Nippon Animation, el anime con sabor a clásico juvenil como contrapeso a Toei

Nippon Animation

No podía faltar. De verdad que casi acabo tarumba para terminarla y tenerla publicada hoy y de hecho el pasado lunes estaba que no quería ya ni mirar al ordenador. Es verdad que no es de lo más extenso que he escrito, pero el hacerlo en unos momentos con tanta carga de trabajo como éstos es algo agotador y que te quema. Y precisamente por ello no está demasiado bien redactado ni tampoco he tenido el suficiente tiempo para corregir ciertas erratas. Pero, en serio, es que no podía más y en algún momento casi se me desploma la cabeza sobre el teclado y más de una de las líneas que veis por aquí han sido escritas a las tantas de la mañana (pero madrugada en el sentido más estricto de la palabra madrugada hasta el extremo que esto lo estoy publicando casi a las 4:00 AM).

Para colmo tampoco tengo mucho que celebrar. Mi equipo va y larga a Ancelotti, dejando en la portería al tío que nos quitó a Mourinho, casi nos cuesta la Champions del año pasado y que es el culpable directo de que esta temporada haya sido tan blanca en cuanto a títulos como nuestra camiseta. Por no hablar de alguna que otra calamidad que ha ocurrido estos días ante la cual más de uno, incluido un servidor, se ha quedado cruzado de brazos ante lo que sabíamos de sobra que iba a suceder. Aunque bueno, siempre nos queda el consuelo de que al menos en Basket hemos logrado nuestra Novena Euroleague, que llevaba años resistiéndose a entrar en nuestras vitrinas.

En fin, como siempre todos los años, por motivos que no vienen al caso (¿verdad que no?) siempre publico precisamente este día y no otro (ya es casualidad) una review relacionada conmigo sobre algún tema “friki” de los que han marcado mi vida y así en 2010 me dio por analizar Monster, en 2011 salí por la tangente con Ranma ½, en 2012 en vez de hacer lo propio con un anime lo hice con un videojuego como lo era Final Fantasy VI, en 2013 cumplí de una vez mi promesa de escribir un reportaje sobre Touch y en 2014 la elegida fue Macross. En 2015 pensé en hacerlo también sobre una serie importante, pero dado que ya el pasado verano redacté una entrada sobre Toei, pensé en hacer ahora algo similar con su principal rival, aunque lógicamente sin tanta enjundia como entonces dado que éste no tiene tanto peso. Veremos si la cosa no queda del todo mal.

Introducción

Sinceramente, nunca he sabido demasiado bien cuál fue el primer anime que vi. Siempre digo que fue Candy Candy, aunque las mismas veces añado que tengo mis serias dudas al respecto, y ellas vienen, en parte, cuando Internet se convirtió en algo nuevo que nos permitía acceder a todo el porno imaginable el saber humano a golpe de clic, lo que permitía no sólo una interminable multitud de descargas de todo tipo y condición, sino también una búsqueda sobre nuestros iconos de la infancia que derivaba en conclusiones sorprendentes, siendo la más curiosa de todas ellas el que series de “Dibujos Animados” que siempre pensamos que eran europeas y especialmente españolas, resultaba que eran japonesas.

En algunas resultaba bastante evidente, pero con otras no tanto como más adelante aclararé y entre ellas destacaba la que comúnmente conocíamos en España como “La abeja Maya”, aunque no fue ni mucho menos la única. Pero lo más sorprendente del caso es que cuando en los noventa llega a nuestro país de un modo claro y diáfano el fenómeno manga, y psicólogos y periodistas se cebaban con él acusándolo, entre otras cosas, de fomentar la violencia, no eran pocas las alocuciones en las que terminaban invocando a “Heidi” y a “Marco” (y más concretamente a este último) como contraejemplo de todo lo procedente de Japón, dando a entender que éstos ni siquiera tenían origen asiático (pese a que en el primer caso era sencillamente descarado).

Con ello quiero decir lo evidente. Existían ya por entonces al menos dos generaciones de otakus que habían crecido sin saber que lo eran y que en algunos casos, y sin querer o saber, participaron en una disputa muy encendida por la época entre dos maneras de entender la animación como era la que buscaba la comercialidad, Toei, y la que supuestamente apostaba por ciertos estándares de calidad y que durante cerca de 20 años introdujo prácticamente todos sus productos en los mercados europeos, convirtiéndose a la larga en una de las marcas más reconocibles fuera de los límites del Imperio del Sol Naciente. Se trataba nada más y nada menos que de Nippon Animation, aunque tardaría mucho tiempo en ser denominado así.

Un comienzo enmarcado en el seno de un teatro de Domingo

Intentemos olvidarnos de todo lo que sabemos en relación al anime y retrocedamos hasta los años 60 del siglo XX. Un momento en el que todavía el género no se encontraba demasiado definido y en el que la televisión del archipiélago oriental todavía estaba estructurándose. Más o menos durante aquella época, el canal Fuji TV decide habilitar para una hora muerta de las tardes de los Domingos un espacio que iba a llevar por nombre el de “Theater” y que en realidad no era más que una mala excusa para promocionar la marca de refrescos Calpis a modo de patrocinador. Pero dicho programa necesitaba un contenido y ése se iba a llenar a base de series de animación. Y el elegido para tal tarea fue nada más y nada menos que Tezuka.

El enfoque que había que darle a esta emisión debía centrarse en los niños y, aprovechando que unos meses antes terminó de dibujar su manga Dororo en la Weekly Shounen Sunday y que el protagonista de éste era un muchacho, decidió que la adaptación del mismo debía ser el anime que estrenase el formato, lo que en teoría era además sencillo. El grueso del cómic apenas alcanzaba los cuatro tomos y la extensión de su capitulario llegó a los 26 episodios, lo que evidentemente se tradujo en un éxito que, si bien no fue de los más boyantes de su trayectoria, dejó una huella en la cultura popular que homenajearon años más tarde videojuegos como Blood Will Tell de SEGA para la PS2 en el que se hizo una amplia labor de rediseño, a pesar de que se buscó un subterfugio argumental para hacer que los primeros compases del mismo se jugasen en Blanco y Negro.

DororoPS2

Dororo inauguró el que posteriormente sería conocido como World Masterpiece Theater y su influencia sería posteriormente homenajeada con videojuegos como Blood Will Tell

Con este pequeño triunfo por delante, que garantizaba una cierta viabilidad, el canal repitió la jugada aunque no de un modo similar. Si en su primera incursión, el estudio elegido para llevarla a la práctica fue Mushi (por motivos evidentes ya que era de los pocos que podían mirarle a los ojos a Toei), en esta ocasión la responsabilidad recaería sobre Tokyo Movie Shinsha, que pondría al frente del proyecto al director Masaaki Osumi (uno de los impulsores del fenómeno Lupin III) que finalmente se llamaría “Moomin” y cuya relevancia en la historia del género es lo suficientemente importante como ser imposible reseñarla dignamente en un artículo de estas características.

Por dar una simple pincelada, que ilustre el calado de lo que tenemos por delante, al frente del guión estuvo implicado Hisashi Inoue, que a pesar de ser un completo desconocido por estos lares disfrutaba de una gran popularidad en Japón dentro del ámbito de la literatura infantil. De hecho, protagonizó una de las primeras grandes discusiones de culto del tipo de entretenimiento que nos ocupa, puesto que estaba basado en la obra de la escritora nórdica Tove Jansson, que se sintió particularmente molesta por algunos de los cambios que tuvieron lugar en su paso a la pequeña pantalla, por asuntos especialmente vinculados con los diseños, y la sangre llegó al río.

MoominNippon

Moomin es, debido a sus diseños, el formato más recordado de esta época especialmente por su remake

El diseño se infantilizó generosamente respecto a la concepción original de aquel universo y la disputa con la escritora llegó hasta tales extremos por esa decisión que para seguir con la serie hubo que volver al planteamiento de Dodoro, o lo que es lo mismo, volver a Mushi y su estética más adulta. Pero para acometer el encargo el elegido no sería el ya por entonces gran gurú del manganime, que finalizó la primera obra señalada, sino su discípulo más aventajado, Rintaro, que continuó desde el episodio 27 hasta el 65, lo que suponía casi triplicar la extensión de la obra anterior. Aunque la sensación global que dejó en la audiencia fue agridulce.

Tal vez por ello, unos meses más tarde el tándem Fuji TV-Mushi decidió que dicha serie merecía una secuela y así se hizo, emitiéndose durante todo 1972 un remake de dicha apuesta llamado “New Moomin”, de 52 capítulos con una considerable mejora en lo que a animación se refiere y que se convertiría a la postre en el referente de dicha producción a la hora de reseñarla y que suele confundirse con la primera. Aunque lo importante no es en realidad este éxito, sino el hecho de que el formato parecía tener éxito e iba a prolongarse en el tiempo, a pesar de que entre medias había introducido series de perfil bajo como Andersen Monogatari en 1971 o Yama Nezumi Rokkī Chakku (“Las fábulas del Bosque Verde”) en 1973. Sin embargo, y pese a la escasísima calidad de esta última, habrá algo en ella que hará que pase a la historia: que suponía la ruptura de la Unión Temporal de Empresas entre Fuji TV y el estudio de Tezuka, dejando paso a una nueva empresa de un nombre un tanto difuso y que parecía corresponder a Zuiyo Eizo. Lo que pocos se imaginaban es que con ella llegaría el escándalo, aunque éste se inició de la manera más repipi imaginable.

Un cursilón fenómeno montañero llamado “Heidi

Muy pocas son las veces que se habla en Internet de este anime sin incitar rápidamente a las bromas crueles y a los comentarios jocosos. Es cierto. Con la mano en el pecho, son muy escasas las producciones que, a lo largo de la historia, hayan adolecido del nivel de ridiculez de ésta y hayan dado pie a tanta sorna a costa de sus escenas cursis y su multitud de inconsistencias. Pero por encima de todo, existe un hecho objetivo y demostrable y es el de que estamos ante uno de los mayores éxitos televisivos de la historia de la animación en general y de la japonesa en particular, siendo todo un fenómeno en su país de origen así como la primera producción de estas características de la que se puede decir, sin ánimo de faltar a la verdad, que no sólo consiguió llegar hasta Europa sino además arrasar con todo.

La obra se estrenó en el Imperio del Sol Naciente el 6 de enero de 1974 en Fuji TV y se mantuvo la friolera de 52 semanas en emisión hasta el 29 de diciembre del mismo año, lo que suponía toda una proeza en aquel tiempo, lo que naturalmente repercutió en su director… un tal Isao Takahata. De hecho, muy pocos eran los que realmente conocían su nombre por aquellos años. Poco antes apenas se había dado a conocer mediante películas de poco lustre como Taiyou no Ōji Horusu no Daibōken (también conocida como “The Great Adventure of Horus, Prince of the Sun” en el mercado norteamericano o “Hols” a secas en el europeo), los dos cortos de Panda! Go, Panda! y alguna participación de escasa entidad en productos para la pequeña pantalla como GeGeGe no Kitarou.

Si se prefiere, a pesar de sus coqueteos con diferentes estudios como TMS, lo cierto es que su nombre había estado siempre indefectiblemente unido al de Toei que, como ya dijimos en su momento, fue el santo y seña del género que nos ocupa durante todo el siglo XX, a mucha distancia del resto de sus competidores. Sin embargo, esta propuesta del por entonces joven realizador suponía todo un hito en este terreno que hizo que a la “todopoderosa” factoría nipona le saliese un competidor capaz no sólo de mirarle frente a frente en su mercado nativo, sino incluso lanzarse a la conquista de otros sacándole varios cuerpos de ventaja.

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A la izquierda, un sello oficial suizo con una foto de Heidi. A la derecha, portada del DVD de la serie original con la marca Zuiyo

La idea era simple. Heidi era un clásico de la literatura juvenil de los muchos que se solían incluir en las colecciones de este género comercializadas alrededor del mundo, hasta el punto de haber vendido más de 50 millones de unidades en todo el planeta, lo que hacía de su nombre todo un filón comercial que garantizase un cierto éxito de la adaptación. Del mismo modo, había sido objeto de una versión cinematográfica de increíble éxito protagonizada en 1937 por la por entonces popularísima Shirley Temple (en la que estaba basada el personaje de Vicky Valentine que aparecía en el episodio de los Simpsons “Last Tap Dance in Springfield”) cuya fama trascendería hasta medio siglo después de estrenarse, hasta el punto de intentar revalidar su éxito hasta en seis ocasiones diferentes, aunque con una suerte más que discutible.

