Brave Story

Tras esa horrible y tortuosa labor, a un tiempo, de sufrir aquella lamentable ocurrencia que se dio en llamar Gin-iro no Kami no Agito, pocas esperanzas tenía depositadas en el otro gran proyecto cinematográfico producido por GONZO DIGIMATION en 2006 y con el que definitivamente el estudio confirmó su decadencia dentro del primer plano del mundo del anime. Veamos si realmente, la calidad del producto mereció o no su fracaso comercial pese al peso del nombre asociado al mismo y su más que acertada campaña de marketing.

Brave Story (ブレイブ・ストーリー ) es la adaptación animada de una saga compuesta por una novela de dos volúmenes escrita por Miyuki Miyabe y publicada por Kadokawa Shoten, un manga de 20 tomos a cargo de Yoichiro Ono y tres videojuegos entre los que se encuentra uno basado en la película que nos ocupa, que fue estrenada en Japón el 8 de julio de 2006 y gozó de distribución en el mercado americano de la mano de la Warner Bros.

Argumento

Wataru Mitsuya es un niño de 10 años obsesionado con la visión de fantasmas y su posterior captura. Un día, tras adentrarse en un lugar en el que cree que podrá comprobar la existencia de estos seres de ultratumba será testigo de un hecho insólito: la apertura de un portal interdimensional a través de el cual entrará un chico de su edad vestido de mago.

Inicialmente pensará que son imaginaciones suyas y no le dará mayor importancia al suceso. Pero la repentina aparición en su colegio de Mitsuru Ashikawa, un chico atractivo y callado que se convierte en el centro de atención del alumnado, cambiará radicalmente su visión de aquellos hechos, especialmente cuando en mitad de un altercado con sus compañeros, éste invocará un monstruo que barrerá del mapa a sus acosadores ante su atónita mirada.

Ashikawa, en una charla posterior a los hechos le revelará la existencia de la puerta y del mundo oculto tras ella en el que habita la diosa del destino; un ente que concederá cualquier deseo a aquel que sea capaz de reunir sus cinco gemas.

Al principio Wataru se mostrará incrédulo, pero el repentino divorcio de sus padres sumirá al niño en una profunda depresión que le llevará a arrojarse al universo paralelo del que le habló Mitsuru y allí disputarle al joven el derecho a solicitar la gracia del ente divino para así reconstruir su recientemente destrozada familia. El duelo entre el maestro hechicero y el joven aprendiz de guerrero está a punto de comenzar.

Análisis

En la segunda parte de la década de los 80, resultaba un ejercicio francamente fácil el encontrar RPGs para consola que siguiesen fielmente el esquema narrativo de Brave Story: un protagonista que sin saber muy bien por qué es un héroe en un mundo paralelo; en torno a él se constituye un equipo con el que viaja sin ton ni son por diferentes ciudades y localizaciones; reúne una serie de objetos sagrados y, tras una serie de enfrentamientos aleatorios con monstruos para subir de nivel, finalmente se encuentra con un enemigo final casi imposible de batir cuya derrota ponía fin sin más pretensiones a la aventura.

Con semejantes guiones, no resulta nada extraño que algunas de las entregas que acogió la NES de sagas como Final Fantasy o Dragon Quest causen verdadero rechazo en la actualidad debido a su concepción simplista y su poca profundidad. Algo que se mostró particularmente evidente en el reciente remake para NDS del casi desconocido FFIII.

De cualquier manera, dicho modo de contar historias era comprensible en aquellos años. Los videojuegos no contaban con ordenadores o consolas demasiado potentes a nivel técnico para su ejecución ni habían pegado el salto cuantitativo y cualitativo que realizaron en 1995 con la consolidación de plataformas como la PSX y los por entonces revolucionarios Cds. Sin embargo, dichos defectos a día de hoy son sencillamente inexcusables por ser, simplemente, involucionistas.

Brave Story se muestra desde un principio como una versión animada de un RPG de aquella época. Con un guión poco elaborado, aleatorio en sus saltos, mal medido en sus tiempos y extraordinariamente brusco en su planteamiento, nudo o desenlace.

