La Isla de Giovanni. Una muerte a la sombra de las Kuriles

A nuestro padre le encantaba “El tren nocturno de la Vía Láctea”, la novela de Kenji Miyasawa. Cuando comencé a ir a la escuela me hacía leerlo en voz alta a diario, igual que a mi hermano después. Decía que a nuestra madre también le encantaba ese libro y que solía leerlo a menudo cuando estaba viva. De hecho nos pusieron el nombre en base a los personajes principales de la historia, Junpei, que viene de Giovanni y Kanta de Campanella.

Como siempre, lamento haber tardado tanto en redactar el presente artículo a pesar de que quería haberlo presentado el Domingo o incluso antes pero el caso es que tras superar mi lesión me ha dado por correr más de la cuenta estos días y que, como siempre, empecé a escribir y terminé liándome… En un principio pensé que esto se podría resolver con cosa de pocas palabras, pero nada más terminar la película me di cuenta de que no se podía ventilar sin más con una review, sino que estábamos ante un producto tan complejo que debía tener algo más de enjundia de lo habitual, al menos para poder entender algunas de las situaciones que se plantean en su argumento y las connotaciones de determinadas escenas que, descontextualizadas, pueden parecer oscuras o incluso absurdas a nuestro ojos sin que lleguemos a entender exactamente el porqué.

Pensaba pues en cómo debía enfocar esta entrada y las ideas se agolpaban en mi cabeza, aunque creo que la mejor manera de comenzar esta introducción es aclarar que tiene su gracia cómo muchas veces creemos que elegimos algunas de las cosas que nos ocurren en la vida, cuando son en realidad esas cosas las que nos eligen a nosotros. El ejemplo más característico de ello son los libros, ésos que no sabes muy bien cómo acaban delante de tus narices pero el caso es que terminamos devorándolos. Hecho eso, nos damos cuenta de que eran maravillosos y que no sabíamos qué demonios estábamos haciendo hasta que sus páginas llegaron a nuestras vidas. Existía una joya y, sin embargo, vivíamos en la inopia a pesar de que teníamos perfecto acceso a ella. Y eso es más o menos lo que me ocurrió con esta película. Me encontraba en un determinado centro comercial de Valladolid y echándole un vistazo a las novedades en DVD que había por ahí, me topé con un ejemplar de esta obra y no pude evitar comprarla. ¿Por qué? Pues porque me dio buena espina y… acerté, al menos en lo que a obras de las que realmente me gusta hablar por aquí se refiere.

La casualidad me vino realmente bien, porque, para variar, estaba verdaderamente desesperado en cuanto a buscar algo realmente bueno para comentar, en vez de lo habitual: bazofias con las que me vengo del mundo y de los cordones demasiado largos que piso al hacer ejercicio y que me lesionan y todo lo que me encontraba era así. Menuda novedad, ¿no es cierto? Aunque reconozco que no es exacto que conociese este largometraje de este modo, puesto que ya conocía su nombre por culpa de que la horrible cosecha de este año en lo referente al “Animation of the Year 2014”. O al menos eso se deducía en cuanto a la apariencia inicial de la lista de nombres que incluían los nominados, sin que pareciese que existiera ningún título de peso más allá de Omoide no Marnie (que ni siquiera consiguió alzarse con él) siendo el presente film, el único que al menos pretendía ser calificado de esa manera. Pero me entró un cortocircuito y, dicho y hecho. Veamos si da o no la talla y si el perder contra Doraemon fue o no justo.

Ficha Técnica

Giovanni no Shima (ジョバンニの島) también conocida como Giovanni’s Island en Estados Unidos o La Isla de Giovanni en España es una película de animación de 100 minutos de duración perteneciente al género Histórico, Bélico y Dramático. Fue dirigida y desarrollada en 2014 por el director Mizuho Nishikubo para el estudio Production I. G. Está basada en un guión original escrito por Shigemichi Sugita del que, por el momento, no existen otras adaptaciones en formato libro o manga.

Argumento

En pleno 2014, un barco con decenas de ancianos en su interior llega a la isla de Shikotán. La anécdota no tendría ningún tipo de trascendencia de no ser porque se trata de un reencuentro. Los viejos eran apenas unos niños cuando se vieron obligados a abandonar el lugar que los vio nacer. Un enclave de contorno alargado y subsuelo volcánico y casi yermo que obligaba a sus habitantes a la pesca de subsistencia y sin aparente valor, pero del cual fueron obligados a marcharse con lo puesto en 1947 y sin que ninguno de ellos albergase esperanza alguna en volver hasta que Shinzo Abe y Vladimir Putin limaron las diferencias diplomáticas entre su país y la Federación Rusa en 2013.

Pero aquellos 67 años no han sido capaces de borrar de la memoria lo ocurrido a finales de la Segunda Guerra Mundial. Era verano de 1945 cuando el Imperio del Sol Naciente se encontraba en una de las mayores crisis de su historia. Su Armada había sido aniquilada y Estados Unidos bombardeaba con saña sus asentamientos civiles con la intención de que el emperador se rindiera para así evitar el enfrentamiento con su todavía temible Ejército de Tierra. Éste finalmente cede e Hirohito anuncia el armisticio el 15 de agosto de ese mismo año ante la pesadumbre general e, incluso, las amenazas de golpe de estado para seguir combatiendo incluso con la seguridad de que también tendrían que luchar contra la URSS de persistir en su empeño.

Los hermanos Junpei y Kanta Senou vivirán esos episodios con relativa indiferencia, puesto que a pesar de las incursiones norteamericanas en su terreno que les obligan a acudir frecuentemente a los refugios antiaéreos, su día a día transcurre relativamente al margen de estas coyunturas políticas muy superiores a su capacidad y entendimiento. Para ellos, la principal aventura diaria consistía en que ambos debían leer cada día en voz alta ante su padre el libro “El Tren nocturno de la Vía Láctea” no sólo para evolucionar en cuanto a su capacidad lectora, sino también para evocar el espíritu de su madre difunta, que también adoraba esa obra y que le había puesto a sus hijos su nombre adaptado a la lengua nipona en homenaje a los protagonistas de aquel entrañable relato.

Personajes Giovanni

Kanta Senou, Tania y Junpei Senou

Su rutina habría seguido siendo ésa hasta que llegasen a su adolescencia, pero entonces ocurrió algo inesperado. Dos semanas después de que el líder de su país anunciase la capitulación del archipiélago, una fragata de barcos asentados en la costa disparan en dirección a la costa. En principio, nadie sabe muy bien si se trata de proyectiles destinados a matar a los civiles o son simples salvas, por lo que todos siguen con sus quehaceres cotidianos, lo que implica que los niños tienen que asistir a clase. Por ello, al comienzo de la lección de la clase de matemáticas correspondiente al 1 de septiembre de 1945, ésta se verá interrumpida por el asalto de los soldados soviéticos a la escuela.

