Love Hina, el harem universal de Ken Akamatsu

- ¿Sabes? Si dos personas que se quieren entran juntas en la Todai… viven felices para siempre. - ¿Eh? - Cuando seamos mayores… iremos juntos a la Todai. – Cuando seamos mayores, ¡nos encontraremos en la Todai! - Adiós, Keitaro, adiós. - ¡Prometido!

Dice el dicho que para todo siempre hay una primera vez, y aunque no soy precisamente aficionado al género del harem existe un título dentro de él que supuso para toda una generación de otakus el motivo por el cual se aficionaron a esa adictiva y tremendamente costosa pasión, que se articula sobre los entresijos del manga y adquiere su máxima difusión a través del anime.

Se trataba de una apuesta extraña pero que caló de un modo extraordinariamente fuerte entre sus seguidores, y cuyos personajes siguen siendo, incluso a día de hoy, un referente indiscutible en cuanto a carisma, personalidad y, por qué no decirlo, hermosura femenina. Todo ello mediante una propuesta simple. Un joven raquítico, acomplejado y feo, al que el destino convierte en el encargado de una residencia femenina de estudiantes, cuyas estrafalarias y bellísimas habitantes terminarán bebiendo los vientos por él, entre multitud de escenas picantes y triángulos amorosos.

Hablo por supuesto de Love Hina. Una obra que llegó a España de la mano de Jonu Media, convirtiéndose rápidamente en uno de los emblemas de la distribuidora y que en el terreno del cómic fue puesta en las estanterías peninsulares mediante Glenàt, que por entonces se consolidó como la mejor editora del género y cuya colección completa sigue siendo una de las piezas más suculentas y comúnmente vendidas que se pueden adquirir en eBay. Pero, ¿está a la altura de la fama que alcanzó? ¿Cuáles fueron los motivos por los que gozó de semejante popularidad y de su aureola mítica? En las siguientes líneas intentaremos dar una respuesta a éstos y otros muchos interrogantes más.

Ficha técnica

Love Hina (ラブ ひな) es un manga escrito y dibujado por Ken Akamatsu perteneciente a los géneros del Shonen, Comedia Romántica, Ecchi y Harem. Compendiado en 14 tomos, fue publicado entre 1998 y 2001 por la Weekly Shonen Magazine. Entre medias, fue convertido en el año 2000 en un anime de 24 episodios por parte del estudio Xebec, que más tarde se ampliaría con dos OVAs en calidad de especiales de Navidad y de Primavera más una tercera de ampliación de la historia (todas ellas en 2001) y otras tres llamadas “Love Hina Again” ya editadas en 2002.

Argumento

Tras ser expulsado de su casa debido a sus malas notas, Keitaro Urashima decide trasladarse a la residencia Hinata, propiedad de su abuela, con la intención de preparar allí su examen de ingreso en la Todai. Una universidad a la que está obsesionado con acceder debido a una promesa que en el pasado le hizo a su primer amor cuando ambos eran sólo unos niños de cerca de cuatro años, y a la que espera reencontrar allí.

Pero para su sorpresa, lo único que encuentra en el lugar son mujeres. En realidad es un dormitorio femenino y él, como hombre, no tiene la posibilidad de permanecer allí. Pero un fax remitido in extremis por su abuela a su tía Haruka, hará que Keitaro se convierta en el dueño del hostal mientras ella se encuentre de viaje por el mundo, lo que provocará las iras de la más representativa de las inquilinas del lugar, Naru Narusegawa, que lo considera un pervertido y que hará todo lo posible por echarlo de allí.

Al principio Urashima encaja mal y termina por convertirse en un auténtico esclavo de sus compañeras, aunque posteriormente éstas le terminarán cogiendo cariño y lo aceptarán, hasta el punto de que el patético y poco apto estudiante, hará surgir en más de una de ellas la vocación de entrar en la Universidad de Tokio, y quién sabe si algo más…

Openings

  • Sakura Saku” escrito por Ritsuko Okazaki e interpretado por Megumi Hayashibara
  • Kirari Takaramono” compuesto por Itou Chika y Goshima Shou e interpretado por Yui Horie

Endings

  • Kimi Sae Ireba” interpretado por Megumi Hayashibara
  • Be for You, Be for Me” escrito por Itou Chika y Goshima Shou e interpretado por Yui Horie

Personajes

Keitaro Urashima: Tras fracasar en dos ocasiones en su intento de entrar en la Todai, Keitaro es expulsado de casa con 19 años y se ve obligado a vivir en la residencia Hinata, de la que su abuela es propietaria. Allí intentará prepararse para el acceso a la Universidad, aunque para su sorpresa, el hostal es un dormitorio femenino en el que no es precisamente bien recibido. Por suerte para él, los posteriores deseos de su abuela de convertirlo en el encargado del local, hará que éstas se vean obligadas a aceptarlo. Es un muchacho extremadamente torpe y asustadizo y entre sus aficiones se encuentra el hacerse fotos adhesivas en solitario conforme pasan los años. Aunque las peculiares residentes con las que convivirá darán un giro copernicano a su vida.

Naru Narusegawa: Con sólo 17 años, Naru es la estudiante más prometedora de todo Japón. Su enorme belleza la convierte en objeto de deseo de la mayor parte de los hombres que la conocen, aunque ella los rechaza a todos, por estar obsesionada con una promesa que le hizo en su adolescencia a un antiguo profesor, Seta, consistente en que entraría en la Todai. Posee un carácter colérico, así como un cierto conocimiento de artes marciales, aunque ello es tan solo la fachada que esconde a una muchacha asustadiza e indecisa. Su verdadera vocación es la enseñanza. Piensa también que Keitaro es un simple pervertido que se aprovecha de su situación de encargado para espiar a sus compañeras. Aunque su concepto de él irá cambiando conforme pasen los años. Como curiosidad, perdió buena parte de su vista estudiando y cuando se pone sus gafas, resulta irreconocible para los que la rodean.

