Sword of the Stranger

¿Y si en una etapa en la que los estudios de animación pareciesen empeñados en hacer renunciar a los otakus a su pasión surgiese un producto cuya calidad no hubiese pasado de mediocre en épocas de bonanza pero que en la actualidad podría considerarse como un obra maestra ante la total falta de talento en los lamentables tiempos que nos toca vivir?

Ciertamente ésa fue la primera y constante pregunta que atormentó mi mente a lo largo de las casi dos horas de metraje de Sword of the Stranger; la esperadísima película de BONES que trajo en ascuas a los japonófilos de medio mundo y que supuso inmediatamente una pieza de deseo de los fansubs españoles que, casi devotamente, procedieron a lanzar su particular versión con toda clase de loas y artificios, entre ellos por supuesto mis compañeros del WNFB. Pero ¿está de verdad a la altura de la expectación creada? ¿En serio merece la pena? Descubrámoslo.

ADVERTENCIA: La película analizada está destinada exclusivamente a un público adulto debido a sus escenas de extrema violencia en la que se incluyen torturas, asesinatos, sangre y mutilaciones con lo que ningún menor de edad o persona sensible debe verla salvo bajo su propia responsabilidad.

Argumento

Sword of the Stranger (ストレンヂア 無皇刃譚) es una película de animación producida por el estudio BONES, estrenada el 29 de septiembre de 2007 en Japón y el 18 de julio de 2008 en Estados Unidos y basada en un guión original de la propia productora. Kotaruo, un niño de ascendencia china ve truncada su vida el día en el que su templo es asaltado y saqueado por fuerzas del imperio Ming. Un hecho por el que se ve obligado a huir a la lejana provincia de Akaike (Japón) para refugiarse en el monasterio Mangaku en el que podrá estar a salvo de sus captores. Sus únicas armas para alcanzar su meta son una joya que podrá vender para obtener dinero y su perro Tobimaru.

En pleno viaje se topará con un samurai sin nombre al que llamará “Nanashi” (Anónimo) que establecerá desde un inicio una particular amistad con el chico que se consumará cuando en pleno ataque de unos soldados, el guerrero le salve la vida a la pareja y acepte llevar a Tobimaru a una aldea próxima para que le curen del envenenamiento que padece después del combate.

Nanashi, Kotarou y Luo-Lang

Su carácter es misterioso, no habla jamás de sí mismo, no revela en ningún momento su nombre, se tiñe el pelo de negro y por una razón que no alcanza a entender se niega a desenvainar su katana. Sin embargo, es su única esperanza de acabar con los esbirros del emperador Ming desplegados en Japón y en particular de Luo-Lang, el mejor de ellos de cuya habilidad con la espada dará sobradas muestras a lo largo de la cinta. Lo que Kotarou no sabe es que el verdadero motivo que lo llevará a estar en medio de una lucha entre el emperador chino y los soldados feudales japoneses es que él es la clave para obtener un elixir que concede la vida eterna al que lo pruebe.

Análisis

La primera toma de contacto es engañosa. Apenas la de una de tantas películas ambientadas en el Japón feudal consistentes en dos talentos destinados inequívocamente a enfrentarse en una épica batalla final, en la que median multitud de peleas de mayor o menor cuantía o importancia que suceden hasta la finalización de su metraje. Sin embargo, lenta pero inexorablemente, Sword of the Stranger avanza poco después hacia unos extremos que van mucho más allá de la simple lid entre dos portentos de la esgrima.

La cinta es toda una reivindicación de la superioridad militar y combativa del Imperio del Sol Naciente en mitad del consabido y tradicional duelo mantenido entre China y Japón por la hegemonía de Asia, que mantenían dos planteamientos tan diferentes como contrapuestos en aquella era: la primera con numerosos avances científicos y una diplomacia de cuya importancia han quedado pocos lugares a la duda y la segunda anclada en un agobiante feudalismo y un férreo cerco a las influencias extranjeras que sólo se levantará en plena era Meiji, durante la segunda mitad del siglo XIX.