La profesora Sawako intenta que sus alumnos no se preocupen, por lo que plantea una sencilla operación en la pizarra: ½ + 0,5 =, y llama al mayor de los Senou para resolverla, pero no puede. El miedo que siente al ver a un soldado apuntándole con un subfusil mientras le grita palabras ininteligibles para él le desbordan y termina por orinarse en los pantalones. No obstante, de pronto el comandante de dichos hombres aparece en el recinto y comprende la situación, pone un simbólico “1” a la derecha del igual, golpea el encerado para hacerle comprender que ésa es la respuesta correcta y ordena la retirada de sus hombres. La situación parece que volverá pronto a la normalidad, pero no es así puesto que su tierra acaba de ser incorporada a la Unión Soviética junto con el sistema comunista que rige en la misma.

Al poco, los muchachos serán segregados viéndose obligados a continuar su educación en el aula del colegio destinada a los niños pequeños, mientras sus mayores ven cómo todas las viviendas del lugar son expropiadas y adjudicadas a oficiales rusos. Ello incluye la residencia del clan Senou, cuyos integrantes pasan a vivir en el establo del que una vez fue su hogar que, ahora, se encuentra ocupado por el oficial al que conoció unos días atrás, cuya familia posee una hija, Tania, con la que poco a poco irán congeniando. Pero a pesar de la intención de entablar amistad con ellos que la pequeña les irá transmitiendo, ella no puede hablar con ellos al no conocer su lengua. De esta manera y para salvar este bache, Junpei terminará por presentarse ante ella de un modo peculiar: él se llama Giovanni y su hermano Kanta es Campanella, exactamente igual que los protagonistas de la obra maestra de Kenji Miyazawa que parecen más asimilables para la comprensión de alguien que no habla japonés.

Tema Central de la OST

  • La banda sonora no ha llegado a ser editada. Se supone que el autor de la misma es Masashi Sada

Análisis

Llevaba cerca de cuatro meses sin acercarme a un anime y el motivo es obvio. Terra Formars fue, con mucha diferencia, uno de los peores títulos que alguna vez hubiera analizado y puedo asegurar que tras terminar el último de sus trece infumables episodios, pensé en no analizar ningún tipo de producción animada de origen japonés en base a lo que ya estoy cansado de repetir: paso de comentar nada que sea simple y llanamente “una mierda” y mucho me temo que eso era exactamente lo que me había encontrado hasta la fecha. Así pues, era necesario hacer algo de tiempo hasta el final de la emisión de ciertos títulos de interés o, por supuesto… hasta que me diese por ver alguno de los largometrajes que tenía pendientes.

De todos los anteriores, reconozco que tenía en la cabeza el que nos ocupa y sólo lo dicho en la introducción fue lo que me llevó a hacer esta reseña, puesto que más o menos como ocurriese con Colorful, la incidencia de esta producción en los medios de comunicación especializados en estas lides había sido prácticamente nula por no gozar de un gran gurú de la animación en su staff. Es más, puedo asegurar que durante mucho tiempo lo más que supe de esta particular isla es que se había paseado por más de una docena de festivales alrededor del mundo y que se encontraba, como ya dijimos con anterioridad, en la lista de creaciones nominadas para aspirar al Animation of the Year de este año que, curiosamente, se adjudicó por primera vez a un film realizado íntegramente a base de CGs (Doraemon: Stand by Me), lo que ya ha hecho que pueda decir que no me queda nada por ver ni siquiera en este ámbito.

Honestamente, sigo sin entender demasiado bien cómo es posible que la Academia Nipona concediese su más ilustre distinción a un producto hecho a imagen y semejanza de la “lex artis” impuesta por Pixar, cuyo estilo ha sido adoptado por las principales productoras norteamericanas al observar cómo en el terreno de la animación tradicional habían sido, literalmente, barridas del mapa por los estudios japoneses en general y Ghibli en particular. Del mismo modo, tampoco entiendo el giro de la institución a la hora de galardonar una cinta que no era sino una simple extensión de una serie de éxito masivo en vez de hacerlo con una iniciativa mucho más honesta y tradicional que intentase ganarse el favor de la crítica y el público por su contenido en vez de por el renombre de un título comercial al estilo de One Piece o Detective Conan, como sucedió en infinidad de ocasiones en el pasado. Por ello, y tal vez a modo de resarcimiento, procedamos a analizar si esta historia de exilio, melancolía e infancias truncadas, era o no merecedora de llevarse el gato al agua. Pero antes, intentemos desentrañar los entresijos de su producción, de la que apenas se ha hablado en la lengua de Cervantes.

Una isla tan bella como desconocida

No voy a andarme con rodeos. Muy pocas veces a lo largo los años en los que he comentado anime he visto una película que ha llegado a tanto y de la que, a su vez, existiese tan poca información acerca de su desarrollo, que prácticamente sólo se puso sobre la mesa cuando su nombre empezó a hacerse popular al pasearse por festivales de medio mundo a la par que recibía toda clase de premios y alabanzas que la llevaron a protagonizar la sorpresa de llegar a ser nominada a un Animation of the Year que, en honor a la verdad, mereció haber ganado. Pero, ¿cómo se fraguó?

Lo cierto es que la primera noticia que al respecto tuve de ella se publicó en septiembre de 2013, cuando Production I.G. por entonces el estudio de moda merced a Psycho Pass o al Shingeki no Kyojin de su segunda marca (Wit), decide de la noche a la mañana cambiar radicalmente de tercio encargándose de una película animada que se produciría siguiendo las técnicas más artesanales y clásicas del género ante el que nos encontramos. Es decir, los fotogramas se desarrollarían a mano, muy al estilo que hizo popular la factoría Disney, y sólo se recurriría al ordenador en momentos anecdóticos, hasta el punto de prescindir prácticamente de él.

El proyecto no nacía precisamente huérfano, puesto que al margen de gozar del titán nipón que iba a encargarse de su desarrollo, la filial de la Warner en el Imperio del Sol Naciente llevaría su distribución comercial, mientras la conocida como “Japan Association of Music Enterprises” (algo similar a lo que sería una entidad gestora de los Derechos de Autor por estos lares) también intervendría aportando capital económico por ser este título el elegido por ellos para celebrar el 50 aniversario de su creación. No obstante, el proyecto adolecía de un enorme problema desde un principio. Su director, Toshihiko Nishikubo era veterano pero carecía de renombre en el mundo de la animación, mientras que sus dos principales colaboradores Shigemichi Sugita y Yoshiki Sakurai eran dos auténticos parias de los que sólo el segundo había tenido algún tipo de trabajo destacado a lo largo de su vida, que se había ceñido fundamentalmente a Ghost in The Shell.

