Kotonoha no Niwa, el jardín de las palabras de Makoto Shinkai

Kotonoha no Niwa

Hasta que entré en el instituto hace dos meses no lo sabía… La Humedad en el dobladillo de mi uniforme mojado por el paraguas de otra persona… El olor a naftalina impregnado en el traje de alguien… La calidez de un cuerpo pegado a mí por la espalda… La fría brisa del aire acondicionado que golpeaba mi rostro… Cuando era pequeño, el cielo estaba cerca… Mucho más cerca… Por eso me gusta la lluvia, porque con ella es como si viniese a mí su aroma… Por ello, en las mañanas lluviosas, en lugar de ir en tren, salgo por las puertas de la estación y camino… No sé nada sobre esa mujer… Su trabajo, su edad, qué le preocupa, ni siquiera su nombre… Pero incluso así, no he podido evitar enamorarme de ella”.

Volviendo de nuevo a los análisis relacionados con el anime tras un par de entradas bastante extensas sobre videojuegos, aclaro que he tenido que trabajar a contrarreloj en esta review. Estos días me encuentro increíblemente atareado completando los pormenores de la entrada que estoy elaborando para el día 10 de agosto, que me está ocupando una cantidad salvaje de tiempo y que no para de complicárseme por muy diferentes temas en los que evidentemente no voy a entrar por ser una sorpresa, a lo que se añade el endemoniado calor que está haciendo estos días en la Meseta Castellana, que está sacándome de mis casillas.

Al mismo tiempo, tengo que animar a “mi reina” como sea y me estoy poniendo a saco de forma paralela con otro tema que espero que le guste y que publicaré con posterioridad, aunque el asunto sobre el que estoy trabajando lleva mucho más tiempo del que me gustaría, en especial a la hora de conseguir el material necesario para ilustrar la entrada por motivos que pronto comprenderéis y que está consumiendo el poco tiempo libre que tengo este mes.

Fuere como fuere y al margen de estas consideraciones, ardía en mí de impaciencia por tener en mis manos la última de las creaciones de Makoto Shinkai, con el que he mantenido a lo largo de toda mi vida una auténtica relación de amor odio y que con su último film, Hoshi o Ou Kodomo, consiguió que perdiese completamente la fe en él cuando renunció a sus señas de identidad para imitar a un Hayao Miyazaki cuyas máximas copió hasta la obscenidad dejando como resultado una evacuación simplemente digna de un horno incinerador. Veremos si en esta ocasión ha vuelto o no al buen camino.

Ficha Técnica

Kotonoha no Niwa (言の葉の庭) conocida en Estados Unidos como “The Garden of Words” y como El Jardín de las Palabras en España, es una obra de animación japonesa de 46 minutos de duración, perteneciente a los géneros romántico y dramático, dirigida en 2013 por Makoto Shinkai y basada en un guión original del mismo autor. Está producida por el estudio CoMixWave y poseerá un manga homónimo dibujado por Midori Motohashi.

Argumento

En 2013 la estación de las lluvias se ha adelantado unos días en Tokio. Ello supone un motivo de alegría para Takao Akizuki, un joven de 15 años que aspira a convertirse en un diseñador de zapatos y que aprovecha esta clase de días para huir de los trenes de cercanías que unen el área metropolitana de la capital de Japón, y pasear así por sus calles y jardines, disfrutando del sonido del agua al impactar con el suelo y de su aroma al mezclarse con la hierba.

Un día, mientras camina con su paraguas, llega a un recodo del Shinjuku Gyoen donde se encuentra con una enigmática y frágil mujer que bebe cerveza, una bebida cuya amargura compensa con la dulzura de las decenas de tabletas de chocolate con las que mata el tiempo. Tal inusual combinación llama la atención del muchacho, que no dudará en hablarle, iniciando así una misteriosa relación platónica en la que acabará perdidamente enamorado.

Nada sabe de ella. Ni siquiera su nombre. Es extraordinariamente bella y delicada. Su cabello se encuentra impecablemente peinado y aseado. Su manera de pronunciar y de entonar las palabras son suaves y refinadas. Sus pies pequeños, de facciones aterciopeladas, como de princesa… Necesita hacer para ella unos zapatos, aunque ella le insiste en que a lo largo de su vida ha tenido muchas dificultades para caminar sola.

PersonajesKotonohaNoNiwa

Takao Akizuki y Yukari Yukino

El verano pasa, pero la lluvia sigue siendo la excusa perfecta para que ambos se encuentren. Takao siente una pasión irrefrenable por ella, tanto que en ocasiones se ausenta de sus deberes laborales y académicos únicamente para estar a su lado compartiendo experiencias, vivencias y confesiones… aunque sólo por su parte. Ella siempre calla; oculta su alma. ¿Por qué lo hace? Akizuki sabe que es mayor que él y que vive en otro mundo… mas incluso así sigue sin entenderlo. ¿Es que acaso está jugando con él?