Wataru es un personaje mal presentado, del que apenas se puede hacer un retrato psicológico exacto y que parece moverse por instinto en vez de por un comportamiento medianamente racional. Por su parte Mitsuru Ashikawa, antagonista y auténtico motor de la historia en sus primeros compases, desaparece durante más de la mitad de la película sin causa justificada alguna y su presencia sólo se hace verdaderamente comprensible hacia el final de la misma, en donde se pretende justificar torpemente su comportamiento y conducta errática que en ocasiones harán pensar que se podría haber prescindido sin ningún escrúpulo de él incluso tras un segundo visionado de la cinta.

El resto de personajes son un puro relleno, a secas. Podrían estar o no y todo hubiese seguido siendo igual de estúpido y mal planteado. La única que tal vez se sale de esta tónica es Gutts, líder de los Highlander que admitirá a Wataru en su clan y desarrollará un papel fundamental en la insulsa y soporífera batalla final.

Wataru Mitsuya, Mitsuru Ashikawa y Gutts

No obstante, no hemos de caer en el error de pensar que por nombres como el mencionado “Highlander” la película es un plagio de la mítica saga “Los inmortales” ya que, de ser así, estaríamos omitiendo toda clase de “homenajes” más o menos encubiertos a otra clase de títulos que no hacen sino perjudicar todavía más la pobre y lamentable imagen global del producto.

De este modo, la recolección de gemas está claramente inspirada en Dragon Ball, el baile entre Ashikawa y la princesa Zofie es casi un calco del de Squall y Rinoa en FFVIII tanto en su localización como en las circunstancias de ambos (en este caso invertidas, dicho sea de paso), la batalla final toma muchos referentes de la de Slayers Try y el enfrentamiento entre Wataru y su Doppelgänger es el mismo que el de Link en el mítico The Legend of Zelda: Ocarina of Time.

Impersonalidad, arbitrariedad, simplicidad, carencia absoluta de originalidad… son tantas las malas sensaciones que transmite que aguantar hasta el final es una auténtica prueba de fe. Soy completamente incapaz de dilucidar el motivo por el cual esta película fue nominada al Japan Academy Prize for Animation of the Year 2007 que finalmente consiguió Toki wo Kakeru Shoujo.

Evidentemente GONZO DIGIMATION terminó definitivamente de perder el norte con este título a pesar de que contó con la dirección de Koichi Chigira, quien firmó esa obra maestra que se dio en llamar Last Exile. No obstante, sus archiconocidas Cgs marca de la casa cedieron todo el protagonismo en esta ocasión a las criaturas grotescas a la hora de disimular las miserias argumentales de la trama.

La cinta es tan impersonal que ni siquiera esto último es un defento exclusivo de Brave Story. Es más, es una táctica recurrentemente utilizada por los guionistas nipones que se ven obligados a rellenar las partes en blanco de un argumento como bien demuestran los últimos siete años de Final Fantasy atiborrados con una media de 20 horas con diferentes formas de encajar dientes y tentáculos en criaturas de todo tipo y condición cuyo úni fin es el de revolver gratuitamente el estómago a sus jugadores.

Una película mediocre, sin personalidad, confusa y sin propuestas. Dos horas de tortura psicológica y de tiempo perdido que no aportan nada aparte de la sensación de estar ante una tomadura de pelo y que sin ningún tipo de dudas mereció fracasar como efectivamente lo hizo.

NOTA: 3

Un comentario el “Brave Story

  1. No sorprende que Brave Story haya sido nominada al Japan Academy Prize for Animation of the Year 2007, digo, se trata de premiarse a sí mismos, como sucede con los premios Oscar para los Norteamericanos. Lo lamentable habría sido que, de acuerdo con tu análisis y comentario, le hubieran otorgado el primer sitio.

    Sucede que el concepto ‘adaptación’ debe manejarse con pinzas, en este caso que la fuente original se trate de un videojuego RPG complica más la situación. Los grandes aciertos suceden cuando la pre-producción es objeto de un trabajo impecable, de una fiebre creativa que se nota en el producto final. Cuando este proceso previo no goza de una fertilidad apasionada, el resultado es opaco como es el caso.

    También me parece que lo de Gonzo era cuestión de tiempo, hoy por hoy ahogado en tremendo abismo fiscal. Sin embargo, lo defiendo en el caso de NHK ni Youkoso, indiscutible que el manga es superior, pero la adaptación ‘gonziana’ me pareció muy acertada.

    Lo que nos queda ante producciones fallidas es refugiarnos en la paciencia, nunca tarda en sus bondades de brindar manjares que contienen el estallido de la burbuja especulativa de la industria de animación japonesa.

Adelante, siéntete libre para incordiar :3

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