Pluto; la fusión de las generaciones de Tezuka y Urasawa

.- Detective… ¿Es usted un robot? .- Sí .– No hay manera de diferenciar a un robot de un ser humano .- Hay un método simple para identificarlos .- ¿En serio?¿Cuál es? .- Los humanos hacen demasiados gestos innecesarios.

Soy más que consciente del retraso con el que publico esta review, pero sinceramente lo he hecho con toda la intención del mundo para aprovechar el tráfico del blog y de ese modo echarle una mano a un evento del pasado para que así obtenga la mayor cantidad de votos legítimos posibles dado el peculiar modo en el que se han desarrollado las votaciones del concurso y que han llevado a unos resultados que bien podríamos definir como “dudosos”.

Independientemente de esta circunstancia, no es desconocida mi más que declarada intención de analizar toda la obra de Urasawa, entre cuyas apuestas nos encontramos con Pluto. Una sugerente revisión del Astroboy de Tezuka, transformada en una historia fresca y apasionante en el que el idolatrado niño robot nipón se convierte en mero secundario en un mundo en el que la política, los sentimientos y muy especialmente el existencialismo serán las notas dominantes.

Es probable que, como puede deducirse del párrafo anterior, más tarde o más temprano, Yawara! y Master Keaton gozarán de sus correspondientes reviews. Pero no adelantemos más acontecimientos que el de decir que dentro de poco haré un anuncio importante. Aunque basta de presentaciones y sumerjámonos en lo que esta apasionante historia es capaz de ofrecernos.

Ficha Técnica

Pluto (プルートウ) es un manga de Naoki Urasawa publicado entre 2003 y 2009 en la revista Big Comic Original y distribuido posteriormente en ocho volúmenes. Está basado en el cómic de Osamu Tezuka “Chijou Saidai no Robot” que vio la luz de junio de 1964 a enero de 1965 en la Shonen Magazine y que gozó de una adaptación televisiva de dos capítulos.

Argumento

En un mundo en el que la lucha por los derechos de los robots ha ocupado el lugar de los diferentes movimientos aparecidos en Estados Unidos para equiparar las libertades civiles de los blancos con las de los negros, uno de los más admirados androides de todos los tiempos, Montblanc, es brutalmente asesinado en Suiza.

El caso recae sobre el inspector Gesicht de la Europol. Un autómata dotado con una pistola aturdidora en su mano izquierda y con un arma de destrucción masiva en la derecha y que se encuentra fabricado con el material más resistente del mundo: el “Zeronium”. Aunque su estado psicológico dista mucho de ser el indicado para cumplir la misión al sufrir constantemente pesadillas que intentan recomponer el sector de su memoria que fue deliberadamente borrado.

Su única pista inicial es que el asesino de Montblanc lo decapitó y puso alrededor de su cabeza un par de cuernos que recordaban a aquéllos con los que se representa al Dios de la Muerte de la mitología romana, Plutón. Aunque las posteriores muertes en circunstancias similares de humanos activistas en favor de los autómatas, y la muerte de North 2 en Escocia, uno de los siete robots de destrucción masiva que intervinieron en el 39º conflicto euroasiático, harán que tome conciencia de la gravedad del caso que está entre sus manos.

Gesicht, Atom y Épsilon

Contactará finalmente con Atom (Astroboy) y con su equipo, con los cuales intentará comprender algo mejor el mecanismo intelectual de los autómatas y la manera en la que éstos pueden adquirir sentimientos, emociones e incluso pensamientos independientes que podrían hacer incluso que matasen a un ser humano.

Con dos de los mejores robots del mundo eliminados, la preocupación de ambos consiste en que no sean eliminados los otros tres al margen de ellos: Brand, Heracles y Épsilon. Pero el rival parece invencible y uno tras otro liquida tanto a hombres como a máquinas sin que ninguno de los dos sean capaces de evitarlo hasta que finalmente opten por llevar caminos separados.

Gesicht llegará a la conclusión de que el asesino está acabando con todos los miembros de la llamada “Comisión Bora”, a la que se le acusa de haber conducido al reino de Persia a la destrucción. Pero sus problemas pasarán a ser otros puesto que la investigación traerá consigo dilemas que torturan su conciencia y que tienen como centro la laguna de recuerdos arrebatados de su memoria y que por alguna razón no le quieren devolver.

Análisis

Rara es la ocasión en la que un refrito consigue llamar mi atención. Éstos no suelen ser más que maniobras comerciales de autores y estudios escasos de imaginación y de originalidad que intentan por todos los medios ocultar sus carencias volviéndole a dar vida a éxitos de antaño aparentemente olvidados con la esperanza de volverlos a poner de moda y de llenar con ello las relativamente maltrechas arcas de los creativos de turno.

