Shenmue, el paraíso virtual diseñado por Yu Suzuki para Dreamcast

- Ryo-san, Where are you going? You’re not going after them? Please Don’t. Look what they did to Hazuki-sensei! – They killed my father right in front of me. I will have my revenge. I need to do this, for my father.

Pero nunca la tuvo y aquel estremecedor diálogo entre Ryo y su amigo Fuku jamás llegó a tener una consumación que pusiese el broche de oro a una de las franquicias más brillantes y espectaculares de todos los tiempos. Una apuesta ambiciosa y prometedora que SEGA dejó parada en su segunda entrega sin que volviesen a existir esperanzas de finalización para todos aquellos que, como yo, creímos alcanzar el cielo con cada uno de los GDs que componían esta obra maestra de la técnica que tantas veces se ha intentado imitar y tan pocas han logrado siquiera evocar.

Reconozco abiertamente que pese la mala imagen que había dejado en mí la compañía del erizo azul tras el fracaso de Saturn en Europa, fue esta creación de Yu Suzuki la que me convenció para comprarme una Dreamcast y pasarme con ella las horas muertas descubriendo hasta la última y más recóndita figura de las que se hallaban escondidas en sus gashapones, intentando batir toda clase de records en sus arcades y sencillamente, recreándome en todos y cada uno de los pequeños detalles que se descubrían, no sólo en sus espléndidas calles, sino en sus maravillosos y excepcionales habitantes.

Prometí en numerosas ocasiones dedicarle una review a esta maravilla, pero por diferentes raones nunca procedí a hacerlo hasta hoy, cuando por fin ha llegado la hora de cumplir con mi palabra, a pesar de que me encuentro ante algo tan grande cuya simple mención hace que todavía a estas alturas de mi vida, me sigan temblando las piernas con la misma fiereza con la que lo hicieron hace más de una década, cuando una parte de mi alma se quedó en aquel mágico universo creado por Yu Suzuki y que consiguió que durante unas horas no necesitase estar muerto para sentirme un inquilino en el paraíso. Y es que es asombroso comprobar cómo, por mucho tiempo que pase, me sigue inspirando el mismo respeto y miedo que sentía en su día, por saber que me encontraba ante algo tan excepcional que ni siquiera me atrevía a ponerlo en mi videoconsola al ser consciente de que nunca volvería a tener en mis manos algo tan maravilloso como aquella muestra de perfección llamada “Shenmue”. Un cúmulo de sensaciones que trataré, como buenamente pueda, traducir en palabras.

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