Omohide Poro Poro. El harakiri realista de Takahata

Omohide Poro Poro

– Taeko dime, ¿no piensas casarte? – ¿Eh? ¿Tan raro es estar soltera? – Bueno no, no quise decir eso pero… – Ahora hay cada vez más mujeres que trabajan. Muchas de mis amigas aún no se han casado ¿sabes? – ¿De verdad? – De verdad. – ¿En serio? – ¡Que sí! – Ya veo. – Es algo normal… Por cierto Toshio… ¿cuando ibas a la escuela… aprendiste en seguida a dividir fracciones?

Sé que me repito demasiado a la hora de empezar estas reviews… Pero es que siempre sucede lo mismo de un par de años a esta parte. Por más que intento encontrar un anime actual que sea mínimamente decente (o simplemente soportable) siempre termino igual de desesperado con cada nueva cosa que me recomiendan o que pruebo por mi cuenta. Es más, la última incorporación en sumarse a mi lista negra de títulos impresentables ha sido ese bodrio llamado Anohana, que consiguió hacer que cayese inconsciente ante el ordenador, incapaz de mantenerme despierto cuando no había terminado ni el tercer episodio.

Eso quiere decir que hasta que avance el año, mi única posibilidad de poder seguir hablando de animación japonesa es tirar de clásicos, aunque eso redirige el problema hacia una sencilla pregunta como es la de “¿Cuáles?”. Así que me puse a pensar y a recopilar sugerencias y entre ellas caí en el poco cuidado y esmero que le he dedicado a mis muy queridos y adorados “apócrifos” de Ghibli. Un estudio cuya filmografía me propuse analizar en su totalidad y que este año es más noticia que nunca por la llegada a occidente de la que dicen, por enésima vez, que será la última película de Hayao Miyazaki, Kaze Tachinu. Pero eso es todavía adelantar acontecimientos.

Lo que sí es objetivo y demostrable es que desde La Tumba de las Luciérnagas, no había vuelto a abordar la trayectoria de Isao Takahata como director de cine y, en esta época de escasez de ideas, sus ocurrencias (fetos abortados que sobrevivieron en el cubo de la basura y se transformaron en largometrajes que, de no ser porque aparecía el dibujito de Totoro al comienzo, nadie que no padeciese algún tipo de parálisis cerebral podría aguantar más de cinco segundos seguidos sin acto seguido tirarse a las ruedas de un camión) se me antojan más que procedentes para ir ganando algo de tiempo hasta que llegue algo decente a mis manos. Así pues, sin más preámbulos, procedamos a descender a la fosa séptica de la animación japonesa para hablar de la simplemente vomitiva, Omohide Poro Poro.

Ficha Técnica

Omohide Poro Poro (おもひでぽろぽろ) conocida en Estados Unidos como “Only Yesterday”, y como “Recuerdos del Ayer” en España, es una película de 118 minutos de duración perteneciente al género dramático, dirigida en 1991 por Isao Takahata y producida por el estudio Ghibli. Está basada en un manga del mismo nombre escrito por Hotaku Okamoto y dibujado por Yuko Tone que consta de tres volúmenes publicados por Seirindo.

Historia

Tras un nuevo fracaso sentimental, Taeko Okajima es una solterona de 27 años en medio de una sociedad que todavía no ha admitido el concepto de mujer trabajadora y en la cual ella empieza a ser considerada un lastre en vez de un elemento productivo. Algo que le hace sumirse en una profunda crisis que la llevará a pedir unas vacaciones para huir de un Tokio que la agobia y desconectar en una escapada al campo, donde la espera su hermana.

