Kumo no Mukou, Yakusoku no Basho (The place promised in our early days)

Nunca he sabido muy bien por qué las segundas oportunidades son tan sumamente drásticas para mí. Por un lado pueden significar la condena definitiva hacia algo o alguien al que en su momento descarté por unas razones o por otras, o bien la redención definitiva de algo o alguien al que juzgué mal. Muy difícil es que yo conceda una de ellas, pero después de quedar sumamente maravillado con esa pequeña gran obra maestra llamada Byousoku 5 centimeter decidí que, tal vez, sería una buena idea echarle de nuevo un vistazo a una película a la que en su momento infravaloré y que os voy a presentar en el caso que no la conozcáis.

Kumo no Mukou, Yakusoku no Basho (雲のむこう、約束の場所) , también conocida como Beyond the Clouds, The Promised Place o The place promised in our early days (en su versión americana) fue la apuesta con la que en 2004 Makoto Shinkai decidió perfeccionar el estilo que ya mostró en su primer gran éxito de masas, Hoshi no Koe, para darle una consistencia más universal y accesible a todo tipo de públicos a su peculiar forma de hilvanar tramas de amantes separados que siguen viviendo su amor desde la distancia hasta que el sentimiento de nostalgia termina por devorarlos, usando para ello la mezcla de la ternura e inocencia del primer amor adolescente con ciertas dosis de ciencia ficción.

El guión, que se llevó al manga a finales de 2005 de la mano de Mizu Sahawa para la revista Kodansha con nombre de “The Place promised in our daily days”, propone un contexto tan sugerente como el de una hipotética versión japonesa del conflicto de las dos Coreas una vez acabada la segunda guerra mundial, que transcurre en un 2004 alternativo en la antesala de una más que posible guerra entre las dos partes del país. Es por lo tanto imprescindible, para entender este anime, el remontarnos a lo que fue históricamente esta contienda por lo que resumiré en breves pinceladas lo que allí ocurrió.

La división de Corea

En los últimos compases de la Segunda Guerra Mundial, y tras el armisticio del Tercer Reich el 8 de Mayo de 1945, los Estados Unidos (en virtud de los acuerdos firmados) disponían de 100 días para lograr la rendición de Japón antes de que la Unión Soviética tuviese vía libre para intervenir en la guerra del Pacífico. Sin embargo, lograr este objetivo no era tarea fácil dado que los japoneses, pese a su derrota en Midway, habían demostrado una sobrada capacidad de resistencia numantina en enclaves como el de Iwo Jima que hacía temer a los altos mandos del estado mayor norteamericano una terrible guerra sin cuartel con cientos de miles de muertos y con un impresionante coste económico y militar.

Pese a la crueldad de los bombardeos aliados sobre diversos barrios civiles de Japón (llenos de casas de madera que ardían con suma facilidad) Hiroito no se rindió. Este hecho, unido a la ruptura de las promesas de los soviéticos que empezaron a tomar posiciones sobre Manchuria y Corea (colonias imperiales) obligó a los norteamericanos a lanzar sus dos famosas bombas atómicas sobre las ciudades (civiles) de Hiroshima y Nagasaki. Tras la brutal masacre, el emperador de Japón (en contra de los deseos de su ejército que amenazó incluso con un golpe de estado) leyó su famoso discurso radiofónico en el que declaraba la rendición incondicional de su imperio el 15 de agosto de 1945, apenas un día antes de que, conforme a la legalidad internacional vigente, la URRS pudiese intervenir.

Como ya he dicho antes, las tropas comunistas ya habían tomado posiciones en las colonias niponas del este asiático y Corea era una de ellas. En esta península, el ejército rojo tomó posiciones al norte mientras que, por su parte, los Estados Unidos habían ocupado el Sur. Naturalmente, las tropas japonesas desplegadas en la zona tuvieron que obedecer a su emperador, pero para evitar el estallido de una nueva confrontación internacional que tuviese como protagonistas a las dos grandes potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, se decidió, en una de las maniobras diplomáticas más ridículas, estúpidas y chapuceras de la historia, que los soldados nipones ubicados al Norte del paralelo 38 se rindiesen a las tropas comunistas, mientras que los desplegados al sur debían entregar sus armas a los capitalistas estadounidenses.

