Star Fox (StarWing), la revolución tridimensional de Shigeru Miyamoto

Ah… your choice of routes took me by surprise! Your father was a reckless fighter too… But this will be the McCloud’s last battle!”

Pero afortunadamente no lo fue y la batalla que sucede a la pronunciación de estas palabras supuso el nacimiento de una de las mejores y más fructíferas sagas en la historia de Nintendo cuyo nombre sigue siendo, incluso a día de hoy, referente ineludible de calidad en el mundo de las consolas de la compañía nipona, cuyas entregas se cuentan por “imprescindibles”.

Posiblemente todo el mundo asocie el nombre de la Gran N a plataformas como Mario o a RPGs como Zelda, sin embargo la llegada de este título en torno al año 1993 supuso toda una sorpresa para los incondicionales de la marca, que presenciaron de manera privilegiada cómo un título más propio de un arcade de SEGA que de una empresa tan centrada en el mercado doméstico como lo era la promotora de SNES, se hacía con los favores de un público más entregado a las aventuras y a la calma, que al desenfreno de su principal competidora.

Star Fox/Wing fue uno de tantos proyectos producidos por Shigeru Miyamoto que, lejos de conformarse con el espectacular resultado de su Super Mario World, buscaba nuevas formas de expandir el universo jugable de sus creaciones más allá del mundo de su fontanero fetiche, aunque todo un cúmulo de casualidades hicieron que japoneses y europeos terminasen trabajando de la mano en el que se convirtió, por méritos propios, en uno de los mejores títulos de todos los tiempos merced a la espectacularidad y originalidad de los gráficos, el frenetismo de su banda sonora y la calidad de sus niveles, a años luz en colorido y detalle de cualquiera de los que en aquella época se podían apreciar.

Por ello y aprovechando que éste era uno de los videojuegos más importantes de la colección del padre de la persona a la que va dedicada este blog, me gustaría invitaros a adentraros en mi compañía en las entrañas de un producto que, incluso con el lógico desfase tecnológico, sigue asombrando por una magia y buen hacer en todos sus conceptos verdaderamente inconcebible en un título actual y que a bueno seguro dejará un buen sabor de boca a todo aquél que quiera dejase seducir por sus encantos. Así pues, y sin más preámbulos, sumerjámonos en el universo imaginario de este genial cartucho que, en 1993, nos enseñó que una máquina de apenas 16 bits podía desafiar sin miedo alguno a lo que en aquel momento se denominaba de forma insegura como “futuro”.

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Super Metroid, la eclosión de Samus Aran

Satisfied that all was well, I left the station to seek a new bounty to hunt. But, I had Hardly gone beyond the asteroid belt when I picked up a distress signal! Ceres Station was under attack!

Mucho tiempo ha pasado desde que un casi olvidado videojuego llamado Metroid aterrizase en Estados Unidos enseñándole a toda una generación de usuarios de esa caja mágica de Nintendo bautizada como NES, que el entretenimiento electrónico podía dar para mucho más que aquellos monumentos a la simplicidad de la Atari 2600 o los primeros y rudimentarios plataformas que hasta la llegada de Super Mario Bros, se imitaban los unos a los otros con la intención de aprovechar el tirón comercial que por entonces el género causaba.

La aventura de Samus Aran iba mucho más allá de lo que nadie hubiese podido nunca llegar a imaginar en aquella generación de consolas de 8 bits. Se trataba de recorrer un escenario que parecía no tener fin, memorizar sus elementos, volver a localizaciones por las que ya se había pasado, conseguir objetos, experimentar con ellos… En definitiva, explorar un mundo que suponía un nuevo y más que gratificante reto que abrió los ojos de los privilegiados que en su momento tuvieron el lujo de disfrutar de esta mítica plataforma.

Llegada ya la cuarta generación de consolas, Super Metroid pasó a convertirse en uno de los títulos más esperados de la gran N, por ver hasta dónde sería capaz de elevar las posibilidades de esa maravillosa máquina que llevaría por nombre el de SNES y si estaría a la altura de su portentoso predecesor. El éxito fue arrollador, y el cartucho se convirtió rápidamente en uno de los iconos generacionales de la juventud de los años noventa en Estados Unidos, aunque no consiguió siquiera acercarse a esos registros en Europa y en Japón. Un factor a pesar del cual la saga alcanzó la categoría de mito, convirtiéndose a día de hoy en uno de los exponentes por excelencia a la hora de definir los puntos que hacen de un videojuego un producto de calidad. Pero ¿estaba realmente a la altura de la fama que incluso a día de hoy conserva entre los usuarios del gran “Cerebro de la Bestia”? A lo largo de esta review intentaremos darle una respuesta a esa pregunta.

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