Era evidente que un lavado de cara en un formato completamente nuevo podía funcionar tras el agotamiento de las producciones “realistas” que claramente ya no funcionaban. Para colmo su autora, Johanna Spyri, había fallecido en 1901, lo que significaba que toda su obra había quedado libre de la protección por derechos de autor, no siendo necesario pagar compensación alguna a sus descendientes por adaptarla, por lo que todo apuntaba en una buena dirección para realizarla con la obtención de unos más que rentables réditos económicos. Y así ocurrió, aunque todavía quedaba un pequeño fleco por resolver.

Resultaba que la obra original estaba compuesta en realidad por dos partes. “Heidi” y “Otra vez Heidi”, a pesar de lo cual la enternecedora historia de esta niña huérfana se editaba normalmente en un solo tomo. No obstante, la historia de éste tampoco daba para demasiado: en esencia la adaptación de la pequeña de 5 años al entorno de la casa en medio de los Alpes suizos en la que su abuelo se hallaba aislado del mundo y su posterior marcha forzada a Fráncfort del Meno, para hacer de niña de compañía a la hija discapacitada de un todopoderoso empresario germano que vivía recluida en uno de los edificios más opulentos de la ciudad. Algo que apenas daría para una decena de episodios.

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Detalles como la luz colándose entre las hojas de los abetos se convirtieron en uno de los más representativos detalles de calidad de la animación de la serie

La idea de Takahata fue en ese sentido simple, pero profundamente innovadora. Su serie sólo respetaría los pilares básicos del guión original. En esencia Dette, (la hermana de su madre), la deja con su abuelo para emigrar al II Reich aprovechando su origen germanoparlante. Éste, un hombre huraño y agresivo acepta de mala gana el encargo aunque finalmente cuida de ella. Sorprendentemente, su adaptación a ese entorno resulta envidiable e incluso llega a entablar una fuerte amistad con el cabrero local, Peter, al que acompaña todos los días en su trabajo. Sin embargo, unos años más tarde, su tía vuelve y, pensando supuestamente en un futuro mejor para ella, se la lleva engañada a la ciudad donde trabaja de criada para acompañar a Clara Sesemann. No obstante, Heidi sufrirá de una profunda depresión y terminarán por devolverla a su hogar. Ahí terminarán todas las similitudes con el original.

El formato concebido consistía en el que coloquialmente se conoce como el de “una aventura por episodio”. Así, todo se presentaba como una suerte de representación teatral. Los personajes principales y el escenario se mantenían, pero no la trama que éstos vivían, permaneciendo ésta totalmente al margen de los deseos de su autora primigenia, pudiéndose incluso considerar como un guión totalmente independiente y al margen de los deseos de ésta, introduciendo pequeñas aventuras no aparecidas en los libros primigenios, lo que alargaba artificialmente (y de qué modo) la extensión original del relato. En otras palabras, Takahata acababa de popularizar el comúnmente denominado a día de hoy como “relleno”, pero todavía era demasiado pronto como para que el público tuviese una reacción hostil hacia esta práctica.

Lo cierto es que, en términos generales, la producción era posiblemente la obra más poderosa en términos técnicos creada hasta la fecha. No sólo se habían concebido escenas sorprendentes en cuanto a la calidad de su composición y a la recreación de los efectos de luces (especialmente los relacionados con los atardeceres o las hojas de los abetos) sino también por la particular simbiosis de Heidi en compañía del entorno animal que la rodeaba y que iba mucho más allá de las coreografías y diálogos con seres antropomórficos recogidos en las películas de Disney, en las cuales podíamos observar a rebaños “bailando”, dando saltos o participando en los estados de ánimo de los protagonistas de esta historia, corriendo, consolando o incluso abrazándose a ellos.

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Una escena con el perro bautizado en España como “Niebla” efectuando saltos extraños

A esta forma de retratar las situaciones, un tanto chocante desde nuestro punto de vista, se le unió un elemento relativamente nuevo como era el doblaje. No cabe ninguna duda de que a finales del siglo XX el anime tenía creado y perfectamente articulado un cúmulo de vocablos y estructuras semánticas que habían evolucionado hasta el punto de constituir todo un lenguaje propio que diferenciaba claramente al anime de cualquier otro tipo de animación producida a nivel mundial. Términos como senpai o expresiones como Wakarimasen o Ganbatte ne! iban mucho más allá del coloquialismo de ciertos diálogos para convertirse en auténticas banderas de esta particular forma de entretenimiento audiovisual. Pero a mediados de los setenta, era demasiado pronto para llegar a esas conclusiones.

Heidi fue en ese sentido una de las precursoras de esta manera de entender los relatos, por lo que creó un forma muy concreta para referirse a su abuelo, que fue bautizado como “Alm-Onji” como apodo para referirse recurrentemente a él en su versión original. Sin embargo, el tema se les escapó de las manos cuando el anime traspasó fronteras y hubo que someterlo a un doblaje en idiomas del tronco latino que nada se asemejaban al japonés, por lo que la polémica estaba servida ante cualquier solución a adoptar. Finalmente en España se optó por hacer una traducción un tanto forzada de dicho mote y lo transformaron en “El Viejo de los Alpes”, pero para colmo existía un segundo problema.

En la novela original al parecer no se especificaba su nombre de pila ni su apellido, lo que provocó que en la adaptación de 1937 se le pusiese el nombre de “Adolph Kramer”. Sin embargo, la versión animada sólo se hacía eco del apodo ya aludido, por lo que cuando éste tuvo que presentarse ante los miembros de la familia Sesemann… se le volvió a cambiar de nombre, adjudicándole en esta ocasión la identidad de “Tobías Hessen” con el que será conocido en el futuro cada vez que se escribiese una reseña de la serie para la pequeña pantalla. Aunque en relación al doblaje todavía quedaban dos problemas por solucionar.

Heidi Clara A buen entendedor

Muchas de las escenas de Heidi dieron lugar en el futuro a toda clase de comentarios jocosos por los dobles sentidos de algunos de sus planos

El primero de ellos tuvo que ver con algo que incluso entonces se consideraba extraño. Un artificio llamado “Opening” con el que, de un modo similar al de las oberturas de las óperas, se exhibía una pequeña animación de poco más de un minuto de duración acompañada de una canción pegadiza que hacía las veces de gancho con el espectador. En el caso de esta serie, la composición que cumplía esta función era “Oshiete” pero el desconocimiento de la clase de formato que tenían entre manos hizo que la transformasen en una ocurrencia llamada “Abuelito dime tú” que pretendía darle sentido a la secuencia de imágenes que se podían apreciar… que se convirtió en una parte indispensable del repertorio que debía acompañar a toda borrachera que se preciase de serlo junto con “El Torito” de El Fary. Algo que en sí mismo puede servir para demostrar los esperpénticos resultados cosechados (máxime cuando el Ending se mantuvo en su versión original).

Pero si por algo es recordada esta producción en nuestro país es por el segundo problema, puesto que Heidi fue también uno de los primeros grandes fenómenos que popularizaron algo que se dio en llamar los “Seiyuu” con todo lo que ello implicaba, como por ejemplo un enorme histrionismo a la hora de entonar en las grabaciones. De hecho Kazuko Sugiyama, encargada de esas lides en su versión original, se convirtió gracias a este papel en una de las más rutilantes estrellas de su tiempo en esta faceta, lo que le valió posteriores momentos de gloria en papeles como los de Akane Kimidori en Dr Slump, o de prestarle su voz al entrañable y querido por todos Bomberman de Hudson Soft.

En España, la encargada de hacer este rol fue Selica Torcal y, al basarse en el doblaje nipón para adaptar el personaje de la manera más fidedigna posible, llegó a reconocer en una reciente entrevista que “la dejó muda” y que, de hecho, le caía fatal por ello. Aunque sin duda, dicho esfuerzo quedó en nada en comparación con el realizado por su compañera de reparto, Ana María Saizar, que tuvo que darle vida a los gritos de Fräulein Rottenmeier y su consabido terror a los animales y que hizo de algunas de sus frases, las más divertidas y memorables que en estas arenas han sonado en lengua castellana hasta la llegada de “Los Simpons”.

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Pedro, Heidi y Niebla tras meterse hasta la última pirula antes de cruzar la aduana con Alemania

De todo lo anterior podemos extraer una conclusión: la de que estamos ante un auténtico hito en la historia de la animación japonesa y, especialmente, uno de los primeros grandes éxitos de la misma en el terreno internacional. Toei ya era por entonces la compañía de referencia en este campo dentro del Imperio del Sol Naciente y ninguna competidora osaba siquiera plantarle cara, pero lo cierto es que fuera de sus fronteras había un estudio del que ni siquiera se sabía a ciencia cierta su nombre, que había dado la campanada colando una de sus producciones en las televisiones de medio mundo y, lo que era más relevante, había generado un verdadero interés en dichos países por saber qué era lo que se cocía en ese lejano archipiélago asiático del que apenas se sabía nada en Occidente.

Centrándonos en nuestro país, no fui testigo, por motivos evidentes, de su puesta de largo en habla castellana, aunque sí de sus múltiples reestrenos en televisiones como TVE, TeleCinco o Antena 3, donde cada vez que esta niña cursi, remilgada, profundamente repipi e insoportablemente tontorrona disparaba los comentarios sarcásticos… a la vez que reventaba los audímetros y las tiendas se llenaban de merchandising (supuestamente oficial y del que, por cierto, el Ente Público se llevaba un pequeño porcentaje). Incluso se dijo en su momento que los responsables de Televisión Española habían acometido su emisión para intentar desviar el tema de la delicada situación política por la que atravesaba el país en 1975, pero lo cierto es que fuere por los motivos que fuere la producción caló y de qué modo entre el público.

Takahata, por su parte, se convirtió así en el autor por excelencia del anime y en el nombre que sería sinónimo de máxima calidad durante toda una década en todo lo que concernía a este tipo de trabajos. Muy poca gente, como es lógico, se fijó en que entre sus títulos de crédito se encontraba también el de un viejo colaborador y amigo suyo llamado Hayao Miyazaki, que se encargaría precisamente de la composición y del diseño de algunas escenas y que, irónicamente, sería después el heredero de su antaño socio y maestro al frente de Ghibli. Pero eso, lógicamente, sería adelantar acontecimientos para un momento en el que ambos trabajaban en un ente empresarial que llevaba por nombre el de Zuiyo Eizo.

Por la vía de la subcontrata para el mercado europeo

A partir de este momento, el panorama que se dibuja en torno a la animación japonesa tendrá dos nombres claros. Toei es el dueño y señor absoluto de todo lo que ocurra de puertas para adentro de las fronteras de Japón. Zuiyo Eizo, por su parte, será el gran exportador del género a Occidente en general y a Europa en particular. Aunque este mismo estudio empieza a sufrir una verdadera división en cuanto al desarrollo de obras que marcará de forma decisiva su continuidad en el futuro y que tendrá por un lado como eje vertebrador a Isao Takahata en relación a las creaciones dirigidas por él o basadas en sus postulados, y las que por otro lado se inspiraban en cánones alternativos amparados por las tesis de otros directores. De entre los animes concebidos en esta última dirección, destacará sin duda por méritos propios Chiisana Viking Bikke, más conocida como “Vicky el Vikingo” en tierras hispanas.

El hilo conductor de la misma eran los libros del mismo nombre escritos por el sueco Runer Jonsson que le valieron cierto prestigio en el mundo de la literatura infantil y juvenil de su tiempo, lo que hizo que lograse un especial arraigo en países como Alemania (o más concretamente, la República Federal de Alemania) y ello tuvo sus consecuencias; la principal de ellas que el canal ZDF (de titularidad pública) decidió adaptar a la pequeña pantalla la franquicia. Por contra el país carecía de estudios propios para hacerlo, lo que se tradujo en el nacimiento de un fenómeno de subcontratación que se desarrollaría durante la siguiente década entre televisiones europeas y estudios japoneses que tendría como principales actores a los dos estudios más importantes del momento en Japón: el ya aludido Toei y el que nos ocupa.

Ello significaba que ciertas cadenas como la mencionada ZDF, la italiana RAI o la española TVE entre otras mostraban series en las cuales ellas habían puesto el dinero para la producción, pero todo el capital humano procedía íntegramente de Japón. De hecho, a pesar de que la mayor parte de su audiencia europea de la época pensó que dichas apuestas habían sido desarrolladas en sus países de origen, lo cierto es que en éstos la producción se limitó a doblar las series del japonés a sus idiomas nativos y a adaptar simplemente los títulos de crédito y los openings a unas formas más asimilables para un público como el del Viejo Continente.