Por fin la época de lluvias finaliza. El calor es asfixiante y él no se atreve a volver al recodo en el que espera su amada. Aunque hay algo que le inquieta. Una frase, algo más extensa que un haiku que ella le recitó al poco de conocerlo. “Un trueno débil; los cielos están nublados y posiblemente llueva. Si ocurre, ¿te quedarás conmigo?” ¿Qué significa exactamente? ¿Acaso es una simple anécdota o por el contrario es la máxima que definirá su relación?

Pero por fin las clases se reanudan y Takao, inesperadamente, se reencuentra con la dueña de su corazón en el instituto. Su nombre es Yukari Yukino, una profesora de literatura clásica de 27 años que el año anterior fue acusada falsamente de seducir a uno de sus alumnos, por parte de una compañera de éste, celosa de sus encantos. Un escándalo que arruinó tanto su vida como su trayectoria como docente y como mujer.

Tema Principal de la OST

  • Rain” compuesto por Ooe Senri e interpretado por Hata Motohiro.

Análisis

Siempre dije de Makoto Shinkai que de él bien podría decirse, sin temor a blasfemar, que era el Orson Welles del anime. Un ser capaz de innovar hasta en la mayor de las obviedades y cuyas obras no eran sino simples definiciones de la palabra “genialidad”. Por ello, mi decepción fue descorazonadora cuando hace más o menos un año comprobé con amargura cómo el que había sido uno de los grandes maestros de la dirección en el género que nos ocupa, pasaba de ser todo un Billy Wilder a mostrar síntomas de convertirse en Kevin Costner. Es decir, un hombre sin talento alguno y cuyos largometrajes no atraerían a nadie a las taquillas de no ser por la presencia de su muy insigne nombre en los títulos de crédito. Una aberración… un crimen contra la humanidad llamado Hoshi o Ou Kodomo que destrozó su casi impoluta trayectoria y cuya calidad hubiese justificado sobradamente el aplastar todas sus copias con un tanque, y prenderle posteriormente fuego a sus restos.

No es la primera vez que ocurre. Mentes brillantes que en su juventud asombran, pero que pierden la estela de su talento llegados a adultos y que progresivamente terminan por convertirse en una parodia de sí mismos, sin mayor interés que el del renombre que un día poseyeron. Pero, ¿en verdad un hombre con semejante capacidad para la innovación se contentaría con ser uno de tantos que fracasaron a la hora de intentar ocupar el lugar de Miyazaki?

La situación era ofensiva. Un genio había intentado ser otro genio. Una especie deseo análogo al de una relación incestuosa de origen bíblicamente pecaminoso, consumación prohibida y con un único destino posible para el fruto de su consecución: el de los malditos. Una situación límite, al borde de un abismo, en la que el autor debería elegir entre intentar una más que difícil salvación o, por el contrario, osar volver a dar un paso en falso que le haga caer al vacío hasta traspasar la tan temida frontera del olvido. ¿Cuál de las dos decisiones decidió tomar el director? Pronto lo descubriremos.

Una oda al amor más tradicionalmente japonés

Hablar del Shinkai clásico exigía casi una preparación espiritual. Un hombre capaz de asombrar y conmover a partes iguales haciendo algo tan complejo como dar, con cada una de sus apuestas, una visión completamente nueva de un sentimiento del que parecía que se había escrito todo como lo es el amor; estado del alma que hallaba con el creador una dimensión casi teológica y que elevaba los pensamientos, palabras y obras vistas en sus largometrajes a un nivel en el que las expresiones humanas perdían toda su lógica y sentido.

Se trataba de un diálogo silencioso. Una conversación sin apenas elementos verbales en la que lo cotidiano se tornaba poesía, lo profano en celestial, lo insignificante en trascendente y el hombre mostraba al espectador una nueva y desconocida faceta que sólo puede encontrarse en ese grupo de seres elegidos al que algunos llaman “divinos”. ¿O de qué modo se podría explicar cómo algo tan aparentemente anecdótico e insustancial como cortar una verdura, consigue apaciguar y conmover nuestra alma descubriéndonos un pequeño y enigmático mundo de sensaciones cálidas y amables que, por sí mismas, darían un giro copernicano a la más atormentada de las existencias?

Eso era este director. Un ser humano capaz de transformar cada fotograma en la más bella de las expresiones pictóricas posibles con una dualidad inherente a cada uno de ellos: Un pensamiento del protagonista; estremecimiento para el espectador. El sonido de un piano; una lágrima. El contorno de un pie femenino; la más pura expresión de la delicadeza imaginable. Todo ello resumible en una máxima. Hacer de cada plano, de cada escena y de cada segundo una obra maestra del arte.

Desarrollo de Kotonoha no Niwa

Explicación del proceso creativo de Kotonoha no Niwa con los programas utilizados

Aunque es aquí donde surgen nuevos interrogantes, ya relacionados con el proceso de creación de la obra. Y el primero de ellos se circunscribe al motivo por el que Shinkai mantuvo con tanto secreto y hermetismo el desarrollo de ésta, su nueva maravilla. De hecho, si el estreno tuvo lugar el 31 de mayo del presente año en Japón, las noticias sobre su desarrollo surgieron apenas seis meses antes, en vísperas de la Nochebuena de 2012. Un anuncio sin duda sorprendente para propios y extraños, pero no por el advenimiento una nueva criatura divina con su firma, sino que ésta iba “a desarrollar por primera vez en su trayectoria una historia de amor”.

