Organizando el chiringuito hasta el próximo verano

Adorable imagen, ¿verdad? Lo cierto es que me apetecía poner algo así (que, bien pensado, parece una versión en anime de Begoña Villacís) para ilustrar un post que describiese cómo van a ir las cosas en la bitácora durante los próximos meses en vista de lo apretada que voy a tener la agenda y del poquísimo tiempo que me va a quedar entre medias. Aunque tal vez tendría que haber elegido como imagen una que incluyese algún tipo de reverencia que simbolizase una disculpa, puesto que no he podido escribir tanto como me hubiese gustado y, cuando he tenido oportunidad de hacerlo, la falta de ganas y la desmotivación han podido conmigo. Pero lo primero es lo primero, así que os comentaré brevemente más o menos lo que pienso hacer en líneas generales durante el próximo curso y por qué he estado tan aparentemente apático.

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Kaguya-hime no Monogatari, el “colorín colorado” de Takahata

– Estoy muy agradecida por esos sentimientos que dicen tener hacia mí; alguien a la que no conocen o cuyo rostro siquiera han visto. Ahora pregunto: ¿me traerían los raros tesoros con los que me comparan? Así mi corazón podría valorar de una manera clara hasta qué punto me atesora cada uno. Príncipe Juramochi, traedme la Rama Enjoyada de Horai; Príncipe Ishitsuki, quiero el Cuenco de Piedra de Buda. – Pero… Pero… – Señor Ministro de Justicia Abo, el Manto de Piel de la Rata de Fuego. Gran Consejero Otomo, la Joya del Cuero del Dragón. Secretario Isonokami, deseo un Cauri de Golondrina. – No por favor. ¡Puede que esas cosas ni tan siquiera existan! Eran sólo metáforas. – Sí, todos ustedes me compararon con raros tesoros. Pues bien. Si uno de ustedes puede poner en mis manos uno de ellos con gusto me convertiré en el “tesoro” de ese hombre.

Pues sí, la verdad es que me he vuelto a retrasar un poco haciendo una review pero es que es lógico. Todo el que me conoce sabe sobradamente que detesto el verano, no sólo porque todo el país cierra al unísono y casi a la par, sino porque Castilla durante esa etapa es lo más parecido que existe a una parrilla. El julio que ha hecho por estos lares ha sido simple y llanamente infernal. No es una manera de hablar que durante la totalidad de ese mes, todos los días ha hecho una temperatura cercana a los 40 grados por la mañana y que durante la noche la cosa refrescaba poniéndose “únicamente” a 30, lo que aparte de sacarme de mis casillas hizo que, evidentemente, no pegase ojo.

Soy animal de frío, lluvia, viento y nieve, que halla la felicidad a tres bajo cero en cazadora negra y vaqueros. Sobrevivir a esto en manga corta es para mí una labor imposible, máxime cuando el aire que se respiraba durante estos días parecía no tener un ápice de oxígeno y no veo el momento en el que termine esta dichosa estación. Todo ello sin contar con que hemos visto a Bear Grylls en televisión sobrevivir a todo tipo de inclemencias tras ser arrojado a toda clase de selvas, estepas o zonas catastróficas en las que tiene que comer una gran variedad de asquerosidades, dormir en cualquier cuchitril imaginable e incluso aguantar a tíos que le jodan el programa por Internet, pero ni siquiera él tiene narices para hacer un capítulo que explique cómo sobrevivir a un coñazo tan extremo como el de pasar un par de semanas por esta época en medio de este desierto.

Sin embargo esto es lo que hay, así que me dio por coger el ordenador y empezar a teclear sobre esta película cuyo análisis me habían pedido hasta en la sopa pero que también estaba retrasando de un modo más o menos intencional. En el fondo éste ha sido un año desastroso en lo que a anime se refiere y, con lo poco que hay para hablar, hay que tratar lo que uno tiene entre manos como si de petróleo se tratase. También es cierto que tengo un par de series cuya review está apalabrada (Ejem: Ping Pong) pero lo primero es lo primero y terminar según qué análisis relacionados con Ghibli es una prioridad, por lo que dejémonos ya de palique y veamos si esta tan cacareada como reciente cinta del estudio es merecedora de pasar a la historia del anime como una obra canónica o apócrifa en lo que al mundo de este particular entretenimiento nipón se refiere.

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Omoide no Marnie, el comienzo del Hiatus de Ghibli

Omoide No Marnie

– Tengo que volver. – ¿Estaban hablado de ti? – Sí, normalmente estoy en la cama a esta hora. Vamos, volvamos a casa remando. – Así que este bote era tuyo. – Sí, y lo dejé a tu alcance a propósito, aunque pensé que remabas bastante mejor. – Sí, eso creía yo también. – Eres mi precioso secreto. No le he dicho nada a nadie sobre ti y no lo voy a hacer, porque si alguien se entera lo estropeará todo. Por favor, prométeme que lo nuestro seguirá siendo un secreto siempre. – Sí. – Será nuestro secreto.