El mundo del videojuego nipón es asiduo a este tipo de lides y echando la vista atrás no es difícil acordarse de títulos como Metal Gear Solid: The Twin Snakes, Wild Arms After Code: F, o cualquiera de los Final Fantasy para NDS que con diferente suerte intentaron trasladar éxitos de antaño a una nueva generación de jugadores acostumbrados a máquinas más poderosas y a un estilo diferente con la intención de abrir una nueva vía para toda clase de productos clónicos con los que llenar el mercado los años siguientes. Tal vez por ello choque tanto darse cuenta de que escasas son las ocasiones en las que algo así ocurre en el manganime.

Los ejemplos y los antecedentes no son precisamente halagüeños… las horribles y caóticas reediciones de Captain Tsubasa, la poco afortunada revisión de Brotherhood a lo ya narrado en la primera serie de FullMetal Alchemist, o incluso Astroboy, dieron al mundo sobradas demostraciones de que en este mundillo en el que nos movemos no suele ser precisamente una buena idea la de resucitar un clásico. Por ello no ha sido una tarea fácil la de ponerme a analizar un manga de un autor relativamente respetado por mí como Naoki Urasawa, pero que en realidad suponía la actualización de una de las obras del reconocido de una forma prácticamente unánime como el gran gurú del cómic japonés como lo era Osamu Tezuka, y de cuyo legado no guardo precisamente una buena opinión. Pero el abanico de aspectos en los que reflexionar es muy amplio y tal vez por ello este cómic merece un análisis en profundidad de los aspectos más llamativos del mismo que ayuden a su disfrute y correcta comprensión.

Tezuka; el impulsor de dos generaciones de mangakas

No es mi intención la de abordar el tema de lo que supuso Tezuka en el mundo del manganime ni de la repercusión que su estudio Mushi Production llegó a tener entre sus contemporáneos. Aunque si hay algo que la editorial Planeta quiso dejar claro en la edición en castellano de esta obra es que estamos ante un fenómeno desconocido en occidente, que sin embargo dotó de dignidad a un mundo considerado fundamentalmente como una simple frivolidad al alcance únicamente de los bolsillos más pudientes. Pero entonces ¿qué era lo que tenía de especial?

En realidad el propio Urasawa daba una respuesta a este enigma al reconocer que “Astroboy: El Mejor Robot Sobre la Faz de la Tierra” había sido una de las historias que más le habían impactado en su niñez. Un hecho al que hay que sumar que el protagonista de su obra maestra, Monster, y el creador de Atom tenían el mismo apellido, Tenma, y que en 20th Century Boys se encuentran numerosos homenajes a sus obras más conocidas o relevantes como Phoenix. Algo ante lo cual no es difícil pensar que muy probablemente su vocación encuentra una buena parte de su principio y origen en este autor. Aunque la problemática va más allá.

A lo largo de los ocho tomos de Pluto, Planeta incluyó diferentes entrevistas de muy diversas personalidades del manganime japonés que por encima de intentar ilustrar al lector sobre aspectos poco llamativos o aparentemente intrascendentes que pudiesen pasar desapercibidos de la historia, preferían centrarse en la importancia de Tezuka como el impulsor de todo un movimiento como lo era el del manga. Una manera de abordar el cómic en la que éste no fuese entendido como una diversión más, sino como toda una revolución cultural que sirvió para abrir el camino de un fascinante y prometedor universo que hasta ese momento se hallaba inexplorado.

Logotipo del estudio  Mushi Production que se encargó de animar los mangas de Tezuka

En realidad, el mangaka de la boina no creó la disciplina ya que otros de sus contemporáneos la practicaban con anterioridad a él y éstos a su vez se limitaron a actualizar en forma de “tebeo” lo que habían sido las formas tradicionales de narración nipona en forma de Ukyo E (estampa japonesa) o literatura convencional. Sin embargo el padre de Astroboy fue el primero que convirtió esta curiosidad en un fenómeno global.

Desde Buda hasta Hitler, pasando por un carismático robot o un león blanco que alcanzaba el rango de emperador de la jungla o incluso una princesa que fingía ser un hombre. Su mano dio vida a unos guiones que iban mucho más allá del mero entretenimiento, e incluso en algunos de los testimonios recogidos en la edición en castellano se atreven a hablar de sus creaciones como auténticos materiales didácticos que podrían ser usados en las escuelas, debido a su uso de un lenguaje y estilo llano, eficaz y directo que llegó hasta un público que nunca, hasta ese momento, se hubiese podido interesar por él.

Pero no debemos caer en la tentación de pensar que estamos ante el mejor autor de todos los tiempos. A pesar de las opiniones que hablan de él como el Da Vinci del manga, Tezuka simplemente puso unas bases que sirvieron a sus sucesores para superarlo. De hecho se podría decir que fue él el que experimentó los primeros fracasos de este particular microcosmos en el que nos movemos y que no siempre ha sido justo con sus mayores talentos.

Osamu Tezuka sentado sobre cientos de mangas de Astroboy

Ojos grandes para los diseños inspirados en los cánones de Disney, un pelo relativamente largo, vestuario psicodélico y expresiones faciales grandilocuentes fueron, desde su irrupción en el mercado, el modelo a seguir por parte de mangakas admiradores o detractores, enemigos o rivales. Sus aciertos servían de referente, pero sus errores también y la adaptación al formato televisivo de sus apuestas sería el mayor de sus fracasos.

