From up to Poppy Hill, el hundimiento de Ghibli por cortesía de Goro Miyazaki

¿Por qué envías tus pensamientos al cielo? El viento se los lleva a lo alto para mezclarlos con las aves. Guarnecidos en el azul, este día tus banderas vuelan de nuevo”

Goro Miyazaki y yo mantenemos una particular relación de amor-odio difícilmente explicable y de la que esta review es buena prueba de ello, puesto que cuando me encontraba a punto de publicarla, un pequeño error informático echó por tierra un trabajo de más de ocho horas obligándome a empezar desde el principio. Luego ésta es la segunda vez que escribo íntegramente esta reseña.

El texto original hablaba de cómo descubrí por primera vez Gedo Senki. Era allí cuando narraba que en aquella época yo trabajaba para Efe. Como en toda agencia de noticias que se preciase, el estrés formaba parte de mi rutina diaria, aunque ello no era óbice para evitar que surgiesen otros problemas como el que me sobrevino y que se tradujo en una muela del juicio picada hasta sus raíces ante la que no me quedó otra opción que aceptar que me la arrancasen.

Tomé la decisión un viernes, pero por diversos motivos largos y complejos de contar no pude visitar al odontólogo hasta el lunes. Algo que motivó que durante todo el fin de semana padeciese unos dolores verdaderamente insoportables y que el Domingo anterior a la extracción fuese incapaz de conciliar el sueño, lo que hizo que para matar el tiempo en aquella noche de insomnio pusiese el DVD de la película intentando que éste me distrajese de esa sensación de que mi molar estaba a punto de estallar en el interior de mi boca. El objetivo se cumplió y puedo decir que cuando mi dentista hizo su trabajo lo que menos me dolía era el boquete abierto.

El anime era ínfimo… horriblemente malo… una especie de redefinición de la palabra “evacuación visual” que me produjo un enervamiento como ningún otro anime me había provocado hasta la fecha. Tal era así que el fruto de mi ira se materializó en una simple anotación en tono despectivo en este blog que, incluso a día de hoy, considero la peor de las entradas jamás escritas por mí, por lo que en ningún caso la enlazaré.

Pero de alguna manera, y a pesar de que intuyo la clase de película a la que me enfrento en esta segunda ocasión, me encuentro en la obligación moral de analizarla tanto con la intención de expresarle mi opinión sobre ella a la dueña de este blog, como para completar mi objetivo no escrito de llegar a analizar toda la filmografía de estudio que cautivó a toda una generación de otakus, en la cual tengo el orgullo de encuentrarme. Por todo ello vamos a adentrarnos (en mi caso por segunda vez el mismo día) en este territorio inhóspito que sugiere la simple mención del nombre del hijo del gran gurú de la animación japonesa y ante la cual sólo hay una cosa clara: la caja de Pandora se abrirá ante nuestros ojos.

Ficha Técnica

From Up on Poppy Hill, también conocida como Kokurikozaka Kara (コクリコ坂から) es una película de animación del estudio Ghibli dirigida en 2011 por Goro Miyazaki y producida por Toshio Suzuki. Pertenece al género Shoujo y Dramático y está basada en un manga de 1980 escrito por Tetsurou Sayama, dibujado por Chizuru Takahashi y publicado en la revista KC Nakayoshi.

Argumento

Desde su más tierna infancia, una muchacha de Yokohama llamada Umi Matsuzaki tiene por costumbre izar banderas de la marina que con el mensaje “Hokuto” tienen como objetivo rendir tributo a la memoria de su padre, un marinero que murió durante la Guerra de Corea cuando su barco de suministros chocó contra una mina y del que incluso en el presente sigue esperando inconscientemente su regreso.

Un día al leer el periódico de su instituto descubre asombrada que un estudiante le dedica un poema anónimo por la diaria afición que la caracteriza. Un hecho que la turbará, aunque ni remotamente de la manera que lo hará un compañero suyo, Shun Kazama, al arrojarse desde las alturas hacia una piscina situada muy cerca de donde ella se encuentra con la única atención real de atraer su atención. Aunque no será un acto tan gratuito como inicialmente parece.

