Summer Wars

Pocas dudas quedan ya, al margen de gustos u opiniones, de que Toki wo Kakeru Shoujo se convirtió en uno de los mayores éxitos de crítica y público en la historia reciente del anime merced a su innovadora propuesta de mezclar la ciencia ficción con la rutina escolar japonesa, unida al más que llamativo diseño de sus personajes y al innegable carisma de Makoto Konno, que sedujo a millones de espectadores de todo el mundo que proclamaron al director de la cinta, Mamoru Hosoda, como uno de los nuevos reyes de la animación japonesa.

Ante semejantes antecedentes, era de esperar que su siguiente trabajo fuese uno de los más esperados de la primera década del siglo XXI, gracias no sólo a la avalancha de reconocimientos cosechada por su predecesora, sino por la más que deplorable calidad de la inmensa mayoría de los animes de importancia posteriores a 2005 y a la creación de ese engendro putrefacto mitad catalizador de procesos psicóticos, mitad diosa por excelencia del onanismo, a la que se le dio por nombre Haruhi Suzumiya.

La mecha se encendió en la Tokyo International Anime Fair de 2008, en la que se anunció que Hosoda trabajaba en un nuevo proyecto al que no se atrevió a dar nombre. La expectación creada fue máxima, aunque no sería hasta abril del año siguiente cuando se mostrase el primer trailer de la película y se revelase su título final: Summer Wars. Estrenada finalmente el 1 de agosto de 2009 en Japón y once días más tarde en Corea del Sur, la cinta sigue sin tener una fecha confirmada para Europa o Estados Unidos a pesar de que nombres como Sitges, o Locarno figuran en su historial de festivales de cine y de reconocimientos bien en clave de premio, bien en clave de nominación. Así pues, comencemos a desgranar los entresijos de esta nueva y fascinante propuesta que, como no podría ser de otra manera, no dejará indiferente a nadie.

Ficha Técnica

Summer Wars (サマーウォーズ ) es una película anime de 114 minutos producida en 2009 por el estudio MadHouse, dirigida por Mamoru Hosoda, basada en un guión original de Satoko Okudera y con unos diseños creados por Yoshiyuki Sadamoto.

Argumento

OZ es un mundo virtual que dota a sus usuarios de la posibilidad de comunicarse entre ellos al margen de su idioma o procedencia, así como de ejecutar toda clase de procedimientos tan dispares como contactar con políticos, comprar ropa, controlar el tráfico o incluso hablar por el móvil.

Dentro de este peculiar universo trabaja Kenji Koiso, un joven genio de las matemáticas que dedica su tiempo libre al servicio de mantenimiento del programa en compañía de un compañero. Un día, la chica más guapa de su instituto, Natsuki Shinohara, irrumpe en la habitación en la que ambos se encuentran y les propone un nuevo empleo para el que sólo necesita a uno de ellos y que se desarrollará durante cuatro días en una reunión familiar en la localidad de Ueda, a escasos kilómetros de Nagano . Kenji acepta y ambos ponen rumbo al lugar señalado, aunque para su sorpresa su tarea será la de hacerse pasar por su prometido ante la abuela moribunda de Natsuki, Sakae, a la que prometió enseñarle a su futuro marido antes de morir.

Natsuki Shinohara y Kenji Koiso

Las dificultades que sufre Kenji a la hora de adaptarse son constantes, pero logra sobreponerse hasta que recibe un misterioso mensaje en el móvil que le propone resolver un enigma matemático. Pero tras enviar la solución, se encuentra al día siguiente con que su cuenta de OZ ha sido hackeada y que un personaje llamado “Love Machine”, perpetra toda clase de maldades en su nombre y colapsa los sistemas informáticos de Japón.

Wabisuke Jinnouchi y Kazuma Ikezawa

Tras ser detenido finalmente descubre la verdad. Uno de los miembros de la familia de Natsuki y que llegó a ser su primer amor, Wabisuke, está detrás de la creación de Love Machine y sólo los conocimientos de matemáticas de Kenji y las habilidades de lucha virtual de otro de los familiares de Shinohara, Kazuma, serán capaces de hacerle frente.

