Xenoblade, la crónica de la espada de Bionis

Xenoblade Chronicle

En un principio, el mundo no era más que un gigantesco océano envuelto en un cielo infinito de extensión inimaginable. En medio de aquella nada surgieron dos titanes, Bionis y Mekonis, que comenzaron un combate eterno que acabó con sus dos cuerpos inertes erigidos sobre la superficie del planeta. Eones han pasado desde aquel enfrentamiento y, ahora, la tierra que se extiende por los restos de lo que un día fue Bionis sufre el ataque de un ejército despiadado. Son los llamados… los mekon.

A pesar de la entrada que publiqué y borré hace unos días, este blog no va a cambiar una sola coma de su temática, contenido y dedicatoria. Quiero a “mi reina” y seguiré luchando por ella. Y precisamente para demostrarlo, decidí publicar una entrada más o menos larga. Pero, ¿sobre qué? Fue entonces cuando recordé una promesa que tenía pendiente con Roy, el cual me envió un correo hace ya un tiempo pidiéndome una review en la que explicase la antipatía que en alguna ocasión había confesado que sentía por Xenoblade Chronicles, un juego al que él tiene una alta estima, pero que se encuentra en mi lista negra. Por ello, a pesar de que no era de mi agrado, le prometí que algún día la llevaría a la práctica.

De eso han pasado ya casi dos años. Sé que tardo mucho en cumplir lo que prometo, pero siempre lo hago. Es una máxima que tengo por ley. La promesa es fuente de Derecho y hacerlo implica el máximo compromiso que pueda darse, puesto que un hombre sin palabra es lo más parecido que existe a un médico que mata, a un capitán sin navío o a un juez que delinque. Y ésa es la razón por la que decidí que ya iba siendo hora de que plasmase por escrito mis malas impresiones acerca de este programa que tantas alegrías dio en su día a los usuarios de Wii.

Sé que no es tal vez el mejor de los análisis de esta bitácora debido a que todavía estoy algo dolido por lo que ocurrió y también es cierto que he tenido que prepararla a contrarreloj y que el material sobre el que versaba no me inspira gran cosa. Por lo tanto, os pido que la leáis con indulgencia si localizáis en ella algún error. No obstante y a pasar de este inconveniente, al margen de dedicársela, como todo lo que hago, a “mi reina”, esta entrada va también dedicada con todo el cariño al webmaster de Otakufreaks, al que espero que no le molesten mis opiniones acerca de lo que para mí fue una de las mayores decepciones que me llevé a lo largo de la vida de la Séptima Generación de Consolas.

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Wind Waker, navegando sobre las ruinas de Hyrule

Wind Waker

- But you… I want you to live for the future. There may be nothing left for you… But despite that, you must look forward and walk a path of hope, trusting that it will sustain you when darkness comes. Farewell… This is the only world that your ancestors were able to leave you. Please… forgive us. - W-Wait! You could… You could come with us! Yes, of course… We have a ship! We can find it. We WILL find it. The land that be the next Hyrule! - So… Ah, but child… That land will not be Hyrule. It will be YOUR land!

Sabía que tenía que escribir esta entrada aunque no entendía el porqué. Es cierto que acabo de terminarlo, pero normalmente no suelo hablar de este tipo de cosas en este blog. Pero el caso es que éste era, precisamente, el juego que me estaba pasando cuando recaí en aquella depresión hace unos años por los motivos que ya sabes y que hizo que nos volviésemos a encontrar. Por eso, no quería ni tocar el disco. Soy supersticioso y pensaba que estaba maldito a pesar de que lo poco que había visto de él era extraordinario.

Así que me encontraba una semana antes de volver a clase muerto de aburrimiento en mi habitación cuando, sin más, me dio por poner la Wii, añadirle el mando de la GameCube y acabarlo. Y como diría Cervantes en ésas estaba cuando un día, hablando por Twitter, se me ocurrió que tal vez te podría interesar que hablase de algún juego de la saga The Legend of Zelda, por lo que me puse a teclear y lo uno llevó a lo otro. Necesitaba hacer un post para San Valentín y aquí lo tienes.