En el tren que la lleva a su retiro, y sin que sepa muy bien por qué, empezarán a asaltarla recuerdos de su infancia. Unos tiempos de plena ebullición de la cultura Pop que, de la mano de The Beatles, revolucionaría el panorama social de un Japón que empezaba a experimentar fenómenos como el de la minifalda o los grupos para adolescentes, y en los que ella era una niña de apenas diez años que vivía en el seno de una familia tradicional de Yamagata,

PersonajesOmohidePoroPoro

Taeko Okajima en su etapa adulta e infantil, con Toshio en el centro

Al llegar a su destino será recibida por uno de los miembros de la familia de su cuñado, Toshio, un joven menor que ella pero con una enorme pasión por la vida de agricultor que practica y cuyas filosofías, empeñadas en explicar la particular unión del hombre con el medio rural, irán poco a poco llamando su atención, haciendo que los lazos entre ambos se vayan estrechando, hasta el punto de que sus allegados terminarán por intentar que acaben enamorándose.

Taeko comienza a percatarse de que la vida sencilla del campo es lo que necesita, pero al mismo tiempo es consciente de que no está preparada para la misma y que quedarse allí podría suponer un problema de muy difícil solución a largo plazo para aquella gente sencilla a la que tanto aprecia. Por ello, tendrá que decidir, en compañía de su “Yo de Quinto Curso”, si le conviene volver a la capital o, por el contrario, seguir su vida acompañada de sus seres queridos en el medio rural.

Tema principal de la OST

  • Ai wa hana, kimi wa sono tane”, compuesta por Amanda McBroom interpretada por Miyako Harumi

Análisis

Normalmente todos y cada uno de los reportajes que en torno a la historia del manganime se redactan tienen al nombre de Osamu Tezuka como referencia ineludible de todo lo que pudo llegar a significar el género que nos ocupa, pareciendo que todas las obras y autores posteriores toman principio y origen de las suyas. Sin embargo tal creencia es errónea. De hecho, el padre de Astroboy sería modelo en cuanto al cómic nipón, pero no en cuanto a su animación, donde su aportación fue mediocre, intrascendente y exageradamente idealizada por los críticos contemporáneos.

En esas lides, si hubo un hombre que hizo que las adaptaciones a la pequeña pantalla de esta clase de guiones fuesen algo más que los patéticos “mangas animados” con los que sus directores excusaban la ausencia de fotogramas por segundo y el movimiento forzado de personajes y entornos, ése sería sin duda Isao Takahata, socio y mentor de Hayao Miyazaki y auténtico responsable del boom de las series de origen japonés fuera de las fronteras del Imperio del Sol Naciente.

Sin embargo. Tal y como apuntamos cuando analizamos La Tumba de las Luciérnagas, la creación de Ghibli supuso un cambio sustancial en su trayectoria profesional que lo convertiría en un director de cine propiamente dicho. Un papel que ya conocía pero que adquiriría una relevancia inusual y tal vez desconocida para él y en el cual tenía, para colmo, que pelear contra un factor poco o nada deseable: el quedar progresivamente a la sombra de su pupilo. Por ello, aquella edulcorada y emotiva película, pese a gozar de cierto éxito de crítica y público, comenzó a quedar en un plano secundario con el paso del tiempo y la obra que tenemos entre manos terminaría de confirmar su trayectoria descendente. A lo largo de las próximas líneas intentaremos desgranar el porqué.

La continuación de Takahata por la senda del realismo

Tres años habían pasado desde que Hotaru no Haka se convirtiese en la que, probablemente, era el film más ambicioso de Ghibli aunque no el más popular. El éxito de Tonari no Totoro había sido apoteósico y por todo Japón, la silueta de aquel carismático gato mitológico amigo de los niños empezaba a ser uno de los símbolos más reconocidos del anime tanto dentro como fuera de las fronteras de su país de origen. Pero todavía estábamos lejos de los registros alcanzados por Porco Rosso o Mononoke Hime.

El estudio era todavía, visto desde fuera, la combinación de los dos talentos más representativos del anime y Takahata tenía todavía mucho que demostrar en el nuevo universo en el que se movía. Por ello, apostó para su siguiente cinta por la versión de un monstruoso manga llamado Omohide Poro Poro, perpetrado por Hotaru Okamoto y Yuko Tone, que él mismo se encargaría de convertir en un guión y posteriormente en un largometraje en el que las máximas serían claras: hacer una película lo más realista posible.