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Vicky en su famoso gesto al tener una idea

Centrándonos en el anime de Vicky, éste fue desarrollado en sus primeros seis episodios por Mushi Production (el estudio creado por Tezuka) pero el resto corrió a cargo de Zuiyo Eizo, lo que se tradujo en un formato de 78 episodios estrenados semanalmente en Fuji TV y cuyo periplo abarcó del 3 de abril de 1974 al 24 de septiembre de 1975, logrando un éxito bastante mediocre en el archipiélago nipón, pero un auténtico cataclismo en tierras teutonas. Este triunfo llegó hasta el punto de que su versión en alemán se extendería como la pólvora en torno a todas las cadenas públicas de nuestro continente, lo que convirtió a la RFA en el primer gran importador de anime en estas tierras al que posteriormente sucederán Francia y especialmente Italia.

Nótese que en ningún momento estoy haciendo mención alguna al carácter innovador de estas series o su calidad. De hecho la mencionada Chiisana Viking Bikke podría considerarse como uno de los peores trabajos jamás salidos de tierras japonesas no sólo por su escasísima calidad técnica sino por la mediocridad de muchos de los episodios habitualmente concebidos como “relleno”, pero el público de aquel entonces era bastante más condescendiente que el actual. Es más, el título, incluso a día de hoy sigue siendo uno de los más recurrentemente emitidos en los canales de temática infantil o en colecciones enfocadas a dicho sector de la población y prueba de ello sería lo acaecido durante los meses siguientes.

El director de dicho formato, Hiroshi Saitou repitió en el mismo papel a la hora de adaptar la segunda de sus grandes creaciones, que llevaría por título Mitsubachi Maya no Bouken, un nombre que resultaría sencillamente indescifrable para los occidentales si no fuera porque la misma es comúnmente denominada como “La Abeja Maya” en territorio español. Se trataba una vez más de la adaptación de una novela infantil homónima escrita por un alemán que en este caso era Waldemar Bonsels aunque, fiel al estilo que empezaba a imperar en la compañía, su desarrollo fue completamente libre y sólo se ciñó al guión original en momentos muy concretos y casi anecdóticos.

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A un lado, un cartel de una revisión de “La Abeja Maya” en japonés, al otro la portada de un álbum de cromos de la marca Danone sobre la misma con claros rasgos occidentales

Esta vez el público al que se dirigió fue fundamentalmente británico y, de hecho, en el doblaje a la lengua de Shakespeare se hizo especial hincapié en que los actores forzasen hasta el ridículo un acento propio de las islas británicas, lo que incluso provocó que en los años 90 se acometiese un nuevo doblaje para su comercialización en EE.UU. al sonar extraño para el público de los Estados Unidos el resultado primigenio. Todo ello, por supuesto, a la vez que la producción se estrenaba en Japón el 1 de abril de 1975, prolongándose su emisión hasta el 20 del mismo mes, pero de 1976, componiendo un total de 52 episodios una vez más.

Como no podía ser de otra manera, el formato volvió a arrasar en territorio europeo (muy especialmente en España donde cosechó una aceptación espectacular a su paso por TVE) y su éxito llegó hasta tales extremos que tres años después la ZDF alemana volvió a rascarse el bolsillo una vez más para editar una segunda parte de otros 52 capítulos que esta vez se transmitirían en su seno desde el 1 de septiembre de 1979 al 13 de Septiembre 1980. Por su parte, Japón tendría que esperar dos años hasta que la secuela fue estrenada en su país de origen, albergándola las cadenas TV Osaka y TV Tokyo, pero lo único que recolectó fue un fracaso estrepitoso.

Hablamos por lo tanto de un esquema que se repetía una y otra vez. Un libro más o menos conocido en occidente cuyo nombre servía como base para penetrar en el mercado europeo y, una vez dentro de él, arrasaba con todo, lo que se traducía en una legión de aficionados que pedían más y más de lo mismo, sin que en ningún momento llegasen a intuir que lo que tenían ante sí era un producto llamado “anime” que se había fraguado miles de kilómetros más allá de sus fronteras y en el seno de un estudio que todavía tenía un nombre un tanto indefinido. La última de estas producciones que seguiría estas pautas sería otra obra de Hiroshi Saitou, Piccolino no Bouken (Pinocho), muy influida por la estética de Tezuka y que no lograría revalidar los triunfos anteriores de este realizador. Algo que tampoco importaría demasiado a tenor de lo que se venía encima.

BRBAnimation

Ruy”, “Dartacán” y “Willy Fog”, como se les conocía popularmente, fueron las tres grandes bazas de TVE en los ochenta realizadas por Nippon Animation

Dentro de toda esta espiral de subcontratación de lo que más tarde se conocerá como Nippon Animation, España (al carecer de estudios de nivel) aportará su pequeño grano de arena en toda esta etapa merced a la productora BRB Internacional que, tras un primer acercamiento a la compañía con Little El Cid no Bouken (“Ruy, el pequeño Cid”) en 1979, a principios de los ochenta se apuntaría dos sonoros éxitos que arrasarían en el ente público RTVE y que se convertirían en una de sus mejores bazas durante cerca de una década, logrando éxitos masivos de crítica y público con dos adaptaciones que seguían relativamente las premisas anteriormente descritas.

Una de ellas sería Wanwan Sanjushi, basada en “Los Tres Mosqueteros” de Alejandro Dumas que únicamente se compondría de 26 episodios, dos de los cuales no fueron emitidos en la cadena MBS, donde fue estrenada en 1981, y que un año más tarde apareció en tierras hispanas con el nombre de “Dartacán y los tres mosqueperros” que pulverizó en su tiempo todos los registros de popularidad alguna vez imaginados por estos lares. Algo que motivó una segunda causa llamada 80 Sekai Isshu y que sería comúnmente conocida como “La vuelta al mundo de Willy Fog” dirigida por un español, Luis Ballester, también basada en una novela del estilo de sus precursoras como era “La vuelta al mundo en 80 días” y que cambió el nombre de su protagonista del de Phileas al de William.

En el éxito de estas dos producciones se encontraban muchos factores ajenos a los temas que nos interesan, entre los cuales se encontraba que en esta última intervinieron en su doblaje actores del calibre de Teófilo Martínez (encargado de prestarle su voz a Orson Welles) o Claudio Rodríguez, que hacía lo propio con Charlton Heston o que sus temas principales estaban interpretados por la formación “Mocedades” muy de moda por aquellos años. Sin embargo, universal es el hecho de que su calidad de animación sólo puede definirse como soberbia y que las mismas se convirtieron en dos de los mejores exponentes de un subgénero que alcanzó su plenitud con el Sherlock Hound de Miyazaki, el de los animes protagonizados por animales antropomórficos que cosechó una impresionante acogida en suelo europeo durante la década de los ochenta. No obstante, todos estos éxitos, que en realidad poco o nada tenían que ver con el estilo oriental que caracteriza a este particular modo de entender la animación, quedarían eclipsados por lo que, paralelamente, se estaba fraguando en el mismo estudio.

La línea oficialista; Isao Takahata

Hasta aquí, parece claro que el mensaje de que estamos ante una empresa que se instaló en la memoria colectiva en los telespectadores del Viejo Continente de un modo providencial e inaudito, está asentado. Pero también resulta curioso comprobar cómo prácticamente todas las producciones citadas en el apartado anterior, salvo muy raras excepciones, calaron entre el público con la idea de que habían sido desarrolladas en Alemania, Italia, Reino Unido o España sin que prácticamente nadie pareciese adivinar que en realidad el grueso de su proceso creativo había tenido lugar en un país como Japón, que seguía siendo desconocido para la mayor parte de la audiencia y exótico para el resto. Por ello, ¿qué pasaría si apuestas como las anteriormente expuestas se hiciesen de un modo verdaderamente japonés sin pensar demasiado en los gustos de la civilización occidental?

La respuesta a esa pregunta llegó con el estreno de Furandāsu no Inu, mucho más conocida entre nosotros como “El Perro de Flandes”. Se trataba de la sucesora de Heidi en Fuji TV y también constó de 52 episodios, aunque en esta ocasión serían dos las novedades que incorporaría esta nueva creación. Una de ellas fue que la canción de su opening, Yoake no Michi, sí que se convirtió en un tema verdaderamente popular (como bien sabrán los seguidores de Nodame Cantabile). Pero la otra era que, más o menos a la par que Takahata intervenía en la realización de su capítulo 12, la empresa encargada de su desarrollo cambiaría su nombre de un modo aparentemente provisional pero profundamente demoledor en cuanto a su declaración de intenciones: de Zuiyo Eizo a Nippon Animation.

En honor a la verdad, dudo muy seriamente que los directivos de la sociedad se diesen cuenta de hasta qué punto habían asestado un duro puñetazo sobre la mesa con el cambio que acababan de realizar. Ellos ya no sólo creaban anime sino que además representaban a su país haciéndolo y muy pronto a nadie le quedaría la menor duda al ver sus trabajos que estaban ante algo puramente japonés, pero todavía es algo pronto para hablar de ello. De hecho, y aunque por supuesto que fue exportado a varios países entre los cuales se encontraba el nuestro, lo más reseñable que se puede decir de esta peculiar serie del niño pintor es que basaba toda capacidad de atracción en la emotividad y el sentimentalismo; táctica que sólo servía para identificar lo que con los años se convertiría en toda una manera de hacer las cosas que se transformaría en su buque insignia, pero para ello hacía falta un nuevo golpe de autoridad.

DogFlanders

La adaptación del Perro de Flanders se puede considerar como una especie de puente entre las dos obras más representativas de esta época

Terminada la producción ya señalada, Isao Takahata vuelve a las labores de dirección con su equipo tradicional (entre cuyos miembros destacaba Miyazaki por méritos propios) y lo hará en el contexto de un guión muy similar al de su primer gran trabajo y que llevaría por nombre Haha o Tazunete Sanzenri, también conocido en el mercado norteamericano como “3000 Leagues in Search of Mother” y en el español con un nombre mucho más simple: “Marco”; la historia de un niño genovés que en el contexto de una Italia recién nacida pero verdaderamente pobre se ve obligada a enviar a miles de inmigrantes a Argentina entre los cuales se encontrará la madre de éste, que pronto dejará de dar señales de vida, por lo que partirá en solitario a su búsqueda para traerla de vuelta cruzando el Atlántico.

Aquí nos volveremos a encontrar con un par de novedades a destacar respecto a Heidi. La primera y más importante de todas es que si bien en la adaptación de los dos libros de Spiry se respetaron los pilares básicos de su historia, en este caso el guión original apenas cobraba importancia en relación a lo que podíamos apreciar en escena. Tomaba su origen en un relato del libro “Corazón” de Edmondo De Amicis cuyo título era “De los Apeninos a los Andes”, una pequeña historia protagonizada por un niño que efectivamente se llamaba Marco (aunque en ningún momento se especificaba su apellido), cuya extensión apenas alcanzaba las 21 páginas (y en algunas ediciones, ni siquiera las diez) y que tenía unas claras connotaciones nacionalistas en su contenido.

Ello por supuesto significaba un problema para un estudio que hasta la fecha se había caracterizado por producir series de 52 episodios. Por lo tanto, había que volver a estirar todo lo posible el argumento, máxime cuando la trama original apenas incluía diálogos. Así pues, en la práctica, la totalidad de las situaciones narradas estaban inventadas y algunos personajes como Fiorina y su familia, de una importancia vital en la misma, ni siquiera existían originalmente y fueron creados a raíz de un pequeño inciso en uno de los párrafos en el que se narraba el encuentro del niño con una caravana de carros que subían trigo a su interior, en el que se comparaba la apariencia de éstos con los titiriteros. Dicho de otra manera, aquí sí que podemos hablar de un guión original prácticamente en su totalidad.

MarcoDVDJapones

Aunque en un principio el título ni siquiera incluía nombres propios, la serie terminó siendo conocida simplemente como “Marco” incluso en Japón

La otra diferencia residió en que estaba protagonizada por un personaje de sexo masculino y ello implicaba un enfoque algo distinto a la hora de afrontar las penurias a las que debía hacer frente. Así, si bien los problemas que afrontaba la ínclita niña helvética solían oscilar fundamentalmente a caprichos y antojos de la menor, así como a sus cuadros depresivos cuando se la llevan a Alemania, Marco hará frente a situaciones considerablemente más duras entre las cuales se encontraba el alcoholismo de su padre, los robos a de los que es víctima y más de una situación destinada o centrada en la violencia física, que se retrataba aquí de un modo mucho más palpable y visible, lo que impactó de un modo mucho más palpable en la audiencia, como veremos en el párrafo subsiguiente.

