Summer days with Coo, el primer proyecto personal de Keiichi Hara

- Los dragones dan miedo, pero créeme, los humanos aún dan mucho más. - ¡Mira! - Está bien primero voy a hablar yo con ellos. Tú mientras escóndete detrás de esas hierbas. - ¿Qué? Pero yo también quiero ir. - De eso nada, te llamaré cuando terminemos de hablar y luego… - ¿Esto? - Sí, tráelo cuando te llame y se lo das a ellos ¿entendido? - ¡Qué buena pinta tiene esta carpa! A mí también me encantaría que me dieran algo así. - Algún día pescarás carpas como ésta, sólo es cuestión de tiempo. - ¿En serio papá? - Pues claro. Vamos rápido, escóndete ahí debajo.”

He perdido la cuenta de la cantidad de veces que rondó por mi cabeza el analizar esta película desde su llegada a España en torno al año 2008. De hecho, me acostumbré a la idea de que antes o después gozaría de un pequeño espacio en mi blog aunque fueron demasiados los factores que se interpusieron entre mi voluntad y la realidad que me imponían bien fuesen trabajos, obligaciones académicas, otros proyectos o incluso… la depresión.

A pesar de todos los impedimentos que se iban sucediendo, por alguna razón había algo en mi subconsciente que se negaba y los motivos se resumían, muy posiblemente, en su fracaso; en ser un film que pasó por las taquillas niponas sin pena ni gloria en Japón, y por la escasa repercusión que su lanzamiento en DVD produjo entre los otakus occidentales y más concretamente españoles, a pesar de los esfuerzos de Keiichi Hara por promocionarla.

Finalmente, tras más de cuatro años de espera y no pocas demoras por mi parte, me pongo por fin manos a la obra con este particular largometraje que narra la convivencia entre una familia nipona de clase media y un kappa, y las consecuencias que su hallazgo implica para todos los que lo rodean y cuyas vidas jamás volverán a ser iguales. Así pues, y sin más dilación, ataquemos.

Ficha Técnica

Summer Days with Coo, El Verano de Coo o Kappa no Ku to Natsuyasumi (河童のクゥと夏休み) es una película de 138 minutos de género indefinido aunque aproximado al infantil, sobrenatural y dramático, dirigida por Keiichi Hara para el estudio Shochiku y basada en un guión original de Masao Koruge.

Argumento

A finales de la era Tokugawa, un samurai acompañado de un hombre con el que aparentemente mantiene una relación política, conversan en mitad de la noche sobre una serie de negocios sucios con los que, a base de edificar en espacios naturales en los que no podrían hacerlo de no ser mediante sobornos, lograrían amasar una inmensa fortuna. Sin embargo, un kappa que surge en mitad de la noche interrumpe su camino con intención de dialogar con ellos.

El ser les expone su preocupación por la posibilidad de que acaben con el pantano en el que vive con su hijo y les ruega que abandonen cualquier proyecto que implicase la destrucción ecológica del lugar, pero la petición tiene un resultado inesperado. El samurai enloquece ante las sospechas de que desvele públicamente sus planes de corrupción y desenvaina su espada con la intención de acabar con su vida.

Desesperadamente, su vástago surge de entre las sombras e implora que le perdonen la vida a su progenitor, a cambio de la cual les entregará una suculenta carpa de enorme tamaño, pero la paranoia del espadachín es incontenible y de un sablazo corta un brazo a su víctima a la que posteriormente rematará. Aunque un milagroso terremoto impedirá que haga lo mismo con el pequeño, que caerá en el interior de una grieta en la que quedará fosilizado durante cerca de 200 años.

Koichi Uehara, Coo y Sayoko Kikuchi

Ya en pleno siglo XXI, un niño llamado Koichi Uehara, pasea a comienzos de verano con sus compañeros de instituto cuando, en un pequeño forcejeo, una de sus deportivas sale de su pie, golpea en la mochila de la chica que le gusta, Sayoko Kikuchi, y cae a la orilla del río. Una situación que aprovechan sus amigos para dejarlo a solas con la muchacha, a la que someten a acoso por culpa de su dramática situación familiar. Pero al bajar a buscar su zapatilla, tropezará con una piedra que inmediatamente descubrirá que esconde un extraño fósil.