La noticia parecía absurda. Precisamente sus trabajos anteriores como Byousoku 5 centimeter o Kumo no Mukou, Yakusoku no Basho habían conmovido a los otakus de todo el mundo, por ser las posiblemente mejores historias de amor adolescente jamás llevadas al terreno de la animación. Pero pronto el autor matizó. Ese sentimiento conocido con la palabra “ai” en japonés era fruto de la occidentalización del país y de la visión que las ideas y corrientes extranjeras habían implantado en su suelo. Por ello, él quería resucitar la idea tradicional de lo que para ellos significaba “koi” en el concepto más puro de su idioma. Algo así como “melancolía” o “tristeza” amorosa para nosotros.

Un mes más tarde, el creador anunciaría que su guión tendría también un manga y que éste sería adaptado por Midori Motohashi, una mujer (como por otro lado exigía el creador) de la que nada se sabía, aunque esto último no es algo que pueda sorprender demasiado a aquellos que ya estén acostumbrados a la forma de actuar del estudio CoMixWave y en particular de su líder. Un hombre habituado a trabajar con talentos desconocidos y aficionado a copar la práctica totalidad de los cargos de importancia en la producción.

Kotonoha no Niwa Layout

Layout con anotaciones en el diseño de Yukari Yukino

Makoto Shinkai se encargaría nada menos de la dirección, la fotografía, el guión y su adaptación. Aunque dos serían las novedades que esta particular apuesta incluiría. La primera, que el diseño de personajes correría a cargo de Kenichi Tsuchiya, un animador neófito en esas lides y que dotaría a los adolescentes habituales en los largometrajes de su jefe de un aire mucho más adulto, fornido e intimidatorio, especialmente en los hombres. La segunda, y más importante, que su brazo derecho en aspectos musicales, Tenmon, ya no sería el encargado de su apartado musical por primera vez a lo largo de toda su carrera. Algo que nos hacía prever que la apuesta a cara o cruz sobre su salvación o condenación como realizador estaba servida.

El director quería retratar fielmente el Tokio de 2013, la ciudad en la que vive y que adora… de cada una de las instantáneas cotidianas que han apresado su alma. Por ello, tanto él como su equipo pusieron especial énfasis en reproducir minuciosamente todos y cada uno de los rincones que aparecían en esta nueva apuesta, desde los reflejos de la lluvia hasta la posición de los árboles, pasando por la ubicación exacta de los edificios. Tal es así que Internet terminó por rendirse a las maravillas de este trabajo, llenándose muchos y muy diversos portales, foros y perfiles sociales especializados de capturas de la película y de su equivalente en el mundo real, para ilustrar hasta qué punto se había conseguido que la frontera entre ambas fuese difusa.

Pero, ¿por qué únicamente 46 minutos? La razón era simple. Pese a que finalmente se estrenaría en las salas comerciales japonesas, Kotonoha no Niwa fue pensada como un producto para ser distribuido a través de la Red, lo que implicaba tabletas, teléfonos móviles y naturalmente ordenadores, por lo que dicho metraje se le antojaba ideal para dicho propósito, dado que además la concibió con ciertas intenciones de relajar al espectador. Así pues la realidad es que Shinkai volvía de forma velada a sus orígenes. Su anterior largometraje, de dos horas de duración, había sido un fracaso en toda regla, aunque retomar un modelo abordado en su etapa “amateur” con Hoshi no Koe, parecía una empresa arriesgada. Máxime si tenemos en cuenta que iba a prescindir por primera vez de su colaborador más estrecho y fiel. Por lo tanto existían ciertos motivos para la preocupación y el recelo, y la pregunta de si estaría a la altura martilleaba constantemente al espectador.

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Capturas de los entornos de Kotonoha no Niwa (clic para ampliar)

Es entonces cuando nos percatamos de que aparece un tren… Aquel hilo conductor por excelencia de historias que se entrelazan y que canalizan los sentimientos de los protagonistas hasta llevarlos a unos extremos que sólo un amado de Dios es capaz de comprender, plasmar y transmitir. Acto seguido, una cálida lluvia de verano hace que el protagonista decida pasear bajo el pálido cielo de Shinjuku que conspira con el destino para unir a un hombre y una mujer en un pequeño refugio a salvo de los estragos de la inminente tormenta.

Sus nombres no importan, como tampoco su pasado o su futuro. Dos seres que se encuentran y que a través de sus miradas, complicidad o simples gestos, hacen de un mero silencio el más bello y conmovedor haiku imaginable, hasta que la mujer profiere unas palabras que golpearán nuestro interior como si el mismísimo Dios se apareciese ante nosotros y nos cegase con su rostro: “Narukami no sukoshi toyomite. Sashi kumori. Ame mo furanu ka? Kimi wo todomemu”.

Unos minutos más tarde, el hombre acertará a responder en otra escena: “Narukami no sukoshi toyomite. Furazu to mo. Warewa tomaramu. Imoshi todomeba”. Un tanka ante el que no importa saber japonés. Versionando líbremente a Morgan Freeman, hay cosas tan bellas que no necesitan una traducción que sólo serviría para destruirlas y privarlas de significado, como lo es un poema oriental que sirve de hilo conductor de un amor prohibido por simples convencionalismos sociales sin significado alguno para el corazón.