En honor a la verdad, muy dudosamente se puede decir que estuviésemos ante un anime con una importancia histórica incuestionable en Japón donde pasó relativamente inadvertida por la Tokyo Channel 12 en la que fue emitida del 4 de enero de 1976 al 26 de diciembre del mismo año. Muy diferente fue lo que ocurrió en España, donde lo sucedido con esta obra sólo puede definirse como un fenómeno de masas capaz de paralizar a todo un país en el sentido más literal de la frase. No es una manera de hablar que desde el día de su estreno el 7 de enero de 1977 (un año después de que hiciera lo propio en un país de origen), la audiencia devoró las aventuras y desventuras de este muchacho con un interés verdaderamente inusitado. Algo por otro lado comprensible si tenemos en cuenta que por entonces TVE ostentaba el monopolio de la televisión en España y que los momentos convulsos que se vivían a nivel político convirtiesen en buena cualquier distracción que se ofreciese.

Pero lo sucedido aquí superaba con creces cualquier cosa que se hubiese podido concebir en torno a lo que todavía se conocían como “dibujos animados” porque trajo consigo la primera gran polémica que se recuerda por estos lares sobre el género en cuestión. Arrasó, sí, y a la vez sufrió el rechazo del público por considerarla “traumatizante” (como hasta dos décadas más tarde será calificada). Es más, la mencionada RTVE se vio obligada a alterar sus planes respecto a ella debido a las críticas recibidas en torno a la “frustración” (una palabra bastante repetida en las crónicas de la época) que constantemente recibía la audiencia por el hecho de posponerse una y otra vez el tan ansiado reencuentro entre el niño y su madre, lo que hizo que comenzase a emitir dos capítulos a la semana a partir del episodio 43 para adelantar mes y medio el tan esperado evento que finalmente acaeció el 19 de noviembre de 1977 y con el que RTVE ponía punto y final a una apuesta que aparentemente no había funcionado con la solvencia de su predecesora. Sin embargo, los hechos posteriores desmontarán rápidamente esta teoría.

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Pese a las críticas, el reencuentro de Marco con su madre paralizó España en 1977

Resultó que “Marco” caló, y de qué modo, en la memoria colectiva y si bien acumuló en su tiempo críticas feroces por parte de la prensa escrita por todo lo apuntado en el párrafo anterior, las ventas de merchandising se mantuvieron intactas y no únicamente en España, puesto que la serie fue traducida, al menos, a siete idiomas nacionales diferentes, cada uno de los cuales con un público propio que pedía más de lo que había visto. Y ello obligó a hacer algo inaudito como fue… una película basada en el mismo guión que vio la luz en las salas japonesas en 1980, al frente de la cual se encontraba el propio Takahata, acompañado en esta ocasión de Hajime Okayasu.

Como colofón a toda esta exhibición de poderío, conviene recordar que dos décadas más tarde se acometió una nueva experiencia basada en este universo y que llevaba por nombre “Marco: Haha o Tazunete Sanzenri” (ya con el nombre del muchacho en el título, con un claro guiño al mercado europeo que así la había bautizado). Respecto a ella sólo merece la pena destacar un par de aspectos. El primero es que se trataba de un remake en toda regla al frente del cual se encontraba Kozo Kuzuha, que desarrolló esta obra al margen del equipo original que llevó a buen término el guión en el que se basaba, a pesar de que Nippon Animation sí que figuró en los títulos de crédito por asuntos vinculados a derechos de autor. El segundo, que al contrario que su predecesora contaría con una distribución algo más humilde al no disfrutar con el gran aliado que la producción primigenia tuvo: la todopoderosa Toho.

Quedarían todavía por hablar de dos series que de algún modo podrían englobarse dentro de esta etapa. Por un lado Araiguma Rasukaru, comúnmente denominada “Rascal”, de la que se dijo que logró que se importasen entre 1.000 y 2.000 mapaches al año en Japón después de su estreno debido a la sensación de mala conciencia en temas ecológicos que dejó en la audiencia. Por otro, Perinu Monogatari, cuya escasa calidad de animación hizo que fuese considerada una de las peores series de la factoría. Pero a pesar de todo el mensaje estaba lanzado. Nippon Animation ya era toda una realidad que se desarrollaba a dos bandas y si bien la de las subcontratas tuvo un cierto éxito y relevancia, ello quedó en nada en comparación con la línea marcada por Takahata que será la que convierta definitivamente a la marca en el único rival que durante cerca de tres décadas tendrá Toei.

El paso decisivo: Akage no Anne

La dinámica de este artículo nos obliga desgraciadamente a no poder detenernos demasiado en alguno de los títulos reseñados, así como a eludir otros, pero lo cierto es que las líneas esenciales del proyecto están a mi entender relatadas de un modo lo suficientemente preciso y, en ellas, Isao Takahata se convierte en el genio por excelencia del anime televisivo mucho más allá del territorio japonés, sin que nadie en su sano juicio apostase por Miyazaki en aquel tiempo a pesar de trabajar codo con codo con él y de llevar éste la voz cantante en alguno de los proyectos menores de la compañía que nos ocupa como Future Boy Conan, del que no haremos mayor mención.

No obstante, no debemos caer en la tentación de creer que debido a su éxito en España “Heidi y Marco” fueron las grandes obras maestras en la pequeña pantalla de este particular tándem, y de hecho no lo fueron. Es más, la considerada universalmente como gran obra maestra de Nippon Animation no vio la luz hasta 1979. Aunque serían ellos los responsables de su espectacular acogida en el resto del mundo donde, de hecho, algunas voces consideran a esta serie como una de las mejores de todos los tiempos no sólo por su enorme calidad técnica sino también por ser el auténtico germen del equipo humano que se encargará de articular unos años más tarde Ghibli. Se trataba de Akage no Anne.

La misma adaptaba la novela de Lucy Maud Montgomery “Anne of Green Gables” cuyo título se tradujo en España como “Ana de las Tejas Verdes” que narraba la historia de una niña llamada Anne Shirley quien, tras llevar una vida de orfanato en orfanato es adoptada por una pareja de hermanos llamados Marilla y Matthew Cuthbert cuya vivienda era precisamente conocida en su pueblo como “Las Tejas Verdes” y que inicialmente habían solicitado un niño a la entidad para que les ayudase en sus tareas agrícolas. Por ello, la sorpresa de la mujer a la hora de comprobar cómo lo que le traía su hermano era una niña se materializará en una tremenda hostilidad hacia la pequeña que, sin embargo, intentará poco a poco ganarse a su nueva “madre”.

Nippon Animation Logo Anne

El calado de Anne en Nippon Animation fue tal que su silueta se convirtió incluso en su imagen corporativa

El guión original era un libro, como se ha dicho con anterioridad, aunque al contrario de lo ocurrido con Heidi éste era en realidad el origen de toda una saga que englobará hasta otras ocho entregas diferentes que abarcarán diversos arcos de edad de la protagonista, que no todos serán escritos por Montgomery y que gozarán de una aceptación dispar en cuanto a su trayectoria editorial. Tal vez por ello, Takahata decidió centrarse únicamente en el primero, considerado unánimemente como el mejor y en el que la escritora volcó todo su esfuerzo y dedicación puesto que, a mayor abultamiento, lo escribió pensando como una primera lectura para niños de enseñanzas primarias.

Se trataba, para colmo, de uno de los libros más vendidos de todos los tiempos con más de 50 millones de copias distribuidas alrededor del mundo lo que significaba un éxito seguro para una adaptación, aunque un fallo en la misma podía ser letal. Tal vez por ello, el director en esta ocasión se saltó las máximas de sus anteriores trabajos y las sustituyó por un seguimiento escrupuloso a la voluntad de la creadora que, precisamente, había adquirido fama en su tiempo por ser una de las primeras en adoptar un sistema de trabajo tremendamente riguroso en lo referente a la plasmación de la realidad, a pesar de que el mundo en el que todo se desarrolla era puramente ficticio.

A este reto se añadía otro. Ana tenía en torno a 11 años cuando comienza la obra, pero acaba teniendo 16 al finalizar lo que significaba todo un cambio respecto a las dos adaptaciones anteriores donde ni la suiza ni el italiano experimentaban en realidad cambio alguno fisiológico más allá de un supuesto crecimiento desarrollado en algunos lapsos de tiempo que resultaban casi imposible de apreciar en el desarrollo de las escenas. Recordemos en ese sentido que en el mundo de la animación japonesa y en especial la de los setenta y la de los ochenta, los infantes de doce años eran plasmados de un modo en el que era imposible apreciar rasgo alguno de infancia y a los de dieciséis se representaban como adultos en toda regla cuya edad podría asemejarse incluso a la de los treintañeros y así se hizo.

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Las portadas de los DVDs de Akage no Anne son una buena demostración del grado de esmero puesto en los diseños de la serie

El resultado final de todo ello fue que el diseño original de Ana fue tal vez uno de los más logrados y estudiados de la historia de la animación japonesa no sólo por la constante hostilidad de Marilla, sino también por la de su compañero de clase Gilbert Blythe, que la acosaba debido al color rojo de su cabello. Por ello, cada trazo que reproducía su figura estaba estudiado con una minuciosidad insólita en su tiempo. Un ejemplo de ello es que efectivamente la pareja de hermanos había solicitado un niño en adopción por la mayor fortaleza física que se les presume a los hombres y que serviría para las tareas agrícolas, por lo que había que hacer énfasis en todos esos aspectos.

Shirley por lo tanto fue representada como una pequeña delgaducha, pecosa, paliducha y enclenque que debía suscitar el rechazo hacia ella en un entorno tan rudo como en el que tendría que sobrevivir. Algo enfatizado por una tonalidad tan rojiza y antinatural en su peinado que debía inspirar con su sola visión la percepción de “fea”. Sin embargo, dicha sensación debía materializarse inmediatamente como engañosa mediante la estructura de todos y cada uno de sus episodios puesto que su belleza residía en su interior y es, de hecho, la persona que dará sentido a la vida no sólo de sus nuevos padres o de su “amiga del alma” (como ella la denomina) Diana Barry sino incluso a su enemigo antes aludido que cambiará mucho su actitud respecto a ella a lo largo de toda la trama.

Semejante contraste hará de ella el personaje más universal jamás creado por el estudio hasta el punto de hacer de ella ataviada con un sombrero y con el cabello recogido en un par de trenzas a la espera de la llegada de Matthew… nada menos que la imagen corporativa de Nippon Animation. Del mismo modo fue, por méritos propios, el personaje más popular y querido nacido en el seno de la compañía por unos aspectos que iban mucho más allá del hecho de llevar a la pequeña pantalla uno de los clásicos más universalmente reconocidos como tales a lo largo del siglo XX, a mediados del cual fue etiquetada como “clásico infantil”.

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Anne fue el personaje mejor diseñado de la historia del estudio, tanto en su edad infantil como adulta

Hayao Miyazaki, por su parte, estuvo al frente de la composición de escenas y del guión, y su labor al frente de ambas áreas fue posiblemente el mejor que había desarrollado en puesto alguno hasta la fecha. Pero precisamente por lo apuntado un párrafo atrás no fue su nombre el que saltaría a la fama con este título sino el de Yoshifumi Kondo, que fue el auténtico padre del aspecto visual de la señorita Shirley. Es más, fue a partir de entonces cuando Takahata haría de él su brazo derecho en películas como La Tumba de las Luciérnagas u Omohide Poro Poro que le llevarán incluso a postularse como sucesor legítimo de ambos genios con su Mimi wo Sumaseba.

Originalmente el producto abarcó 50 episodios, dos menos de los que ya eran habituales en sus producciones, y fueron emitidos en Japón en el canal Fuji TV del 7 de enero al 30 de diciembre de 1979. En relación a Europa la producción penetraría por la vía alemana, de la que fue traducida al castellano, siendo un hecho notorio que en la versión para nuestro país se respetó su opening artificial con las imágenes seleccionadas y la canción concebidas para el público teutón. No obstante, en esta ocasión no sería TVE sino TeleCinco la responsable de su emisión en tierras hispanas, ya en los años noventa, lo que significó una menor relevancia de cara a la aceptación de la franquicia en nuestro suelo.

