Buddha: The Great Departure. La apuesta de Toei por la narrativa de Tezuka

Naradatta. ¿Si? Siento un gran poder en el Sur. Mañana bajarás la montaña y te dirigirás allí para encontrar a alguien… extraño. Sí venerable Asita, pero… ¿Quién es esa persona? El que podría convertirse en el futuro rey del Mundo”.

Cuando analicé aquella evacuación llamada From Up on Poppy Hill, con la que Goro Miyazaki parecía haberse querido vengar de su padre dando en 90 minutos motivos para quemar de Ghibli hasta el recuerdo, mencioné todas las películas con las que había competido por el “Animation of the Year” a excepción de una, y lo hice de una manera totalmente intencional, puesto que en la práctica la Academia Nipona ni siquiera la había tenido en consideración, y es nada menos que la que tenemos a continuación.

No vivimos tiempos precisamente buenos para el manga o el anime. La producción es excesiva, pero la calidad es prácticamente inexistente y muy lejana a la de aquellos tiempos en los que una serie animada producida en el Imperio del Sol Naciente, filosofaba sobre la existencia humana, especulaba sobre el futuro del planeta o creaba tramas de ficción sólo comparables a las de las mejores intrigas hollywoodienses, elevando a la animación a unas alturas a las que Disney nunca hubiese podido siquiera llegar a soñar.

Ello, unido a la escasa promoción y repercusión que esta particular adaptación del Buddha de Osamu Tezuka había tenido, me llevaron en muchas ocasiones a barajar el no abordar su análisis al tener todos los rasgos identificativos que caracterizan a una obra menor. Aunque finalmente y tras mucho meditarlo, decidí darle una oportunidad, a pesar del sinnúmero de decepciones acumuladas en lo que a estas lides se refiere y la indiferencia general que empiezo a sentir en torno a todas las apuestas niponas que llevan el epíteto de “novedad”. Así pues, y sin más dilación, procedamos a analizar si la cinta que tenemos entre manos es o no digna de ocupar un sitio en el Olimpo del manganime o será condenada a un Infierno cada vez más poblado de mediocridades y apuestas de segunda fila como las que desde hace demasiado tiempo mancillan el buen nombre de un género al que adoramos.

Ficha Técnica

Tezuka Osamu no Buddha – Akai Sabaku yo! Utsukushiku (手塚治虫のブッダ-赤い砂漠よ!美しく-) es una película de animación producida en 2011 por el estudio Toei, dirigida por Kozo Morishita y guionizada por Reiko Yoshida, perteneciente a los géneros histórico, dramático y sobrenatural. Está basada en las dos primeras partes del manga dibujado desde 1972 hasta 1983 por Osamu Tezuka, publicado en la revista Kibou no Tomo y que añadía como uno de los mencionados géneros, la comedia.

Argumento

Chapra es un niño esclavo cuyo amo lo utiliza para toda clase de actividades entre las cuales se encuentra el hacer de él un recadero. Pero un día, mientras se disponía a entregar un conjunto de telas de alto valor económico, un grupo de delincuentes callejeros pertenecientes a las castas más pobres y dirigidos por Tatta, robarán al muchacho y lo pondrán ante uno de los problemas más lacerantes ante los que alguna vez se haya enfrentado. Si no devuelve los tejidos, su madre será vendida y llevada lejos de él.

La desesperación del niño es acuciante y no para hasta localizar al cabecilla de la banda de ladrones que, tras explicarle la situación que le llevó a cometer el robo y cómo había vendido ya todo lo sustraído, se compromete a enmendar su error y ayudarle a rescatar a su madre, algo para lo cual hará uso de una habilidad sobrenatural que oculta consistente en poder transferir su alma al cuerpo de cualquier animal que se encuentre cerca de él. Pero en el transcurso de la operación sucederá un hecho inesperado.

