Mushishi; el arrebato espiritual de ArtLand


.- Tus manos no tienen temperatura. Ni frío ni calor .- Tus manos siguen calientes. No sólo tus manos… Ya no tengo ojos, pero al sentir dónde te encuentras me parece ver el color del amanecer. No dejes que el miedo te controle. La nostalgia se apoderó de mí en el estanque… Yoki, a partir de ahora cierra uno de tus ojos. Dale uno al Ginko para poder pasar a través del Tokoyami, pero mantén al otro bien cerrado para poder volver a ver la luz del Sol… Y recuerda, no dejes que el miedo o la ira te controlen; sólo actúan tal y como les es necesario para sobrevivir.

Desde luego si hay algo que me gustaría hacer antes de presentar esta review es disculparme por la tardanza en la que he incurrido a la hora de actualizar el blog, aunque una serie de imprevistos me han impedido hasta prácticamente el día de hoy poderos mostrar este análisis. Aunque no os negaré que el principal de ellos es que cuatro novedades se han caído por el camino. Animes para comentar tengo de sobra, pero no puedo evitar sentir una cierta pena al observar cómo de un tiempo a esta parte todo lo que se edita en el Imperio del Sol Naciente es perfectamente definible como bazofia y, francamente, no estoy de humor para escribir críticas en tono jocoso como las que antaño redactaba cada vez que alguna de estas perlas caía en mis manos.

También durante esta semana he tenido la ocasión de reflexionar sobre muchas cosas y la mayor parte de ellas relacionadas con la presente bitácora. Sé que este apunte es algo recurrente en mí, pero algunas de las conclusiones a las que llegué fueron lo suficientemente importantes como para que las comparta con vosotros, aunque éste no es ni el momento ni el lugar adecuado para hacerlo. Aunque me estoy desviando demasiado del tema principal.

Mushishi es una obra de sobra conocida a la que me gustaría brindar un pequeño homenaje personal. Y la causa es… que los lobos somos también animales que tropezamos dos veces en la misma piedra, pero por alguna razón en mi interior algo me decía que tenía que hacer una pequeña entrada sobre este peculiar investigador de organismos invisibles llamados “mushi” a los que sólo un puñado de hombres están capacitados para ver y cuya interacción con el ser humano supone uno de los más aterradores enigmas en el contexto del Japón tradicional en el que nos movemos.

He de añadir que anteriormente a mí, nuestro amigo Djevel hizo una impactante reseña cuya lectura recomiendo encarecidamente y en la que podréis encontrar un punto de vista posiblemente más válido que el mío, aunque en lo personal trataré de aportar mi pequeño grano de arena sobre esta producción de ArtLand que se convirtió en una de las más grandes y agradables sorpresas de 2005. Un año maldito en la historia del anime y que marcó el comienzo de una fortísima decadencia que parece no tener fin. Por todo ello y sin más preámbulos… un pequeño desahogo emocional y nostálgico.

Ficha Técnica

Mushishi (蟲師) es un anime de 26 episodios perteneciente a los géneros de Misterio, Investigación, Seinen y Fenómenos Paranormales creada en 2005 por el estudio ArtLand bajo la dirección de Hiroshi Nagahama. Está basada en un manga de diez tomos escrito y dibujado por Yuki Urushibara entre los años 1999 y 2008 publicado por Kodansha en la revista Afternoon.

Argumento

Yoki es el hijo de una vendedora ambulante que recorre Japón en compañía de su madre vendiendo toda clase de productos sin echar raíces en ningún lado. Aunque no es ése el único rasgo que ha marcado su infancia ya que sus ojos son testigos de la aparición de unos abominables monstruos con las más diferentes formas que sólo él parece percibir y que le inspiran un profundo terror.

Un día de lluvia, un desprendimiento de rocas segará la vida de su progenitora y hará que poco después quede inconsciente tras vagar sin rumbo por un bosque que mucho se asemeja a la nada. Aunque para su sorpresa será salvado por una enigmática mujer llamada Nui que vive cerca de un lago en el que todos los peces tienen una apariencia blanca y son tuertos; una característica a la que hay que añadir que el ojo que les queda es siempre de color verde.