Los alumnos del centro se encuentran en pie de guerra y aquella hombrada no era más que uno de los actos previstos en una hoja de ruta muy especial destinada a evitar una catástrofe. El comité organizador de los Juegos Olímpios de Tokio 1964 ha sugerido la demolición de la “casa club” que sirve a los estudiantes como lugar en el que desarrollar sus actividades extraescolares con las que se complementar su formación.

Umi Matsuzaki, Shirou Mizunuma y Shun Kazama

A la cabeza de los mismos se encuentra Shirou Mizunuma, un carismático y astuto líder que se encargará de aunar esfuerzos y redirigirlos en la dirección más conveniente, mientras planean la estrategia que les dará la victoria sobre la autoridad que quiere desposeerlos de uno de sus más queridos y valiosos tesoros.

Inicialmente ésta será la razón por la que Umi y Shun empatizan inmediatamente y comienzan a trabajar juntos. Aunque pronto la muchacha descubre que él es el autor de aquel misterioso poema. Algo que cambiará radicalmente la visión que tiene de él hasta convertirla en un profundo y sincero amor que ninguno de los dos es capaz de ocultar. Sin embargo, esta nueva e imprevista situación no será precisamente fácil para ninguno de los dos.

Shun, en una conversación con su padre, llega a la conclusión de que él y su enamorada pueden ser hermanos, lo que los lleva a una coyuntura en la que ambos deberán renunciar a sus sentimientos al constituir éstos un amor prohibido. Aunque en ocasiones donde manda el corazón, la razón puede no tener lugar…

Tema Central de la OST

  • Sayonara no Natsu”, compuesto por Kokuriko e interpretado por Aoi Teshima

Análisis

Hablar de un estudio como Ghibli es referirse a un icono del anime del que bien se puede decir que funciona a dos velocidades. Por un lado la impuesta por Hayao Miyazaki y su pequeño universo de sensaciones, estímulos y maravillas. La de un genio envuelto en un mundo en el que el asombro y la majestuosidad son las notas dominantes y el hombre no es sino un mero morador más en mitad de una Creación llena de seres vivientes muy superiores moral y escrupulosamente a él.

La segunda es la compuesta por lo que siempre he denominado los “apócrifos” del mismo. Una sucesión de largometrajes de corte realista y costumbrista iniciados con Takahata y su infumable Tumba de las Luciérnagas y sucesivamente empeorada por todos sus aspirantes a sucesores que intentaron en vano construir entre sus seguidores la ilusión de que existía vida para el sello que representaban mucho más allá de su más distinguida celebridad cinematográfica.

Entre estos últimos se coló Goro Miyazaki, el hijo mayor del director de Mononoke Hime, que a pesar de la leyenda urbana que hablaba de relaciones más que turbulentas con su celebérrimo padre, había intentado irrumpir en su terreno con Tales of Earthsea, una polémica adaptación de la serie de libros del mismo nombre con la que fue unánimemente vapuleado por crítica y público y tras la cual no se esperaba que volviese nunca más a situarse detrás de una cámara. Algo que sin embargo volvió a hacer el año pasado con el título que ahora nos ocupa y que sin más dilación (aunque no con pocas dudas) pasaremos a analizar.

45 años y un padre genial no garantizan que también un hijo lo sea

La primera toma de contacto con este “From Up on Poppy Hill” es sencillamente desoladora. Una anodina y estrafalaria sucesión de títulos de crédito insertados de cualquier forma sobre la acción y que rompen con la regla no escrita de su padre de comenzar sus poemas visuales con una obertura original que transmitiese al espectador la sensación de que se encuentra ante un producto único y excepcional a la usanza de la época dorada de Hollywood y sus espectaculares superproducciones.

Inicialmente podríamos interpretar esto como un esfuerzo por parte del director por distanciarse de su progenitor y del estilo que lo hizo famoso y en realidad así es. El grande de los Miyazaki siempre se caracterizó en su etapa independiente por desenvolverse mucho mejor en el terreno de la fantasía que en la realidad, aunque por encima de todo había una diferencia que incluso a día de hoy lo consagra como el mejor creador de animación de todos los tiempos.

Se trataba de sus historias. “El Gran Abuelo” creaba sus propias verdades, desarrollaba guiones de la nada, o bien reinventaba otros ya hechos para llevarlos a su campo, mejorándolos y convirtiéndolos de ese modo en una obra inmortal y extemporánea encargada de dar nombre y gloria al anime. Si se prefiere, tenía claro qué clase de historias era capaz de narrar, las traducía a su lenguaje y las convertía en un simple milagro. Pero su vástago no ha demostrado haber heredado dicha pericia.