Repercusión Giovanni

Alguna de las plasmaciones de la promoción de Giovanni no Shima en Japón

Más o menos dos meses después de dicho anuncio, se estrenaba su trailer oficial que fracasó estrepitosamente, obteniendo poco más de 10.000 visualizaciones, muchas de las cuales no provenían de otakus sino de rusos, que la acusaban de ser una película de “propaganda anti-Rusa” en base, especialmente, a la asimilación que se había hecho con el comportamiento de los soldados soviéticos, equiparándolos con los NAZIs. Tampoco la elección de seiyuus fue la más acertada y sin bien este anuncio suele servir como el gran detonante del fenómeno de fans en Japón (por ello se suele filtrar en torno a cuatro semanas antes de su puesta de largo), el resultado obtenido distó mucho de ser el esperado. Prueba de ello, es que el segundo trailer que vio la luz en diciembre de ese mismo año, apenas triplicó los pobres resultados de su predecesor, por lo que su estreno parecia evocado al fracaso.

La cinta vio finalmente la luz el 22 de febrero de 2014 en las salas del Imperio del Sol Naciente y, efectivamente, pasó desapercibida, pero el resto del mundo no opinaría del mismo modo. Tan es así que hasta la fecha más de una decena de festivales la han acogido en su seno llevándose al menos un galardón en 8 de ellos. Fue entonces cuando se supo realmente de todo el trabajo que había detrás y se despertó un interés sobre su proceso de desarrollo que de otra manera hubiera caído en el olvido. Por ejemplo, una de las claves del largometraje se hallaba en que los rusos que en ella aparecían no hablaban en ningún momento japonés salvo en la escena final. Así, a la hora de doblarla, Nishikubo decidió que en un principio rusos nativos residentes en la zona de Tokio les prestasen temporalmente su voz a los soviéticos para ir después personalmente a Moscú a grabar los diálogos definitivos que, naturalmente, se editarían, obteniendo un resultado cercano a la perfección, especialmente en lo vinculado a Tania.

En vista de todo lo anterior, Selecta Visión se hizo con la licencia para su distribución oficial en España, que incluso abarcó un fugaz paso por nuestra cartelera el 4 de diciembre del pasado año, aunque de una manera bastante limitada (sólo se quedó en las mismas un solo día). La distribuidora, como siempre, dobló al castellano la obra y lanzó a través de su canal de Youtube un trailer en el que se podía atisbar el alcance final de su trabajo. No obstante, hubo una crítica en torno a él. Tanto Junpei y Kanta como la ya mencionada Tania hablaban en español, si bien esta última sería dotada de un acento propio con el que se intentaría sugerir… o mejor dicho suplir una de las principales bazas de la obra en su versión original, la de los niños procedentes de mundos diferentes que lograban entenderse de persona a persona sin pronunciar palabras inteligibles para ellos. Algo que, como veremos más adelante, se tradujo en un tremendo error. No obstante, y precisamente por esto último, antes de entrar propiamente en la cinta, es necesario hacer hincapié en la problemática histórica en torno a la cual gira la trama y que nos obligará a remontarnos nada menos que hasta el siglo XIX para entenderla.

Un banco de peces entre dos tiburones

Acabamos de pinchar en hueso. ¿Por dónde empezar y cuándo podemos terminar para evitar hacer de esta exposición algo plúmbeo? En este asunto se entremezclan avatares históricos que engloban algo más de un siglo y en él nos encontramos con toda clase de reivindicaciones pintorescas que iban variando en función de quién estuviese en el poder, tanto en Rusia como en el Imperio del Sol Naciente. Podríamos decir que todo empieza en 1855, un poco antes de la Restauración Meiji. Dos años antes Japón había emprendido ciertos movimientos para acabar con la doctrina “Sakoku” consistente en que ningún extranjero podía entrar en el país y ninguno de sus habitantes podía abandonarlo, so pena de muerte. Esto se traducirá en el inicio de lo que en la historiografía japonesa se conoce como “Bakumatsu” que desembocará en la Guerra Boshin que pondrá fin al Shogunato Tokugawa y dará origen a la Restauración Meiji. Pero eso sería adelantar acontecimientos.

Sentemos pues la idea de que nuestro archipiélago de referencia se ha mantenido aislado del mundo durante más de dos siglos pero que por una auténtica anécdota (relacionada con la expedición de un marinero estadounidense de segunda fila llamado Matthew C. Perry que buscaba acabar con la posición de dominio comercial holandés en los mares del sudeste asiático) abre dos de sus puertos a las aeronaves norteamericanas gracias a la Convención de Kanagawa. Sin embargo los rusos eran también conscientes de que todo eso se desarrollaba en su zona de influencia y que, de no mover ficha, saldrían claramente perjudicados en términos económicos, por lo que urgía negociar con ellos, y así se hizo. Ambas entidades nacionales firman el Tratado de Shimoda en 1855 en clave fundamentalmente comercial, pero en él también se termina discutiendo un asunto un tanto espinoso: ¿Qué pasaba con todas las minúsculas islas que se encontraban entre la remota Península oriental rusa de Kamchatka y la ínsula nipona de Hokaido? Finalmente, se decidió que Iturup, Kunashir, Shikotán y Habomai quedarían en manos japonesas mientras que el resto, situadas al oeste, quedarían bajo la administración de los Romanov. Sin embargo, aquello no duraría.

En 1868 el Emperador Meiji sube al poder, y eso significa una etapa mucho más ambiciosa en el aperturismo nipón que buscaba no sólo abrir Japón al mundo sino, además, convertirlo en una potencia. Pero ya por entonces la era del Imperialismo había comenzado y el prestigio de una nación se medía por los millones de kilómetros cuadrados que abarcase su frontera y por entonces era mucho más factible que aquel minúsculo conjunto de islas al lado de China fuese colonizado a que se transformase en una potencia colonizadora. Así, y dado que el Imperio Ruso había centrado sus objetivos expansionistas sobre Manchuria, urgía poner algún tipo de coto a sus pretensiones. Por ello, ambos se pusieron a negociar una vez más en 1875 en la ciudad de San Petesburgo, pero en esta ocasión con un carácter marcadamente territorial: la gigantesca Isla de Sajalín queda en manos rusas a cambio de que éstos reconozcan la soberanía de Japón sobre todas y cada una de las Kuriles, estableciéndose la frontera en Shumshu.