Motoko Aoyama: Entrenada desde niña en el arte de la espada y con la intención de heredar el dojo de su familia, Motoko dedica su vida a entrenar con la intención de derrotar a su hermana, con la que mantiene una muy dura rivalidad y no poco resentimiento. Habituada a estudiar entre mujeres, ha desarrollado una increíble aversión a los hombres, a pesar de lo cual su carácter es muy poco femenino. Algo un tanto extraño para alguien que como ella tiene 15 años y que hará que, poco a poco, sus compañeras intenten hacer de ella alguien más cercano y afable. Más tarde, la convivencia con Keitaro y Naru hará que termine por desear también acceder a la Todai.

Shinobu Maehara: Con apenas 12 años, es la más joven de las inquilinas de la Residencia Hinata. Su juventud es directamente proporcional a su grado de inseguridad, lo que hace que tenga malas notas y que continuamente crea que molesta con su actitud o acciones. Algo que se suele materializar en continuos lloros que, normalmente, suele provocar sin querer Keitaro. Sin embargo, éste conseguirá que paulatinamente comience a tener confianza en sí misma y que ansíe más tarde terminar siendo también una estudiante de la Todai.

Kaolla Su: Se trata de una princesa de 13 años cuyo origen es en un principio desconocido, a pesar de que sus compañeras se empeñan en situarlo en la India. A pesar de su apariencia de niña, por las noches puede cambiar su aspecto físico y transformarse en una mujer adulta, lo que utilizará en ocasiones para intentar seducir a Keitaro. Le encantan los plátanos y su deseo más confesable es comerse a Tama, la tortuga de Naru, aunque cuando se encuentra ociosa dedica su tiempo a construir toda clase de artefactos robóticos que probará en las diferentes aventuras que vivirá junto a sus compañeras.

Mitsune Konno: Dos años mayor que Naru, ha sido su mejor amiga desde los tiempos del instituto, aunque su verdadero interés era el de hacerse con el corazón de alguno de los dependientes despechados por Narusegawa. Empeñada en conseguir un buen partido, su sueño es ligarse a un estudiante de la Todai, por lo que pasa su vida de fiesta en fiesta y bebiendo cerveza. Se trata de la inquilina más pérfida de la residencia y en más de una ocasión hará uso de sus armas de mujer para meter a Keitaro, y en general a todos los que la rodean, en toda clase de situaciones comprometidas.

Mutsumi Otohime: Tras más de tres suspensos a sus espaldas, Mutsumi conocerá a Keitaro y a Naru cuando éstos deciden hacer una escapada a Kyoto para olvidar el fracaso de su intento conjunto de entrar en la Todai. Se trata de una chica introvertida, tímida y extraordinariamente torpe, aunque realmente no tiene mala fe al actuar. A todo eso hay que añadirle una bajísima tensión que la hace propensa a los desmayos, lo que en no pocas ocasiones será interpretado erróneamente como intentos de suicidio o como muertes espontáneas por parte de los demás personajes del manga. En realidad se trata de una auténtica alma gemela de Keitaro, con el que incluso comparte su manía de coleccionar fotos en solitario. Lo que hará que termine por convertirse en rival en el amor de Narusegawa, lo que no impedirá que termine por regalarle a Tama, una tortuga de balneario que será su mascota desde ese momento.

Haruka Urashima: Con 27 años, regenta la cafetería de la residencia. Sempiternamente unida a un cigarrillo Marlboro poco más se sabe de ella aparte de que es tía de Keitaro. De entre esos detalles, se dice que lleva viviendo en el dormitorio casi desde que era una niña. Mantiene también una misteriosa relación con Seta, el antiguo profesor de Naru, del que más tarde se descubre que fue novia, aunque los motivos por los que rompieron nunca terminan de quedar del todo claros, aunque se sospecha que al llegar la noche se convierten en amantes.

Seta Macdogal: Antiguo profesor particular de Mitsune y Narusegawa, fue el encargado de animar a esta última a querer ingresar en la Todai, de donde él fue alumno tras suspender tres veces el examen de acceso. Fue, en realidad, el amor no correspondido de Naru, y su viaje al extranjero dejó en ella un profundo vacío que intentó llenar con los estudios. Aunque su inesperada vuelta a Japón como ayudante del departamento de arqueología de la universidad y el emplear a Keitaro como asistente hará que se cree un triángulo amoroso de imprevisibles consecuencias… de no ser por su tremenda ingenuidad, su bondad inherente y su extrema torpeza que hace que siempre termine con brechas en la cabeza provocadas por los constantes accidentes que sufre.

Sarah Macdogal: Es la hija de Seta. Nació en los Estados Unidos y, según Ken Akamatsu, se trataba de una versión en pequeño de Naru. Keitaro, al trabajar para su padre, hará las veces de canguro con ella, aunque pronto descubrirá una doble faceta de la niña. Su apariencia inocente la convierte en objeto de adoración por parte de todos los que la conocen, aunque la realidad es que es verdaderamente revoltosa y le encanta meter a Urashima en toda clase de líos; muy especialmente relacionados con Narusegawa. Posteriormente terminará viviendo también en la residencia Hinata.

Kanako Urashima: Hija adoptiva del matrimonio Urashima, se presenta a finales del manga como la hermana de Keitaro de 17 años de edad, así como la nueva encargada de la residencia. Su primer objetivo será transformarla en una posada y para ello utilizará a todas las chicas que alberga como empleadas, para así pagar su manutención. Es especialista en disfraces y en ventriloquia y le gusta suplantar a otras personas,incluyendo hombres, con el fin de perpetrar sus argucias y sacar adelante sus planes. Está enamorada de su hermano, al que considera de su propiedad, y odia con todas sus fuerzas a la “chica de la promesa”, a la que considera que le arrebató a su amor al hacer que éste se marchase de casa, aunque no conoce su identidad real.