Asombrado, traslada el hallazgo a su casa y procede a lavarlo, aunque sorprendentemente el animal revive al contactar con el agua. Pese a las reticencias con las que su familia acoge inicialmente a su nuevo miembro, al percatarse de que éste es uno de los kappas que creían que únicamente existían en el folclore nipón, deciden acogerlo hasta que éste se encuentre plenamente recuperado. Una coyuntura que hace que el pequeño supere su miedo a los humanos y aprenda a convivir con ellos, hasta el punto de que permitirá que le den un nuevo nombre basado en la onomatopeya del sonido que desprende al hablar: “Coo”.

Una vez recuperado, intentará volver a su lugar de origen, pero al llegar se encuentra con que éste ya no existe y ha sido sustituido por toda clase de barriadas y edificios, por lo que a partir de ese momento su principal interés consistirá en encontrar a otros de su especie. Aunque mantener un secreto como el albergar a un ser mitológico en una casa no es precisamente sencillo y pronto la presencia de este nuevo y particular inquilino se propagará por todo Japón.

Tema Central de la OST

  • Drops of Summer” interpretada por Ohyama Yurika

Análisis

Metidos ya en harina, la primera pregunta a plantear sería en qué aspecto centrarse, o mejor dicho, por dónde empezar. La maraña de pensamientos que produce la visualización del final de esta cinta es tan amplia que resulta difícil expresar con palabras toda su complejidad, temática, pretensión o intenciones del autor. Incluso el género al que pertenece es realmente difuso.

Clasificarla es poco menos que una misión imposible. De apariencia infantil, la temprana y más que violenta muerte del padre de Coo nos permite comprobar que el destinatario natural de esta película es un espectador adulto. Tampoco es un drama al uso, puesto que en muchas de sus situaciones se utiliza la ternura e ingenuidad del pequeño Kappa como elemento de integración y cohesión entre las diferentes escenas. No es una comedia, pero muchas de sus escenas, especialmente las de sumo, van encaminadas en esa dirección.

No es nada de lo anterior y, al mismo tiempo, es todo a la vez. Una especie de caos estilístico en el que las sensaciones que pretenden transmitir cada una de las partes no tienen por qué guardar conexión alguna con la intención de las siguientes, pero que entremezcladas consiguen configurar un producto plenamente asimilable y con una corrección técnica aceptable en todos los aspectos objetivos que caracterizan a un largometraje como un “producto de calidad”. Aunque tal vez, para encontrar una explicación creíble que nos permita dilucidar una salida, lo mejor sería resolver una simple a la par que fundamental cuestión.

Pequeños y más característicos rasgos de los kappa

Un kappa es uno de los elementos más representativos del folclore japonés que encuentra su origen en los suijin del culto sintoista en Japón, es decir, una deidad del agua de la que existen más de ochenta clases diferentes en función de la zona del Imperio en la que se hallasen y todas ellas con una prolija sucesión de narraciones y cuentos populares a sus espaldas. Precisamente de muchos de estos relatos y de las descripciones recogidas en ellos, se cree que en realidad su origen estaría relacionado con la salamandra gigante japonesa, la segunda en tamaño del mundo, de carácter agresivo y denominada “hanzaki” en su país de origen.

Al haber tanta diversidad de fuentes resulta un tanto difícil establecer de un modo claro el aspecto físico que podría llegar a tener, aunque parece haber un cierto consenso en su forma humanoide con un tamaño cercano al de un niño, una piel parecida a la de un reptil y un pico en la zona de su boca. Aunque sin duda su elemento más característico es la presencia de una especie de plato o recipiente en su cabeza denominado “sara” que sirve para transportar líquido en los momentos en los que este ser se encuentre fuera del agua; peculiaridad que es a la vez su punto débil ya que se debilitará o morirá en el caso de que se seque.

El color que los define suele ser azul, amarillo y fundamentalmente verde y poseen una extraordinaria habilidad para la natación. Sin embargo no todos utilizan sus habilidades con finalidades positivas. Los propensos al bien adolecen sencillamente de un carácter travieso que los hace bromear con sus congéneres mediante pequeñas trastadas, como jugar con sus ventosidades o mirar por debajo de los kimonos de las mujeres. Por contra, los propensos al mal pueden llegar incluso a violar a mujeres.

