¡FELIZ NAVIDAD! El balance protocolario de 2014

Como siempre, perdón por soltar un plomazo de una hora de duración. La verdad es que tenía pensado hacer otra cosa pero en el último instante opté por grabar un vídeo con una pequeña reflexión sobre lo malo que está siendo el anime en los tiempos que corren. Una circunstancia que me ha llevado a obviar la mayor parte de las series estrenadas durante esta temporada y a vapulear las pocas cuyo análisis he abordado. Tenía esperanzas respecto a 2014 al ver cómo 2013 había visto nacer títulos más o menos interesantes que hacían presagiar cierta recuperación dentro de un mundo que había entrado en franca decadencia. Pero tan buenos augurios pronto se mostraron infundados.

Ésa fue, en resumidas cuentas, la razón por la que no reseñé tantas producciones como sería deseable. Hubo momentos en los que, sencillamente, no sabía de qué hablar y hacerlo sobre basura era, en esencia, perder el tiempo, un bien del que he estado algo escaso durante el presente año. Unos días tenía un horario que me hacía estar unas dieciséis horas en Salamanca; otros tenía ciertos quehaceres que me ocupaban día y noche; por supuesto, tenía también que elaborar el TFG; todo ello sin contar viajes, desplazamientos, tareas que iban surgiendo y, naturalmente, el estudio. Un cúmulo de situaciones que hacían que la palabra “esparcimiento” no tuviese cabida en mi diccionario.

Con un panorama así, era evidente que escribir para mí era un lujo pero tenía que hacerlo. De este modo aprovechaba todo lo que estaba en mi mano para llevarlo a la práctica: espacios entre clase y clase, momentos muertos de cualquier tipo (hasta como pasajero en el autobús) y, por supuesto, las sempiternas horas robadas al sueño. Tenía que hacerlo y lo conseguí. Pero también había que estar pendiente de lo que ocurriría al final del Grado, un momento tremendo en el que cualquier error me condenaba a repetir todo un año. Es evidente que este ritmo agotador no era precisamente el más indicado para lograr tal fin… hasta que por fin mis notas señalaron esto:

Momentazo Máximo Derecho

Momento en el que pegué uno de los mayores saltos que he ejecutado en mi vida

Graduarme en Derecho fue para mí algo sorprendente. Esta carrera había sido, junto con Periodismo, las dos que juré y perjuré que jamás haría pero que, irónicamente, acabé. Tiene su gracia cómo son las cosas. Hace diez años ni siquiera sabía lo que significaba la palabra “jurista” y si me hubiesen dicho que una década más tarde estaría luchando por llevar una toga, sencillamente me habría reído. Sigo llevando el mismo “uniforme de combate”: una cazadora de cuero negra y una mochila del mismo color colgada al hombro, pero los que me conocieron en mi época de periodista no pueden evitar carcajear cuando ven el cambio que he experimentado, según ellos a mejor. Aunque yo sinceramente pienso que, salvo por el hecho de haber suprimido mi tradicional batería de tacos al hablar, sigo siendo el mismo lobo solitario de siempre.

Mentiría si dijese que hacerla fue un paseo militar o, como dirían los angloparlantes (en una expresión que me encanta), “a bed of roses”. Más bien al contrario, y no sólo por la complejidad de algunas asignaturas. Hubo momentos bastante duros pero, como no podría ser de otra manera, son fagocitados por los buenos en lo que a la memoria se refiere. No obstante, bien está lo que bien acaba y ahora sólo queda por sortear un último y nada baladí trámite como es el del Acceso a la Abogacía, que me tendrá ocupado los próximos meses, primero con el Máster y después con el examen, que tendrá lugar en 2016. Como es lógico, el coste de dicho curso no fue precisamente barato y pagarlo me dejó, más o menos, a dos velas. Así, no es difícil deducir la primera consecuencia como es la de que no me he permitido demasiados lujos este año, por lo que no he ampliado mi colección de manga ni, desde luego, he hecho demasiadas adquisiciones en lo que a videojuegos se refiere por deber centrarme en asuntos de mayor enjundia, siendo el primero de ellos el hacerme con un nuevo socio. Mi viejo portátil pasó a mejor vida (tras muchos años de impecable hoja de servicios) y no me quedó más remedio que rascarme el bolsillo para seguir trabajando, aunque sea ya en un entorno jurídico y no periodístico.

También ha sido el año en el que me fui de las redes sociales, salvo de Facebook, por donde tampoco me dejo caer demasiado. Me han preguntado varias veces que cuál es la razón y no tengo ningún inconveniente en volver a explicarlo. Primero, me quitaban tiempo. Segundo, porque me aburren. Tercero, porque era algo que tenía planeado desde principios de 2014, pero fui posponiendo mi abandono por unas razones o por otras, aunque me puse como tope el comienzo del curso. Cuarto, porque me niego a ser uno de tantos españoles incapaces de levantar la vista de su teléfono móvil, al que están enganchados como si de una droga se tratase. Y quinto, consecuencia directa de lo anterior, porque también me niego a ser un prisionero en medio de un Gran Hermano virtual en el que todo el mundo parece haberse introducido voluntariamente. No hay mejor red social que la calle, ni mejor grupo que el de sentarse alrededor de un banco o en la mesa de una cafetería a hablar de las cosas más banales con la intención de pasar un buen rato. Ésa es la razón.