Así nacieron dos estados. El primero, comunista, y bajo el control real primero de la URRS y más tarde de China, adoptó como nombre el de República Popular Democrática de Corea (Corea del Norte) mientras que el segundo, capitalista y controlado por EE.UU., recibiría el nombre de Corea del Sur. Una guerra y más de cincuenta años más tarde, la península sigue dividida sin posibilidades de una reunificación pacífica, con familias enteras separadas por el yugo del paralelo 38.

Análisis

Como ya he dicho anteriormente, ésta es ni más ni menos la situación que nos encontramos en Kumo no Mukou, Yakusoku no Basho. Los únicos factores que varían es que el norte recibe el nombre de “La Unión” mientras que su vecino se denomina “Japón del Sur” y sirve como base para las tropas norteamericanas.

Entre la zona desmilitarizada que separa ambas zonas, la Unión edificó, gracias al científico Ekusun Tsukinoe, una gigantesca torre con fines aparentemente militares y que desde treinta años antes del comienzo de los hechos narrados en la película supone toda una preocupación para el ejército norteamericano, que estima que se encuentra operativa desde 1996. En este contexto, dos niños (Takuya Shirakawa y Hiroki Fujisawa) y una niña (Sayuri Sawatari) serán los encargados de protagonizar esta enternecedora historia muy cerca de la frontera entre ambos territorios.


Hiroki Fujisawa, Sayuri Sawatari y Takuya Shirakawa

Takuya y Hiroki, amigos desde su más tierna infancia, acuden tras acabar sus clases a una fábrica de montaje de misiles llamada “Emishi Manufactoring” el un único fin de subvencionarse la construcción del planeador que han bautizado como Velaciela con el que pretenden sobrevolar el estrecho de Tsugaru, ver la cima de la torre y llegar finalmente a la isla de Ezo (La Unión), actual nombre de la isla conocida en el pasado como Hokkaido.

Sin embargo, todo cambiará cuando Sayuri Sawatari entre en sus vidas y viva con ellos los momentos más tiernos de su infancia, especialmente para Hiroki, que se enamorará perdidamente de ella. Poco antes de acabar el verano, mientras contempla la Torre tendrá una visión de ésta estallando… Más tarde, se separará de sus dos amigos por culpa del nuevo destino de sus padres y dos meses después, sin que ningún médico acierte a adivinar el porqué, caerá en un profundo sueño del que nadie es capaz de despertarla. ¿Quién iba a pensar que su abuelo era en realidad…?

Por su parte, Takuya se traslada a un instituto en Aomori y más tarde empieza a trabajar con el equipo de científicos de la OTAN que estudian la torre y sus peculiaridades. Tras una larga y penosa investigación, descubren que el verdadero objetivo de ésta no es otro que el de conectar nuestro mundo con universos paralelos que se asemejan a “fantasías soñadas por nuestra realidad”. ¿Es que acaso la Unión planea cambiar el universo en el que vivimos? Quién sabe, pero lo que Takuya tiene claro es que no va a dejar un objeto tan peligroso en manos de nadie y, en secreto, comenzará a colaborar con una organización terrorista (Los Uilta) cuyo único objetivo es el de volarla con un misil.

Mientras, Hiroki decidirá trasladarse a Tokio, aunque ni tres años separado de Sayuri han conseguido hacer que la olvide. Por ello, aunque tiene amigos en su instituto no quiere estar con ellos y pasa las noches enteras con la única compañía de su violín y, cuando siente que la soledad puede devorarlo, acude a la estación de trenes fingiendo esperar a alguien y después vuelve a casa lo más despacio que puede. Finalmente descubre que la mujer a la que ama lleva años en coma y decide ir a buscarla al hospital en el que estaba ingresada, pero no la encuentra. Hiroki desolado, sueña todas las noches con ella… y, en sus sueños, ella se encuentra como él… con un sentimiento de una soledad tan absoluta… que duele. “Vivo en una ciudad con treinta millones de habitantes y no me apetece hablar con ninguno” llega a decir. ¿Tendrá algo que ver el hecho de que la desaparición de Sawatari les impidió a Hiroki y a su amigo Takuya emprender el vuelo con Velaciela puesto que le prometieron a ésta que la llevarían con ellos a lo alto de la Torre… más allá de las nubes?

