Kseniya Simonova: la historia de una herida abierta con forma de arena

NOTA: El presente vídeo ha sido subido por la propia Kseniya Simonova para su difusión a través de su canal oficial de Youtube y ha autorizado mediante las opciones de su cuenta la inserción del mismo en otros sites.

Sí, es verdad, casi todos habréis visto este vídeo. Kseniya Simonova era una artista de dibujos con arena de 24 que alcanzó la fama con un trabajo que incluso a día de hoy sigue despertando admiración en mí, tal y como lo hizo cuando Internet convirtió a esta muchacha en una estrella internacional con este trabajo que le hizo ganar la versión ucraniana del “Tienes Talento” y que recreaba una historia de amor truncada por la ocupación NAZI de Ucrania que fue incluso capaz de hacer que el jurado llegase incluso a derramar lágrimas al comprobar la fuerza y emotividad del relato del que eran testigos.

Por ello, y a sabiendas de que se sale completamente de la temática de este blog, me gustaría compartir con vosotros no sólo esta obra de arte en forma de narración audiovisual, sino también una explicación a lo que veis. En otras palabras, el porqué de la vela encendida, de los aplausos y de la emoción. Ésta es pues, mis queridos amigos, una breve pero intensa narración de una guerra.

La mentira del Frente Occidental

Decía un libro cuyo nombre no recuerdo que muchas veces la realidad histórica era confundida con la propaganda y tal es así que Eisenstein llegó a hacer que pasase a la posteridad una toma del Palacio de Invierno del Zar en plena Revolución Rusa que nunca tuvo lugar. Y así es. Aunque de lo que muchas veces no somos conscientes es de la extrema habilidad propagandística de Estados Unidos, heredada de sus padres los ingleses, que como buenos hijos de la Gran Bretaña han impuesto al mundo su visión de la historia y su manera de juzgar tanto a hombres, como a políticas, países o guerras que cambiaron el rumbo de la humanidad, al margen de la veracidad de sus asertos.

Como bien sabéis el actual orden mundial procede inequívocamente del final de la Segunda Guerra Mundial y del reparto que EE.UU, el Reino Unido y la URSS se hicieron del mundo en la Conferencia de Potsdam, aunque como bien podréis suponer, la propaganda norteamericana se encargó de hablar de este hecho del modo que a ellos les convino y siempre desde un punto de vista un tanto tergiversado y demasiado exultante en cuanto a sus méritos reales.

Sería arduo y farragoso perdernos en los detalles que llevaron a “América”, como les gusta autodenominarse, a entrar en el conflicto, aunque todos ellos se podrían resumir en el mismo: Japón era un más que peligroso adversario político y comercial que amenazaba su supremacía militar y económica sobre las zonas de lo que posteriormente se denominaría como ANZUS (Alianza entre Australia, Nueva Zelanda y EE.UU).

De hecho Estados Unidos jamás disimuló sus intenciones de entrar en guerra con el nuevo gigante asiático y así lo hizo patente cuando su presidente Franklin D. Roosevelt ordenó el embargo de petroleo al Imperio del Sol Naciente al poco de comenzar la Segunda Guerra Sino-Japonesa con sus aliados chinos haciendo que la facción perdiese en torno al 90% de sus suministros de carburantes, lo que los forzó inevitablemente a declararle la guerra a su enemigo occidental. El resto, desde Pearl Harbor hasta el lanzamiento de las bombas atómicas ya lo conocéis, aunque muy dudosamente en los términos que realmente ocurrieron.

Cartel original de la película Patton de 1970

Lo cierto es que el hecho de declararle la guerra a Japón suponía hacer lo propio con las potencias beligerantes del Pacto Antikomintern que en aquel momento eran Italia y el Tercer Reich, lo cuál hizo que los norteamericanos enviasen tropas al norte de África, posteriormente a Sicilia y el sur de la península itálica y más tarde planease en el tan aclamado desembarco de Normandía del que tantas películas se han hecho eco.

Éste es el lugar en el que la memoria colectiva suele hacer referencia a los famosos cinco “Generals of the Army” para los cuáles se crearon unos galones especiales de cinco estrellas con forma pentagonal que nunca nadie después de ellos volvió a lucir jamás en ese ejército. Sus nombres eran los de George Marshall, Henry H. Arnold, Dwight D. Eisenhower, Douglas MacArthur y cinco años más tarde del final de la contienda se unió a ellos Omar Bradley.

Todos ellos unidos a George S. Patton forman parte de la leyenda con la que Estados Unidos vendió al mundo como “decisivo” su papel en la Segunda Guerra Mundial y es más que probable que todos vosotros hayáis oído hablar de la famosa “meada” de este general al cruzar el Rin, y no de las vueltas que dio a lo imbécil creyéndose la leyenda de la guarida impenetrable del lobo y que provocó que los rusos entrasen en Berlín antes que los aliados.

