Mimi wo Sumaseba; de cuando Ghibli intentó que Yoshifumi Kondo fuera uno de los grandes

.- ¿Por qué no miras el rostro? Si funciona… .– Un hada .- La luz brilla en el vidrio, ven aquí .– Sí. Una princesa .– Así es .- ¿Acaso están enamorados? .- Sí, pero viven en mundos diferentes. Él es el rey de los duendes y sólo cuando el reloj marca las XII ella deja de ser oveja. Pero él sale cada hora y la espera. El artesano que debió hacer esto debía tener el corazón roto .- Por eso ambos parecen tristes.

He perdido la cuenta de la cantidad de veces que, ya fuese Djevel o cualquier otro lector mediante un correo electrónico, me había pedido la realización de la review de esta película de Ghibli que por varias razones me negué siempre a analizar por muy diversas causas; todas ellas resumidas en las malas experiencias que los “apócrifos” del estudio me transmitían siempre, bien por las altas expectativas nunca satisfechas que sobre ellos depositaba, bien por la simple desidia del director de turno que o imitaba a Miyazaki o sencillamente hacía perder el tiempo al espectador con sus divagaciones.

Reconozco que Mimi wo Sumaseba pertenece al primer grupo de insatisfacciones. Con el honor de haber sido dirigida por el que en su momento fue considerado como el sucesor natural de Miyazaki, Yoshifumi Kondo, el film se me antojó desde siempre algo lento y carente de vida. Sin embargo… hace muy poco, la persona a la que más quiero en este mundo me pidió una opinión sobre algo que ella había hecho y me di cuenta de que tal vez sería un buen momento para hablar de esta cinta y no porque lo que ella hizo estuviese mal, sino porque creo que esconde un mensaje que este largometraje define a la perfección y con el que concluiré la presente reseña.

Así soy yo. Ya me conocéis y supongo que estáis curados de espanto con mis ocurrencias, por lo que dejémonos ya de introducciones y sumerjámonos en esta pieza para comprobar si es o no una obra maestra a pesar de haber nacido de un equipo humano dirigido por alguien diferente al gran gurú de la animación japonesa, con todo el riesgo que supone. Comencemos.

Ficha técnica

Mimi wo Sumaseba (耳をすませば) también conocida como “Whisper of the Heart” es una película del estudio Ghibli dirigida en 1995 por Yoshifumi Kondō basada en un manga de un tomo escrito y dibujado en 1989 por Aoi Hiiragi, publicado en la revista Ribon y distribuido por la editorial Shueisha. El film pertenece a los géneros de fantasía y drama adolescente; su producción corrió a cargo de Toshio Suzuki y el guión recayó sobre Hayao Miyazaki.

Argumento

Shizuku Tsukishima es una estudiante de instituto a punto de acabar su enseñanza secundaria que vive en un mundo que empieza a desmoronarse ante sus pies. Su hermana mayor decide abandonar su casa mientras termina su etapa universitaria, sus amistades empiezan a sentir por su entorno amor y para colmo sus inquietudes respecto a su futuro no terminan de despejarse nunca.

Durante el verano de 1994, la muchacha invierte su tiempo en componer canciones que parodien temas clásicos o sacando más y más libros de la biblioteca. Aunque, un día, descubrirá por casualidad un nombre que la dejará estupefacta. Se trata de Seiji Amasawa, un chico que parece haber pedido prestados con anterioridad todos los libros y cuya figura empieza a intrigar a la joven que incluso construirá en torno a él un mito especulativo en cuanto a aspecto y personalidad.

Pero aquella fantasía queda lejos de adecuarse a la realidad de un misterioso y altivo muchacho que le devolvería una de las adquisiciones que había dejado olvidadas junto a su canción parodia, de la que no dudará en burlarse. Es además aficionado a la bicicleta y en el instituto la ignora completamente. Aunque las cosas están lejos de acabar ahí.

Shizuku Tsukishima, Seiji Amasawa y Shiro Nishi

Un día, Shizuku descubrirá una enigmática tienda de reparación de relojes regentada por un encantador señor de avanzada edad llamado Shiro Nishi, que vive junto a un nieto de su quinta y que piensa dedicar su vida a ser un artesano de violines. No obstante, la atención de la muchacha se centrará en el Barón Humbert von Jikkingen; la figura preferida del anciano.

