Kaze Tachinu, ¿el canto del cisne de Hayao Miyazaki?

Kaze Tachinu

– Sabía que volveríamos a vernos, muchacho japonés. – Señor Caproni, juraría que ésta es la pradera donde nos vimos por primera vez. – Así es, el reino de nuestros sueños. – A mí me ha parecido el Infierno. – No del todo, aunque en cierto modo es lo mismo. ¿Qué tal te ha ido esta última década? ¿Has dado lo mejor de ti? – Sí, aunque luego todo se vino abajo. – Porque se destruyó un país, pero ahí están tus cazas, los Zeros. Son hermosos, un trabajo excelente.Ninguno de ellos regresó. – Porque no tenían adónde volver. Los aviones son sueños hermosos, pero también malditos. El cielo los engulle tarde o temprano…. Una persona te ha estado esperando. – Nahoko.– Ha estado esperando pacientemente todo este tiempo a que tú volvieras. – Cariño… debes vivir.

Lo confieso. Ésta me la guardaba para cuando hubiese que celebrar que ya soy, con todas las letras, graduado en Derecho. La podía haber redactado a comienzos del verano y no lo hice. Decidí esperar a poder decir que ya soy oficialmente un jurista con todas y cada una de las letras de esa palabra para hacerlo. No obstante ahora viene la segunda parte, el convertirme en abogado pasando, valga la redundancia, por la nueva pasantía. Es decir, que a mis años, quién lo diría, volveré a ser un becario. Pero qué más da, estoy contento, mis sudores me ha costado llegar hasta aquí y no me me ocurría una mejor manera de compartir mi felicidad con vosotros que analizando la obra que pone punto y final a la trayectoria del que muchos consideran “el mejor”. No obstante, era perentorio mantener en secreto que iba a caer y eso me dejó en un serio apuro cuando intenté explicar la razón por la cual consideraba que el cierre de Ghibli no era tan grave, especialmente cuando me tenía que referir a… “El Viento”.

En los aspectos personales, me refugio en lo intelectual por no poder hacerlo en lo deportivo. Que nadie me malinterprete, no sigo la LFP por el mero cansancio que me producen los intereses extradeportivos y políticos que rigen y emponzoñan el fútbol en España, así como el descarado amaño de algunos partidos. Pero lo de tener que aguantar a Casillas en la portería del Madrid después de que por su culpa hiciésemos el ridículo en el Mundial y de que hasta el último mono se ría del equipo por sus cantadas… y que con todo nadie tenga los arrestos necesarios para mandarlo a freír puñetas es algo que me pudre los intestinos por no decir algo mucho más fuerte. Aunque claro, me queda el consuelo de compensar la acidez estomacal que me genera la existencia del TopoR, con la que me provoca el ver las imágenes de Piqué haciendo el indio y que demuestran mi teoría de que Copito de Nieve no murió sino que simplemente transfirió su alma al estilo Orochimaru y se mete goles en propia.

Olvidándome de especímenes autóctonos de la fauna ibérica metidos a futbolistas, estos días he estado fundamentalmente en Valladolid disfrutando de sus fiestas, lo que he combinado con los preparativos del máster, el clásico avituallamiento de libros más grandes que yo, algún que otro arreglo en el coche y aprovechar en general los últimos días de asueto que tengo antes de empezar a dar el callo. Aunque, como inmediatamente se verá, escribir cosas como esta entrada podría considerarse cualquier cosa menos descansar puesto que no es de las más extensas que he creado, pero la complejidad de algunos temas me ha obligado a esforzarme. Fuere como fuere, llega el momento de descorchar a mi manera la botella de champagne y comprobar si el lustro que llevo esperando nuevo material por parte de mi autor preferido ha merecido o no la pena.

Ficha Técnica

Kaze Tachinu (風立ちぬ), también conocida en Estados Unidos como “The Wind Rises” y en España como “El Viento se Levanta” es una película de animación de 126 minutos de duración perteneciente al género Romántico, Histórico y Bélico, dirigida por Hayao Miyazaki para el estudio Ghibli en 2013. Está basada libremente en la vida del ingeniero japonés Jiro Horikoshi que entremezcla elementos biográficos con el argumento de la novela corta “The Wind Has Risen” creada en 1937 por el escritor y traductor Tatsuo Hori. Existe también un manga a color dibujado por el propio Miyazaki que sirvió como base para su realización.

Argumento

La vida no ha sido justa con Jiro Horikoshi. Enclenque, torpe y con una miopía que le impide desarrollar buena parte de sus tareas del día a día, el mundo infantil en el que crece dentro de Fujioka parece rechazar a un pez fuera del agua que vive en constantes peleas con sus compañeros mientras se encierra en un mundo interior en el que sueña con… aviones. Unos artefactos mágicos con los que un hombre, Giovanni Battista Caproni, ha sido capaz de dar al hombre la capacidad de volar y cuyos prototipos han puesto alas a las fantasías de aquéllos que alguna vez quisieron ser libres como las aves a las que miraban con envidia desde el suelo. A él también le gustaría serlo, pero no sabe pilotar estos aparatos, por lo que se dedicará a construirlos.

Alcanzada ya la edad adulta, se dispone a empezar sus estudios de ingeniería en Tokio, pero en el tren que lo traslada a la capital sufrirá y vivirá en propias carnes los estragos del devastador Terremoto de Kanto que deja más de 142.000 muertos a su paso. Conmocionado, el muchacho ayuda a todas las víctimas con las que se encuentra así como a los viajeros que se trasladaban junto a él. Entre ellos, se encuentra la criada de una niña de buena familia llamada Nahoko Satomi, que se lesiona la pierna y, en mitad del caos, desorden y terror que la rodean, su vida corre peligro. Así, el muchacho la pondrá a sus espaldas y la llevará junto a su ama a un lugar seguro, dándole agua y aseándola.

El joven abandonará el lugar sin decir su nombre y llegará por fin a su destino comenzando una carrera universitaria tan dura como brillante que terminará en el peor momento posible. La ciudad se ha llenado de proletarios venidos del campo en busca de una vida mejor y que viven en condiciones infrahumanas. Del mismo modo, el Crack del 29 inunda las calles de nuevos pobres y la mayor parte de los ahorradores descubren que el dinero de toda su vida se ha esfumado. Sin embargo y pese a las dificultades, comenzará a trabajar para la Mitsubishi, que pronto descubrirá su talento y lo convertirá en uno de sus principales valuartes de cara al futuro.

PersonajesEVSL

Jiro Horikoshi, Giovanni Battista Caproni y Nahoko Satomi

A la vez que el tiempo pasa, Japón se acerca política y militarmente cada vez más a la Alemania de Hitler. Los progresos del Reich en materia aeronáutica son espectaculares y una delegación del país de la que él forma parte es invitada a visitar la empresa Junkers, para poder apreciar de esta manera las ideas germanas y trasladarlas más tarde a sus prototipos. Pero incluso así saben que alcanzarlos es imposible. Según sus palabras, es como si los teutones fuesen una tortuga que les llevase veinte años de ventaja en cuanto a distancia recorrida y ellos fuesen unos Aquiles intentando darles caza con semejante diferencia. Los acontecimientos le darán la razón.

En 1932 y a pesar de la fuerte apuesta realizada por la Mitsubishi a sus ideas, su proyecto de aeronave se revela como un fiasco al desintegrarse en pleno vuelo. Desalentado, se retira a descansar a un balneario donde encontrará a una bella y enigmática joven con una extraordinaria habilidad para pintar al óleo y de la que se enamorará profundamente. Aunque, para su sorpresa, descubrirá que se trata de la misma niña a la que diez años atrás salvó y de cuyo lado marchó sin despedirse debidamente. Su pena se ha transformado en amor, pero éste parece marcado por la fatalidad. Nahoko padece tuberculosis y en realidad lucha por su vida.