Galones de los generales del ejército con las cinco estrellas pentagonales

Porque así es. Hitler tenía dos obsesiones en la cabeza en forma de nombres que eran Churchill (y más porque no se rendía que por otra cosa) y su némesis por excelencia Stalin. Estados Unidos apenas suponía una preocupación para el líder NAZI y de hecho la presencia de tropas alemanas en las zonas ocupadas de la Europa Occidental era testimonial.

La antaño orgullosa Francia que con tanto valor les plantó cara en Verdún durante la Gran Guerra Europea, había caído en sólo seis semanas. La ocupación de Hitler en este país fue relativamente benévola y les había dejado a sus aliados de la Francia Libre prácticamente todas las colonias de su imperio. Es más, no es difícil encontrar testimonios que hablan de que para los alemanes eran mucho más peligrosas la artes amatorias francesas a la hora de destruir familias que las bombas de su resistencia, mientras Inglaterra, diga lo que diga la BBC, había protagonizado toda clase de ridículos cada vez que habían intentado salir de su isla, que habían convertido en una fortaleza inexpugnable.

Si a ello le unimos que Eisenhower casi pierde la única batalla real que tuvo que afrontar en el continente (las Ardenas), y que Marshall y Bradley demostraron ser más cuelgamedallas que militares, descubrimos forzosamente que algo falla en todo el argot propagandístico que se nos ha llegado a vender, y no es otra cosa que la verdad. El desembarco de Normandía se produce el 6 de junio de 1944; lo que pocas veces se recuerda es que el 22 de marzo de ese mismo año, la Wehrmacht alemana abría de par en par las puertas del ejército rojo para la ocupación de Ucrania en el Frente Oriental en la Batalla de Kamenets-Podolsky que hacía suponer la derrota definitiva de un Reich maltrecho cuyas fuerzas estaban agotadas y cuya única esperanza ante los soviéticos era la de huir. Un hecho que se tradujo en la llamada Operación Bagratión.

MacArthur acude en mangas de camisa a la rendición de Japón

Así es. El verdadero frente de la Alemania NAZI no estaba en las playas francesas, sino en las estepas rusas. Muchos de los generales mitificados por el cine pertenecientes al ejército norteamericano e inglés fueron verdaderas nulidades. El frente real para Estados Unidos se encontraba en Japón y pese a que la estrategia de MacArthur, único general estadounidense verdaderamente digno de llamarse así, de saltar isla a isla hasta llegar a Tokio parecía acertada, la feroz resistencia japonesa que se iba incrementando conforme se iban acercando a su suelo primigenio cobró tal intensidad que hizo necesario el uso de la bomba atómica para impedir por un lado la intervención de la URSS y por otro para ahorrarse el aproximadamente millón de hombres que se calculaba que costaría ocupar el país, al margen de la resistencia interna. Si se prefiere, de hecho algunos opinan que los alemanes en la Europa Occidental “se dejaron ganar” para rendirse a los aliados y no a los soviéticos.

El Frente Oriental decide la contienda

Bien sabido es por todos la obsesión mutua que durante muchos años se profesaron Hitler y Stalin. Zotes, genocidas, traicioneros y dictadores natos, ambos personajes gobernaron con mano de hierro sus respectivos territorios con la conciencia más o menos clara de que más tarde o más temprano estarían condenados a enfrentarse.

El líder comunista tenía claro que tanto el imperio NAZI como el mundo capitalista estarían condenados a aniquilarse los unos a los otros. Su ascenso al poder en 1922 había estado marcado por la sangre y tras aniquilar a su gran adversario Trotsky al haberse hecho con el favor de los matones del país, Stalin mostró una clara tendencia paranoide que le condujo a asesinar a toda persona de la que “sospechase” como ocurrió con el político Sergéi Kírov que daría pie a la llamada “Gran Purga” con la que este lunático llegó incluso a deshacerse de generales como Mijaíl Tujachevski, lo que hizo que no quedase prácticamente nadie en el ejército rojo que supiese siquiera dirigir un grupo de tanques.

Tal hecho no le había pasado desapercibido a Hitler. Sí, ciertamente había pactado con los rusos la invasión de Polonia y de un modo y otro muchos sabían que este acuerdo era únicamente temporal. Aunque pocas dudas le quedaron al Führer de la debilidad rusa, cuando su “aliado” perdió casi 300.000 hombres en la Guerra de Invierno para no conseguir apenas ninguna de sus pretensiones reales contra un país tan poco poblado como lo era Finlandia. La poca eficacia del ejército rojo estaba demostrada y poco tardó el líder alemán en tomar buena cuenta de ello.