Éste se muestra fascinado por la pequeña y en un arrebato de ternura le enseñará un peculiar reloj de péndulo que ha tenido que arreglar y que contiene en su interior la historia de dos seres maravillosos que viven un amor imposible. Un momento en el cual la vida de Tsukishima adquirirá un nuevo y sorprendente rumbo que la llevará a la madurez.

Tema principal de la OST

  • Take me Home, Country Roads” compuesta por John Denver e interpretada por Yoko Honna

Análisis

Nos movemos en una época un tanto particular. El proyecto Ghibli no pasaba por sus mejores momentos debido a que Takahata, del que tan altas metas se esperaba que alcanzase, no había conseguido el éxito esperado ni con “La tumba de las luciérnagas” ni con Omohide Poro Poro ni desde luego con “Pom Poko”. Por añadidura Tomomi Mochizuki acababa de filmar la peor cinta del sello con“Umi wa Kikoeru” y Miyazaki, pese a genialidades como “Porco Rosso” o el impecable “Tonari no Totoro” arrastraba todavía fallos como las mediocres “Laputa Castle in the Sky” o “Kiki’s Delivery Service”.

Parecía pues que el proyecto de los dos grandes genios de la televisión iba a recaer finalmente sobre este último, lo cual hubiese hecho inviable la supervivencia del estudio al presionar demasiado a su máxima estrella. Por lo tanto, la necesidad de un nuevo nombre como talento empezaba a ser imperiosa y tras el inmenso error del ya mencionado Mochizuki, le llegaría el turno a un hombre veterano pero sobradamente curtido en las labores de animación como lo era Yoshifumi Kondo cuyo bagaje no hacía sino presagiar buenos y grandes tiempos.

La nueva estrella ideal de la factoría Ghibli

Kondo lo tenía todo para ser el nuevo maestro de la marca. Con apenas 18 años había emprendido su carrera como animador en “Star of the Gigants” aunque inmediatamente Miyazaki llamaría a su puerta y empezaría a trabajar codo con codo con él en la realización de la que fue posiblemente su mejor serie de televisión: Lupin III.

A partir de ese momento y con muy contadas excepciones, su vida profesional estará siempre vinculada a la del padre de Totoro y al de su mentor Takahata, quien también contará con él para prácticamente todos sus proyectos para la pequeña pantalla y, por consiguiente, para los de Nippon Animation, que como ya hemos dicho en alguna ocasión, fue el más importante de los exportadores japoneses de animación durante los ochenta y principios de los noventa.

Alumnos acumulados a la puerta de una clase; un recurso de las obras televisivas de Miyazaki

Su curriculum empezará a hacerse envidiable y pronto su nombre será una constante en las apuestas más importantes vinculadas al anime de la época hasta el punto de aparecer en series de tanto prestigio como la excepcional “Sherlock Hound” (una increíble versión del mito de Sherlock Holmes) o “Ai no Wakakusa Monogatari”, es decir, “Mujercitas” que a la postre será una de las series del género más licenciadas fuera de las fronteras del Imperio del Sol Naciente.

Pese a todo, desde el estreno de “La Tumba de las Luciérnagas” Kondo vinculó en exclusiva su nombre al de Ghibli y participará en todos sus films hasta recibir la alternativa en 1994 de la mano del archimencionado Miyazaki, que, al contrario de lo que había hecho con Takahata, quiso ayudarlo colocándose en el papel de guionista.

Un aprendiz con las enseñanzas de dos maestros

Desde el principio, el nuevo valor se decantó más por un estilo realista que por el fantasioso. Takahata había sido para él un referente mayor que el del padre de Nausicaä y la mayor parte de su carrera se había basado en reinterpretar en clave de anime novelas narradas en un marco real a los que uno u otro de sus referentes habían adaptado a la pequeña o la gran pantalla. Finalmente, el guión elegido fue el de un manga llamado Mimi Wo Sumaseba, de un único tomo y cuya historia se antojaba ideal para el supuesto talento. Pero la adaptación estaba en manos de Miyazaki con todo lo que ello implicaba.