Aparición de los títulos de crédito entremezcados sin pudor con escenas de la película

En esta ocasión, el guión a destrozar era el de “Kokurikozaka kara“, un manga editado por la revista KC Nakayoshi (especializada en Shoujos) perteneciente a la editorial Kodansha y recopilado en un par de tomos recientemente reeditados por la Kadokawa Shoten en 2010, aprovechando el tirón comercial provocado por el estreno de la película.

Como se puede comprobar un poco más abajo, pocos rasgos existen en común entre el trabajo de Chizuru Takahashi y el acaudillado por Katsuya Kondou para su conversión animada. Ciertamente, el trabajo de este último es superior en calidad al primigenio y mucho más asimilable para un público como el actual. Pero esta apreciación decrece en importancia al percatarnos de que el trazo guarda unos misteriosos parecidos con los usados para Mimi Wo Sumaseba en la que otro Kondou, Yoshifumi, intentó sin éxito emular a Takahata y su particular estilo de reproducir los elementos realistas como medio narrativo por excelencia.

Estamos pues ante una imitación de una imitación en la que, para colmo, la historia cambia su ubicación temporal, y el inicialmente atractivo enclave de Yokohama de finales de los setenta, queda desplazado hasta casi veinte años antes, y más concretamente hasta las vísperas de los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964, aunque desprovisto de toda la significación y rigor histórico que tal evento suponía para el Japón de la posguerra.

Diferencias de diseño entre el del cómic original (izquierda) y el de la película (derecha)

Había que dar fe de un lavado de cara. Una Carta de presentación en la que el Imperio del Sol Naciente presentaba sus credenciales al mundo como nueva superpotencia económica emergente que había resurgido de sus cenizas, con un ímpetu tal que ningún cálculo o planificación económica podría obviar a partir de ese instante los acontecimientos acaecidos en sus fronteras.

Son también tiempos un tanto convulsos. El país se había convertido en un satélite de Estados Unidos y la democracia sufrió un importante revés con el asesinato de Inejirou Asanuma en pleno debate político por parte de un estudiante de 17 años. Esta coyuntura se encuentra ciertamente evocada en algunos de los retales de la película, entre los que sobresale la asamblea de alumnos que servirá para unificar sus esfuerzos para salvar la “casa club” en la que desarrollan sus actividades extraescolares (toda una piedra angular del sistema educativo japonés). Aunque dicho matiz se encuentra demasiado difuminado en el cúmulo de acontecimientos presentados en los que se prefiere dar prioridad a los relacionados con la demolición del edificio en el marco de las actuaciones urbanísticas destinadas a aclimatar la ciudad y adecuarla a este particular espectáculo deportivo, cuya significación se encuentra demasiado torpemente tratada.

Tal es así que el largometraje hace alusión en una escena a la práctica del rugby por parte de los colegiales nipones. Un deporte residual en relación no sólo al baseball (también retratado) sino fundamentalmente a las que iban a ser las dos grandes bazas del país para los Juegos: el Judo, que se estrenaba de esta manera como deporte olímpico en detrimento del Kárate, y la gimnasia artística masculina, en la cual marcarían uno de los referentes históricos por excelencia de este deporte y que a día de hoy es fundamentalmente imitada por la escuela china.

Un reto simple aunque demasiado complejo para un Goro Miyazaki

No voy a negar la mayor de que estoy dando demasiadas vueltas y no estoy hablando de lo que en sí nos importa: la adaptación de “From Up on Poppy Hill” y si ésta merece o no ser considerada como un producto de calidad pero… ¿qué se puede decir de una producción que tarda nada menos que 45 minutos en despegar? Cuando la mitad de su metraje se construye en torno a charlas anodinas, insulsas e intrascendentes relacionadas con la dichosa “casa club” cuya integridad corre peligro.

Así es. Da la sensación de que Goro Miyazaki sólo ha pretendido animar a lo loco minutos y minutos de película sin importarle si la historia a la que estaba dándole vida era la de “Don Quijote de la Mancha” o la de la grabación de una cámara oculta ubicada en plena calle sin ningún tipo de conexión entre los personajes representados y sus acciones… Esa certeza, en definitiva, del uso torticero del “cualquier cosa vale” aunque ésta no tenga el menor sentido o carezca de cualquier interés, motivada en que el espectador lo verá única y exclusivamente por pertenecer al sello Ghibli.