Grabado japonés con algunos de los diseños de los kappas

Según parece, la inmensa mayoría de ellos son ofensivos, poseen una enorme facilidad en la lucha cuerpo a cuerpo para conseguir arrojar a sus presas al agua y entre sus víctimas preferidas se encuentran las vacas y los caballos. Sin embargo, irónicamente, si son cazados en el acto tienden a disculparse al margen de sus tendencias, dado que su obsesión por la educación es inherente a su propia naturaleza.

Comprenden y hablan perfectamente el japonés y los pacíficos lo utilizan incluso para comerciar con los humanos, especialmente para conseguir pepinos, que es su manjar preferido. Pero dado que la inmensa mayoría son hostiles, la tradición nipona establece un impresionante número de acciones de defensa para desembarazarse de ellos, como retarlos a un combate de sumo, arrojarles flechas, cortarles un brazo para después negociar con él o incluso saludarlos reverencialmente, ya que ellos harán lo propio.

Por lo tanto hablamos de una criatura fundamentalmente malévola a la que incluso acusan de sentir placer al drenar la sangre de sus víctimas, devorarles el hígado o arrebatarles su alma. De hecho, en Japón se asentó la costumbre de arrojar en los ríos y estanques pepinos con los nombres escritos en ellos de las personas que vivían en las zonas próximas con la intención de que no los acosasen, dado que incluso secuestraban niños. Unos rasgos que, como veremos a continuación, distarán mucho de los de Coo.

Un kappa en el Japón del siglo XXI

Como no resulta muy difícil de deducir, el enredado conjunto de sensaciones al que ya hemos aludido se debe a que el concepto de esta película es el de sumergir una criatura mítica que sólo existía en el folclore del Imperio del Sol Naciente en el Japón del siglo XXI, así como plasmar la amalgama de sentimientos de tristeza, indignación, miedo o alegría que una situación similar generaría en cualquier ser sometido a esa situación.

Coo pierde a su padre asesinado por un samurai paranoico temeroso de que sus planes y negocios sucios vinieran al traste ante la simple sospecha de que el kappa hubiese escuchado una conversación más que delicada. Es por ello por lo que su hijo desarrolla un sentimiento de tristeza y desconfianza respecto al ser humano que, sin embargo, tendrá que aprender a superar después de que uno de ellos lo rescatase de su estado de fósil.

Acostumbrado pues a un mundo prácticamente medieval en sus pilares científicos y sociales, el pequeño irá descubriendo la progresiva industrialización y crecimiento urbano que ha ido acabando con el ecosistema natural para él, y que generará en su interior un profundo sentimiento de añoranza hacia un mundo que considera inevitablemente perdido.

La plasmación de la fusión entre el ser humano y el agua será una constante en los exteriores

Esta visión ingenua, acompañada de su incapacidad para mentir y de la pena en la que su orfandad le sume, hará que, sin asumir de forma explícita tal papel, termine por convertirse en un juez silencioso sobre los desastrosos resultados de la hegemonía humana sobre la naturaleza, y cuya huella se resume en la inusitada voracidad del hombre a la hora de consumir recursos naturales que no necesita, hasta el punto de que sería incluso capaz de monopolizar, como temía su padre, el aire que respiran.

De este modo, el film presenta desde un principio el clásico dilema sobre si la naturaleza del hombre es buena o mala en relación a dos arquetipos fundamentales. En el aspecto relacionado con la bondad se encontraría la familia Uehara en torno a la cual se construye el concepto del respeto al ecosistema, la ayuda desinteresada al que la necesita y el aprecio, la confianza y el cariño mutuo como elemento de cohesión interna.

La maldad es, por contra, un elemento que esencialmente reside en dos aspectos como son, por un lado, el increíble y poco ecológico sistema urbanístico que acaba con campos, bosques o pantanos y, por otro, la espectacular y en ocasiones escalofriante irrupción de la sociedad de la información en la vida cotidiana, representada a su vez en forma de otros dos elementos diferenciados: los periodistas tradicionales y los curiosos que haciéndose valer de las nuevas tecnologías consiguen convertirse en reporteros improvisados.