Nui comparte el mismo aspecto físico que los habitantes del lago al lado del cual vive. Inicialmente recibe con hostilidad a Yoki, del que quiere que se recupere cuanto antes para desembarazarse lo antes posible de él. Pero pronto la perspectiva que tendrá del niño cambiará y lentamente lo acogerá en su seno y le transmitirá todos los conocimientos que ha ido adquiriendo a lo largo de los años.

Nui, Yoki y Ginko

El pequeño estanque que custodia es en realidad el lugar en el que su marido y su hijo fueron vistos por última vez y desde entonces ha intentado localizarlos sin éxito. Aunque, por contra, ha ido conociendo progresivamente al señor del lugar; un misterioso ser llamado “Ginko” que parece tener la capacidad de decidir sobre los seres que gozarán de la luz y los atrapados en la oscuridad, y que pertenece a una especie conocida como los “mushi”.

Yoki tendrá en Nui a una verdadera maestra y madre, pero cuando ésta ve que su hora se aproxima y que las sombras del mencionado “Ginko” terminarán por engullirla expulsa del lugar al muchacho con la esperanza de que no tenga que padecer su particular y terrorífico poder. Sin embargo el pequeño volverá a por su mentora, a la que agarrará con fuerza antes de que se convierta plenamente en un espectro, lo que hará que compartan destino. Pero con sus últimas fuerzas, la mujer llevará de la mano al niño y le indicará el modo de salir del Limbo en el que se hallan, para lo cual tendrá que ofrecer uno de sus ojos, adquirir el aspecto de todos los seres perjudicados por el señor del lugar y lo más importante… perderá sus recuerdos.

Días después unos hombres encontrarán a un niño tuerto de pelo blanco deambulando por el bosque sin memoria y sin rumbo fijo y que tiene no sólo la capacidad de ver a los mushis sino también de atraerlos al lugar en el que se encuentra. Será por lo tanto adiestrado en el arte de dominar a estos seres y de intentar sanar a las personas cuya presencia los ha transformado en enfermos… Aunque sólo un nombre propio queda en su cabeza… “Ginko”, que finalmente adoptará como suyo.

Opening

  • The Sore Feet Song” compuesto e interpretado por Ally Kerr

Capítulos

  • 01 El Trono Verde
  • 02 La Luz en los Parpados
  • 03 Cuernos Tiernos
  • 04 El Sendero de la Almohada
  • 05 La Laguna Errante
  • 06 La Manada de Bebe del Río
  • 07 La Lluvia Cae; Aparece el Arco Iris
  • 08 Desde la Orilla del Mar
  • 09 La Semilla Pesada
  • 10 Blancura en la Piedra de Tinta
  • 11 El Bosque Durmiente
  • 12 El Pez de un Ojo
  • 13 El Puente de Una Noche
  • 14 Dentro de la Jaula
  • 15 La Primera Fabricada
  • 16 La Serpiente del Amanecer
  • 17 La Recogedora De Capullos Vacios
  • 18 La Toga que Envuelve una Montaña
  • 19 El Hilo Desde El Cielo
  • 20 El Mar de Pinceles
  • 21 El Sombrero de Algodón
  • 22 El Templo Submarino
  • 23 El Sonido del Óxido
  • 24 El Campo de las Fogatas
  • 25 Ojo Afortunado; Ojo Desafortunado
  • 26 El Sonido de Pisar La Hierba

Análisis

Recordar es siempre un arma de doble fijo y en no pocas ocasiones esta práctica resulta un auténtico látigo con el que autoflagelarse. Aunque hacer para mí un ejercicio de memoria respecto a Mushishi supone toda una oleada de recomendaciones sin que en ningún momento exista en mi mente un solo espacio para la crítica o para la palabra “desperdicio” en relación a su estructura, construcción narrativa y capacidad de seducción.

Nos encontramos ante un producto atípico. Una apuesta anticomercial de muy difícil definición cuyo difuso concepto sólo puede revelarse ante en el espectador mediante el visionado tranquilo y pormenorizado de sus episodios y dejando que la apuesta de ArtLand muestre unas armas que irremediablemente apaciguarán a cualquier alma atormentada y cautivarán a toda persona con el suficiente valor y buena voluntad como para darle una oportunidad.