Era consciente de que el salto a la pequeña pantalla significaba un cambio a peor de calidad en cuanto a su original que no era fácil de compensar. Handicap éste al que se unió su criticado sistema de usar el menor número posible de fotogramas por segundo para intentar dar al espectador la impresión de que se encontraba ante un manga en movimiento y no de una imitación a las costosísimas producciones norteamericanas cuyo nivel estaba muy lejos de conseguir. Algo que influyó de un modo decisivo tanto en el escaso renombre de sus animes como en la huida de sus más estrechos colaboradores para crear el estudio MADHOUSE, que curiosamente sería el encargado de dar vida a las historias de Urasawa. Pero por encima de todo, descubrió un problema que haría mella de un modo realmente dramático en los productos creados cuatro décadas más tarde: la presión de los fans, patrocinadores y empresas de merchandising. Un tema que en Astroboy adquiriría dimensiones dramáticas.

En ese sentido el crítico de manga Tomohiko Murakami se refirió a una entrevista concedida por Tezuka en 1966 en la que reconocía que su querido Astroboy se había convertido en un monstruo. Aquel niño robot se veía obligado a combatir en las circunstancias más rocambolescas imaginables hasta llegar a lo absurdo ante el agotamiento físico y mental que su desarrollo conlleva. De hecho Pluto viene a representar el momento en el que “Atom” muere y es resucitado por Tenma con una potencia equivalente al millón de caballos. En otras palabras, algo que para los occidentales es fácilmente explicable con Dragon Ball: una serie con la que Toriyama parodiaba inicialmente el mito del hombre-lobo con un niño llamado Goku que se transformaba en un gorila gigante cuando veía la luna llena y cuya vida se centraba en la búsqueda de las siete Bolas de Dragón mientras combatía a los villanos que pretendían reunirlas con fines espúreos… Hasta que las ideas se agotaron y en su secuela (Z), se prescindió completamente de crear una buena trama, o al menos con cierto sentido, y aquel muchacho resultaba ser un alienígena perteneciente a una raza de guerreros al borde de la extinción llamados Saiyajins, que poseían diferentes niveles que alcanzaban mediante entrenamientos inhumanos, mientras volaban, se fusionaban, teletransportaban y luchaban contra rivales tan ridículos como carentes de credibilidad hasta que fue necesario acabar con el disparate.

Portada en DVD de Jungle Taitei y del manga del Kureopatora

Dicho de otro modo, la importancia del archimencionado Tezuka no residía en la calidad de sus productos, sino en que éstos fueron los primeros de consumo masivo por parte de toda una generación de niños que crecieron y continuaron con su legado hasta culminarlo en los ochenta y noventa, donde el manganime alcanzó su verdadero apogeo. Una generación en la que se encontraba Urasawa, que de alguna manera siempre buscó emular a su ídolo aunque muy posiblemente no como creador de Astroboy sino como dibujante de sus mangas más fuertes… los de ese autor atrevido y poco complaciente que no tenía escrúpulos a la hora de esconder sus escasas pretensiones moralizantes, muy al contrario de otros miembros del Olimpo del manganime nipón.

Pese a que su lado humano siempre fue destacado por sus admiradores, pocas dudas caben de su falta de miramientos a la hora de representar situaciones de máxima crudeza en las que incluso los protagonistas de sus historias podían ser personajes verdaderamente miserables, como bien se demostraba en Adolf cuando descubríamos atónitos cómo el “héroe” Sohei Toge era un violador causante incluso del suicidio de su víctima, o de cómo convertía a la mítica reina Cleopatra VII en una diosa del sexo en su Kureopatora, que llegó a recibir la catalogación de “X” por parte de la industria norteamericana. Sin duda el germen del lado más negro y oscuro del hombre que posteriormente concebiría a Monster.

Entre la ficción y la realidad

Tal y como ocurría en las demás creaciones de Urasawa analizadas en este blog, resulta una tarea poco menos que imposible proceder a su análisis sin comprobar previamente las similitudes históricas y políticas que rodean a la trama e intentarlas explicar de un modo que resulte asimilable de cara a un futuro lector.

Hemos de aclarar para empezar que Irán es el nombre que recibe Persia después de la Revolución de los Ayatolás, que puso fin a su monarquía para dar paso a la república islámica de carácter fundamentalista que a día de hoy conocemos. En 1964, fecha de la creación del manga, gobernaba en la zona el Sha conocido internacionalmente por su apellido, “Pahlevi”, y en él es quién encuentra su referente real el rey Darío XIV del cómic original, que incluso se encontraba ataviado con un típico y estereotipado turbante en la mente de Tezuka.