Fotógrafo tomando fotos de Coo en el interior del coche familiar como símbolo de acoso mediático

En este duelo de pareceres, la conclusión es clara: la inmensa mayoría de los hombres son malos y tan solo un puñado de ellos son buenos. Los profesionales de la información asentados perennemente en casa de los Uehara o el público que consume sus informaciones, se muestran constantemente como seres carentes de escrúpulos, ansiosos de morbo gratuito y sin el menor respeto por sentimientos ajenos, dramas o catástrofes. Algo para lo cual no dudan en utilizar un vicio que Coo atribuye en exclusiva a los humanos: el mentir.

Por contra, los seres bondadosos aparecen siempre marginados y, en ocasiones, atacados; como si la socialización humana trajera consigo la desaparición de la conciencia individual, que se traduce en un ensañamiento con el diferente y en el acoso sistemático al que no decide seguir con los convencionalismos impuestos. Una especie de actualización del “Homo Homini Lupus Est” adaptado a un concepto propio del siglo XXI que progresivamente se transforma en una dura e implacable crítica a la sociedad japonesa actual.

La mirada de Coo nos aportará pues una nueva y más que gratificante visión del mundo en el que el constante choque entre tradición y modernidad se transforma en un agridulce sentimiento perfectamente ilustrado en el corazón del kappa, capaz de ilusionarse ante la simple contemplación del paisaje abordo de un tren bala en contraste con una infinita tristeza al comprobar que posiblemente él es el último de los miembros de su especie.

Un agridulce contraste entre calidad técnica y argumental

Todo este particular dilema filosófico se dirime en el contexto de uno de los mejores entornos técnicos jamás creados en el mundo de la animación, con un impresionante uso de la animación por ordenador, especialmente visible en los efectos de luces creados para el agua o la riqueza paisajística de los exteriores, cargada de nitidez, colorismo y alegría, capaz de inspirar una sensación de absoluto placer para un espectador que en más de una ocasión caerá rendido ante un trabajo que sólo puede definirse como magistral.

La BSO, compuesta fundamentalmente por temas instrumentales y de inspiración “New Age”, obra de Kei Wakakusa, es simplemente sublime y su simbiosis con algunas de las escenas en las que el kappa protagonista empieza a desarrollar tareas de exploración y reconocimiento del terreno en el que desempeñará su nueva vida, dotan a cada plano de una belleza y espiritualidad imposibles de describir con un mecanismo tan limitado como el de las palabras. Máxime cuando el piano es el instrumento por excelencia de la misma.

Pero, con todo. Pese a ser prácticamente impecable en cuanto a su animación y apartado sonoro… hay algo que falla; una especie de elemento subyacente apenas perceptible que poco a poco va haciendo que la desazón gane terreno en el espectador hasta hacer que, en algunos momentos, pierda por completo el hilo de la historia por anodina o, tal vez, decepcionante.

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Diversos planos de exteriores en la película (clic para ampliar)

En un principio Coo será un personaje débil e indefenso, aunque progresivamente irá revelando habilidades tan sorprendentes que abarcan desde su increíble fuerza física en deportes de contacto como el sumo, hasta poder reventar objetos y cuerpos con la proyección de su espíritu, pasando incluso por poder comunicarse a través de la mente con otros animales, como por ejemplo el perro de la familia: Ossan. El problema es que en ningún momento se aclara ni el porqué ni el para qué las tiene y eso sólo tiene una explicación: han intentado ser coherentes con las habilidades reales de estos entes sin ser fieles a su naturaleza maligna. Si se prefiere, intentan transformar a una deidad predispuesta naturalmente al mal en alguien nacido bueno sin más, lo que a la larga no se sostiene.

Son pequeños y casi intrascendentes detalles, aunque eso unido a asuntos como el del nombre real de Coo, que en ningún momento se aclara, la aparición de personajes realmente interesantes que apenas profieren un par de frases o incluso las características históricas de ciertos lugares, sugieren una única aunque demoledora conclusión: Se ha desperdiciado una ocasión de oro para hacer una obra maestra de la animación. Aunque ello encuentra una explicación satisfactoria en la propia trayectoria profesional de su director.

