Sobreviviendo (con gerundio) a un verano jurídico

Suzumiya en Verano

Otra vez como hace apenas un par de meses. Echo la vista atrás y casi han transcurrido nada menos que 30 días entre mi última entrada y el texto que tenéis ante vuestros ojos sólo puede contener una disculpa y una justificación para tan aparente desidia. Como os podréis imaginar todo tiene su explicación y esto no podía ser menos, pero no es muy difícil de deducir: estaba simple y llanamente molido debido al ritmo que me he impuesto durante todos estos meses y que debía suavizar si quería mantener la cordura que la sobrecarga de trabajo amenazaba. Aunque tal vez lo primero sería sincerarme.

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Nippon Animation, el anime con sabor a clásico juvenil como contrapeso a Toei

Nippon Animation

No podía faltar. De verdad que casi acabo tarumba para terminarla y tenerla publicada hoy y de hecho el pasado lunes estaba que no quería ya ni mirar al ordenador. Es verdad que no es de lo más extenso que he escrito, pero el hacerlo en unos momentos con tanta carga de trabajo como éstos es algo agotador y que te quema. Y precisamente por ello no está demasiado bien redactado ni tampoco he tenido el suficiente tiempo para corregir ciertas erratas. Pero, en serio, es que no podía más y en algún momento casi se me desploma la cabeza sobre el teclado y más de una de las líneas que veis por aquí han sido escritas a las tantas de la mañana (pero madrugada en el sentido más estricto de la palabra madrugada hasta el extremo que esto lo estoy publicando casi a las 4:00 AM).

Para colmo tampoco tengo mucho que celebrar. Mi equipo va y larga a Ancelotti, dejando en la portería al tío que nos quitó a Mourinho, casi nos cuesta la Champions del año pasado y que es el culpable directo de que esta temporada haya sido tan blanca en cuanto a títulos como nuestra camiseta. Por no hablar de alguna que otra calamidad que ha ocurrido estos días ante la cual más de uno, incluido un servidor, se ha quedado cruzado de brazos ante lo que sabíamos de sobra que iba a suceder. Aunque bueno, siempre nos queda el consuelo de que al menos en Basket hemos logrado nuestra Novena Euroleague, que llevaba años resistiéndose a entrar en nuestras vitrinas.

En fin, como siempre todos los años, por motivos que no vienen al caso (¿verdad que no?) siempre publico precisamente este día y no otro (ya es casualidad) una review relacionada conmigo sobre algún tema “friki” de los que han marcado mi vida y así en 2010 me dio por analizar Monster, en 2011 salí por la tangente con Ranma ½, en 2012 en vez de hacer lo propio con un anime lo hice con un videojuego como lo era Final Fantasy VI, en 2013 cumplí de una vez mi promesa de escribir un reportaje sobre Touch y en 2014 la elegida fue Macross. En 2015 pensé en hacerlo también sobre una serie importante, pero dado que ya el pasado verano redacté una entrada sobre Toei, pensé en hacer ahora algo similar con su principal rival, aunque lógicamente sin tanta enjundia como entonces dado que éste no tiene tanto peso. Veremos si la cosa no queda del todo mal.

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La atípica concepción del bien y del mal en el manga y el anime

No hay demasiado que añadir cuando he soltado casi una hora y media de plomazo insufrible. La verdad es que me apetecía hacer uno de estos vídeos que me permiten desconectar de lo que habitualmente escribo y del tono de seriedad que intento darle. La verdad es que he estado tan atareado que hasta el pasado Domingo no pude ponerme a grabar, pero fue empezar y no parar a pesar de que he sido todo lo breve que he podido… Pero es imposible, hay temas de los que no podría opinar correctamente sin quedarme cientos de horas ante una cámara y éste es uno de ellos. Y precisamente con esa intención, la de ser breve, es por lo que únicamente puse como ejemplos títulos como Akira, Saint Seiya, Mononoke Hime y Adolf, a pesar de que el cuerpo me pedía al menos incorporar otras reflexiones sobre Monster, Hokuto no Ken o el mencionado muy de paso City Hunter. Incluso así, creo que me he excedido en la duración, por lo que espero que sepáis disculparme.