Análisis

No resulta precisamente fácil transmitir con palabras e imágenes la esencia de lo que supuso este particular manganime que, posiblemente, en nada llame la atención a cualquier otaku que se proponga darle una oportunidad. Máxime cuando distan ya unos diez años desde que su último capítulo fuese editado en la Shonen Magazine y su efecto llamada se encuentre, por consiguiente, un tanto mermado.

Seamos por lo tanto sinceros desde el principio: era un título indignantemente mediocre. Sus personajes eran meros arquetipos histriónicos dotados, en el género femenino, de los caracteres más deseados por parte de los hombres del Imperio del Sol Naciente, pero sin ningún atractivo real fuera del físico. Su argumento era aburrido y repetitivo, su anime una simple pérdida de tiempo audiovisual y los videojuegos basados en él fueron esencialmente un motivo de autodestrucción para las consolas que los ejecutaban.

Pero dicho todo lo anterior no queda más remedio que preguntarse el porqué. ¿Cuáles fueron las causas por las que un manganime tan lacerantemente malo como éste se convirtió en uno de los grandes mitos de su historia? El gran problema es que la respuesta es compleja y requiere un análisis en profundidad de muchos y muy estrafalarios aspectos que empezaban a hacerse notar en la sociedad japonesa de finales del siglo XX y principios del XXI y que a día de hoy han generado una crisis de muy difícil solución, con abundantes y muy dramáticas consecuencias. No obstante, a lo largo de las siguientes líneas intentaremos aportar algo de luz sobre el tema.

Construyendo el sueño de todo hombre a través de un harem de bellezas

Ken Akamatsu nunca fue un mangaka de prestigio ni tampoco un personaje cuyo comportamiento inspirase demasiados motivos de admiración. Sus primeros trabajos, “Hito Natsu no Kids Game”, “Itsudatte My Santa!” y “A.I. Love You” habían pasado sin pena ni gloria, a pesar de que este último fue publicado con relativa asiduidad en la Shonen Magazine durante tres años. Por ello, entre finales de 1997 y principios de 1998, pasaba su tiempo libre jugando al Ultima Online y al Diablo sin hacer nada realmente provechoso.

Fue durante esa etapa, en la que ya el dibujante había cumplido los treinta años, en la que Kodansha decidió apostar de nuevo por él mediante un proyecto en el que un chico joven y sin ninguna experiencia en la vida o en el amor, se viese rodeado por multitud de bellezas cuya vida empezaría a girar en torno al feo y patoso protagonista, del cual terminarían todas ellas por enamorarse locamente sin motivo o razón aparente.

La idea no era precisamente una innovación. En el fondo Rumiko Takahashi consiguió que su querído Ranma ½ llegase a los salones y a las estanterías de los otakus de medio mundo con un argumento similar, aunque con ligeras variaciones; no todas las chicas casaderas del elenco de personajes estaban enamoradas de Saotome y éste, a su vez, era un hombre atractivo, carismástico y fuerte con el que el espectador podía desarrollar una admiración que a la postre llegaría a colmar sus ansias de aspirabilidad.

Detalles del desarrollo de Love Hina facilitados en los tomos del manga por Ken Akamatsu

Tampoco podemos obviar la labor de Masakazu Katsura en estos ámbitos. Sus diferentes Videogirls, DNA2 o I”s, basadas en chicos inseguros de sí mismos que aspiraban a amores imposibles con hembras despampanantes, popularizaron a sus mujeres como icono por excelencia de belleza, las cuales lo convirtieron en una referencia fuera de Japón, aunque tal vez no dentro del Imperio. Sin embargo, estos trabajos hacían más hincapié en retratar la visión masculina de un romance primerizo que en la sucesión indiscriminada de chicas exuberantes y de medidas imposibles, dado que rara era la vez en la que dos chicas se disputaban simultáneamente el corazón del protagonista, y la aparición de una solía estar acompañada de la desaparición de otra. Un hecho que, dicho sea de paso, sólo ocurría tras una considerable acumulación de peripecias y volúmenes a sus espaldas.

Love Hina daba una vuelta de tuerca a todo aquello. Su protagonista, Keitaro, era feo, gafotas, ingenuo, poco inteligente, carente de cualquier tipo de carisma y sin conocimiento alguno del sexo opuesto. De golpe se topaba con un montón de hembras en celo, de las cuales todas acabarán enamorándose en un momento u otro de él y que no pararán de acosarlo hasta que se decida por una. Todo ello entre docenas de situaciones subidas de tono. Aquello era mucho más que un simple manga romántico o cómico, por lo que finalmente se acuñará un nuevo término para definir este género.

Desconozco si esta obra de Akamatsu fue la primera de este mencionado nuevo estilo al que se bautizará como “Harem”, tal y como hoy lo entendemos, pero no cabe ninguna duda de que sentó sus bases y lo convirtió en uno de los fenómenos de fans más sorprendentes y duraderos en territorio nipón. Tal fue así que el mangaka, aficionado a responder personalmente a los mensajes que le enviaban sus aficionados, reconoció sentirse desbordado por la avalancha de los mismos; hubo un mes en el que, según él, recibió más de 50.000 entre correos electrónicos, cartas, SMS y demás formas de comunicación escrita.

Ejemplo de situación picante accidental entre Naru y Keitaro

La clave de este éxito fue el factor de identificabilidad que existía con Urashima, aunque desde un punto de vista muy diferente al que siempre se había abordado. Como puede deducirse de todo lo dicho dos párrafos más arriba, representaba a un antihéroe; al típico “capullo” al que la sociedad sólo le reserva la marginalidad pero al que la vida premia, casi por accidente, con el éxito profesional y el amor de mujeres excepcionales que de ningún modo se hubiesen interesado por él en la realidad.

Se trataba de invertir las tornas y de poner al perdedor en la posición de ganador. Lo cual daba esperanzas a toda una generación de jóvenes japoneses que vivían cada vez más encerrados en mundos ficticios de mangas, animes, videojuegos, juegos de rol o novelas y ajenos al mundo que les había tocado vivir. Un grupo social cuyos miembros serán bautizados, en sus casos más extremos, como “Hikikomoris”.