Fronteras de las Kuriles

Mapa con los diferentes repartos de las Islas Kuriles entre Japón y Rusia desde 1855 hasta 1945. Fuente: Wikimedia

Todo podría haber quedado ahí, pero las relaciones entre ambos no dejarán de deteriorarse puesto que el Imperio del Sol Naciente había construido en un tiempo récord un ejército de tierra al estilo prusiano y una armada a lo estadounidense/británico con los cuales podía competir en igualdad de condiciones con sus adversarios europeos, por lo que realizará uno de sus movimientos más arriesgados e inesperados como lo era declararle la guerra a la potencia asiática por excelencia en términos históricos: China. Un conflicto que será conocido como la Primera Guerra Sino-Japonesa y que traerá consigo no sólo una humillante derrota para la dinastía Qing sino también una cantidad de cesiones de ésta hacia el Trono del Crisantemo sencillamente inadmisibles para Rusia, como el control de Formosa (actual Taiwán), las Islas Pescadores o la Península de Liaodong. Pero no sólo estas anexiones inquietaban al Kremlin ya que no demasiado relevantes en cuanto a su extensión. Lo verdaderamente preocupante para ellos residía en que, en la práctica, el control de Corea quedaba en manos de los nipones, con lo que el camino hacia Manchuria estaba más que allanado para ellos junto con no pocas rutas comerciales que pasaban a su propiedad exclusiva.

Los rusos tenían que hacer algo y así ocurre. El recientemente coronado zar Nicolás II, aprovechando el incidente antiimperialista acaecido en China y que pasó a la historia como el “Levantamiento de los Bóxers” (en el que estaba basado la película “55 días en Pekín”), hace valer su condición de supuesto garante de la dinastía Qing en el poder y con ese pretexto ocupa Manchuria con sus tropas… y Japón reacciona. En 1902 firma un tratado con el Imperio Británico con la intención de soslayar la posición del enemigo común al noreste de China y dos años más tarde estalla por fin la guerra cuyo desenlace es de sobra conocido. Los japoneses doblegan a los rusos en la llamada “Guerra Ruso-Japonesa”. Pero en el último momento Theodore Roosevelt se entromete y obliga a ambas partes a negociar en Portsmouth, lo que le valdrá un año más tarde uno de los premios Nobel de la Paz más absurdos jamás concedidos a lo largo de los tiempos (era un belicista convencido).

Efectivamente, tanto la Primera Guerra Sino-Japonesa como la que acabamos de mencionar parecen no tener demasiada conexión con el conflicto de las Kuriles, pero en realidad casi todo lo que vendrá después en relación a ellas girará en torno a ambos episodios. Por un lado los nipones sabían que podían haber arrasado con todo, pero que tras toda una exhibición de poderío militar, en último término una potencia occidental había impedido que llegasen a buen puerto sus aspiraciones con la simple voluntad de hacerlo. Pero en realidad el lado verdaderamente dramático estaba en el bando de los Romanov: se habían convertido en los líderes de la primera nación de raza blanca (teóricamente colonizadora) derrotada por un territorio potencialmente colonizable, lo que en la práctica no sólo supondrá una hecatombe para el Imperio sino también el principio del fin de su reinado (y de su vida).

Portsmouth Gio

Instantánea con los representantes rusos y japoneses durante la firma del Tratado de Portsmouth con Theodore Roosevelt en el centro

Queda por lo tanto clara la idea de que los rusos habían visto claramente menguado su poder e influencia por culpa de Japón y que lo ocurrido durante la Primera Guerra Mundial certificará lo que no era sino la crónica de una muerte anunciada de un país grande en cuanto a sus fronteras, pero con un ejército mal estructurado y una economía de carácter evidentemente agrícola que necesitaba una reforma en profundidad que, desafortunadamente no llegará. El Imperio Ruso cae en manos de Lenin y se transforma en la Unión Soviética, que trae consigo un nuevo escenario político que acarreará no sólo uno de los episodios más negros de la historia en cuanto a Derechos Humanos, sino también una política de ajuste de cuentas tanto hacia aquellos que habían intervenido a favor del Zar en la Guerra Civil que se desató tras la Revolución de 1917 (las potencias aliadas, entre las que estaba el Imperio del Sol Naciente que llegó incluso a ocupar Vladivostok en una de sus ofensivas) como especialmente al ente que más los había humillado, la actual Alemania, con su Tratado de Brest-Litovsk que el propio Trotsky se vio obligado a firmar.

Era evidente que más tarde o más temprano los ya denominados soviéticos iban a intentar vengarse, y así ocurrió. Por lo pronto, el poder de los comunistas se había asentado, pero el ya aludido Lenin no tendrá tiempo para disfrutarlo, puesto que muere a comienzos de 1924. Su sucesor al frente del Partido Comunista, Stalin, tiene unas prioridades en principio muy diferentes basadas en consolidar su poder, purgar a sus opositores y establecer una política económica basada en planes quinquenales y en la colectivización de la agricultura. Pero tras estas medidas se escondían intereses más cercanos a lo imperialista que a lo pragmático, puesto que la ya mencionada reforma agraria trajo consigo el conocido como “Holodomor”, o genocidio ucraniano, mediante el cual se quiso aplastar un supuesto movimiento independentista ucraniano a costa de matar intencionadamente de hambre al grueso de su población civil, estuviese o no adscrito a él.

Dentro de esos episodios anteriores a la Segunda Guerra Mundial, Japón no se iba a mantener precisamente al margen. De hecho, más o menos a la par que reconocía a la URRS como ente internacional, tuvieron también que aceptar que el norte de la isla de Sajalín (que había pasado a sus manos tras la Guerra Ruso-Japonesa) fuese ocupada por los soviéticos, pero aquello sería sólo un aperitivo para lo que vendría después, puesto que en 1932 el Imperio del Sol Naciente decide intervenir decisivamente en suelo chino creando el estado-títere de Manchukuo, lo que suponía un verdadero desafío hacia los rusos que habían aspirado históricamente a controlar el lugar.

PropagandaManchukuo

Carteles de propaganda que señalaban la supuesta amistad entre Japón y Manchukuo

Stalin no estaba por la labor de intervenir. Acababa de superar apenas tres años atrás un conflicto en esa misma zona y sus prioridades en aquel momento pasaban por purgar tanto su partido como su propio territorio. Con esas circunstancias, Japón parecía tener vía libre respecto a China, pero pronto las cosas cambiarían de un modo dramático a partir de noviembre de 1936, cuando el Imperio del Sol Naciente firma con la Alemania Nazi el que será conocido como “Pacto Antikomintern” por el que ambos países constituían una alianza para combatir a la Internacional Comunista, a la que posteriormente se unirían países como Italia, Dinamarca o, precisamente, la ya aludida Manchukuo.

