
Desde el mismo instante en el que te conocí me di cuenta de que tú eras especial. No sabría definirlo con palabras o con hechos. Sólo sé que llenaste un vacío que existía dentro de mí y que nunca antes nadie había podido, querido o sabido colmar. Eras como una brisa de aire fresco, como si de golpe un mundo compuesto de tinieblas se hubiese vuelto una inmensa pradera verde y acogedora que merecía la pena ser explorada.
Yo no me gané el apodo de lobo por ser sensiblero, ni por rasgarme las vestiduras por mis fracasos con mis anteriores relaciones de los que en alguna ocasión fuiste testigo. Me bautizaron así por mi fiereza. Tenía un concepto muy claro del bien y del mal y combatía a este último con todas mis fuerzas. Me hice periodista porque no quería que nadie más pasase por lo que yo pasé y aunque muchos no lo sepan, no fueron pocos los que cayeron por mi culpa, y a pesar de que ello me condujese a la miseria y a no ser precisamente la persona más querida de mi ciudad natal, puedo decir con orgullo que siempre actué del modo que creí correcto. Pero ello tenía su precio.
Intentaron en muchas ocasiones acabar conmigo y lo peor de todo es que no siempre esos ataques venían de mis supuestos enemigos, sino de los más allegados a mí. Algunos decían que cualquier otra persona en mi lugar se hubiese vuelto loca, pero a mí me daba igual. Yo siempre actuaba en solitario, y no me importaba el precio que tuviese que pagar si conseguía que una empresa que yo considerase justa, saliese adelante.
Me daba igual ser alguien tan solitario. Tengo pocos amigos, pero todos ellos son esenciales en mi vida. Disfrutaba con la gente que me brindaba su compañía y, aunque no siempre lo lograse, intentaba arrancarles una sonrisa invitándolos a hacer locuras como cantar en la calle pasodobles que provocaban lluvias torrenciales, o bailar como patos mareados con la música del primer artista callejero que brindase su arte a todo aquél que quisiese escucharla. Pero tras esa fachada de lobo solitario obstinado, luchador, a veces fiero, chiflado cuando quería hacer reír y con una obcecación casi obsesiva por la verdad y por lo que él considerase justo, se ocultaba una persona profundamente triste.
No fuiste la primera persona a la que amé, pero sí fuiste la primera a la que le juré que jamás dejaría de hacerlo. Tú lo cambiaste todo. Me dedicaste las primeras palabras de cariño real que me dirigían en toda mi vida. Me hiciste sentir la juventud que entre todos me arrebataron y, por una vez, creí que de verdad a alguien le importaba. Eras todo para mí, pero todo eran problemas y obstáculos a pesar de los cuales intenté que fueses feliz a mi lado.
Tal vez hace unos años, cuando todavía era un periodista, hubiese tenido las palabras idóneas para describir lo que significabas para mí, pero ahora carezco de ellas. Lo que sí te puedo garantizar es que jamás tuve una visión idealizada de ti. Simplemente eras la niña de mis ojos; la persona a la que más quería en este mundo. Me daban igual todas las demás, para mí no la había más hermosa, inteligente y buena que tú.
Intenté darte lo mejor que había en mí y lo hice poniendo en ello toda el alma y el corazón. ¿Recuerdas aquel colgante que te regalé? Muy posiblemente lo tirarías, pero aunque no te lo creas me costó mucho conseguirlo. Valladolid no es Barcelona y los precios de ese tipo de cosas son mucho más elevados allí. Aunque no es del precio de lo que quería hablarte, sino decirte algo que posiblemente habrás olvidado. Te lo di en representación de aquello a lo que renunciaba que era mi vocación como periodista y no sólo porque supiese que en Cataluña jamás hubiese podido ejercer como tal, sino por otros sacrificios que hice y de los que jamás tendrás noticia.
Sé que tú no me pediste nada de aquello pero entre ambos amores te elegí a ti por primera vez en mi vida. Pero ya ves, ni siquiera me dejaron disfrutar de ti. Te conté lo que intentaron hacerme y yo no encontraba ningún trabajo digno que me permitiese seguir a tu lado o marcharme cerca de ti, que era lo único que siempre deseé. Y cuando una vez más había conseguido derrotar a la adversidad, tú ya me habías abandonado, pequeña.
Eres atea, pero cuando apareciste en mi vida en lo único que pensé es en que Dios es en verdad misericordioso y que hasta a alguien como yo le podía brindar un poquito de felicidad y eso era lo que quería darte, pero no lo logré. Yo no sabía nada de lo que echabas en cara, ni tampoco tenía noticia de que a mi lado te sintieses asfixiada, ni que mi presencia te ocasionase problemas ni nada semejante.