Mohammad Reza Pahlevi, como así se llamaba, fue siempre una figura controvertida. Hijo del monarca conocido como “Reza Pahlevi”, su padre fue todo un icono de la lucha contra los ingleses. Éstos, muy aficionados a pregonar las maldades y derrotas ajenas pero nunca las propias, dominaban a principios del siglo XX prácticamente en todo el norte de África, y la desintegración del Imperio Otomano tras la Primera Guerra Mundial les otorgó un inmenso poder sobre la parte occidental de Asia que emplearon fundamentalmente para hacerse con el control de la explotación de sus reservas de crudo.

Caracterización con turbante de Darío XIV como rey de Persia mientras bautiza a Pluto

Inglaterra tenía bajo su dominio la práctica totalidad de los territorios árabes, a los que había convertido en auténticos esclavos, lo que hizo que muchos de éstos declarasen abiertamente su simpatía hacia el fascismo durante la Segunda Guerra Mundial con la intención de que éste los librase por fin del yugo anglosajón. Tal es así que Mussolini, en su intervención en Libia, se presentó ante sus nativos como el defensor de “la espada del Islam”, Turquía le declaró la guerra al III Reich cuando quedaba poco para la rendición de éste para que los aliados le perdonasen sus constantes apoyos en cuanto a aprovisionamientos y suministros al ejército alemán, y se temía que el Sha Reza nacionalizase su petróleo y dotase a Hitler de la tan ansiada fuente de hidrocarburos que con tanto ahínco ansiaba. Aunque los ingleses, no estaban dispuestos a consentir que nada de esto ocurriese.

En 1941, una coalición anglosoviética invade Persia y fuerza al rey a abdicar en su hijo que, en una intriga palaciega en toda regla, conspiró para derrocar a su padre a cambio de cambiar la orientación ideológica de su país. Así, en un primer momento Pahlevi apoyó a los aliados y pasó a la historia como todo un aliado de occidente al que Estados Unidos llegó incluso a salvar de una revolución comunista en su propio territorio.

Sin embargo la realidad histórica indica que una vez que el Sha había acabado con sus problemas internos, se alineó claramente contra América y Europa y el primer paso para ello fue precisamente el nacionalizar todas las reservas de hidrocarburos de su país que, de este modo, entraba en una dinámica similar a la que había llevado al Egipto de Nasser a ser uno de los más feroces enemigos de Estados Unidos y que declaraba abiertamente sus simpatías a favor de la Unión Soviética.

El rey Darío XIV según Urasawa (izquierda) y el Sha Pahlevi coronando a Farah Diba (derecha)

Pero Pahlevi en los años en los que nos movemos, y al contrario que su colega egipcio, había perdido completamente el norte. Se casó por tercera vez con una de las mujeres más bellas del mundo, Farah Diba, y ocho años más tarde emuló a Napoleón organizando una rocambolesca ceremonia de autocoronación en la que tanto él como su esposa se declararon “Reyes de reyes”. Si se prefiere, el Sha se había convertido, según él, en el sucesor de Ciro II el Grande.

El final de la historia es de sobra conocido. Las desigualdades sociales, unidas a sus políticas ambiguas de aperturismo y su estrafalaria vida privada, llena de gastos innecesarios y frívolos, fueron poco a poco forjando el sentimiento de antipatía de un pueblo que lo terminó desalojando del poder en 1979, siguiendo las consignas del líder religioso Ruhollah Musavi Jomeini. Un hombre que desde París había dirigido las conspiraciones contra el mandatario y que de este modo pasaría a convertirse durante diez años en el líder supremo de una república que, ahora sí, pasaría a llamarse Irán.

Los desfiles y algarabías militares que podemos ver en el manga son más bien un añadido de Urasawa que hace, de este modo, una particular mezcolanza con una situación que nos es más cercana en el tiempo como lo era la de Saddam Hussein. Éste se había convertido por entonces en uno de los líderes árabes más populares y conocidos en occidente, por donde emprendió varias giras con la intención de promocionar las virtudes de la revolución que el partido Baaz había protagonizado en Iraq. Un país que pasaría a convertirse en el nuevo bastión de occidente de la mano de un hombre que, curiosamente, ascenderá al poder desde su cargo como vicepresidente iraquí el mismo año que caía el régimen del territorio vecino.

Desfile militar de Saddam (arriba) y desfile militar de Darío XIV (abajo)

Armado hasta los dientes y con un ejército dotado en buena medida de arsenales franceses y estadounidenses, Saddam se lanzará en 1980 contra su vecino iraní iniciando así una de las más cruentas guerras del siglo XX, en la que ninguna de las naciones logrará imponerse sobre la otra y que dejará como resultado entre 800.000 y 1.300.000 muertos que recaerán fundamentalmente del lado de Irán.

Iraq había combatido en inferioridad numérica pero con una fuerte ayuda norteamericana. Sin embargo la resolución de la ONU que pone fin a la guerra deja al país al borde de la ruina y tremendamente endeudado con sus antaño aliados. Un hecho que hará que empiece a presionar a su vecino Kuwait, no sólo para la condonación de parte de su deuda, sino también como parte de su nueva estrategia de utilización del petróleo en la que incluso termina por variar el rumbo de su política exterior para hacerla más acorde con los intereses de la URRS.