El gran maestro empezaba a desarrollar un estilo muy peculiar del que pronto daría cuenta en Mononoke Hime, pero que a esas alturas todavía se resumía en hacer versiones libres de las historias que caían en sus manos y, por añadidura, introducirles algún que otro elemento fantasioso. Y así se hizo.

Escena de fantasía entre Shizuku y el barón

El truco ideado fue el de hacer que la protagonista de la historia concibiese en su cabeza una novela protagonizada por la enigmática figura del Barón de Humbert von Jikkingen que, como no podría ser de otra manera, transcurriría en un mundo imaginario con toques oníricos en el que tendrían cabida todas las extravagancias del genio, que fueron recreadas con las obras del pintor Naohisa Inoue (al que más tarde se le dedicaría un cortometraje titulado Iblard Jikan) y su portentoso universo de detalles coloristas.

Este detalle, que aparentemente podría parecer sin importancia, fue una de las principales lacras para el film. En todos sus actos promocionales se distribuían fotos e imágenes de los momentos en los que la muchacha y el barón aparecían juntos; un factor que daba a entender a los espectadores que la cinta era en realidad de fantasía y no de drama realista, como en realidad era, lo que a la postre supondría para los espectadores una enorme decepción materializara en varapalo en fuera de todo lo que no fuera Japón. Algo en cierta forma injusto para un film mucho más en la línea de lo que había representado siempre la manera de hacer de Takahata.

Mundo onírico de Naohisa Inoue para la película

Como ya hemos dicho, salvo este pequeño guiño y el de la acumulación de gentes en determinados momentos, Mimi wo Sumaseba es heredera directa del espíritu de este último. Desde la pasión oculta por lo americano revelada en el tema central de la OST “Take me Home County Roads” (obra originalmente del cantautor de country John Denver) hasta las atmósferas intimistas y melancólicas que tanto impregnaron las apuestas de Nippon Animation, basadas íntegramente en su legado.

Nostalgia, problemas familiares, falta de personalidad, evolución vital… hasta la elección del oficio de Seiji es sospechosamente la de fabricante de violines, que en no poca medida no puede evitar traer al recuerdo otra obra cinematográfica del maestro como era la de “Sero Hiki no Goshu” por mucho que éste utilizase el violonchelo.

Seiji toca el violín en la escena en la que Shizuku canta “Take me Home, Country Roads

Por tanto, podríamos decir en este punto que el peso comercial de Miyazaki influyó decisivamente en la entrada en el mercado de este producto, pero no en lo referente a su espíritu ni tampoco en la profundidad de su argumentación, que como ahora veremos, estaba muy lejos de las pretensiones filosóficas y ecologistas que siempre envuelven a los trabajos del creador de Totoro.

Una reflexión sobre la adolescencia

La pretensión única y real de Kondo es la de dibujar un retrato personal, emotivo e íntimo del difícil paso de la infancia a la edad adulta. De ese momento de sentimientos inquietos en el que el mundo que hasta ese momento se había concebido como idílico y fácil, pasa a llenarse de responsabilidades en forma de nuevos puestos, metas más altas, sentimientos y relaciones novedosas y por encima de todo… cambio.

En todo momento subyace sin hacerse patente el concepto de que la protagonista se encuentra confundida ante el rumbo que está adquiriendo su existencia, y de cómo, quiera o no, ésta tendrá que llegar a algún lugar… que descubre de un modo fortuito en una tienda de reparación de relojes.

Shizuku entrega a Nishi el borrador de su primera novela

Confieso que es aquí donde encontramos el primer gran fallo del largometraje como es la excesiva presencia de Shizuku en prácticamente todos los momentos de la obra sin dejar al espectador la posibilidad de desconectar de ella, como si de una película de Roberto Benigni se tratase. Y lo que es peor, sin que exista en ella el menor atractivo personal que justifique semejante sobrecarga.

