Wind Waker, navegando sobre las ruinas de Hyrule

Wind Waker

- But you… I want you to live for the future. There may be nothing left for you… But despite that, you must look forward and walk a path of hope, trusting that it will sustain you when darkness comes. Farewell… This is the only world that your ancestors were able to leave you. Please… forgive us. - W-Wait! You could… You could come with us! Yes, of course… We have a ship! We can find it. We WILL find it. The land that be the next Hyrule! - So… Ah, but child… That land will not be Hyrule. It will be YOUR land!

Sabía que tenía que escribir esta entrada aunque no entendía el porqué. Es cierto que acabo de terminarlo, pero normalmente no suelo hablar de este tipo de cosas en este blog. Pero el caso es que éste era, precisamente, el juego que me estaba pasando cuando recaí en aquella depresión hace unos años por los motivos que ya sabes y que hizo que nos volviésemos a encontrar. Por eso, no quería ni tocar el disco. Soy supersticioso y pensaba que estaba maldito a pesar de que lo poco que había visto de él era extraordinario.

Así que me encontraba una semana antes de volver a clase muerto de aburrimiento en mi habitación cuando, sin más, me dio por poner la Wii, añadirle el mando de la GameCube y acabarlo. Y como diría Cervantes en ésas estaba cuando un día, hablando por Twitter, se me ocurrió que tal vez te podría interesar que hablase de algún juego de la saga The Legend of Zelda, por lo que me puse a teclear y lo uno llevó a lo otro. Necesitaba hacer un post para San Valentín y aquí lo tienes.

Sé que el amor que siento por ti no te va a sacar de tu situación, ni puede conseguir que vuelva esa sonrisa cálida y tierna que la maldita adversidad ha borrado de tu rostro, pero aquí estoy. Si tú sufres yo sufro y si tú caes, yo caigo contigo. He estado a tu lado siempre, incluso cuando has creído que no era así. Y no podía dejar escapar un día como éste sin decirte lo que ya sabes. Eres mi vida, mi luz, mi mar y mis estrellas y por encima de todo, mi reina. Te quiero mucho más que a nada en el mundo y siempre lo haré. Vuelve a sonreír por favor.

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Master System, la convidada de piedra de los 8 bits

MasterSystem

Debo ante todo disculparme debido al aparente abandono que impera en torno al blog, pero tal y como he señalado tanto por Twitter y Facebook como en anteriores entradas, me encuentro en pleno curso y, por lo tanto, los libros y las prácticas ocupan la práctica totalidad de mi tiempo, por lo que me es muy difícil encontrar un momento de asueto para ponerme delante del ordenador y escribir algo ajeno al trabajo del día a día. Además, a ello se le han sumado un par de nuevas bajas en relación a las series que quería analizar. Es verdad, tenían un gran renombre a sus espaldas pero, con total honestidad, eran tan malas que no merecían ni siquiera una review en tono irónico sobre sus muchos y muy reiterados desmanes. Lo que en cierto modo hizo que tuviese que replantearme los títulos que iban a ocupar la bitácora hasta la llegada de las Navidades.

Por ello, mientras intentaba hacerme con nuevos proyectos sobre los que escribir, empecé a jugar para relajarme del estrés de los exámenes parciales a los videojuegos que tengo de mi vieja pero indestructible Sega Master System II y lo uno llevó a lo otro. Casualmente, me sorprendió comprobar cómo todas las personas con las que hablaba guardaban un recuerdo realmente entrañable de ella, muy alejado de la imagen que en su día se había proyectado en torno a su escaso tirón comercial, y que, curiosamente, era en la actualidad una de las máquinas más demandadas y solicitadas en el mercado del videojuego retro.