Sé que el amor que siento por ti no te va a sacar de tu situación, ni puede conseguir que vuelva esa sonrisa cálida y tierna que la maldita adversidad ha borrado de tu rostro, pero aquí estoy. Si tú sufres yo sufro y si tú caes, yo caigo contigo. He estado a tu lado siempre, incluso cuando has creído que no era así. Y no podía dejar escapar un día como éste sin decirte lo que ya sabes. Eres mi vida, mi luz, mi mar y mis estrellas y por encima de todo, mi reina. Te quiero mucho más que a nada en el mundo y siempre lo haré. Vuelve a sonreír por favor.

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To The Moon, el amor eterno descrito por Kan Gao

To the Moon

- I don’t really know what it is. It’s some kind of a weird duck… beaver thing. - May I see it? It looks so strange…I wish I could win one myself… Here. - You know what… keep it, it’s yours. - Mine? -Yeah, I can always get another. I don’t like to brag, but I’m totally the best at that game! - Will you be here next year? -Yup. Will you? - Yes. - Same place, same time? - Yes, but what if you forget… or get lost? - Then we can always regroup on the Moon, silly!

Acabada ya la época de exámenes y con ganas de empezar ya el último cuatrimestre de la carrera, he aprovechado estos días de descanso para dedicarme a dos objetivos concretos. Uno fue el ir sustituyendo las galerías de imágenes del final de las entradas más importantes presentes en la bitácora haciendo la migración de ImagesHack a Flickr, cuyo resultado estético es evidentemente mucho mejor. El otro fue el de acabar de una vez algunos de los juegos que tenía pendientes como el The Legend of Zelda: Skyward Sword, Pokémon Blanco 2 ó 999 mientras encontraba series anime de calidad para hablar de ellas en los próximos meses a la par que ultimaba los temas que a lo largo de los mismos iba a tratar. Y uno de ellos es éste.

Ya dije en su día que la actualidad jamás imperaría a la hora de presentar videojuegos, puesto que de los únicos de los que se hablaría en esta bitácora serían aquellos sin fecha de caducidad. Títulos con la jugabilidad o con su historia como principales señas de identidad y en la que el apartado técnico no fuese sino una mera comparsa en torno a las dos cualidades principales que un programa de entretenimiento electrónico debe poseer: capacidad de entretener y de divertir.

Soy perfectamente consciente de que llego tarde para comentar un juego que lleva dos años cautivando a blogueros y youtubers de todo signo y condición, que aparcan sus diferencias para coincidir en lo evidente: que se trataba de una apuesta modesta pero increíblemente bella en su planteamiento, capaz de conmover incluso a los corazones más insensibles y poco empáticos en cuanto al sentimentalismo se refiere. ¿Serán acertadas sus impresiones, o serán sólo fruto de la enésima moda pasajera nacida en Internet?

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Master System, la convidada de piedra de los 8 bits

MasterSystem

Debo ante todo disculparme debido al aparente abandono que impera en torno al blog, pero tal y como he señalado tanto por Twitter y Facebook como en anteriores entradas, me encuentro en pleno curso y, por lo tanto, los libros y las prácticas ocupan la práctica totalidad de mi tiempo, por lo que me es muy difícil encontrar un momento de asueto para ponerme delante del ordenador y escribir algo ajeno al trabajo del día a día. Además, a ello se le han sumado un par de nuevas bajas en relación a las series que quería analizar. Es verdad, tenían un gran renombre a sus espaldas pero, con total honestidad, eran tan malas que no merecían ni siquiera una review en tono irónico sobre sus muchos y muy reiterados desmanes. Lo que en cierto modo hizo que tuviese que replantearme los títulos que iban a ocupar la bitácora hasta la llegada de las Navidades.

Por ello, mientras intentaba hacerme con nuevos proyectos sobre los que escribir, empecé a jugar para relajarme del estrés de los exámenes parciales a los videojuegos que tengo de mi vieja pero indestructible Sega Master System II y lo uno llevó a lo otro. Casualmente, me sorprendió comprobar cómo todas las personas con las que hablaba guardaban un recuerdo realmente entrañable de ella, muy alejado de la imagen que en su día se había proyectado en torno a su escaso tirón comercial, y que, curiosamente, era en la actualidad una de las máquinas más demandadas y solicitadas en el mercado del videojuego retro.