Su comienzo es similar a su final. Un mushishi, un experto en el trato y en la actuación de una particular forma de vida llamada “mushi”, vaga por todo Japón resolviendo conflictos e intentando dar una esperanza a todos aquellos que, influidos por estos peculiares seres, han visto truncada su forma de vida, aunque sin quedarse nunca demasiado en el mismo lugar ya que su conocimiento es también su maldición: su presencia los atrae…

Un tuerto errante por un mundo de ciegos

Ante la lectura de la anterior introducción, el lector podría llegar a la conclusión de que estamos ante la historia de un ronin de tantos; de un vagabundo imposibilitado por el destino para echar raíces en parte alguna y sin una patria a la que regresar, que desarrolla una existencia errante y destinado a no dejar mayor huella que la de las acciones perpetradas y las consecuencias de las mismas. Pero pronto, el progresivo visionado de esta serie o la lectura de su manga nos harán ver el grado de ignorancia que demuestra nuestro error.

Nada llegaremos a saber en verdad de Ginko; apenas unas pinceladas del pasado que le otorgó su apariencia y sus hábitos presentes, amigos citados de los que rara vez sabremos su nombre y algún que otro recuerdo del pasado que, muy hábilmente se cuela entre capítulos totalmente inconexos entre sí y que no hallarán continuidad en el futuro… No tardaremos en descubrir el porqué.

Pequeños toques de humor por parte de Ginko

Un suceso que no encuentra explicación alguna por cauces científicos y que sume en la desesperación a todos aquéllos que tienen la desgracia de toparse con él. Cegueras inexplicables, capacidades de clarividencia, vejez prematura, cuerpos inertes que aparentan tener vida… los fenómenos paranormales serán muchos y la desesperanza y frustración expresada contra todos los eruditos que han intentado ayudar a los afectados es constante.

Ginko aparecerá sin más, ya sea al principio, a la mitad o simplemente en forma de recuerdo, pero su presencia carecerá de importancia puesto que él sólo identificará el mushi causante del mal e intentará dar una solución de convivencia a los damnificados. En otras palabras, los protagonistas son los organismos y su rival no es sino una mera comparsa con la que irse presentando ante los ojos del observador. Pero el devenir de los acontecimientos hace que Mushishi termine por mostrarse como un fenómeno mucho más global.

Uso del sepia para retratar un flashback

Paisajes llenos de colorido y detalle. Silencios que dicen más que el más elaborado discurso que pueda concebirse y que, de pronto, quedan interrumpidos por un sonido cualquiera, tal vez hermoso, tal vez estremecedor pero ¿qué importa? A veces podríamos contemplar la magnificencia de lo que se nos explica con los ojos cerrados puesto que, tal y como decía Yukio Mishima, sólo lo invisible es japonés y Mushishi es un viaje encubierto a la esencia misma del Imperio del Sol Naciente.

Nuestro teórico protagonista no busca acabar con los mushi como intentan enfermizamente sus contratantes. Distingue entre buenos y malos, entre simbióticos y parasitarios. A los primeros los redirige para poder ayudar a aquéllos en los que se hospedan, a los segundos los expulsa o los retiene para impedir que sigan haciendo daño. Pero nunca los eliminará, puesto que para él son formas de vida que merecen tanto respeto como los seres vivos. Un posicionamiento que hará que en algunos momentos su vida llegue a peligrar.

Ginko es acuchillado en uno de los episodios

La influencia shintoista, tan presente en prácticamente todos los films de Miyazaki, alcanzará un punto álgido en esta narración que nos obligará a ver el mundo desde una perspectiva dispar. El hombre no es más que una pieza más en un entramado mucho más allá de la comprensión humana y frente a él sólo caben dos posturas posibles: el respeto a sus semejantes o el exterminio a lo diferente.

Ante el dilema planteado tanto los afectados como el espectador se verán tentados a optar por una de las dos opciones en las que seremos testigos de cómo la ira suele hacerse con el control de la mente de los hombres y guía sus objetivos sin dejarle ver más allá. Pero Ginko nos hará comprender la dignidad de los mushi, la ignorancia de muchos de éstos sobre el daño que hacen o que su estancia en algunos lugares se remonta a muchos siglos antes de que el ser humano pusiese su enfermizo y cruel pie sobre ellos para destruirlos.