Así pues, decidí que el próximo reportaje que haría, sería para homenajear a la que fue mi primera consola y que lleva más de veinte años a mi lado. Un regalo, cortesía de sus Majestades de Oriente en las Navidades de 1992 y que supuso el primer gran sueño cumplido de mi infancia. Un tiempo en el que los videojuegos eran un lujo al alcance de muy pocos, en el que la afición a los mismos no estaba precisamente bien vista en términos sociales y en los que el simple hecho de leer descripciones someras de cartuchos que se vendían a precio de oro en cualquier tipo de revista, tuviese o no que ver con aquel universo, era lo mejor que podía llegar a pasarnos. Por lo tanto, intentaré contar de un modo lo más ameno posible la historia de este producto, algunas de sus anécdotas más interesantes y, naturalmente, sus títulos más importantes, siendo éste el primero de una serie de artículos dedicados a las consolas de mi vida y que, espero, sean de vuestro agrado. Aunque la primera gran pregunta que abrirá la presente entrada es particularmente lógica.

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Lufia, ascenso de los Siniestros y canto del cisne de SNES en España

Lufia Rise of the Sinistrals

Esta batalla era un juicio para nosotros. - ¿Un juicio? - Que tú existas y puedas hacer resonar la Hoja Doble significa que la gente puede vivir sin los Siniestros. El objetivo de la Hoja Doble es derrotar a los Siniestros; si los derrotas no los necesitas. - ¿Estás diciendo que ya no necesitamos la ayuda de seres superiores? - No. Los humanos todavía necesitan fe y Arek pensó que la Hoja Doble no resonaría en al menos mil años, pero empezó a hacerlo y por eso vine a ti, para ver todo el final con mis propios ojos… y te ayudé más de lo que debería haber hecho. Ni yo sé por qué lo hice. - Esta isla va a caer sobre el continente, tienes que saber alguna manera de detenerla. - Sí, pero no te la puedo decir. - ¿Por qué? - Porque yo soy la Muerte”.

Últimamente estoy resolviendo todas las asignaturas pendientes que desde hace demasiados años arrastraba en todo lo que a videojuegos se refiere. Es más, en el momento en el que comencé a analizar esta clase de productos en el blog para su reina tenía claro que la tetrarquía del RPG de la SNES PAL (Illusion of Time, Secret of Evermore, Terranigma y Lufia) merecía y debía tener su correspondiente review de forma inexcusable por la indiscutible importancia que tuvo en la implantación del género en España. Y así se hará

Lufia fue el último de todos ellos así como el peor tratado de los mismos, al llegar en un momento en el que la 16 bits de Nintendo llevaba casi un año siendo un cadáver electrónico en beneficio de su sucesora, la N64. Algo que no impidió que la filial de la compañía en nuestro país se atreviese a lanzarlo traduciendo sus textos al castellano y añadiéndole en su portada las siglas “RPG” escritas en rojo y con letras mayúsculas, dándole así la connotación de juego estrella.

Dadas las circunstancias siempre existió en mí la duda de si se trató de una buena idea… De si la gran N había acertado apostando por un juego tan desconocido y procedente de una compañía sin apenas bagaje como éste, en vez de hacerlo por joyas tan ansiadas como Chrono Trigger o Final Fantasy VI (difícilmente importables debido a sus desavenencias en aquellos años por la entonces “SquareSoft”) o Dragon Quest VI y Tales of Phantasia, con los que no existía pretexto alguno. Hoy, definitivamente, intentaré dar una respuesta a esa incógnita.

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Shenmue, el paraíso virtual diseñado por Yu Suzuki para Dreamcast

- Ryo-san, Where are you going? You’re not going after them? Please Don’t. Look what they did to Hazuki-sensei! – They killed my father right in front of me. I will have my revenge. I need to do this, for my father.

Pero nunca la tuvo y aquel estremecedor diálogo entre Ryo y su amigo Fuku jamás llegó a tener una consumación que pusiese el broche de oro a una de las franquicias más brillantes y espectaculares de todos los tiempos. Una apuesta ambiciosa y prometedora que SEGA dejó parada en su segunda entrega sin que volviesen a existir esperanzas de finalización para todos aquellos que, como yo, creímos alcanzar el cielo con cada uno de los GDs que componían esta obra maestra de la técnica que tantas veces se ha intentado imitar y tan pocas han logrado siquiera evocar.

