
.- ¿Por qué no miras el rostro? Si funciona… .– Un hada .- La luz brilla en el vidrio, ven aquí .– Sí. Una princesa .– Así es .- ¿Acaso están enamorados? .- Sí, pero viven en mundos diferentes. Él es el rey de los duendes y sólo cuando el reloj marca las XII ella deja de ser oveja. Pero él sale cada hora y la espera. El artesano que debió hacer esto debía tener el corazón roto .- Por eso ambos parecen tristes.
He perdido la cuenta de la cantidad de veces que, ya fuese Djevel o cualquier otro lector mediante un correo electrónico, me había pedido la realización de la review de esta película de Ghibli que por varias razones me negué siempre a analizar por muy diversas causas; todas ellas resumidas en las malas experiencias que los “apócrifos” del estudio me transmitían siempre, bien por las altas expectativas nunca satisfechas que sobre ellos depositaba, bien por la simple desidia del director de turno que o imitaba a Miyazaki o sencillamente hacía perder el tiempo al espectador con sus divagaciones.
Reconozco que Mimi wo Sumaseba pertenece al primer grupo de insatisfacciones. Con el honor de haber sido dirigida por el que en su momento fue considerado como el sucesor natural de Miyazaki, Yoshifumi Kondo, el film se me antojó desde siempre algo lento y carente de vida. Sin embargo… hace muy poco, la persona a la que más quiero en este mundo me pidió una opinión sobre algo que ella había hecho y me di cuenta de que tal vez sería un buen momento para hablar de esta cinta y no porque lo que ella hizo estuviese mal, sino porque creo que esconde un mensaje que este largometraje define a la perfección y con el que concluiré la presente reseña.
Así soy yo. Ya me conocéis y supongo que estáis curados de espanto con mis ocurrencias, por lo que dejémonos ya de introducciones y sumerjámonos en esta pieza para comprobar si es o no una obra maestra a pesar de haber nacido de un equipo humano dirigido por alguien diferente al gran gurú de la animación japonesa, con todo el riesgo que supone. Comencemos.





















Nos honran con su presencia