El ejército de Kosala invade y saquea la ciudad natal de Tatta arrasando con todo lo que ve a su paso, incluyendo la vida de su hermana, a la que el muchacho adora. Por ello, con la ayuda de Chapra, intenta vengarse de los invasores atacando el campamento de los soldados cuando éstos se encuentran pernoctando. Pero cuando el jefe de los mismos, Budai, está a punto de morir devorado por los cocodrilos, el pequeño esclavo se da cuenta de que lo único que le espera tras esa escaramuza es la esclavitud y decide salvarle la vida con la esperanza de poder unirse a sus huestes.

Tatta, Budai y Chapra

Agradecido por el gesto, el general adoptará al niño y lo convertirá en su legítimo sucesor, momento a partir del cual pondrá todo su empeño en que sea convertido en noble y contraiga matrimonio con una mujer de alta cuna. Aunque sólo una cosa tortura al militar: que se descubra que su adorado hijo era en realidad un shudrá (desheredado) sin más derechos que los trabajos forzados y la muerte a latigazos.

Chapra se transformará así en el mejor general del ejército de Kosala y convencerá a sus líderes para invadir la nación de los Shakya, cuyas riquezas parecen ser la solución a todos los problemas que asfixiaban a su pueblo y que lo condenaban al pillaje y a la rapiña perpetua. Aunque la intrusión en el país vecino será mucho más accidentada de lo que jamás pudo llegar a imaginar.

Paralelamente a esto, en la mencionada tribu Shakya nace un príncipe heredero sobre el cual pesa un designio muy especial como es el de poder convertirse en el Rey del Mundo, algo por lo que su padre lo adiestra desde muy joven en el arte de la guerra. No obstante, la preocupación del infante parece centrarse más en la muerte y en el dolor que rodea la existencia del ser humano que en las tareas de gobierno. Su nombre: Siddhartha Gautama.

Tema central de la OST

  • Scarlet Love Song”. Compuesta por Yoshiki Hayashi e interpretada por X Japan

Análisis

No es un dato precisamente desconocido que profeso una profunda animadversión hacia Osamu Tezuka basada fundamentalmente en dos ideas básicas. La primera, su escaso talento como mangaka en la que su faceta de diseñador se revelaba a base de un estilo obsoleto y simplista, incluso para su época, que envejece realmente mal y que para colmo se solía acompañar de unos guiones que en algunos casos rozaban lo insultante para el sentido común. La segunda, la mitificación que en torno a su figura existe en los círculos de la crítica especializada nipona que se empeña en presentarlo como un dios del manga, maquillando incluso sus más que garrafales fallos e intentándolos vender como inmerecidos aciertos.

En relación a lo inicialmente expresado, sirva como ejemplo su manga Adolf en el que el pretendía exhibir como protagonista y referente moral a Sohei Toge, un tipo que se estrena violando a una mujer y provocando su suicidio sin que en ningún caso se arrepintiese por ello. Sobre lo segundo, incluso se llegó a afirmar algo tan cómico como que la falta de cuadros de animación en las series que Tezuka llevó a la pequeña pantalla se debía a que éste quería reproducir para el espectador la sensación de estar leyendo un manga, en vez de reconocer que simplemente carecía de medios para hacer un trabajo mejor.

Ante tamaños desmanes, la simple idea de una película basada en su trabajo me parecía poco menos que siniestra. Máxime en unos tiempos como los que corren en la actualidad en la que no existe un solo anime que se salve de la quema y en la que los estudios japoneses han entrado en un proceso de profunda decadencia que parece no tener salvación alguna. Con todo, el título elegido era Buddha, el cual de acuerdo a la crítica especializada es, junto con “Hi no Tori” (Phoenix) y “Black Jack”, su mejor obra en cómic (lo cual tampoco es que sea mucho que decir). Por ello, intentaremos darle una oportunidad para ver, como ya digo al principio, si nos encontramos o no ante una película a tener en cuenta o por el contrario es la enésima aberración que se pasea ante nuestros ojos mancillando el que fue en su día un género de prestigio. Pero antes, una pequeña consideración jurídico-histórica a tener en cuenta para entender las vicisitudes de este relato.