Rodeado de intrigas políticas y en un ambiente cada vez más enrarecido por la guerra, Jiro se verá obligado a elegir entre su sueño de convertirse en un ingeniero de renombre o en cumplir su sueño de amor y vivir en compañía de su prometida el poco tiempo que a ésta le queda. Al mismo tiempo ama el cielo, pero sabe que sus creaciones sólo servirán para llenar de muerte los campos y mares sobre los que vuelen, por lo que sólo las palabras que Caproni pronuncia en sus sueños le llevarán a cumplir con su destino: “El mundo es más bello lleno de aviones aunque la Humanidad los utilice para propósitos oscuros”.

Tema central de la OST

  • Journey (Dream of Flight)”, compuesto por Joe Hisaishi

Análisis

Hacía más de tres años que no analizaba nada relacionado con él. Miyazaki nunca ha sido un director prolijo en cuanto a su actividad creativa y en torno a sus estrenos suele dejar alrededor de un lustro en el que, para hacer más llevadera la espera, se suceden noticias y rumores de todo tipo que van desde la salida de merchandising (que nunca va más allá del enésimo “The Art of”) hasta las ya típicas y cansinas reediciones a precios disparatados de sus clásicos, pasando, cómo no, por la ya decimonónica amenaza de marcha del mundo de la animación que la propia inercia ha ido desmintiendo una y otra vez y que nadie tomaba en serio… hasta ahora.

Como desarrollaremos inmediatamente, en esta ocasión parece que el genio dice la verdad. Se corta la coleta para no volver a una plaza en la que fue Manolete y José Tomás en un anacrónico cartel de lujo; cuelga las botas en el vestuario de un estadio en el que jugó como Maradona y marcó como Messi; o tira la toalla en un ring en el que pegó como Cassius Clay y encajó como Joe Frazier. En definitiva, el adiós de un hombre que lo ha sido todo y más para un género en el que diseñó un estilo propio que llevó el nombre de Japón hasta el último confín del mundo y al que sólo cabe definir como “el mejor” mucho más allá de tiempos y modas.

Ante algo como eso reconozco que me encontré con una situación difícil. ¿Se puede realmente ser objetivo con el canto del cisne de alguien tan grande como el que nunca volverá a haber otro igual y que tantas alegrías nos ha regalado a lo largo del tiempo? Las dudas asaltaron frecuentemente mi cabeza en forma de esa pregunta. Al ser el final de su filmografía, nunca supe si podría mantener la calma y ver esta película tal y como es. Dicho de otra manera, tenía miedo a que exagerase su calidad, aunque no era mi único temor. Todo apuntaba a un cambio de estilo en esta apuesta que la colocaba en una posición muy similar a lo que en su momento definí como “Apócrifos de Ghibli” lo que podía hacer que desembocase en una hecatombe. Tal idea me aterraba y me me impidió varias veces ponerme manos a la obra con ella, pero ya no podía dejar pasar más tiempo. ¿Estaría fundada tal ansiedad? La respuesta no es fácil ni precisamente corta, por ello analicemos primero no sólo la génesis del proyecto sino también el porqué quemó emocionalmente tanto a su creador.

Un Miyazaki tan ideologizado como rodeado de polémica

Tras el estreno de Ponyo los rumores acerca de la posible retirada de Hayao Miyazaki volvieron a colapsar la red. Los años empezaban a pesar y la edad del maestro, ya entrado en los setenta, era motivo constate de especulaciones al respecto. Sin embargo, nada de eso ocurrió y durante el verano de 2009 se publicó que el veterano realizador se planteaba algo inédito en su carrera; lanzar por primera vez una secuela de una de sus obras. La elegida al parecer era Porco Rosso e iba a llevar el nombre de “The Last Sortie” pero, aunque no trascendieron pruebas, nadie puso el rumor en duda debido a la reconocida pasión del director por la aeronáutica antigua y más concretamente por la del Periodo de Entreguerras, como demostró en su libro de ilustraciones “Hikoutei Jidai”, lo que lo hacía plausible.

La noticia resultó sin embargo ser falsa. El genio de Ghibli estaba trabajando en una historia relacionada con la aviación, pero no con el humano reconvertido en cerdo que paseó su nombre por medio mundo. Se trataba de un manga de cortas dimensiones llamado Kaze Tachinu y que iba a narrar una trama similar. No obstante, en esta ocasión renegaría de recrear las tribulaciones de los pilotos para hacer lo propio con las de un ingeniero encargado de diseñar los aparatos que los destinarán a la muerte en el campo de batalla, eligiendo para ello la primera parte de la vida de Jiro Horikoshi, aunque en forma de versión libre y con un peculiar detalle: el científico carecía de nariz y ésta quedaba sustituida por un hocico similar… al de un puerco.

El título tomaba prestado el de la novela del mismo nombre escrita por Tatsuo Hori en 1937 que narraba el drama de una mujer enferma de tuberculosis que ingresa en un sanatorio para pasar los últimos días de su vida. Así, hizo que la esposa del visionario viviese esta misma trama añadiéndole así algo de mordiente, obviando de este modo que ambos tuvieron hijos o que el creador de aviones tenía un hermano en vez de una hermana. De hecho, la presencia de esta novela es tan fuerte y abundante que una y otra vez se evoca el verso del poeta Paul Valéry que inspiró su realización: “Le vent se lève!… Il faut tenter de vivre!”.

Viñeta The Wind Rises

El cómic original adolecía de ser bastante corto y poco detallado en sus ilustraciones aunque éstas estaban a color

Tres años después de la publicación de esta obra, Ghibli procedió a registrar su dominio en Internet y anunció que una película basada en el trabajo sería estrenada en 2013 después de cinco años de espera. Por supuesto, la conmoción en la red fue máxima especialmente en suelo nipón, donde se supo manejar de forma magistral la información filtrada así como los hechos que se iban sucediendo para intensificar el “Hype”. Por ejemplo, que la cantante Yumi Matsutoya, que ya había participado en la OST de Kiki’s Delivery Service volvería a aportar su talento a una obra de Miyazaki para ponerle sonido humano a su ending mientras que el creador de Neon Genesis Evangelion y Fushigi no Umi no Nadia, Hideaki Anno, le prestaría su voz a Jiro.

Paralelamente a esto, es de reseñar que el estudio anunció que el otro gran talento de su firma (venido a menos), Isao Takahata, editaría a la vez su nueva cinta que llevaría por nombre Kaguya-hime no Monogatari, y que estrenaría con la venerable edad de 78 años. De los resultados de este largometraje y de su calidad intrínseca hablaremos llegado el momento, aunque no faltaron voces críticas que acusaron al realizador de oportunista y de quererse beneficiar de la popularidad de su compañero que, desde mucho tiempo atrás, lo había desterrado al olvido. En el fondo las noticias de uno y otro film aparecían de un modo simultáneo en la prensa y las susceptibilidades estuvieron a la orden del día, lo que finalmente obligó a retrasar varios meses la salida comercial del film del antaño genio de la televisión, con lo que ello conllevó.

Fuere como fuere, el largometraje levantó uno de los mayores terremotos de la historia del cine japonés desde el mismo momento de su estreno en las salas niponas aunque no únicamente por su acogida. En relación a ella, si bien el presupuesto inicial para su producción fue de 30 millones de dólares, la recaudación en las taquillas de todo el mundo llegó hasta casi los 135. Únicamente en los cines del archipiélago se calcula que consiguió más de 12.020 millones de Yen, lo que la convirtió en la obra más vista de 2013 en su país aunque, todo hay que decirlo, debido a que Buena Vista decidió retrasar el estreno del “Frozen” de Disney hasta 2014, dado que esta última se mantuvo durante varios meses en el número uno hasta el punto de convertirse en la tercera creación para la gran pantalla más popular de todos los tiempos en el Imperio del Sol Naciente, sólo superada por Sen to Chihiro no Kamikakushi y “Titánic”.