Un nuevo Socio

Con todos vosotros, mi nuevo socio

Precisamente en relación al blog ha sido un año fantástico. Es evidente que no tengo el tráfico de un gran medio ni hablo de una temática demasiado trascendente como es el manga y el anime por lo que sus cifras son modestas (al menos en términos relativos). Sin embargo, no puedo sino daros las gracias por la acogida que han tenido muchos artículos de los publicados, porque buenos o malos, con erratas o sin ellas, con intento de tener gracia o de corte serio, son entradas que escribo intentando que sean agradables y útiles poniendo el máximo cariño en su elaboración y sacrificando decenas de horas de mi vida. Por ello, y aunque jamás he hecho esto por audiencia o repercusión, me siento muy honrado al ver que ciertos análisis son una referencia en cuando al título que abordan. Siempre he preferido calidad a cantidad y sentirse valorado por gente que acoge tu trabajo como algo bueno y positivo es algo que estimo muchísimo en mi fuero interno.

Fue asimismo la temporada en la que por fin modifiqué el diseño de la bitácora. Había tenido el mismo desde que comenzó durante la década pasada y, en un momento concreto, decidí que ya iba siendo hora de darle lavado de cara con un aspecto estético más bonito. Aunque ello salió relativamente caro. Resultó que el ancho por defecto de las entradas se alteró, lo que hizo que los artículos más antiguos quedasen desmaquetados. Un problema tremendo si tenemos en cuenta que no tenía tiempo de modificarlos y adaptarlos al nuevo formato por lo que he tenido que ir poco a poco cambiándolos manualmente uno a uno; una tarea que, a día de hoy, no he sido capaz de finalizar.

A lo anterior se le unió otro factor. Llevaba mucho tiempo pensando en desterrar para siempre a Imageshack como sistema de thumbnails y server para albergar imágenes. Estaba harto del mismo y, para colmo, a otros compañeros blogueros no les había parado de dar problemas. Por ello decidí adoptar el servicio de las Galerías de Flickr. Pero ello, claro, significaba tener que volver a resubir hasta la última de las capturas de había tomado. Así que modifiqué las entradas más importantes de la bitácora para incorporarlo y esperé para acabar la faena precisamente hasta ahora. Sin embargo, este mes cambió el mecanismo de inserción de las mismas, por lo que WordPress no reconoce el código que usaba en un principio. ¿Sabéis lo que eso significa? Efectivamente, que por enésima vez tengo que retocar todo… Así que no he tenido más remedio que prescindir de ellas y serán eliminadas de toda la web.

Mis armas jurísicas

La protocolaria foto de familia de algunos de mis textos legales

Del mismo modo, las reviews que abordaban animes verán suprimidas la sección de openings y de endings. En realidad ofrecían una apariencia muy fea esos vídeos, su presencia era irrelevante y más tarde o más temprano desaparecían de Youtube con el consiguiente perjuicio estético que provocaba su permanencia. Por lo tanto, me limitaré en lo sucesivo a señalar el nombre de las canciones, su intérprete y su compositor. Todas estas reformas se verán completadas en su totalidad antes de que acabe el presente 2014. Aunque la más importante de todas y que en estos momentos ando tramitando es la desaparición de esa engorrosa publicidad que aparecía en algunas entradas y que (insisto y repito) incorporaba WordPress y no yo. Este blog carece de ánimo de lucro, no he ganado un duro con él jamás y no quiero generar malentendidos con ello.

Por último, también rompí esta temporada con la norma no escrita de hablar exclusivamente de títulos orientales analizando un videojuego que, si bien es asiático en su espíritu, es norteamericano en cuanto a su origen. Hablo de la entrada que le dediqué a To the Moon (con gran éxito, dicho sea de paso). Lo hice por una sencilla razón: se trataba de la historia más humana que he visto en demasiados años. No conozco a nadie que haya sido capaz de aguantar las lágrimas cuando descubrió el motivo por el que Johnny quería irse con tanta insistencia a la Luna o cuando éste consuma su sueño y yo no fui ninguna excepción a la regla general. Ha sido una de las pocas creaciones audiovisuales que me han llegado al corazón y por ello me salté esa regla, aunque viendo los resultados, no creo que a nadie le importase.

En fin, a lo largo de 2015 intentaré abordar los clásicos de SNES que me quedan por revisar y, si no existen novedades de interés, tiraré de clásicos de la animación japonesa para recordar al menos que hubo una época en la que el anime era arte. Pero no me gustaría despedirme de vosotros hasta entonces sin antes pediros disculpas ante los errores que haya podido cometer y decir, de una manera tremendamente orgullosa, que a lo largo del tiempo he conseguido tener entre mis lectores a lo que comúnmente se conoce como “Buena gente”. Aunque me vais a perdonar si, de entre todos esos nombres, me gustaría tener un agradecimiento especial hacia Dany y hacia Antonio Arroyo, así como recordar a Djevel, al que le perdí la pista por tierras galas. Un fortísimo abrazo a todos, que paséis unos días inolvidables en compañía de vuestros seres queridos y, si queda algo de espacio en vuestro corazón y memoria, acordaros de que por la estepa castellana, existe un lobo solitario que os quiere como si de su propia familia se tratase. ¡Feliz Navidad!

Javi.

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