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La Isla de Giovanni. Una muerte a la sombra de las Kuriles

A nuestro padre le encantaba “El tren nocturno de la Vía Láctea”, la novela de Kenji Miyasawa. Cuando comencé a ir a la escuela me hacía leerlo en voz alta a diario, igual que a mi hermano después. Decía que a nuestra madre también le encantaba ese libro y que solía leerlo a menudo cuando estaba viva. De hecho nos pusieron el nombre en base a los personajes principales de la historia, Junpei, que viene de Giovanni y Kanta de Campanella.

Como siempre, lamento haber tardado tanto en redactar el presente artículo a pesar de que quería haberlo presentado el Domingo o incluso antes pero el caso es que tras superar mi lesión me ha dado por correr más de la cuenta estos días y que, como siempre, empecé a escribir y terminé liándome… En un principio pensé que esto se podría resolver con cosa de pocas palabras, pero nada más terminar la película me di cuenta de que no se podía ventilar sin más con una review, sino que estábamos ante un producto tan complejo que debía tener algo más de enjundia de lo habitual, al menos para poder entender algunas de las situaciones que se plantean en su argumento y las connotaciones de determinadas escenas que, descontextualizadas, pueden parecer oscuras o incluso absurdas a nuestro ojos sin que lleguemos a entender exactamente el porqué.

Pensaba pues en cómo debía enfocar esta entrada y las ideas se agolpaban en mi cabeza, aunque creo que la mejor manera de comenzar esta introducción es aclarar que tiene su gracia cómo muchas veces creemos que elegimos algunas de las cosas que nos ocurren en la vida, cuando son en realidad esas cosas las que nos eligen a nosotros. El ejemplo más característico de ello son los libros, ésos que no sabes muy bien cómo acaban delante de tus narices pero el caso es que terminamos devorándolos. Hecho eso, nos damos cuenta de que eran maravillosos y que no sabíamos qué demonios estábamos haciendo hasta que sus páginas llegaron a nuestras vidas. Existía una joya y, sin embargo, vivíamos en la inopia a pesar de que teníamos perfecto acceso a ella. Y eso es más o menos lo que me ocurrió con esta película. Me encontraba en un determinado centro comercial de Valladolid y echándole un vistazo a las novedades en DVD que había por ahí, me topé con un ejemplar de esta obra y no pude evitar comprarla. ¿Por qué? Pues porque me dio buena espina y… acerté, al menos en lo que a obras de las que realmente me gusta hablar por aquí se refiere.

La casualidad me vino realmente bien, porque, para variar, estaba verdaderamente desesperado en cuanto a buscar algo realmente bueno para comentar, en vez de lo habitual: bazofias con las que me vengo del mundo y de los cordones demasiado largos que piso al hacer ejercicio y que me lesionan y todo lo que me encontraba era así. Menuda novedad, ¿no es cierto? Aunque reconozco que no es exacto que conociese este largometraje de este modo, puesto que ya conocía su nombre por culpa de que la horrible cosecha de este año en lo referente al “Animation of the Year 2014”. O al menos eso se deducía en cuanto a la apariencia inicial de la lista de nombres que incluían los nominados, sin que pareciese que existiera ningún título de peso más allá de Omoide no Marnie (que ni siquiera consiguió alzarse con él) siendo el presente film, el único que al menos pretendía ser calificado de esa manera. Pero me entró un cortocircuito y, dicho y hecho. Veamos si da o no la talla y si el perder contra Doraemon fue o no justo.

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Entre tullido y agotado

Juvia imitándome

La verdad es que no sé muy bien cómo excusarme. Ciertamente siempre digo que prefiero calidad a cantidad en cuanto a entradas y ello siempre me ha llevado a no actualizar todo lo que podría o debería. Pero una cosa es eso y otra lo que ha pasado: dejar más de un mes sin aportaciones nuevas a la bitácora y máxime sin dar una explicación aunque, eso sí, tras un artículo mastodóntico. Con vistas a ello, esta entrada está destinada a comentar el porqué de tan aparente desidia, así como el andar medio desaparecido de todos los sitios y, por supuesto, hasta cuándo continuarán las cosas así.

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