Camino de luz formado por mushis

Pero lo verdaderamente original en Mushishi no estriba en su ausencia de protagonista real o en la carencia de un hilo narrativo continuo sino en la singular titularidad que la naturaleza y la paisajística nipona asume desde un principio y que de un modo lento e imperceptible va haciéndose poco a poco con el control de la situación hasta que cada entrega llegue a parecer una auténtica exposición de arte en movimiento que todo artista del siglo XIX hubiese soñado con presenciar, aunque siempre en soledad.

Esa idea romántica del hombre aventurero, solitario y apátrida nos irá presentando el Japón con el que Van Gogh esperaba encontrarse en la localidad de Arlés. Un paraíso en el que la luz y el color se funden de un modo único e imposible de concebir en Europa y que da pie a los más bellos conjuntos para un alma que no parará de estremecerse ante un simple acantilado, un enclave volcánico, una pradera o un majestuoso río.

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Paisajes de Mushishi (clic para ampliar)

Todo detalle aparentemente intrascendente de un lugar termina por volverse vital. Los colores de la niebla influida por los mushi, las ramificaciones de las plantas, la fragancia de las flores… Todo se une en un mágico y espiritual alegato a favor de las bondades de la naturaleza y de la torpeza del hombre a la hora de relacionarse con ella en la que toma un papel trascendental la muerte…

El paso de este mundo al otro se retrata en la serie con una solemnidad y respeto admirable ante el que no cabe más sensación que la del asombro que revela nuestra ignorancia, la falta de conocimiento del hombre occidental sobre cómo morir, sobre asumir ese tránsito como una parte normal de la vida ante el que nosotros sólo entendemos la desolación que lleva asociada, pero no la espiritualidad, el respeto y la profunda honra a la memoria del muerto que impera en la sociedad nipona. En otras palabras, descubriremos que nos han enseñado a vivir, pero no a morir; a asumir únicamente uno de los dos lados de los que se compone esta singular moneda llamada existencia.

Una forma narrativa tan inusual como soberbia

Como ya hemos afirmado en párrafos anteriores, Mushishi prescinde completamente de la estructura de planteamiento, nudo y desenlace, para desafiar la atención del espectador desde nuevas e inquietantes perspectivas en las que seremos conscientes de que los episodios siguen órdenes anárquicos, de que la presencia de Ginko puede ser fundamental o no… y por encima de todo… de la manera de llamar la atención sobre nuestras conciencias.

Una simple voz desgarrada en mitad del silencio, un murmullo, un recuerdo, un flashback… Cada capítulo experimenta nuevas e impactantes formas de narración que irán enganchando al espectador sin recurrir a más artimañas que a la de la simple fascinación ante un enigma que nuestro cerebro no parece capaz de resolver. Pero la maestría de esta innovación narrativa irá mucho más allá con el uso de los recursos técnicos.

Trozo de madera animado mediante una CG

Resulta francamente difícil de creer que un estudio tan poco dado a los alardes infográficos y de CGs como ArtLand haya hecho semejante uso de los ordenadores para recrear los juegos de luces y las vivencias que los mushi les hace sentir a sus víctimas. En un principio éstas se limitarán a acompañar a los movimientos de la madera, la apertura o cierre de puertas o algún que otro objeto especial aunque no tardaremos en ser testigos de proezas visuales tan espectaculares como las de GONZO DIGIMATION pero con un nivel de gusto y detalle mucho mayor.

La inmensa mayoría de los mushis estarán animados mediante un computador y mientras en algunos casos este recurso se limitará a mostrar simples gusanos entremezclándose, en otros casos veremos verdaderas exhibiciones de poderío visual con enormes grupos de engendros de forma cercana a la de una medusa, gigantescas serpientes a medio camino entre víboras y dragones o espectaculares insectos de tamaño descomunal que dejan tras de sí un auténtico manto de estrellas cuya belleza nos hará dudar en no pocas ocasiones si estamos ante un anime o ante arte en movimiento.