Será entonces cuando estalle la Guerra del Golfo que dejará a Saddam defenestrado y en la que Estados Unidos promoverá la imagen de su antaño protegido como la de un genocida morboso y amante de las guerras gratuitas que, para colmo, dejaba fácil las críticas con sus constantes exhibiciones de músculo militar en desfiles espectaculares que él mismo dirigía desde un palco mediante un fusil con cuyos disparos marcaba el paso de sus soldados. Incluso orquestó uno, poco antes de la Guerra de Iraq, con su ejército pisoteando una alfombra llena de millones de dólares auténticos como símbolo de desafío a un ahora enemigo que terminaría por invadir su país, capturarlo y condenándolo a la horca; pena ésta tradicionalmente destinada a los traidores.

Logia de la Hermandad Antirrobótica con autendos similares a los del Ku Klux Klan

El resto de los apartados no merece mayores comentarios. El carácter del presidente de los “Estados Unidos de Tracia”, su pasión por el belicismo, la comisión Bora encargada de la supervisión del desmantelamiento de las supuestas armas de destrucción masiva escondidas en suelo persa o la antipatía internacional que su personalidad inspiraba hace que sea fácilmente identificable como George W. Bush. No obstante, este último declaró recientemente a National Geographic que dichas decisiones habían sido debidas a que el 11-S lo había transformado en un “presidente para tiempos de guerra”, algo que él “nunca había deseado”.

Sobre el ansia de convertir los desiertos en vergeles no es precisamente una peculiaridad persa, sino más bien de todos los árabes. Es más, es de sobra conocido el hecho de que en el mundo de los beduinos si uno perteneciente a otra tribu osaba beber de un pozo que se les había adjudicado, éste podía pagar por su expolio con la vida, lo que da a entender la importancia que para éstos tenía el agua. De hecho, una de las claves que más luz nos pueden arrojar en torno a la obsesión de éstos por los paisajes verdes (y la abundancia de manjares) la encontramos en el Janah, o paraíso del Islam, que prometía a los moradores del desierto, entre los que predicó Mahoma, vivir entre toda clase de lujos y comodidades, disfrutando así de exóticas carnes y bebidas y en especial de jardines, ríos y valles que el Corán aseguraba que estaban “llenos de perlas y rubíes”. Es decir, el cielo para ellos les dotaba de todo lo que el desierto les privaba.

Por último pocas explicaciones merece la creación de la Logia de la Hermandad Antirrobótica que, tanto por sus atuendos como por su negativa a reconocer los derechos civiles de los androides, está basada en el Ku Klux Klan; la asociación con la que sureños exaltados de origen norteamericano dirigieron sus odios contra los antiguos esclavos negros que tras la Guerra de Secesión estadounidense habían conseguido su libertad. Uno de los capítulos más negros de la historia de los Estados Unidos que por ser de sobra conocidos excusaré describir con más detalle.

El lado más filosófico de Urasawa

Llegados a este punto la avalancha de sentimientos contradictorios me invade. Por un lado, no son desconocidas mis simpatías hacia Urasawa a pesar de ciertos borrones en su trayectoria como el a mi juicio indigno 20th Century Boys. Por otro, Tezuka es un autor por el que confieso una completa antipatía. Ni sus historias me parecen buenas, ni su título de “Dios del manga” me parece merecido por algún motivo que no sea el de que fue el primer mangaka de éxito masivo.

Pluto está basada en una de tantas “Historias Paralelas”, similares a las que hoy podríamos disfrutar o sufrir en cualquier OVA de series como One Piece, Naruto o Dragon Ball, a la que sin embargo se le da un aire mucho más trascendente y universal que el original, basada simplemente en la lucha absurda entre robots con Astroboy como personaje central y leit motiv del guión. Sin embargo, el creador de Monster consigue dar una vuelta de tuerca a la situación con una argucia lo suficientemente interesante como para hacer de esta obra un producto que merezca la pena ser leído.

La idea consistió en desplazar el protagonismo de la trama a un elenco de personajes mucho más global y abierto que el de la historia primigenia haciendo que el trío formado por Atom, su hermana Uran y su padre, el doctor Tenma, pase a un plano secundario en beneficio de Gesicht, un robot de gama alta que trabaja como detective de la Europol, con una vida traumática que ha sido borrada sin piedad de su memoria y cuya personalidad atormentada se presenta como el caldo de cultivo perfecto para las historias que el autor que nos ocupa suele abordar.

Plano a color de Gesicht despertando de una pesadilla con una sombra haciendo de mirilla

El investigador inicialmente tendrá como misión la de encontrar al asesino que recorre el mundo acabando con la vida de autómatas de alto nivel que, como él, participaron en el 39º Conflicto Euroasiático, así como con la de activistas defensores de los derechos de éstos que tendrán en común el aparecer muertos con dos cuernos alrededor de su cabeza que simulan la apariencia de los del dios Plutón, de la mitología romana.