La esclavitud: el hombre como cosa

Aunque la realidad en la que se mueve Buddha es la de la sociedad india de principios de la Edad del Hierro, prácticamente todos los pueblos de su tiempo tenían un rasgo en común como era el esclavismo como sistema económico y social. Un término que tenemos afortunadamente superado y olvidado en la actualidad pero que los romanos definieron a la perfección, jurídicamente hablando, incluyéndolos en el conjunto de acepciones de la palabra “Res”, que traducido al castellano significa “cosa”.

Decía el jurista Juan Iglesias que el concepto “Humanitas” (Humanidad) nacería y se incorporaría en nuestra cultura merced tanto a la influencia del Estoicismo como a la del Cristianismo y su concepto de igualdad y caridad. La idea de que todos los hombres nacían libres e iguales ante la Ley es un concepto relativamente reciente y que costó milenios implantar. Por ejemplo los romanos establecieron como requisito para ser considerado “persona” el haber nacido con forma humana, emancipado al menos 24 horas del claustro materno con vida y lo que es más importante: al menos tenía que ser un hombre libre. Esto quería decir que si la madre del recién nacido era una esclava, el hijo era directamente esclavo fuese quien fuese su padre y sólo se salvaría de esta condición mediante la “manumisión” (concesión de la libertad) o si su madre había sido libre en algún momento del embarazo. Y este estatus jurídico era peor que la muerte.

Una simple deuda en la época del “Regnum” (Reino de Roma anterior a la República) significaba que el deudor se convertía en esclavo de su acreedor. En ese momento se abría un proceso en el que éste disponía de tres mercados para venderlo y recuperar así el dinero perdido. En el caso de que no lo lograse, tenía derecho a arrojarlo desde la Roca Tarpeya para deshacerse de él, sin que tal práctica supusiese sanción penal alguna.

Grupo de esclavos atados al comienzo de la película

Otro ejemplo realmente aberrante lo encontramos en las esclavas. Los romanos desarrollaron prácticamente toda la teoría de la compraventa, pero algo especialmente indignante que incluso a día de hoy me sigue provocando verdadero espanto al recordarlo es la formación del concepto llamado “Defectos Ocultos de la Cosa”. Éste se desarrolló en base a un problema muy habitual provocado cuando las esclavas eran vendidas como vírgenes y aquella misma noche su dueño descubría que no lo eran… En otras palabras, la posesión sobre los esclavos abarcaba todas sus facetas, incluida la sexual, y no se les reconocía a éstos la menor dignidad.

Es más, abandonando el mundo romano, la guerra no era sólamente una manera de conseguir por las malas objetivos políticos que no se lograban por las buenas. Era una estrategia habitual de enriquecimiento individual para reinos y señores de la guerra en base al saqueo de las ciudades derrotadas y en la captura de esclavos, que serían tratados como un capital como cualquier otro. El ejemplo más representativo fue “La Guerra de las Galias”, emprendida por Julio César para escapar de sus acreedores y que poseía como objetivo fundamental, aunque no único, lograr oro y capturar a los mencionados esclavos. De hecho, cercos como los de Numancia ante las legiones de Roma o los de Sagunto contra los cartagineses, acabaron en suicidios colectivos al no querer enfrentarse sus habitantes a un destino que sólo les deparaba la esclavitud.

La India utilizaba, si cabía, una estigmatización mucho más cruel como era el sistema de castas. La más alta, los brahmanes son los religiosos, a los que se les considera salidos de la boca de Brahma; los chatrías, dedicados a la política y al ejército, de sus hombros; los vaishias (la plebe) de las caderas y los shudrás de los pies. Estos últimos son en su mayoría esclavos aunque, con todo, algo más afortunados que “los intocables”, los más bajos entre los más bajos y que sólo tienen derecho a recoger excrementos.