Yoki rodeado de mushis

Pero hay algo más que no puede describirse con palabras. Un pequeño axioma sencillamente imposible de definir que cautiva hasta el punto de hacer perder cualquier interés por la trama para centrarnos únicamente en la espiritualidad transmitida. Buena prueba de ello es que Ginko, pese a pertenecer en sus inicios y desenvolverse en un ambiente plenamente tradicional, lucirá en todo momento prendas occidentales tales como jerseys o pantalones vaqueros sin que el contraste con prendas como kimonos, sombreros cónicos de paja o atuendos de agricultor causen extrañeza alguna.

¿Sería acaso descabellado evocar a la magia para hablar de lo que Mushishi puede llegar a inspirar? ¿Cómo, de no hacerlo, podríamos transmitir lo que evocan esos momentos en los que las acciones de los mushi son meras excusas para proponer reflexiones como el amor maternofilial, la pasión por los hijos o el sacrificio del más débil en beneficio del más fuerte cuya perfecta armonía entre calidad visual, música, guión y composición lograrán en ocasiones levantarnos de nuestros asientos para dedicarle un más que merecido aplauso a ninguna parte que, por contra, necesitará el alma para desahogarse?

Ginko vestido con ropas claramente occidentales

No obstante no todo en esta obra es profundo y serio. La presencia de Ginko, su peculiar forma de ser, las soluciones expresadas para los problemas acontecidos o sus gestos histriónicos completamente inesperados servirán en ocasiones para dar un más que merecido descanso en forma de risa que aliviará la carga intelectual y moralista de algunos episodios y logrará que el espectador se reincorpore a la situación narrada de un modo más relajado y tranquilo. Unos pequeños toques de sutileza añadidos de una forma inusualmente fina y elegante y que darán un acabado sencillamente magistral al conjunto.

Un anime muy superior al manga

Suele ser un tópico común dentro del mundo en el que nos movemos el decir que los animes que intentan llevar a la pequeña o a la gran pantalla las historias de un cómic inconcluso suelen estar destinadas al fracaso o al fiasco argumental y francamente, salvo en casos muy excepcionales como lo fue la primera adaptación de FullMetal Alchemist, la máxima suele cumplirse.

El anime de Mushishi comenzó a emitirse en octubre de 2005 cuando el manga llevaba publicándose desde 1999. Por supuesto la serie concluyó en 2006 mientras que la historia sobre el papel aún tendría dos años más de vida. Sin embargo nada de esto nos llegará a importar porque ArtLand supo escoger realmente bien el guión a convertir para hacer no sólo que ningún lector se sintiese extrañado, sino que incluso viese mejorada en muchos enteros la calidad del original.

Portada original del tomo 6 de Mushishi

El manga terminó por dividirse en diez volúmenes que narraban unas cuatro o cinco historias autoconclusivas y muy rara vez interconectadas entre sí. Es decir, eran anécdotas sueltas de un Llanero Solitario que cobraban vida como si de un cuaderno de viaje narrado en primera persona se tratase y que, como no podría ser de otra manera, no incluía la muerte de su escritor.

Si se prefiere el cómic aclara tanto sobre el destino de Ginko como lo hace la serie, nada, pero ésta eleva a categoría de obra maestra visual lo que de otra manera no hubiese sido más que una acumulación de viñetas de mala calidad en las que sólo los más atrevidos y no poco pacientes fans del género hubiesen fijado su atención. Un lastre pese al cual fue haciéndose poco a poco con el favor de los mismos, merced a su embriagadora apuesta, hasta obtener reconocimientos como el del Japan Media Arts Festival de 2003 o el premio en la Categoría General del Kodansha Manga Award de 2006.

Las viñetas del manga poseen diseños simples y elementos confusos

El dibujo es simple y poco cuidado, las viñetas rara vez prescinden del recurso fácil de los rectángulos y el uso de las luces y las sombras roza en ocasiones lo ordinario. De hecho, en algunos momentos tendremos la sensación de estar ante el trabajo de un principiante debido a la deformidad de los rostros y a la extrema dificultad a la hora de discernir algunos de los elementos que caracterizan a los mushi. Algo inexcusable en una dibujante como Yuki Urushibara que contaba con 25 años cuando comenzó esta particular aventura de la que técnicamente sólo se salvan las cuatro primeras páginas a color que suponen el punto de partida de cada tomo.

