¿Por qué no es tan grave que Ghibli cierre sus puertas?

Todo queda dicho en el vídeo y poco o nada puedo añadir aparte de una pequeña justificación. Ya a estas alturas a nadie se le escapa la intencionalidad de este blog, por lo que no me voy a repetir. No obstante, dentro de esa causa, las películas de Ghibli siempre han gozado de un lugar preeminente en cuanto a reseñas, menciones y comentarios varios. De hecho, a pesar de que ahora reescribiría la mayor parte de aquellas entradas y las ampliaría considerablemente, no se me escapa el detalle de que muchas de las personas que visitan esta bitácora sienten cierta predilección por este estudio. Es más, algunos de los análisis más leídos de los que he redactado por estos lares, llevan el nombre de la compañía por bandera. En resumen, se trata de una compañía muy especial para mí.

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Toei Animation, la compañía que convirtió al anime en un fenómeno global

Toei Animation

Por más que eche la vista atrás en el tiempo, me cuesta mucho entender mi infancia sin este estudio y sin sus series. Descubrí su nombre cuando apenas tenía poco más de diez años y, al acabar Dragon Ball, veía en los títulos de crédito aquel extraño “Toei Animation” que tanto llamaba mi atención y sobre el que siempre quise saber desde entonces, aunque no tenía ninguna manera de hacerlo. Más tarde llegó Internet y, con ella, una auténtica avalancha de posibilidades de acceder al conocimiento entre las cuales se encontraba, cómo no, descubrir cosas que nunca creí posibles. Así que imaginad la cara que se me debió poner al saber que una buena parte de los formatos que marcaron mi niñez y que yo creía que eran italianos o españoles, no sólo es que no tuviesen un origen europeo, como inicialmente creí, sino que venían de Japón y este estudio era, precisamente, la clave.

Reconozco que muy probablemente si hoy viese muchas de las producciones de las que hablo en esta entrada diría que son “malas”, pero poneros por un instante en mi piel y pensad en un niño que gracias al trabajo de esta empresa decide aficionarse a la animación que se producía en un lejano archipiélago al Este de Asia y que algunos llamaban “anime”, aunque no lograba entender muy bien el porqué. Ahora, sé que esa palabra esconde tras de sí algunas de las mejores narraciones audiovisuales jamás diseñadas, pero en su momento no tenía ni la más remota idea de hasta qué punto era fantástico lo procedente de aquel lugar. Hoy afortunadamente es algo que ya sé y no puedo evitar emocionarme cuando se me evoca.

Por lo demás, éste es, con muchísima diferencia, el artículo más grande que alguna vez he escrito para este blog y, con la mano en el pecho, perdí la cuenta de las horas de sueño que me costó redactarlo puesto que no resulta sencillo asesorarse sobre algunos de los temas de los que se hablan en él, que proceden incluso de la década de los Sesenta del siglo pasado. Sé por lo tanto que es largo, y me gustaría darle las gracias a todo aquel lector que quiera darle una oportunidad para que, en el improbable caso de que no conozca la grandeza de la factoría de la que habla, pueda disfrutarla como se merece, aprender lo poco que yo pueda enseñar y, a ser posible, compartir conmigo alguna de sus vivencias relacionada con esta marca de sueños para recordar tiempos que sin duda fueron mejores. Pero no nos entretengamos más y comencemos.

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