Chapra recibiendo un castigo a base de latigazos por parte de su amo

Sobra decir, que en torno a estas dos últimas castas se encuentra el origen la mayor cantidad de gente de lo que actualmente compone el segundo país más poblado del mundo y que según los definía la Madre Teresa de Calcuta, eran los más pobres entre los más pobres. Es más, Gandhi solía afirmar que el gran problema de su país no residía únicamente en el colonialismo británico, sino la enorme miseria que se vivía en sus poblaciones y que incluso a día de hoy sigue siendo el lado más amargo del subcontinente, como bien retratan películas como la magistral “Slumdog Millionaire”.

Por lo tanto, debemos tener muy presente que los personajes de Chapra y Tatta son considerados sencillamente mercancía sin más derechos que los de ser propiedad de su amo o de ser víctimas del primer atropello que alguien de una casta superior quisiera infringirles. Es más, el sistema de castas prohibía matrimonios mixtos, consumir alimentos tocados o cocinados por alguien de la casta inferior (por considerarlos contaminados) e incluso castigaba expresamente el contacto físico entre brahmanes y shudrás. Toda una demostración de hasta qué punto han mejorado las cosas en la sociedad occidental y el valor que la vida humana tiene en la cultura Europea. Algo que todavía en muchos otros lugares del planeta como el sudeste asiático o África no vale nada.

Una deliciosa profanación para alcanzar la divinidad del anime

Una de las críticas más absurdas e infundadas que llegué a leer en el empeño de elogiar absurdamente el trabajo de Tezuka fue la de decir que sus trabajos podían ser utilizados como material docente a la hora de enseñar historia, debido a la asombrosa fidelidad con la que éste retrataba las circunstancias sociopolíticas en las que sus guiones se inspiraban. No cabe ninguna duda de que el dibujante de la boina fue uno de los primeros en llevar el manga más allá de los límites de la simple historieta de tebeo al que sus contemporáneos parecían haber condenado al cómic japonés. Un factor que se delataba en obras como éstas en las que intentaba retratar la vida de Buda en un trabajo que le llevó más de diez años. Pero dicha afirmación, fuera de lo anteriormente dicho, carecía de cualquier tipo de fundamento.

Las obras del padre de Astroboy encontraban inspiraciones en guiones ajenos que abarcaban desde películas occidentales de ficción, como Metrópolis, hasta vidas de personajes reales como Hitler, pero la fidelidad a las líneas maestras de la trama o a los acontecimientos que dibujaban la biografía de las personalidades retratadas, respectivamente, diferían dramáticamente del original.

Cierto. El argumento del párrafo anterior es fácilmente rebatible en torno al perpetuo dilema entre rigor y espectáculo que toda adaptación de un formato a otro debe sufrir en lo que a estas lides se refiere, pero los errores de este creador eran demasiado graves como como para pensar que estábamos ante fallos premeditados. Es decir, muy probablemente conocía ligeramente algunos aspectos de los que hablaba y dejaba volar su imaginación sobre ellos, importándole realmente poco si aquello de lo que trataba se ajustaba o no a la realidad.

Recreación de un campo de batalla tras el fin de las hostilidades

Por lo tanto debemos tener claro desde un primer momento que no estamos ante una verdadera biografía de Siddhartha Gautama, lo que implicará que casi todo lo narrado a lo largo de sus casi dos horas de metraje deberá ser inmediatamente puesto entre comillas, al tratarse simplemente de un relato inspirado en el líder religioso y en la parte de su juventud que lo llevará a dedicar su vida a alcanzar la Iluminación.

Originalmente el manga estaba dividido en 14 tomos, por lo que su adaptación fidedigna a una película exigiría una duración cercana a la de una serie corta de al menos 13 capítulos y que vendría a traducirse en al menos cuatro horas. Una idea a todas luces inabarcable en un género como el del anime cinematográfico, en el que existe la regla no escrita de hacer que ninguna producción pensada para la gran pantalla abarque más de dos horas.