Los esfuerzos para ello fueron inusuales para su tiempo y el primer cambio que llevaría a cabo el director con tal objetivo sería el de hacer que los actores de doblaje grabasen previamente sus diálogos, de modo que el equipo de animación se viese obligado a adaptar las gesticulaciones faciales a lo expresado por ellos con anterioridad. Tal fue así, que sólo en las escenas en las que Taeko es una niña de 10 años se respetó el modo de trabajo al uso consistente, como es lógico, en el proceso inverso.

Omohide Poro Poro Manga

Portadas del manga original de Omohide Poro Poro

Sin embargo existía una gran dificultad. La historia original transcurría en la Yamagata de 1966, mientras que la película se dirigía en 1991, ya en plena era de la informática y con un paisaje urbano muy diferente al de los escenarios que podían apreciarse en el cómic. Por ello, a pesar de que los animadores visitaron frecuentemente la zona con la intención de reproducirla lo más fielmente posible, el propio Takahata reconocería tener dificultades, especialmente con todo lo relacionado con la realidad de un sector primario que, en aquellos años, empeñaba a mostrar claros síntomas de agotamiento en el archipiélago.

Estas confusiones se pueden apreciar a la hora de elegir los temas Folk de su banda sonora en la que, buscando temas adaptados al campo y a la agricultura, terminó por incluir en la misma canciones populares de países como Rumanía o Bulgaria. Un completo disparate teniendo en cuenta que, a pesar de que la caída del Telón de Acero había tenido lugar a principios de la década de los 90, los regímenes comunistas de la Europa del Este eran herméticos y la exportación de esta clase de productos a una zona “enemiga” y aliada de Estados Unidos, era simplemente inconcebible.

Irónicamente, a pesar de esta intención de crear mundos realistas, el director terminaría por hacerse con los servicios de Toshio Suzuki para la producción. Algo que se revelará como paradójico teniendo en cuenta su anterior trayectoria (Tenshi no Tamago y The Heroic Legend of Arslan) y la que posteriormente desarrollaría de la mano de Miyazaki, dado que, de este modo, se inició una relación profesional con la compañía que se extendería hasta nuestros días. Por lo tanto, varios eran ya los errores acumulados tanto en la intencionalidad de la película como en el equipo humano que la llevaba a cabo y el resultado, como no podría ser de otro modo, fue simplemente catastrófico.

Un imprescriptible crimen contra la animación

Nunca he sabido cuál fue el momento exacto en el que Isao Takahata salvó a la Humanidad de su espantoso destino devolviendo al espacio exterior el gigantesco asteroide destinado a acabar con la vida en el planeta, de un cabezazo al estilo de Zidane. Una forma un tanto rebuscada de decir que sólo una conmoción cerebral de ese calibre explicaría que sin una razón plausible, aparente o simplemente creíble, uno de los más grandes genios de la animación televisiva nipona pasase a convertirse en uno de sus mayores patanes de la gran pantalla, sin que le temblase el pulso.

Confirmando el rumbo ya trazado en La Tumba de las Luciérnagas, Omohide Poro Poro vuelve a apostar por una historia, como ya hemos señalado, de corte realista, aunque en esta ocasión protagonizada por una mujer, una tal Taeko Okajima que representa el arquetipo de solterona imbuida en el Japón del tránsito entre tradición y modernidad que, en un arrebato de melancolía (atribuido en algunas sinopsis a un desengaño amoroso) decide ir a un pueblo en el que apenas ha residido a lo largo de su vida para pasar unos días, provocándose, impredeciblemente, un reencuentro con su “Yo de Quinto Curso”.