Pero por encima de consideraciones un tanto subjetivas como la de la diferente popularidad adquirida en un país u otro, había un aspecto que el público del Viejo Continente ignoró durante muchos años como lo es que todo lo cosechado en el Imperio del Sol Naciente no sólo repercutió en el buen nombre de los encargados de su guión, diseños y dirección, sino en el formato que esta nueva obra apadrinó y cuyo nombre sería indudablemente un sinónimo de calidad en los años venideros y en el que incluso la Seiyuu que prestaba su voz a la pequeña, Eiko Yamada, tendría mucho que decir: el World Masterpiece Theatre

Por fin nace el World Masterpiece Theatre

Ningún sentido tiene el negar lo evidente. Obviamente la empresa llevaba más de un lustro utilizando una y otra vez un formato de idénticas características en relación a la narración de relatos clásicos que le estaba proporcionando una inmensa cantidad de popularidad y de aceptación social a lo largo del mundo a pesar de que en Japón la fama se la llevase Toei, aunque eso no importaba en absoluto. Para bien o para mal un opening en el que a los quince segundos aparecía un rótulo en Japonés con un Nippon Animation enorme por debajo, hacía las veces de bandera del Imperio del Sol Naciente por todo el planeta dando de él una imagen prácticamente inmejorable.

Esto último no es una manera de hablar. Desde el estreno de Akage no Anne, todos los Domingos a las siete y media de la tarde se convirtieron en una cita obligada para todos los aficionados al anime de calidad que se congregaban delante de las pantallas de Fuji TV para ver la enésima visión de este grupo de animadores sobre un referente de la literatura infantil y juvenil europea o norteamericana que, acto seguido, traspasaba sus fronteras y conseguía multiplicar por varios enteros la aceptación cosechada en su tierra cada vez que llegaba a otros territorios, muy en especialmente Alemania e Italia donde sus series se convirtieron una y otra vez en títulos de cultos y en ejemplos de lo que se entiende que debe ser la buena animación.

Pero muchas son las novedades que la empresa afrontará durante estos años. La principal de ellas será la marcha de Takahata, Miyazaki y Kondo que poco a poco irán abriéndose al mundo de la gran pantalla hasta el momento de fundar Ghibli y ello implicaba el tener que reestructurar sus principales equipos de trabajo. Así, durante los siguientes cinco años el peso de la sociedad volverá a recaer en uno de sus primeros talentos ya aludidos al comienzo de este artículo, Hiroshi Saito, quien se encargará en los años pares de las producciones de la marca, mientras las de los impares recaían sobre nombres relativamente desconocidos como Yoshio Kuroda, Kōzō Kuzuha o Fumio Kurokawa de los cuales sólo los del último conseguirán una relevancia real con sus obras, aunque todavía es pronto para hablar de ello.

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Mosaico con cuatro ejemplos del uso del logo de Nippon Animation por debajo de los títulos de la producción de turno acompañados del año en el que salían a laluz

Durante esta etapa tres serán las apuestas teóricamente más fuertes. La primera será su versión de Tom Sawyer, personaje universal de Mark Twain que no necesita presentación alguna y que, lógicamente, se paseó por las televisiones europeas como Pedro por su casa a pesar de ser… francamente mediocre y carente de la frescura de las novelas originales. La segunda, Minami no Niji no Lucy, de gran calidad técnica pero de infumable calidad argumental que se traducirá en el mayor fracaso jamás experimentado por la empresa hasta la fecha a pesar de haber sido también exportada a Occidente. Por último Makiba no Shoujo Katori seguirá un periplo similar, con más aceptación en Europa a pesar de las críticas recibidas, que la acusaban, no sin razón, de cursi.

Pero esta etapa de estancamiento terminará con el estreno de Purinsesu Sēra, también conocida como Little Princess Sara, que volverá a marcar un hito en la historia del estudio y que consagrará definitivamente a Fumio Kurokawa como el nuevo genio del género nacido en el archipiélago, y no sin razón. Si bien es cierto que el estudio seguía cosechando éxitos y que incluso alguna de sus apuestas al margen del formato World Masterpiece Theater seguían gozando del favor del público, como Fushigi no Kuni no Alice (“Alicia en el País de las Maravillas”) de TV Osaka y que maravilló a los espectadores teutones, la realidad es que esta particular fábrica de sueños empezaba a mostrar evidentes signos de agotamiento.

En medio de esta situación, la llegada de esta producción revitalizó la empresa de un modo evidente y consiguió devolverla a los niveles de calidad de antaño merced a un hecho notable: se trataba de una versión libre de la novela homónima del mismo título creada por Frances Hodgson Burnett y que constituía, junto con “The Secret Garden” el culmen de su carrera. Aunque ello tampoco garantizaba nada. En el fondo, lo mismo podía decirse del ya mencionado Tom Sawyer y en la práctica su paso por este particular teatro pasó ciertamente desapercibido. Pero en esta ocasión su director ya era un hombre trillado en estas lides y supo sacar partido de un elemento hasta entonces inexplorado por su empresa como lo era el morbo.

DVD Comparativa Sarah

Dos de las diferentes ediciones en DVD de Little Princess Sarah

La historia es más o menos conocida por todos. Sara Crewe es la hija de un reputado hombre de negocios que desarrolla sus principales actividades comerciales en La India, cuando ésta era la “Joya de la Corona” del Imperio Británico. Dicha condición hace de ella lo que comúnmente se denomina como una “niña bien” cuyo objetivo en la vida es el de desarrollar el papel de lo que en España se denominaría una dama (“lady”). Por ello, su padre la matricula en el internado de Miss Minchin al que acuden las señoritas procedentes de la aristocracia y la burguesía londinense, donde desde el principio destaca por su inteligencia, por su saber estar y, por qué no decirlo, por su belleza. Sin embargo, la muerte de su padre y la consiguiente ruina de su familia hará que sea degradada hasta convertirse en la criada de la institución de la que poco antes había sido una auténtica princesa.

Ante semejante planteamiento, está claro que nos encontramos ante todo un serial de los muchos que copaban la programación de las radios durante mediados del siglo XX alrededor del mundo y que buscaba suscitar la emotividad del espectador a través de mostrar el descenso a los infiernos de una muchacha que llegó a tenerlo todo y que se verá en la humillante situación de servir en el seno de la Sociedad Victoriana, en la que dicho trabajo conllevaba una serie de connotaciones peyorativas entre las cuales se encontraba un concepto similar al de “Casta”, donde los destinados a dichos oficios eran poco más que “intocables” con los que ninguna persona de alta alcurnia debía siquiera relacionarse.

Hablamos por lo tanto de un guión difícilmente comprensible para alguien que no conociese la historia de las islas británicas ni las peculiares estructuras sociales que regían en ella hasta hace no demasiados años. La clave de todo se encontraba por lo tanto en la actitud de Sara: ha sido degradada hasta el escalafón más bajo en términos sociales y, como tal, destinada a ser repudiada y condenada a llevar una vida de miseria, pero incluso así ella sigue comportándose como si fuese una verdadera princesa, lo que evidentemente suscitaba toda clase de interminables tardes lacrimógenas ante la pantalla que provocó que, lógicamente, su emisión arrasase en todas las antiguas zonas de influencia de este todopoderoso imperio.

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Mosaico con algunos momentos que retratan la crudeza de las situaciones que padece Sarah Crewe, muchas de ellas de maltrato infantil

Pero la cosa fue en la serie mucho más allá bajo la batuta de Fumio Kurokawa. No hablamos únicamente de desplantes o de lo que comúnmente se conocen como “feos”. Aquí la señorita Crewe era sometida a un verdadero maltrato infantil en el sentido más estricto del término, lo que significaba traspasar las líneas rojas que antaño habían sido trazadas por “Marco”. No hablamos por lo tanto de algo tan ambiguo y vago como la adversidad y sus efectos en un niño cuya única arma contra ella es el “hacer de tripas corazón”; hablamos de escenas verdaderamente crudas que no todo espectador toleraría en su fuero interno y que incluso podrían llevarlo a rechazar el contenido de la serie. Nada más lejos de lo que auténticamente ocurrió.

Según se comenta, la serie fue traducida y doblada oficialmente al castellano, pero no me consta que la misma fuese emitida en televisión alguna ni los otakus españoles tengan un recuerdo demasiado asentado de ella, mas todo lo contrario ocurriría en el mundo anglosajón y en el sudeste asiático debido a factores relacionados con la producción, ya que ésta no había recaído únicamente en Nippon Animation, sino también en Aniplex, que hizo valer rápidamente su poderío mediático en el Imperio del Sol Naciente haciendo que además de emitirse en Fuji TV, se hiciese lo propio en otras emisoras que más tarde compondrán “Animax”, lo que significaba una difusión garantizada en zonas como Filipinas, que hasta aquel momento se hallaban prácticamente inexploradas por la corporación.

El resultado fue sencillamente espectacular. No sólo es que el estudio ganase una importante cuota de mercado en Asia hasta el extremo de llegar a inspirar “Live Actions” alternativos como “Sarah… Ang Munting Prinsesa” rodados en filipino, sino que incluso reafirmó de un modo más que creíble su posición en el Viejo Continente y para colmo en una zona como la británica donde su fama era menor que en Alemania o Italia. Todo ello conseguido, irónicamente, con una obra de 46 episodios, lo que lógicamente implicaba que la imaginación a la hora de colarle relleno al guión original no había sido demasiado abundante. No obstante, nada de eso importaba. Habían entrado en su edad de oro.

La edad de oro de Nippon Animation

Hemos de matizar llegados a este punto, que al hablar sobre la llegada de una etapa dorada para el estudio, no quiero decir en modo alguno que las producciones que estarían por llegar fuesen las mejores de la marca, sino que éstas llegaban, fueren como fueren, al territorio occidental y eran emitidas con los máximos honores de una forma accesible a todo el mundo y con horarios verdaderamente dignos. De hecho, ya durante finales de los 80 y principios de los 90, a pesar de la nula información existente en España acerca del anime, sólo con ver ciertos diseños y comprobar algunas temáticas, la mayor parte del público era capaz de identificar claramente el sello que nos ocupa y razones no faltaban.

Por lo pronto el World Masterpiece Theatre comenzará en el archipiélago su etapa más fructífera, y lo hará mediante un sponsor que corrió a cargo de la compañía de comida precocinada “House Foods” que se destacará fundamentalmente por la comercialización de toda clase de variantes de Tofu y que incluso llegará hasta Estados Unidos, aunque hablar de sus logros mercantiles sería apartarnos del verdadero propósito de este artículo en general y de esta sección en particular. Debido a ello, me limitaré a decir que la presente etapa abarca desde 1986 hasta 1993 y que serán ocho las producciones que la compongan y casi todas ellas tendrán un nexo en común.

Daisougen no Chiisana Tenshi Busshubeibī (en España, “Jackie y su mascota”), la más irrelevante de todas ellas, estaba basada en el libro “The Bushbabies” de William Henry Stevenson, sí, pero la realidad es que su guión original era en realidad conocido por la película Komba de la Metro-Goldwyn-Mayer. Ai Shoujo Pollyanna Monogatari (“Pollyanna”) era más popular por el largometraje realizado por Disney (con la producción de Buena Vista) en 1960 que por la novela original. Torappu Ikka Monogatari, mucho más reconocible por el nombre de “Sonrisas y Lágrimas”, debía casi todo su reconocimiento a nivel mundial debido a “The Sound of Music” y en especial por la interpretación que en ella realizó Julie Andrews.

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Pantalla de presentación de las obras del World Masterpiece Theatre

Son muchas por lo tanto las pistas que nos llevan a concluir que, a pesar de que el estilo de la compañía seguirá patente, la influencia del cine durante estos años será mucho más importante para Nippon Animation que los libros, que había sido lo que hasta ese momento había motivado todas y cada una de sus adaptaciones. De hecho, incluso en la obra más importante de las realizadas por la empresa al margen del formato WMT, Jungle Book Shounen Mowgli (“El libro de la Selva”), para TV Tokyo, no podía disociar de su producción la idea de que en la misma había influido la primera obra de la factoría Disney posterior a la muerte de su creador.

A todo ello se añadía un segundo factor. Hasta aquel momento los protagonistas indiscutibles de todas las creaciones del estudio eran niños, pero el estreno de “Mujercitas” en 1987 cambiará de un modo decisivo esa tendencia haciendo que, desde entonces, esta clase de series tuviesen como rostros visibles a jóvenes cercanos a la mayoría de edad, como ocurriría con Watashi No Ashinaga Ojisan (una versión de “Papaíto Piernas Largas”) o la ya aludida conversión de “Sonrisas y Lágrimas” que giraba en torno a Maria von Trapp, cuya edad oscilaba en torno a los 22 años cuando tienen lugar los acontecimientos narrados en su libro.