Cartel de la película Katyn de 2007 sobre el genocidio stalinista en este bosque polaco

La situación de Alemania en cuanto a la guerra era clara. Poseían una aviación y una caballería admirables en cuanto a rendimiento, pero adolecían de una falta de una fuente natural de carburantes que sirvieran para abastecerlos. En ese aspecto el mariscal Rommel le había pedido en numerosas ocasiones ayuda en forma de más hombres, más provisiones y, sobre todo, más gasolina, para hacerse con los pozos de petróleo de El Cario que se encontraban al alcance de sus tanques y que con más ayuda del Reich hubiese podido conquistar sin dificultad. Pero para el Führer los pozos y los yacimientos de gas verdaderamente importantes no eran los egipcios, sino los caucásicos…

Tras año y medio de preparativos, el 22 de junio de 1941 las tropas alemanas penetran sin declaración de guerra previa en suelo soviético en la que pasó a la posteridad con el nombre de “Operación Barbarroja” y que tenía como objetivo tomar Moscú y hacerse con los valiosos recursos petrolíferos y gasíferos que tanto necesitaba. No obstante este movimiento resucitó las viejas críticas que los militares prusianos habían proferido siempre contra el dictador, al que se referían despectivamente como “El Cabo” al igual que lo hacía con anterioridad el mariscal von Hindenburg.

Para Hitler los rusos eran incluso peor que judíos, aunque él y sus hombres de confianza cercanos preferían aglomerarlos a todos en “eslavos” independientemente de sus posiciones o aspiraciones. Por ello la estrategia seguida por sus hombres fue también la de una Guerra Relámpago, aunque en estos casos su saña sería verdaderamente sanguinaria y muy torpemente torpemente repartida.

Al considerarlos a todos iguales, el líder NAZI ignoró dos circunstancias clave que hubiesen decantando necesariamente la guerra a su favor. Por un lado el pueblo Cosaco ansiaba su libertad. Los bolcheviques no los consideraban siquiera ciudadanos rusos y fueron objeto de las persecuciones genocidas de Stalin, lo que despertó en ellos una simpatía hacia la ocupación que no se molestaron en ocultar. De haber contado con ellos, el conocimiento de los comandantes alemanes del terreno sobre el que combatían hubiese sido muy superior con lo que su derrota posiblemente nunca se hubiese producido.

Caballería cosaca enarbolando una bandera del Tercer Reich

Los ucranianos por otro lado también ansiaban una libertad que no llegaba. La revolución soviética en la zona había costado más de un millón y medio de muertos y la hambruna hacía mella en una población que se sentía mero objeto de Moscú y de sus caprichos. Sin embargo, todo ello cambió con la llegada de los NAZIS. Su táctica consistió en arrasarlo todo y la toma de Kiev acabó con la vida de cerca de medio millón de ucranianos, tras lo cuál la mayor parte de éstos decidieron apoyar a los rusos, mientras un sector minoritario como el Ejército Insurgente Ucraniano decidió participar de un modo activo con los alemanes.

Si se prefiere Hitler adoptó una política de ocupación muy diferente a la de sus aliados los japoneses, y ni siquiera en forma de “Estados Títere” consiguió hacerse con una alianza verdaderamente digna de ser calificada como tal de los nativos a los que intentaba someter, lo que no impidió que algunos pueblos caucásicos como el Checheno ayudasen casi a fondo perdido a los alemanes con tal de deshacerse del yugo soviético. Algo que los condenó a sufrir uno de los muchos genocidios stalinistas posteriores a la Segunda Guerra Mundial y de los que ningún productor hollywoodiense quiso nunca hablar.

De todos es sabido que la derrota del Sexto Ejército en Stalingrado a manos de Zhúkov dio un giro de 180º a la contienda y que poco a poco los alemanes sufrirían reveses cada vez mayores de los que no podrían reponerse. Lo que raras veces se cuenta es que esa victoria rusa fue producto de una auténtica guerra total. Stalin llegó incluso a aliarse con la Iglesia Ortodoxa rusa para generar en sus soldados un sentimiento de unión patriótica que hiciese ver a su labor no como una guerra política, sino incluso Santa. Ya que antaño los rusos consideraban que el suelo de Moscú, a la que habían catalogado como sucesora espiritual de Roma, tan sagrado como el de la ciudad en tiempos de la República y el Imperio.