La historia se desarrollará pues en dos espacios temporales. El primero, cuenta cómo el personaje principal vive su peculiar reencuentro con el medio rural y con una forma de vida que le resulta tan desconocida como fascinante. El segundo, aquél en el que se reviven los recuerdos más entrañables de su niñez. Un recurso por lo tanto poco original, utilizado hasta la saciedad y que supone el primero de los indicios de mediocridad que se aprecian en un largometraje que, desde el principio, adolece de carecer de sentido alguno.

CréditosOmohide

Al igual que sucederá con otras obras apócrifas, los títulos de crédito se incrustarán en el metraje

¿Es que acaso tiene algún tipo de lógica ver una película por perder simplemente dos horas de vida? Su título reconoce que las claves de su guión se centrarán en los flashback; una técnica bastante efectiva de no ser por Okajima afirma sin ningún tapujo que éstos no son en absoluto trascendentes, luego, ¿para qué se narran? O dicho de otra forma, ¿en toda una existencia no hay otros recuerdos interesantes que no sean los de los diez años?

Baste con decir que una de las escenas más importantes será… la que muestra cómo su familia compra una piña, no saben cómo partirla, finalmente la parten, se reparten los trozos y… sólo le gusta a ella… Y ya. Ningún mensaje… ningún trasfondo… ninguna metáfora… nada. Es como hacer un guión en el que simplemente se cuenta cómo un hombre entra en una habitación, abre un armario, saca de él una chaqueta, se la pone, sale y fin, y que cuando se le pregunte al director el porqué de una ocurrencia tan absurda, responda que no se le ocurría otra cosa.

Podríamos caer en la tentación de pensar que la película empieza tocando fondo, pero pronto comprenderemos la trama concebida por la terna Takahata – Okamoto – Tone parece tener en ese sentido una perforadora con la que conseguirán que vaya de mal en peor hasta que acabe a un nivel al que sólo descendiendo la Fosa de las Marianas podríamos llegar a aproximarnos. Algo que alcanzará su cénit cuando nos torturen contándonos cómo descubrió que esos anuncios en los que aparecen un montón de tías haciendo el gilipollas en mitad de una orgía de colores chillones se deben a algo llamado “menstruación”.

ET

¿Copiando a E.T? Vamos, eso son calumnias…

En honor a la verdad, el maestro japonés no fue el único que perdió la cabeza ante tan histórico hallazgo. Todos los que más o menos hemos comentado animación en alguna ocasión sabemos que Disney dio síntomas de demencia senil el día en el que no se le ocurrió otra cosa que hacer un corto sobre la regla. Pero es que la anécdota que se cuanta en esta película al respecto es tan estúpida que a su lado las “pérdidas leves”, los “problemas del tránsito” y demás payasadas de la industria publicitaria española, pasarán a ser un logro en la narrativa de la Humanidad.

Puede parecer que estoy exagerando, pero es que todo lo vivido por su “Yo de Quinto Curso” es tan imbécil que lo único que puede hacerse respecto a ello son bromas crueles… Incluso cuando pretende escenificar algo serio incluyendo reflexiones hegelianas del calibre de si alguien que sabe dividir fracciones puede o no tener problemas en la vida, en el sentido de que ella era incapaz de hacerlo porque se cuestionaba su utilidad, lo que da a entender que esta tía no sabe lo que es que te meta un pufo Hacienda cuando has dividido fracciones demasiado bien. Y no miro a nadie ¿eh, Messi? Ni tampoco a tu equipo.

Algunas de estas cuestiones llegan a tal nivel de estulticia que incluso la madre le llegará a decir algo así como que a ella le interesa que en el colegio, en vez de redactar bien, aprendiese a “comérselo todo” (sic), dándole sin duda lo que es el consejo clave para llegar a presentadora de LaSexta, de no ser por un pequeño detalle. Dice tener 27 años, pero su repugnante aspecto físico, haría parecer lozana y apetecible a la mismísima Duquesa de Alba.