FumarEVSL

The Wind Rises recibió toda clase de críticas en términos políticos, aunque la más pintoresca fue la de fomentar el tabaquismo

Miyazaki lo había vuelto a conseguir. Su país volvía a estar a sus pies, pero algo había fallado. Su película había sido la menos exitosa de las que había lanzado en los últimos veinte años. Para colmo, el tono marcadamente político de la narración despertó toda clase de críticas, algunas de ellas bastante airadas, tanto de los partidarios de la Derecha como de los partidarios de la Izquierda. Los primeros, al comprobar el tono crítico hacia Japón de comienzos de la Era Showa, no dudaron en calificarlo de “antijaponés” y de “traidor”, máxime cuando publicó a través de la web de Ghibli un ensayo en el que se mostraba especialmente duro con Shinzou Abe y su proyecto de reformar la Constitución de Japón (renunciando a su contenido pacifista). Los segundos, acusaron al mismo director de belicista al recrear la vida de un científico que brindó su talento al desarrollo de armas. Incluso los activistas contra el tabaco expresaron su malestar con su trabajo por la gran cantidad de escenas en las que sus personajes fumaban.

Tras semejante chaparrón, el 6 de septiembre de 2013 anunció de forma oficial su despedida. En ella afirmaba ir en serio en esta ocasión mientras aseguraba que se había vuelto demasiado viejo para el negocio y que una nueva generación debía tomar el relevo. Conociendo al maestro nadie le creyó, pero cuando Toshio Suzuki tomó las riendas de Ghibli e hizo público el tres de agosto del presente año la reestructuración del estudio, las alarmas se dispararon y todo el mundo dio a Miyazaki por definitivamente retirado. Curiosamente, fue el propio Suzuki el que, al asumir el cargo de “Manager General” de la empresa, aseguró que su antiguo socio tenía in mente la realización de una secuela de una antigua creación suya y que la elegida era Ponyo, pero que fue él el que le animó a recrear esta tierna aunque controvertida historia.

Con todo, la trayectoria de la cinta por diferentes festivales y eventos cosechó una acogida magnífica. Lógicamente se alzó con el galardón del Animation of the Year de 2014 y obtuvo dos nominaciones importantes que no se materializaron en premios. Una de ellas fue para el Globo de Oro a la Mejor Película de Habla No Inglesa, la otra el Óscar a la Mejor Película de Animación que, cómo no, se lo llevó la sobrevalorada “Frozen”, de la que sigo sin entender no sólo su éxito sino incluso el cómo alguien puede aguantar tres minutos delante de ella sin sufrir un ataque de narcolepsia. Pero volviendo a la cuestión palpitante de verdadero interés, ¿estaban justificadas estas críticas? Centrémonos en la más importante que lo acusaba de traicionar y difamar a su país.

Una guerra marítima protagonizada por el aire

Resulta imposible analizar esta película sin antes contextualizarla y hacer algunas aclaraciones en términos históricos que ayuden a comprender todo lo que veremos a lo largo de su metraje y lo que ocurrió fuera de él, por lo que prescindiré de los datos relativos a Giovanni Battista Caproni o al Terremoto de Kanto y me centraré en cuestiones bélicas. De ellas, una de las más importantes se debe al ejército y a sus diferentes divisiones. Efectivamente, es de sobra conocido que actualmente las Fuerzas Armadas se dividen en tres ramas que actúan en tierra, mar y aire, siendo el más importante y decisivo de ellos el primero dado que suele ser más numeroso y económico, el que acomete las funciones de ocupación y el que, al mismo tiempo, sufre las funciones más desagradables de defensa en caso de invasión.

Dentro de ese panorama, la Armada, a pesar de tener una antigüedad similar, nunca ha tenido el mismo poder de decisión en un conflicto armado, al centrarse su labor en tareas logísticas, el ataque a puertos comerciales, la destrucción de comunicaciones por mar y, por supuesto, el desembarco de tropas. Es más, en el fondo a lo largo de toda la Historia muy pocas han sido las victorias navales que han marcado realmente el destino de una guerra como pudo ocurrir en Salamina dentro del mundo griego, en Accio con Roma, o en Lepanto con España. Pensemos por ejemplo que una contienda como la que enfrentó a la Royal Navy con un combinado franco-español en Trafalgar supuso uno de los triunfos más sonados jamás obtenidos por los ingleses así como derrota moral de incalculables proporciones para nuestro país. Sin embargo, las consecuencias prácticas para el verdadero enemigo a batir para los isleños, Napoleón Bonaparte, fueron nulas y muy poco después del descalabro acababa con los restos del Sacro Imperio Romano-Germánico en Austerlitz, para aplastar casi inmediatamente a los prusianos en Jena y, acto seguido, obligar al zar de Rusia a firmar el humillante tratado de Tilsit.

Dejando claros ese par de conceptos, el siglo XX y sus primeras guerras siguieron un esquema similar. Las fuerzas armadas seguían para abastecerse de efectivos el sistema de reclutamiento forzoso siendo muy pocos los militares dedicados profesionalmente a su oficio. Al mismo tiempo, la mayor parte de los soldados de reemplazo ocupaban su lugar en regimientos del Ejército de Tierra y el esquema se mantuvo durante la Primera Guerra Mundial. En este conflicto efectivamente se usaron nuevas armas como los biplanos y los triplanos, pero aquellos primitivos “aviones de papel” tuvieron una importancia mínima que no fue más allá del mito romántico del Barón Rojo y de algunas exageraciones derivadas del imaginario colectivo. Aunque un mensaje parecía claro; los alemanes se habían percatado de las posibilidades futuras que la aviación podía desempeñar en empresas civiles… y militares.

Albatros Barón Rojo

El Biplano Albatros D.II fue el primer avión de guerra verdaderamente eficaz en la Primera Guerra Mundial, popularizado por ser el preferido de Manfred von Richthofen, el mítico Barón Rojo

Durante el que posteriormente fue conocido como “Periodo de Entreguerras” el que pasará a llamarse “Tráfico aéreo” experimentará una evolución en progresión geométrica que llevará incluso a la creación de aerolíneas comerciales entre las que destacará especialmente la extinta Pan Am en Estados Unidos, Air France en Francia o Imperial Airways y British Airways Ltd en el Reino Unido. Pero la verdadera incógnita se hallaba en Alemania, un país arruinado en los despachos tras la Gran Guerra y sumido en varias crisis económicas (la derivada de su humillante capitulación en 1918 y la del crack del 29) que cercenaban el trabajo de algunas de las mejores y más brillantes cabezas pensantes de su panorama científico. Será en ese contexto donde un nombre, Junkers, cobrará una inusual fama víctima de todo este entramado.

La compañía había ganado cierto renombre en la Guerra Europea, pero las restricciones armamentísticas impuestas a la recién nacida República de Weimar impidió a la empresa volver a su actividad real hasta 1926, pero apenas cinco años más tarde, los problemas económicos pondrán en serio peligro su viabilidad. De este modo, cuando el Partido NAZI llega al poder en 1933, su fundador, Hugo Junkers, se ve obligado a cederles sus patentes mientras las posesiones de la marca son expropiadas con un fin: la de convertirse plenamente a la carrera armamentística en la que Alemania estaba varios pasos por detrás de sus enemigos por las imposiciones a las que se había visto sometida en Versalles.

No es por lo tanto correcta la valoración que se hace en la película sobre que las potencias extranjeras (refiriéndose al III Reich) fuesen una tortuga y ellos un Aquiles con 20 años de retraso respecto a ellos. Los bávaros se encontraban sumidos también en un anquilosamiento tecnológico, pero su reacción los colocará en muy poco tiempo en la vanguardia de este campo mediante dos nombres: el Iron Annie (Junkers Ju 52) y el Stuka (Junkers Ju 87) y que pasarán a la historia por un nuevo concepto destinado a cambiar todas las estrategias bélicas estudiadas hasta la fecha: el bombardeo.