Dos eran por lo tanto las alternativas entre las que elegir. Una de ellas fue la táctica usada por Katsuhiro Otomo en Akira en la que simplemente se reprodujo una pequeña parte de los inicios del cómic, mientras que el resto del relato era puramente inventado, lo que a la postre se materializó en una avalancha de críticas que sobrevivió al carácter mítico del título. La otra era mucho más occidental y consistía en dividir el relato original en partes, lo que aliviaba sobremanera el trabajo de los guionistas pero que se enfrentaba al gran problema de la escasa tradición que en el mundo del anime existe respecto a esta estrategia, que sólo suele utilizarse en relación a films basados en series televisivas de gran carga episódica, como por ejemplo One Piece o Detective Conan.

Uso de animales y del brillo de sus ojos en la narrativa de algunos momentos de la cinta

Aun con todo el riesgo que la segunda de las opciones suponía, finalmente se optó porque Buddha fuese una trilogía de la que ésta, su primera entrega, llevaría el sobrenombre de “Akai Sabaku yo! Tsukushiku” que en los círculos occidentales se tradujo como “The Great Departure” o “La gran salida”, adaptado al castellano. Lo que no dejaba de ser, en el fondo, vincular el nacimiento de sus dos secuelas al éxito comercial de la primera. Algo que visto lo visto no deja de ser preocupante a tenor de un simple dato: encontrar información sobre el proyecto a día de hoy es casi una misión imposible.

Sorprende en ese sentido que una apuesta en cuya elaboración y distribución han estado implicados tanto la Warner Bros como el otrora todopoderoso estudio Toei (que hasta los años noventa gozó de una hegemonía casi tiránica en la animación nipona que ningún rival hasta ahora ha sido capaz de igualar) tenga tan pobres cartas de presentación. Apenas una web torpemente diseñada y exclusivamente en japonés y muy pocas noticias filtradas a la prensa sobre su desarrollo que invitasen a los amantes del género a centrar sus expectativas en ella.

Sin embargo, no debemos caer en el error de pensar que estos fallos en el marketing se deban a que estamos ante un proyecto menor. Es más, puedo asegurar sin ningún pudor que se trata de uno de los títulos más depurados y detallistas a nivel técnico que he visto en el género de la animación desde 5 Centímetros por Segundo, con una nitidez en los colores y un uso de las CGs que hasta este largometraje pensaba imposibles de concebir en un estudio tan amante de las técnicas tradicionales como Toei.

Ejemplo del uso de la luz efectuado tras el nacimiento de Siddharta

La recreación de la luz en momentos como el del nacimiento del príncipe Siddharta o la utilización del ordenador en la plasmación de momentos como la visión en primera persona de un jinete en plena batalla son sencillamente excepcionales. También podemos calificar de magistral la inclusión de estas “intros” en los instantes más apasionantes de la historia, a la que ayudan a narrar con una clase y estilo sencillamente olvidados en nuestros días, bien por culpa del abuso de ellas como era el caso de GONZO DIGIMATION, bien por su total descuido, como sucede en los últimos lanzamientos de Pierrot. Aunque ésta no es sino únicamente la más aparente del impresionante catálogo de virtudes que esconde la pieza ante la que nos encontramos.

Estas nuevas tecnologías no son un impedimento para que, en líneas generales, este Buddah respete todos los rasgos característicos del manga de Tezuka, pero lo actualiza a la vez que le otorga a todos sus elementos una frescura, dinamismo y escandalosa credibilidad que jamás pudo haber llegado a soñar el padre de Astroboy en su tiempo. Pero esta cualidad entrañaba serios problemas como era el de la psicología del autor, ya relatada a la hora de analizar Pluto, y las propias filosofías que siempre han rodeado las producciones de Toei.