Eso es todo lo que os diré. ¿Para qué voy a añadir más que no se vea en las imágenes? La calidad de imagen es soberbia. Sus escenarios, como siempre en las obras de Shinkai, milagrosos. Y su OST… qué voy a decir. Sólo sé que llevo tres horas escribiendo esta review sacando imágenes y siente que me gustaría decir tantas cosas que incluso tras varias horas más fuese capaz de expresarlas todas. Pero por encima de las cuestiones que sólo resolveréis viendo este anime, tan sólo os dejaré las tres más importantes que debéis responderos (aunque en el último caso, es más bien algo personal).

¿Qué es y qué representa la torre? ¿Por qué Sayuri no despierta de su letargo? Y sobre todo… ¿Por qué mis ojos están llenos de lágrimas ante un desarrollo y un final de semejante ternura y belleza? No existen palabras para esta última. Tan sólo os invito a ver ver Kumo no Mukou, Yakusoku no Basho y a que os dejéis seducir por ella y por todo el encanto de una obra maestra de las que conservar a vuestro alcance para ver en esos instantes especiales en los que decidís darle un premio a vuestro corazón, que será el que os dirá el porqué esta película es simplemente otra obra maestra.

Nota: 9

18 comentarios el “Kumo no Mukou, Yakusoku no Basho (The place promised in our early days)

  1. Pingback: Byousoku 5 centimeter (5 Centímetros por Segundo) « La Tierra de Drakengard

  2. Esta la ví en su día, y como tú, me resultó ser más pesada que los pestiños de mi difunta abuela. La ví dos veces por aquello de que no me enteré de nada y al menos entendí de qué iba, pero siguió sin gustarme un carajo.

    El dibujo no me gustó, exceso de CG, animación convencional bastante regular… Y una paranoia infumable.

    Como dicen los guiris: “Not my cup of tea”. Aunque ya se sabe que para gustos, los colores.

  3. Es que si te soy sincero, la primera vez que la vi me decepcionó muchísimo y no me enteré de nada. Pero quillo, no sé que me dio Byousoku 5 centimeter para que mi parecer cambiase tanto.

    Eso sí, la que no se libra del suspenso ni por piedad es Hoshi no Koe, a la que no sé si dedicarle tan solo una minireview.

    Un saludo :P.

  4. Hombre… Hoshi está chula si te lees el manga, porque el manga te ambienta mucho mejor y es más cálido. Pero si te tragas el OVA (como hice yo en su día) efectívamente te quedas con cara de WTF.

  5. Por cierto, no sé por qué pero siempre tengo la manía de asociar Hoshi no koe con Pale Cocoon. Pero es que la segunda está realmente bien (algo corta, pero está chula).

  6. Vaya, pues tomo nota de tu comentario porque iba a preparar una minireseña de la OVA pero le echaré antes de nada un vistazo al manga no sea que vaya a meter la para ^^U.

    Un saludo.

  7. Pingback: Hoshi no Koe ( The Voices of a Distant Star ) « La Tierra de Drakengard

  8. solo qisiera saber si fue un buen final o un bad end ya q al comienso fujisawa kun esta recordando a sawatari ummh fue un final bueno o malo makoto shinkai tiene pelis en als q terminan todos separados me qedare con la duda aunq qisiera creer q es un buen final

  9. ATENCIÓN SPOILER. NO LEER SI NO SE HA VISTO LA PELÍCULA

    Evidentemente es un final feliz ya que aunque ella no recuerde que le tenía que declarar su amor, Fujisawa afirma que aprendieron a vivir en el mundo sin su lugar prometido.

    Un saludo.

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Adelante, siéntete libre para incordiar :3

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