Tema central de la OST

  • Bokura no Natsu no Yume“, compuesta e interpretada por Tatsuro Yamashita (Warner Japón)

Análisis

Confieso que pese a su innegable calidad y popularidad alcanza, Toki wo Kakeru Shoujo terminó defraudándome por los motivos que ya expresé en su momento. Por ello mis expectativas en torno a Summer Wars no invitaban precisamente al optimismo y máxime cuando el tema del retiro campestre por motivos familiares, recordaba sospechosamente a un título de no muy grato recuerdo para mi persona como era Omoide Poro Poro (O cómo Takahata no supo retirarse a tiempo después de la horrenda “La Tumba de las luciérnagas”).

La cinta comienza describiéndonos un mundo virtual como es el de OZ que vendría a mezclar las características de Second Life con las de un MMORPG que tanto gustan en el Imperio del Sol naciente, lo que, en principio, incita al espectador a pensar que estamos ante el enésimo .Hack en el que sus papeles en el mundo real carecen de importancia en beneficio de un yo virtual, que por un motivo u otro se ve envuelto en un acontecimiento de extraordinaria importancia que afecta a la seguridad de todos los usuarios.

Sin embargo, Summer Wars nos muestra pronto su intención de forzar al máximo el límite que separa la tecnología de Internet existente en Japón de la ciencia ficción, sin entrar en ningún momento en ella; su determinación a la hora de retratar el dramático conflicto entre la sociedad de la información y la tradicional que tanto ha atormentado a los nipones desde el comienzo de la Era Meiji.

El Imperio del Sol naciente es, a día de hoy, una gigantesca red Wi-Fi cuyas posibilidades han convertido a máquinas tan convencionales como un móvil en todo un DNI capaz no sólo de interactuar con otros terminales o conectarse a la red, sino incluso de hacer compras o pagar un billete de metro mediante un scaner adaptado como si de una tarjeta de crédito se tratase. Un mundo futurista que sigue obsesionado con su occidentalización, pero que intenta conservar a ultranza sus cultos sintoístas, sus costumbres más arraigadas y su modelo sumamente patriarcal y jerárquico de familia.

La gran paradoja que entraña esta dualidad es el leit motiv de la narración de Summer Wars. En todo momento se muestran instantáneas en las que los niños perpetran sus trastadas entre platos de calamares y partidas con la Nintendo Dsi, o familiares que alternan relatos épicos de sus antepasados mientras acceden a Internet con su móvil.

Summer Wars nos propone por lo tanto dos planos de acción a seguir. Por un lado nos encontramos con un guión en el que un convidado de piedra acaba por enamorarse de una hermosa muchacha procedente de una familia numerosa y cohesionada que termina por aceptarlo como un nuevo miembro de la misma, después de haberse visto las caras con el primer amor de su amada o de enfrentarse a la muerte de la matriarca que ejercía de nexo de unión entre todos. Por otro, Okudera nos propone una historia digna de una serie de .Hack. Un mundo virtual en el que una alteración genera un desorden de proporciones bíblicas a nivel mundial y que sólo un grupo de internautas elegidos consiguen salvar, incluso a costa de innumerables sacrificios.

En todo momento, el equilibrio entre ambas líneas argumentales es constante y su desarrollo paralelo, lo que hará que se entrelacen manteniendo toda su coherencia e interés para el espectador. No obstante, la trama familiar permanece sobre la de intriga.

Centrándonos ya en aspectos más técnicos, no cabe la menor duda de que estamos ante uno de los mejores trabajos de MadHouse, especialmente en lo que se refiere a CGs en 3D que animan luchas tan espectaculares como la de Kazuma contra Love Machine, o la batalla final entre éste y Natsuki, que tendrá como protagonista al juego tradicional de cartas Koi Koi y un desenlace digno de los momentos más épicos de Dragon Ball.

Los planos en esta ocasión son mucho más meticulosos y orquestados. La manera coreográfica de desintegrarse OZ al son de las maldades de Love Machine, el desarrollo de las luchas en perfecta sintonía con su entorno, el gusto por los primeros planos llenos de expresividad o incluso la escena final con el retrato de la abuela claramente inspirada en el mítico cambio de expresión del billete en Tokyo Godfathers… Todo da una impresión de gozar de una mayor elaboración y profesionalidad por parte del equipo que la que mostraron en su anterior trabajo.