No obstante, el comienzo de esta nueva etapa tendrá como protagonista a una niña como era la que se retrataba Ai Shōjo Pollyanna Monogatari, de la que ya hemos hablado de su pasado en la gran pantalla por lo que en esta ocasión nos limitaremos a apuntar que se basaba en la novela del mismo nombre creada por la estadounidense Eleanor H. Porter y que también tomará prestados varios elementos de su secuela (publicada dos años más tarde) que llevaba por título “Pollyanna Grows Up”. Una iniciativa que se enmarcaba dentro de una política que ya en la factoría era conocida como las de las “Girl of Love” y que marcará sus futuras creaciones.

DiseñosPollyanna

A pesar de su ropa debía sugerir que era una niña norteamericana, se dotó también a Pollyanna de un uniforme tipo “Sailor

La idea consistía en lo apuntado en Akage no Anne o en Heidi. Es decir, unas niñas que aparece providencialmente en las vidas truncadas de personajes oscuros y serán ellas las encargadas de volverles a dar sentido a todo, con no pocas situaciones sentimentaloides de por medio. En ese sentido, la adaptación de la vida de “La hija del pastor” (como es conocida popularmente la infante que nos ocupa) no llegará hasta los extremos de Shōkōjo Sēra, no existiendo por lo tanto rastro alguno de malos tratos. Sin embargo, esta carencia será compensada, y de qué modo, por la omnipresencia de toda clase de llantos que harán de esta obra una de las más cansinas en esa dirección de todas las producidas por la empresa.

En esta ocasión, la dirección recayó sobre Kuzuha y su estrategia para fidelizar al espectador residió exactamente en lo ya descrito un párrafo más arriba. Ninguna excusa era lo suficientemente ridícula como para evitar mostrar a la mayor parte del “staff” llorando a lágrima viva por el motivo más peregrino imaginable, a lo que se añadía el hecho de que la presencia de discapacitados en silla de ruedas, especialmente en su segundo tramo, hizo que ciertas argucias de chantaje emocional de Klara hacia Heidi que ya en su día utilizase Takahata, se volviesen a utilizar… en compañía de algunos de los diseños de Miyazaki descaradamente reproducidos en esta aventura, supuestamente desarrollada en Estados Unidos, aunque en la práctica Pollyanna llegase a aparecer en algunos momentos adornada con un traje escolar de “marinera” muy típico de Japón.

Huelga decir, que de lo señalado es una evidencia que la avalancha de bromas crueles derivadas de algunas de sus escenas era evidentemente fruto de algo tan sencillo como que la serie tal vez no caló demasiado en Japón. Pero su paso por las televisiones europeas volvió a ser un éxito, aunque en este caso con un factor añadido como es que, en dos ocasiones completamente diferentes, fue comercializada en nuestro país siguiendo dos cauces tremendamente diferentes que convergerán durante la década de los 90 en España.

DVDs PollyAnna

Lo expuesto sobre el aspecto de Pollyanna no es ni mucho menos gratuito, puesto que el elemento de su vestido dio juego hasta en DVD

Por un lado, y como en tantas otras ocasiones hemos apuntado, es un hecho que Mediaset se convirtió en la gran importadora de animación japonesa a finales del siglo XX en nuestras fronteras cuando TeleCinco desembarcó en la Península y ello significaba que cada producción emitida era doblada del italiano, del que además conservaba unos openings artificiales creados a base de unir escenas sueltas adornadas con una canciones totalmente improvisadas para la ocasión, que por estos lares estaban interpretadas por la cantante Sol Pilas. Pollyanna fue una de ellas, aunque ahí acabó todo. Pasó sin pena ni gloria sepultada por otras producciones de más enjundia como Captain Tsubasa, Fushigi no Umi no Nadia o Touch.

Unos años más tarde, Arait Multimedia licenció una generosa colección de series entre las que se encontraban Slayers o Marmalade Boy, y la mayor parte de ellas fueron emitidas por RTVE, cuando todavía ésta era la cadena más vista en todo el territorio nacional. Pues bien, una de esas apuestas fue precisamente la que nos ocupa y, tal y como ocurriese con las señaladas dos líneas más arriba, arrasó, con el añadido de que se respetó tanto las secuencias animadas de los openings y de los endings como sus canciones originales… o al menos los que abarcaba el arco argumental que cubría los episodios que iban del 1 al 27, en las que se tocaba “Shiawase Carnival” al principio y “Ai ni Naritai” al final, ambas interpretadas por Youki Kudoh.

Con ello quiero decir exactamente lo que estoy insinuando. No fueron pocos los que en torno a 1999 descubrieron cómo se desarrollaban exactamente esta clase de productos en su país de origen y que, precisamente, el principio y el final de todos y cada uno de los episodios que componían su metraje (y del que tradicionalmente se nos había privado) resultaba ser una de sus partes más definitorias y recordadas, por encima incluso de su argumento y de las situaciones recogidas en él. Aunque, evidentemente, este caso excepcional de influir en la audiencia casi 15 años después de su estreno no volverá a repetirse.

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La foto de familia del opening de “Little Women” es una de las capturas más evocadas del WTM

En esa dirección es conveniente recordar que irónicamente, con una situación mejor o peor de cara a las distribuidoras, una vez asentadas las televisiones privadas en nuestro país la mayor parte de los formatos desarrollados por Nippon Animation nos llegaron prácticamente al año de acabar su andadura por tierras orientales. Del mismo modo, esta edad de oro que acabamos de identificar termina en 1993, un momento en el que todavía ninguna de las dos grandes cadenas de este ámbito ubicadas en España, Antena 3 y TeleCinco, tenían demasiado definido su estilo ni el tipo de público al que querían dirigirse. Es ahí donde tendrá lugar uno de los episodios más divertidos en relación a la distribución de nuestro entretenimiento preferido en habla hispana y tendrá precisamente como protagonista a la siguiente gran producción de la empresa que señalaremos.

Ai no Wakakusa Monogatari (intentando de nuevo introducir la palabra “amor” por alguna vía) fue el nombre que se le dio en Japón a “Little Women” o “Mujercitas” como es más conocida para los hispanoparlantes. El argumento es tan conocido que da vergüenza siquiera reseñarlo. En plena Guerra de Secesión un padre de familia es llamado a filas para combatir del lado de Lincoln, por lo que su mujer y sus cuatro hijas tendrán que apañárselas solas en una época en la que todavía el sexo femenino adolecía civilmente hablando de ciertas restricciones en su capacidad de obrar que impedían que una fémina pudiese llevar una vida independiente per se. Y es aquí donde se hace el silencio.

Hablar de esta serie es hacerlo de la que fue, posiblemente, la última gran producción del estudio tanto por presupuesto como en equipo humano. Y es que no se trataba únicamente de que Fumio Kurokawa firmase su mejor trabajo como director, sino que los mejores talentos de Akage no Anne volvieron a casa para trabajar codo con codo con él, por lo que Yoshifumi Kondo se encargaría de diseñar a los personajes, Eiko Yamada (la seiyuu responsable del éxito de la chica pelirroja de Prince Edward Island) le prestaría su voz a la protagonista de este drama: Josephine March, que de un modo particularmente relevante en la significación de la historia, era identificada como un “chicazo”.

AmyGiño

Gracias a Amy, la serie combinará momentos dramáticos con cómicos, como en el intermedio

Pero no es del todo exacto lo que acabamos de señalar y más concretamente el referirme a “la protagonista” porque este rol era en realidad puramente coral. Por un lado se encontraban Amy March (la menor de todas que hacía las veces de narradora) y Elizabeth March (Beth) un poco mayor que ella; ambas interpretaban los roles de niñas en el sentido estricto del término. Por otro, la mencionada Josephine (Jo) hacía pareja con Margaret March (Meg) como “las mayores” representando unas problemáticas derivadas de las relaciones con los hombres o de la emancipación de la mujer que para nada se asemejaban a lo recogido en la filmografía de la productora hasta entonces.

Si se prefiere, el gran atractivo y la transversalidad de esta apuesta no residía únicamente en un guión popular, sino que se trataba de algo mucho más arriesgado: no había un referente en el guión, sino cuatro y sus inquietudes se desarrollaban en dos dimensiones muy diferentes. Un reto que Akira Miyazaki (encargado del guión) resolvió de un modo magistral tanto en los momentos en los que adaptó expresamente la trama original, como en aquéllos en los que tuvo que reproducir el tan temido relleno que sirvió para mantener al producto durante 48 semanas en las ondas de Fuji TV, con no pocos elogios a sus espaldas al finalizar. Pero las novedades no acababan aquí.

Nippon Animation había elaborado hasta aquel momento sus animes en un único tracto al margen de lo que ocurriese con las novelas en las que se inspirasen. Recordemos que Heidi concentraba en realidad dos obras en su interior, Akage no Anne sólo versaba sobre el contenido de la primera de las obras de la saga que protagonizaba y Pollyanna incluía una vez más las dos. Es decir, o bien se incluían varias entregas en un mismo formato o se eludían sus continuaciones, pero jamás existían secuelas de sus series de animación al margen de lo que ocurriese con las franquicias de las que tomaban principio y origen… hasta ese momento. Wakakusa Monogatari Nan to Jo Sensei. Incluso sin saber japonés, como es mi caso, no resulta difícil darse cuenta de que esta obra de 1993 auguraba algo increíblemente fácil de intuir: se habían saltado su propia regla.

MerchandisingLittleWomen

Aunque las producciones de Nippon Animation apenas tenían merchandising en Japón, Little Women fue una de las pocas excepciones a esta regla

La idea era sencilla. El éxito obtenido por Louisa May Alcott con su obra más conocida fue tal que no pudo resistir la tentación de escribir una secuela a la que llamó “Little Men” (“Hombrecitos” en su versión española) y que narraba las aventuras y desventuras de Josephine después del inesperado final con el que sorprendió a medio mundo y que no creo que a nadie le destripe nada conocido al recordar: Beth muere, Josephine se termina casando con un profesor alemán llamado Friedrich Bhaer mientras que su eterno pretendiente, James Lawrence, termina contrayendo matrimonio ¡CON AMY! Aunque Jo no será la escritora que Anthony Boone predijo que sería, sino la propietaria de una Granja Escuela llamada “Plum Field”.

Esta adaptación corrió a cargo de Kōzō Kuzuha en vez de Kurokawa lo que repercutió en un resultado final algo más anodino y carente de interés. Un resultado del que en cierta manera puede absolvérsele debido a que buena parte de la culpa de todo recayó sobre su guionista, Shimada Michiru, que no supo sacar adelante la complicada tarea que le habían encomendado que, para colmo, se quedó únicamente en 40 episodios a pesar de que su emisión se produjo entre el 17 de enero y el 19 de diciembre de 1993. Algo que se tradujo en varias semanas que no gozaron o padecieron de su episodio protocolario.

Pese a todo, la serie consiguió pasar el corte. Es una evidencia que Jo era ya una mujer adulta y casi de mediana edad, pero los tópicos de la empresa que le daba vida evidenciaban que era necesario que los protagonistas fuesen niños o que al menos éstos estuviesen rodeados de niños, y así se hizo mediante una pequeña argucia argumental. Los integrantes del grupo de alumnos de la granja lo integraban sus dos hijos y sus sobrinos, pero el resto eran en su totalidad huérfanos, y será en ellos donde director y guionista encontrarán la “cabeza de puente” que necesiten para encandilar al público.