Reconozco abiertamente que pese la mala imagen que había dejado en mí la compañía del erizo azul tras el fracaso de Saturn en Europa, fue esta creación de Yu Suzuki la que me convenció para comprarme una Dreamcast y pasarme con ella las horas muertas descubriendo hasta la última y más recóndita figura de las que se hallaban escondidas en sus gashapones, intentando batir toda clase de records en sus arcades y sencillamente, recreándome en todos y cada uno de los pequeños detalles que se descubrían, no sólo en sus espléndidas calles, sino en sus maravillosos y excepcionales habitantes.

Prometí en numerosas ocasiones dedicarle una review a esta maravilla, pero por diferentes raones nunca procedí a hacerlo hasta hoy, cuando por fin ha llegado la hora de cumplir con mi palabra, a pesar de que me encuentro ante algo tan grande cuya simple mención hace que todavía a estas alturas de mi vida, me sigan temblando las piernas con la misma fiereza con la que lo hicieron hace más de una década, cuando una parte de mi alma se quedó en aquel mágico universo creado por Yu Suzuki y que consiguió que durante unas horas no necesitase estar muerto para sentirme un inquilino en el paraíso. Y es que es asombroso comprobar cómo, por mucho tiempo que pase, me sigue inspirando el mismo respeto y miedo que sentía en su día, por saber que me encontraba ante algo tan excepcional que ni siquiera me atrevía a ponerlo en mi videoconsola al ser consciente de que nunca volvería a tener en mis manos algo tan maravilloso como aquella muestra de perfección llamada “Shenmue”. Un cúmulo de sensaciones que trataré, como buenamente pueda, traducir en palabras.

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Yoshi’s Island, el arte encarnado en forma de cartucho de SNES

A long, long time ago… This is a story about baby Mario and Yoshi. A stork hurries across the dusky, pre-dawn sky. In his bill, he supports a pair of twins. Suddenly, a shadow appears in a gap between the clouds and races towars the stork with blinding speed. “SCRREEEECH!!! THE BABIES ARE MINE!”. Wow!!! Snatching only one baby, the creature vanishes into the darkness from whence it came. The second baby falls undetected towards the open sea…”

Sinceramente no sabía si afrontar esta review o no. Siento demasiado respeto por sagas como Super Mario, Zelda o Sonic como para dedicarles un solo análisis o hacer siquiera una simple mención por todo aquello que llegaron a significar. Aunque mucho me temo que la ocasión lo merece, porque no hablo de un videojuego cualquiera sino de algo que iba mucho más allá que unas simples horas de entretenimiento… a una ilusión encerrada en un cartucho cuyos secretos parecían no tener fin y cuyo nombre sigue produciéndome escalofríos con su simple mención casi veinte años después de su nacimiento.

Hablo de un título del que lo importante no era su contenido, modo de juego o historia… sino de la sensación que transmitía e inspiraba. De ese sentimiento generado al introducirlo en una SNES que inmediatamente generaba en tu rostro una sonrisa que no desaparecía hasta que el tiempo o los límites físicos obligaban a volver a un mundo como el real, mucho más cruel y despreciable que aquél sólo existente en las mentes de profetas de lo divino de la talla de Miyazaki en el anime o de Miyamoto en el videojuego.

Por ello, y antes de empezar en serio con el mundo de los animes, me vais a permitir que le muestre a la destinataria de este blog el que sin duda fue el juego más bello de la cuarta generación de consolas y uno de los preferidos de las que, como ella, son aficionadas a la estética “Rilakkuma”. Hablo del Yoshi’s Island… y es ahí donde las palabras dejan de tener un sentido para convertirse en vulgares instrumentos humanos inútiles para describir una belleza dionisíaca, mística, cautivadora… un concepto tan alto que sólo resulta comparable a la belleza de los ojos de aquella a la que le dedico esta bitácora. Así pues, perdonad pues la bajeza de estas letras para intentar describir con ellas lo que no tiene sino un simple nombre: la perfección.

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