From up to Poppy Hill, el hundimiento de Ghibli por cortesía de Goro Miyazaki

¿Por qué envías tus pensamientos al cielo? El viento se los lleva a lo alto para mezclarlos con las aves. Guarnecidos en el azul, este día tus banderas vuelan de nuevo”

Goro Miyazaki y yo mantenemos una particular relación de amor-odio difícilmente explicable y de la que esta review es buena prueba de ello, puesto que cuando me encontraba a punto de publicarla, un pequeño error informático echó por tierra un trabajo de más de ocho horas obligándome a empezar desde el principio. Luego ésta es la segunda vez que escribo íntegramente esta reseña.

El texto original hablaba de cómo descubrí por primera vez Gedo Senki. Era allí cuando narraba que en aquella época yo trabajaba para Efe. Como en toda agencia de noticias que se preciase, el estrés formaba parte de mi rutina diaria, aunque ello no era óbice para evitar que surgiesen otros problemas como el que me sobrevino y que se tradujo en una muela del juicio picada hasta sus raíces ante la que no me quedó otra opción que aceptar que me la arrancasen.

Tomé la decisión un viernes, pero por diversos motivos largos y complejos de contar no pude visitar al odontólogo hasta el lunes. Algo que motivó que durante todo el fin de semana padeciese unos dolores verdaderamente insoportables y que el Domingo anterior a la extracción fuese incapaz de conciliar el sueño, lo que hizo que para matar el tiempo en aquella noche de insomnio pusiese el DVD de la película intentando que éste me distrajese de esa sensación de que mi molar estaba a punto de estallar en el interior de mi boca. El objetivo se cumplió y puedo decir que cuando mi dentista hizo su trabajo lo que menos me dolía era el boquete abierto.

El anime era ínfimo… horriblemente malo… una especie de redefinición de la palabra “evacuación visual” que me produjo un enervamiento como ningún otro anime me había provocado hasta la fecha. Tal era así que el fruto de mi ira se materializó en una simple anotación en tono despectivo en este blog que, incluso a día de hoy, considero la peor de las entradas jamás escritas por mí, por lo que en ningún caso la enlazaré.

Pero de alguna manera, y a pesar de que intuyo la clase de película a la que me enfrento en esta segunda ocasión, me encuentro en la obligación moral de analizarla tanto con la intención de expresarle mi opinión sobre ella a la dueña de este blog, como para completar mi objetivo no escrito de llegar a analizar toda la filmografía de estudio que cautivó a toda una generación de otakus, en la cual tengo el orgullo de encuentrarme. Por todo ello vamos a adentrarnos (en mi caso por segunda vez el mismo día) en este territorio inhóspito que sugiere la simple mención del nombre del hijo del gran gurú de la animación japonesa y ante la cual sólo hay una cosa clara: la caja de Pandora se abrirá ante nuestros ojos.

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Hoshi o Ou Kodomo, la caída de Makoto Shinkai como gran esperanza del anime

El otro día escuché por primera vez una melodía misteriosa… diferente a todo lo que alguna vez había escuchado. Era como… el sonido del corazón de alguien. Cuando la escuché sentí tristeza y felicidad al mismo tiempo y me hizo sentir que no estaba sola. Sigue en mi pecho. Me gustaría escucharla… otra vez”.

Lo dije y lo advertí el año pasado: esta película iba a caer, aunque el problema era el cuándo y el cómo. Efectivamente había sido estrenada en Japón, pero su lanzamiento en DVD y Blu Ray se estaba haciendo eterno y entre unas cosas y otras, empezó el curso sin que me fuera posible analizar el que era el último trabajo del que es uno de mis cineastas preferidos: Makoto Shinkai.

Arrastraba al mismo tiempo un cierto cargo de conciencia debido a que las anteriores reviews destinadas a sus obras habían sido escritas en la primera de las etapas de este blog, lo que implicaba un nivel de detalle y de análisis mucho menor que el actual, que de alguna manera se hubiesen merecido a tenor de la extraordinaria calidad de algunas de sus apuestas y que llegaron a tales extremos que me hicieron ver en él un talento en cuyos hombros reposaba indudablemente el futuro del manganime, tan en duda en los últimos años por culpa de su mala calidad y la plena decadencia en la que el género se encuentra sumido por multitud de razones en las que no voy a entrar.

Así pues, y una vez recuperado de la “ordalía” del post anterior, me dispongo sin más dilación a analizar este Hoshi o Ou Kodomo que inaugura el ciclo de reviews de anime con el que contará el blog este año y que merecía, como no podía ser de otra manera, empezar con un autor de renombre. Veremos si se encuentra a la altura de lo esperado.

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Yoshi’s Island, el arte encarnado en forma de cartucho de SNES

A long, long time ago… This is a story about baby Mario and Yoshi. A stork hurries across the dusky, pre-dawn sky. In his bill, he supports a pair of twins. Suddenly, a shadow appears in a gap between the clouds and races towars the stork with blinding speed. “SCRREEEECH!!! THE BABIES ARE MINE!”. Wow!!! Snatching only one baby, the creature vanishes into the darkness from whence it came. The second baby falls undetected towards the open sea…”

Sinceramente no sabía si afrontar esta review o no. Siento demasiado respeto por sagas como Super Mario, Zelda o Sonic como para dedicarles un solo análisis o hacer siquiera una simple mención por todo aquello que llegaron a significar. Aunque mucho me temo que la ocasión lo merece, porque no hablo de un videojuego cualquiera sino de algo que iba mucho más allá que unas simples horas de entretenimiento… a una ilusión encerrada en un cartucho cuyos secretos parecían no tener fin y cuyo nombre sigue produciéndome escalofríos con su simple mención casi veinte años después de su nacimiento.

Hablo de un título del que lo importante no era su contenido, modo de juego o historia… sino de la sensación que transmitía e inspiraba. De ese sentimiento generado al introducirlo en una SNES que inmediatamente generaba en tu rostro una sonrisa que no desaparecía hasta que el tiempo o los límites físicos obligaban a volver a un mundo como el real, mucho más cruel y despreciable que aquél sólo existente en las mentes de profetas de lo divino de la talla de Miyazaki en el anime o de Miyamoto en el videojuego.

Por ello, y antes de empezar en serio con el mundo de los animes, me vais a permitir que muestre el que sin duda fue el juego más bello de la cuarta generación de consolas y uno de los preferidos de los que son aficionados a la estética “Rilakkuma”. Hablo del Yoshi’s Island… y es ahí donde las palabras dejan de tener un sentido para convertirse en vulgares instrumentos humanos inútiles para describir una belleza dionisíaca, mística, cautivadora… un concepto tan alto que sólo resulta comparable a la belleza de los ojos de aquella a la que le dedico esta bitácora. Así pues, perdonad pues la bajeza de estas letras para intentar describir con ellas lo que no tiene sino un simple nombre: la perfección.

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