Seita era un oficial del ejército naval, dado que esta rama de sus fuerzas armadas había sido la bandera del expansionismo japonés anterior y posterior a la Primera Guerra Mundial.

En relación a este último conflicto, Mutsuhito había muerto dos años antes de su estallido y su sucesor Yoshihito (el emperador Taishou), era una especie de Carlos II el hechizado sin poder o facultad alguna para gobernar cuyo nivel de incapacidad física y mental lo llevaron a ser depuesto precozmente. Sin embargo, durante su breve estancia en el poder, uno de sus primeros ministros, Terauchi Masatake, hizo valer la conocida como “alianza Anglo-Japonesa” que ambos países habían firmado desde principios de siglo e introdujo al Imperio del Sol Naciente en la Gran Guerra Europea a favor de la Triple Entente, que finalmente se haría con la victoria, aunque poco o nada obtendrían los nipones de ella. Un factor que extendió por el país un sentimiento de frustración muy similar al del 98 español. Aunque pronto las esperanzas de regeneracionismo y de revancha ante la estafa anglosajona se centrarían en un joven y diminuto joven llamado Hiroito que con apenas 20 años se hará con la regencia y poco después con el Trono de Crisantemo.

Un japonés enarbola el Hinomaru (bandera imperial japonesa)

Con él llegará además un hecho que parecía imposible como era el de la normalización del uso del conocido como Nisshoki o más popularmente como Hinomaru. Dicho emblema había sido acuñado como símbolo y bandera nacional por el soberano Meiji poco después de llegar al poder. La idea era la de pasar página y olvidar la guerra civil que había ganado reconciliando a las partes que en ella intervinieron y uno de sus pasos fue el de prescindir de su pendón (el mencionado crisantemo) y sustituirlo por esta alegoría del Sol. Pero su objetivo no se logró en su totalidad tanto los partidarios del Shogunato como los perjudicados por su programa reformista eran hostiles a la utilización de esta nueva insignia nacional.

El conocido como emperador Showa logrará el objetivo de su abuelo cambiando sus líneas maestras de actuación internacional. Así en 1923 rompe su alianza con los ingleses y empezará a imponer una política de militarización progresiva de la sociedad japonesa, a la que se le inculcarán unos valores marcadamente nacionalistas y a los que se sumarán primeros ministros cada vez más autoritarios y duros (no en vano en su mayoría eran altos mandos del ejército). Un cúmulo de factores que alcanzarán su cénit con el inicio de una nueva etapa expansiva en la década de los treinta que hará que Estados Unidos empiece a mirarlos con recelo.

La Guerra del Pacífico

Al tiempo que Japón comenzaba a convertirse en una superpotencia, Estados Unidos entraba en una profunda decadencia. La bonanza económica experimentada tras su intervención en la Primera Guerra Mundial se había esfumado en un solo día (29 de octubre de 1929) y de ser el referente de la vanguardia económica del siglo XX, pasó a ser un país en la miseria (véase “Uvas de la ira” de John Ford) cuyos planes de regeneración como el New Deal habían fracasado estrepitosamente y al que sólo el estallido de un nuevo conflicto en Europa podría salvar.

En ese sentido, su por entonces presidente Roosevelt sabía que era sólo cuestión de tiempo que los alemanes intentasen conseguir su venganza y sólo necesitaba una excusa para entrar en dicho conflicto y hacer lo que habían hecho en el primero: intervenir militarmente de cuando en cuando como excusa para financiar tanto las campañas como las reconstrucciones, obteniendo así pingües y escandalosos beneficios de las disputas de los “Estúpidos Continentales”. Pero para ellos había surgido un auténtico frente las aguas del Pacífico.

Japón lo ganaba todo y sus barcos habían logrado la proeza de llegar a dominar enclaves ubicados a más de 6.000 kilómetros de Tokio, lo que empezó a suponer una amenaza en toda regla para el comercio norteamericano, que llegó a su punto álgido cuando en 1937 los japoneses se abalanzaron contra su tradicional enemigo (y aliado norteamericano en el continente) China, con una crudeza desmedida que todavía hoy sigue despertando hostilidades entre ambos países.

Expansión japonesa en 1942. Fuente: Alfonso Poza

Roosevelt no estaba dispuesto a consentir que un área de influencia tan grande como la del Pacífico (y que había logrado haciendo gala de no muy buenas artes que digamos contra países como España) pasase a manos niponas, por lo que tras la invasión de Manchuria decreta un embargo petrolífero para Japón que afecta al 90% de sus reservas de carburante; todo un drama para un ejército tan dependiente de su armada y tan alejado de sus bases de avituallamiento como lo era el de Hirohito.

El resto de la historia es más o menos conocido. Japón se harta y bombardea Pearl Harbor por lo que el presidente norteamericano encuentra la excusa que necesitaba para entrar en la Segunda Guerra Mundial; por el lado del Pacífico su estrategia será la de la confrontación abierta, honesta y sincera; por el europeo, apoyos testimoniales a los aliados en África y en el Mediterraneo con una intervención más o menos efectiva hacia el final de la contienda que poco o nada influyó en el resultado final por mucho que se exagere en el cine y la televisión (fueron los rusos los que derrotaron al Tercer Reich), a la que seguiría un plan de reconstrucción con el que Europa se convertiría en una economía títere de la americana, aunque el poliomelítico más famoso de la historia no viviría para ver cumplido su sueño de convertir a su país en la primera potencia mundial.

Centrados de nuevo en Japón, y como hemos dicho con anterioridad, su sociedad empieza a experimentar un incipiente nacionalismo y una progresiva militarización. El imperio en ese momento mira con admiración a Alemania y poco a poco muestra su carácter germanófilo que se verá agudizado por sus continuas tensiones con Stalin, hasta el punto de suscribir con el Reich el Pacto Antikomintern.

Hirohito a caballo pasa revista a sus tropas

Conviene aclarar que pese a esta alianza los japoneses no padecían un régimen fascista, sino de corte autoritario, extremadamente nacionalista (de ahí la actitud de la tía de los niños en la película) y en ciertos momentos profundamente anticomunista, muy especialmente en la etapa de Hideki Tojo como primer ministro. Cierto es que Japón estaba a punto de cometer en Manchuria toda clase de crímenes execrables contra la humanidad, pero no dejaba de ser menos cierto que por un lado todavía no los había cometido y que Hitler por entonces (1936) era hasta una figura ensalzada y admirada, que aún no se había revelado como el asesino sanguinario que después llegó a demostrar ser; algo a lo que había que sumar que Stalin ya tenía cierta fama de genocida morboso y frívolo con millones de muertos ucranianos a sus espaldas ante los que occidente miró hacia otro lado. En otras palabras, nos encontramos en un contexto político de total desprecio a la dignidad humana al que tras el final de la Segunda Guerra Mundial se quiso poner fin con la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Pero Japón tenía la guerra perdida desde el principio. Su mejor almirante y único marino capaz de plantarle cara a MacArthur, Isoroku Yamamoto, había muerto en 1943 y el líder militar estadounidense demostró habilidades estratégicas y de adaptación a las circunstancias que lo convirtieron por méritos propios en uno de los mejores estrategas del siglo XX (cosa que no se puede decir ni de Eisenhower, ni de Marshall ni de Patton, por mucho que insista el cine en lo contrario).