La serie de televisión respetó desde los detalles más perceptibles, como los cuadros originales, hasta los más inapreciables, como la forma de poner un título a cada peripecia de Ginko, aunque corrigió sensiblemente su acabado técnico hasta hacer de él uno de sus puntos más fuertes. En lo relacionado con lo que verdaderamente atrajo de Mushishi, el guión, adaptó en su mayoría las aventuras de los primeros tomos de la trama por lo que los que deseen descubrir en su totalidad las andanzas de este particular experto en “parásitos” únicamente deberán comprar del siete en adelante, aunque el nivel de calidad de éstas sea algo inferior al de los primeros y prometedores pasos dados por este producto durante el siglo anterior.

Con el mundo como banda sonora

Capítulo aparte merece la utilización en Mushishi de la banda sonora como instrumento y como complemento a los momentos más intensos de las andanzas de Ginko, así como su influencia tanto en el estado de ánimo como en la complicidad con el espectador.

La serie comenzará con uno de los peores openings jamás creados para anime alguno como es “The Sore Feet Song” interpretada por Ally Kerr, que a su más que apagado, insípido y lento desarrollo se le sumará el carecer de un montaje de imágenes lo suficientemente poco llamativo y atractivo como para merecer la menor mención.

A simple vista peor resulta el ending que ni siquiera gozará de un tema propio y que sólo contará con composiciones instrumentales a las que acompañarán los créditos del episodio en cuestión sobre un fondo negro y que poco a poco nos descubrirá toda su OST. Aunque esta primera y precipitada visión del conjunto pronto se manifestará como claramente errónea.

Portada de la OST de Mushishi

Los silencios forman parte de un improvisado acompañamiento musical que se verá interrumpido con un sonido ambiente que, sin saber cómo, empezará a mezclarse con una melodía armoniosa que nos hipnotizará cual canto de sirena del que no querremos escapar, y lo que es más importante: de un modo nuevo y completamente original en cada ocasión.

Tal y como ocurre en otras ocasiones no es posible dibujarlo con palabras; hay que vivirlo. Hay que contemplar cómo tras una exhaustiva investigación y tras una pequeña introducción a golpe de pisadas y de maderas chocando, Ginko da con el mushi indicado mientras suena el espectacular “Mushishi no Theme”, tal vez una de las mayores joyas sonoras jamás compuestas… y es entonces cuando enmudeces.

¿Ambrosía? ¿Néctar? ¿Hidromiel? Los placeres dionisíacos han recibido demasiados nombres, pero ninguno de ellos puede equipararse a contemplar la visión que de los enigmas más recurrentes de la filosofía humana plantea esta serie, en los que la manera de atrapar nuestros sentidos y hacernos reflexionar queda interrumpida, como si de un golpe certero y terrible se tratase, por un tema musical que pone fin al capítulo y ante el cual sólo podremos expresar asombro. Entonces y sólo entonces descubriremos la verdadera magia de este apartado y el porqué el mismo merecería todo un análisis al margen.

Conclusión

Las palabras se muestran inútiles ante Mushishi. Inicialmente podríamos caer en la tentación de creer que se trata de una especie de versión japonesa de House. Es decir, un hombre ante el cual se presentan casos ante los cuales los médicos normales son incapaces de hacer nada y que aplicando cualidades de deducción poco o nada convencionales es capaz de identificar claramente el mal que aqueja al paciente aunque no siempre tenga una cura. Pero la mera sucesión de los episodios y su particular esquema narrativo nos hará vislumbrar que estamos ante algo que va mucho más allá que una simple historia con un planteamiento y un nudo con su correspondiente desenlace.

Yuki Urushibara dibuja a través de un hombre errante, atractivo y prototipo del individualismo romántico, un sutil cuadro filosófico sobre los aspectos más comunes del ser humano como el afecto a los hijos que considera como propios, las relaciones del hombre con la naturaleza, la desgracia que supone los dones excepcionales, la ley del más fuerte o simplemente la esencia del amor. Aunque todo ello narrado de un modo magistral a través de la intervención de unos seres llamados mushis a los que inicialmente identificaremos como parásitos, aunque el protagonista, Ginko, nos hará ver hasta qué punto puede llegar la simplicidad de nuestra mirada.