El mencionado Tezuka nunca hizo en realidad mangas para niños, como en muchas ocasiones se ha comentado. Es más, pese a no ser tan sádico como alguno de sus contemporáneos, su obra se caracterizó por un enorme nivel de violencia y crueldad exteriorizadas en castigos físicos, torturas, asesinatos crueles y sanguinarios, y una a veces sobrecargada cantidad de erotismo que llegó incluso a convertir a Cleopatra en una reina del sexo. Algo que chocaba en cierta manera con el código deontológico de los animadores de este manga.

Una lanza atraviesa dos cuerpos mostrando sangre sin que la escena sea censurada

Abordaremos en el futuro el tema de la censura en Toei y de la disyuntiva a la que en más de una ocasión se tuvo que enfrentar en sus series, que solían basarse en obras fuertemente violentas cuyo contenido debían suavizar con la intención de hacerlas más adecuadas a las exigencias de las televisiones japonesas. Una estrategia que intentaba también restringir lo menos posible el límite de edad para ver sus amplias y más que lucrativas producciones, cuyo ejemplo más representativo fue Dragon Ball. Aunque por ahora nos centraremos en los recursos usados para la adaptación de este cómic.

Buddha es precisamente interesante por darnos a conocer una dimensión del estudio diferente a la que nos tiene acostumbrados, como es la gran pantalla y la mayor libertad que ésta proporciona a los animadores, dentro de las consabidas leyes de censura japonesas en las que no voy a entretenerme. Dicho de otra manera, ¿respetarían toda la carga de violencia que contenía el cómic original o por el contrario utilizarían sus clásicos trucos para no mostrar gota de sangre alguna sin que a su vez un solo fotograma fuese cortado? Pues bien, tal y como el protagonista de esta historia (Buda) optó en la vida real como senda correcta, los guionistas eligieron el camino medio.

Violencia, castigos físicos, sadismo… todo ello se mantiene en la película que no dudará en mostrarnos muertes tan espantosas como la de una lanza atravesando la garganta de un jinete o una tortura en la que incluso provocan la ceguera de un reo, sin que nuestra sensibilidad quede en modo alguno afectada. Si se prefiere, el trabajo de “Screenplay” de Reiko Yoshida es sencillamente impresionante, obviando escenas de mal gusto de corte escatológico como en la que los secuaces de Tatta orinan sobre Chapra u otras innecesarias en relación a los entrenamientos de Siddharta sin que en ningún momento la crudeza de los momentos relatados quede diezmada.

Momento escatológico de la banda de Tatta contra Chapra suprimido en el montaje final

Se respetará pues no sólo el espíritu del cómic original sino también los recursos narrativos característicos de Tezuka y que podemos disfrutar en esta producción de un modo mucho más depurado y transparente que en cualquier otro de los refritos de sus trabajos abordados por los maestros del manga contemporáneo. Un magnífico ejemplo de esta virtud es el sensacional y esplendoroso manejo de los animales en las escenas, en las que éstos se convertían en los reyes casi absolutos de las mismas y alcanzaban con los auténticos protagonistas una particular unión que servía para llevar sus sentimientos al paroxismo y que el dibujante de la boina copió de Disney (como tantos otros elementos).

Corregido cualquier abuso primigenio y pulido el escaso tino con el que el padre de Astroboy retrataba a la fauna que acompañaba a sus creaciones, el resultado final no puede definirse de otro modo que no sea el de excepcional. La complicidad con los humanos es realmente creíble y en ocasiones el propio estado de las aves, felinos o equinos representados contagiará al espectador un efecto de empatía respecto a lo narrado inédito en la compañía americana, muy especialmente en todo lo relacionado con las miradas.

Pronto nos damos cuenta de que el trabajo de Kozo Morishita es simplemente… gran cine. El ya mencionado manejo de la luz a la hora de transmitir situaciones y el efecto psicológico de los contrastes es sencillamente… impactante, pero hay mucho más. El gusto por la recreación paisajística, la genial representación del movimiento, la calidad deslumbrante de los combates y especialmente el uso de mecanismos de expresión como el del reflejo del agua, elaboran un excepcional mosaico de sensaciones que hipnotizan al espectador y lo seducen hasta que éste comprenda que no estamos ante una película de animación más, sino ante… algo magnífico.