El auténtico quid de la cuestión reside precisamente en la analogía de Nishi sobre la etapa en la que se encuentra. Estamos ante una esmeralda en bruto. Una joya que hay que pulir y que poco a poco dará de sí todo el potencial que encierra, pero a su debido tiempo; en un momento en el que el espectador ya carecerá de capacidad material para juzgar tanto su posición en el mundo como sus decisiones o incluso carisma, puesto que no corresponde a éste juzgar los hechos que no se encuentran narrados o al menos sugeridos.

Fichas de los libros que denotan la obsesión de Seiji por lograrlos antes que Shizuku

En otras palabras, los principales problemas que planteará la película se nos harán insustanciales. Es decir, veremos cómo ninguno de ellos sabe bien cómo reaccionar ante una declaración de amor, seremos testigos de que tampoco son conscientes de que ciertos errores relacionados con sus estudios pueden condicionar de modo irremediable su futuro y de que ninguno de ellos cree tener personalidad, pero poco más.

La trama es buena para una serie de sobremesa de corte familiar, pensada para permanecer durante meses en antena con capítulos livianos, pero no para un film que aspiraba a llevar en él toda la esencia de la nueva cabeza pensante del estudio de animación oriental más importante del mundo. Carece de sustancia y ello, para mal, perjudica irremediable al resultado final que sólo puede definirse como anodino.

Técnicamente prodigioso

No podemos obviar por contra que la cinta ante la que nos encontramos fue con diferencia el mejor trabajo técnico de Ghibli desarrollado hasta el momento y no sólo por sus ya mencionadas estampas de corte surrealista, sino por el magnífico acabado de los objetos en movimiento y muy en particular de las estancias, que rezuman minuciosidad y detalle en todos y cada uno de los planos; en especial en las fachadas de los edificios y en los interiores de las habitaciones.

A ello hay que sumarle un rediseño en los personajes mucho más atractivo que en el manga original al que se suma una composición en las estancias y fondos en general mucho más compleja. Lo que nos permitirá digerir de un modo más llevadero las múltiples e insulsas situaciones que en ocasiones serán un lastre irresoluble para su guión.

Detalle de una de las estancias de la tienda de Nishi

Mención aparte merece la OST. La inmensa mayoría de la misma pasa sin pena ni gloria ante nuestros oídos. No obstante, hemos de reconocer que la adaptación del tema “Take Me Home, Country Roads” es sorprendente y cautiva de un modo único y difícilmente descriptible al espectador. Máxime en la escena más reconocible del film en el que la tímida Shizuku empieza a entonarla acompañada por un violín y acaba cantando alrededor a toda una orquesta formada con la improvisación derivada de la buena fe y de las ansias de pasarlo bien.

Cabe destacar que la hija del productor, Mamiko Suzuki tradujo la canción al japonés en compañía de Miyazaki y que después Yoko Honna se encargó de la interpretación. Hay que añadir que la versión inglesa para la Banda Sonora corrió a cargo de Olivia Newton-John, aunque ya por aquella época era una estrella de capa caída que sólo era recordada por su papel en Grease y no por sus discos.

Conclusión

Ghibli lleva cerca de veinte años intentando encontrar ya no un sucesor de Takahata sino uno que haga al menos sombra a Miyazaki. El antaño proyecto bicéfalo, perfectamente estructurado y con una enorme proyección de futuro se transformó en un auténtico monólogo del padre de Nausicaä que desde 1993 han intentando sin éxito convertir en dúo.

Kondo fue la apuesta más solida, creíble y coherente para tal honor, pero ni el guión para su estreno en tales lides era el más adecuado ni desde luego la temática… la más aconsejable a la hora de intentar crear una diferencia o al menos un referente. Ése fue su primer y gran error: el guión a adaptar y la extraña mezcolanza de elementos de los que se le dotó en sus compases finales.

De optar por una trama de temática dramática lo adecuado hubiese sido un libro como a los que daba vida en sus tiempos de Nippon Animation, no una historia bastante sosa y desangelada de una adolescente que se encuentra a sí misma, llena de planos monotemáticos y colapsados por su presencia, y con una trama que no lleva a ningún lado salvo a una conclusión que es el motivo real del presente análisis y que le quiero dedicar a una persona que seguro que se dará por aludida.