Kotonoha no Niwa Doblaje

Kana Hanazawa (izquierda) y Miyu Irino (derecha) ponen las voces a Yukari y Takao respectivamente

Nada sabemos de ambos hasta la mitad del metraje. Tal es así que a duras penas nos enteraremos de sus apellidos. No importan. Dos seres humanos que se encuentran, e interpreta una magistral obra de teatro en la que la lluvia es una cómplice silenciosa de un sentimiento extraño y misterioso que no pueden describir. Ella es su Celestina. El verano su escenario. El apuntador, el amor más puro que ser humano pueda concebir. Él es un chico joven de apenas 15 años que empieza a descubrir la vida. Ella, una embriagadora mujer de 27 con un halo de misterio que cautiva al estudiante.

Shinkai en su juventud se enamoró de una mujer mayor que él dedicada a la literatura… una pista de cómo el director se transforma en Takao Akizuki y desnudará su alma ante nosotros para descubrirnos su lado más íntimo y personal a través de una dulce y delicada sucesión de iconos alegóricos: un rayo solitario… de golpe dos, un maquillaje reseco… pistas todas ellas que nos ayudarán a descubrir a través de sutiles y muy pequeños retales a Yukari Yukino, quien a través de su quietud parece mostrarse precavida ante una situación que para ella resulta similar a un claro de luna en mitad de la noche más oscura.

Gran parte de la trama trancurrirá por lo tanto en un pequeño recodo del parque de Shinjuku Gyoen. Como si de una obra de inspiración neoclásica se tratase en la que una habitación basta y sobra para que todo ocurra. Aunque después, el siguiente gran y cruel escenario será un instituto. Un lugar en el que ellos harán de sí mismos y nos descubrirá un matiz que hasta ese momento desconocíamos. La fémina es profesora del instituto al que acude, lo que convierte ese amor platónico ideal nacido en una esquina del Paraíso Divino… en un amor prohibido por las leyes estúpidas de los hombres.

Kotonoha no Niwa Blu Ray

Portada de la edición en blu-ray de Kotonoha no Niwa junto que la versión estadounidense de The Garden of Words

¿Por qué entonces tantos silencios? ¿Es que acaso ella estaba jugando con alguien que sabía su alumno? ¿O por contra tenía miedo de él? ¿Qué le impulsa a permanecer callada mientras su amante espiritual se desnuda ante ella? Todos esos misterios se revelarán a lo largo de los apenas tres cuartos de hora del film. Una duración escasa, sí, pero en los que las sorpresas nos aguardarán hasta el mismo final, a pesar de no saber nada y a la vez conocerlo todo.

Las palabras pueden parecer abstractas, pero el piano de Daisuke Kashiwa mezclado con el sonido de la lluvia al golpear contra un techo, o el ruido de una tiza con la que un profesor dibuja el contorno de un kanji, no lo es. Simplemente estamos hablando de magia. Algo tan difícil de describir como cuando Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz intentaban describir sus experiencias místicas y sólo podían compararlas al acto del amor para transmitir apenas una mínima parte de lo que sentían.

Mas el director recurre a una maniobra que ya utilizó en Byousoku 5 centimeter para poner el punto y final a la obra, como es el utilizar un tema vocal para finalizar la película, aunque esta vez sin escena alguna que aclare nada que no sea la sucesión de títulos de crédito, al contrario de lo que ocurriría en su anterior y más conmovedora historia. Un recurso aceptable sin duda, pero que termina por parecer un tanto insustancial, mediocre y vacío para un producto tan complejo y con las pretensiones que se le deben exigir a un creador como el que tenemos entre manos.

Kotonoha no Niwa OST

Portada del single “Rain” que pone punto y final a la cinta

Ciertamente, tras todo lo dicho con anterioridad, hubo quién increpó a Shinkai durante su promoción por la poca variedad de sus temáticas… Por recurrir cíclicamente a lo mismo sin arriesgar… y en parte es posible que esta crítica tuviese no poco fundamento. El trasfondo de su obra es siempre el amor platónico y obsesivo, y jamás se ha atrevido con otros productos paralelos al mundo del anime como las series de televisión. Aunque a dichas preguntas, el director se mantuvo siempre rígido en su postura como es la de que no vale para otros géneros como pueda ser la comedia, para el que evidentemente los había mejores.

Es sencillamente el mejor a la hora de describir la soledad, la angustia y el lado más dramático del amor. Sus historias nunca se consuman, y sus personajes sufren por lo que sienten sus corazones, pero finalmente todos los retales que parecen dibujar ese caos que inicialmente producen sus historias en los espectadores, cobra un maravilloso y providencial sentido cuando algo tan simple y elemental como acabar un simple par de zapatos consigue hacer brotar unas lágrimas de felicidad.