HitlerJunkers

Hitler utilizó la marca Junkers para sus aviones personales, de ahí su presencia en la película

El famoso modelo 52 se había concebido inicialmente para la aviación civil e incluso llegó a convertirse en el avión privado de Hitler poco antes de convertirse en Führer. Pero paralelamente a esto, su desarrollador empezó a recibir pedidos por parte de los ejércitos de Colombia y de Bolivia para utilizarlos militarmente en los conflictos en los que sus países se encontraban inmersos (El Incidente de Leticia y La guerra del Chaco respectivamente). Los NAZIs planeaban en secreto la creación de una fuerza aérea de apoyo a la de tierra, la Luftwaffe, y estos encargos hicieron que los dirigentes de la industria, ya estatalizada, pusiesen los ojos en la aeronave para transformarla en un bombardero.

La idea no fue originalmente alemana. De hecho, los primeros en utilizar aviones para lanzar bombas desde las alturas fueron los españoles durante la Guerra del Rif a finales de 1913. Sin embargo, ni aquel ataque ni los posteriores tuvieron ninguna trascendencia real. Los militares alemanes planeaban acciones más contundentes y decisivas. Así, este nuevo arma será puesto a prueba con éxito durante la Guerra Civil Española con el Bombardeo de Guernica de 1937 y jugará un papel importante en la toma de Varsovia en 1939. Pero la embarcación se encontraba obsoleta y sería el Ju 87, fabricado esencialmente con las ideas de Ernst Udet (el único piloto que fue capaz de hacerle sombra al Barón Rojo), el destinado a convertirse en el santo y seña de las Fuerzas Aéreas del Eje.

Blitzkrieg pasaría a ser la palabra clave desde entonces o lo que es lo mismo, un ataque aéreo con estos aviones que debilitaría al enemigo dejando a los tanques de la Wehrmacht el remate del enemigo, pero adentrarnos en su significado excedería las pretensiones de esta entrada. Lo importante en este momento es comprobar cómo en todo esto, y al contrario de lo que se aprecia en la película cuando Jiro y sus socios visitan Alemania y son increpados por la GESTAPO, la figura de Hugo Junkers era totalmente secundaria; ya no poseía voz o voto en sus creaciones o en su marca, era mirado con recelo por los nacional socialistas y estaba a punto de morir. Si se prefiere, dicha anécdota ha de tomarse más como una licencia narrativa que como un hecho objetivo que, en todo caso, sería un error en términos históricos excusado, en cierta medida, por el carácter de versión libre de la vida del ingeniero nipón por la que se caracteriza esta película.

Varsovia Destruida tras la Segunda Guerra Mundial

Varsovia fue una de las ciudades más castigadas por los bombardeos aéreos en la Segunda Guerra Mundial, quedando destruido el 85 por ciento de su terreno

Tampoco es cierto que Japón estuviese en una posición tan poco favorable respecto a sus adversarios como da a entender el film. Por empezar por algún lado, que el país se retirase de la Sociedad de Naciones era intrascendente. El organismo era un paripé en cuyo origen llevaba su propia condena. Wilson, por entonces presidente de los Estados Unidos, había promovido su pacto fundacional, sin embargo su país jamás fue miembro. Del mismo modo su falta de seriedad unido a su funcionamiento caótico y a los intereses soberanistas de turno hicieron que varios estados ao abandonasen. Así Argentina se marchó en 1920, Costa Rica en 1925, Brasil en 1926, Paraguay en 1935, Guatemala, Nicaragua y Honduras en 1936, Italia y El Salvador en 1937, Chile y Venezuela en 1938, Perú, Albania, Hungría y España en 1939, Rumanía en 1940 y Haití en 1942.

Efectivamente no podemos obviar un hecho. En 1933, el año en el que el Imperio del Sol Naciente se marcha debido a sus posicionamientos sobre la invasión de Manchuria, sólo tres países habían optado por esa salida y conviene recordar que unos meses más tarde hará lo propio la Alemania NAZI por su rearme. Pero más tarde, por unos motivos o por otros, más de una decena seguirán sus pasos. Si a ello le añadimos que otro de sus componentes, Austria, abandonó su seno en 1938 tras ser anexionada por el III Reich y que la URRS invadió Finlandia sin que se pudiese hacer nada más grave que expulsarla, podemos concluir que su importancia y capacidad de arbitraje o mediación era nula y cuando las Naciones Unidas toman el testigo, ya no quedaba de ella sino un recuerdo testimonial de un fallido intento de crear una legalidad internacional en un mundo globalizado.

El archipiélago había emprendido una fase de expansión por el continente asiático al estilo del modelo imperialista de finales del siglo XIX, aunque la estrategia a seguir durante la Era Showa varió ligeramente y si bien los occidentales habían optado por la ocupación, los orientales se inclinarán por la creación de estados títere colaboracionistas, siendo el más conocido de sus exponentes Manchukuo (la ya aludida Manchuria), Mengjiang en la Mongolia interior o el Gobierno de Wang Jingwei para la parte que controlaban de China. Aunque esta táctica era únicamente válida para un conflicto con las características de la Segunda Guerra Sino-Japonesa, aunque no para los sucesos que estaban por venir.

Zeros en formación

El Mitsubishi A6M Zero, armado con dos ametralladores y dos cañones, se convirtió en el arma más mortífera de la Armada Imperial Japonesa

Su propia posición geográfica unida al poder militar de sus teóricos adversarios y a la ubicación de sus enemigos implicaba que necesitaban una armada fuerte con una potente infantería de marina, y la tenían. La escuadra nipona era desde comienzos de siglo una de las más temidas, especialmente después de que el Tratado de Portsmouth convirtiese a Japón en el primer territorio colonizable que le imponía sus condiciones a un potencial colonizador (Rusia). De hecho, su poderío había llegado a tales extremos que su entrada en la Segunda Guerra Mundial supuso para la Royal Navy una sucesión de desagradables derrotas a manos de la potencia amarilla que tuvo como principal episodio la toma de Singapur en la que 80.000 ingleses fueron hechos prisioneros, que se sumaban a los 40.000 capturados en la campaña de Malasia y al ridículo de la retirada de Birmania (por entonces parte del Raj Británico).

Fue especialmente en el archipiélago malayo y en el filipino donde pudo verse que el potencial nipón no sólo residía en el alcance y la contundencia de sus cañones, sino también en su superioridad en el aire. Los Mitsubishi A5M y muy especialmente los célebres monoplaza A6M Zero otorgaron al Ejército Imperial una ventaja sustancial respecto a sus enemigos casi insalvable debido no sólo a su gran número (se calcula que poseían casi 11.000 aparatos sólo de los aludidos A6M Zero) sino a la facilidad de manejo de éstos y a su tremenda efectividad en el combate aéreo donde incluso se llegó a decir que derribar uno de estos modelos suponía el sacrificio de doce aeronaves.

El poderío de esta creación hizo célebre al ingeniero responsable del proyecto, Jiro Horikoshi, cuya obra llegó a obsesionar a los norteamericanos que lo bautizaron como “Zeke” o en ocasiones “Big cigar” (dado que comparaban su diseño con el de un puro gigante con alas). Los estragos en sus filas fueron importantes, aunque finalmente su modelo P-51 Mustang se mostró a la postre superior. De hecho, existe un vídeo de instrucción de las Fuerzas Armadas Norteamericanas de 1943 en el que se explayaban largo y tendido sobre sus características y que se encuentra disponible de forma libre en la versión inglesa de la Wikipedia. Una curiosidad histórica aderezada por el hecho de que el hombre que interpreta al teniente Saunders es nada menos que Ronald Reagan, que durante los años ochenta se convertirá en el cuadragésimo presidente de EE.UU así como el modelo y la referencia política histórica y moral del Partido Republicano incluso en los tiempos que corren.