Estados Unidos saltaba de isla en isla con victorias aplastantes sobre los orientales que empezaban a acusar la distancia respecto al archipiélago y el enorme desgaste que la guerra en el continente asiático estaba teniendo para ellos. Sin embargo tanto la batalla de Iwo Jima como la de Okinawa pusieron sobre la mesa un problema que no pasó desapercibido para el alto mando americano: a medida que se acercaban al archipiélago las bajas eran cada vez mayores y el número de heridos y mutilados empezaba a alcanzar límites dramáticos, por lo que los cálculos que empezaron a deambular por las mesas de los diferentes almirantes y generales no dejaban lugar a la duda; Estados Unidos perdería de 500.000 a un millón de hombres si quería hacerse con el control del país; un riesgo para la opinión pública que no estaban dispuestos a correr, por lo que necesitaban una rendición formal. El problema era provocarla.

Ataque con bombas incendiarias en el film

Tal y como se puede ver en “La Tumba de las Luciérnagas” los bombardeos sobre la población civil con aviones B-29 empezaron a ser constantes. El motivo no era únicamente fomentar el terror, sino aprovechar la estructura de madera de la mayor parte de sus casas para privar con bombas convencionales de infraestructuras esenciales (cañerías, alcantarillas, suministros eléctricos, etc) y arrasar la mayor parte de las casas mediante la acción del fuego. Pero con todo no se rindieron.

Hicieron falta dos bombas atómicas (Little Boy y Fat Man) para lograr la famosa declaración radiofónica de Hirohito, precedida de varios intentos de golpes de estado fallidos que tenían como intención proseguir con la guerra a toda costa, dado que si habían dejado algo claro en la contienda es que para ellos morir era preferible a la derrota. Lo que muchos de los oficiales que se hicieron el Harakiri no sabían es que con su acto, el emperador los había librado de una intervención soviética en su suelo de consecuencias poco menos que imprevisibles…

Las buenas ideas para la televisión no lo son para el cine

Sumergiéndonos ya en la película en sí, el film estuvo rodeado desde un primer momento de una enorme expectación. Por aquel entonces Isao Takahata era la estrella más rutilante de la animación japonesa mientras Miyazaki había sido un estrecho colaborador que permanecía a su sombra y cuyo nombre era únicamente conocido en los círculos más especializados del anime. Aunque con el nacimiento de Ghibli las tornas cambiaron de un modo que ninguno de los dos hubiese podido predecir.

Takahata dirigió las que hasta aquel momento habían sido las series más internacionales jamás producidas en el Imperio del Sol Naciente como Arupusu no Shōjo Haiji (Heidi) y Haha o Tazunete Sanzenri (Marco) a la par que ponía su aportación en muy diferentes facetas (productor, guionista o de nuevo director) a las creaciones del que a partir de 1975 fue conocido como el estudio Nippon Animation, que a la postre se convertiría en el principal exportador del género a nivel mundial durante el último cuarto del siglo XX con sus diferentes adaptaciones de clásicos de la literatura infantil y juvenil para su World Masterpiece Theater.

Sin embargo, tras el final de Akage no An (Ana de las Tejas Verdes) su estrella había ido poco a poco extinguiéndose. Los proyectos en los que intervenía eran cada vez más mediocres y en los siguientes diez años sólo un largometraje, al margen del que nos ocupa, alcanzaría una cierta notoriedad como era Sero-hiki no Goshu (editada en España con el nombre de Goshu el violoncelista) y de cuya calidad tal vez proceda a hablar en el futuro.

Monumento homenaje a la película en la zona de Hanshin (entre Osaka y Kobe). Fuente: D .H.

El antaño gran maestro se iba transformando en un segundón de su discípulo. Había puesto el dinero para Nausicaä y para Laputa, pero se esperaba bastante más de alguien de su curriculum por lo que finalmente decidió afrontar su particular aportación al mundo de los largometrajes bajo el sello de Ghibli y de la mano de una novela que a tenor de lo que habían sido sus anteriores creaciones se mostraba como ideal para él como era “Hotaru no Haka”; trabajo del novelista Akiyuki Nosaka y editado en 1967 en el que narraba en un tono parcialmente autobiográfico sus experiencias vitales durante los bombardeos estadounidenses a la ciudad de Kobe en 1945 tras los cuales perderá a dos de sus hermanas (una de enfermedad y otra de malnutrición) y a su padre adoptivo.

Como a ningún espectador que analizase de un modo crítico las tres grandes series de Takahata anteriormente nombradas podía escapársele, el maestro japonés estableció para este tipo de adaptaciones una serie de reglas que más tarde seguirían escrupulosamente las siguientes apuestas que sin él realizaría Nippon Animation y que se resumían en tres grandes postulados: Occidentalización de los diseños de los personajes y de los entornos, intentando dotar a estos últimos del mayor realismo y fidelidad posible a sus ubicaciones originales (cosa que rara vez se conseguía hacer del todo), versiones libres de los relatos que les permitiesen introducir elementos nuevos y situaciones que facilitasen extender la duración de las series hasta los 50 episodios de media (lo que hoy llamaríamos vulgarmente “meterles relleno”) y acentuar en lo posible la carga dramática de los acontecimientos narrados haciendo especial hincapié en el maltrato infantil.

Hotaru no Haka seguirá fielmente estas premisas y si bien el protagonista de la novela ve morir a tres de sus familiares, la versión de Takahata reducirá el número estos fallecimientos a dos: los de la madre y la hermana a los que posteriormente se le sumará el del propio Seita, con el que precisamente arranca la película. No obstante, Setsuko padecerá en sus carnes los males que originalmente llevaron al otro mundo a las protagonistas de la novela original al padecer diversas enfermedades surgidos por la falta de alimentos nutritivos con los que la niña era alimentada (normalmente caramelos), lentejas de soja o incluso arroz aguado y tirado al suelo.

Aviones Boeing B 29 en medio de un bombardeo en “La Tumba de las Luciérnagas”

Como hemos reiterado tanto en el desarrollo del contexto histórico de la obra como en el análisis del largometraje, el realismo será el hilo conductor de la trama. Por ello se prescindieron en la medida de lo posible de cualquier elemento fantasioso que pudiese distraer al espectador de la carga dramática que se quería transmitir y que lo sumergía en un universo oscuro y tenebroso de hambre y deshumanización, que la falta de experiencia vital de un preadolescente intenta ocultarle por todos los medios a su disposición a una niña pequeña cuya inocencia no quiere que sea corrompida por el mundo que progresivamente se derrumba ante sus ojos.

En el fondo, muchos analistas coinciden al resaltar que la auténtica pretensión del libro original era el de ofrecer, no sólo un descargo para la conciencia de su autor (que nunca se perdonó las muertes de las que fue testigo) sino culpabilizar a Japón de las muertes acontecidas en su suelo, ya que había conseguido crear en muy poco tiempo un basto imperio a la par que derrotaba a casi cualquier rival que se interpusiese en su camino, pero que por contra había fallado a la hora de proteger a la población civil. Un sentimiento que no debe extrañar debido a que la Primera Guerra Mundial fue el primer conflicto en el que la población civil fue más castigada que la militar, y sus consecuencias alcanzaron dimensiones dramáticas en la Segunda, en el que los bombardeos, las ejecuciones masivas y el exterminio sistemático de sectores enteros de la sociedad fueron una máxima en ambos bandos.