JoYNan

Las dos etapas de Little Women y Little Men estuvieron protagonizados por dos chicas de corte andrógino como lo eran Jo y Nan

La obra en realidad es un duelo de caracteres entre Dan, un adolescente fuerte y conflictivo al que a fuerza de cariño se le intentará apartar del camino del mal, y Nan Harding, una niña de “genio pronto” como se decía eufemísticamente en la literatura española con la que discutirá frecuentemente, a pesar de que todo el mundo sabe que ésta se encuentra platónicamente enamorada de él. Aunque existe una diferencia sustancial entre ambos: ella en realidad tiene un futuro mucho más prometedor de lo que nadie hubiese podido prever en un principio…

Tanto “Mujercitas” como “Los Chicos de Jo” serán emitidas en Antena 3, aunque ése será precisamente el motivo por el que pasaron a la memoria colectiva de los otakus españoles. La franquicia era sobradamente conocida debido a la película de 1949 y lógicamente ver una adaptación de la misma a “Dibujos Animados” congregó a miles de niños y adultos a la hora de la merienda frente a sus televisores para ver sus episodios. Aunque nadie se fijó en un pequeño detalle. El opening de la versión en castellano contenía un conjunto de imágenes extraídas de su capitulario al igual que lo que ocurría con las producciones de Mediaset, y era acompañado por una sintonía instrumental que más tarde fue sustituida por una canción. Pocos podían imaginarse que efectivamente ello se había cogido directamente de su versión en italiano, pero que en vez de ser emitida por TeleCinco lo hizo en el seno de su más directa rival con un hecho todavía más curioso a sus espaldas… el track original trasalpino de “Little Women fue el versionado punto por punto en su secuela a pesar de que ésta ya no vería la luz en la cadena de Berlusconi.

Volviendo al tema primigenio, el final de esta franquicia que muestra el porvenir de Jo y de Nana es realmente bello y nos regala uno de los abrazos más emotivos jamás plasmados en la historia del anime, aunque lógicamente deja el mal sabor de boca de no ver cómo los dos personajes más importantes de esta trama acaban juntos, al llevar cada uno de ellos vidas separadas. Sin embargo, mucho más dramático se tornaría para los fans de la compañía cuando descubrieron que el mismo no suponía el final de uno de tantos guiones, sino que implicaba en sí mismo el principio del fin. El comienzo de la decadencia de este estudio de la que jamás llegaría a recuperarse y, lo que es peor, de todo lo relacionado con el World Masterpiece Theater.

El comienzo del final

A partir de este momento, lo ocurrido con Nippon Animation escapa simplemente a toda lógica. Era más que evidente que el WMT era su principal baluarte y que a pesar de que desarrollaba otras producciones alternativas, el éxito que hasta el momento habían obtenido se debía a esta peculiar manera de entender el manganime que lo convirtió en su día en el único rival, digno de ser considerado como tal, de Toei. Es por eso por lo que recordar estas cosas sigue produciendo todavía estupefacción entre los otakus que, de un modo u otro, fuimos testigos de la tragedia.

Todo comenzó el 16 de enero de 1994, cuando House Foods retiró su patrocinio al espacio bandera de esta compañía que, para colmo, decidió continuar con un producto llamado Nanatsu no Umi no Tico (Tico of the Seven Seas) que trataba sobre una niña de once años y de su amistad con una orca que naturalmente se llamaba Tico. Hasta ahí nada que pudiese llamar nuestra atención, de no ser por un pequeño detalle: por primera vez en el contexto de este sistema que se había caracterizado por la selección de obras literarias destinadas a los niños y de corte clásico, se eligió como hilo conductor del mismo… un guión original, pero sencillamente anodino. Lo que motivó unos resultados tan patéticos y un fracaso tan estrepitoso y de tal calibre que prefiero ahorrarme comentarios.

Conscientes del descalabro, el estudio tomará nota de sus errores y en esta ocasión volverán a poner al frente de un proyecto de esta particular fábrica de sueños a uno de sus valores seguros, Kozo Kuzuha, con la intención de remontar. Sin embargo, la elección de éste de cara a volver al camino correcto fue cualquier cosa menos acertada. Así, la creación con la que Nippon Animation afrontó 1995 se llamaba Romeo no Aoi Sora y, de acuerdo a los datos facilitados por la compañía, estaba inspirada en “Die schwarzen Brüder” de Lisa Tetzner… Del que, como no es muy difícil deducir, nadie sabía de su existencia, lo que naturalmente derivó en un sonoro fracaso más.

Trio de Penurias Nippon Animation

Los tres productos que acabaron con el WMT

Es a partir de este momento cuando los hechos se precipitan, puesto que 33 eran únicamente los episodios de ésta, pero ello no fue óbice para que su emisión se prolongara a lo largo de todo el año. Sin embargo no ocurriría lo mismo con su sucesora, Meiken Lassie (basada en la archiconocida perra televisiva del mismo nombre), que sería la más corta de estas producciones, apenas 26 episodios que abarcarían del 14 de enero de 1996 hasta… el 18 de agosto del mismo año, y no hasta diciembre, lo que suponía un símbolo claro y evidente de que el formato estaba herido de muerte y que sólo un milagro podría salvarlo.

Fue entonces cuando Kuzuha, casi de la noche a la mañana, tuvo que sacarse de la manga Ie Naki Ko Remi, una adaptación de la obra “Sans Famille” de Hector Malot con la que se pretendió sin éxito volver al esquema que tantas alegrías les había dado con Shokojo Sera por lo que no se les ocurrió otra cosa que cambiarle el sexo al protagonista de la narración, Remi, que pasará de niño a una angelical niña desvalida reproducida, para colmo, con unas técnicas de animación muy similares a las que empezaba a utilizar Toei (y que lo estaban llevando a la ruina) por lo que no era difícil adivinar cómo iba a acabar todo: el 23 de marzo de 1997, TV Tokyo (televisión a la que se acababan de mudar) cancela su emisión debido a las bajas audiencias.

Es un hecho que los tiempos cambian y un formato tan decimonónico como aquél se había quedado obsoleto. Sin contar con que con toda evidencia Nippon Animation ya no tenía en sus filas animadores de renombre con los que cautivar a las nuevas generaciones de otakus que ya por aquella época empezaban a romper con su decimonónico rival. Pero ello no significó ni mucho menos el final de esta particular manera de entender esta manera de entretenimiento para la pequeña pantalla puesto que la empresa, sabedora de que su posición en su país de origen estaba prácticamente muerta, decidió explorar nuevos mercados lanzándose a la conquista del chino.

PersonajesMiserablesC

Estudio de personajes de Les Misérables: Shoujo Cosette

Con un sistema comunista y de una economía marcadamente proteccionista el régimen tenía establecidas severas restricciones a la emisión de material audiovisual realizado en el extranjero, pero dichas trabas no eran aplicables a las coproducciones con compañías nativas. Por ello, y aprovechándose de esa trampa legal, suscribieron un acuerdo de colaboración con la China Central TV Broadcasting Station en 2002 con la que se proponían adaptar un nuevo clásico que, en esta ocasión, sería el de “Los Miserables” de Víctor Hugo, aunque la iniciativa quedó ahí y literalmente no de volvió a saber nada de ella hasta un lustro más tarde.

La producción finalmente se llamó Les Misérables: Shoujo Cosette, pero la oscuridad en torno a su desarrollo fue total hasta el punto de que prácticamente ningún círculo de distribución oficial o alternativo se fijó en ella ni durante su estreno, ni años después, por lo que sólo puedo decir que fue estrenada en 2007 y que sería Fuji TV (ya reconvertida en BS Fuji) la encargada de albergarla. Dicho de otra manera, el WMT había vuelto de tapadillo y por la puerta de atrás, pero ahí estaba y naturalmente había que determinar si era para quedarse.

Por lo pronto su metraje volvió a la duración habitual de 52 episodios y, en esta ocasión, el estudio puso toda la carne en el asador para evitar las críticas hacia su mala animación, tal y como ocurrió en el pasado con las obras que sirvieron para construir su epitafio. Del mismo modo volvió a recurrir al formato “Girl of Love” enfatizando la mayor parte del peso de su argumento en Cosette y muy especialmente en la etapa en la que Jean Valjean la rescata del cruel matrimonio Thérnardier, a pesar de que en su segunda parte la pequeña será totalmente adulta.

KonAnne

El WMT terminó su andadura en 2009 con Konnichiwa Anne: Before Green Gables, 30 años después de su estreno

Es de resaltar que todo ello se hizo con la evidente intención de volver por enésima vez a la estrategia de Shokojo Sera, ya aludida tantas veces que obvio volver a describir. Aunque en este caso existe un hecho curioso como es que, efectivamente, se vuelven a retratar escenas de maltrato infantil pero paradójicamente no se hace alusión alguna al hecho de que su madre, Fantine, se ve obligada a ejercer la prostitución y que el motivo de su muerte fue una enfermedad venérea. En lugar de eso se oculta cualquier connotación sexual en torno al asunto, lo que evidentemente vuelve a poner sobre el tapete un debate tan viejo como el arte de criticar: ¿Por qué existe tanta desinhibición en la narrativa japonesa relacionada con la violencia mientras ciertos aspectos relacionados con la sexualidad siguen siendo tabú?

Fuere como fuere, la acogida de esta apuesta fue fría en términos generales. Algo que no impidió que se terminase de emitir y que incluso existiesen otras dos producciones que intentaron sin éxito continuar este entrañable aunque caduco formato. La primera de ellas fue Porphy no Nagai Tabi, que suponía un guiño a la estética del estudio BONES, aunque llevada a la práctica por Tomomi Mochizuki, más ligado históricamente a otras factorías como J.C. Staff o Sunrise. La segunda fue Konnichiwa Anne: Before Green Gables, que como su propio nombre indica fue una precuela de Akage no Anne.

Lo último puede servirnos para comprender cuál fue el motivo de la práctica desaparición de Nippon Animation durante el siglo XXI. Estaban demasiado estancados en los mismos parámetros, no supieron adaptarse a los nuevos tiempos y, cuando lo intentaron, explicaron mal sus decisiones. Por ejemplo, la obra que puso fin al WMT fue la aludida precisamente porque en el año de su emisión, 2009, se cumplían 30 años del estreno del formato original, e incluso una ya veterana Eiko Hisamura volvió a prestarle su voz. Pero, de un modo más o menos similar a lo ocurrido con su gran rival, Toei, su momento había pasado y, hasta la fecha, no se ha vuelto a tener noticia de la existencia de otro proyecto de este antaño gigante venido a menos por el severo juicio al que siempre somete el paso del tiempo. Aunque antes de acabar, es necesario hacer alusión a unas series difíciles de clasificar y que, sin embargo, también hay que mencionar para configurar una visión global del conjunto del estudio.

Los intentos infructuosos de alcanzar a Toei

He perdido la cuenta de la cantidad de veces que he hablado de que Nippon Animation y Toei vivieron una dura pugna a lo largo del tiempo que derivó en que la primera triunfó en el extranjero mientras que la segunda se quedó con el mercado interior, pero ello no quiere decir que no se influyesen mutuamente y que, en especial con la empresa que nos ocupa, hubiese más de una serie con cierto tufo a clon de los títulos. De los cuales hay quien dice que el primero fue el ya aludido “Future Boy Conan” que precisamente era de Miyazaki, a pesar de que de ella lo único que aclararé es que el genio llegó a reconocer que la calidad de la misma dejaba bastante que desear, por lo que muy probablemente no sería recordada de no ser porque la dirigió el que la dirigió.

Merced a ello y permitiéndonos el lujo de dar un salto de casi una década en el tiempo, existió un segundo formato que siguió estas máximas y cuyo nombre fue el de Bosco Adventure que, emitido en 1987 para la Yomiuri TV, ponía la nota animada a la moda existente durante la década de los ochenta de mezclar utopías ecologistas con maquinaria aeronáutica narrando la historia de la princesa Apricot en su lucha contra Scorpion, que a pesar de su nulo éxito en Japón, arrasó en Italia y especialmente en Francia debido al buen sabor de boca dejado en el país galo por su “Jayce et les conquérants de la lumière” más por el nacionalismo que siempre los ha caracterizado que por su calidad real.

Pygmalio

Cartel promocional y portada de un tomo del manga de Pygmalio

Pero si hay un título que evidenciará esta forma de entender el anime será Pygmalio, del que curiosamente apenas existe información en nuestra lengua. Se trató de la adaptación del manga del mismo título dibujado por Shinji Wada para la Hana to Yume y que narraba la historia de Kurt, un príncipe cuya madre (diosa) es transformada en una estatua de piedra por una mujer llamada Medusa, lo que le obligará a embarcarse en una impresionante aventura alrededor de un mundo mitológico, armado con una espada del tamaño de un puñal capaz de recuperar un tamaño de cientos de metros con sólo desearlo, y un ojo (literalmente) que al ser mojado con alcohol se transforma en un vehículo muy similar a la Nube Kinton en un claro guiño a GeGeGe no Kitarou. Mas no diré de él nada aparte de que fue uno de los pocos títulos de acción de la marca, uno de los más interesantes no sólo por la evolución del personaje sino también por su muy cuidada relación con Agnard y uno de los mejores en cuanto a su opening “Dream Chaser” y a su ending “Tenderness Dakishimete” interpretados en ambos casos por Sakoto Yamano.