RepugnanteOmohide

El repugnante aspecto físico de Taeko ilustra por sí mismo la crueldad de Dios

No fueron pocas las veces en las que pensé cuánto alcohol en sangre necesitaría tener el pobre Toshio, ya no para acercarse a ella, sino incluso para simplemente aguantar sus batallitas de abuela Cebolleta, como por ejemplo aquella vez que tres compañeras la intentaron liar con un compañero, mientras caminaban de forma simétrica al estilo del primer opening de Marmalade Boy, como si de esta película pudiésemos extraer la profecía divina que ver a un trío del mismo sexo haciendo el subnormal era un preludio evidente de que preferible es volarse la tapa de los sesos que padecer el anime que se regurgitará sobre nosotros.

Curiosamente, y abandonando por un momento la ironía, existen muy pocas producciones de finales de la década de los ochenta y principios de los noventa que puedan presumir de poseer tal nivel de corrección técnica. Su fotografía es una de las más limpias y cuidadas de cuantas han salido de la factoría Ghibli. De hecho, habrá que esperar prácticamente a Mononoke Hime, casi una década más tarde, para poder disfrutar de unos entornos tan cuidados y elogiables como los de este largometraje.

Son en ese sentido también dignas de mención las pequeñas secuencias de una duración de un segundo que se intercalan en algunas escenas para enfatizar la carga argumental que pretenden transmitir. Un método ya usado en Hotaru no Haka y potenciado en esta producción con imágenes ya emotidas, logotipos comerciales o incluso un “Strike” de baseball, que aparecerán espontáneamente en mitad de algunos de los diálogos complementándolos a la perfección, lo que en ese sentido será un claro precedente de lo que se años más tarde se vería en Neon Genesis Evangelion de la mano de la pareja Anno – Gainax.

OmohideMarmaladeBoy

¿Alguna vez os preguntasteis de dónde vino la estúpida idea del primer opening de Marmalade Boy?

Efectivamente, Omohide Poro Poro es una cinta técnicamente perfecta e intachable pero, como bien rezaba aquel maravilloso eslogan “la potencia sin control no sirve de nada”. La nitidez y el nivel de detalle de algunos fotogramas no deja de ser una fachada que no sirve para ocultar la verdad: la de lastrar con una total falta de interior, claramente achacable no sólo al infame guión original, sino también al nulo gusto de Takahata a la hora de seleccionar sus historias, tras su salida de lo que posteriormente se llamaría “Nippon Animation”.

Sorprendentemente, el otro punto fuerte de este largometraje es su doblaje al castellano. Es más, al contrario de lo que sucediese en la mayor parte de las obras de Miyazaki, estamos ante una de las mejores traducciones de las que jamás han disfrutado las producciones de la factoría Ghibli merced no sólo al gran trabajo de Carmen Podio, sino al de todo el equipo que la acompaña en el que se encuentran nombres de la categoría de Ricardo Escobar (Ted Mosby en “How I met your mother”), María Blanco (Daenerys Targaryen en “Juego de Tronos”), Yolanda Mateos (Hilary Banks en “El Príncipe de Bel-Air”) o la gran Sara Vivas, conocida por ser, nada menos, que la voz de Bart Simpson en castellano. Pero ahí acaba todo.

Para la composición de la banda sonora, se eligió al compositor Katz Hoshi, totalmente desconocido en occidente pero de cierto renombre en el Imperio del Sol Naciente, en especial durante la época de los setenta. Un personaje que cumple sin más con los trabajos instrumentales. El resto de la OST, en su mayoría extractos de “éxitos pop” nipones y “música folk” de la Europa del Este, son para perforarse los tímpanos para evitar que nuestro cerebro se autoinmole intentando averiguar si en Japón cantaban por aquellos años cantantes, o si simplemente sus estudios grababan durante una hora a focas apareándose y lo hacían pasar por discos.