Aunque tal vez el sello diferenciador de esta película es la increíble crueldad con la que retrata la senda por la que los dos niños caminan hacia la muerte y que alcanza su más estremecedor momento en aquél en el que un limpiador arroja la lata oxidada que escondía el cadáver de Seita, un objeto cuyo contenido será revelado al final del metraje de la cinta, dotando a dicho lanzamiento de un más que despectivo significado.

Torso de Setsuko poco antes de morir al ser auscultada por un médico

El guión ahonda en los detalles más miserables del ser humano encarnados en la naturaleza de la tía de ambos. Una mujer que los acogerá de buena gana en su casa cuando su presencia significaba víveres frescos y sabrosos, así como los finos kimonos heredados de su madre que podía intercambiar en especie y que, por contra, los vejará y humillará constantemente hasta provocar su marcha cuando de ellos no pueda obtener lucro alguno.

Ciertamente el ser humano es una especie de la que se puede esperar semejante nivel de maldad. Sin embargo, la pequeña sensación que transmite el guión a lo largo de toda la obra es la de ver a un par de niños maltratados sin motivo aparente, sin la menor demostración de caridad, filantropía o humanidad por parte de su entorno con la honrosa excepción del policía que salva a Seita de acabar en prisión, y con la pequeña sensación de querer conmover artificialmente a base de “torturar” sádicamente a dos infelices.

La situación alcanza tales extremos que resulta francamente difícil encontrar un plano que no esté monopolizado por los hermanos. Tal es así que ambos son los únicos personajes que a lo largo del film gozarán del privilegio de poseer un “nombre propio” con el que dirigirse a ellos o identificarlos (un simplismo en este aspecto que se lleva al extremo de no revelar en ningún momento su apellido). Toda la película gira en torno a ellos y son apenas dos las más que breves escenas en las que ninguno de los dos aparece, lo que entre otras consecuencias negativas supone el desaprovechamiento de recursos como el de los fantasmas de los dos hermanos que aparecen en algunos planos como testigos silenciosos de la tragedia en representación de una conciencia silenciosa que sólo aclara la fecha de la muerte de Seita y el uso final de la lata.

El fantasma de Seita es testigo de los abusos de su tía

Confieso a su vez que la niña llega a resultar francamente cargante. Su carácter de Tamagotchi capaz de llorar por cualquier cosa incluso sin que exista motivo alguno, exaspera; lo repetitivo de la situación en la que ella se entristece y él la consuela aburre; lo absurdo de las decisiones tomadas por Seita, de las que se lleva la palma su decisión de retirar algunos ahorros para alimentar a su hermana moribunda después de que se le haya repetido por activa y por pasiva que debía darle “alimentos nutritivos” da que pensar; el detalle de las bolas de arroz hechas con tierra, ya es insultar directamente a la inteligencia del espectador.

Ése es el problema real de esta película: su irritante artificialidad; esa sensación que querer provocar el llanto una y otra vez de las formas más comunes, estereotipadas, recurrentes y a veces rocambolescas posibles sin que parezca que exista algo en la cinta que no sea el querer provocar como fuese la lágrima, aunque nada de lo narrado tenga sentido.

Sólo resulta salvable la famosa escena de las luciérnagas en la que se pretende hacer un símil entre la fastuosa y artificial alegría con la que Japón se expandió militarmente, con unas luciérnagas exultantes de vida similares a los barcos recién inaugurados con los que acudían al combate, y la muerte y la desolación del “día siguiente” en la que el único fausto imaginable era el de enterrar a los insectos ya inertes, cuya fosa común se asemejaba de un modo más que terrible, a la que acogió el cadáver de la madre de los pequeños, con la conmovedora confesión de Setsuko como hilo conductor.

Setsuko entierra a las luciérnagas ante la mirada de Seita

Por último, la Banda Sonora es obra del compositor de corte clásico, Michio Mamiya. Un hombre que ya trabajó con Takahata veinte años antes en “Hols, príncipe del Sol” y cuyo trabajo fue, en resumen, correcto debido a la compensación del más que notable tema principal de la banda sonora, con el resto de composiciones que pasan completamente desapercibidas a lo largo de toda la cinta. Delito de lesa majestad si comparamos dicho proyecto con cualquiera de los nacidos de la mente de Joe Hisaishi que sirvieron para dar vida a las obras maestras de Miyazaki que otorgaron fama y prestigio internacional a Ghibli.

Conclusión

Siempre he tenido la sensación de que La Tumba de las Luciérnagas nunca hubiese alcanzado la décima parte del buen nombre y prestigio actual, de no haber pertenecido al mismo estudio con el que Miyazaki asombra al mundo. Takahata era un maestro de la animación para la pequeña pantalla, pero no para la grande, y a pesar de que ésta puede considerarse su obra cumbre en lo que a largometrajes se refiere, su estreno supuso para él una auténtica sepultura como animador.

El antaño maestro no fue capaz de volver a crear una sola obra relevante y sus posteriores apuestas como Omohide Poro Poro, “Pom Poko” y muy especialmente la horrenda “Mis vecinos los Yamada” recibieron sucesivos varapalos de crítica y público que invirtieron decisivamente las tornas hasta hacer del impulsor de Heidi, Marco y Ana de las Tejas Verdes un segundón a la sombra de su socio cuyo trabajo terminó por sumirse en el olvido.

Takahata intentó plasmar las máximas que le habían llevado al éxito en la televisión como eran las atmósferas realistas con niños como protagonistas de toda clase de situaciones dramáticas, que adoleció de una excesiva artificialidad a la que la luz aportada por títulos contemporáneos como Nausicaä o Tonari no Totoro eclipsaron irremediablemente a una apuesta con buenas intenciones, pero desastrosos resultados finales y que tal vez sin unos rivales tan fuertes a batir, hubiese disfrutado de una mejor suerte.

NOTA: 5

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30 comentarios el “La tumba de las luciérnagas; el principio del fin de Isao Takahata

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  5. Muy buen análisis…principalmente la parte de de la guerra.
    Debo decir que esta película aunque me gusto, quizás por el mensaje que tiene, en realidad nunca me ha terminado de convencer. Llega a ser muy deprimente, en lugar de conmovedora y si a eso le sumamos su ritmo lento, y narración despoblada de mas personajes y hasta cierto punto, ligeramente morbosa, respecto al sufrimiento de los niños…pues mas parece una oda a la desesperanza total.
    Sin embargo, es una película que te hace pensar, con un final devastador, por mas insensible que uno sea.