En relación a la época exacta en la que se desarrollan los hechos, estamos en plena era Sengoku (1467 hasta 1568), un periodo histórico caracterizado por las tensas relaciones entre ambas potencias merced a los estragos de los wako (piratas japoneses) en las costas dominadas por los Ming, que llevaron a éstos a prohibir hasta en dos ocasiones el comercio con sus tradicionales enemigos nipones.

Ante esta situación, no cabe sino decir que de la primera a la última muerte que podemos contemplar está claramente destinada a ilustrar la hegemonía de los guerreros nipones frente a sus adversarios Ming que inicialmente miran con desprecio el territorio que invaden, aunque finalmente no les queda sino reconocer el valor y el coraje de los samuráis y sus peculiares costumbres y formas de concebir el combate. Este enfrentamiento puede apreciarse incluso en las armas, entre las cuales cabe destacar la katana permanentemente enfundada de Nanashi que incluso así puede hacer frente sin problemas a la espada Jian de Luo-Lang, diferenciada de la primera en su hoja recta, su menor empuñadura y los ornamentos que suelen acompañar a esta última.

Todas esas pinceladas no sirven, sin embargo, para explicar ciertos detalles que, si bien podrían constituir ciertas licencias narrativas, no dejan de ser chocantes, como por ejemplo el torso ario de Luo-Lang o la enfermiza persecución de un elixir de la vida eterna (más propia de Gengis Kan que de sus rivales del sur), lo que constituyen los dos únicos errores históricos de relevancia achacables al film.

Reflexiones históricas al margen, nos encontramos sin duda ante toda una demostración de buen hacer por parte de BONES; diseños planos y sobrios pero contundentes y llamativos; fondos llenos de acetatos en sus colores; poco pero eficaz uso de Cgs; planos efectistas y luchas rápidas y emocionantes. El apartado técnico es sobresaliente y en todo momento consigue envolver al espectador en un ambiente bélico muy pocas veces visto en unos años en los que las curvas de Haruhi Suzumiya y las OST pegadizas han sido la nota dominante en el mundo del anime.

En cuanto a su desarrollo, el guión sigue un desarrollo perfecto y equilibrado. Los personajes están perfectamente presentados, su personalidad es desde un principio atractiva y evolucionan de forma creíble en cuanto a su relación, sin que en ningún momento se levante esa constante aura de misterio que envuelve por ejemplo a Nanashi o a origen incierto de Kotarou.

No puedo, sin embargo, obviar una evidencia como es la de la extrema crudeza de muchas de sus escenas. Ya hablaba en la review que le dediqué a Darker Than Black que BONES había recrudecido considerablemente las escenas de sus animes y la sangre y vísceras estaban mucho más presentes en la actualidad que en aquellos primeros tiempos en los que le dieron vida a guiones como los de FullMetal Alchemist o Wolf’s Rain.

En este último caso, las mutilaciones y la generosidad a la hora de mostrar sus estragos en las carnes serán constantes. En cierto modo confieso que alguna de sus escenas se vuelve particularmente desagradable debido a la constante presencia de sangre y miembros amputados que inundan el paisaje. A ello hay que añadirle las escenas de torturas que, si bien no son demasiadas, no hacen sino agravar esta circunstancia de cara a las mentes más sensibles. En otras palabras, estamos ante una película destinada exclusivamente a un público adulto.

Peso a esto último, conviene recordar que vivimos en una época en la que todo se resuelve con una protagonista sensual, unos temas pegadizos para los openings y los endings y una avalancha de merchandising en forma de posters, videojuegos, figuritas y chorradas varias. En medio de tanta mediocridad, siempre es bueno que de vez en cuando salga un producto que mantiene una cierta dignidad argumentativa… algo que todavía permita afirmar que en Japón se hace anime y no meras extensiones animadas de campañas publicitarias. Una película entretenida, emocionante y cautivadora que, pese a ciertos detalles de dudoso gusto, no cabe sino aplaudir como una de las mejores películas de los últimos años, aunque esto último no sea precisamente difícil de lograr.

NOTA: 8

Brave Story

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Gin-iro no Kami no Agito

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