Los nipones, se convierten de esa manera en enemigos declarados de la URSS. La también conocida como “Tercera Internacional” había sido fundada por Lenin en Moscú en el año 1919 y buscaba extender la Revolución Marxista-Leninista más allá del único lugar del mundo en el que hasta aquel momento había triunfado. De hecho, los Partidos Comunistas existentes hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial eran claramente dependientes de los líderes bolcheviques, pero estaba por ver hasta dónde llegaría esta nueva alianza y si la misma cristalizaría o no en un conflicto armado de carácter ideológico, lo que parecía factible en relación a los fascistas y a los NAZIs (socialistas de carácter nacionalista, lo que los posicionaba en contra del Socialismo al uso, que negaba el concepto de patria para el proletariado) pero menos probable en relación a los orientales, de un carácter más nacionalista y menos ideologizado. Sin embargo, serán ellos los primeros en atacar.

Durante los siguientes años, los hombres del emperador Hirohito presionarán la frontera oriental rusa con pequeñas escaramuzas militares con la intención de incorporar minúsculas anexiones a su territorio en el continente asiático, destacando en esa dirección incidentes como el del Lago Jasán (suelo manchú) o las batallas de Jaljin Gol (suelo mongol) que, a pesar de las victorias iniciales, se traducirán en fracasos merced a la labor de Zhúkov, por entonces destinado en zonas próximas a Siberia y que adquirirá de esta manera credenciales de cara a hacerse con la dirección militar de la “Gran Guerra Patriótica” que poco después librará contra las huestes de Hitler.

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Imagen de la artillería rusa ubicada en las costas de las Kuriles desde su anexión en 1947 (izquierda) junto con una de las retratadas en la película (derecha)

Los soviéticos habían ganado, pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la fulminante derrota de Francia (que en aquel momento disfrutaba del supuesto mejor ejército de Tierra del Mundo) a manos de la Wehrmacht fuerza a los rusos a actuar. Efectivamente, tenían firmado con los alemanes el pacto Ribbentrop-Mólotov que aseguraba (o eso creían) la frontera occidental mientras ejecutaban sus planes expansionistas sobre Finlandia y los países Bálticos, pero faltaba hacer lo propio en oriente. Así pues, el ya aludido Mólotov y su homólogo japonés, Matsuoka, firman un pacto similar de no agresión por el cual los bolcheviques reconocían Manchukuo mientras el Trono del Crisantemo hacía lo propio con la “República Popular de Mongolia”, otro estado títere creado en este caso por la URRS y cuya existencia se contrarrestará con el nacimiento de Mengjiang, un ente nacional artificial con los mismos objetivos pero obediente hacia los designios de Tokio.

El tema podría haber quedado ahí, pero no fue así. El führer emprende la Operación Barbarroja en la que se decide el sentido de la Guerra, pero Japón se mantiene al margen. Stalin, furioso, quiere vengarse de su antiguo aliado pero permanece un tanto indiferente respecto al Imperio del Sol Naciente que, en primer lugar, se mantiene neutral respecto a él y en segundo lugar, tampoco había mantenido una hostilidad demasiado grave en relación a su persona. No ocurría sin embargo lo mismo con Estados Unidos, que precisamente se había metido en el conflicto para combatir al archipiélago como su gran rival comercial en el Pacífico. Del mismo modo, y como ya dijimos cuando hablamos de las Constituciones Japonesas o de la película Kaze Tachinu, las batallas en el mar habían sido muy beneficiosas para la armada norteamericana, pero la confrontación en el suelo japonés y manchú contra el ejército de tierra prometía ser sangrienta y Estados Unidos no estaba dispuesto a correr el riesgo de que un balance de bajas soportable, como hasta aquel momento había tenido, se tornase trágico. Así, en la Conferencia de Yalta de 1945, con un Franklin D. Roosevelt a punto de morir y con ciertas demostraciones de senectud (y con la desesperación de Churchill al observar aquello) se realizan generosas concesiones a Stalin, aunque se le arranca el compromiso de atacar a Japón con dos condiciones. La primera, que el ataque se produciría 100 días después de la rendición de Alemania. La segunda, que el precio de su intervención era la isla de Saján y la totalidad de las Kuriles.

El Tercer Reich se rinde el 7 de mayo de 1945 y Japón hace lo propio el 15 de agosto de 1945, casi al límite del plazo establecido para evitar la intervención soviética, pero faltaba todavía firmar los términos, por lo que el 1 de septiembre de 1945, un día antes de la firma del acta de Rendición del Japón en la bahía de Tokio (a bordo del Acorazado Missouri), los rusos toman las mencionadas Kuriles a pesar de no tener teóricamente derecho a ello. En principio respetarán a los nativos pero dos años después, en 1947, expulsan a todos los habitantes de origen nipón de las islas. Desde entonces, el Imperio del Sol Naciente ha reivindicado dicho acto como una agresión ilegítima a su integridad territorial dado que, si bien renunció al archipiélago en el Tratado de San Francisco de 1951, considera que Kunashiri, Etorofu, Shikotán y Habomai no pertenecen al mismo y que se encuentran históricamente arraigadas a sus fronteras. Por su parte Rusia, a día de hoy, considera que esas cuatro islas están legítimamente en su poder defendiendo su posición en ellas de una manera simbólica, hasta el punto de que las tropas desplegadas en ella se encuentran en permanente estado de alerta (rayano al de Guerra) y arrestan a toda embarcación que avisten, incluso de un modo dudosamente legal. Pero basta ya de hablar de historia y de política y comencemos a hablar de la historia de este par de infelices que, a buen seguro, no dejará indiferente a ningún enamorado del anime que se precie de serlo.

Un tren galáctico entre Schindler y las luciérnagas

Seamos claros desde un principio. Estamos ante una película extremadamente difícil de analizar y que esconde en cada segundo de su metraje una complejidad mucho mayor de la que un único visionado podría delatar y la razón es simple: funda una buena parte de su capacidad de atracción en evocar la emotividad del espectador que, necesariamente, tiene que empatizar con la causa en la que todo se basa para asentir en relación a todo lo que ve. Pero el problema de todo es el trasfondo ante el que nos encontramos. Se trata de una cura a una herida abierta en el seno de una sociedad conservadora y profundamente nacionalista como la japonesa, cuyos esquemas sociológicos y su moral colectiva chocan frontalmente con el sentir occidental… o tal vez debería decir, que resultan incomprensibles para un europeo por la inercia política de los últimos cien años.