    Y ahora, que bien que regreses a tu blog, hace tiempo que lo conocía, que por cierto me gustaron bastante sus análisis a las demás películas de studio GHIBLI, en especial la de “El Castillo Ambulante”, mi favorita de Hayao Miyazaki.
    Espero que continué tan interesante
    Saludos…. :D

  6. Pues me ha gustado mucho el análisis de la Guerra que te has currado. En lo que no coincido es en la conclusión. “La Tumba de las Luciérnagas” es una obra maestra y difícilmente puede ser “el principio del fin” cuando es la película de animación más valorada en Filmaffinity de toda la historia.

    Ojo, conozco personas qu, al igual que tú, no “comprendieron” al protagonista y sus actos “irracionales”. Esto sucede porque no es algo que se pueda hacer desde la racionalidad, sino que es emocional. No te fustigues por ello! jaja

    Prueba a verla dentro de unos anhos. A lo mejor captas su esencia mejor.

  7. Jan, es que Howl’s Moving Castle [El Castillo Ambulante (Vagabundo en América) ] es, y con diferencia, mi preferida de Ghibli junto con Mononoke Hime y pensé por entonces en darle un homenaje especial. Digamos que esta película demostró de una vez por todas que esto del cine no era lo de Takahata, lo que ocurre es que lógicamente su Currículo televisivo estaba ahí y cuando estalló el fenómeno Ghibli esta película fue calificada una y otra vez como referente por la fama que en su día tuvo su director y por hacer hincapié en que las obras maestras del estudio eran obra de “los creadores de Heidi y Marco” y claro, pasó lo que pasó: que Ghibli es realmente Miyazaki y su equipo de confianza y el resto… pues está ahí y su trabajo es muy loable pero ni tienen su nivel ni tampoco se le acercan a otros maestros ajenos al estudio como el fallecido Satoshi Kon o a Hosoda. Y sobre mantener el interés del blog, pues se hará lo que se pueda ^^U.

    Radmains Takahata no volvió a comerse un rosco después de aquello. Es más, es que le arrearon tanto que en 23 años sólo ha dirigido tres proyectos de poca monta y colaboró en otro y ni siquiera volvió a probar suerte como productor. Todo un indicador de que algo no iba bien.

    Respecto a Filmaffinity, efectivamente en ella es la película de animación más valorada, pero ése es un dato numérico que encubre una simplificación de la realidad. Tiene un 8,1 sobre una base de 13.179 votos, mientras que El Viaje de Chihiro posee la misma nota respecto a 58.163 votos y no olvidemos que dicha puntuación también la comparte Clannad con apenas 146. En otras palabras, se trata de una simple media arirmética en la que sólo se toma en consideración el resultado de un cociente sin tener en cuenta más datos. Sin ir más lejos Mononoke Hime tiene un 8 con 30.078 votos y Howl’s 7,8 con 26.485 votos y creo que no se necesita ser un estadístico para darse cuenta de que mantener una media alta resulta más difícil cuantas más personas la analizan, con lo que entonces podríamos decir que también La Tumba de las Luciérnagas se enfrentó a menos filtros que otras cintas de Ghibli con más empaque.

    Además habría que tener en cuenta otros muchos factores como que en esos sites hay un importante número de “clones” que también ofrecen su “opinión”, que como decía Einstein que algo lo afirme mucha gente no signifique que tengan razón, y a todo ello hay que añadirle que tampoco la existencia de un criterio más o menos común respecto a algo (positivo y negativo) implica que haya que seguirlo o estar de acuerdo con él. Por cierto, hay que tener cuidado con el tema de las “medias” puesto que son repito un dato estadístico, pero no un dogma de fe y de hecho han de ser tratadas con cautela. Sin ir más lejos Gamesrankings define a The Orange Box para 360 como el mejor videojuego jamás desarrollado para esta plataforma de acuerdo a la media Suma de Puntuaciones/ Número de Reviews y, en honor a la verdad, no creo que dicha afirmación corresponda objetivamente a la realidad.

    Y sobre verla dentro de unos años para captar su esencia, al margen de que la he visto varias veces durante los últimos 12 años, creo que la he definido sobradamente y ya he dejado claro que no me gusta. Es lo que tiene el tema de los gustos. Hay gente a la que le puede parecer fantástica y está en su derecho de así creerlo, pero a mí no me convenció.

    Un saludo.

  8. Hombre, creo que cuando 13.000 personas le dan a algo una media por encima del 8 muy malo no puede ser. Ponte tu a invitar a 13.000 personas a copas! Además, creo que mi baremo es más adecuado que el tuyo dado que si se trata de medir algo según su éxito comercial Bleach o Naruto serían referentes (y no, no lo son) y películas como Royal Space Force deberían quedar enterradas (y no, no deberían)

    Por otra parte, “La Tumba de las Luciérnagas” no nace con la intención de ser comercial (rollito Miyazaki o como se llame) o de vender munhequitos (como las de Pixar). Es un punhetazo en el estómago, un jarro de agua fría, una patada en los cojones y cientos de cosas aun más dolorosas.

    Desde aquí te hago un brindis al Sol y afirmo sin tapujos que pasarán 30 anhos y “La Tumba de las Luciérnagas” seguirá siendo un referente en su género. Creo que es una de las odas antibélicas más hermosas que se han hecho jamás y yo personalmente se la obligaría a ver a todos los ninhos en sus colegios.

    Lo dicho, mírala dentro de unos anhitos, quizás cuando sientes cabeza y formes una familia jaja. Puede que la “entiendas” de otra manera.

  9. Por cierto, y con respecto al rollito “no hizo más obras”, quería comentarte que desde Cowboy Bebop y Samurai Champloo Shinichirō Watanabe no ha hecho nada realmente resenhable. Y a quién le importa? Esas dos obras ya valen más que la filmografía de cientos de artistuchos.

    A ver si resulta que por seguir sacando caquita cada cierto tiempo uno es bueno. Entonces Vicente Aranda es un triunfador!

  10. Sobre lo de que tu baremo es mejor que el mío y demás. Bueno, cada cual tiene el suyo y no necesariamente tiene que vincularlo con el de la mayoría, sólo que yo al menos intento dar razones que no sean el “es que lo dice todo el mundo”, “es que tienes que madurar” cuando no sé que decirle a alguien con el que debato o simplemente autoproclamo el “porque yo lo digo”.

    Si nos ceñimos a tu criterio de que “lo que opina mucha gente” es lo que cuenta, “Sálvame” es uno de los mejores programas de la actualidad: todos los días un 20% de Share. Por supuesto el programa es una aberración ética y moral desde cualquier punto de vista deontológico pero oye, todo el mundo lo ve y la programación de la cadena más vista en España gira en torno a sus temas. Y sí, hay muchas críticas horribles, pero como lo que cuenta es que la inmensa mayoría de la gente lo sigue… pues hale, es arte televisivo en estado puro… Creo que es evidente que algo no se sostiene en ese razonamiento. Y yo lo que digo es que sus espectadores están en su derecho de ver programas como ésos, pero yo también lo estoy en el mío de cambiar de canal.

    Dicho sea de paso, yo en ningún momento he señalado a la comercialidad como sinónimo de calidad, pero sí que he dicho que el trabajo de Miyazaki a nivel cinematográfico está por encima del de Takahata y el motivo fundamental se resume en que este último es un pez fuera del agua en lo que se refiere a la gran pantalla. Si una serie o película es buena, lo digo sin problemas, si no lo es también, y poco o nada me importa si es o no comercial.