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Demostraciones de la calidad técnica en los entornos de Omohide Poro Poro (clic para ampliar)

Hablando de metraje, 120 minutos de absoluta y depravada tortura son, a todas luces, exagerados incluso para las más pérfidas y sádicas mentes que disfruten con el dolor ajeno, y sólo serían justificables por una razón de peso… Algo así como que estemos haciendo una tesis doctoral sobre las bondades de la RDA, y más completamente sobre la Stasi, y queramos vivir en carne propia la sensación de sus famosos interrogatorios de decenas de horas en los que no se le dejaba dormir al detenido hasta que confesase lo que ellos querían que dijese.

Ni siquiera pueden dejar de machacarte en los títulos de crédito donde, al contrario de lo ocurrido en la mayor parte de los títulos de Ghibli, la acción sigue su curso. Así, las chorradas de Taeko seguirán y seguirán en compañía de su repelente “Yo de Quinto Curso” hasta perpetrar el que es el peor y más estúpido final jamás visto en una película precedida del rostro de Totoro, con permiso de las atrocidades de ese gurú del cinebasura llamado Goro Miyazaki.

Efectivamente entiendo ahora aquel famoso récord batido por esta cinta que, a base de VHS vendidos, recaudó en Japón 1.870 millones de Yen de su tiempo (mucho más de los 13.3 millones de euros en la actualidad). En el fondo el insomnio es un problema grave, común y similar al dolor de cabeza, y una cura eficaz y casi instantánea para el mismo es siempre una garantía de éxito comercial. Puedo dar fe de que sólo las infumables películas de un sábado por la tarde en Antena 3 han sido capaces de producir en mí unas cabezadas tan violentas para evitar conciliar el sueño como las que me ha provocado este bodrio y con eso está dicho todo… o tal vez no.

Conclusión

Omohide Poro Poro puso en evidencia lo que a nadie que hubiese visto Hotaru no Haka le hubiese pasado inadvertido. Takahata ni sabe elegir guiones para la gran pantalla, ni sabe adaptarlos; no entiende la diferencia entre el público propio del cine y de la televisión y, en definitiva, no tiene la menor idea de cómo hacer películas. Su etapa en Ghibli ha sido más bien una auténtica jubilación para él en la que ha sido un pez fuera del agua, recordando viejas glorias al estilo del caballo al que le cantaba Julio Iglesias, con la diferencia de que de él jamás se hubiese presumido la capacidad de “desbocarse” al soltarle las riendas.

Estamos ante una oda al tedio. Aburrimiento en su estado más puro aunque muy lejano de aquél al que el genial Mingote definía como “productivo”, en el sentido de que muchas de las grandes obras de la Humanidad habían comenzado en medio de una tarde anodina. De hecho, con éste lo más que se puede hacer es contener las ganas de arrojarse a los pies de una apisonadora para acabar así con el sufrimiento provocado por unos 120 minutos tan insufribles como eternos en los que mirar al reproductor para comprobar el tiempo que queda para su fin será una constante.

Aburrida, absurda, insulsa, mediocre y por encima de todo insoportable. Se trata de la mayor demostración de hasta qué punto un estudio de renombre puede hacer que un largometraje execrable, pueda ser recordado por el mero hecho de formar parte de sus creaciones, sin importar hasta qué punto su capacidad para desesperar excede todo lo humanamente aguantable. Una verdadera aberración sólo superada por los esputos de Goro Miyazaki y que ningún fan de Ghibli en sus cabales debe acercarse a ella para otra cosa que no sea sumergir en ácido el DVD que la contiene.

OmohidePoroPoroFin

NOTA: 1

19 comentarios el “Omohide Poro Poro. El harakiri realista de Takahata

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  4. Ay que me desorino ajajaja. Te pasas muchisimo con los animes que no te gustan, pero es que hacia mucho que no me reia tanto. Y eso de Disney, he visto su corto sobre la regla y todavia estoy oO ajaja. He terminado con hipo.