Una manera de explicar lo dicho en el párrafo anterior la encontramos en la propia historia de España cuyo pasado en términos militares fue, en líneas generales, bastante exitoso en los siglos XV, XVI, la primera mitad del XVII, todo el XVIII y la primera década del XIX. Sin embargo, a partir del final de lo que en nuestra historiografía denominamos “Guerra de la Independencia” experimentamos una profunda decadencia que encontrará uno de sus episodios más relevantes en la independencia de la mayor parte de nuestro Imperio de Ultramar, salvando únicamente Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Una debacle que se culminará con lo que la “Generación de Plata” de nuestra literatura llamará “El Desastre del 98”, donde en pleno Imperialismo e inmersos en una vorágine del mismo nacionalismo que por entonces impregnaba la política de los países del Viejo Continente, somos humillantemente derrotados en una auténtica Guerra Relámpago ante Estados Unidos, lo que significó no sólo el fin de las aspiraciones españolas de volver a ser una potencia de primera fila, sino que además se tradujo en el cuestionamiento de la viabilidad de este país como nación.

Banderas Giovanni

Las banderas como alegoría de la nación victoriosa y la derrotada serán una constante en la película

En realidad no fuimos los únicos a los que eso les sucedió. Por ejemplo, Portugal sufrió una situación similar en su “Guerra colonial portuguesa” o “Guerra de Ultramar”, que derivó en una crisis nacional de tal calibre que desembocó en la “Revolución de los Claveles”. Dinamarca padeció lo mismo tras su derrota en la “Guerra de los Ducados” que la convierte en un satélite de Bismarck. Italia experimentó una enorme depresión colectiva tras ser ninguneada por los aliados en la Primera Guerra Mundial mientras, en la Segunda, sus sucesivos fiascos ante el Imperio Británico acabaron por convertirla en un estado títere del III Reich, la “República Social Italiana”. Por supuesto, no todas tenían el mismo trasfondo pero en la práctica el problema era el mismo. Naciones que después de un conflicto armado habían fracasado definitivamente en la escena internacional y, para colmo, el balance de muertos que por añadidura se añadía al fracaso era terrible y gran parte de ellos pertenecían a la “Clase Baja”. Un conjunto de dramas que desembocaron en que en el interior de sus fronteras elementos como el patriotismo empezasen a ser mal visto al considerar que éste conducía inexorablemente a guerras que acababan en hecatombes.

El caso de Japón difiere mucho de esas realidades. Perdieron la Segunda Guerra Mundial, pero en la práctica su solvencia como país es incuestionable merced a su éxito económico y su derrota encuentra una explicación en factores externos ajenos a ellos. Por ello es por lo que para los nipones resulta tan sangrante el hablar de un episodio tan negro de su historia como aquél de cara a su humillación como nación. De ahí que para un nipón pueda ser especialmente llamativo observar cómo en un contexto de dos aulas contiguas llenas de niños, que simultáneamente se ponen a cantar una canción infantil de carácter popular, la que entonan unos termine por imponerse a la de los otros, con la diferencia de que la ganadora era nada menos que Kalinka, mientras que la perdedora, cómo no, era japonesa, la no tan conocida ni universal Aka-tonbo (Libélula roja). O incluso cómo el alfabeto cirílico en versión rusa, sustituye progresivamente al suyo.

Campo de Concentración Giovanni

El film irá poco a poco narrando el descenso a los infiernos protagonizado por la familia Senou, que encontrará su punto álgido en la escena del reencuentro en la valla de espino de un campo de concentración

Evidentemente, todo lo anterior nos lleva a una primera conclusión: la de que ningún occidental puede comprender toda la trascendencia y emotividad que se esconde detrás de todo el entramado audiovisual del que seremos testigos. Por ello, la siguiente pregunta a resolver es si con semejante handicap a sus espaldas, la obra en términos globales puede salvarse. No en vano muchas otras producciones a lo largo de la historia del cine han narrado acontecimientos similares y no sólo han salido indemnes, sino que incluso son consideradas universalmente como obras maestras del Séptimo Arte. Es ahí donde nos encontramos con la parte más interesante a tratar.

Como ya hemos dicho con anterioridad, prácticamente la totalidad de su metraje intentará evocar nuestra emotividad con dos niños como protagonistas y ello es peligroso. No en vano, hemos de recordar que La Tumba de las Luciérnagas partía de la misma base y de un idéntico contexto histórico y el resultado se traducía en una insoportable colección de torturas hacia los pequeños que logró el aplauso fácil de los críticos de su tiempo, pero que a mí en lo personal me produjo sarpullidos debido a motivos que evitaré repetir. Pero en este punto es donde encontramos el que a mi juicio es posiblemente el aspecto más elogiable de la cinta.

PPSh-41 Giovanni

Las escenas gozarán de un gran realismo histórico. En la imagen, un soldado ruso apunta con un subfusil PPSh-41 con cargador de estuche curvado de 35 cartuchos

Tal y como ocurriese en el largometraje más evocado de Takahata, el argumento gira en torno al descenso a los infiernos de una pareja de hermanos que en esta ocasión serán dos niños en vez de una pareja, pero aquí el lado melodramático pasará a un plano más secundario. Naturalmente, el mayor jugará el rol del infante obligado a crecer deprisa que cuidará de su hermano, pero éstos en ningún momento se encontrarán en una situación de desamparo (entendido de acuerdo a la producción de Ghibli) a pesar de todas las situaciones de las que seremos testigos. Si se prefiere, su entorno no procederá a ignorar lo que ocurre con ellos y le prestará su ayuda. Pero, ¿qué sucede exactamente con el conjunto de seres humanos que conforman dicho entorno?

La complejidad que encierra Giovanni no Shima reside precisamente en este segundo aspecto. No sólo es la historia de un par de impúberes sino que también es la narración del fin de un mundo y de un pueblo que, en no pocas ocasiones, nos evocará a “La Lista de Schindler” de Spielberg. De ella se dijo cuando fue estrenada que en realidad no tenía protagonistas sino que los nombres de éstos se diluían en torno al conjunto de la etnia a la que pertenecían y que fue aniquilada casi en su totalidad por el ejército NAZI durante la ocupación de Polonia. Así, en realidad, la trama de aquella película narraba una cronología del Holocausto de un modo que resultase comprensible para el espectador: Primero el III Reich barre del mapa al ejército polaco y, al tomar el control de la parte que habían pactado con Stalin, se encuentran con que buena parte de la población del país es de origen judío. Acto seguido les expropia fulminantemente sus viviendas y los traslada a Ghettos marginales sin las condiciones mínimas de higiene y salubridad. Más tarde los envía a campos de trabajos forzados donde corrían el peligro de ser ejecutados sumariamente. Para terminar, y con la guerra casi perdida, se dispone a exterminarlos colectivamente en la llamada “Solución Final”. Todo ello, mientras la fábrica de esmaltados del empresario checo se convierte en un refugio para los pocos afortunados que trabajan para él.