Pese a todo, en torno a la mitad de la película se produce un momento verdaderamente culmen. Shun, uno de los dos protagonistas destinados a convertirse en pareja, se percata de que Umi y él pueden ser hermanos por parte de padre, repudiando de este modo a la muchacha. Es decir, nos encontramos ante uno de los dilemas clásicos del mundo de la narrativa japonesa (y occidental) del amor entre hermanos o hermanastros avocado irremediablemente a la tragedia.

Asalto a una tribuna de oradores como rechazo a la “tiranía de la mayoría

En estos momentos en el que un amor prohibido entra en escena, es en donde la mano de los pocos directores llamados a convertirse en genios demuestran si están o no a la altura de la gloria que pretenden alcanzar. Un buen ejemplo de ello lo encontramos en la magistral “El Sur” dirigida por Víctor Erice y de la que sólo se pudo rodar la mitad. La parte que quedó sin grabar transcurriría en Andalucía y tendría como principal atractivo el amor platónico surgido entre la protagonista y el hermanastro de la misma (al que desconoce), dando pie a una relación incestuosa de la que un inesperado recorte presupuestario nos privó de conocer cómo el genial director era capaz de resolver.

Dicho esto, la gran pregunta giraría en torno a si Goro Miyazaki sabría salir airoso del envite… de ese órdago que podría encumbrar su obra o por el contrario terminar de hundirla en los abismos de la ignominia. Y la respuesta es un claro y rotundo no. Los amantes optan por la vía de aceptar su situación, de un modo similar al presentado en Marmalade Boy, para volver inmediatamente al tema de la “casa club” o centrar toda la problemática sentimental en torno a la filiación de Shun y a las relaciones afectivo-honoríficas que lo llevaron a ser hijo de quien es. En otras palabras, el director se comporta simple y llanamente como un cobarde huyendo de la situación que él mismo genera.

Este clamoroso error termina por convertir a “From Up on Poppy Hill” en una vulgar pérdida de tiempo. En uno de tantos productos animados completamente intrascendentes que a día de hoy colapsan el género del anime con títulos inanes e incapaces de generar la menor empatía o solidaridad con los protagonistas, bien sea por las causas que defienden o simplemente por sus maneras de ser.

Detalle de la escena del barco en la que se introduce el nombre de “Ghibli

Poco por lo tanto se puede salvar de un largometraje que lleva el fracaso escrito en su sangre desde el primer hasta el último instante de su metraje y que posee como mejor y más feliz momento el de su final, con el que termina un más que insufrible duelo contra el tedio ante el que la única sensación que le queda al espectador es la de, insisto, haber perdido miserablemente 90 insoportables e insidiosos minutos.

A pesar de todo, la mano de Hayao Miyazaki conseguirá salvar de la quema algunos momentos relacionados fundamentalmente con la parte de la que se encargó: el screenplay y la manera con la que esta faceta tiene que unir las diferentes realidades, narrativa y plástica, en determinados y muy marginales fragmentos del film, en el que su buen hacer se ve sobradamente plasmado, fundamentalmente en la belleza de los entornos.

En ese sentido, la cinta posee un gran número de estampas esencialmente basadas en interiores que poseen un nivel de detalle fuera de toda duda y de los que se puede decir bien alto que se encuentran a una altura aceptable, aunque en ningún caso entre los mejores de la factoría. Algo que ayudó a que llegase a editarse un “The Art of…” relacionado con la película, como por otro lado es tradición en todos los trabajos más importantes de Ghibli. Aunque el nivel de las estampas no será sino un espejismo en mitad de un desierto de desesperante mediocridad.

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Entornos de From Up on Poppy Hill (Clic para ampliar)

La práctica totalidad de las escenas que componen esta película son en realidad simples “cortapega”. Meras imitaciones de otros trabajos desvirtuados, descontextualizados y salvajemente empeorados con una grosería indignas del sello abanderado por Totoro. Buena fe de ello la dan ciertos momentos en los que Umi se pone a asentir de un modo literalmente idéntico al de Makoto en Toki Wo Kakeru Shoujo, utilizando incluso el mismo tono en sus intervenciones sonoras. Aunque será ésta, tal vez, la menor de las miserias de las que nos percataremos a lo largo de esta oda al sopor adaptada a la gran pantalla.