Cada caso es un verdadero ejercicio de originalidad narrativa no sólo por la ingente cantidad de “mushis” perfectamente desarrollados en cuanto a diseños y pautas de conducta, sino también a la propia arquitectura de episodios autoconclusivos. Una sucesión de continuos experimentos en los que el espectador se verá inevitablemente capturado en un universo de estímulos y sensaciones recreados a través de una animación magistral, un uso verdaderamente inteligente del color y una sobrecogedora banda sonora que nos hipnotizará y que, en ocasiones, servirá como arma para atravesarnos el alma cuando el episodio alcance su final o cuando nuestra conciencia sea invocada.

Así pues, capítulo a capítulo, seremos testigos de una personalísima y cautivadora obra de arte en forma de 23 minutos en los que los sentidos no hallarán tregua a pesar de la extrema crudeza de algunas situaciones y del miedo que en ocasiones llegaremos a sentir. Un producto muy superior al manga en el que se basa, especialmente en lo que a aspectos técnicos se refiere, y al que sólo la falta de una conclusión real para el viaje de su protagonista (aspecto éste absolutamente subjetivo para el que escribe estas líneas) lo priva de la nota máxima.

  • NOTA DEL MANGA: 7
  • NOTA DEL ANIME: 9

9 comentarios el “Mushishi; el arrebato espiritual de ArtLand

  1. Me gustó mucho este anime, me cautivó completamente. Tanto el argumento, como los personajes y la música lograron conquistarme. Creo que es un anime que, como decís, nos plantea algunos interrogantes filosóficos y trata de darles una solución, como es la relación entre el ser humano y la naturaleza. Es un anime excelente.
    Besos.

  2. No he tenido aún ocasión de verlo ya que estoy viendo Gosick (otro recomendado por ti que la verdad me ha gustado bastante, voy por el episodio 4) pero este, solo por la música del video aqui presente me da la impresión de que merece ser visto.
    Ya comentaré mis impresiones cuando lo vea, buen análisis ^^

  3. A mí todo Mushishi me encantó, tal vez lo único que no le puedo perdonar es su último capítulo que me dejó 0_0!…siempre quise saber más de Ginko. Pero eso no le quita absolutamente nada de su perfección. Siempre es una delicia leer tus post, gracias por el esfuerzo.

  4. En el último lo que se quería expresar es que los Mushis podían ser dueños y señores de lugares enteros por muy insignificantes que pareciesen y que los hombres apenas eran capaces de comprender algo así. Y de Ginko… no se sabe nada ni siquiera en el manga xD.

    Un saludo :D.

  5. Creo que con respecto si el anime le falta una conclusión real, pues no le vi mucho problema, pues si te pones a pensar, la serie no comienza con ningun tipo de prologo(mas que el cap.12 y 26 que sirven de Flashback), asi que no le encontre yo a ese incoveniente, para mi un anime alternativo, me sorprendio que haya salido de Japón y salesie en USA y Latinoamerica, siendo una anime que no genere “mainstream” como Soul Eater, Naruto o One Piece.
    Excelente tu blog, realmente me ha impresionado tu profesionalismo siendo un sitio un poco enfocado a anime.
    Seguire tus trabajos mas de cerca.

  6. Pingback: Cultura, Mente y Naturaleza | Mushishi “El pez de un solo ojo”

  7. Es una pena encontrar solo 4 comentarios para una reseña tan buena de un anime propio de la excelencia.
    A mi criterio no hacia falta que Ginko tenga un final en su historia personal, pues el tiene dos representaciones:

    – El personaje en si mismo, que como tal tiene una historia
    – El espectador del universo Mushi o nosotros

    El buen Ginko es un personaje que nos lleva a ver el universo de los Mushis desde dentro, más sus ropas nos dan la identificación externa a nosotros.

    Me has inspirado en hacer un tema de Mushishi. Espero no demorar.

    Me gusto tu reseña!

Adelante, siéntete libre para incordiar :3

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