Campanella y Setsuko

Campanella a la izquierda y Setsuko a la derecha, que cada cual saque sus propias conclusiones

En el caso que nos ocupa, no estamos hablando de un genocidio como en el anterior, pero sí de un problema más o menos similar en cuanto al drama del éxodo de una población civil después de que su país perdiese la contienda que libraba. Aquí seremos testigos de cómo los rusos toman la isla al asalto sin que nadie entienda muy bien el motivo. Inmediatamente, éstos se harán con el control de las instituciones locales y segregarán a sus nativos convirtiéndolos en ciudadanos de segunda. Poco después, les privan de su identidad nacional a la par que les expropian sus propiedades más valiosas haciendo que tengan que refugiarse en establos mientras sobreviven a base de comer inmundicia. Tras la degradación, convierten a sus líderes civiles y militares en prisioneros. Finalmente, los japoneses son expulsados y llevados a campos de trabajos forzados de los que muchos no regresarán.

No es difícil comprender, ante lo dicho en el párrafo anterior, que ambas apuestas comparten no sólo un uso muy similar de los tiempos, sino también una misma filosofía: transmitir al espectador la idea del “¿Cómo piensan las víctimas de todo ello?” y hacer que lo comprenda dándole una respuesta cruda y sin ningún tipo de filtros que difuminen la realidad. En el largometraje en blanco y negro la pretensión era presentarnos de forma coral a algunos personajes que sobrevivían pero que, mientras interactuaban entre ellos, eran testigos de las brutalidades de las SS, algunos de cuyos crímenes casi salpicaban con su sangre el rostro de aquél que estuviese frente al televisor. Pero la idea del ya mencionado Spielberg iba más allá. Los muertos debían tener rostro, nombre e historia para hacer patente la injusticia de su asesinato. La táctica de Mizuho Nishikubo en esa dirección es algo más conservadora.

Lápiz Giovanni 01Lápiz Giovanni 02

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Cuatro de los escenarios de la película en los que se aprecia el uso del lápiz (clic para ampliar)

Giovanni y su entorno sufrirán también situaciones análogas, pero el impacto que tendrán las mismas será mucho mayor. Un buen ejemplo de ello lo encontramos en que ni siquiera encontrándose recluido en un campo de prisioneros, el pequeño evita las gesticulaciones en tono a medio camino entre lo histriónico y lo cómico, en un claro guiño a la “estética Shin Chan, que serán incluso capaces de arrancarnos una sonrisa. Asimismo, efectivamente existirán ejecuciones, pero éstas jamás se mostrarán de un modo explícito, por lo que muchas veces la cámara apuntará a otro lado y nos limitaremos a escuchar el sonido de un subfusil u observaremos la mera evocación de la muerte en clave de despedida, especialmente visible en la última escena del abuelo del clan.

Estamos pues ante una narración audiovisual un tanto atípica en su género. Evidentemente pretende representar lo que sin duda sigue siendo uno de los episodios más tristes para los nipones, pero, al contrario de lo que suele ocurrir en producciones análogas de las perpetradas en Europa, existe algo a lo largo de toda la obra que inspira una enorme sensación de satisfacción al terminar de verla como es su nulo afán por el revanchismo. Los rusos entran ilegítimamente en territorio japonés, maltratan e incluso asesinan a sus nativos y finalmente los expulsan de su tierra. Pero en ningún momento se aprecia la idea de venganza que tanto ha caracterizado al cine occidental en general y al español en particular al enfocar estos temas, lo que sin duda constituye un ejemplo a seguir a la hora de narrar la temática bélica.

Muerte Giovanni

La muerte de Genzo Senou es probablemente una de las más poéticas de la historia del anime

Si se prefiere, hablamos pura y simplemente de cine duro y comprometido, pero muy alejado de la interpretación torticera que se le ha dado a esas dos palabras en España. Es más, el simbolismo que se puede apreciar en el triángulo formado por Kanta, Junpei y Tania expresa un mensaje muy diferente al que se nos tiene acostumbrados por estas tierras debido a lo que acabo de decir. Son simple y llanamente tres niños sin más intención que la de ser… tres simples niños que se ven inmersos en una vorágine de locura merced a avatares políticos que están muy lejos de su control y que mantienen una relación completamente normal hasta que la propia realidad de su tiempo los aleja para siempre. Algo en torno a lo cual conviene recordar un detalle señalado cuando hablamos de la producción: se convierten en amigos a pesar de hablar idiomas diferentes, lo que da pie a no pocas alegorías en favor de la tolerancia, la integración y el respeto mutuo entre dos mundos enfrentados incluso en la más penosa de las situaciones imaginables.

Resulta al respecto muy llamativo el hecho de que la interacción entre ellos es tal que incluso Giovanni llega a sentir amor por una niña cuyo padre, al entrar en su isla al mando de las tropas rusas, fue capaz de hacer que se orinase de terror. Aunque la gran pregunta es si ese sentimiento se mantuvo o no de manera platónica durante más de medio siglo a pesar de la diáspora que rompe con su relación y de que ambos terminan por desarrollar vidas paralelas… que volverán a converger con un más que llamativo baile entre un Junpei anciano y una Tania reencarnada en su nieta que firman de un modo simbólico la paz entre ambas potencias a modo de sutil reconciliación.

Claroscuros Giovanni

El uso de claroscuros servirá para enfatizar la carga dramática de alguno de los momentos más tristes de la película

Nótese al respecto, que hasta el momento sólo he mencionado una vez el nombre de Mizuho Nishikubo, pero ello se debe a que sólo ahora me encuentro capacitado para expresar el alcance de todo lo que quería transmitir puesto que nos encontramos ante un caso insólito. Su filmografía hasta este título había sido una exhibición de mediocridades. Sin embargo, estamos ante una creación tan por encima de sus predecesoras en su curriculum que hasta pudiera parecer que se trata de una ensoñación, pero no es así. Al contrario de lo ocurrido con buena parte de sus colegas japoneses, estamos ante un verdadero genio de eclosión tardía, pero de increíbles resultados prácticos que se han materializado en la que es, posiblemente, la mejor obra de 2014 en lo que a estas lides se refiere.

Su trabajo en materia de animación sólo puede definirse como soberbio. Inicialmente pudiera parecer que los diseños y los escenarios son simplones, pero pronto nos percataremos de que estamos ante una auténtica ilusión. El dominio del realizador en la composición de los planos y el acabado a lápiz que les otorga a algunas de las estampas naturales roza la perfección. Todo un mérito si tenemos en cuenta que estamos ante un guión original que no encuentra un manga en el que basarse. No obstante, no puede decirse lo mismo del uso de las CGs, algo tosco para proceder de un estudio de la talla de Production I.G. y un tanto forzado en la consecución final de las escenas que las utilizan como, por ejemplo, la del principio en la que dos de los supervivientes que viven esta historia vuelven a la isla de Shikotan.