Sin embargo, pronto tendremos la oportunidad de comprobar cómo la intención de este producto es mucho más compleja y dinámica que la propuesta décadas atrás por Tezuka, y Gesicht será en realidad el motivo con el que se propondrán al lector toda clase de enigmas existenciales en forma de flashbacks y encuentros que desafortunadamente quedarán sin respuesta al dejar ésta al libre albedrío del lector.

Urasawa desnuda al ser humano a través de los robots; auténticos esclavos metálicos, regidos por los principios de Isaac Asimovo ya definidos la review de Mizu no Kotoba, a los que sin embargo los científicos se empeñan en humanizar. En este proceso, la principal de las dudas que se plantea es la de los sentimientos. En otras palabras, la mágica y tan compleja frontera que siempre ha definido al hombre como ser inferior a Dios: el dotar a sus creaciones de alma.

La esposa robótica de Gesicht fuerza el llanto para expresar su dolor

Pluto será pues una serie de reflexiones en forma de siete autómatas cuyas vidas servirán para intentar demostrar la génesis de sentimientos tales como los de la armonía, la belleza, la fidelidad, la amistad, la compasión y, fundamentalmente, el odio como el más poderoso germen y catalizador de las acciones más reprobables del hombre. Aunque será sin lugar a dudas la capacidad de mentir la que provocará en nuestras conciencias un más que poderoso revuelo.

Tenma, como uno de los más brillantes ingenieros del planeta, acabará con las esperanzas de sus colegas de crear un autómata perfecto, dado que la mera inserción de emociones en su inteligencia daría al ser artificial la capacidad de elegir y lo que es más fascinante; de fallar. Pero curiosamente la principal diferencia que existe entre un hombre y un robot es que este último es incapaz de mentir. Una peculiaridad que dejará a juicio del lector si gran parte de las afirmaciones de los personajes poseen o no verosimilitud y de si éstos han sido capaces o no de asemejarse a nuestra especie.

Tampoco el nexo en común a ambas especies pasará desapercibido y el concepto de la muerte como fin de la vida atormentará constantemente a todos los protagonistas hasta hacer de ella una idea totalmente obsesiva. Una máquina, al contrario que el hombre, puede ser reconstruida. Sin embargo los creadores de los robots son incapaces de reconstruir una unidad “muerta” incluso teniendo entre sus manos nada menos que su memoria.

El doctor Tenma reconoce que una I.A. perfecta cometería errores

¿Qué es lo que hace de un ser algo único e irrepetible? ¿Podría un hombre clonado ser ideológicamente igual que su predecesor?¿Existe en realidad un fin de la vida? Y de existir éste ¿dónde reside exactamente su esencia? Todos estos interrogantes y muchos más atormentarán constantemente nuestro intelecto hasta hacernos caer en la trascendencia… en los enigmas que han fascinado a los filósofos más grandes de todos los tiempos sin que ninguno de ellos lograse alcanzar, siquiera de forma remota, la verdad.

Si se prefiere, la trama pasará a un plano completamente secundario en beneficio de cavilaciones y soliloquios, de diálogos e investigaciones existenciales y, por encima de todo, de la Filosofía, que se mostrará en Pluto de una forma mucho más palpable y latente que en otras apuestas de Urasawa. Aunque todo ello sin descuidar en ningún momento el guión, al contrario de lo ocurrido en 20th Century Boys.

Una forma diferente de narrar un clásico

Sinceramente, Astroboy es un título que, aun reconociendo el indudable mérito que le corresponde en la historia del manganime, no puede ser calificado con otro adjetivo que no sea el de ridículo. Por muchas oportunidades que le dé, jamás entenderé cómo es posible que todavía existan críticos en Japón que, en su sano juicio, afirmen de él que se trata de una obra maestra y que incluso puede ser considerado como el mejor exponente del género de todos los tiempos.

Teniendo en cuenta que su verdadero mérito fue el de tratarse del primer fenómeno de fans en Japón y que es allí donde terminan sus logros, los occidentales, que tardamos más de dos décadas en conocer algo parecido de la mano de Saint Seiya y Dragon Ball, somos incapaces de ver en ese título algo más de lo que en realidad fue: una de tantas modas horteras nacidas a principios de los sesenta e incapaz de inspirar el menor atractivo a un público acostumbrado a productos mucho más evolucionados en cuanto a diseños, animaciones y esquemas de narración. Aunque precisamente es aquí donde reside el gran encanto de Pluto.

Diseño original del Doctor Tenma y la revisión hecha por Urasawa

Urasawa prescinde de los bocetos obsoletos y cuasicómicos creados en la juventud de Tezuka, para darles un aire mucho más atractivo, realista y asimilable. Dicho de otra manera, el creador de Monster olvida completamente los ojos exageradamente grandes, los zapatos de plataformas, las facciones redondeadas y las poses forzadas, para ofrecernos un producto mucho más adulto y occidentalizado sin que por ello pierda en algún momento su esencia oriental. De hecho algunos personajes como Uran resultan sencillamente irreconocibles.