Es en torno a este submundo donde Akamatsu construirá los cimientos de una estructura narrativa basada casi fundamentalmente en el “mundo friki” y cuyas ansias intentará colmar a toda costa. Buen ejemplo de ello son las viñetas en las cuales aparecen guiños a series legendarias de animación, como el radar de la primera serie de Dragon Ball, o monstruos como el Cactilio procedentes de la saga Final Fantasy. No obstante, será la temática sexual la que ocupe los momentos y situaciones más comprometidas y recordadas de la historia.

Dos instantáneas en las que podemos apreciar al Cactilio (izquierda) y al radar de Dragon Ball (derecha)

Ciertamente, en ningún momento se mostrarán las partes pudendas de las protagonistas y las ansias de morbo que pueda albergar el lector que decida darle una oportunidad, deberán saciarse con la generosa exhibición de nalgas y siluetas femeninas despojadas de sus ropas que a lo largo de las páginas del cómic se suceden de un modo tan abundante como ridículo. Pese a ello, la abundancia de desnudos casi integrales será constante y el número de malentendidos terminará por convertirse en una de las situaciones más habituales de las que disfrutaremos en el guión. Aunque detrás de esta apariencia “blanca” se escondían connotaciones algo más oscuras.

Retomando la idea de Love Hina como un producto diseñado fundamentalmente para seres marginales. No es en absoluto un dato desconocido el que las perversiones sexuales más habituales e inconfesables en la sociedad japonesa abordan toda clase de situaciones escabrosas tan subidas de tono que ni el mismísimo Marqués de Sade se hubiese atrevido a relatar. Aunque de todas ellas, sobresalen por méritos propios, por un lado, el tener sexo incestuoso con una hermana y por otro con una niña en el sentido más estricto de la palabra. Fantasías que, de forma edulcorada y un tanto encubierta tendrán lugar en este manga.

Shinobu, por ejemplo, tiene doce años en el momento de conocer a Keitaro, e independientemente de lo poco creíble que resulta que una muchacha de tan corta edad se encuentre en una residecia femenina de estudiantes, queda bien claro que su amor por el aspirante a entrar en la Todai nace de una forma instantánea. Sin embargo, la “edad de consentimiento sexual” en Japón, que permite a una persona disponer de su sexualidad tanto para las relaciones sexuales como simplemente amorosas, es al igual que en España de trece años, lo que convierte directamente en “Abuso Sexual” cualquier contacto carnal de esas características, consentido o no con una persona de doce años o menos, aunque sea un simple beso en la boca.

Ningún desnudo de Love Hina llegará a mostrar ni los genitales ni las glándulas mamarias en su totalidad

Es verdad que al poco de que se produzca el encuentro entre ambos jóvenes, la chica cumplirá los 13 años. Sin embargo, cualquier posible sensación de malentendido desaparece al comprobar cómo Akamatsu encuestó a sus fans sobre la popularidad de los personajes de su serie y, tras Naru Narusegawa, aparecía la mencionada Shinobu como la favorita de sus lectores, a pesar de ser una adolescente tímida, retraída y completamente incapaz de expresar sus emociones. En otras palabras, su presencia era soporífera, pero su edad pesaba mucho entre los motivos de interés para los lectores.

Para colmo, tras avanzar varios tomos (y series en el caso del anime, del que más tarde hablaremos) aparecerá Kanako, devota hermana de Keitaro y profundamente enamorada de él, con lo que la idea del incesto cobra protagonismo y no poco morbo entre sus seguidores. Todo ello a pesar de que, con la intención de no generar más controversia de la necesaria en occidente, se encubrió diciendo que no eran hermanos de sangre. Una estrategia nada creíble y que ya había sido usada en esa basura absurda y cansina llamada Marmalade Boy, de la que me ahorraré bromas crueles.

Por lo tanto no debemos llevarnos a engaños. Por muy popular que fuere, Love Hina basaba todo su éxito en calmar las ansias lúbricas de sus lectores a base de abundancia de desnudos, abuso de situaciones picantes provocadas por la torpeza de Urashima (repetidas una y otra vez) y diálogos terriblemente forzados que escondían toda clase de indirectas de claro contenido sexual.

Shinobu hace referencia al tamaño pequeño de los genitales de Keitaro tras ver a éste desnudo

Tal repetición constante de escenas y lo escasamente convincente de la justificación de las mismas hace que la narración pierda poco a poco interés hasta convertirse en un mero suministro de “Fanservice”; un anglicismo cuya adopción queda plenamente justificada en la sucesión de acontecimientos, cada vez más absurdos y no poco plagados de relleno entre desnudo y desnudo.

En ese sentido, resulta especialmente llamativo ver cómo la escasa aceptación de personajes como Makoto, que de hecho el autor consideraba su favorita, hicieron que ésta, en compañía de otras como Mitsune o Kaolla, acabasen siendo meras comparsas de las chicas más populares, hasta convertirse incluso en meras anécdotas cuya relevancia es simplemente insustancial y cuya aparición sólo puede catalogarse como uno de los mencionados “rellenos”.

Esta más que presumible obsesión de su creador por contentar a sus fans hará que la evolución de la historia sea una de las más torpemente diseñadas de la historia del manga, al no saber diluir el efecto entre “fase experimental” y “trama propiamente dicha”. Respecto a lo primero, Akamatsu inicialmente intenta presentar a todas las chicas de la residencia resaltando sus virtudes e intentando apreciar su química o no con el público. Táctica que empleará posteriormente con mucho más éxito en su Mahou Sensei Nejima, cuyo nivel de calidad excede con creces a la obra que nos ocupa. Aunque más tarde su estrategia variará de un modo realmente drástico y dramático al entrar en el terreno de lo segundo.

