Kingdom Hearts: Birth by Sleep. De Spin-off secundario a bandera de una saga

Kingdom Hearts Birth by Sleep

He oído tu voz. Atravesó la oscuridad que me rodeaba y, a solas, seguí el sonido de un mar de luz para llegar hasta aquí… junto a ti. Me diste algo cuando más lo necesitaba. Una segunda oportunidad. – ¿Hice eso? – Pero ahora debo volver a dormirme. – ¿Estás triste? – ¿Te importa si me quedo aquí, contigo? – Claro, si así te sientes mejor. – Gracias”

Estos días he permanecido un tanto desconectado. La razón es tan sencilla como que poco antes de acabar el artículo sobre el Derecho Penal Japonés que redacté por el cumpleaños de “mi reina” los ojos me empezaron a escocer debido al tiempo que había permanecido pegado a la pantalla para terminarlo y por haber tenido que recurrir a unos textos en inglés y en francés con una letra liliputiense que casi me destroza la vista. Por ello, me dediqué a descansar durante unos días sin acercarme a nada electrónico para recuperarme, y ya de paso para que me dejase de doler la cabeza, que entre tanto código en otros idiomas me iba a estallar.

Como os podréis imaginar, eso se debió a que la realización de la entrada sufrió un retraso y fue por culpa mía. En una minicrítica a una novela on-line que envié por correo electrónico, mencioné en ella a la descripción de Aqua en este Kingdom Hearts: Birth by Sleep. Pero el caso es que aquel día, cuando me fui a la cama, pensé que tal vez a la persona a la que va dedicada esta bitácora le levantaría el ánimo verme escribir tonterías sobre su saga preferida, que es por supuesto esta franquicia. Así que cogí el UMD del juego y decidí pasármelo cuanto antes para así tener una review lo más rápidamente posible, ya que es ahora cuando la necesita.

Esto se tradujo en que tuve que sacar 30 horas de donde no tenía y se me amontonó el trabajo. Tal es así que había finalizado las tres historias el día nueve, pero acabé tan mareado tras el intento de reportaje que tenéis debajo de éste que hasta el día trece no pude ponerme con el episodio final. No obstante, bien está lo que bien acaba y por fin he podido concluir esta reseña que espero que os guste tanto a vosotros como a ella, a la que espero que le sea de su agrado aunque no sea un especialista en el tema.

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El Derecho Penal en Japón. Delitos más importantes y normas procesales básicas en el Imperio del Sol Naciente

Derecho Penal en Japón

El Derecho es el conjunto de condiciones que permiten a la libertad de cada uno acomodarse a la libertad de todos” (Immanuel Kant) a lo que conviene añadir que La libertad no es posible más que en aquellos países donde el Derecho predomina sobre las pasiones” (Henri Lacordaire), aunque desgraciadamente Las leyes son como las telas de araña, a través de las cuales pasan libremente las moscas grandes y quedan atrapadas las pequeñas” (Honoré de Balzac)

Más o menos a todo el mundo le gusta esta rama del Derecho, o al menos es aquélla de la que la gente más ha oído hablar, aunque reconozco que no es un asunto que a mí me entusiasme precisamente. Sin embargo, si hay algo que puedo asegurar sobre la cultura del Imperio del Sol Naciente es que éste es uno de los temas por los que más suelen interesarse los aficionados al manga y al anime cuando se ponen a investigar sobre nuestro país de referencia. Un fenómeno que, desafortunadamente, ocurre en paralelo a otra desgracia: que, rara vez, se suele hablar con conocimiento de causa. Así pues, este post pretende dar algunas pistas sobre cómo funciona el “ius poenale” nipón. O dicho de una manera más asequible: cómo castigan los japoneses los comportamientos que, desde su punto de vista, son los más graves y merecen lo que nosotros denominamos como “reproche Penal”.