No me diste la oportunidad de corregir mis errores, ni tampoco de ser tu amigo, tu cómplice. ¿Te acuerdas de que siempre me pedías que hablase yo? Tú realmente nunca me contabas nada. ¿Crees que no me hubiese gustado compartir contigo tus gustos o tus inquietudes? ¿Por qué crees que te decía que no debías hacer ciertas cosas? Estás muy equivocada si crees que querer a alguien es dejarle cometer sus propios errores, porque quien los ha cometido sabe hasta qué punto duelen. ¿Crees que queriéndote como te quería iba a dejar que sufrieses algunas de las cosas que yo sufrí? Por eso ahora sé lo mucho que me querían algunas personas que intentaron ahorrarme los sinsabores que yo me llevé por mi terquedad y mi mal carácter.
Siento de verdad si fui una carga para ti o si no fui alguien lo suficientemente bueno, pero hice lo que pude y lo único que te puedo decir es que te di todo lo que tenía. Eso y que he sufrido lo indecible desde me abandonaste.
Pero, por sorprendente que pudiese parecer, siempre supe que seguías leyendo esto y me puse de nuevo a hacerlo, aunque en esta ocasión iba a ser mi particular tributo a ti y te merecías algo mucho mejor que un cúmulo de reseñas breves para comentar entre amigos. Por eso desde enero de 2010 este blog es como es y siempre quise que algún día me dieses la oportunidad de intercambiar contigo impresiones de títulos como Beck, Kingdom Hearts u Odin Sphere. De hecho, ¿por qué te crees que las hice? Aunque nunca logré que volvieses a hablar conmigo.
Esta bitácora es lo único que puedo hacer para seguirte demostrando lo muchísimo que te amo. Todo esto era para ti, todo. Y por mucho que me doliese mi corazón, intentaba hacer todo lo posible para ahogar el sufrimiento que me causaba tu ausencia con la intención de intentar fascinar a esos ojos. A esos pequeños ojines achinados que eran la luz de los míos. No sé si alguna vez lo logré. Sólo sé que aquí tienes mi amor en forma de unos artículos que esperaba que estuviesen a la altura de ti. Si alguna vez dudas de que te amo con toda mi alma, ven a este blog y lee. Piensa en si todo este esfuerzo y toda esta pena la hubiese soportado de no ser por lo que te amo.
Aunque ahora toca el tiempo de ser algo egoísta y de pensar en mí. Tengo por delante un cuatrimestre muy duro y en él tendré algunas de las asignaturas más fuertes de la carrera. Ya he superado dos de ellas, Derecho Romano e Historia del Derecho y si paso las de esta tanda, sólo Derecho Mercantil y Derecho Internacional Privado se interpondrán en el camino de convertirme en un abogado de verdad.
Volveré en febrero, con la cabeza bien alta, porque voy a esforzarme. Pero no estoy cursando esta titulación ni por dinero, ni por amistades, ni por diversión, ni por saciar mi sed de saber. La estoy haciendo para convertirme en el mejor hombre que uno pueda imaginarse. Alguien de quien sentir orgullo cuando se va de la mano con él.
Soy un ingenuo, y a pesar de que sé que probablemente ahora otros hombres sean los encargados de amarte, me gusta creer que tengo razón y que así como siempre creí, aunque no tenía ninguna prueba, que tú estabas al otro lado leyendo lo que te escribía, también pienso que algún día me ofrecerás la oportunidad de enmendar mis errores y de ganarme con ello el honor de que me dejes pasar a tu lado el resto de tu vida.
Sólo tengo dos cosas que me avalen: que el tiempo siempre ha sido mi aliado, y que es imposible que nadie te ame tanto como yo, porque por si no te has dado cuenta, te he dedicado los últimos cuatro años de mi vida, algunos como amigo, otros como novio, y cerca de dos años y medio te he ofrecido mi alma en forma de este blog a cambio de nada.
Puedo pedirte perdón por cualquier error que pude cometer, porque te juro que nunca fue mi intención hacerte sufrir. Pero si hay algo por lo que jamás me disculparé es por amarte con todas mis fuerzas, por regalarte continuamente flores dado que son lo segundo más bello del mundo después de tu sonrisa y porque su belleza es tan efímera que fuerza al que la regala a volverlo a hacer para dar prueba de su afecto, o por haberlo sacrificado todo sólo para abrazarte en aquel banco del Paseo de Gracia.
Yo a partir de ahora me convierto en ilocalizable. Nadie me volverá a ver hasta febrero, puesto que me encerraré en una biblioteca en compañía de mis libros, aunque si tú me necesitas para algo, sabes dónde estoy y cómo localizarme.
Con la esperanza de que algún día perdones mi errores y me concedas de nuevo la oportunidad de hacerte feliz, sólo puedo decirte que me reconcilié con mi madre y ella también ansía poderte abrazar y quererte como a su propia hija, que todo lo mío es tuyo y que, tal y como hice antaño, renuevo mi juramento de amarte eternamente y de entregarte en prenda mi cuerpo y mi alma, de los que sólo tú eres la dueña.
Hasta febrero o hasta cuando tú quieras. Por favor, recuerda lo muchísimo que te amo. Tuyo por siempre.
Javi.





















Nos honran con su presencia