Keiichi Hara no era ni mucho menos un novato cuando en sus manos cayó por fin la oportunidad de dirigir un proyecto puramente personal en la gran pantalla. Hasta ese momento, su curriculum se había ceñido casi exclusivamente a Shin-Chan, cuya serie de animación dirigió desde 1996 hasta 2004, y que ayudó a llevar al cine nada menos que en trece ocasiones. Sus otras participaciones se produjeron en series de gran renombre como Esper Mami o Doraemon, cuyas aventuras convirtió en películas nada menos que cuatro veces.

Coo borracho en una de las escenas más divertidas de la película

Toda esa experiencia era engañosa puesto que en realidad sólo estaba animando ideas que ya otros como Yoshito Usui o Fujiko Fujio habían concebido y señalado en cuanto a sus líneas maestras cuando estaban vivos. Un factor al que se añadió la popularidad de sus personajes, que constituía un óbice lo suficientemente importante como para abortar cualquier posible innovación del director. Pero en esta ocasión tenía plena libertad para hacer lo que le viniese en gana, ya que no estaba basada en ningún manga; su historia fue una obra original de Masao Kogure con cuyos derechos se hicieron, a la que Yuichiro Sueyoshi puso los diseños y el mencionado Hara, tanto la dirección como el Screenplay.

Por lo tanto la experiencia acumulada tras varios años detrás de las cámaras no le sirvieron más que para hacer contactos, convirtiéndose este “Summer days with Coo” en una auténtica Opera Prima, cuyo periodo de producción se extendió a lo largo de cinco años. En ella por fin pudo salir a la luz el auténtico Hara, sin miedo alguno a la blasfemia en relación a una estructura de desarrollo demasiado asentada o a la corrupción de un trabajo excesivamente definido y consagrado por parte de otros autores. No obstante, ahí reside su auténtico talón de Aquiles.

El mensaje de respeto al medio ambiente, el carácter egoísta del hombre y los pocos escrúpulos de éste hacia el mundo animal, dramáticamente representado en la figura del perro Ossan, queda lanzado, y la propuesta moralista para problema de convivencia se establece de un modo claro y rotundo en el monólogo final del kappa ante el estanque. Pero la estructura que sirve de lienzo para dibujar su desarrollo, se muestra endeble y un tanto cansina.

El moreno de los personajes al principio (izquierda) y al final (derecha) de la película, fruto del paso del verano, fue una de las principales herramientas de promoción de Hara

Del mismo modo que el principal fallo de “La Vida es Bella” de Roberto Benigni era la acaparación casi absoluta de los planos por parte del actor y director italiano, hasta el punto de que prácticamente toda la película era un monólogo suyo, Coo es el todo de esta cinta. Prácticamente la totalidad de elementos y tramas giran en torno a él, y lo poco que no lo hace se narra mal y sin pasión o credibilidad alguna. Todo ello pese a su escalofriante metraje de 138 minutos, a los que se sumaron 3 más en la edición coleccionista editada en Japón; una duración verdaderamente salvaje en un mundo en el que jamás se sobrepasan las dos horas.

Si se prefiere, estamos ante una cinta con muy buenas pretensiones pero con un resultado manifiestamente mejorable, fruto sin duda de la novedad que para Hara supuso el dirigir un proyecto totalmente suyo. Un auténtico hijo que, dicho sea de paso, promocionó con una admirable pasión y entrega por medio mundo, hasta convertirse en uno de los invitados más ilustres que jamás han pisado por el Salón del Manga de Barcelona, en su edición de 2011, al que acudió exhibiendo con orgullo tanto éste como su más reciente trabajo Colorful.

En resumen, una obra técnicamente soberbia pero carente de ciertos elementos subjetivos en su desarrollo como “chispa”, “carisma en los personajes” o “tensión argumental”. Factores que declinaron la balanza por Tekkon Kinkreet a la hora de concederle el “Animation of the Year” de 2008, otorgado por la Academia de Cine Japonesa.

Conclusión

Summer days with Coo” deja una impresión de constante contradicción en el espectador y muy difícil de encuadrar. Se trataría de una crítica al modelo de desarrollo japonés posterior a la era Meiji y de su escaso respeto por el medio ambiente, muy en especial en todo lo relacionado con las políticas urbanísticas de edificación. Todo ello narrado desde el punto de vista de un niño kappa con sobrados motivos para odiar a los hombres dado que éstos le arrebataron a sus padres.