Por lo tanto, la gran pregunta que tras todo esto subyace es clara. ¿Estamos o no ante una cinta a la altura del nombre que la firma? La respuesta ante eso es simple: no sólo nos encontramos ante el mejor anime de los hechos en los tres últimos años, sino que además puede definirse como la mejor de las obras de este maestro, constituyendo por sí misma una obra maestra que no debe faltar en ninguna videoteca que se precie y a la que simplemente su un tanto ambiguo final, y su desangelado modo de abordar los títulos de crédito le privan de alcanzar la perfección.

Conclusión

Decía el gran Yukio Mishima que sólo lo invisible era japonés. Una frase tan lacónica como enigmática que ha servido en numerosas ocasiones a los occidentales para ilustrar la indescriptible majestuosidad del Imperio del Sol Naciente. Ese archipiélago superpoblado de islas, de pobre subsuelo pero de fascinantes paisajes que cautivó a los europeos del siglo XIX y que incluso a día de hoy sigue siendo una maravillosa fuente de inspiración para toda clase de personas que ven en él al último y más embriagador resquicio de espiritualidad laica del planeta.

El peculiar jardín de Makoto Shinkai es la demostración fehaciente de esa máxima. Un maravilloso universo de sensaciones y sentimientos dibujados a través del viento, las gotas de agua y los sentimientos de dos personas a las que une el azar y que terminan por desarrollar entre ellos una pasión imposible de describir con palabras y de consumarse con hechos, pero que quedará marcada de forma irremediable en sus vidas cuando ésta tome la forma de amor prohibido.

No existen expresiones lo suficientemente significativas como para expresar nada de lo narrado en esta maravilla de poco más de tres cuartos de hora, que no sólo redime a su autor de su nefasta Hoshi o Ou Kodomo sino que lo consagra como uno de los mejores directores nipones de todos los tiempos en categoría alguna. Un maestro plenamente recuperado que firma la que es, con diferencia, su mejor obra hasta la fecha y que deja únicamente al gran nombre de Hayao Miyazaki como última meta a la hora de alcanzar el más cercano estado a la divinidad al que un hombre pueda aspirar.

Kotonoha no Niwa Fin

NOTA: 9,5

31 comentarios el “Kotonoha no Niwa, el jardín de las palabras de Makoto Shinkai

  1. Vaya, esta película tiene ya quién sabe cuántos reviews a su favor, yo lo sabía, tenía que ser buena, cuando vi el trailer allá por marzo sentí un alivio extremo, pues lo relacioné directamente con Cinco centímetros por segundo, su última gran creación, y para mí, personalmente la que más me gusta, ya quiero ver ésta.

  2. Tengo muchísimas ganas de ver esta película. Ya el trailer me maravilló, así que con la reseña que has hecho, no tengo ninguna duda de que tengo que verla. Me gustan mucho las historias de amor melancólicas, aunque no sé por qué.
    Con respecto al comentario que dejaste en mi blog, de Bokura ga Ita te recomiendo el manga porque el anime queda incompleto, por la mitad.
    Besos.

    • Pues entonces, cuando tengas tres cuartos de hora, a por ella. Te aseguro que además se hace muy fácil de ver. Y ya sobre Bukura ga Ita, posiblemente esperaré a una segunda parte del anime, dado que cuando un manga es de tantos volúmenes, o los sigo desde el principio o me cuesta bastante, y teniendo en cuenta todo lo que tengo pendiente de analizar… ufff. Pero ya se verá :3

      Un saludo.

  3. Me ha encantado! Ella es preciosa y el un encanto y muy valiente. Coincido en que seria mejor otro final pero es bonito el elegido. Lo de los zapatos me hizo llorar. Ah me gusta mucho la canción del final.

  4. Esperaba con muchas ansias tu review de esta película, guardando esperanzas del regreso triunfal de Makoto Shinkai, y al leerla no puede menos que sonreír al ver tu entusiasmo y alegría, que luego de ver la película no puedo menos que compartir. Aún sigo defendiendo a Hoshi o Ou Kodomo (bueno, digo que no fue TAN funesta) pues creo que fue una etapa necesaria para Shinkai en la que quemo las influencias que arrstraba, para finalmente, después de ese ligero capricho, alcanzar una madurez técnica y narrativa en su particular estilo. Pero antes de alejarse de Ghibli, considero que Shinkai se ha vuelto el verdadero (y lamentablemente quizás el único) heredero de lo que representó el mítico estudio nipón para la animación japonesa. En Kotonoha no Niwa, Shinkai hace ecos por un lado de la narrativa natural de Miyazaki, y por otro del tono realista y profundo que buscaba Takahata en sus películas, con esa única atención a los detalles y lo “invisible”, como bien citabas a Mishima, sin dejar de imprimir un sello de autencidad en su obra. También considero a esta su pináculo técnico, con un impecable y realmente insuperable trabajo visual y con un diseño de personajes finalmente delegado a otro artista, decisión que no puedo más que aplaudir y que funciona a la maravilla con el tono adulto de la obra. Por último, creo que he crecido bastante desde que vi y lagrimeé con Byousoku 5 centimeter, pero me agrado mucho ver en su Jardin de las palabras una obra mucho más madura, alejada de la tragicomedia adolescente (algo que me gusto de Hoshi o Ou Kodomo… pero no diré más sobre el asunto) y que se acerca más a la idea tradicional japonesa del amor, como bien lo explicas en tu reseña.