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Jiro Horikoshi en su madurez (izquierda) frente a su recreación por parte de Miyazaki (derecha)

Lógicamente, y con la evidente poca autonomía de aquellos artefactos, el portaaviones pasó a convertirse en la clave de la Guerra del Pacífico dado que éstos servían como base de operaciones móviles y permitían desplegar un ataque devastador en cualquier punto del planeta cercano al mar y, por supuesto, en costas aliadas. Conscientes de ello, Japón se lanzó a la desesperada a destruir los de los estadounidenses desde un primer momento. Pero después del fracaso del ataque a Midway en el que la Armada Imperial perdió sus cuatro mejores naves de este estilo logrando hundir un único homólogo enemigo, la guerra estaba sentenciada. El archipiélago intentó crear nuevas unidades o transformar las antiguas, aunque sólo logró alargar su agonía. La Batalla del Mar de Filipinas acabó con la mayor parte de estos buques artificiales y cuando el Shinano, un acorazado reconvertido a portaaviones gigantesco, fue hundido por un submarino aliado, los militares orientales se percataron de que la derrota ya era segura.

Horikoshi desarrolló pues un arma crucial para su país aunque ésta no fue suficiente para derrotar a una fuerza aeronaval que era simplemente superior a la suya y que estaba comandada por MacArthur, uno de los pocos militares estadounidenses con cerebro al que irónicamente el ataque del Imperio devolvió al servicio activo. Del mismo modo, la capacidad de adaptación y de progreso tecnológico fue mucho mayor en las filas aliadas (tal y como ocurriese paralelamente con los T-34 rusos frente a los diferentes “panzers” alemanes). Irónicamente, la actualización de los G4M, los Ki-67 y en especial de los Zero en los últimos compases de la guerra tendrían como protagonistas a sus pilotos, que se convertirían en “kamikazes” que lanzaban ataques suicidas cargados de bombas contra los norteamericanos, aunque tal atípica y poco ortodoxa estrategia sólo sirvió para asestar un último coletazo.

Por último, ciertamente son muchas las veces en las que la mención de multinacionales por todos conocidas colaborando o prestando sus servicios a las Fuerzas del Eje durante la Segunda Guerra Mundial y en este caso no queda más remedio que hacer una breve aclaración. Efectivamente la Mitsubishi de la que tanto se habla en el largometraje, así como en estas líneas, es la misma que actualmente exporta coches a todo el mundo, pero no fueron los únicos. Con la ocupación alemana de Checoslovaquia, Skoda pasó a estar indirectamente bajo las ordenes de Göring y llegó a fabricar munición para los aviones germanos. Herbert Quandt y su familia, dueños de la BMW, colaboraron con los NAZIs. Pero sin duda ningún dato sorprende tanto como el del diseñador Hugo Boss, que dio vida a los uniformes de las SS y de las Juventudes Hitlerianas. Pero aclarado ya que la crítica del director no estaba ajustada a la realidad histórica, dejemos de hablar del pasado y centrémonos en el desarrollo del título que nos ocupa.

Una historia de guerra transformada en tragedia romántica

Si hay una frase cuya contundencia me sigue fascinando, incluso veinte años después de haberla escuchado por primera vez, es aquella afirmación con la que Luca Giordano resumía en cuatro palabras todo el significado que el cuadro “Las Meninas” de Velázquez tenía para él: “Teología de la pintura”. Simple, contundente, directa y tan fácil de recordar que su autor es evocado mucho más por su creación que por su prolija y más que espectacular obra pictórica y no es para menos. Se habían escrito miles de críticas a lo largo de los siglos sin que ninguna de ellas lograse siquiera acercársele a la suela de los zapatos y él las superó a todas de un plumazo. Una obra tan bella y bien construida que, por su perfección, supera los límites de lo profano y alcanza los umbrales de lo divino.

Señalado lo anterior, si hay un hombre del que se podría decir que su carrera se define como “Teología de la Animación” ése es sin duda Hayao Miyazaki. No fue ni mucho menos el primero, pero sí el único que ha sido capaz de evolucionar desde la nada hasta el todo, convirtiendo a las apuestas de su madurez en una caricia al alma por encima del indiscutible sello de calidad que para muchos representa a día de hoy. Y ante algo así, ¿cómo afrontar un reto como el de analizar una película suya que muy probablemente será la última? Nadie que supiese de quién y de qué estamos hablando podría decir que lo hace sin que sus piernas temblasen por ello. Así pues, ¿cómo empezar o al menos cómo hacerlo dignamente?

Cinco minutos son los que transcurren hasta que se pronuncia la primera frase, después de adentrarnos por primera vez en el subconsciente de Jiro y su fascinación por el mundo de las avionetas de combate. Es aquí donde, sin embargo, nos encontraremos con la primera contradicción. Las obras del veterano director, en especial desde Nausicaä, se han desarrollado siempre en un universo de fantasía en el que los elementos realistas ocupaban un segundo plano, lo que se hizo especialmente evidente a partir de Porco Rosso. Pero en este caso, el protagonista es un personaje real del siglo XX que vive algunos de los momentos más dramáticos de la historia de Japón y, para colmo, fue uno de los protagonistas de su fase más oscura y criticable en un terreno tan delicado como la industria armamentística. Con lo cual ¿cómo conciliar ambos estilos sin traicionar el espíritu del veterano realizador?

Pensamientos Jiro

La utilización de transparencias para representar los pensamientos de Jiro será uno de los recursos más utilizados

La clave para tal conciliación residirá en el mundo onírico en el que Horikoshi se sumergirá esporádicamente tanto para revelarnos las raíces de su vocación de ingeniero como para llevarla a sus últimas consecuencias mediante una conexión espiritual con su colega italiano Giovanni Battista Caproni que, interpretando los papeles de maestro y de referencia moral y espiritual, espoleará su talento y hará las veces de bálsamo para sus heridas en los momentos en los que éste se sienta vacío y solo. Del mismo modo, algunos sucesos como los del Gran Terremoto de Kantou serán narrados de un modo análogo haciéndonos dudar, en ocasiones, si estamos siendo testigos de una suerte de pesadilla o de un acontecimiento real. No obstante el grueso del argumento se desarrollará sobre la base de un mundo realistas y sin más concesiones a la fantasía que las que permiten los recursos ortodoxos del cine convencional.

De este modo, Miyazaki firma en su despedida un largometraje en el que muestra su perfil más conservador, todo un motivo de preocupación (como ya apunté) si tenemos en cuenta que algunas de las peores creaciones que llevaron el sello de Ghibli (sus apócrifos) optaron por este estilo, como es el caso de From Up To Poppy Hill, Mimi Wo Sumaseba u Omohide Poro Poro, que obtuvieron unos resultados cuestionables en el mejor de los casos y sencillamente deleznables en los peores. Por lo tanto, la pregunta que sigue está servida. ¿Afectará este inusitado realismo al resultado final? Y por supuesto la respuesta es igual de obvia tratándose de este director: No. Es más. En última instancia ni siquiera nos percataremos de ello.

Recuperando el estilo que hizo grande al cine de los años cincuenta, el realizador combina todas sus señas de identidad más reconocibles (deformidades en los rasgos faciales, criaturas de otro mundo, simbolismo en los objetos cotidianos…) y los combina con otros de tipo clásico entre los que sobresalen los diálogos: serios, profundos, emotivos y con una enorme trascendencia humana y sentimental. En realidad nada de esto es una novedad, Sen to Chihiro, Mononoke Hime o Howl’s Moving Castle contenían momentos en los que contener la emoción era simplemente imposible, aunque si en estos títulos el mundo imaginario del gurú japonés catalizaba y ampliaba estos efectos, en este caso serán los elementos más técnicos del cineasta los que paliarán esta carencia.

TerremotoKanto

La recreación del Terremoto de Kanto será el momento culmen de la combinación de elementos fantasiosos con los realistas

Se usarán en las conversaciones idiomas como el italiano o el alemán, se utilizarán planos cortos y llenos de ironía para enfatizar el calvario de Jiro intentando vender sus prototipos a los oficiales de una Armada de la que sólo acertamos a escuchar un murmullo incomprensible, y los juegos de palabras serán una constante a la hora de describir la situación política de Japón a principios de la Segunda Guerra Sino-Japonesa y será aquí donde percibamos una segunda novedad, la de Miyazaki expresando sin tapujos sus opiniones políticas y valoraciones históricas sin recurrir a alegorías o a los símiles de anteriores trabajos.

