
- ¿Sabes? Si dos personas que se quieren entran juntas en la Todai… viven felices para siempre. - ¿Eh? - Cuando seamos mayores… iremos juntos a la Todai. – Cuando seamos mayores, ¡nos encontraremos en la Todai! - Adiós, Keitaro, adiós. - ¡Prometido!
Dice el dicho que para todo siempre hay una primera vez, y aunque no soy precisamente aficionado al género del harem existe un título dentro de él que supuso para toda una generación de otakus el motivo por el cual se aficionaron a esa adictiva y tremendamente costosa pasión, que se articula sobre los entresijos del manga y adquiere su máxima difusión a través del anime.
Se trataba de una apuesta extraña pero que caló de un modo extraordinariamente fuerte entre sus seguidores, y cuyos personajes siguen siendo, incluso a día de hoy, un referente indiscutible en cuanto a carisma, personalidad y, por qué no decirlo, hermosura femenina. Todo ello mediante una propuesta simple. Un joven raquítico, acomplejado y feo, al que el destino convierte en el encargado de una residencia femenina de estudiantes, cuyas estrafalarias y bellísimas habitantes terminarán bebiendo los vientos por él, entre multitud de escenas picantes y triángulos amorosos.
Hablo por supuesto de Love Hina. Una obra que llegó a España de la mano de Jonu Media, convirtiéndose rápidamente en uno de los emblemas de la distribuidora y que en el terreno del cómic fue puesta en las estanterías peninsulares mediante Glenàt, que por entonces se consolidó como la mejor editora del género y cuya colección completa sigue siendo una de las piezas más suculentas y comúnmente vendidas que se pueden adquirir en eBay. Pero, ¿está a la altura de la fama que alcanzó? ¿Cuáles fueron los motivos por los que gozó de semejante popularidad y de su aureola mítica? En las siguientes líneas intentaremos dar una respuesta a éstos y otros muchos interrogantes más.
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