No importa si el golpe con el que arrancamos una esmeralda de una mina es imperfecto y por su culpa, la pieza que sacamos está llena de otros minerales adheridos, porque lo importante es sencillamente descubrirla, y tú ya lo has hecho. Lo único que necesitas ahora es pulirla para que quede todo lo hermosa que a buen seguro será.

NOTA: 5

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12 comentarios el “Mimi wo Sumaseba; de cuando Ghibli intentó que Yoshifumi Kondo fuera uno de los grandes

  1. Esta película a mí me gustó, pero por momentos y, sobre todo al principio, me parecía un poco lenta. Igualmente, hay que reconocer que el tema principal, “Take Me Home, Country Roads”, es muy linda y es muy adecuada para la película.

    El último párrafo que pusiste sobre las esmeraldas me encanta, es una de las frases que me gustó mucho de la película.

    En conclusión, concuerdo en que no es una de las mejores películas de Ghibli y en que es lenta. Lo que sí me gustó es el amor que surgía entre los protagonistas, de manera lenta y no de pronto.

    Besos.

  2. Esta siempre me ha parecido bonita y con una peculiar poesía, me gusta pero nunca he visto en ella la obra maestra que muchos dicen que es…hasta hoy me pregunto porque Ghibli habrá escogido un manga con un argumento que no brillaba, ni daba para mucho.

    La película al principio es lenta, es como si no enganchara fácilmente, pero ya casi por la mitad va agarrando mas sabor, aun así creo que el argumento no termina de despegar, flojeando en ciertas partes que se supone deberían ser mas potentes…recuerdo que cuando la vi por primera vez, estaba acompañado pero al final termine viéndola solo, ya que a mis familiares les aburrió.

    Eso si, cuenta con sus escenas bastante logradas, como cuando Shizuku canta la canción Contry roads con el chico y los ancianos, también cuando acercándose el final, ambos protagonistas van subiendo la callejuela en bicicleta…y como olvidar el final medio forzado donde Seiji le declara su amor a ella y prometen casarse algún día xD…según ese final fue idea de Miyazaki que buscaba dejarlos más comprometidos o algo asi…

    Por cierto, es una lastima que Barón tuviera que protagonizar un filme tan simplón como Haru en el reino de los gatos, pero ni modo…

    Saludos desde México.

  3. Es que lo que a mí me fastidia de lo que yo llamo “los apócrifos” es lo simples que a veces llegan a ser. Precisamente la historia del barón era una de las más interesantes en Mimi Wo Sumaseba, pero desgraciadamente se desaprovechó, como casi todo en el film.

    Concuerdo plenamente contigo Jan en que la escena en la que todos cantan “Take me home, country roads” es de lo mejor de la película y… bien pensado la parte del final en la que ambos se comprometen tiene cierto aroma a Miyazaki.

    Por cierto, el doblaje latino de esta película es de los mejores que he llegado a ver. Salvo el uso de palabras como “Concreto” para referirse al cemento, se hace en él un uso de un castellano muy común y asimilable para todo el mundo. Un gran trabajo por parte de los traductores, sí señor.

    Un saludo.

  4. Antes de nada: magnífica review. Hijo, no sé cómo lo haces, que incluso haciendo reviews sobre aquellas pelis que no te gustan, acabas dotándolas de una calidad asombrosa. Este espíritu es realmente admirable.

    Pero hay una cosa que no me gusta. ¿Sabes cuál es? Que le hayas puesto un 5. ¿Y sabes qué es lo peor? Que tienes mucha razón y muchos motivos al ponérsela xDDD

    Sin duda, lo mejor de la película es su conclusión, sus detalles (como la frase de la esmeralda que has puesto) y su aroma. Este último punto es sumamente subjetivo, pero es que el entorno en el cuál transcurren gran parte de los sucesos de la película es en una tienda de antigüedades, y a mi esos sitios me pierden. Son una debilidad mía, y el hecho de que esté tan presente en esta peli, pues es un instrumento maquiavélico perfecto para que caiga bajo el hechizo del largometraje, que lamentablemente no es demasiado efectivo.

    Y ello se debe, sin duda, a los elementos que has dicho (de hecho, debo confesar en voz bajita, que durante la primera mitad de la peli estuve a punto de dejarla, porque era exageradamente lenta).