    Tampoco es mi intención hablar de Naruto o de Bleach (manganimes que no me gustan) ni desde luego de Cowboy Beebop o Samurai Champloo (que tampoco gozan de mi simpatía), pero me temo que has vuelto a utilizar un argumento de ida y vuelta porque Watanabe ni tuvo la importanca de Takahata ni su bagaje. De hecho al margen de esas series sólo dirigió la película de Cowboy Beebop, la OVA de Macross Plus (por cierto, del montón) y su respectivo film, un corto de 4ºC y se acabó. El resto de su CV son participaciones en proyectos de poca enjundia y sin importancia alguna en su equipo de desarrollo.

    Aclarado esto, Takahata desde el 63 hasta el 88 estuvo implicado en al menos un proyecto al año y en facetas como las de director, productor o guionista. Es más, si tenemos en cuenta que hasta el estreno de “La Tumba de las Luciérnagas” había tenido estos papeles en 20 animes televisivos y 15 películas (aunque en muchas de ellas como ayudante), no parece muy descabellado decir que a partir de este film su estrella se apagó si tenemos en cuenta que desde entonces apenas dio señales de vida en lo que había sido su trabajo (repito, cuatro en 23 años frente a las 35 en los 25 anteriores a esta cinta) y máxime si tenemos en cuenta que cuando se estrenó tenía 52 años, con lo que no era ni un anciano ni estaba en edad de jubilarse.

    Por último y muy importante Radmains. Respecto a lo de sentar la cabeza, formar una familia y demás para “entenderla”, me parece un ataque personal completamente fuera de lugar y dado el tono de estos post y demás me veo en la obligación de decirte que es la última vez que te voy a pasar un comentario en ese tono, y que espero que te moderes en tus intervenciones ya que de otra manera no me dejarás más opción que la de invitarte a que te marches y no me gustaría tener que llegar a ese extremo.

    Un saludo.

  11. Si es que a veces la confianza da asco, como bien muestra la confianza que se ha tomado el usuario Radmains.

    Pero no me meteré en este fregao ya que tu ya has puesto las cosas en su sitio, Dath.Sólo felicitarte por la review.

    Pero es muy cierto lo que dices sobre Miyazaki. Sin él, Ghibli no habría llegado a lo que ha llegado (si hubiese que confiar en su hijo, no habrían salido más que mediocridades de Ghibli, como bien se ha demostrado las pocas veces que éste ha dirigido algo, véase Gedo Senki). En fin, no Miyazaki, no party.

    Y yo sí que tengo que volver a verme la película, porque la vi cuando tenía 18 o 19 años, y ahora que tengo unos cuantos más, pues efectivamente la perspectiva cambia. Y mi grado de exigencia, también! La volveré a ver y así podré ver si discrepo contigo o si estoy completamente de acuerdo.

    Y esto me recuerda a que este verano haré la maldita review de Mind Game, para ver si logro convencerte de la valua de esa película! xDDD

  12. De nuevo, me olvidé de preguntarte una cosa: sólo por curiosidad, qué es lo que no te acabó de convencer de Cowboy Bebop?

    Es algo que ya te había oído decir, pero nunca te he preguntado el porqué, y seria interesante saberlo. Puedo entender perfectamente lo de Samurai Champloo (me gusta, pero puedo entender que a mucha gente no, no es una obra maestra), pero lo de Cowboy Bebop se me escapa. Además, conociéndote un poco a partir de tus reviews, este anime debería de albergar toda una serie de cualidades que serían de tu agrado (por ejemplo la música, que siempre es algo que capta tu atención).

    Lo dicho, se me escapa, y me gustaría saber tu opinión sobre el tema, si tienes tiempo y ganas de responder (porque no es una pregunta corta la que te hago, para variar xD).

    Muchas gracias de antemano!

  13. Bueno, no me voy a entretener excesivamente con Cowboy Bebop. Digamos que Sunrise es un estudio al que le gustan mucho las alteraciones “grotescas” de la realidad para ambientar sus animes (S-Cry-Ed por ejemplo) y ello quiere decir que o lo adoras o lo odias.

    En la historia de la salida del anime del territorio nipón existen varias fases que para mí por lo menos podrían clasificarse en:

    -1º Animes de Nippon Animation (Heidi, Marco, el Perro de Flandes, Ana de las Tejas Verdes, etc) [años 70]
    -2º Animes de “evasión” que aprovecharon la puerta abierta por Nippon Animation pero de dudoso éxito y gusto. Destacan Mazinguer Z y G-Force [inicios de los 80].
    -3º Fenómenos de fans anime: Sailor Moon, Saint Seiya, Ranma, Dragon Ball [inicios de los 90 y con muchísimo éxito]
    -4º Expansión del manganime “alternativo” que seguía la estela de Akira como 3×3 ojos, El viento de la amnesia, Ghost in the Shell, etc. [Paralelamente a la etapa anterior y con muy poco éxito.]
    -5º Comercialización masiva de “superseries” niponas del momento como Fushigi Yuugi, Lain, La visión de Escaflowne, o naturalmente Cowboy Beebop [con mucho éxito].
    -6º Expansión del fenómeno fansub y licencias comerciales de las series más populares gracias a él (Death Note, Last Exile, Chobits, Bleach, etc) [con relativo éxito].

    Quiero decir Djevel que en realidad Cowboy Bebop llegó en un momento en el que el auténtico anime era un desconocido y que la inmensa mayoría de la gente sólo asociaba este fenómeno a Saint Seiya o a Dragon Ball, y ver proyectos con más profundidad argumental y mejor animación hizo que muchos sobrevalorasen la calidad de muchos de esos nuevos animes que por aquí se comercializaban y que, además, se vendían como churros. Otra cosa es que muchos de ellos tuviesen realmente ese nivel de calidad en comparación con las obras que se producían en Japón.

    Cowboy Bebop era una serie muy correcta en cuanto a aspectos técnicos y con algunos planos de enorme calidad en su composición. Pero no dejaba de ser un anime de Sunrice, lo que en este caso se tradujo en una serie de los 70 adaptada a un contexto espacial; una idea que no tiene por qué gustar a todo el mundo.

    Repito que algunas escenas como las de su final o la del “último cigarrillo” son buenas, pero en otras… reconozco que me aburrió. Lo que pasa es que comprendo que es una serie de mucho valor emocional para muchos otakus y de ahí que apenas haya procedido a criticarla. Simplemente no me gustó a mí como a otros les puede encantar.

    Y mucho ánimo con lo de Mind Game, lo vas a necesitar xDDDDD.

    Un saludo.

  14. Muy buena lección de historia, poco más se puede decir. Algunos aspectos quizá son discutibles (por subjetivos), pero he disfrutado como un enano de tu síntesis de los 80 años de Japón anteriores al final de la IIª Guerra Mundial.

    La película a mí me encantó. Simplemente me llegó al alma, me pareció una recreación del horror y las consecuencias de la guerra que ninguna otra película de personas reales había conseguido plasmar tan brutalmente.

