Sword Art Online II, subiendo a los hombros de un gigante virtual

Sword Art Online 2

– Pensé que cuanto más cercanos fuesen los mundos reales y virtuales más próspero sería el futuro. Pero cuanto más difusa se vuelve la separación entre ambos, más fácil es que la gente los confunda. – Pero también ayuda a salvar a muchas personas. – No sé qué pensará de eso aquel hombre que se desvaneció dentro del SAO, pero como supervivientes de ese universo tenemos el deber de ver qué sucederá. – ¿No te estás comiendo excesivamente la cabeza? – Tal vez, pero es algo que quiero ver en persona y después de lo que he visto, este deseo se ha vuelto mucho más fuerte. Así pues, aunque no sepa qué me deparará el futuro… Asuna, quiero que me acompañes para siempre. – ¡Te seguiré hasta el fin del mundo!

Sí, lo sé. Siempre empiezo con lo mismo. La ya arquetípica frase de “me ha costado mucho hacer esta review” pese a que no es de las más largas que he escrito, pero en esta ocasión es incluso más oportuno decirlo que en otras. Quería sacar esta entrada justo después de acabar el último episodio de SAO II, aunque finalmente he tenido que esperar un día para hacerlo debido a que me dormía sobre el teclado por culpa de ritmo agotador que estoy llevando estos días. Trabajo, clases, estudio, prácticas, viajes, entrenamientos y, por supuesto, anime, manga, videojuegos y escribir sobre ellos. Una impresionante carga de curro que me obliga a seguir una economía de guerra en lo que al tiempo se refiere. Aunque me había comprometido a llevar a cabo este artículo en tiempo y forma y no estaba dispuesto a que ésta fuese la primera vez en mi vida que falto a mi palabra.

Dejando de lado que me caigo de espaldas y que el menor día me da un “jamacuco”, para abordar asuntos que nos interesen a todos, esta semana he estado decidiendo cuál será lo que yo llamo el “Videojuego de la Navidad”. Es decir, el programa que cojo por banda durante estas fechas y que fulmino pese a quien le pese y caiga quien caiga incluso aunque ello me lleve a suspender. Es una tradición que se remonta hasta el año 1998 y que, salvo un par de temporadas (por motivos ajenos a mi voluntad) he cumplido como si de una obligación religiosa se tratase. Este año no va a ser menos, a pesar de que me temo que la presente temporada ha sido nefasta en lo que a este tipo de productos se refiere y no hay absolutamente nada que llame mi atención, aunque ya improvisaré para ver qué me puedo sacar de la manga (siempre que no sea demasiado antiguo).

Por último, y antes de pasar a cosas más serias, se supone que debería opinar sobre lo del Real Madrid y el Mundialito, pero lo más que puedo decir es que he huido como de la peste de cualquier compromiso que me haga ver ese partido y todavía me sigo preguntando cómo es posible que alguien pueda interesarse por torneos de chichinabo que clonan la idea de las Supercopas cuando todos saben que son sólo productos artificiales de cara a estirar como sea el tirón comercial de los títulos; una pura bisutería futbolística de cara a obtener pingües beneficios con la venta de los derechos de emisión, los cobros por PPV y las fanfarronadas de la prensa deportiva, de la que todo el mundo dice pasar pero que a la hora de la verdad no se pierde. De hecho tengo todavía los oídos zumbando de la cantidad de veces que he escuchado durante la presente semana el nombre del “San Lorenzo de Almagro” a la vez que me soltaban que no eran unos paquetes sino una formación correosa, que te remontaban en cualquier momento y todas esas guardioladas que me sacan de mis “estancillas” (al haber descubierto que soy alérgico a la palabra “casillas”). En fin, aclarado pues que no tengo nada interesante que decir aparte de que terminaré cayéndome muerto delante del ordenador, metámonos en harina y procedamos a analizar el que ha sido uno de los tres títulos más importantes de 2014 en todo lo que a anime se refiere y cuya entrada se me antojaba obligatoria.

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Aldnoah.Zero (Parte 1), el universo mecha según Urobuchi

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– Odiáis a Vers, ¿verdad? Selum, ¿sabes cómo se acaba con una guerra? – Deseando la paz y dejando a un lado el odio. – No. La guerra es simplemente un sistema de negociación entre países. Se producen guerras aunque no haya odio para conseguir territorios, materias primas u otros intereses derivados del orgullo, la ideología o la religión. Hay guerras que se basan en eso. Si se cumple con un objetivo concreto, la guerra se acaba. Pero también terminan si se acaba con un número concreto de gente con la que no se obtienen beneficios. El odio y la ira no son más que meras herramientas para conseguir estos fines y por ello a mí no me interesan esos sentimientos. – Inaho… – Por eso, no odio a los marcianos sólo por ser de Marte. – ¿Ah sí? Pues yo odio a los terrícolas sólo por ser de La Tierra.

Casi un trimestre hacía ya que no analizaba un producto relacionado con la animación. Los motivos son muchos aunque prácticamente todos se resumen en una frase: la mayor parte de los animes importantes están acabando más o menos a estas alturas del año, y los que ya lo han hecho tendrán una secuela que en realidad no será sino una mera continuación de los episodios de su primera temporada, por lo que calificarla a estas alturas sería un esfuerzo inútil. Ésa fue entre otras la razón de que la serie que nos ocupa no hubiese gozado (o padecido) de una entrada a pesar de ser notorio que llevaba más de dos meses finalizada. Aunque más tarde, sopesando diferentes elementos, llegué a la conclusión de que esta entrega era una unidad completamente autónoma cuyos rasgos esenciales podían ser objeto de un artículo.

Por supuesto, aunque no es ni en broma lo más largo y extenso que he llegado a escribir, he tenido dificultades para concluirlo debido a los problemas ya habituales y frecuentemente señalados en mí a lo largo de todo el año. Nada más levantarme a entrenar, acto seguido a la tarea de turno de la mañana, del curro a clase a Salamanca y de ahí a mi casa en Zamora, a la par que tengo que estudiar y, por supuesto, pensar cómo tengo que estructurar lo que más o menos tenéis delante de vosotros para que todo quede medianamente coherente. Y ello, evidentemente, agota. Sin embargo, este mes tengo todavía otro reto pendiente y la consecución de éste apremiaba que el presente artículo saliese este Domingo como finalmente así ha sido.

Así pues, no tengo más remedio que disculparme por estar desaparecido en la práctica, pero en la actualidad estoy asumiendo una verdadera economía de guerra con un tiempo del que no dispongo y que me obligará a llevar un ritmo agotador hasta, al menos, el próximo verano, mas todo sea por la causa de llevar la toga. Pero mientras pueda cumplir con la bitácora cualquier esfuerzo será bienvenido. Por lo tanto, y pasando ya a cosas más interesantes para el común de los mortales juzguemos si esta particular producción de mechas está a la altura de la gran popularidad que adquirió durante el pasado verano en Internet o por el contrario nos encontramos con el enésimo zurullo elevado a la altura de mito sin más razón que el estudio que se halla a sus espaldas.

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