    Es realmente feliz el hecho de encontrar producciones actuales que se alejen tanto del esperto comercial en el que tristemente ha caído el anime en general, y que Shinkai ha logrado (y de que manera) encontrar su camino, por el que estoy seguro nos esperan varias maravillas más. Y saliéndome un poco del tema, recientemente pude ver la última película de la trilogía de Berserk, también estrenada este año, y que cierra de manera impecable lo que a mi parecer es una de las mejores adaptaciones de un manga a la pantalla grande que jamás he visto. Visual y narrativamente distan miles de kilómetros de Shinkai, siendo unas películas realmente crudas, aunque con momentos de autentica poesía audiovisual que hacen de la animación un medio único para contar ciertas historias. De nuevo, más que recomendadas (aunque advierto que hay que estar en muy buen humor para verlas, pues la palabra deprimente tal vez les queda un poco corta).

    Muchas gracias por tu buena y alentadora reseña, y me despido no sin antes desearte lo mejor del mundo en tu duro periplo por tu reina, que sé bien que hay batallas que sencillamente hay que pelear por difíciles que se vean. ¡Hasta pronto!

    • Hola Pulpo.

      Ante todo agradecerte tu comentario. Simplemente quería hacer una observación, no referente a Shinkai sino a nivel general. En el mundo del cine convecional ha habido grandes maestros en la dirección, por ejemplo Alfred Hitchcock, John Ford o George Cukor y cuando murieron su pérdida fue irreparable. Sin embargo el cine no murió con ellos; sólo su estilo personal e intransferible. De ese modo surgieron después otros grandes realizadores que, con mayor o menor fortuna, han continuado su legado pero siempre siendo fieles a sí mismos: Steven Spielberg, Sydney Pollack, Clint Eastwood, etc.

      En Japón también existen grandes maestros en la dirección de películas de animación como el difunto Satoshi Kon, Katsuhiro Otomo, Rin-Taro y por supuesto Hayao Miyazaki. El problema es que parece que todos sus colegas se han empeñado en imitar a este último, y eso es un error. Miyazaki sólo hay uno y cuando él muera, desaparecerá también su estilo, pero su testigo debería ser cogido por otros que continuasen a su manera el legado que deja. Sin embargo, parece que todos sus competidores se están empeñando en convertirse en sus clones en vez de ser ellos mismos.

      Es por eso por lo que Shinkai me decepcionó con su anterior trabajo. Es como su hubiese asimilado el mensaje de tantos otros de que no hay otra manera de hacer cine animado que no sea la del maestro de Ghibli. Por ello me enfadé tanto con Hoshi o Ou Kodomo. No me podía creer que también él hubiese renunciado al estilo que lo hizo grande, aunque felizmente ha vuelto al buen camino. Y sí, es desde luego su mejor trabajo a nivel técnico, y eso que lo tenía difícil.

      Un saludo y me alegra verte de nuevo por aquí 😀

  5. Acabo de terminar de verla y me ha emocionado. Yo también fui novia de un hombre más joven que yo en mis años mozos y me ha llegado al fondo de mi corazón. No había entre nosotros tanta diferencia de edad, pero aquellas dificultades me suenan mucho. Pero en mi caso la historia tuvo un final. Ahora él es mi marido. Le enseñaré esta película cuando vuelva a casa. Seguro que le traerá muchos recuerdos de cuando nos veíamos a escondidas.

    • ¡Vaya! Éstos son los comentarios que a uno le alegran el día. Me alegro muchísimo de que lo vuestro saliese tan bien. Pues nada mujer, espero que le guste mucho a él también y si necesitáis alguna recomendación, y os fiáis de mi criterio, me pongo a vuestra entera disposición.

      Un saludo.

  6. Makoto ha regresado!, y me alegra que esos desvarios por emular la magia de Ghibli hayan cesado al menos por ahora.
    Todo fue tan conmovedor como era de esperarse, jamas podría dejarte indiferente un relato tan bien contado, aun siendo bastante sencillo Makoto ha logrado nuevamente lo que tan bien sabe hacer, representando la poesía a traves de lo cotidiano.
    Uno de sus mejores aciertos me parecieron los novedosos diseños, que a diferencia de su obra anterior, en esta se ven tan vivos y mas carismaticos, espero que continue por el mismo camino respecto a eso…
    Lo que ya no me pareció tan logrado seria el final, percibí un cierto desfase en ese fragmento…pero la idea o idealismo del amor es complejo de evocar de manera contundente, y aqui Shinkai ha sido sincero, al fin y al cabo no busco darle tantas vueltas a lo que es obvio.
    En fin, la fe en el maestro de la nostalgia sigue firme…aunque hablando de maestros me muero por ver lo nuevo de Hayao, pues con tantos comentarios raros que han dicho sobre el film en ”ciertas” paginas, que hasta lo catalogaron de anti-japones o algo asi, uno se queda pensativo…

    Saludos! y como siempre muy buena reseña.