Otro recurso frecuentemente utilizado son las aglomeraciones de personajes, que llegaron a convertirse en la mejor y más reconocible seña de identidad de Hayao Miyazaki, especialmente en su magistral adaptación televisiva de Sherlock Holmes, donde las avalanchas de policías de Scotland Yard intentando apresar a Moriarty, constituyen incluso a día de hoy una de las señas de identidad por excelencia del anime para la pequeña pantalla y de todo lo que dicho nombre evoca. Pero si bien el padre utilizaba magistralmente esta peculiaridad, el hijo la reduce a la categoría de mero esputo.

A la sensación de armonioso caos que el maestro era capaz de transmitir con su uso, “Goro” da paso a una acumulación de juncos inertes que parecen movidos al unísono por el viento, cuya integridad física empeora de manera directamente proporcional a la del tiempo que permanecen en escena y que sólo sugieren una profunda y patética hilaridad más propia de lo paródico que de un producto que se presume serio.

Ejemplo de escena de masas con cuerpos deformes asociados a ella

Momentos como los de la incursión en las entrañas de la omnipresente “casa club”, en los que se intenta evocar algunas de las máximas de las que se supone definen al buen cine, no son sino una vulgar imitación del balneario en el que Chihiro (convertida en Sen mediante el robo de ciertos rasgos en los kajis de su nombre) se veía obligada a trabajar en Spirited Away. Pero si bien aquel conjunto de baños conformaba un bucólico y pintoresco mosaico de las filosofías taoístas y ecologistas que siempre han definido a la cabeza pensante de Ghibli, su hijo sólo consigue reproducir un conjunto de estampas sin vida a las que la presencia de estudiantes no hace sino perjudicar.

Incluso en relación al sintoísmo la película pretende parecer profunda cuando en uno de los diálogos se habla de que la archimencionada edificio existía desde mucho antes del nacimiento de las personas que querían demolerlo, por lo que su presencia en la ciudad merecía un respeto metafísico que sólo un oriental podría percibir.

Aunque dicha ilusión se derrumba como un castillo de naipes al descubrir que ese argumento no es sino un plagio exacto del esgrimido por los protagonistas de “El Olmo del Cáucaso” de Jiro Taniguchi, no que no hace sino agudizar la idea de que nos encontramos ante un trabajo completamente impersonal, anodino y lleno de momentos “curiosísimamente” parecidos a los de otras grandes obras del anime y del manga.

Portada de “The Art of From Up on Poppy Hill” (Izquierda) y BSO (Derecha)

Mención aparte merece su banda sonora. A medio camino entre lo monstruoso y lo criminal, la horrenda colección de melodías elegidas es capaz de hacer quela contemplación de un apareamiento de caracoles resulte divertida. Desde una estridente versión del “Ue o Muite Arukou” (Sukiyaki) de Kyu Sakamoto hasta ocurrencias como la chirriante “Breakfast Song”, pasando por toda clase de “Covers” a base de piano con un aire más que sospechoso al usado en las adaptaciones televisivas de “Peanuts (Nombre real de la “tira cómica” protagonizada por Charlie Brown y su perro Snoopy) y que sólo es ya la gota que colma el vaso de un conjunto de despropósitos en los que la BSO es sólo uno de tantos.

No obstante, el tema que pone fin al anime, “Summer of Goodbye” (Sayonara no Natsu), es posiblemente uno de los mejores de los que han poblado las OST de las películas de animación que han visto las carteleras japonesas en los últimos años y que el director dedicó a los fallecidos por el Tsunami que arrasó las costas de Japón poco antes del estreno de su obra. Un factor que no obstaculiza en absoluto para obviar que el final no es sólo predecible, absurdo, estúpido y carente de lógica, sino que transmite en todo momento el mensaje de que haber visto esta cinta ha sido, en pocas palabras y por enésima vez, perder miserablemente el tiempo.

