Kill la Kill, destruyendo la tiranía de la moda de la mano de Trigger

Kill la Kill

Esta “Hoja-Tijera” se la dejó la persona que asesinó a mi padre, y ahora vas a decirme a quién le pertenece, Satsuki Kiryuin. – Dices que te llamas Ryuko Matoi. – Por supuesto. – ¡Eres la hija de Isshin Matoi! – Maldita, así que conoces a mi padre.Ya has perdido demasiada sangre Ryuko. – ¿No es eso lo que querías desgraciado? – A este paso te desmayarás en cinco minutos. – No lo digas tan tranquilo. ¡Volveremos a vernos Satsuki!

Era una obviedad. Empezar el año con un análisis de TTGL no podía tener más explicación que la de contextualizar una inminente review de esta serie que prácticamente desde sus inicios se había convertido en la gran referencia del género durante el último medio año. Pero lógicamente, era necesario que finalizase su emisión para poder emitir de este modo una opinión fundada sobre ella, aunque para tal fin fuese necesario esperar un tiempo que, en cierta manera, me ha obligado a tener la bitácora relativamente poco actualizada.

He de reconocer que estos días han sido para mí muy difíciles por varias razones que no vienen al caso. Trabajo, exámenes, prácticas y algún que otro sinsabor personal me han tenido un tanto alejado tanto de Internet como de las ganas de escribir. No obstante, a costa de hacer de tripas corazón y de ir economizando ratos libres y de robarle, para qué engañarnos, alguna que otra hora al sueño, he conseguido acabarla para hoy coincidiendo con el fin de su emisión en Japón.

De este modo y con esta entrada, nos metemos de lleno en el panorama de las novedades recientes de esta temporada relacionadas con la animación japonesa tras un periodo un tanto aleatorio en cuanto a las actualizaciones, que se han caracterizado por una cierta preferencia en cuanto a los videojuegos que, así, pasarán a un plano más secundario hasta la llegada del verano, para ser de nuevo el manganime la principal referencia temática de este blog. Pero dejémenos de soliloquios y procedamos a desmenuzar el producto que por fin tenemos entre manos.

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Omohide Poro Poro. El harakiri realista de Takahata

Omohide Poro Poro

– Taeko dime, ¿no piensas casarte? – ¿Eh? ¿Tan raro es estar soltera? – Bueno no, no quise decir eso pero… – Ahora hay cada vez más mujeres que trabajan. Muchas de mis amigas aún no se han casado ¿sabes? – ¿De verdad? – De verdad. – ¿En serio? – ¡Que sí! – Ya veo. – Es algo normal… Por cierto Toshio… ¿cuando ibas a la escuela… aprendiste en seguida a dividir fracciones?

Sé que me repito demasiado a la hora de empezar estas reviews… Pero es que siempre sucede lo mismo de un par de años a esta parte. Por más que intento encontrar un anime actual que sea mínimamente decente (o simplemente soportable) siempre termino igual de desesperado con cada nueva cosa que me recomiendan o que pruebo por mi cuenta. Es más, la última incorporación en sumarse a mi lista negra de títulos impresentables ha sido ese bodrio llamado Anohana, que consiguió hacer que cayese inconsciente ante el ordenador, incapaz de mantenerme despierto cuando no había terminado ni el tercer episodio.

Eso quiere decir que hasta que avance el año, mi única posibilidad de poder seguir hablando de animación japonesa es tirar de clásicos, aunque eso redirige el problema hacia una sencilla pregunta como es la de “¿Cuáles?”. Así que me puse a pensar y a recopilar sugerencias y entre ellas caí en el poco cuidado y esmero que le he dedicado a mis muy queridos y adorados “apócrifos” de Ghibli. Un estudio cuya filmografía me propuse analizar en su totalidad y que este año es más noticia que nunca por la llegada a occidente de la que dicen, por enésima vez, que será la última película de Hayao Miyazaki, Kaze Tachinu. Pero eso es todavía adelantar acontecimientos.

Lo que sí es objetivo y demostrable es que desde La Tumba de las Luciérnagas, no había vuelto a abordar la trayectoria de Isao Takahata como director de cine y, en esta época de escasez de ideas, sus ocurrencias (fetos abortados que sobrevivieron en el cubo de la basura y se transformaron en largometrajes que, de no ser porque aparecía el dibujito de Totoro al comienzo, nadie que no padeciese algún tipo de parálisis cerebral podría aguantar más de cinco segundos seguidos sin acto seguido tirarse a las ruedas de un camión) se me antojan más que procedentes para ir ganando algo de tiempo hasta que llegue algo decente a mis manos. Así pues, sin más preámbulos, procedamos a descender a la fosa séptica de la animación japonesa para hablar de la simplemente vomitiva, Omohide Poro Poro.

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Z-Kai: Cross Road. Aprendiendo a distancia en compañía de Makoto Shinkai

NOTA: El presente vídeo ha sido subido por el propio productor del mismo (Z-Kai) para su difusión a través de Youtube y ha autorizado mediante las opciones de su cuenta oficial la inserción en otros sites.

Hace apenas tres meses, en la entrada dedicada a Dareka no Manazashi, comentamos en este blog cómo Makoto Shinkai, conocido en occidente por sus cortos de animación y sus películas que mezclan el amor desesperado con la Ciencia-Ficción, oculta tras de sí una faceta como publicista que, si bien no es demasiado conocida por estos lares, lo ha convertido en un autor de prestigio en Japón haciendo que todos y cada uno de sus trabajos llamen la atención de buena parte del Planeta en el momento de su lanzamiento y sus subidas a Youtube se cuenten por éxitos. Por ello, no es de extrañar que su última apuesta, Cross Road, se haya convertido en todo un fenómeno de masas a pesar de ser sencillamente eso, un simple anuncio.

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