    Creo recordar un asunto sobre la producción de esta película junto con la de Mi Vecino Totoro. Ambas iban en el mismo lote porque, en aquellos días, se consideró que financiar el estreno de Mi Vecino Totoro por sí sola podía ser un fracaso comercial impresionante. Así que se consiguió el apoyo económico para Totoro haciendo un “pack” de sesión doble, primero con Mi Vecino Totoro y luego con La Tumba de las Luciérnagas, como soporte ésta última de la primera. Lo que sucedió fue al revés, que la gente iba a ver la sesión doble primero con Mi Vecino Totoro, pero luego no querían quedarse a ver La Tumba de las Luciérnagas porque les deprimía tras la sensación de buen rollo dejada por Totoro…

  15. Siempre me picó la curiosidad de ver esta peli pero después de leerme el análisis, los spoilers (que no te culpo por ellos porque son bastante predecibles XD) y la temática… Creo que me quedo con Hiroshima mil veces :p

    Te la sugiero como anánlisis para cuando puedas y si tienes ganas ^^

    Muy bueno el análisis ^^ y siempre es agradable leerte :p

    Nos vemos ñ_ñ

  16. Julio 18 de 2011

    DRAKENLAND o JAVIER:
    Cordial saludo. Con aprecio quiero hablarle tanto al crítico Drakenland así como al ser humano Javier.

    Soy MajaTiqui (Martha Chaparro) antropóloga colombiana, y quien ha escrito en algunos Comentarios en la red, acerca de tu Crítica a La tumba de las luciérnagas de Isao Takahata, como muy dura. Crítica que aspiro reconsideres, porque tengo de ti el mejor de los conceptos. Eres un crítico ánime serio. P. ej., lo que escribes sobre MONSTER (2005) de Kojima, es majestuoso. Justamente estilo que se extraña en lo que haces con La Tumba de las luciérnagas.

    Te recuerdo con todo respeto que, CRITICAR contrario a la connotación que se tiene de éste término: NO ES CENSURAR, o DESCALIFICAR. CRITICAR ES VALORAR EN JUSTICIA UNA OBRA, tanto en su propuesta artística, como ante todo, como por su mensaje que comunica.

    Cuál es la función del CINE ARTE? Enseñarnos a ser mejores seres humanos. Y La tumba de las luciérnagas (1988) de Isao Takahata es Cine Arte sin duda, porque nos da una lección de humanidad inconmensurable. Entre otras, porque: Quién no fue niño o niña?, Quién no tuvo hermanos o hermanas?, Quién no tuvo o tiene padres?, Quien no tuvo un gran amor en su vida que perdió?.

    El guión de Takahata y Akiyuki Nosaka, nos cuenta esta red de relaciones en el tejido social en un momento coyuntural de la historia, de una manera sencilla, humilde, sensible, minimalista; así como lo es el Ethos del Arte Japonés Minimalista (cf. el dibujo, la pintura, el teatro, la poseía, etc.). Oriente es otra cultura, otra piel, otra sensibilidad. Y, para quienes vivieron en carne propia el horror de la II Guerra Mundial, sobrevivir no puede ser asumirse como ser feliz. Por contra, ha quedado un trauma, una herida que no cura en el Inconsciente Colectivo. Más cuando se retrotrae memoria histórica, o se les pide perdón a las víctimas por las injusticias. Como lo hace el ARTE con mayúsculas. Se siente alivio ante la herida de la vida.

    Todo este TROPOS (sentido que toma el significado de una figura retórica, como la metáfora, la alegoría, la ironía, etc., o en éste caso la metonimia), hace que ésta película ánime sea más que realista, hiperrealista. Ése exceso de realidad al mostrar y demostrar la historia de un niño y una niña huérfanos durante el final de la II Guerra Mundial en Japón…, en un mundo sin corazón.

    Javier, tú que eres un hombre bueno, y en verdad talentoso, se te olvida ver en La tumba de las luciérnagas, el más profundo de sus textos, que “es una tragedia”. Ahora, con relación a lo que nos confías a los(as) seguidores(as) de tu blog, y disculpa la indiscreción, de lo que acaece en tu vida personal: “la pérdida de tu amada”. Éste insuceso hace parte del campo semántico de la “tragedia” también…

    Porque no se compadece con la alegría con que dos inician una relación, con cierta duración en el tiempo y que los hace sentir plenos. Hasta que sucede que uno de los dos da por terminada la relación. Si los dos sincrónicamente dan fin a la relación, esto se llama “comedia”. Pero, como la relación se acabó “por uno de los dos”, porque ya no quiera al otro, ésto es lo que hace sea una “tragedia”.

    Por éso tu dolor, porque moriste en la conciencia de la otra, mientras tú la amabas, de ahí la sensación de muerte. Te recomiendo leas La separación de los amantes: la fenomenología de la muerte, del psicoanalista Igor Caruso. Seguro que te dará un consuelo, y algo de claridad sobre lo acaecido. Desde luego, lo más pertinente es que lo que ya debes estar haciendo, asistir a terapia psicoanalítica. Vas a ver que éste es el tiempo y “dinero” mejor invertido de toda tu vida, porque te desahogas, pones orden psicológico a los acontecimientos de tu vida, retrotraes lo que tú vales, y la dignidad que mereces.

    Javier con todo respeto me disculpas, más relacionando los recientes acontecimientos de tu vida con la película La tumba de las luciérnagas. Te puedes imaginar, si tanto quisiste a tu amada: ¿Qué tal si hubieses tenido con ella: un hijito o una hijita, cuánto le amarías?, ¿Qué tal si la pérdida fuera de ésa niña o de ése niño?… Cuánto entenderías entonces, La tumba de las luciérnagas…!

    Porque ésta obra literaria de Akiyuki Nosaka llevada al cine ánime por Isao Takahata, nos habla es habla es de esto tan sagrado: de la vida, del amor, a través de los niños y las niñas, de su mágico mundo, de su infinita ternura, del amor que idealmente debieran recibir de una sociedad ética y solidaria; y no sólo de parte de sus padres. Perder a los niños y niñas, y a los jóvenes, como lo muestra la Película, es lo más doloroso que le puede pasar a cualquier humanidad posible, como diría Heiddegger en Carta sobre el humanismo.

    Relación La tumba de las luciérnagas con los(as) espectadores(as)
    Este diálogo no es posible si como espectador(a), uno(a) no le agrega un imaginario: “la vida de uno(a) mismo(a), ante todo, en la tragedia”. Cuando a uno(a) como espectador(a) o hacedor(a) del cine, se le ha muerto un ser demasiado amado, uno(a) no puede ser el(la) mismo(a), es diferente. “Uno/a no ve la realidad o lo representación virtual de la realidad, con los ojos físicos, sino con los ojos del alma”. Tampoco sirve a la comprensión de la tragedia, la visión del positivismo, porque como es tecnología, su lenguaje y pensamiento son fríos, como diría Heidegger en el texto atrás mencionado.

    No se trata de ser otaku o no, para valorar en su justo valor (valga el pleonasmo) a La tumba de las luciérnagas, es decir, para reconocer en ella una Obra Maestra de Isao Takahata. Se trata de ser humano, para verla a la par. En lo personal, la habré visto 20 veces, y no ha pasado que haya dejado de llorar una sola vez, aún escribiendo o leyendo sobre ella. Incluso, en el párrafo anterior lloré escribiendo.