A pesar de toda esta exhibición de locuras, desmanes, disparates y torpezas, el film recaudó en las taquillas niponas 587 millones de Yen, lo que vendrían a ser 7,5 millones de dólares, y la Academia de Cine Japonesa la premió como animación del año 2012. Un galardón cada vez más en declive a tenor de la cuasicómica competencia contra la que compitió compuesta por Toufu Kozou, la adaptación al cine de K-On! y la enésima de Detective Conan. Un gran reto sin duda…

Edición convencional en Blu-Ray de “From Up on Poppy Hill” (izquierda) y especial (derecha)

Más cuidada fue la venta de las ediciones domésticas de “From Up on Poppy Hill” en Blu-Ray, donde se han comercializado hasta la fecha dos formatos. Uno con la carátula azul y las siluetas en blanco que incluye un pequeño libro con carteles y algún texto con secretos y curiosidades del rodaje y otra con un diseño original de Goro Miyazaki y que adjunta un mapa reversible de Yokohama con todas las ubicaciones que aparecen en el film, así como postales con diseños correspondientes a la fase de producción de la cinta. Mas esto no deja de ser una mera curiosidad que no debe distraernos de la verdad.

Estamos ante una película mortalmente aburrida, innecesaria y privada de la menor lógica o justificación para su presentación ante el público. Me cuesta creer que alguien en sus cabales pueda sentirse atraído directa o indirectamente por ella, sus personajes o su historia. Es sencillamente ver una secuencia animada de hora y media que deja completamente indiferente en todos y cada uno de sus aspectos, a excepción de dos factores esencales en los tiempos que corren. El dinero invertido en verla y el tiempo perdido.

Es posible pensar que estamos ante un trabajo de corte costumbrista y que ello ensombrece y reduce las posibilidades de entretenimiento y diversión que puede ofrecer, aunque nada más lejos de la triste realidad, consistente en que si la primera película de Goro Miyazaki fue una lamentable imitación de las de su padre, esta segunda lo es de las de Takahata, pero no del responsable de aquellos trabajos que glorificaron a la animación televisiva hasta convertirla en un género de calidad, sino de aquella patética sombra que se arrastraba por Ghibli viviendo en el pasado mientras publicaba obras como Omohide Poro Poro o “Pompoko“, únicamente definibles mediante las palabras del humorista Forges que hilvanaban la frase: “Pintorescos coñazos”. Si se prefiere, estamos ante la clonación del trabajo producido por el residuo de lo que antaño fue un gran nombre, y de la que el único resultado posible es lo que tenemos en nuestras manos.

Conclusión

Recuerdo como si fuese ayer la primera vez que vi “Ikiru” (Vivir) de Akira Kurosawa. Se trataba como ésta de una narración costumbrista del Japón de la Posguerra, pero que contaba una historia sencillamente apasionante que enamoraba a un espectador que se dejaba seducir por los entresijos de la mente del genial realizador en torno al simple concepto de un parque como legado vital de un funcionario condenado a morir por culpa de un cáncer de estómago. Se trataba de una obra de arte en blanco y negro, modesta pero magistral.

From Up Form Poppy Hill” intenta con más recursos, presupuesto, medios y capital lo mismo y simplemente consigue una cosa: dar ganas de vomitar. Se trata de un trabajo tan infame y tan desvergonzado en sus plagios que su simple nombre bastaría para condenar a los infiernos a Ghibli a pesar de todas las grandes obras aportadas al universo del cine por Hayao Miyazaki, del que cada vez quedan menos dudas acerca de que morirá sin tener a un sucesor ni remotamente digno de él.

Estamos ante la que es, posiblemente, una de las peores y más groseras películas jamás exportadas por parte del Imperio del Sol Naciente que constituye por sí misma un insulto al género al que pertenece y que demuestra definitivamente la torpeza y falta de personalidad de “Goro” a la hora de abordar un proyecto medianamente serio. Una exhibición de mediocridad de la que nadie hablaría de no ser porque pertenece al estudio al que pertenece y que simplemente merece algo peor que la muerte: el olvido.

NOTA: 0,10

12 comentarios el “From up to Poppy Hill, el hundimiento de Ghibli por cortesía de Goro Miyazaki

  1. Por fin lo he conseguido. El ordenador se me colgó y tuve que rehacerla desde el principio cuando ya la había terminado por primera vez. Después el server no me ha dado más que problemas, aunque por fin aquí está el resultado final. El 26 de julio publicaré el análisis de “El Mapa del Cielo”.