Estamos pues ante algo completamente nuevo a pesar de estar basado en un clásico. Una especie de puente entre el pasado y el presente diseñado a través de un emotivo encuentro entre Atom y Gesicht en el que el más que idolatrado robot japonés prescindirá de sus estrambóticos atuendos de batalla para tener la apariencia de un niño normal y corriente y en el que tanto éste como su familia gozarán de un papel menor hasta el último tomo de Pluto.

Primer encuentro entre Gesicht y Atom al final del Tomo 1

Se podría decir que estamos ante una auténtica labor de dignificación de una obra que desde nuestro punto de vista sólo podría ser objeto de burla; algo, dicho de un modo muy gráfico, muy similar a lo que fue la primera serie de Batman protagonizada por Adam West… Un clásico en Estados Unidos que marcó la infancia de la generación del “Baby Boom”, pero destinatario de las bromas más crueles para los europeos.

Las viñetas son mucho más exhaustivas y llenas de detalle y tanto las estancias como las localizaciones exteriores estarán plasmadas con un realismo y un nivel de detalle a la altura de su autor. Asimismo utilizarán por regla general un diseño rectangular en el que rarísima vez se utilizarán diagonales y cuya distribución dejará siempre un pequeño espacio en blanco en la parte de abajo al lado del lomo, que harán su lectura más relajada.

Diseño de un edificio al lado del mencionado espacio en blanco a pie de página que relaja la lectura

Como a ningún avezado lector se le podría escapar, Pluto posee una más que generosa cantidad de páginas a color al principio de cada tomo, lo cual llegará a chocar en un primer momento y maravillar poco después al comprobar el resultado; mucho más asimilable y cuidado que en la famosa reedición americana de Akira, que ensució con colores lo que eran magistrales dibujos en blanco y negro.

Sin embargo el uso del color irá mucho más allá y alcanzará su punto de ebullición en la escena en la que Uran ayuda a un misterioso mendigo amnésico capaz únicamente de dibujar campos de flores en la pared, y que fusionará a los personajes desnudos de tonalidad alguna con un lienzo de ladrillo y cemento en el que amarillos, azules y rojos absorberán nuestra atención hasta hacer del conjunto una auténtica obra de arte.

Urán y un vagabundo en una escena que combina blanco y negro y color

Sin embargo, ni los flashback, ni la calidad del dibujo, ni el carisma de Gesicht podrán ocultar el único aunque fundamental defecto de Pluto como es el de estar basado en un título en el que el protagonista siempre vencía y se llevaba todo el mérito. Un defecto que unido a la supervisión constante del hijo de Tezuka para censurar posibles “blasfemias” a la obra sagrada de su padre, llevarán a un final un tanto absurdo, carente de coherencia con la estructura aplicada y con un giro argumental que recordará tristísimamente al principal error argumental de Death Note que, por motivos evidentes, no revelaré.

Por último conviene señalar que tanto Tezuka como Urasawa poseen un cierto aire germanófilo que resulta imposible de disimular en sus obras, aunque si bien el primero lo diluyó más debido al amplio abanico argumental y variedad temporal recreada en su trayectoria como creador, el segundo nunca ha disimulado su pasión por Alemania y en particular por la ciudad de Düsseldorf que se hará patente en la procedencia de Gesicht y que hará las veces de guiño a 20th Century Boys y en especial a Monster. Un gesto que a buen seguro sus seguidores sabrán apreciar.

Conclusión

No pretendo en modo alguno poner en duda la importancia de Tezuka dentro del universo del manganime, así como su relevancia como inspirador de al menos dos generaciones de mangakas que encontraron en sus obras la referencia obligatoria a tener en cuenta para sus posteriores creaciones. Simplemente para nosotros, los occidentales, su nombre no significa nada y pese al gran mérito que tiene el ser el precursor real de todo un género, tenemos los suficientes elementos objetivos de juicio para señalar su escandalosa mediocridad tanto en la faceta de dibujante como en la de guionista.

Muy lejana es la posición de Urasawa, cuyas apuestas han gozado en estas tierras de acogida positiva merced a tres grandes cualidades: la cuidada recreación del mundo europeo y americano en el que Japón no es la referencia sino una pieza más del entramado de naciones de poca importancia para Europa, la refinadísima calidad de sus diseños y, muy especialmente, una habilidad casi extraterrestre para construir guiones de una sorprendente originalidad y capacidad de atracción que lo han convertido en uno de los grandes maestros del cómic nipón de finales del siglo XX y principios del XXI. Un hecho que no ha impedido que reconozca abiertamente su admiración por el gurú de los años sesenta sin cuya aportación posiblemente no hubiese dedicado su vida al arte de retratar historias a base de tinta y papel.

Pluto es el encuentro de dos generaciones y de dos maneras de entender el manga. Una tan innovadora como obsoleta para nosotros en la que por primera vez un producto de entretenimiento y aparentemente frívolo como el cómic se convertía no sólo en un fenómeno de masas sino incluso en una forma de cultura. Otra más madura y minuciosa capaz de heredar el legado de un padre y llevarlo hasta unos niveles de calidad que difícilmente hubiesen sido imaginados por su predecesor.