    Supongo que, como a ti ya te ha ocurrido con otras obras que has comentado en este mismo blog, creaciones que no son ni de lejos obras maestras, albergan ciertos elementos que hacen que no puedas valorarlas mal. Y supongo que me ocurre lo mismo con respecto a Mimi Wo Sumaseba.

    Qué lástima que tenga que darte la razón, con lo que me gusta llevarte la contraria… xD

  5. Acabe de ver la película por segunda vez, al principio si es un poco lenta, pero es excelente, que camino tomar???, las consecuencias del camino que tome son totalmente mi responsabilidad.

    Vi esta película por primera vez cuando estaba en tercer semestre de ingeniería y debo decir que en parte gracias al mensaje que en ella se transmite decidí a la vez que estudiaba en la Universidad escoger otro camino, es tal así que entre mis compañeros no hay nadie que pueda programar como yo, lo que suceda con mi futuro es totalmente mi responsabilidad, sin embargo estoy feliz de haberlo intentado, para mí es una gran película.

  6. A mí me dejó un sabor agridulce al verla, sobre todo al final, que para mí fué como si de repente le hubiesen dado un hachazo a la historia y fin… . De todas formas, creo que la película se merece mejor calificación, ya que a mí me gusta la naturalidad de los personajes y el trasfondo de la historia. He aprendido muchas cosas de la película leyendo el post y coincido contigo en casi todo; muy bueno, como siempre.

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  9. Muy buena reseña (aunque la leo algo tarde, la verdad) y también fue una película que me dejo un sabor agridulce, aunque por suerte fueron más las cosas dulces que las agrias las que finalmente me llegaron. Leyendo tus reseñas, me doy cuenta de la alargadísima sombra que tiene Miyasaki en la animación japonesa, pues además de ser un animador prodigioso también es un narrador natural, y al parecer Ghibli parece pensar que lo primero es sinónimo de lo segundo. Es triste que esta película se considere el mayor legado de Kondo, y no se le de el lugar que le corresponde como un de los más grandes animadores de anime de la historia, un verdadero revolucionario que construyo escenas de acción como ningún otro y sin el cual maravillas como Kiki, Porco Rosso o la misma Mononoke Hime no hubieran sido lo que fueron.

    Creo que se te pasó comentar un par de cosas: la primera que Mimi wo Sumaseba es la “secuela espiritual” de otra película de Ghibli (que no sé si ya la comentaste) llamada Neko no ongaeshi, en la cuál reaparece el personaje del Barón Gato, pero esta vez en un papel protagónico. A mi personalmente me parece una gran película, muy divertida y con un diseño de personajes que por primera vez no es fotocopiado de Miyasaki, así que me atrevería a recomendarla. La segunda cosa que se te pasó comentar fue que Yoshifumi Kondo murió en el año 1998, debido a un aneurisma por exceso de trabajo (lo que los japoneses llaman “karoshi”… y deja mucho que pensar que incluso tengan un término para esto) durante la producción de Mononoke Hime, de la que fue director de animación. Este hecho fue el que causo que Miyasaki hubiera anunciado su supuesto retiro después de esta película, aunque de alguna manera sus obras ya nunca fueron las mismas.

    Perdón por la insistencia con Kondo, no es que hablarás mal de él, es sólo que es uno de mis animadores favoritos y creo que hay mil cosas mejores por las cuales nombrarlo que por su no muy afortunada película, como por ejemplo, este increíble piloto (que muy seguramente ya viste) de “Little Nemo” que por desgracias burocráticas nunca se realizo:

    Un saludo desde la tierra del alfajor y el choripan. ¡Hasta la próxima!

  10. Qué suerte haber encontrado este blog. Coincido totalmente: la película es lenta, pero a nivel de los dibujos te deja con la boca abierta constantemente. La empecé ayer, con mi hijo de siete años, y todavía no la terminamos; antes de ayer habíamos visto Hellboy II: me llamaba la atención que se bancara una hora de problemas de adolescentes; pero la respuesta es sencilla: los dibujos nos tenían hipnotizados.

Adelante, siéntete libre para incordiar :3

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