Elaborar este artículo fue realmente complicado por un hecho comúnmente sabido sobre mí. No sé hablar el idioma del archipiélago y los textos que he tenido que consultar estaban en inglés y en francés, por lo que no he podido asesorarme directamente mediante fuentes originales. Del mismo modo, todo lo escrito a continuación está redactado por un estudiante, con lo que su valor doctrinal o científico es nulo y es posible que tenga errores. Además he intentado prescindir en la medida de lo posible de tecnicismos con el propósito de que todo sea lo más didáctico posible, por lo que he utilizado un tono pedagógico a la vez que entretenido, o al menos he hecho en esa dirección lo que ha estado en mi mano. Asimismo, a lo largo de toda su extensión he comparado nuestras filosofías en ese ámbito con las suyas con la intención de que se entienda todo lo que he tratado de plasmar para alguien que viva fuera del ámbito del Derecho. Es decir, la mayor parte de nuestras máximas son las suyas y una de las mejores maneras de aprender es tener claro lo que ya sabemos, para que así no nos cueste entender lo que nos resulte novedoso o cuanto menos extraño.

Se trata de un tema muy amplio y, por lo tanto, es imposible detenerse en profundidad en todos los aspectos que tratamos. A un tiempo hay que pensar que nuestra manera europea de pensar no es la asiática y, lógicamente, para ellos existen ciertos comportamientos muy graves desde su perspectiva que para nosotros no lo son y al revés, y aplican ciertos castigos que para nosotros serían inconcebibles, como más adelante veremos. Aunque antes de comenzar, haremos una aclaración protocolaria aunque no por ello menos importante y es el uso de abreviaturas. CPE significa “Código Penal Español”, CPJ “Código Penal Japonés”, LECrim “Ley de Enjuiciamiento Criminal” (España), LECrimJ “Ley de Enjuiciamiento Criminal Japonesa”, LPME “Ley Penal del Menor Española” y LPMJ como “Ley Penal del Menor Japonesa”. Pero basta ya de presentaciones e intentemos hacer, antes de nada, una pequeña introducción.

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Kotonoha no Niwa, el jardín de las palabras de Makoto Shinkai

Kotonoha no Niwa

Hasta que entré en el instituto hace dos meses no lo sabía… La Humedad en el dobladillo de mi uniforme mojado por el paraguas de otra persona… El olor a naftalina impregnado en el traje de alguien… La calidez de un cuerpo pegado a mí por la espalda… La fría brisa del aire acondicionado que golpeaba mi rostro… Cuando era pequeño, el cielo estaba cerca… Mucho más cerca… Por eso me gusta la lluvia, porque con ella es como si viniese a mí su aroma… Por ello, en las mañanas lluviosas, en lugar de ir en tren, salgo por las puertas de la estación y camino… No sé nada sobre esa mujer… Su trabajo, su edad, qué le preocupa, ni siquiera su nombre… Pero incluso así, no he podido evitar enamorarme de ella”.

Volviendo de nuevo a los análisis relacionados con el anime tras un par de entradas bastante extensas sobre videojuegos, aclaro que he tenido que trabajar a contrarreloj en esta review. Estos días me encuentro increíblemente atareado completando los pormenores de la entrada que estoy elaborando para el día 10 de agosto, que me está ocupando una cantidad salvaje de tiempo y que no para de complicárseme por muy diferentes temas en los que evidentemente no voy a entrar por ser una sorpresa, a lo que se añade el endemoniado calor que está haciendo estos días en la Meseta Castellana, que está sacándome de mis casillas.

Al mismo tiempo, tengo que animar a “mi reina” como sea y me estoy poniendo a saco de forma paralela con otro tema que espero que le guste y que publicaré con posterioridad, aunque el asunto sobre el que estoy trabajando lleva mucho más tiempo del que me gustaría, en especial a la hora de conseguir el material necesario para ilustrar la entrada por motivos que pronto comprenderéis y que está consumiendo el poco tiempo libre que tengo este mes.

Fuere como fuere y al margen de estas consideraciones, ardía en mí de impaciencia por tener en mis manos la última de las creaciones de Makoto Shinkai, con el que he mantenido a lo largo de toda mi vida una auténtica relación de amor odio y que con su último film, Hoshi o Ou Kodomo, consiguió que perdiese completamente la fe en él cuando renunció a sus señas de identidad para imitar a un Hayao Miyazaki cuyas máximas copió hasta la obscenidad dejando como resultado una evacuación simplemente digna de un horno incinerador. Veremos si en esta ocasión ha vuelto o no al buen camino.

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