Al contrario de lo que puede apreciarse en la inmensa mayoría de mangakas como Tezuka o de colegas como Takahata, el genio muestra un posicionamiento mucho más crítico y distante respecto a la historia nacionalista nipona ofreciendo de su país la imagen de una nación subdesarrollada que hace patentes sus carencias en dos facetas: la primera de ellas, casi omnipresente, en las ansias por hacerse con tecnología extranjera en el campo de la ingeniería en una obsesión similar a la que varias décadas atrás había caracterizado a la Era Meiji; la segunda, tan anecdótica como impactante, las fuertes intromisiones en la vida privada que caracterizó la militarización de la sociedad nipona vivida a comienzos del reinado de Hirohito.

Ante lo dicho en el párrafo anterior, la crítica que el autor sufrió por parte de la izquierda japonesa y a la que aludimos en la anterior sección sólo puede catalogarse como absurda. Es más, la mayor parte de su filmografía posee un cáliz marcadamente antibelicista y las palabras que pone en boca de alguno de sus personajes demuestran una clara condena no sólo a la política internacional del Imperio del Sol Naciente durante aquellos años sino también a sus aliados alemanes. Todo ello sin contar con su retrato de las lamentables condiciones de vida del incipiente proletariado japonés o de las consecuencias de la Crisis del 29 en las familias que ya de por sí se habían convertido en los eslabones más débiles del Capitalismo. Un conjunto de factores que hacen de esta cinta la más política de toda su carrera con las consecuencias ya descritas y agudizadas por el hecho de que alguno de esos análisis provenían del personaje de Hans Castorp, que no era real sino que fue importado de la novela “Der Zauberberg” de Thomas Mann, lo que a juicio de una parte de su audiencia se tradujo como algo innecesario. Pero a pesar de todo el revuelo causado, en la práctica no deja de ser un aspecto secundario.

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La acumulación de personajes y elementos en la película unidos a su fluidez de movimientos supera con creces a cualquier otra del director

Siempre he insistido en que estamos ante un autor, cuanto menos, especial. Ya no por su talento innato sino también por ser uno de los pocos que no tienen pudor alguno en desnudar su alma ante un público al que no le queda más remedio que dejarse seducir por el pequeño universo construido para su disfrute por parte de un maestro de la fantasía y la espiritualidad de los detalles. Resulta francamente aclarador asegurar que durante las nada menos que dos horas que abarca su metraje (una eternidad para un formato que rara vez supera los 90 minutos) no fui capaz de apartar una sola vez la mirada y no sólo por la cautivadora belleza de un universo que creí siniestro hasta verlo a través de sus ojos, sino también por la calidad extrema del trabajo ofrecido hasta en sus aspectos más nimios.

Ninguna película de animación creada hasta la fecha puede presumir de tener unos planos tan amplios en los que se muevan decenas de elementos con total fluidez y absoluto realismo. Diríase que si se pudiese ampliar lo suficientemente la imagen que recoge a lo que parecen simples pulgas con apariencia humana, podríamos apreciar hasta el último poro de la piel de algunos de los personajes que corren por sus vidas en la escena del Terremoto de Kanto. A un tiempo, la minuciosidad en todos y cada uno de los objetos que apreciamos en pantalla es sencillamente asombrosa. Incluso los diferentes modelos de aviones que fracasan en sus vuelos de prueba se desintegran en cientos de pedazos de forma coreográfica, casi con vida propia… incluso el humo procedente de diferentes tipos de explosiones se encuentran acompasados, provocando un extraño orden en medio del caos.

No obstante, la capacidad para sorprender de este largometraje no acaba aquí, dado que la influencia occidental se deja entrever en ciertos retales de su trama. Así, los lugares más lúgubres y oscuros de los paisajes urbanos retratados, recuerdan al estilo popularizado por el director francés Sylvain Chomet y su particular gusto por los colores tenues cercanos al sepia a la hora de recrear planos. Del mismo modo, las escenas en las que se prueban remaches para los fuselajes o se cronometran las velocidades de los modelos diseñados por el protagonista se encuentran claramente inspiradas en las que podíamos disfrutar en “The Aviator” de Martin Scorsese cuando otro maníaco del aire (y también piloto) Howard Hughes ponía a prueba sus prototipos.

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La espectacularidad de los paisajes recreados es increíble al recrear efectos similares al de los acetatos clásicos (Clic para ampliar)

Pero por supuesto, y como en toda creación de este genio que se precie, el verdadero punto fuerte en el apartado visual se encuentra en sus paisajes… inmensos, plácidos, bellos, hermosos y tan magistralmente recreados que el espectador maldecirá una y otra vez su suerte por no poder zambullirse en la pantalla y perderse en un universo de perfección muy cercano a lo que podríamos calificar como “paraíso”. Sus escenarios naturales, recreados a golpe de ordenador, pero con un innegable gusto por las tonalidades propias de los añejos y casi olvidados acetatos son, con mucha diferencia, los mejores jamás realizados a lo largo de toda su carrera y de toda la historia del anime en general, con permiso de las últimas creaciones de Makoto Shinkai.

Todo es realista, cotidiano, común… y a la vez tan hermoso. Miyazaki se apodera de las almas de Jiro y de Nahoko y los convierte en seres puros, bellos y carentes de la maldad intrínseca que caracteriza al ser humano y que miran con total ingenuidad hechos tan terribles como los de un exilio por motivos políticos. No puede describirse con palabras. Para entenderlo es necesario sentir la carga emotiva y marcadamente shintoista de la joven pintora agradeciéndole a un manantial que devolviese a su vida a aquel joven miope que la salvó durante el Terremoto de Kanto y que se despidió sin decir siquiera su nombre. Sólo puedo decir que me resulta imposible contener los escalofríos ante el simple hecho de recordarlo.

El gusto del director a la hora de recrear esta historia de amor no encuentra parangón en la actualidad puesto que utiliza algo que sólo él sabe establecer: el diálogo interior entre autor y público en el que sobran las palabras. ¿O es que acaso éstas sirven para definir un sentimiento? ¿Hay algo más aclarador que unos planos llenos de cálculos y apuntes que se inundan espontáneamente de las lágrimas de su autor al comprender éste que la tuberculosis le robará a la criatura a la que más ama en el mundo? ¿Y ver a una joven bella, sensible y educada llenar de vida un lienzo de bellos colores que se emponzoñan con el rojo de la sangre que predice su muerte? ¿O ser testigo de cómo una esposa moribunda coge la mano de su amado mientras trabaja sólo para aprovechar mejor sus últimos momentos juntos? ¿O de cómo su recuerdo le desea al alma atormentada de su compañero que viva sin ella? No son escenas, son expresiones animadas de las pocas partes que hacen de la naturaleza humana algo amado por Dios.

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El óleo de Nahoko llenándose con la sangre de sus pulmones será la más dura e impactante escena de la película, así como una de las mejor logradas por parte del director

Nadie que alguna vez haya amado puede quedar indiferente ante este film, no sólo por el simbolismo de buena parte de todo lo acaecido en el mundo real o en la mente del ingeniero, sino también el maravilloso gusto con el que se recrean incluso las escenas más incómodas: desde una simple luz y una manta destapada para representar la consumación de un matrimonio hasta un trágico e inoportuno silencio para simbolizar una muerte capaz de eclipsar el logro de una vida. No puede verse una única vez. De hecho, pienso que aunque la lo hiciese en cientos de ocasiones jamás llegaría a percatarme de la majestuosidad de esta maravilla ni dejaría de asombrarme su grandeza.

¿Cómo podría dar las gracias por algo tan excepcional? Sólo Kotonoha no Niwa me ha hecho sentir algo similar en los últimos años y me ha emocionado tanto. Confieso que dos han sido las veces en las que no pude contener las lágrimas. La primera con un beso de reencuentro, la segunda con una despedida. Ni siquiera recuerdo la última vez que creación alguna me hizo sentir humano con la hermosura que lo ha hecho ésta. Podría haberla disfrutado en japonés sin subtítulos y haberme conmovido de la misma forma, porque la grandeza de Miyazaki no se centra en hablar con la cabeza, sino con el idioma universal del corazón y en ésta lo lleva hasta unos niveles desconocidos.