Una historia vulgar y narrada de cualquier manera

Probadas ya todas las combinaciones y elementos posibles, Akamatsu termina por centrar toda la historia en el triángulo amoroso formado por Mutsumi, Keitaro y Naru cuyo desarrollo no pudo enfocarse peor y de modo más absurdo. Más concretamente, las bases de este peculiar romance residían en cuál de las dos era la “chica de la promesa” a la que Urashima había convertido en su primer amor y en la persona por la cual intentaría la difícil tarea de entrar en la Universidad de Tokio. Pero todo empieza a torcerse de un modo sencillamente ridículo.

Otohime es la que de un modo más plausible como la niña que besó al protagonista y con la que le hizo prometer que entrarían juntos a la Todai. Pero poco a poco dejan caer que el hombre del que se encuentra enamorada no recuerda todo y que hubo más de una niña. Un paso al que sucederán las más que irritantes largas que se le dan a la resolución de este cada vez más estúpido enigma que terminarán por agotar la paciencia de todo aquél que decida otorgarle una oportunidad.

Narusegawa por otro lado es un personaje plano, carente de cualquier atractivo personal que vaya más allá de su belleza física y cuyo papel en la trama será el de ponerse constantemente delante de un tropiezo de Keitaro que haga que este le toque accidentalmente los pechos o la vea desnuda, a lo que le sucederá un impresionante puñetazo que hará que éste acabe por las nubes. Algo que, tras una avalancha de repeticiones en el guión, sólo encontrará como única explicación posible en una auténtica idiocia por parte de Naru, cuya popularidad será claramente motivada por su cuerpo y no por su intelecto.

Tama se interpone en un beso entre Keitaro y Naru

Cierto es que esta salida no es original ni de este manga ni de su autor. Por ejemplo, Charles M. Schulz, creador de Peanuts, hizo de la escena en la que Charlie Brown intentaba patear un balón de fútbol americano que en el último momento le retiraba Sally con la intención de que tropezase y cayese, todo un clásico de las tiras cómicas de los periódicos de medio mundo. Por ello, cada vez que le preguntaban sobre el porqué no dejaba que de una vez el niño consiguiese acertarle al balón, él respondía que de hacerlo “decepcionaría a sus fans”. Pero Schulz variaba constantemente las circunstancias que la originaban haciendo de cada situación una nueva historia. Akamatsu hace siempre lo mismo.

Siempre, algo en el último momento hará que los personajes no se besen, que no terminen de declararse su amor o que acaben, en definitiva, con algunos de los enigmas planteados en el cómic, pero que los interesados en su solución se niegan a su vez a conocerla. Es verdad, que en un principio estas salidas por la tangente pueden resultar divertidas, pero el abuso de las mismas hace que la conclusión a la que lleguemos de su uso sea bien distinta.

A tenor del resultado final que lo descrito en el párrafo anterior produjo, “Love Hina” pudo haberse acabado sin problemas en el tomo 7, pero su éxito comercial hizo que su argumento fuese alargado con toda clase de pretextos absurdos, como el viaje a Pararakelse, que ocupa todo el tomo 8 sin que de su desarrollo pueda sacarse demasiado en limpio aparte de la necesidad de rellenar y rellenar páginas. O las ya mencionadas largas al tema de la solución al enigma de la “chica de la promesa” que terminarán simplemente por desesperar.

Similitudes entre Shinji y Keitaro por un lado y Asuka y Naru por otro

Pero sin duda, la más desquiciante de las situaciones narradas son los constantes y simplemente increíbles accidentes que impiden que Naru y Keitaro acaben siendo novios y no sólo por el ya descrito defecto de interponerse siempre algo entre ellos cuando se van a besar, sino por el carácter cada vez más inverosímil de Narusegawa que evolucionará a bandazos de virginal a devorahombres y viceversa, hasta acabar con la paciencia del lector más masoquista, que ya no sabrá si se encuentra ante una adolescente indecisa, o por el contrario toda la explicación que merece su comportamiento es que ella es, simplemente, imbécil.

A todos estos defectos se le irán sumando otros sobre la marcha en materias puramente técnicas. Urashima sin sus gafas empezará a guardar un más que sospechoso parecido con Shinji Ikari, de Evangelion, mientras muchas de las poses de Narusegawa harán de ella un clon de Asuka Langley, de la misma serie. Una impresión que pasará de ser un espejismo a la más cruda realidad cuando el protagonista llegue a intuir que la mujer a la que ama realiza en secreto cosplays de la ínclita piloto de EVAs.

Todos estos fallos intentaron compensarse por parte del equipo de Akamatsu haciendo hincapié en el realismo de todas las estancias y lugares en las que la historia transcurría, de los cuales muchos de ellos eran reales y habían sido reproducidos casi al milímetro. Del mismo modo se incluyeron instantáneas sobre las últimas modas niponas, como jugar online con la Dreamcast, así como diagramas explicativos de ciertas situaciones (como los mecanismos de acceso a la Universidad en el Imperio del Sol Naciente) que hacían las veces de guía para los lectores ubicados fuera de Japón. Un detalle bonito pero en ningún caso redimía al manga de sus más que garrafales fallos.

Kaolla juega con su Dreamcast, la consola en boga en Japón durante aquellos años

Los últimos siete volúmenes carecen completamente de sentido. Todas terminan enamorándose sin motivo alguno de un Urashima cada vez más desdibujado y parecido a Seta, del que terminará transformándose en una imitación a escala; las improvisaciones sobre la marcha a la hora de interconectar todo lo sucedido se convertirán en una insana costumbre; las incoherencias en comportamientos como los de la abuela serán absolutas… Nada, absolutamente nada funciona y cualquier esperanza de redimir la narración se esfumará con la misma facilidad que un cubito de hielo en la mitad de un día soleado en el Sahara.