Estatua ecuestre de Zhúkov pisando al águila prusiana

Se calcula que en torno a la zona francesa ocupada existían unos 400.000 alemanes entre soldados, funcionarios y trabajadores. En el frente oriental Hitler tenía desplegados nada menos que seis millones de hombres que incluso en sus peores momentos eran capaces de matar a una media de cinco soldados rusos antes de morir, al margen de civiles. Un dato que evidencia la crueldad de esta guerra y hasta qué punto los soviéticos llegaron a gozar de un papel preponderante en la victoria contra Alemania, a la que fueron capaces de vencer en una empresa prácticamente suicida y que sirvió para ocultar hasta la llegada de Nikita Kruschev los crímenes contra la humanidad cometidos por Stalin, que se adjudicó el papel de salvador de Rusia y que como tal culminó con las aspiraciones de este imperio de hacerse con Europa del Este con los germanos como principales rivales y testigos silenciosos de su éxito.

Zhúkov tomaba Berlín el 2 de mayo de 1945 y siete días más tarde Alemania se rendía de forma incondicional. No obstante el joven mariscal había servido en otras batallas como la de Moscú, la de Stalingrado, la del Kursk o dirigió la ya mencionada Operación Bagratión. Un hecho que lo convertía en el auténtico salvador de la URSS y en una víctima más de Stalin, que no se atrevió a acabar con su vida, pero sí con su carrera militar y política librándose de este modo de un poderoso y más que incómodo rival. No obstante la historia le concedió más tarde dicho mérito y su estatua en Moscú lo representa a lomos de un caballo que aplasta el Águila Prusiana.

Una herida abierta

Incluso a día de hoy los rusos pueden mostrar divisiones en cuanto a sus preferencias políticas y su visión histórica, aunque lo que realmente los une es el común odio que le guardan todavía a Alemania por la cruenta invasión de su suelo, de la que se vengaron en 1945 arrasando buena parte de la zona que más tarde fue conocida como la RDA y violando indiscriminadamente a las mujeres que tenían la desgracia de caer en sus manos, puesto que desgraciadamente los genocidios suelen engendrar más genocidios y crímenes contra la humanidad.

Así pues ésos son a grandes rasgos los factores políticos y sociales que explican este vídeo y que justifican el terror de la invasión NAZI, el sentimiento de generación perdida que produjo en países como Ucrania, de cómo era posible que incluso con un régimen ateo como el soviético se pudiesen encontrar a personas rezando en plena celebración de la Navidad Ortodoxa y los motivos por los que incluso casi setenta años después del final de la contienda, su recuerdo siga generando lágrimas entre los habitantes de dicho país.

2 comentarios el “Kseniya Simonova: la historia de una herida abierta con forma de arena

  1. No te preocupes. Entiendo a la perfección cómo te sientes.

    La verdad es que la historia de la humanidad es así de estúpida y por desgracia los cambios de regímenes políticos y de periodos históricos están teñidos de sangre y con ellos genocidios más o menos famosos. Ya ves, recientemente estaba leyendo un estudio sobre la llamada “Segunda Guerra del Congo” o “Gran Guerra Africana” en la que hasta 2003 murieron cerca de cuatro millones de personas sin que el conflicto fuese noticia y nadie moviese un dedo al no haber petróleo de por medio. Así son las cosas y tenemos suerte de haber nacido en un lugar y en un tiempo de paz.

    Un saludo :D.

  2. MUY BUENA HISTORIA Y LA CUAL APOYO PORQUE ES LA VERDAD,LOS SUCIOS GRINGOS SE HECHAN FLORES POR EL DIAD EL DIA QUE SEGUN ELLOS EMPEZO LA LIBERACION DE EUROPA CUANDO LOS ALEMANES TENIAN A MAS DEL 80% DE SUS FUERZAS TRATANDO DE DETENER A LOS RUSOS, ELLOS CON TODOS SUS ERRORES, SANGRE Y SUDOR FUERON LOS QUE EN VERDAD VENCIERON A LOS ALEMANES, PERO NO POR ESO COMO BIEN DICES HAY DE DESMERECER LA GRAN CAPACIDAD GUERRERA DELOS ALEMANES QUE SE ENFRENTARON A FUERZAS INMENSAMENTE SUPEROIORES.
    NUNCA LOS GRINGOS TUVIERON QUE ENFRENTAR A UN ENMIGO EN SU PROPIO TERRITORIA POR QUE PARA SUERTE DE ELLOS CANADA SIEMPRE FUESU ALIADO Y MEXICO NI HABLAR NUNCA FUERON BUENOS GUERREROS, SUERTE DE ELLOS, PERO MIS RESPETOS ALOS ALEMANES Y TAMBIEN ALOSRUSOS QUE FUERON LOS QUE LIBRARON LAS BATALLAS MAS GRANDES DE LA GUERRA AUNQUE PARA LA PROPAGANDA DE OCCIDENTE ESO LO OCULTARON, ME PARECEMUY BUENO TU ARTICULO Y MEENCARGARE DE DIFUNDIRLO
    SALUDOS DESDE PER

Adelante, siéntete libre para incordiar :3

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