Estamos pues ante la actualización de un clásico que adquiere desde el principio viva propia, sin llegar en ningún momento a la categoría de spin-off, en el que Urasawa rinde tributo a su ídolo y da vida a uno de los relatos que marcaron su infancia, aunque en su etapa adulta, convertido ya en uno de los grandes referentes del cómic a nivel mundial y cuyas creaciones cuentan con millones de adeptos en todo el mundo. Una personalísima visión en la que una simple historia de enfrentamientos de robots para el lucimiento de su protagonista termina convirtiéndose en todo un clásico de la intriga en el que ésta, para sorpresa de todos, será relegada a un plano completamente secundario en beneficio de la filosofía existencialista que en más de una ocasión hará que la meditación tome el relevo de la lectura.

Diseños espectaculares, un más que meticuloso proceso de elaboración de las viñetas y una trama tan original como adictiva confeccionan un manga de extraordinaria calidad que encuentra su talón de Aquiles en la fidelidad a la historia primigenia y que emponzoña de un modo imperdonable el resultado final de una obra que de prescindir de Astroboy y de su elenco de personajes asociados hubiese podido considerarse como maestra.

De cualquier modo, un producto de muy alta calidad, editado dentro de la línea “Biblioteca Pachinko” de Planeta al precio de 7,95€ el tomo y que hará las delicias de los aficionados al manga de suspense con numerosas invitaciones a la reflexión sobre la naturaleza humana, que desafortunadamente desembocará en una dolorosa conclusión. Al final, el último que quedará…

NOTA: 8

6 comentarios el “Pluto; la fusión de las generaciones de Tezuka y Urasawa

  1. Soy fan de Osamu Tezuka y de Naoki Urasawa, así que tengo pendiente este manga desde el primer día que lo conocí, pero aún no me lo he leído, lo sé, un pecado por mi parte, pero hay tantas cosas por hacer/ver/leer/jugar en esta vida que es imposible abarcarlo todo.

    En cuanto me lea el manga paso a leerme esta reseña porque prefiero llegar sin saber nada de la obra y descubrirla por mi mismo. Me espero mucho de Pluto ^^

  2. Como verás he tardado en responder, y creo que puedo acusar sin duda de ello al “Derecho Mercantil” (Rayos y truenos suenan de fondo), o estatuto jurídico del empresario como más técnicamente se le conoce.

    La review es realmente lo que me esperaba, simplemente fantástica y exhaustiva (auque me gustaría saber cual fue, según tu criterio, el error de Death Note, que para mi gusto tiene varios).
    Algo que valoro mucho a la hora de meterme de lleno en el mundo que me ofrece un libro/manga/anime/videojuego es el mundo que nos abre asi como las “dudas existenciales” que nos plantea y que nos hacen reflexionar (una de las razones por la que no soporto Naruto, cuyo único tema a tratar es el valor de la amistad).
    Es por ello que puedo afirmar sin equivocarme que mis favoritos son:
    Libro: Spin
    Manga: Deadman Wonderland
    Anime: Angel Beats
    Videojuego: Final Fantasy VII

    Por lo que nos cuentas este manga tiene todo lo que puedo pedir de un manga, salvo un final de 10 (cosa que por alguna razón suele fallar en una ingente cantidad de las obras del país del sol naciente). Sobretodo me llama la atención la reflexión sobre ¿Qué nos hace humanos?, una pregunta que como ateo reafirmado me he debido plantear en mis 20 años estudiando en instituciones religiosas.

    En todo caso una review fantástica, espero no haberme alargado mucho pero quería que el comentario estuviese a la altura de las circunstancias, y finalmente a modo de petición (que no se si aceptarás xd) me gustaría que hicieses una review del anime Angel Beats (cuya segunda temporada saldrá el año que viene) y que, siendo mi anime favorito por lo que transmite, me gustaría conocer tu opinión y la de los que por aquí andamos sobre él.

    Un saludo ^^

    • Primer artículo que leo de tu blog, y siendo al igual que tu, un admirador de Urasawa (sobre todo Monster) y detractor de 20th Century Boys, he de decirte que tu artículo es sencillamente excelente!!! Muy bien escrito y bastante interesante incluir datos históricos reales, le da mucho más transfondo que un análisis que se limite unicamente a la obra. Si tus artículos son asi de buenos me dieron ganas de leer los correspondientes a Monster y 20th Century Boys.
      En este momento estoy leyendo Pluto, me falta el último tomo, y realmente comparto bastantes opiniones contigo, sobre todo en lo que respecta al apartado filosófico.

  3. Me complace leer sus palabras caballero :D. Si decides leer el de Monster, debes saber que es el tercero más elaborado de la historia de esta bitácora, después de FullMetal Alchemist y Ranma 1/2, por lo que espero que te guste.

    Un saludo.

  4. Pingback: Buddha: The Great Departure. La apuesta de Toei por la narrativa de Tezuka « Drakenland / El lobo zamorano

Adelante, siéntete libre para incordiar :3

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