El doblaje en su versión original es una delicia para los sentidos. El gesto de Hideaki Anno de darle la despedida a su mentor prestándole su voz a su último protagonista encaja a la perfección con el de la joven Miori Takimoto, que le da la réplica como Nahoko sin que el hecho de que su compañero sea una leyenda de la animación que la doble en edad constituya un lastre para ella. Curiosamente, la versión americana del largometraje apenas ha incluido a estrellas de renombre para el doblaje contando únicamente con Elijah Wood (Frodo Bolsón en la trilogía ESDLA) para el papel secundario de Sone. Algo increíble si tenemos en cuenta que en Ponyo colaboraron Matt Damon y Kate Blanchett o que en el brillante Staff que dio vida a Howl’s Moving Castle se encontraban nombres de la talla de Jean Simmons o la recientemente fallecida Lauren Bacall.

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La imagen de Jiro Horikoshi contemplando un Zero estrellado se convirtió en el símbolo del carácter antinacionalista de la película así como en la representación del fracaso del ingeniero

Como no podría ser de otra manera, el tercer vértice del triángulo formado por Miyazaki y su productor habitual, Toshio Suzuki, se erige con el nombre de su músico fetiche, Joe Hisaishi, que por enésima vez se vuelve a hacer cargo de la OST. De ella podríamos decir que es correcta, aunque adolece de un enorme e insalvable defecto… los gigantes con los que compite. Se podría decir que el músico ha optado en esta ocasión por unas composiciones más sencillas, casi infantiles y alejadas de la complejidad de su colosal trabajo en Mononoke Hime o de los coqueteos operísticos de la tierna historia de la ya aludida Gake no Ue no Ponyo. Lo que influye negativamente en la valoración conjunta de la obra incluso siendo un tema paralelo del que en absoluto tiene culpa alguna.

En ocasiones “Journey (Dream of Flight)” me hizo creer que estaba escuchando una melodía hawaiana reproducida por un ukelele en lugar de por un piano y una orquesta y rara será la vez en la que nos podamos sentir cómodos cuando entre en escena. Por su parte, la que acompaña a los títulos de crédito, “Hikoukigumo”, por mucho que esté interpretada por Yumi Matsutoya rompe frontalmente con la tradición del maestro al poner fin a la cinta con un tema de marcado carácter JPop, lo que en resumidas cuentas sirve para calificar a su Banda Sonora como una de las peores del estudio… como todo un borrón en el expediente del compositor y como el más relevante Talón de Aquiles de una película que, de no ser por este apartado, estaría cercana a la perfección.

La animación es soberbia, los tiempos en el guión se encuentran perfectamente distribuidos, el diseño de los personajes es magistral, la trama es una de las más emocionantes y emotivas que jamás han llevado el sello de Ghibli… Estamos ante una de las obras maestras del director, pero no ante su mejor trabajo por el mismo motivo que señalamos unas líneas atrás. Estaríamos ante un coloso que queda empequeñecido al estar rodeado de titanes pero cuya diferencia de altura nos es prácticamente inapreciable a los que nos conformamos con ser simples humanos que miramos con asombro desde el suelo los logros de otros hombres cuya obra sólo puede ser la de un portavoz de Dios en la Tierra. Pero dejémonos de soliloquios y aclaremos definitivamente hasta dónde llega esta diferencia.

Conclusión

Y tras todo lo argumentado ¿qué me queda por decir? Estamos ante la que es sin lugar a dudas una de las mejores y más significativas obras de Miyazaki, pero es ahí donde empiezan los problemas. El genio nos tenía acostumbrados a la perfección, o mejor dicho, a redefinir la perfección con cada una de sus nuevas apuestas. Con ello presente, este largometraje está tal vez un paso por detrás de los títulos que convirtieron su nombre en el del gran gurú de la animación y que acercaron el anime hasta a los espectadores más escépticos y críticos con los nuevos aires que al arte de Disney le venían desde uno de los enclaves más orientales y remotos de Asia.

Es una secuela espiritual de Porco Rosso y resulta sencillamente imposible seguir gran parte de sus escenas aéreas sin evocar una y otra vez al film que supuso el punto de inflexión de su autor, en el que dejó a un lado su pasado televisivo para abrazar definitivamente las técnicas del Séptimo Arte. Al mismo tiempo es el largometraje más realista de toda su carrera, en el que los elementos de fantasía quedan únicamente restringidos a las ensoñaciones y donde la crudeza de algunas de sus partes muestran el lado más trágico de la existencia humana, como la muerte, que jamás hasta este momento se había atrevido a representar con semejante nivel de crudeza.

Es emotiva y vibrante, pero en ella cometió un grave error: el de arrojar de un modo manifiesto sus inquietudes políticas y el de haberse encontrado con polémicas algo absurdas a las que no supo enfrentarse y que de algún modo influyeron en la menor aceptación de esta apuesta por parte del gran público nipón respecto a sus predecesoras. Una despedida digna aunque tal vez injustamente tratada y vilipendiada por temas paralelos a su ejecución y de la que podemos extraer una conclusión como es la de que el maestro de Ghibli nos intentó mentir a todos con este guión. Si de verdad el talento de los genios dura una década, en su caso ha durado al menos dos.

EVSLFin

NOTA: 8.5

17 comentarios el “Kaze Tachinu, ¿el canto del cisne de Hayao Miyazaki?

  1. Llevaba tiempo con ganas de comentar, pero siempre me faltaba tiempo o me ponía a perfeccionar la redacción de lo que quería decir sin terminar nunca, así que esta vez escribiré tal y como salga. Primero que todo, mil gracias por tu análisis, es realmente genial encontrarse con el detallado contexto histórico y técnico que das en tu análisis, con el que estoy bastante de acuerdo.

    Curiosamente la primera vez que vi la película fue en japonés sin subtítulos, y tal y como dices me conmovió profundamente, como no lo hacía ninguna película animada en años. Es una película profundamente melancólica y abiertamente triste, y más allá de las opiniones políticas de Miyazaki que bien explicas creo que es filme más personal, tal vez desgarradoramente honesto. No pude dejar de pensar de que alguien considerado por algunos como el mejor animador de nuestra época no haría una pelicula como Kaze no Tachinu sin saber exactamente por que, y más allá de lo literal del argumento, encontré (y me afecto profundamente) una metáfora de la vida del creador, aquel que se abandona a sus pasiones sin importar lo que se pierde en el camino, que crea sin importar que lo que haga ponga a arder el mundo, porque el acto de creación es bello y como tal lo justifica todo. Perdona si esto suena un poco metafísico, pero como aspirante a animador son cosas que aún despues de verla hace tiempo me afectan mucho de la película, sobre todo al pensar que es un Miyazaki viejo y cansado el mismo que se retrata en la historia de Jiro.

    Tal vez en lo único que discrepo es en la banda sonora, que personalmente me gusto mucho (y cuyo tema vocal no puedo escuchar sin lagrimear) y que no tiene esa música “con sabor a Disney” de Ponyo que tanto odié. Algo que no sé si te pasó comentar fue respecto a los efectos de sonido, en los que curiosamente se usan voces humanas, tanto para la escena del terremoto como para los sonidos correspondientes a los aviones. No he buscado mucho al respecto, pero me imagino que lo que buscaba era “humanizar” las fuerzas de la naturaleza (cosa que ya había hecho en Mononoke Hime) y los aviones, que de por sí parecen vivos por la increíble animación, a mi parecer la mejor jamás hecha por Ghibli.

    Lo de poner este filme a competir por un oscar junto a Frozen, en términos generales, me parece una absoluta falta de respeto, muestra de que el mundo de la animación en general está más preocupado por seguir enriqueciendo monopolios que por otra cosa, y en ese contexto un filme como el de Miyazaki no es más que una rareza y una artesanía.