Mención especial merecen sus diseños, que siguen la misma línea de Toki wo Kakeru Shoujo. Es decir, retratar a los personajes sin hacer énfasis en su sexualidad y centrándose en su expresividad. No obstante, el parecido entre Kenji y Makoto es tal que a veces es difícil saber si estamos ante una escena de Summer Wars o de su predecesora. Cierto es que algunos mangakas, como Adachi, han utilizado con un descaro más que exagerado este tipo de argucias en sus diferentes obras, aunque extraña en alguien con la versatilidad de Sadamoto, más que patente en el alarde de imaginación a la hora de crear a la numerosísima familia de Shinohara, puesto que las similitudes físicas y expresivas de los protagonistas de los diferentes films son demasiado exageradas y pueden resultar incluso chocantes, especialmente si tenemos en cuenta que no son del mismo sexo.

Estudio del diseño de los personajes

La banda sonora es buena, aunque en esta ocasión sólo podremos disfrutar de un tema interpretado, en lugar de dos, que se nos mostrará una vez terminado el metraje. En ese sentido, se echa en falta una mayor sintonía entre OST y escenas similar la mostrada en aquel mítico momento en el que Makoto utilizaba su último salto para recuperar a Chiaki al son de “Kawaranai Mono”, que conseguía que la simbiosis del espectador con la protagonista fuese tal que hasta pareciese que pudiésemos escuchar los latidos de un corazón que al fin se atreve a reconocer que está enamorado.

Pero no debemos engañarnos. El problema de este Summer Wars es exactamente el mismo que el de la ínclita película de la viajera del tiempo y es… la sensación de intrascendencia. Pese a que en esta cinta la temática se centra ya en salvar al mundo y el elenco de personajes es mucho más numeroso, variado y atractivo, no deja de ser una historia de tantas, una película de sobremesa de las que son capaces de generar una sonrisa y que al acabar te olvidas de ella y no la vuelves a recordar más.

Ello no ha impedido sin embargo que se haya llevado premios como el de “Mejor película de animación” en Sitges, el Gran Premio de la 13ª Edición Japan Media Arts Festival y una condecoración del Ministerio de Economía japonés, así como numerosas nominaciones como las obtenidas en festivales de cine como el de Locarno o el de Asia Pacífico. De hecho, la cinta competirá en marzo por hacerse con el premio a la mejor animación de 2009 en Japón.

Sin embargo, antes de exponer el párrafo con mi conclusión final, me vais a permitir que opine que, al margen de la calidad de esta película, si hay algo que queda presente con ella es que al menos en el Imperio del Sol Naciente tienen bastante claro el sentido de la familia, el papel igualitario de ambos sexos y su ineludible responsabilidad social. Es más, no he podido evitar pensar en lo divertido que sería poner a analizar este anime a personajes que tanto padecemos en mi país como la “miembra” (en su idioma) del Gobierno español Bibiana Aído (y similares), para que descubriesen las diferencias entre una sociedad en la que todavía existe eso que antaño se dio en llamar “sentido común”, y una sociedad como la que ellas proponen y que por desgracia sufrimos personas como yo.

Ciertamente Natsuki es una mujer audaz, bella, inteligente y sensible. Unas cualidades que en ningún momento interpreta como una patente de corso para humillar gratuitamente a Kenji y que sabe cuándo debe actuar su futuro cónyuge y cuándo debe ser ella quién maneje la situación. ¿Será que en Japón el tener hijos, trabajar, tratar con igualdad a tu pareja y la fidelidad no lo interpretan como una violación a los derechos de la mujer como se hace en España? Y es aquí donde (en pareado) voy a parar, puesto que siento que mi boca se va a calentar.

Simplemente, me conformo con decir que me encanta la imagen tan positiva que el film proyecta de la mujer: un ser con un escrupuloso sentido de la moral y del deber, capaz de unir, sensibilizar, trabajar duramente, asumir y ceder el mando y darle al hombre esa parte de su ser que sólo el lado femenino es capaz de llenar. Vamos, casi igual que la ofrecida por ciertas españolas que se pasan día y noche con su “bla, bla, bla, aborto, bla, bla, bla, maltratador, bla, bla, bla, discriminación positiva” y todo eso…

En resumen, estamos ante uno de los mejores y más audaces retratos de la cultura familiar y social japonesa en la que incluso la muerte cobra un aire realmente inusual de vida y a la sólo la alargada sombra de su predecesora, y una historia algo insustancial, la separan de la nota máxima.

