Tactics Ogre, el golpe sobre la mesa de los Battle-RPG para SNES

Tactics OgreSo arrogant you are… For One So Small. – Be Gone, this is the World of Men. You have no place Here! – This is true, I am… no man, I am a god! – What god could be so foul? You are an Ogre! – An Ogre… – False Words Speaks he. Destroy you him. Our foe thie man-fool is. Naught Else. – Who’s there!? The Hour Chimes. Hatreds old reborn. The Ogre Battle wage you now”.

Quiero ante todo disculparme por la falta de actualizaciones que sufre la bitácora en comparación que las que tuvo en relación al mismo momento temporal, el verano, en años anteriores. Pero como ya he dicho en ocasiones anteriores, ahora mismo lo único que me importa es el bienestar de “mi reina” y todo lo demás es algo completamente secundario para mí hasta que tenga la plena seguridad de que se encuentra totalmente recuperada. También aviso, como ya lo hice en esa entrada que acabo de borrar, de que me encuentro preparando una entrada para el día 10 de agosto, por ser ése el más importante para este blog.

El problema con el que tengo que lidiar es que estoy tratando un tema relativamente complejo que me está llevando más tiempo del que me gustaría y que, lamentablemente, no me permitirá acabar mi “Medio Senbazuru” para ese día, aunque supongo que nada pasará si lo muestro unos días más tarde. Y es que, puede que tenga soltura a la hora de crear grullas de papel, pero unirlas mediante una cuerda es algo mucho más difícil de lo que inicialmente creí. Intentaré de todas formas analizar algún anime entre medias, pero lo cierto es que nada puedo prometer al respecto.

De cualquier forma hay que avanzar y hoy he decidido abordar el análisis del Tactics Ogre. Un juego de una relativa importancia sentimental para mí y con el que siempre he tenido una peculiar historia en cuanto a la pronunciación de su nombre. Si bien, la forma correcta de reproducirla sería “Tactics Ougar” en inglés, o bien “Takutikusu Ouga” como lo haría un japonés, lo cierto es que me pegaron el pronunciar “Tactics Ogr” pronunciando la última palabra en francés con una “e muda” al final, como posteriormente se verá en el unboxing que adjunto. Por lo tanto, y con la simple aclaración de que las pantallas que muestro son de la versión de PSP que obra en mi poder, procedamos a desentrañar sus más ocultos e intrincados secretos.

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Jeanne d’Arc, la incursión Steampunk de Level-5 en PSP

Jeanne d'Arc PSP

Jeanne! That was amazing! Where did you learn to wield a sword? – I didn’t learn… I’ve never even held a blade before. I don’t know where the strength came from… This armlet. And that voice…

Sí, lo sé, debería estar actualizando con una mayor asiduidad el blog, pero no tengo excesivas ganas de escribir. Sin embargo, con todo, me apetecía volver a comentar un videojuego. Algo que no hago desde mi infructuoso encontronazo con Lufia y que viene a probar no sólo las numerosas desavenencias que, en los últimos tiempos, mantengo con las tendencias de la que es mi otra gran pasión al margen del anime, sino la desgana que muchos de ellos me inspiran al poco de comenzarlos y que me lleva a abandonarlos.

Pero independientemente de esto, reconozco que tenía ganas de dedicarle un pequeño homenaje a la que es, sin duda, una de mis consolas preferidas: la PSP. Tal vez uno de los mejores y más potentes sistemas portátiles de entretenimiento digital jamás creados y, a mi sincero entender, el más infravalorado, desaprovechado y ninguneado por parte de unas desarrolladoras que, por alguna razón y como si de una Game Boy del siglo XXI se tratase, la trataron como si de una miniversión de PS2 se tratase.

Por ello me apetecía darme un capricho como era el de jugar a un título que, no sólo encajase con la temática de este blog, sino que además se hubiese caracterizado por otorgarle algo de dignidad a esta handheld… y no encontré otro mejor que este Jeanne d’Arc de Level-5, que reunía en el UMD que lo contiene, todas las virtudes que busco en un producto de estas características como son su calidad y su inspiración nipona. Algo que unido a sus sensacionales secuencias de animación hicieron que finalmente me hiciese con él. Desentrañemos el resultado final del conjunto.

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The Rebuild of Evangelion: 3.0 You Can (Not) Redo

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– Está oscureciendo, ¿por qué no regresamos? – Oye, ¿no te gustaría quedarte un poco más? Podríamos ver las estrellas desde aquí. – ¿Las estrellas? ¿Te gustan las estrellas? – Sí, siempre me sorprende lo grande que es el Universo. Hay algo en él que me gusta desde pequeño. Supongo que estoy feliz de que no haya cambiado en estos 14 años. Se podría decir… que me tranquiliza. ¡Es difícil expresarlo con palabras! – Tus sentimientos se abren paso a través de ellas. En lugar de buscar un cambio prefieres un mundo despiadado y un abismo nihilista. Es como tú. Estar tirados juntos aquí es agradable. No sabía que podía ser tan placentero. Gracias por invitarme. En verdad nací para conocerte.

Debo ante todo disculparme por la demora a la hora de publicar esta review. Sinceramente, al acabar los exámenes terminé agotado y necesitaba unos días de reposo para poder poner la mente en blanco y desconectar del que ha sido, con mucha diferencia, el año más duro y salvaje de la carrera. Aunque no os penséis que me he ido de vacaciones. Simplemente me he dedicado a correr y a dormir dado que mi cabeza se encontraba completamente colapsada, e imposibilitada para escritura alguna aunque por fin vuelvo a estar en forma física y espiritual.

Tras la pequeña decepción que supuso para mí la última obra de Hosoda y tras el sonoro varapalo moral de A letter to Momo decidí que, en vez de empezar con series, podría ser interesante terminar de analizar de una vez las consideradas como mejores películas de 2012, por si acaso entre ellas se encontraba alguna sorpresa como pudo ser para mí Colorful. Aunque ciertamente sea un tanto escéptico en lo que a milagros en esa dirección se refiere.

Así pues, tengo en mis manos la tercera entrega de The Rebuild of Evangelion, y para respetar el esquema seguido con las dos anteriores, he decidido no darle más título a la entrada que el de su nombre original, añadiendo únicamente el cartel de su estreno como imagen promocional al igual que en el resto. Tal vez no es la manera en la que a día de hoy lo haría, pero dadas las circunstancias creo que ésta es la mejor opción por coherencia con mis propios actos del pasado. Así pues, y parafraseando a un compañero mío de viajes desde Zamora hasta Salamanca, que sea lo que Dios quiera.

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