Utilización del reflejo del agua para hablar de la crisis matrimonial de Siddharta

Como no me cansaré de repetir, no estamos ante un largometraje riguroso en términos históricos por lo que no debe extrañarnos no apreciar el temor del padre de Siddharta a que se cumpliesen las inquietantes profecías que hablaban de su hijo como un líder espiritual (en vez de como político o militar de acuerdo a lo que su noble linaje imponía a su destino) el carácter polígamo de su progenitor o la vida de placeres en la que fue encerrado el príncipe hasta sus casi treinta años.

Ello se debe a que el manga tampoco era ningún ejemplo de rigor y se encontraba dividido en varias partes de las que el film recrea únicamente las dos primeras dejando al príncipe al inicio de su búsqueda espiritual que lo llevará a conectar con el Ascetismo. En ese aspecto, hemos de matizar que en la edición española del cómic, recopilado en 10 tomos, la adaptación equivale al final de los tres primeros tomos, lo que significa una sustancial disminución de algunos aspectos argumentales como los de los personajes secundarios, que fuera de su relación con el futuro Buda tenían una vida mucho más plena e interesante que lo representado.

Aunque si hay un detalle que llama poderosamente la atención es la total eliminación de las escenas de sexo. Si bien Buddha era prolijo en cuanto a desnudos femeninos y situaciones picantes, la cinta no mostrará en ningún momento nada ni remotamente relacionado con las mismas, cubriendo escrupulosamente los pechos de todas las mujeres, incluso en sus situaciones más impúdicas, y prescindiendo de cualquier comentario relacionado con el erotismo que se respiraba en gran parte del cómic original.

erotismobuddha

Escenas eróticas del manga original que no aparecen en la película

Podríamos entretenernos en cientos de detalles. La maravillosa recreación de las acumulaciones de masas, la extraordinaria inclusión de infografía en forma de rótulos o mapas, el sublime tratamiento de la emotividad intrínseca de las situaciones más dramáticas y el impacto audiovisual provocado. Pero si hay algo que sinceramente destaca sobre el resto es la tremenda empatía lograda con el espectador. Esa sensación de vivir en propias carnes las heridas infringidas, las muertes provocadas y las lágrimas derramadas sin que las palabras puedan servir para describir la excitante sensación de estar ante una auténtica obra maestra del género.

Las situaciones estaban en la obra original, sí, pero todo está increíblemente mejorado. Es como encontrar las pinturas rupestres de las Cuevas de Altamira, cuyo único valor pictórico es el de su antigüedad, y transformarlas en “Las Meninas” de Velazquez. Como si Morishita y Yoshida hubiesen pasado meses y meses puliendo y mejorando un manga mediocre, obsoleto y desfasado, olvidando el absurdo miedo reverencial que se siente por Tezuka y llevando la obra hasta su terreno, haciendo de ella un producto plenamente asumible, sincero y… profundamente genial.

Un cúmulo de virtudes a los que se suma una banda sonora correcta, aunque en ningún caso excepcional, creada por Michiru Oshima, a la que pone el broche de oro el tema de X Japan “Scarlet Love Song” que supone una más que agradable sorpresa si tenemos en cuenta la escasa actividad de esta banda durante la última década y su casi nula vinculación con la animación japonesa, lo cual no constituye ningún óbice para crear el que fue, sin lugar a dudas, una de las mejores canciones de “J-Pop” de 2011.