A pesar de ello, uno de sus escasos puntos positivos reside en la simbiosis surgida entre Akamatsu y sus seguidores. Ésta hizo que este último dotase a los tomos de una pequeña introducción escrita por él sobre la actualidad del manga y a la que acompañaba en las páginas finales, como ya dijimos anteriormente, de toda clase de material inédito como bocetos, estudios y hasta detalles de su elaboración, como la plantilla fija que utilizaban en sus Macs para los escenarios a modo de fondo. Tal fue así que el propio dibujante dejó sus seguidores tomasen las riendas de ciertos momentos un tanto secundarios del guión, del que sobresale por méritos propios el dejar que bautizasen a la tortuga de Naru, que finalmente fue bautizada como “Tama”.

Pero salvo estos pequeños destellos de luz y lo “blanco” de muchas situaciones, el manga carecía de profundidad argumental y de lo que es peor: de credibilidad. La forma de marcar el hilo conductor de la historia es poco cuidada y el resultado final que su lectura global provoca es la de estar ante un cómic sobrecargado e innecesariamente largo, sin el menor interés fuera de sus situaciones picantes y con la constante búsqueda de un “morbo light” que construye un más que desastroso conjunto cuyo destino merecido sería el de ser olvidado. Pero en contra de lo que pudiese parecer, el manga quedará redimido por su horripilante anime, del que en las próximas líneas intentaremos señalar sus características más evidentes.

Anime

Con la publicación del Tomo 6, Ken Akamatsu anunció, no sin cierta euforia, que su hasta el momento más exitosa creación gozaría también de una serie de animación de la que avanzaba que gozaba de una calidad en los fotogramas digna de los tiempos que corrían y cuyos actores de doblaje serían los mismos encargados de poner las voces al CD Drama que ya había aparecido con anterioridad. Aunque dos eran los problemas a los que habría que enfrentarse: El manga estaba sin terminar y el estudio encargado del trabajo no era precisamente la mejor opción.

Xebec hasta aquel momento, con la honrosa excepción de Martian Successor Nadesico, se había mostrado incapaz de hacer un trabajo ni remotamente aceptable con los mangas a los que intentaron transformar en animes y Love Hina no sería ninguna excepción en su espiral de despropósitos. Aunque en honor a la verdad, no todos los fallos de los que adolecía la serie eran directamente achacables a sus animadores.

El opening es en sí mismo un compendio resumido de cómo no hacer una secuencia de introducción, presentado a todas las chicas de la residencia Hinata con sus nombres, dando a entender que era lo único que tenía de enjundia la serie, y con una de las más horribles, chirriantes y espeluznantes canciones que han presentado serie alguna: la ínclita “Sakura Saku”, que si bien escucharla dos veces era tan agradable como que te extraigan una muela mediante una bola de demolición, su versión en castellano fue sencillamente un acto criminal cuyo nivel de putrefacción se define por sí mismo aguantando tres segundos de la letra.

Pantalla que señala el paso de Ecuador de cada capítulo de la serie

Ya metidos en el tema de analizar su desarrollo, éste en realidad es una suerte de adaptación de los primeros tomos del manga, con lo que personajes como Mitsune gozarán de un engañoso protagonismo que será mucho mayor del que realmente disfrutará a lo largo de la historia en general. Pero el primero de los grandes problemas que se presentaban es que todo indicaba que acabaría demasiado pronto, incluso dentro de ese breve ciclo inicial en el que el cómic parecía tener un cierto pase.

Tal vez por ello, los guionistas de la serie se sacaron de la manga toda clase de situaciones inventadas en las que tenían cabida personajes creados ex profeso para el anime, sin que su inclusión en la narración primigenia tuviese el menor sentido. Buen ejemplo de ello fueron el adjudicarle a Naru una hermana y un nuevo pretendiente o meterla en roles tales como los de una “idol singer”. Una estrategia que desembocó en uno de los mayores ridículos de la historia del género en Japón, que sólo gustó a aquéllos que no conocían la obra original de Akamatsu.

La animación era tosca y carente del menor interés. La mayor parte de los Gags residían en las continuas agresiones por parte de Narusegawa a Urashima, que siempre terminaba saliendo por los aires a pesar de que su enamorada ejecutaba los ataques con la rapidez y eficiencia de una anciana en taca-taca. Los otros retales que tenían la intención de provocar la carcajada versaban sobre variaciones de lo anterior con otros personajes, o algún que otro disfraz estrafalario.

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Algunos momentos típicos que ilustran el humor del anime de Love Hina

Salvo muy contados momentos y algún que otro juego de luces, técnicamente hablando el producto fue una simple aberración, ambientada con una banda sonora monstruosa y con unas escenas cuyo nivel de simpleza era tal que algunos diálogos intentaban reproducir a los de las clásicas aventuras conversacionales que tanto gustaban por aquellos años en el mundo del videojuego, con todas las connotaciones peyorativas que ello implicaba. A ello había que sumarle el superlativo nivel de deformidad que alcanzaban los diseños originales de los personajes a lo largo de un mismo episodio, y un más que llamativo “aumento de pechos” que sufrían progresivamente algunas de las féminas más cercanas al protagonista.

Love Hina padeció el mal de muchos otros animes que se convertían desde un manga inacabado para contentar a una legión de fans que sólo pretendían consumir sistemáticamente cualquier tipo de material relacionado con la narración que seguían, sin que en ningún momento importase si el producto era bueno o malo. Con lo cual, se convirtió en una simple pérdida de tiempo, lo que significaba que la única manera de conocer de un modo realmente preciso la realidad de su historia, era comprar el manga.

La chapuza fue escandalosa, pero Xebec alcanzó con ella un grado de popularidad que ni en sus mejores sueños hubiesen sido capaces de imaginar. Un éxito que los llevó a producir con posterioridad, títulos con tanto tirón como Shaman King, D.N.Angel o Pandora Hearts. Sin embargo la herida por la premura del final televisivo de la creación de Akamatsu los llevó a editar más material en forma de OVAs.