    • Me parece que lo del final nos ha decepcionado a todos. Aunque ya sabes que Shinkai no es aficionado a rematar sus historias. Nunca lo ha hecho, aunque en esta ocasión se hacía más que necesario. Lástima. Y ya sobre Kaze Tachinu, todavía no la he visto y por ello no puedo opinar. Pero ya sabes que se unen los factores de que Miyazaki es pacifista, ecologista y antiguamente comunista, y eso choca claramente con el sentir general de la sociedad japonesa de las dos primeras décadas de la “Era Showa” (el reinado de Hirohito).

      También la historiografía japonesa habla con cierto recelo de esa época. Ellos quedaron como “los malos”, perdieron, les impusieron una Constitución a la americana… Para una sociedad tan nacionalista como la nipona es una humillación, pero el problema es que se junta ese hecho con que en el Sudeste Asiático cometieron crímenes contra la Humanidad y cada vez que se editan libros que minimizan su impacto, las crisis diplomáticas con China están garantizadas. Del mismo modo fueron también víctimas de otro (dos bombas atómicas sobre dos poblaciones civiles) que además quedó impune. Por ello es tan difícil abordar esa época en el Imperio del Sol Naciente y, cuando se hace, la polémica está garantizada. Esperemos que, fuere como fuere, el film sea una obra maestra.

      Un saludo.

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  10. Hola Darth.
    Trataré de ser sucinto, pero es necesario explicar un poco mi relación con el anime, porque puede desvelar un poco la relación que muchos como yo en estas latitudes tuvimos con este medio.
    Siempre he sido mas amante de los comics que del cine de animación. Lo que he encontrado en ese medio me ha hecho viajar, imaginar y conocer ciertas partes de mi mismo mas de lo que ha logrado cualquier animación. De pequeño conocí a Heidi, como serie de televisión, sin saber quienes estaban detrás y cual seria su impresionante evolución. Poco después caía en la TV extranjera (en este caso la T.V que nos llegaba desde Peru a través de la antena parabólica) una serie que me subyugó y de la que durante casi 20 años guardé un recuerdo emocionado que se enfrentó con el desconocimiento de las demás personas (“nunca viste esa serie de muñequitos…” No, era la respuesta). Se llamaba Conan el Niño del futuro. Años después reaparecería en mi vida. Al final de la niñez disfrute con ilusión las aventuras de capitán Tsubasa (conocido en Colombia como Supercampeones), luego llegarían series mas “extremas” como Saint Seiya (aquí Los caballeros del Zodiaco), en mi temprana adolescencia, con su carga de implícita violencia de la que mis amigos y yo empezábamos a ansiar mas. Tuve que tragarme durante años como los demás crecían y se desvivían por toda la evolución de Goku desde niño con cola hasta las interminables secuelas de su serie (aun ahora no comprendo la fascinación que generó en los demás). Por esa época, casi 10 años después de su realización llegó a mis manos Akira. Al verla por primera vez mi mandíbula se desencajó y empecé a comprender la fuerza de un medio audiovisual como este para expresar conceptos e ideas que nunca antes había visto tratados de forma tan apasionante. Casi simultáneamente y en una mala traducción llego a mis manos una tal La Princesa Mononoke. Mi opinión fue “podría haber sido mejor. La animación genial, pero el argumento no me termina de convencer” Opinión ahora en retrospectiva estúpida, determinada por la piratería y por el prejuicio por tratarse de “una película de Disney” (En la portada del sitio de alquiler la anunciaban como de Miramax/Disney, un tema que todos conocen y no vale la pena sobrexplicar). Mientras ese tímido acercamiento al anime se gestaba de forma interrumpida, Pixar hacia aparición en nuestras vidas y el cine animado de Disney lanzaba sus estertores agónicos.
    Ya en la universidad, con el cambio de milenio y tras años de haber dejado atrás mi acercamiento al anime, me vi sorprendido, cinefilo como soy, por la noticia de que una película de animación japonesa había ganado el Oso de oro de Berlin. Queriendo averiguar mas me llegaron datos como “de los mismos creadores de Heidi”. Intrigado, decidí darle una oportunidad a un genero del que había rehuido por mi rechazo en la adultez temprana de los temas recurrentes que asociaba con el anime (Robots gigantes, violencia injustificada, Hentai, de los que hubo sobreexposición – incluso soy de los pocos que se aburrió a finales de los noventa con Evangelion).
    Ahí descubrí a Miyazaki.
    O mas bien lo redescubrí, porque inmensa fue mi dicha al darme cuenta que el genio que creó Conan el niño del futuro había evolucionado hasta producir las historias mas maravillosas jamas plasmadas en animación.
    A mis tiernos 20 años experimentaba una segunda niñez, riendo inocentemente con los piratas aéreos, y con el cinismo de Porco, hinchándome de felicidad al descubrir a Totoro, reviviendo la sensación de una amistad infantil a prueba de todo como la de Pazu y Sheeta (evolución de Conan y Lana que tanto quise y que tanto extrañaba).
    Redescubrí también La princesa Mononoke, esta vez en una versión original con subtítulos y en la mejor calidad posible en esa época y ahí me rendí a sus pies, pasando esta a convertirse en mi película favorita de Studio Ghibli.
    Es así como mi relación con Miyazaki y Studio Ghibli lleva mas de 10 años, pero empezó tarde. Y ese patrón se repetiría varias veces.
    Con el tiempo me di cuenta que Ghibli no era solo Miyazaki. Takahata andaba por ahí con brochazos de genio, pero opacado por su condiscípulo y alumno.
    De nuevo tras una brecha de unos años sin conocer nada nuevo redescubrí a Ghibli, a través del cine no Miyazaki ni Takahata. Para muchos obras menores que no alcanzan la calidad del maestro pero que a mi me encantaron, como Puedo escuchar el mar, Haru en el reino de los gatos y mas recientemente Arriety, y La colina de las Amapolas (con la que pienso que Goro se redimió un poco).
    Pero mi favorita y la que desplazó a Mononoke fue Susurros del Corazón, que vine a ver solo hasta hace tres años, y tal vez me fascinò porque a diferencia de todas las demás que tienen como escenario un tiempo ficticio o un mundo alterno, esta versaba sobre la cotidianidad de Tokio, y me impresionó como pudo sacarle Kondo tal magia a experiencias tan mundanas.
    En los últimos 2 años me permití un poco de laxitud y he disfrutado las obras maestras de Satoshi Kon y esas deliciosas (para muchos, menores) películas de Mamoru Hosoda (sobre todo La chica que saltaba a través del tiempo).
    Y todo ese recuento para llegar al dia de hoy, apenas 2 semanas después de descubrir a Makoto Shinkai y de quedar golpeado por la intensidad de los sentimientos desplegados de manera tan sutil y delicada en cada fotograma realizado por ese señor. Y al igual que tu Darth, también me sentí un poco identificado con Takaki, pero no sentí empatia (como con el Mersault de Camus, o el Bird de Kenzaburo Oè), sino mas bien rabia, dolorosa rabia, por la similitud de actitudes en una época tal vez menos lejana de lo que uno hubiera querido, hasta el punto de gritarle “Maldición, cual es tu jodido problema, especie de subnormal” sin darme cuenta que al que reclamaba en cierto modo era a mi mismo.
    El cine de Makot Shinkai ha sido como un nuevo renacer de mi gusto por el anime. No puedo creer que haya alguien capaz de plasmar de manera tan intima y delicada la agonía real que se siente con el amor a la distancia, o con la imposibilidad de querer algo distinto a un recuerdo difuso.
    A diferencia de los años pasados con Ghibli, en solo 10 dias me casquè casi toda la filmografia de Shinkai. La única que no he visto es “Viaje a Agartha”, y luego de tu entrada despotricando sobre ella creo que me demoraré años en verla. Es por ello que ante tus mordaces y crueles comentarios en esa reseña no descansé hasta encontrar la reseña de El Jardín de las Palabras, pues fue la primera que vi de Shinkai, la que me sacudió y abrió mis ojos a semejante genio.
    Y descanso ahora al ver que tienes la misma sensación que yo tras su visionado. Es una verdadera obra maestra, una muestra del arte de expresar sentimientos con imágenes, y de penetrar en e alma del espectador a través de ellos.
    Me he reconciliado con tu opinión, al mismo tiempo que se consolida mi gusto por este director y el placer que siento al ver cualquier obra suya o leer cualquier referencia.
    Eso es todo, espero que ya un año después no sea muy tarde como para que no leas este comentario.
    Excelente blog, lo seguiré de cerca.
    Un saludo de Enrique, desde Cali, Colombia.