Sí, he tardado casi dos meses en volver a hablar de anime, pero como ya dejé bien claro o descansaba un poco o la cabeza me iba a estallar. Además, como siempre he dicho yo soy un lobo de invierno; el verano y yo jamás hemos sido buenos amigos y mi productividad durante estos meses suele mermarse considerablemente. Pero es que lo de este año y sus asquerosas oleadas de calor está superando todo lo humanamente soportable por mi parte. Os puedo asegurar que ha habido veces que me he encontrado al ir a correr el termómetro a 41 grados, he dormido con 34 por la noche y o bebo de tres a cuatro litros de agua diarios o tengo la sensación de que me voy a deshidratar.

Así es la meseta castellana durante estos meses. Un verdadero horno a presión particularmente difícil de llevar para todo aquel que no tenga a su alcance una piscina. Y teniendo en cuenta que lo más parecido que tengo a mi disposición es el mar de libros de Derecho (en especial Mercantil) que inunda habitualmente mi habitación, y que tengo que combatir estas temperaturas anormalmente altas a la par que mi mente resulta frecuentemente atacada por unas dosis exageradas de aburrimiento extremo… comprenderéis que no es una tarea precisamente fácil para mí ponerme a escribir, ya no sólo por la dificultad para encontrar tiempo, sino también para reunir las ganas necesarias con las que ponerme a ello. Pero una vez conseguidas, aquí estoy.

Así pues. Casi después de que Desiré Cordero despertase una oleada de patriotismo en Pérez-Reverte que ríete tú de cuando España ganó el Mundial de 2010, después (ya en el sentido estricto del término) de que Dragon Ball Super demostrase que muchos de los que a día de hoy van de otakus veteranos desconocían que existía un engendro llamado Dragon Ball GT desde cuyo estreno el confiar en que se edite algo mínimamente bueno relacionado con la franquicia es como esperar que Piqué parta la historia del pensamiento humano en dos tras una de sus juergas, después de que el TOPOR haya pasado a ser un problema del OTOPOR, digooooo, del Oporto (cosa que celebré con suma discreción) y apenas unos días después de que fuese ya definitivo que Miyazaki volvía a la carga con un corto de animación (ya es casualidad) procedo a analizar un anime que me habían exigido hasta la saciedad desde hace meses debido a que los caprichosos vientos del destino han hecho de él la que podría ser la última producción de Ghibli si este estudio no sale del hiatus indefinido en el que por el momento se encuentra. Por lo tanto, como siempre preparándome para lo peor, comencemos.

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Sobreviviendo (con gerundio) a un verano jurídico

Suzumiya en Verano

Otra vez como hace apenas un par de meses. Echo la vista atrás y casi han transcurrido nada menos que 30 días entre mi última entrada y el texto que tenéis ante vuestros ojos sólo puede contener una disculpa y una justificación para tan aparente desidia. Como os podréis imaginar todo tiene su explicación y esto no podía ser menos, pero no es muy difícil de deducir: estaba simple y llanamente molido debido al ritmo que me he impuesto durante todos estos meses y que debía suavizar si quería mantener la cordura que la sobrecarga de trabajo amenazaba. Aunque tal vez lo primero sería sincerarme.

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Nippon Animation, el anime con sabor a clásico juvenil como contrapeso a Toei

Nippon Animation

No podía faltar. De verdad que casi acabo tarumba para terminarla y tenerla publicada hoy y de hecho el pasado lunes estaba que no quería ya ni mirar al ordenador. Es verdad que no es de lo más extenso que he escrito, pero el hacerlo en unos momentos con tanta carga de trabajo como éstos es algo agotador y que te quema. Y precisamente por ello no está demasiado bien redactado ni tampoco he tenido el suficiente tiempo para corregir ciertas erratas. Pero, en serio, es que no podía más y en algún momento casi se me desploma la cabeza sobre el teclado y más de una de las líneas que veis por aquí han sido escritas a las tantas de la mañana (pero madrugada en el sentido más estricto de la palabra madrugada hasta el extremo que esto lo estoy publicando casi a las 4:00 AM).

Para colmo tampoco tengo mucho que celebrar. Mi equipo va y larga a Ancelotti, dejando en la portería al tío que nos quitó a Mourinho, casi nos cuesta la Champions del año pasado y que es el culpable directo de que esta temporada haya sido tan blanca en cuanto a títulos como nuestra camiseta. Por no hablar de alguna que otra calamidad que ha ocurrido estos días ante la cual más de uno, incluido un servidor, se ha quedado cruzado de brazos ante lo que sabíamos de sobra que iba a suceder. Aunque bueno, siempre nos queda el consuelo de que al menos en Basket hemos logrado nuestra Novena Euroleague, que llevaba años resistiéndose a entrar en nuestras vitrinas.

En fin, como siempre todos los años, por motivos que no vienen al caso (¿verdad que no?) siempre publico precisamente este día y no otro (ya es casualidad) una review relacionada conmigo sobre algún tema “friki” de los que han marcado mi vida y así en 2010 me dio por analizar Monster, en 2011 salí por la tangente con Ranma ½, en 2012 en vez de hacer lo propio con un anime lo hice con un videojuego como lo era Final Fantasy VI, en 2013 cumplí de una vez mi promesa de escribir un reportaje sobre Touch y en 2014 la elegida fue Macross. En 2015 pensé en hacerlo también sobre una serie importante, pero dado que ya el pasado verano redacté una entrada sobre Toei, pensé en hacer ahora algo similar con su principal rival, aunque lógicamente sin tanta enjundia como entonces dado que éste no tiene tanto peso. Veremos si la cosa no queda del todo mal.

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