CGGiovanni

Las CGs utilizadas serán algo toscas y empobrecerán en líneas generales el resultado final

El otro gran punto flaco de la cinta es su OST. Si bien la selección de temas folk puede considerarse realmente satisfactoria, el resto de composiciones pasarán sin pena ni gloria ante nuestros oídos con la única salvedad de la canción del final, obra de Sada Masashi. Lo que en cierta medida desmerece el apartado global. Pero ante cada error existe siempre un contrapunto que nos hará olvidar todo lo aparentemente censurable, bien sea por el lirismo general que se respira en el ambiente, bien por la enorme calidad de sus diálogos, posiblemente de los pocos verdaderamente salvables que hemos podido disfrutar o padecer en la presente década.

Por último, no puedo acabar sin aludir a las continuas referencias al escritor infantil Kenji Miyazawa y su “Tren Nocturno de la Vía Láctea”. Desafortunadamente, no me encuentro capacitado para hablar de literatura japonesa, pero no cabe ninguna duda de que la inclusión de esta obra implica diversos visionados para comprenderla adecuadamente y desentrañar su misterio sería arruinar la que es sin lugar a dudas una de las sorpresas más conmovedoras que a día de hoy pueden sorprender a otaku alguno puesto que no sólo representa un símbolo más del choque intercultural del que seremos testigos, sino que es tal vez una de las metáforas de la vida y de la muerte más hermosas que alguna vez han llegado a conmover mi corazón y cuya enjundia no puedo desvelar sin destrozar un final que, evidentemente, no quiero arruinar. Pero creo que va siendo hora de terminar.

Conclusiones

Tras una etapa un tanto aciaga en lo que a títulos de calidad se refiere, no puedo evitar mostrarme contento por lo contenido en esta cuanto menos atípica cinta de animación. Estamos ante el retrato de una tragedia nacional para Japón en la que un Imperio que aspiraba a dominar el sudeste asiático se ve no sólo barrido del mapa por la fuerza del ejército norteamericano, sino que además observa impotente cómo parte de su suelo ha sido objeto de división por parte de las potencias extranjeras. Un pacto entre terceros ante el cual no tiene más remedio que ceder sin siquiera poder defenderse pero que encuentra desde el primer momento una clara víctima, como lo es la población civil, que se verá representada en la figura de dos niños.

A partir de ahí, resulta sencillo de entender que nos encontramos ante una obra con claras evocaciones a la emotividad para el espectador, aunque éste, debido a la enorme cantidad de elementos propios del nacionalismo nipón que encontramos en su metraje, dudosamente podrá comprender el complejo juego de metáforas y ardides que encierran sus escenas y situaciones. Todas ellas requerirán de al menos un segundo visionado para entender la trascendencia de todo lo vivido por este particular universo que se desmorona ante nuestros ojos y que conducirá a más de una vida a la ruina o la muerte.

Pero ello no debe llevarnos a pensar que estamos ante una obra revanchista sino más bien ante el relato de una tragedia; una sucesión de acontecimientos que marcarán de por vida a todos aquellos que los sufrieron y que acaban con una sutil reconciliación entre un ya anciano Giovanni y los descendientes de Tania, que con una danza ruso-japonesa sellarán pondrán fin a un largo y dramático curso que abarcará nada menos que 56 años. Una obra, en resumen, compleja, que sin estar a la altura de los grandes colosos del anime, puede considerarse como una de las mejores creaciones de la presente década y que no debe faltar en colección alguna que se precie de serlo… pero que debe prescindir del doblaje al castellano si se quiere disfrutar en todo su esplendor.

GiovanniFin


NOTA: 8

12 comentarios el “La Isla de Giovanni. Una muerte a la sombra de las Kuriles

  1. De las películas más bonitas del año. Yo también la acabo de comprar y no me arrepiento de ello. Te hice caso y la vi con el doblaje en japonés. Después la puse en español y el doblaje era muy malo. No entiendo tampoco lo de Tania. Hubiese sido mejor que le dejasen sus diálogos con la voz original y subtítulos en español.

  2. Me ha encantado. Es una peli preciosa y yo sin conocerla ajaja. Me ha recordado mucho a la tumba de las luciernagas y cuando la acabe entendi lo de esa imagen que pones. Pero esta no me hizo llorar tanto. Aun asi recomendabilisima. Gracias por reseñarla.

  3. Aun no pude leerme con tranquilidad tu reseña, pero con tiempo lo haré x_x

    También me gustó muchísimo la película y me sorprendió gratamente porque no me esperaba demasiado de ella.

    Nunca me olvidaré de la bella escena en que los niños se conectan a través del tren de juguete, fue hermosa.

    • Pues tienes toda la razón. Me olvidé completamente de hacerme eco de ella en la review. Error imperdonable por mi parte. Y sobre lo de que no te ha dado tiempo a leértela, no te preocupes. Sé perfectamente que cuando escribo, termino por redactar “testamentos” (es una forma de hablar española con la que queremos decir que hemos escrito algo terriblemente largo) y que muchas veces leerlo exige su tiempo. No te preocupes por ello. Por cierto, sigo teniendo muy presente tu recomendación sobre “Ping Pong: The animation”. A ver si para el verano ya le puedo echar un vistazo :3.

      Un saludo.

      • Oh bueno, espero que Ping pong sea de tu agrado. En general es una serie con buenas criticas por parte de la minoría del público que busca algo un poco distinto a las series promedio pero para gustos colores y uno nunca sabe.

        Un saludo! ^^

  4. Esta no la he visto pero la tengo anotada, es una lástima que no se le haya hecho más publicidad, kaguya se robó toda la atención solo por ser de Ghibli. Por cierto que me gustaría saber ¿cuáles son tus impresiones sobre La Princesa Kaguya?

      • Estaré a la espera, sé que valdrá la pena lo que tengas que decir, especialmente porque no te gustó la de las luciérnagas. Veremos si Kaguya te pareció mejor.

        Saludos.

  5. Hola, Javi, aquí estoy después de un largo tiempo 🙂 La verdad es que no conocía esta película, pero sin duda, con tu análisis, me has dado ganas de verla. Me gustan estos films en los cuales podemos aprender más de historia. Siempre termino aprendiendo algo al leer tu blog 😀 Así que, me la anoto para verla cuando esté un poco más libre.
    Besos.

Adelante, siéntete libre para incordiar :3

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