Se agrandaron intencionadamente los pechos de Mutsumi para excitar a los espectadores del anime 

Poco después de acabar el anime, 27 de septiembre de 2000, decidieron aprovechar la popularidad del título y lanzaron el 25 de diciembre de ese mismo año la primera de estas OVAs que llevaría por nombre “Christmas Special”. Más adelante y con la intención de seguir explotando este nombre, llegó al mercado un segundo título que merced de nuevo a su fecha de lanzamiento, 1 de abril de 2001, sería bautizado como “Spring Special”.

Ambos títulos, no eran más que adaptaciones o versiones de 45 minutos de historias intrascendentes del manga transcurridas poco después del final de la primera serie y a ellas hubo que sumarles la comercialización del episodio 25 del anime original, que nunca fue emitido. Aunque vista la precariedad de algunos de estos productos, terminaron por rendirse a la evidencia de que necesitaban algo con mucho más empaque y tirón, lo que llevaría al nacimiento de Love Hina Again en enero de 2002. Éstas eran ya tres OVAs que, dando un espeluznante salto en el argumento, relataban las peripecias de Kanako y los sucesos que durante su estancia tendrán lugar de un modo, en este caso, plenamente fiel al cómic. Aunque no describirán ni el final de la historia, ni terminarán de atar cabos sueltos a nivel de guión.

En resumen, el anime de Love Hina dejaba al espectador con cara de circunstancia, sin aclarar prácticamente nada de las líneas argumentales que desarrolla y sin que se le dé un final ni remotamente digno, haciendo de su visionado una experiencia inane para todo aquél que quisiese conocer los detalles de la auténtica narración. Unos lastres a pesar de los cuáles, su lanzamiento en España por parte de Jonu Media, se convirtió en uno de sus mayores éxitos hasta la fecha.

Videojuegos

Por ridículo que parezca, la obra de Ken Akamatsu destrozó buena parte de los catálogos de las consolas en boga en Japón durante sus años de vida y cuya calidad era, para variar, simplemente infame. Un motivo que nunca ha sido un impedimento en el Imperio del Sol Naciente para que un videojuego salga al mercado e incluso con una notable aceptación entre el público.

Eran todavía los tiempos en los que la sombra de las consolas de NEC y muy especialmente la Sega Saturn habían popularizado los llamados “Girlfriend Simulators”, que no eran sino aventuras conversacionales en las que, tras páginas y páginas de diálogos normalmente escritos y de vez en cuando hablados, se nos ofrecían diversas posibilidades a elegir que determinarían nuestra afinidad con la chica, posibilidades de ligar con ella o incluso mantener relaciones sexuales con la susodicha, en los títulos más subidos de tono.

La peculiar estructura de Love Hina, hizo que esta estructura fuese la que, en esencia, se aplicó a todos los juegos que llevaron su nombre en las diferentes plataformas en las que aparecieron. Si bien ninguno de ellos merece especial mención, pudiendo calificarse en conjunto como auténticas aberraciones en forma de Cartucho, CD, GD o DVD, sin más atractivo que el pertenecer a la saga de la que procedían.

Portadas de juegos de Love Hina para Game Boy Color, PS2 y Game Boy Advanced

Estos títulos podían englobarse en dos subtipos. Por un lado los que facilitaban exploración física de la residencia con un Keitaro en 2D jugable, que podía hablar con sus compañeras y jugar a minijuegos con ellas, entre los cuales estarían “Love Hina Pocket” para Game Boy Color, o “Love Hina Smile Again” para Dreamcast. Por otro las aventuras conversacionales propiamente dichas como “Love Hina Advance” para GBA, “Love Hina: Totsuzen no Engeji Happening” (el primero en salir para Dreamcast) o “Love Hina: Gojasu Chiratto Happening” para PS2

Ninguno de ellos en realidad podría salvarse de la quema y realmente sólo pretendían dar más material a los fans, que podían encontrar en ellos ilustraciones algo más provocativas que aquéllas a las que estaban acostumbrados y alguna que otra curiosidad más. Por ejemplo, la entrega para PS2 permitía hacer los exámenes de Keitaro mientras mostraba algunos diseños en 3D de los personajes principales con una marcada estética Super Deformed.

Como curiosidad, el juego para Game Boy Advance ofrecía un muy elaborado modo de vídeo para lo que se veía en la portátil (recordemos que esta consola era en realidad una SNES de bolsillo) y algunas variaciones en el opening, que incluyó a Sarah Macdogal. Aunque sin duda, el elemento que hizo de él un título popular en España fue por ser el único del que existe una traducción al castellano. Triste consuelo, para una saga de videojuegos mediocres que en ningún caso serían recordados de no ser por el manga al que versionan.

Conclusión

Hablar de Love Hina supone hacerlo respecto a una doble realidad. Por un lado la objetiva, que nos muestra un manga innecesariamente largo, tedioso, repleto de relleno y más que estúpido en sus situaciones, acompañado de una adaptación al anime mediocre que ofrecía uno de los mayores elencos de recortes e invenciones en cuanto a su guión jamás perpetrados en serie alguna. Por otro, el de un fenómeno de fans que traspasó las fronteras del Imperio del Sol Naciente y que incluso a día de hoy, sigue siendo una referencia obligada para toda una generación de otakus que vieron su vida marcada por esta obra.

Se trataba de una historia facilona, llena de improvisaciones sobre la marcha y alargada innecesariamente, a la que las situaciones picantes, acompañadas por el grado de identificabilidad que sentían hacia Keitaro la mayor parte de los Milhouse japoneses y la voluptuosidad de Naru Narusegawa convirtieron en mito. Todo ello acompañado, por supuesto, de toda clase de guiños hacia las fantasías sexuales más morbosas de los nipones que se materializaban en incesto y relaciones con niños, aunque narrado de una forma sutilmente encubierta y con un claro enfoque “blanco” sempitarnamente unido a todo su desarrollo. Algo que le valió ser incomprensiblemente reconocido como el mejor Shonen de 2001.