NOTA: 8

9 comentarios el “Summer Wars

  1. Hace bastante que no he visto nada de anime y estoy totalmente desconectado de la actualidad del mismo, aunque eso no quiere decir que haya dejado de gustarme.
    Al nombrar “Toki wo Kakeru Shoujo” me has devuelto al pensamiento la razón por la que dejé de ver anime, en favor de series y películas de acción real. Y esta razón no es otra que los condenados finales.
    “Toki wo Kakeru Shoujo” me gustó. Me gustó bastante… hasta que llegó esa mierda de final. Y esto mismo pasa con la inmensa mayoría del manga y anime, lo que hace que muchas veces me pregunte: ¿para esto he estado perdiendo X horas de mi vida?

    En fin, después de esta justificación a mi actual abandono del género, me centro en tu última argumentación sobre las sociedades japonesa y española. Y es que tienes toda la razón. Al menos, en la parte que conozco. Allí las palabras respeto, tradición y familia todavía significan algo. Algo por lo que enorgullecerse. Aquí sentimos (sienten) vergüenza de lo que somos y de dónde venimos. Somos una sociedad acomplejada que pasamos de la represión al libertinaje, para volver de nuevo a la represión. Siempre sin pasar por la casilla de salida del sentido común.

    Volviendo al anime que comentas hoy, a lo mejor le doy una oportunidad un día de éstos, puesto que siempre me ha gustado esa combinación de tradición y tecnología que sólo se da en el país del sol naciente. Eso sí, cuando esté preparado emocionalmente para enfrentarme a esos finales. xD

  2. Por algo Elder tú mismo comprobarás que voy a empezar a retomar clásicos del anime en vez de analizar novedades. Porque rara es la serie que se saca en la actualidad capaz de hacer algo diferente a provocar bostezos.

    Nunca he sido muy de ver series americanas, aunque reconozco que últimamente superan bastante a todo lo oriental. Creo recordar que, al margen de mi indiscutible ración semanal de House, en los últimos diez años he visto la primera temporada de Prison Break, las dos primeras de Heroes y esa incitación al intento autolítico que se hace llamar “Perdidos” y ninguna de ellas me terminó de convencer (Dios santo, me tragué las cinco temporadas de LOST de golpe por consejo de un amigo y casi me explota el cerebro con todas las chorradas que llegan a decir y pasar). No obstante, la calidad de los guiones narrativos americanos excede con creces a la que ofrece la actual industria nipona sin lugar a dudas.

    En cuanto a TWKS, coincido plenamente contigo en lo de su final. Sencillamente no tiene el menor sentido en relación a la trama desarrollada. Y sobre la actual sociedad española… ya me explayé largo y tendido sobre lo que pienso de la misma en tu blog ^^U.

    Ah, y respecto al final de esta película. Tranquilo, ésta tiene uno relativamente “normal” :P.

    Un saludo.

  3. Aunque sea simplemente por su tema central, la OST merece ser escuchada ^_^ (aunque la verdad sea dicha, es un poco triste que suene una vez acabada la película)

    Ahora bien, un punto de discordancia con tu review es que personalmente me pareció sumamente patética la forma que tienen de cargarse a la A.I., al final aquello parecía más una peli de Digimon jugando a Yu-gi-oh! que otra cosa.

    Y sí, cierto es que Natsuki es un personaje con mucha fuerza, ¿pero era necesario hacer a Kenji tan sumamente lamentable? Porque vamos, se puede hacer algo equilibrado o al menos no crear un protagonista que parece que tenga miedo cada minuto por si alguien aparece a su espalda con un hacha y una gran voluntad homicida… De todos modos me alegra ver que a grandes rasgos estamos bastante de acuerdo.

  4. Es que recuerda que el amigo Hosoda saltó a la fama a raíz, precisamente, de sus películas de Di-Gi-Mon y de ahí ese aspecto que, por cierto muy agudamente, has señalado.

    Y sí, la verdad es que Kenji es un poco… “matao” pero… bueno, ya sabes que ahora son ellas el sexo fuerte, así que qué le vamos a hacer.

    Un saludo.

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Adelante, siéntete libre para incordiar :3

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