Spirit of Wonder

Tiene su gracia comprobar cómo esto de husmear en el cajón en el que guardas todas esas series que juraste en su momento ver y que lo único que han hecho ha sido criar polvo, puede hacer que te encuentres con que ese anime al que tú inconscientemente considerabas una mediocridad de tantas que no merecían verse, es en realidad una auténtica obra maestra que ningún aficionado al género debería perderse.

Hablo de Spirit of Wonder (チャイナさんの憂鬱), una recopilación de 4 OVAS de Bandai Visual basadas en el manga homónimo que Kenji Tsuruta publicó en la revista Kodansha. Las dos primeras nos cuentan la historia del “Club de los Jóvenes Científicos”, una sociedad que tres amigos, Gordon, Cooper y Shepherd, crearon tras quedar fascinados por los estudios de Percival Lowell. Un hombre que había creado en 1908, un globo en el que plasmaba su peculiar visión de Marte y de los canales que los marcianos habían construido en él.

Cincuenta años más tarde, con la intención de celebrar el aniversario del club, deciden llevar a la práctica el mayor logro científico conseguido hasta la fecha, la llegada a Marte. Una osada hazaña para la que contarán con la valiosa ayuda de Whitney, la hija de uno de ellos cuya teoría del Éter ningún científico tomó en serio, y de su juerguista marido Jack.

Las otras dos OVAS son más bien dos cortos protagonizados por Miss China, propietaria de un restaurante londinense frecuentado por los más variopintos personajes y en cuyo piso de arriba reside el Doctor Breckenridge, un estrafalario científico con muchas dificultades para pagar el alquiler y que siempre se encuentra desarrollando los artilugios más estrambóticos para sus absurdos experimentos.

La primera de ellas se titula “La reducción de Miss China” y fue creado, a diferencia de los demás, en 1992. En él, como su propio nombre indica, el doctor encogerá a la camarera asiática cuando ésta fuerza la puerta de su habitación para cobrar el alquiler del mes y se interpone accidentalmente en la trayectoria de un rayo que, inicialmente, estaba destinado a encoger a un conejillo de indias.

Por su parte, en el segundo de los episodios protagonizados por la vitalista camarera, “El planeta de Miss China”, Breckenridge reproducirá holográficamente para su casera el planeta Marte en una playa. Sin embargo, lo que en principio parecía una agradable idea que compensaba la falta de dinero del científico, se torna en una terrible experiencia de la que saldrán vivos de milagro. Esta parte me ha recordado, por cierto, a Robot Carnival de Katsuhiro Otomo.

Pero pese a que estas dos partes son bastante divertidos y pueden considerarse complementos de bastante calidad a la edición distribuida por Selecta Visión, realmente “El Club de los Jóvenes Científicos” es la que destaca tanto por su calidad como por su originalidad, a pesar de ciertos fallos.

El principal de ellos es que la recreación de la Inglaterra de 1958, que pese a ser Steam Punk no resulta en absoluto creíble. Por ejemplo uno de los personajes mantiene sospechosos parecidos con Albert Einstein, quien precisamente demostró la falsedad de teorías como la utilizada en el anime para alcanzar el Planeta Rojo. Tampoco el uso de un dirigible a esas alturas de la historia me parece demasiado lógico, ya no tanto porque cayese en después de la primera guerra mundial (en el fondo el género fantasea con la historia) sino por cómo es posible que pudiesen crear algo de semejante tamaño con recursos propios y sin llamar la atención.

Sin embargo, la calidad del conjunto final excusa estos pequeños aspectos que no dejan de ser meras anécdotas en una historia que es, en el fondo, la consecución de la pasión de unos hombres que se niegan a envejecer y que cumplen un sueño infantil en su madurez. Todo ello narrado sin caer en ningún momento en la ñoñería, muy típica en estos casos, y hasta con un cierto toque de humor picante que le aporta un aire único e inimitable al conjunto final. No en vano todos ellos son también clientes de Miss China…

Mención aparte merece su banda sonora, que recuerda a la música utilizada habitualmente en los coros del por entonces conocido como “Ejército Rojo”, pionero en la navegación aeroespacial durante la mayor parte de la llamada “carrera espacial” en la Unión Soviética y Estados Unidos libraron su particular episodio de la guerra fría durante más de veinte años. Por ello Spirit of Wonder, sin ser un clásico de la animación, es una obra bastante recomendable que puede servir como título alternativo con el que desconectar de la rutina impuesta por los títulos de moda.

Nota: 7

Adelante, siéntete libre para incordiar :3

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