    Hace 21 años, perdí frente a la “parca”, a uno de los grandes seres que más he amado en mi vida: mi abuela paterna, que era realmente mi madre, de manera muy trágica, y hace dos años perdí a mi Padre. Por esta razón, las tres primeras veces que ví la película, las lágrimas no me permitieron ver con qué enterró en su cofrecito Seita a Setsuko… Nada es más agresivo y brutal que la muerte.

    Igual me pasó en el Capítulo 25 de Death note (2006) de Tetsuro Araki, las lágrimas no me dejaron ver, ante la muerte de “L”, en una atmósfera a lo Blade Runner (1982) de Ridley Scott (película amada), en la escena de la muerte de Roy Batty, cómo la shinigami Rem había muerto también, quedando reducida a cenizas. Mi hijo me hizo caer en cuenta en el Capítulo siguiente, cuando pregunté: -“Y qué pasó com Rem?”.

    Tengo 50 años, y me apasiona el cine. La afición al ánime se la debo a otros dos de mis grandes amores, mis hijos: Juan Camilo Guerrero de 26 años, Ingeniero Civil, y Johana Isaura Rodríguez de 15 años, estudiante académica y de piano. A mis hijos les agradezco conocer el ánime, porque lo difundo a la gente joven, y porque apreciarlo me hace sentir viva, ante una puesta en escena que distrae, enseña, emociona. Mis obras preferidas: Detective Conan, Death Note, Monster, Avatar: la leyenda de Aang, Ghost in the Shell, La princesa Mononoke, Full metal alquimist, Vampire Knigth, entre otras, y desde luego La tumba de las luciérnagas.

    Probablemente estudie un Doctorado en Lenguaje y Cultura, y la Propuesta de Proyecto de Investigación para Tesis Doctoral que tengo, es analizar y profundizar La tumba de las luciérnagas de Isao Takahata.

    Hablando con Javier
    Javier, te vas a poner mejor, ya lo verás. Los dichos populares son muy sabios para éstos casos, tenlos presentes: “No hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista”, “después de la tormenta viene la calma”. También recuerda a Nietzche: “Aquello que no me mata, me hace más fuerte”, y cómo “hay que destruir creando, como un verdadero artista”.

    Cuando estés mejor, y lo vas a estar, seguiremos debatiendo. Porque quisiera compartir contigo, si me lo permites, muchos más conceptos y experiencias en torno al ánime. De momento por decir algo, que relacié Trabajo de Campo proyectando La tumba de las luciérnagas, a más o menos 800 personas, público universitario que la ha recepcionado “muy bien”.

    Empero, tengo una excepción: “una joven de 24 años (de cultura popular, aparentemente no-lumpen, bachiller, aclaro, sin formación en el ánime), no sólo no recibió para nada bien la película; no se trataba de que llorara o dijera el qué discurso; sino que de manera desafiante a posteriori a verla, supé, agredió físicamente a una niña huérfana, al cuidado de su familia!”. Conclusión: “no se puede sensibilizar en el resentimiento”. O uno(a) es sensible o no lo es.

    Quizás la película toca la fibra, de quienes le han bajado el tono a la voz de su sensibilidad, pero, que tienen formación estética y ética. La película lo que hace es aflorar valores y sentimientos profundos, como: el sentido de la belleza, de lo sagrado, de la vida, de la fatalidad, de un concepto de niño y niña, de la naturaleza y sus seres, en fin. Por ésta razón produce a su vez, la reacción contraria, del sentir horror por la guerra, ante la injusticia, ante el hambre, por la violación de los derechos humanos, sobre todo de los seres más indefensos(as) de la sociedad: los niños y las niñas.

    En efecto, “ninguna guerra es justa, pues por definición es lo más inhumano que existe”. La tumba de las luciérnagas es un canto a la vida, en contra de su antivalor que es la guerra, por ello es tan antibélica, hasta los tuétanos de los huesos ésta película ánime. En esto concuerda La tumba de las luciérnagas con otra obra maestra del cine: Senderos de gloria (1958) de Stanley Kubrick.

    La guerra no está tan lejos como creemos, no es algo del pasado: las dos Guerras Mundiales, o las Guerras Civiles de la antigua Yugoeslavia y Ruanda en el S. XX. En el S. XXI por mencionar un continente, América Latina, las guerras civiles no declaradas denominadas como países con “conflicto armado”, de hecho la viven, como en Colombia, México, en donde la cosa está que arde por cuenta de los carteles del narcotráfico, y, recientemente sabemos de Guatemala, porque pasó a la palestra pública, por caer de manera inocente asesinado el cantante Facundo Cabral.

    Por tu atención Javier, así como de los(as) amables fans del ánime que me han leído. Gracias.
    At/ MajaTiqui (Martha Chaparro)

  17. Hola Doña Martha.

    Ante todo espero que me disculpe por responderle utilizando el “de usted” pero es la primera vez que me ocurre que me encuentro con una lectora veinte años mayor que yo y encuentro más apropiado utilizar este tono, aunque como veo (por su IP) que es de Colombia espero que no le importe demasiado (en España es más común utilizar el tuteo en estos ámbitos).

    Me gustaría aclararle en primer lugar que no voy a añadir sobre lo de mi amada nada a lo que ya le dije y prefiero no seguir ahondando en el tema, ni en público ni en privado, por respeto a su persona. Ya veré si oculto o no el post que en estos momentos ocupa la cabecera del blog.

    En segundo lugar creo que usted me está malinterpretando. Yo en ningún momento critico el abordar un tema tan humano como puede ser el que un hermano que intenta hacer que su hermana no sea consciente de la realidad trágica que la rodea, sino más bien el intento desmedido por parte de Takahata a la hora de llamar a la emotividad del espectador que termina por hacerse desesperante.

    Siempre he pensado que los sentimientos en un lector/espectador/oyente deben surgir de él espontáneamente. Por ejemplo el diálogo entre Ashitaka y Moro de Mononoke Hime posee tal intensidad que resulta imposible contener las lágrimas ante la emoción. Son simples palabras, pero con una fuerza capaz de llegar al corazón. Sin embargo en esta película, las situaciones pasan de lo dramático a lo sádico. Es como si Takahata intentase conmover a base de torturar a dos niños ante la mirada de un espectador impotente al que una y otra vez intenta conmover sin dejar que el sentimiento nazca de él. A eso y no a otra cosa es a lo que me refiero.

    Si le sirve de guía para lo que quiero decir, recuerdo que en una ocasión, cuando me puse a estudiar Derecho Penal, hice un experimento consistente en quedarme 24 horas seguidas sin probar bocado. Quería experimentar por un momento lo que era el hambre, ya que aquí en España vivimos muy bien, y jamás nos paramos a pensar en qué nos ocurriría en el caso de que fuésemos personas necesitadas y comer no fuera algo tan fácil como abrir el frigorífico… Sólo le diré que a las 16 horas, lo único que pasaba por mi mente fue la sensación de que “Me comería una piedra”. Era una sensación tan desesperada y desagradable que llegué a pensar que si tuviese que pasar algo así de continuo sería capaz de delinquir con tal de que me diesen de comer aunque fuese en un calabozo.