    Un saludo y lo siento si hay alguna errata. He trabajado a contrarreloj.

  2. Yo la verdad es que al saber que su director es Goro Miyazaki, me había sacado todas las ganas de verla, porque ya había visto su anterior película y no me gustó mucho, ni siquiera el diseño de personajes, así que no creo que vea esta tampoco. Además, leyendo tu reseña, ya me quita todas las ganas que podría haber tenido par verla. Bueno, esperemos que lo próximo de este estudio sea algo mucho mejor que las últimas películas que estrenaron.
    Besos.

  3. Hay rumores que hablan de que Miyazaki está trabajando en un nuevo proyecto que supuestamente versará sobre el avión de combate Mitsubishi A6M Zero, aunque la gran pregunta es ¿en qué papel? De momento son sólo eso, rumores, lo que parece claro es que las películas de Ghibli que no dirige Hayao Miyazaki son realmente malas. Y bueno, ya lo de Goro Miyazaki suena a profunda y sincera burla hacia los fans del estudio.

    Un saludo.

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  5. Anodino, impersonal e intrascendente, esas eran las ideas que giraban en mi mente mientras visionaba este despropósito…
    Según los fans mas acérrimos de Ghibli la comparan con ”Susurros del Corazón”, que tampoco era para echar tiros, pero al menos algo de encanto tenia, algo de chispa digna del estudio, que en from up to poppy hill simple y llanamente no esta presente. Había momentos del film que hasta me costaba creer que en serio proviniera de Ghibli, con esa banda sonora ramplona y personajes antipáticos u otros que trataban de dárselas de cómicos, terminando por ser insoportables, como el personaje encargado del club de filosofía, el horror pues.

    La calidad de la animación me recordó bastante a Gedo Senki, osea unos dibujos correctos y a la altura del estudio de Miyazaki, pero sin llegar a deslumbrar con ese barroquismo que todavía en la anterior ”Arriety” seguía muy presente.

    Definitivamente para que este film llegara a ser el mas taquillero del 2011 en Japón, solo puede deberse a que proviene del studio Ghibli como bien mencionas, lo verán única y exclusivamente por pertenecer al sello Ghibli, porque de no serlo se sumaria a la lista de films anime que han pasado bastante desapercibidos. Por poner algunos ejemplos serian: Colorful, Mai Mai Miracle, Princess Arete o Toaru Hikuushi e no Tsuioku, y creo que alguna de esas haría mas que palidecer a esta ”novedad” de Goro…del cual no me queda expectativa alguna…

    Bueno creo que ya me desahogue un poco del mal sabor de boca con el que quede después del visionado….je je
    Ahora se espera una nueva obra de ese gran maestro, don Miyazaki, que ojala y no vaya a ser la ultima, aunque para su hijo ojala from up to poppy hill si fuese la ultima, pero como el dinero en la taquilla parece convincente pues quien sabe.
    .
    Espero sigas escribiendo tan buenos y acertados análisis, cada tiempo paso a echar un vistazo por aquí…

    Saludos desde México.

  6. Pues muchas gracias Jann por recordarme lo de Colorful, porque pensé en analizarla después de la review de Summer of Coo y se me había olvidado por completo hasta que he leído tu comentario. Esta vez lo apunto para que no se me olvide (soy muy despistado).

    Y lo de Goro Miyazaki se resume en una cosa. Es, como diríamos en España, un “niño de papá”. Vamos, que da igual que haga las cosas bien, mal o regular, porque siempre estará en lo más alto por ser hijo de quien es, y no por hacer nada bueno. Pero ya lo de llevarse el “Animation of the Year” me pareció excesivo. De hecho, si has visto, o vas a ver la película de Buddha: The Great Departure (que competía con ella), verás que es muy superior a ésta en todos los sentidos. Pero así son las cosas, desafortunadamente.

    Un saludo😀

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  9. Este tipo de historias hay que verlas y disfrutar las partes buenas que tiene, aunque al final solo seran la parte visual.
    No trasendera sin duda porque no son historias nuevas ni aportan nada, solo cosas que ya se han visto. Yo la vi no me gusto como otras de ghibli pero no quede asqueado.

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Adelante, siéntete libre para incordiar :3

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