Así pues, decidí que el próximo reportaje que haría, sería para homenajear a la que fue mi primera consola y que lleva más de veinte años a mi lado. Un regalo, cortesía de sus Majestades de Oriente en las Navidades de 1992 y que supuso el primer gran sueño cumplido de mi infancia. Un tiempo en el que los videojuegos eran un lujo al alcance de muy pocos, en el que la afición a los mismos no estaba precisamente bien vista en términos sociales y en los que el simple hecho de leer descripciones someras de cartuchos que se vendían a precio de oro en cualquier tipo de revista, tuviese o no que ver con aquel universo, era lo mejor que podía llegar a pasarnos. Por lo tanto, intentaré contar de un modo lo más ameno posible la historia de este producto, algunas de sus anécdotas más interesantes y, naturalmente, sus títulos más importantes, siendo éste el primero de una serie de artículos dedicados a las consolas de mi vida y que, espero, sean de vuestro agrado. Aunque la primera gran pregunta que abrirá la presente entrada es particularmente lógica.

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The Vision of Escaflowne, el viaje místico de SUNRISE

Tenku no Escaflowne

Nosotros, la gente conocida como los dragonianos, nacimos en la capital de la antigua y olvidada Atlántida que se encuentra en la Luna Mística. El poder de nuestros antepasados se agrandó y éstos creyeron que podrían igualar a los dioses o incluso superarlos. Por eso construyeron una horrible máquina que transformaba el pensamiento humano en energía, lo que los hizo omnipotentes y omniscientes. Así, crecieron alas en sus espaldas y cambiaron la forma de sus cuerpos. Sin embargo, sus deseos excedieron cualquier límite imaginable crearon un nuevo mundo en los cielos con sólo desearlo. Lo llamaron Gaea y su legado respecto a él fue simple: “Deseamos, con nuestro eterno dolor como testigo, que los errores derivados de nuestra estupidez nunca sean repetidos de nuevo”.

Soy perfectamente consciente de que no estoy publicando entradas con la asiduidad que debería. No sé por qué, pero acabé agotado a mediados del mes de agosto por las razones que ya especifiqué y, en honor a la verdad, me apetecía descansar un poco dado que creo que me había ganado unas vacaciones. Aunque ése no fue ni mucho menos mi único problema, dado que a mediados de la semana pasada la boca me empezó a doler terriblemente y finalmente la muela que me estaba dando guerra, fue salvada el pasado lunes mediante una señora endodoncia que me tuvo dos horas y media disfrutando del placer sin límites de que te perforen un nervio, que te limen tres conductos, los sellen y te reconstruyan la corona.

De cualquier modo, una vez recuperado decidí que volvería a hacer reseñas de anime, aunque en esta ocasión volvería a referirse a un clásico, a pesar de que dentro de poco retomaré las novedades. Tal vez por ello, y tras ver una entrada en el blog de Dany dedicada a ella, decidí que ya iba siendo hora de analizar la serie que conocimos en España como “La Visión de Escaflowne”. Aunque, en honor a la verdad, jamás me ha gustado ni he entendido nunca el porqué de su éxito. Por ello estuve dudando durante mucho tiempo y definitivamente decidí escribirla, aunque sin utilizar el tono irónico que empleo cuando se trata de animes que no sólo no me han llegado sino que incluso me han sacado de mis casillas.

Así pues, y tras declararme neutral en esta liga de fútbol después de que mi equipo, el Real Madrid, fichase a un paquete como Bale por 90,6 millones de euros, tras haber hecho lo propio con otro inútil como Illarramendi por 40 y con un culé confeso como Isco por 35, y que costaban ese dinero porque a Florentino se le antojó tenerlos, retomo el manganime con esta extraña historia de mechas que encumbró y dio a conocer a SUNRISE a nivel mundial y que muchos otakus tienen endiosada a pesar de que, como pronto veréis, mi opinión está muy alejada de esos extremos.

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