    Uno no puede saber lo que son ciertas cosas hasta que no ha pasado por ellas. Yo por ejemplo no sé lo que es ser padre, pero sé lo que es querer a alguien con todas tus fuerzas y en ningún momento me he metido con el que se plasmen ese tipo de historias. Más bien al contrario, me encantan los relatos que humanizan al espectador, pero la manera que usa Takahata no es a mi juicio la correcta y de ahí mi crítica.

    De cualquier manera es lo que digo siempre: es mi criterio y no un dogma de fe y por supuesto cada cual es libre de seguirlo o no, sólo doy mi opinión. También he de decirle que si esta crítica le parece fuerte es porque posiblemente no ha leído alguna de las críticas que hago en tono de mofa sobre alguna “joya” de éstas en plan Steamboy y similares que hago para que la gente se ría.

    Por último he de decirle que me alegra saber que tiene dos hijos a los que les gusta el anime y que usted es filósofa. Ante eso sólo puedo decirle que soy más bien partidario de Kant y de Kelsen, aunque en realidad simplemente me gusta escuchar a grandes hombres y aprender en lo posible de ellos. Estos dos a mi juicio lo fueron.

    Un saludo y gracias por su aportación.

    PD: Espero que este post le pueda ser de utilidad para su tesis que espero, como no podría ser de otra manera, que sea con un sobresaliente Cum Laude. De hecho, en la Universidad de Salamanca hay muchos doctorandos de Sudamérica que hacen tesis muy brillantes y espero que la suya sea, como no podría ser de otra manera, brillante :D.

  18. Pingback: Mimi wo Sumaseba; de cuando Ghibli intentó que Yoshifumi Kondo fuera uno de los grandes « Drakenland / El lobo zamorano

  19. Magnífico análisis, simplemente no estoy de acuerdo con el 5 de nota, pero obviamente para gustos hay colores y al igual que para mi series como Code Geass merecen un 9 para otro no merecerá más de un 5.

    Cuando ví la película que nos concierne no pude evitar hacer una comparación con barefoot gen, no solo por las animaciones sino también por el comportamiento de los protagonistas y es exactamente en este punto donde creo que esta película destaca, logrando tratar temas que o bien se banalizan o se violan y sobreexplotan en otras peliculas pero que aquí se tratan con una sutileza dignas de una película de Hayao Miyazaki.

    Finalmente veo que estudias derecho en Salamanca, hace poco estuve por allí en un torneo de debate en la facultad de comunicación, también estudio derecho y la próxima vez que esté con penal intentaré hacer el experimento de las 24h sin comer (me ha despertado la curiosidad) y de todos modos, penal ya llena el estomago de por sí jajaja saludos.

  20. ¡Un compañero de sufrimiento jurídico!

    Bueno, Salamanca lo que tiene es el segundo ciclo de Comunicación Audiovisual por la USAL pero ahora lo caigo en si tiene o no una facultad específica para ello. La que sí que me consta que lo tiene es la Pontificia, pero eso es lo de menos.

    Penal no es precisamente mi derecho favorito, lo que pasa es que cuando empecé a estudiar políticas criminales pasé 24 horas sin probar ningún tipo de alimento para poder comprender cómo reaccionaría en el caso de que tuviese hambre de verdad y no tuviese dinero para comprar comida… Te aseguro que llegas a unas conclusiones sorprendentes y la sensación de desesperación que te invade es total.

    Es lo interesante que tiene el Derecho. El ser multiposicional. El que te fuerza a introducirte en la mente de otro para así poder pensar como él. De este modo es más sencillo convencer al juez de tu presunción ya que ganar es más fácil sabiendo lo que la otra parte puede alegar o haciéndole ver la situación concreta al de la puñeta. Pero lo que dije en otros posts. Yo soy más de Derecho Privado xD.

    Un saludo y encantado.

  21. No se bien en que facultad estuve la verdad xD Larecepción fue en el edificio antiguo, pero los debates en uno moderno que creo, digo yo, que era la facultad de comunicacion audiovisual (no me extrañaria fuese la de la Pontificia ya que estudio en la Universidad Pontificia de Madrid, dulce ironía de la vida, soy ateo).

    Mi derecho favorito en este caso es el derecho Civil, estoy ya en tercero de carrera y como tu dices el situarte en posición del otro para lograr saber lo que quieres y cual es la mejor salida han hecho que la carrera (y especialmente los exámenes de civil) se me hayan hecho muy amenos, más propios de una serie de detective Conan que de una carrera jajaja.

    Enfín, por desgracia ya viene mercantil para aguarme la fiesta.

    Posdata: Te recomiendo, si no la has visto, la película de “5cm per second”, viendo tus gustos por las notas que das a las series y películas me atrevería a aventurar que te gustará ^^ Saludos.

  22. Sin duda una de las maravillas de la animación. Una historia desgarradora y triste, en realidad aunque tengo el dvd solo he podido verla una vez. Y no precisamente por el tiempo. La verdad es que el libro en el que está basado es bastante duro tambien (A. Nosaka) pero la película creo q lo supera. Esta pelí es una de las más prestigiosas de Studio Ghibli y eso que lo tiene dificil en ese sentido ya que el estudio cuenta con maravillas como Porco Rosso o Laputa incluso Naussica, o la taquillera y oscarizada Chihiro y bueno, para mi la maravilla que es La princesa Mononoke (esta ultima es mi película de animación favorita). En definitiva la tumba de las luciernagas es una obra de arte en el mundo de la animación. Quizas por eso en america Studios como pixar idolatran a studio Ghibli y a genios como miyazaki.

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  27. Pues como prácticamente siempre, coincido contigo! Carezco de toda la información de que dispones, pero me pareció bastante ñoña! Después de haber visto Hadashi no Gen, esta peli me pareció flojilla. Que no sólo por ser de Studio Ghibli tiene por qué ser buena, que también hacen verdaderos truños. Siempre con la temática del respeto a la naturaleza, Greenpeace, We’re the World We’re the Children🎶. Que yo también quiero ver hostias. Con Lupin y el Castillo de Cagliostro igual, la ponen por las nubes, la mejor peli de Lupin, la mejor escena de persecución de la historia. Pues a mí me encanta Lupin, y lo picantón que es, y ésta peli la tengo ahí aparcada en el ordenador porque me pongo a verla y nunca soy capaz de acabarla.
    Toda esta temática de la 2a Guerra Mundial me gusta bastante, la historia me encanta. Leí la Biografía de Hitler que hizo Shigeru Mizuki y me encantó, en cambio el Manga de Hitler de Osamu Tezuka, no me llenó mucho, a ratos está muy bien, pero no es un manga que conseguiera estremecerme. A mí me va el rollo ‘MadHouse’, y no el manga estilo Walt Disney

  28. Una leve corrección, la segunda bomba, a la que llamaste Fat Boy(lanzada sobre Nagasaki), en realidad se llama Fat Man. Todo lo demás correcto. Saludos.

Adelante, siéntete libre para incordiar :3

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