  11. Pingback: Kaze Tachinu, ¿el canto del cisne de Hayao Miyazaki? | Drakenland / El lobo zamorano

  12. Es la primera vez que te leo, me encantó la película y disfrute mucho leyendo tu opinión de ella. Gracias por brindarme tan buen momento. Saludos.

    • Me temo que para eso necesitas al propio Shinkai. Yo por lo menos lo interpreté como una especie de puente emocional entre ambos. Digamos que los tacones son los zapatos clásicos que utilizan las mujeres en su edad adulta, por lo que se necesita una experiencia ante la vida para diseñarlos. Sin embargo, Takao es un adolescente. Así que no le queda más remedio que madurar; entender cómo funciona el mundo de su profesora para crearlos. Cuando lo consigue, podríamos interpretar esos zapatos como el final de la infancia de Takao y como un símbolo de su amor por Yukari (¿Que tal vez dure para siempre?). Pero insisto en que es una mera impresión mía. Necesitaríamos preguntarle al autor para saberlo.

      Un saludo.

  13. Pingback: Bakemono no Ko. Hosoda a hombros de gigantes para sucederse a sí mismo | Drakenland / El lobo zamorano

  14. Hey very nice review!! Man.. Beautiful.. Wonderful.. I’ll bookmark your article. I was looking for an article about Makoto Shinkai and yours is the best I found. I read it with the help of Google Translation and you have a very addictive writting style. I’d like to learn Spanish to enjoy it conveniently. Thanks for your work and your devotion for Garden of Words.

  15. Pingback: Kimi no Na Wa (Your Name). El nombre para recordar de Makoto Shinkai | Drakenland / El lobo zamorano

Adelante, siéntete libre para incordiar :3

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