Conclusión

Sigo sin podérmelo creer. Un anime de 2011 de calidad. Por muchas vueltas que le dé, sigo sin saber en qué estaría pensando Toei a la hora de contradecir a toda su competencia y crear algo que casi podríamos catalogar de obra maestra. ¡Es una blasfemia! Se supone que el manga debe ser un producto facilón, lleno de temas pegadizos en las OST, colegialas que gobiernan el mundo, superpersonajes de merchandising y videojuegos ponzoñosos que sólo buscan una finalidad en concreto como es la de vaciar los bolsillos del espectador. ¿Cómo es posible que Morishita se haya atrevido a hacer buen cine? Es absolutamente inadmisible.

Como no es muy difícil de deducir, esta película ha sido increíblemente vapuleada por todos aquéllos que llevan años alabando que el manganime haya pasado de ser una refrescante innovación cultural a ser simplemente un esputo comercial (y que por supuesto elogiaban al padre de Astroboy sin haberse molestado en leer una sola de sus creaciones como, por supuesto, el propio manga de Buddha), lo cual no es sino un motivo más para considerarla una de las mejores cintas de animación de los últimos años sin llegar, todo hay que decirlo, a las cotas de genialidad impuestas por el verdadero Dios del manga, Hayao Miyazaki.

Tezuka ni era un buen mangaka, ni un buen guionista, ni un buen animador. Sus diseños eran simplones y fácilmente superables, escribía sobre temas de los que no sabía y su trabajo en el campo de la animación fue una vulgar y desafortunada imitación de Disney. De hecho, todos los fallos de este film están relacionados con momentos de excesiva fidelidad con las ocurrencias del autor. Sin embargo, en torno a él existe un curioso fenómeno expresado en títulos como Metrópolis o Pluto: su trabajo en manos de maestros como Otomo o Urasawa mejora sustancialmente hasta hacer de él algo que podría catalogarse de clásico.

Ése es el gran mérito del equipo de Buddha. Ha hecho de un alarde de mediocridad, un producto a tener en cuenta y que delata por sí mismo la indignante necedad que existe ahora mismo en torno a la crítica especializada nipona y los miembros de la Academia Japonesa de Cine, que premiaron en detrimento de ésta a uno de los mayores bodrios de la historia del género como lo era From Up to Poppy Hill sólo porque era una obra del hijo de Miyazaki, sin que hubiese en ella el menor elemento objetivo que permitiese defender su calidad. Una creación imprescindible dentro del género y que ningún otaku de los que todavía consideran al anime como un género de calidad debería perderse.

NOTA: 8,5

6 comentarios el “Buddha: The Great Departure. La apuesta de Toei por la narrativa de Tezuka

  1. Muy bien, va derecho a mi lista de películas animadas pendientes. Hace tiempo que no veo una película de buen nivel y pienso que esta puede llegar a serlo, así que muchas gracias por tu crítica, Dath, como siempre. La verdad es que yo nunca vi nada de Tezuka porque nací después de que estuviese de moda y la verdad es que nunca me llamaron la atención sus obras.
    Por otra parte, me gusta mucho la figura de Buda y creo que por ello también has llamado mucho mi atención sobre esta película, así que en cuanto pueda la voy a ver. Tenías razón, creo que esto puede ser considerado un milagro dentro de lo que es el mundo del manga-anime.
    Besos.

  2. Efectivamente, por eso te decía lo del milagro. Por fin una novedad que es realmente buena en el mundo del manganime.. Échale un vistazo, te aseguro que no te arrepentirás ;D.

    Un saludo.

  3. Pingback: A letter to Momo, o cómo destruir Production I.G en menos de dos horas | Drakenland / El lobo zamorano

  4. Hola, igual me gustó mucho esta pelicula, ya no le veria otravez antes de dormir porque es cruda en varias escenas, pero la historia es preciosa.
    ¡ya conoces ‘La Princesa Arete’?, mirala, y espero ver pronto tu reseña sobre la misma. SIGUE ADELANTE¡¡

  5. Pingback: Princess Arete, el anime Feminista de Sunao Katabuchi | Drakenland / El lobo zamorano

Adelante, siéntete libre para incordiar :3

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