    Por último, y aunque bastante tarde, quería felicitarte infinitamente por haber alcanzado tu grado, estoy más que seguro de que serás un gran abogado. Espero que no sea muy abusiva mi confianza, pero inevitablemente quienes seguimos tu blog desde hace tiempo sabemos el sudor y las lágrimas que te ha costado llegar hasta donde estas ahora, y espero que estes orgulloso y contento a más no poder, pues te lo mereces.

    Hasta la próxima.

    • Pues muchísimas gracias caballero y encantado de tenerte posteando por aquí ^___^. Lo de Frozen fue estirar “la goma de las pelas” de Pixar pero sin Pixar y la jugada les salió redonda: Máximos beneficios y sin ningún tipo de problemas con los Derechos de Autor. Pero es lo que dices. Se pongan como se pongan, no es una película de animación en el sentido estricto del término y aunque ésta no sea la mejor película de Miyazaki, es muy superior (en serio, es que me pareció una de las películas más aburridas y ridículas de las que he visto en muchos años). De todas formas piensa que Buena Vista era la distribuidora de ambas y entre un producto norteamericano y otro japonés, no hubiese sido extraño que presionase todo lo posible para que se llevase el gato al agua el producto autóctono. Es más, siempre he pensado que lo de darle aquel premio a Miyazaki con Chihiro sentó tan mal que desde entonces se la tienen jurada en la Academia de Cine. No hubo más que ver cómo fueron capaces de premiar a una película del montón de Wallace & Gromit antes que a Howl’s Moving Castle. Pero así son las cosas en La Meca del Cine. Por suerte, siempre nos quedarán Los Simpsons.

      Un saludo.

  2. Esperaba desde hace semanas tu reseña de este film, y te quedo muy bien como de costumbre.

    Lo cierto es que al igual como me paso con Ponyo, tenia demasiadas expectativas puestas en este ultimo largometraje de Miyazaki, que no me decepciono pero tampoco me dejo tan “maravillado”…
    Es un historia emotiva con sus momentos magníficos donde la animación y la banda sonora se unen de manera perfecta, pese a que en esta ocasión Hisaishi creo una composición algo reiterativa.
    Recuerdo mucho algunas escenas, como aquella en la que Jiro y Nahoko juegan con el avión de papel, también la paz que logra transmitir Miyazaki con las escenas del viento y la muchacha pintando, pero sobre todo ese final que me dejo con los ojos llorosos, el momento en que Jiro siente la muerte de su esposa y mira hacia la lejanía mientras todos celebran y justo después aparecen escenas de los desastres ocasionados por la guerra, todo acompasado por esa melodía que evoca la infancia y ensoñaciones de jiro…al final solo pude agradecer desde mis adentros a un grande como Miyazaki, por despertar tantas emociones en mí y recordarme siempre con sus películas el valor de la imaginación, la inspiración, los sueños y el arte…

    Lo curioso es que he encontrado criticas por ahí e incluso comentarios de personas que me acompañaron a una de las proyecciones, mencionando que la historia pierde fuerza hacia la mitad, cuando comienza a desarrollarse la relación sentimental, sin embargo para mi gusto es a través de toda esta expresión de romanticismo cuando el film se engrandece, esa expresividad de la animación que el siempre maestro sabe manejar extraordinariamente, no había percibido tanto con tan pocos diálogos en escena desde Howl´s…
    Y hablando de la animación, como muy ciertamente mencionas, GHIBLI subió un peldaño más en cuanto a profundidad y armonía de sus paisajes, ver todo eso en una sala de cine es impresionante, es vislumbrar un enorme abismo de belleza, pinturas hechas animación…

    Dicen que aquí en México tuvo unas recaudaciones dignas durante su paso por salas comerciales, aunque a una de las funciones a la que asistí apenas y había una docena de personas, creo que tuvo mejor acogida cuando la presentaron en los festivales que organizo la UNAM.

    Y eso de tan siquiera atreverse a comparar la ultima jugada hiper comercial “Let it go” de Disney con una obra tan personal de Miyazaki ya es de risa, lo cierto es que se ha hecho noticia que la Academia vaya a otorgar un Oscar honorifico al director, a saber si es que se presenta a recibirlo…

    Como siempre, muchos saludos!

    • Sí, yo también acabé hasta los innombrables del dichoso “Let it go” (por estos lares, “Suéltalo”) y el dichoso fenómeno viral que protagonizó. En lo personal, yo tampoco creo que la obra pierda hacia la mitad. Más bien al contrario, gana todo su interés puesto que la relación sentimental es de una enorme belleza. Por cierto, yo también lloré con el final, aunque el otro momento en el que lo hice fue cuando Jiro entra llorando en la habitación en la que está Nahoko, ya casi terminal, la abraza y cuando ésta le dice “te vas a contagiar”, la besa. Me alegro de que en México tuviese una buena acogida, porque aquí en España fue visto y no visto. En algún cine no duró ni una semana. Una pena.

      Un saludo.

  3. La fui a ver con mi marido y fuimos de los pocos que estábamos en el cine. No sé si estaríamos cinco en total y me llenó de pena. Es una película muy emotiva y su final también nos hizo llorar. Felicidades por el artículo, se ve que has trabajado mucho y la labor de documentación histórica es fantástica.

    • Cosas de entrar en la etiqueta de “Del montón” para las distribuidoras. En estos casos hacen que películas jugosas vayan en el mismo pack que las que así son consideradas. Así que los cines se ven obligados así a hacerse con ellas y proyectarlas. Lo que pasa es que luego las mantienen un par de semanas en cartelera y pasa lo que pasa.

      Lástima.

      • Me has dejado con cara de WTF ajaja. Es de las pelis de Miyazaki que menos me han gustado. Me mataba de el su fantasia y esta es muy realista, aunque haya sueños que lo compensen. Jiro tampoco me ha gustado. Los hombres de otras peliculas eran mas masculinos y atractivos, pero este era un enclenque y eso y lo de hacer que un fabricante de armas sea el prota cuando los de las otras eran pacifistas, me parecio muy fuerte. Para compensarla me puse a ver El viaje de Chihiro y como me has picado, la volvere a ver hoy.

  4. Después de leer tu extenso artículo, fui a la FNAC y me compré la edición en blu-ray. En sí es muy recortada en cuanto a extras, pero ver una película así en HD merece la pena el gasto. En términos técnicos es una delicia aunque al principio me aburrió bastante porque Jiro es el típico empollón feo y debilucho que da más pena que simpatía, pero al final me terminó gustando mucho. Aunque es evidente que no es El viaje de Chihiro o La Princesa Mononoke.

  5. Hola, Javi, aquí vengo después de mi período de exámenes. Hoy me vi “Kaze Tachinu” y la verdad es que me encantó, aunque por momentos se me hizo un poco lenta. Es una película maravillosa, sobre todo, por la relación de amor entre los protagonistas: un amor tan puro, tan hermoso, que termina emocionándose. Al final de la película, con esa escena tan sublime, terminé llorando. Lo que muestra este film es que los avances de la ciencia y de la técnica, específicamente, no son buenos ni malos, pero en la gran mayoría de los casos terminan usándose como armas. Pero lo más importante es que esos inventos son los sueños hechos realidad de aquellos que soñaron en grande. En fin, un gran film.

    Por otro lado, siempre me asombra todo el conocimiento histórico que tenés, que me ayuda a saber más y poder contextualizar ciertas cosas.

    Besos.

    • Me alegro muchísimo de que te haya gustado :3. Pues sí, todos nos emocionamos con la escena del final, muy triste y un tanto injusta. Por cierto, el verdadero Jiro, afortunadamente, no vivió una historia tan dramática con su esposa y hasta tuvo hijos con ella.

      Un saludo.

      PD: Espero que los exámenes te saliesen bien😀

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Adelante, siéntete libre para incordiar :3

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