El carácter inocente y carente de maldad de Coo, así como la omisión de todas las connotaciones peyorativas de aversión y desprecio a la humanidad de su especie, hace que la primera impresión sea la de estar ante una película infantil. Aunque la sucesión de los acontecimientos nos hará ver que en realidad estamos ante un desgarrador retrato de la sociedad nipona del siglo XXI, profundamente idiotizada por las nuevas tecnologías y brutalmente deshumanizada, hasta el punto de contemplar la muerte de un ser vivo sin hacer nada aparte de sacar fotos con el móvil con la intención de saciar sus ganas de morbo y sin mediar la menor ayuda.

La intención de la película es, por lo tanto, adecuada y su factura técnica sobresaliente. Aunque desafortunadamente, el ser la primera experiencia real de Hara en un proyecto propio, el escaso aprovechamiento de los personajes secundarios y los excesos en el uso del kappa en prácticamente todos los planos, hacen que definitivamente nos encontremos ante un producto acabado, pero poco creíble y decepcionante al no explotar todos los recursos que su argumentación propone. Pocos y muy subjetivos lastres, pero de la suficiente entidad como para pesar de un modo fatal sobre el resultado en la impresión final que deja.

NOTA: 6

Galería de Imágenes

10 comentarios el “Summer days with Coo, el primer proyecto personal de Keiichi Hara

  1. Accidentalmente acabo de descubrir su blog. En adelante voy a utilizarlo para saber en qué series embarcarme y en cuales no. La seriedad con que asume cada entrada me obliga a confiar en su criterio. Hace mucho estaba en busca de un sitio como este, uno con análisis serios de las piezas de un género que, en mi juventud, me trajo tantas horas de entretenimiento. Me preocupaba que fuera uno de esos buenos blogs abandonados o sepultados bajo el auge de Facebook y lo demás, pero el último post es del día. Una buena noticia.

    Cuenta usted con un lector más.

  2. Bueno, soy serio cuando tengo que ser serio e informal cuando no tengo que serlo. En algunas ocasiones utilizo un tono muy bestia para hablar de las cosas, y algunas reviews van en esa dirección, pero lo hago sólo con la intención de hacer reír.

    Pues nada, será un placer verte por aquí :D. Eso sí, espero que no te moleste que utilice el “tuteo”. Ya sabes que en España no somos muy dados al utilizar el “usted”.

    Un saludo.

  3. Había leído una reseña sobre esta película en otro blog y me habían entrado ganas de verla, aunque con tu crítica se me han ido. Tal vez la tenga en consideración para algún día de aburrimiento. Siempre me gustaron las películas que plantean la dicotomía entre el equilibrio de la naturaleza y el uso indiscriminado que hacen los seres humanos de ella.
    Besos.

  4. Es que estar, no está mal, pero las hay muchísimo mejores y yo por lo menos te invitaría a ver muchas otras antes que ésta. Sin ir más lejos, Tokyo Godfathers, como ya te dije en su momento.

    Un saludo.

      • Gracias por decirme cual era ^^. Aunque no lo creas, respondo tan tarde porque poco despues que te mande el mensaje, mis altavoces dejaron de funcionar, y yo queria agradecerte mas apropiadamente escuchando la canción (que es mas bonita de lo que recordaba) y no pense que tardara tanto en arreglar el asunto del sonido, por eso se me olvido.

        Con respecto a la entrada: Me encanto el verano de Coo, y en especial Coo. Creo que debe ser el Kappa mas lindo que ha surgido en la animacion japonesa hasta ahora ^^.

  5. No te preocupes mujer. Yo a principios de año también tuve un estropicio bien gordo con el ordenador y encima la tienda de informática a la que lo llevé me quiso timar. Pero no te preocupes. Por cierto, la música es, efectivamente, estupenda :D.

    Un saludo.

  6. Pingback: Colorful, el pasaporte de Keiichi Hara al Olimpo de la animación japonesa | Drakenland / El lobo zamorano

  7. esta película es muy muy buena, y tiene un gran impacto sentimental para el que se mete en la historia y el personaje principal llamado coo muy fácilmente llega a agradar.
    ahora estoy buscando las músicas que usan, sobre todo la que ponen cuando se lo van a llevar en el camión al final, si me puedes ayudar con eso te lo agradecería en gran manera…

Adelante, siéntete libre para incordiar :3

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