Estamos pues, ante uno de los manganimes más insulsos y anodinos de todos los tiempos, del que lo único que se puede salvar es la complejidad de algunas de las viñetas del cómic. Mal guión, peor serie, insoportable banda sonora y unos diseños en Keitaro y Naru descaradamente basados en Evangelion. Un producto, pues, indefendible y que sólo aportó multitud de series clónicas rayanas a los animes Hentai, y un montón de féminas, para protagonizar emuchos de estos últimos con el mismo rostro que el de Narusegawa, aunque con pechos más protuberantes.

  • NOTA DEL MANGA: 3
  • NOTA DEL ANIME: 1

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13 comentarios el “Love Hina, el harem universal de Ken Akamatsu

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  3. Sobre el manga no puedo opinar, no lo he leído, del anime tampoco puedo decir mucho, me entretuvo durante varias noches después del trabajo, pero desde el inicio, ver un harem, cualquiera sea éste, no es algo por lo que me reserve tantas expectativas, aún así, no sé si fuese por la época o por qué, pero no hacer un ecchi de la temática que tenía el anime es algo que admiro bastante, por eso odio el capítulo 25 y los 3 OVAS finales, echaron por el piso lo poco que hicieron.
    En general, lo vi más por las escenas cómicas que por otra cosa y algo más, éste está lejos de ser uno de los animes más insulsos, cualquier ecchi mediocre de 12 capítulos(los que abundan por ahora) lo supera amplia mente.

    Me agrada tu forma de redactar. Saludos…

  4. Como todo, es cuestión de gustos. Aunque a mí el anime, respecto a las escenas de humor, me pareció sosísimo. Al menos en el manga te ríes en alguna ocasión. Eso sí, Mahou Sensei Nejima, que es un harem del mismo autor, pese a no ser un producto de calidad, sí que tiene un pase y no está del todo mal.

    Un saludo.

  5. La verdad es que nunca me llamó la atención esta historia y creo que sigue sin interesarme, así que creo que nunca le daré una oportunidad. En general, no me gustan el harem. Como siempre, una reseña genial.
    Besos.

  6. Nop, la verdad es que perderías tu tiempo dándole una oportunidad. Lo que pasa es que, bueno, este manganime es un mito dentro del género y sólo por eso decidí dedicarle una entrada. Como historia es lo peor de lo peor de lo peor xD.

    Un saludo.

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  8. ¡¿Cómo?! posiblemente mis nostalgia goggles me impidan apreciar toda la inmundicia que mencionas. Donde si coincido contigo es en el anime. ¡Es un despropósito! Ese episodio de la idol me sigue en mis pesadillas.

    Por otro lado, el manga me parece bastante divertido. Las relaciones entre todos los personajes (comparsa incluida) y las locuras en las que se metía Keitaro con sus extrañas decisiones, como en el final del citado tomo 7, me hacían desear leer más historias. Hasta me dio pena que terminara.

    Me llama la atención como Akamatsu transforma a su perdedor en todo un personaje shounen hecho y derecho, listo para historias con torneos y toda la cosa como YuYu Hakusho o cualquier otro similar. Cosa que repitió en Negima! aunque esta vez sin que nada lo detuviera :D

    Por cierto. Me gustaría leer tu opinión de Negima!

    • Digamos que soy muy exigente xD. Sobre Negima! sólo he visto la primera serie de animación y confieso que me gustó mucho más que Love Hina. Sin embargo no me he leído el manga, lo cual implica además un enorme sacrificio de horas debido a la cantidad de tomos. No obstante, ya se verá ;).

      Un saludo.

  9. En primer lugar quiero añadir que somos personas de habla hispana y por tanto, al no estar en japón, no podemos apreciar en su totalidad el significado de esta obra. En mi opinión, el valor de Love Hina no reside en un dibujo perfecto (que, aun habiendo leido mucho manga , los hay mucho peores como naruto) sino que está más bien en la trascendencia personal. Según la vida de K. Akamatsu, sabemos que esta obra puede ser un cameo a sus vivencias. Si lees este manga con más de 20 años o en una época sin cambios vitales importantes lo pasarás por alto. Bien es cierto que la banda sonora del anime u otras cosas no están bien hechas del todo. Pero personalmente, yo leí este manga cuando intentaba entrar en la universidad y creo que en una situación así, puede dejar mella en tu corazón. Debemos apreciar el manga, que es en lo que el autor pone su alma y no el anime que depende más de compañías televisivas. Para mí la obra de Ken, love hina, negima, ai love you.., es sin duda grandiosa porque recurre a situaciones ingeniosas, ya desde hace muchos años con aspecto visionario, de las que nunca me olvidaré porque no expresan tacos ni violencia excesiva como otras basuras que rondan por ahí. Ken Akamatsu se ha forjado un lugar digno de admirar en mis que haceres y en mi vida narrando situaciones por las que todos nos encantaría pasar o pasaremos. Esas situaciones de espíritu aventurero de Love Hina o lo idílico de Negima. Muchas gracias.

    • Hombre, en ese sentido yo recuerdo que leí I”s de Katsura cuando tenía 17 años y la verdad es que me gustó el tema de cómo abordaba las relaciones sentimentales desde el punto de vista masculino, con lo que en ese sentido juega un poco el papel de identificabilidad que puedas sentir con el protagonista (algo que siempre ha caracterizado al manga como género). Aunque supongo que si ahora me lo leyese, le daría palos por todos los sitios.

      Tienes razón en lo que dices, y muchas veces me ha pasado, pero en ese sentido siempre he intentado que mi emotividad no pueda con mi objetividad. Por ejemplo, Ranma es una serie horrible, pero le tengo un cariño inmenso. De hecho, no le niego el mérito a Love Hina de haber conseguido encandilar a toda una generación de otakus. Pero evidentemente, cada uno tenemos nuestros gustos y en concreto a mí me decepcionó, aunque respeto que haya gente que no piense como yo.

      Eso sí, tengo ganas de leer Mahou Sensei Nejima, cuyo anime me encantó. Aunque claro, sus casi 40 tomos no se leen en un día.

      Un saludo.

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Adelante, siéntete libre para incordiar :3

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