    • El corto de Disney que enlazo es para vomitar por los ojos. Esta película es de lo peor de Ghibli. Mira que este estudio tiene obras malas, pero es que Omohide Poro Poro está a la altura de cualquier vómito de Goro Miyazaki. Vamos, lo peor de lo peor :S.

      Un saludo.

  5. Ay por favor, que llevo cinco minutos riéndome sin parar. Lo de las presentadoras de LaSexta ha sido tronchante. No he visto la película, pero me alegro de que sea tan mala si te hace escribir cosas tan divertidas.

    • Sí, curiosamente una cadena “progre” y a la que se le llena la boca con la palabra “machista” como LaSexta, no sabe emitir una noticia sin una generosa ración de escotes de por medio. Ya sabes, para ellos la estructura de una noticia sigue la fórmula de la pirámide invertida: “Tetas, cintura y culo”, el resto, como su contenido, importa como lo que es, una mierda :/

  6. No paré de reírme en toda la entrada, Javi. Gracias a Dios no la he visto, e inmediatamente la borró para no verla. Me enfocaré en ver otras de Ghibli que no he visto.
    Besos.

    • Es que ya sabes lo que pasa con los apócrifos de Ghibli. O te los tomas a broma o es imposible aguantarlos. Takahata, el hombre, debió pasar por una etapa muy dura de su vida cuando creó esta película, porque vamos, es de lo peor que he visto en mi vida junto a todas las de Goro Miyazaki y… Robocop (ésa era para pegarse un tiro) :/

      Un saludo.

  7. Estaba comiendo un Yogur y cuando llegué a la parte de las presentadoras de la sexta casi lleno la pantalla de la tablet de la carcajada que me entró. Que bestia.

  8. Pues yo tenia un poco de esperanzas con esta peli, después del horror con los Yamada y Pompoko…pero nhaaa…
    La vi ayer y nada de nada que ver con las excelentes reseñas que hay sobre ella en algunos sitios ”especializados”…

    La verdad no comprendo porque cierta gente se obsesiona con otorgarle tanta importancia a los largometrajes de Takahata, llegando incluso a compararlos con el nivel de Miyazaki…digo, puede que La Tumba de las Luciernagas sea su film mas logrado, y pretencioso, pero creer que sus siguientes obras consiguen algo parecido, ya es demasiado.

    Lo bueno como ya es costumbre, es el arte, la fluidez de la animación y los paisajes, aunque ciertos gestos raros que se aventaban los personajes me descolaban un poco, eso que ni que.

    Como siempre, muy buena reseña

    Saludos!

    • Pues porque no sé cómo serán las cosas allá en México, pero aquí en España mucha gente, al hablar de anime y de manga, lo hace de oídas. Le dicen que algo es bueno y automáticamente es bueno y conozco algún caso que es de traca especialmente cuando le hablan de Accel World y Sword Art Online. En el caso que nos ocupa, Ghibli es Hayao Miyazaki. Lo que pasa es que muchos se creen que porque él sea bueno, los otros directores del estudio tienen el mismo nivel de calidad, y no es ni remotamente así. Ay del día en el que fallezca el maestro…

      Un saludo.

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  12. “deleznable Omohide Poro Poro”

    En lo realista de las relaciones interpersonales y la creación de desarrollo de los personajes hacia un clímax significativo es lo que le sobra a la pelicula y a la anterior a esta,Makoto Shinkai en su ultima obra, la del zapatero, se queda corta.

  13. Para mí, esta pelicula es pura poesía de la sencillez. Y solo un poeta metido en la animación como Takahata puede hacer una cosa así. Hasta ahí llego yo.

  14. Me alegro de encontrar un análisis que diga la verdad sobre esta película. Es muy mala. Irritantemente mala. No me explico como Takahata pudo firmar esto. Es que en algún momento estuve a punto de perder los estribos de lo que me estaba enfadando. La peor película japonesa jamás realizada.

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Adelante, siéntete libre para incordiar :3

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