A pesar de todo, ninguno de estos productos es nada en comparación con la auténtica joya de la corona como lo es Hunter × Hunter, que no merece demasiadas presentaciones por tratarse de una obra sobradamente conocida por todos los otakus y cuya trama narra la vida de Gon Freecss y de sus peripecias como cazador de tesoros, alimañas y recompensas de todo tipo y condición. El manga de Yoshihiro Togashi goza de una enorme popularidad, aunque muy pocos se suelen hacer eco del anime con el que llegó a la pequeña pantalla y que fue, precisamente, una obra de este estudio.

Nippon Hunter

La primera adaptación de Hunter x Hunter se convirtió en la apuesta más importante por el género del Shounen de Nippon Animation

De hecho, llamó en su día poderosamente la atención que el mismo fuese dirigido por Kazuhiro Furuhashi, (tradicionalmente vinculado a Deen y en menor medida a Pierrot) después de que éste se encargase de hacer lo propio con la adaptación de Rurouni Kenshin, con más sombras que luces. De él puede decirse relativamente poco que no se sepa como fue que, cómo no, emitido en Fuji TV y contó con la friolera de 62 episodios a pesar de que el cómic en el que se basaba era en su día (1999) una serie que acababa de comenzar un año atrás en las páginas de la revista Weekly Shounen Jump, por lo que en 2001, llegó a su fin a mucha distancia de que su versión impresa hiciese lo propio.

Se podría decir así que ésa fue la incursión más realista y creíble en el terreno del Shounen que acometió Nippon Animation, pero como consecuencia de lo anteriormente dicho, en 2011 Sunrise decidió editar un remake de mucha mayor calidad técnica, que embriagaría a la presente generación de otakus con sus 148 capítulos. Lo que conllevó que aquel ambicioso producto fuese poco a poco relegado al olvido y con él… el mejor trabajo de los realizados por la empresa en este peliagudo terreno en el que a pesar de haber colaborado en proyectos como los de Captain Tsubasa J o más recientemente Fantastic Children, no volvió a levantar cabeza. Aunque ya dicho esto, podemos establecer una valoración global del conjunto.

Conclusión

Y qué decir tras todo esto que no haya dicho innumerables veces. Simplemente la infancia de la mayor parte de la gente que ahora tiene mi edad o es mayor que yo no se puede describir sin Toei… y sin este estudio y la labor que desarrolló durante muchos años al frente del World Masterpiece Theater, posiblemente el manga y el anime jamás hubiesen llegado a suelo europeo, o de haberlo hecho, lo haría varios años más tarde y con muchas menos posibilidades de éxito. Pero ahí estaba. Traspasaron barreras en algunos lugares en los que a duras penas llegaban incluso películas de Hollywood, como en el mundo árabe. No se trataba de comercialidad sino de calidad y vaya si en ese sentido estuvieron a la altura.

Nippon Animation fue el resultado de dos herencias de tanto peso que incluso asusta el mero hecho de mencionarlas. La de Tezuka, que rápidamente olvidaron, y la de Takahata, que sería la que los llevó a la fama internacional y la que hizo de la factoría una verdadera universidad donde se pulirían tanto él como Miyazaki a la hora de llegar a Ghibli y crear con él el mayor mito de la historia del género. Pero eso es algo que a las presentes generaciones de otakus les cuesta entender. Hubo épocas en las que, con sus virtudes y sus defectos, los animes se creaban no por moda, sino con la intención de perdurar, y muy pocos tienen la capacidad para hacerlo de esta compañía a pesar de que su estilo ha quedado un poco obsoleto.

En esencia se hicieron populares con adaptaciones de guiones míticos de la historia de la literatura infantil y juvenil, buscando especialmente que éstos estuviesen protagonizados por niños, y especialmente niñas, a los que sometían a toda clase de situaciones emotivas, que en ocasiones llegaban a resultar cargantes y desagradables. Pero ni sus triunfos se basaron en eso, ni su trascendencia a lo largo de la historia se recuerda así. Simplemente hicieron series que marcaron vidas enteras e incluso el propio Hayao, en alguna ocasión, llegó a reconocer que su espina clavada era el no haber hecho una serie de Pippi Långstrump y fue por su pasado en el seno de esta compañía. Todo un ejemplo de hasta qué punto fue lo máximo un estudio que, a día de hoy, no es nada fruto del cambio de siglo y de no saberse adaptar a las inquietudes de un mercado más basado en el ansia de crear un fenómeno volátil en el tiempo, pero rentable, que duradero en la memoria y en el corazón.

AbrazoHombrecitos

27 comentarios el “Nippon Animation, el anime con sabor a clásico juvenil como contrapeso a Toei

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  7. Que barbaro. Entras a trabajar por la mañana y esto lo publicas a las 4. No tienes remedio ajaja. Seguro que hoy no tienes nada que celebrar? :guiño: :guiño:

    • Espero poder celebrar que De Gea deje a Casillas en el banquillo, o en su casa o comiendo pipas, o haciendo lo que sea antes de que esté un segundo más tocando las narices en el vestuario. Pero a día de hoy no tenemos ni entrenador:/

      Un saludo.

  8. Fui de las pocas que vio Shoujo Cosette y me encantó. Aunque tiene unos momentos algo tontos en el relleno, como cuando Jean Valjean tiene que fingir su muerte y es enterrado vivo. Pero lo que tú dices. Que no había manera de encontrarla porque nadie se preocupó de que existiese. Como siempre en ti, muy buen artículo con mucho trabajo invertido. Lo de Heidi y Pedro santando como si estuviesen ciegos a droga me ha matado de la risa.

    • Y con Gavroche había también alguna que otra metedura de zarpa. La verdad es que no fue su mejor producción, pero el aislamiento que sufrió fue totalmente inmerecido.

  9. La cara que se me quedó cuando me dijeron que las series que dices eran japonesas. De Maya y Vicky nunca se me hubiese ocurrido ni pensarlo. La que más me chocó fue Alfred J. Kwak, pero hay muchísimas. Vaya artículo macho, como siempre te dejas la piel escribiendo.

    • Ostrás, ya no me acordaba de esa serie con la que TVE nos destrozaba las sobremesas después del Telediario. Pues sí, era anime, lo que no te puedo decir es de qué estudio ya que en ningún sitio se aclara. Aunque quienes pusieron la pasta fueron los holandeses.

      Un saludo.

  10. Mis padres de pequeños vieron “Heidi” (creo que es la única que aún retransmiten), y yo pude verla en emisiones posteriores, aunque hoy en día prefiero no revisionarla para conservar la buena impresión que me dejó hace varios años. Tomando en cuenta que ya desde mi niñez la susodicha serie me parecía cursi, pues como será ahora.

    Recuerdo que también llegue a ver “D’Artacán y los tres mosqueperros”, “Peter Pan no bouken” y “Mujercitas”, que ya para ese entonces habían quedado relegadas a horarios muy temprano en la mañana. Por cierto, hubo otra versión de “Los Moomin” en 1990, esa serie por lo menos si llego a México, creo recordar.

    Poniendo atención a la cantidad de obras que surgieron, realmente es una pena que algunas como “Ana de las tejas verdes” no fuesen distribuidas por aquí; tengo pendiente el verla, ya que así a primera vista parece poseer mucho de la esencia típica de Ghibli y además varias reseñas la encumbran.

    Es innegable que estas series marcaron la infancia de muchos y que su estilo de animación es entrañable, a pesar de lo excesivamente lacrimógenas que eran algunas de sus historias.
    Trasladar el formato tal y como fue hace años, a día de hoy puede resultar desfasado. No obstante, en estos tiempos cuando la animación japonesa se encuentra saturada de “modas” (por decirlo suavemente), no vendrían mal otras adaptaciones de la literatura clásica; en verdad quiero creer que los niños de ahora podrían tomarlas muy en cuenta.

    Agradezco el tiempo que te tomas en hacer estas reseñas y te mando un afectuoso saludo.

    • Pues sí, precisamente ahora vendría estupendamente bien un estilo como el del WMT para poner fin a esta etapa horrible de anime que estamos viviendo en lo que a anime se refiere. Pero en esto ahora quienes mandan son los patrocinadores y si ven que no se puede sacar merchandising de la franquicia, no ponen dinero. De ahí que no sigan con apuestas similares.

      Sobre Akage no Anne, ahora evidentemente te podría parecer algo antigua y desfasada, pero muchos la consideran la mejor del estudio, así como la obra maestra del Takahata televisivo. Vamos, que nadie que estudie a Ghibli o se dedique a su análisis puede obviarla, porque es imprescindible para entender lo que ocurrió pocos años después con la firma de Totoro.

      Y gracias a ti por invertir tu tiempo en leerlo😀.

      Un saludo.

  11. Como siempre una joya de artículo, nostálgico e informativo, luego de leerlo volví a visitar la reseña de La Tumba de las Luciérnagas y ahora tiene más sentido lo que dices en ella. Parece que ya tenían algo de práctica utilizando la misma fórmula para tratar de forzar lágrimas por medio de niños sufriendo todo tipo de calamidades.

    Volviendo al artículo, acá en mi país Heidi fue la que tuvo más éxito, hace una década la volvieron a pasar y de nuevo fue un boom. En cambio Marco la repitieron pero no causó mucho revuelo entre los nostálgicos.
    De las otras series recuerdo a Remi, Ana de las tejas verdes, Mujercitas (aunque nunca la dieron completa), La abeja Maya (Y la otra abeja de Tatsunoko Productions: Jose Miel que luego retransmitieron en versión suavizada de Saban; La abejita Hush) y esas son las que recuerdo, ni idea de si dieron las otras.

    Gracias por el esfuerzo y tiempo invertido en esta entrada.

    • Es que lo ocurrido en La Tumba de las Luciérnagas es eso. Takahata adaptó la fórmula de Nippon Animation a la gran pantalla y ello implicó una involución para él, porque no se supo adaptar a las exigencias de ese formato, al contrario que Miyazaki que inmediatamente le cogió el truco e hizo maravillas.

      Un saludo.

  12. Buffff, Pedazo de Artículo!!!!!!!!!!!!!!! Genial!!!!!!!!!!!!!😍😍😍😍

    Curioso que las primeras series las vi todas, la mayoría en reposiciones, porque tampoco había nacido a mediados-finales de los 70s, pero teniendo un tía que trabajaba en un estanco de la época, siempre había por casa cromos, libritos, barajas etc de Heidi y Marco, y ya tenía yo gran interés por descubrir ese mundo. Mi tía la pobre que no paraba de llorar con Candy Candy en esa tele de blanco y negro😂😂.

    Pero ya la segunda etapa de Nippon Animation (la de España de los 90) cuando veía que las echaban en telecinco o antena 3 cambiaba de canal, porque quería acción, tipo Dragon Ball o Saint Seiya, y no quebrarme la cabeza con tramas adultas😅.

    Por cierto, que vergonzosa la segunda parte que hicieron de Dartacan y Los Mosqueperros, sólo comparable a la mala calidad de la serie Mortadelo y Filemón que echó a mediados de los 90 Antena 3.
    Recientemente los de BRB han hecho un lavado de cara a Heidi, y la están emitiendo en 3D en ClanTV. A mi hijo le gusta, aunque a mí me parece un exploitation total!!

    Sobre la serie de Little Princess Sarah no la recuerdo en anime, pero sí una miniserie que emitió TVE hace la tira, con similar argumento: “La Princesita”, se llamaba.

    Curioso también, que siempre he creido que coproducciones como Sherlock Holmes o Ulysses, eran de Nippon Animation, cuando son de TMS, aunque tienen un tufo a Nippon Animation lque no pueden remediar.

    En fin, acabo ya este comentario-fuga de pensamientos que pasan por mi mente al leer tu entrada, y vuelvo a darte la enhorabuena por este pedazo de artículo. Desde que te leí hace dos años (Touch!) no puedo dejar de hacerlo. Congratulations!!!!!

    • Pues que sepas que las secuelas cutres de Dartacan y de Willy Fog son de Taiwán. Yo cuando me enteré me quedé a cuadros porque pensé que habían hecho lo mismo que PROCIDIS (la de los “Érase Una Vez”) que decidió dejar de subcontratar a japoneses a partir de “Las Américas” para apostar por sus estudios nativos (en ese caso, de Francia) y siempre pensé que la mala calidad de las series que citas era porque se habían hecho en España y nada más lejos de la realidad. Y sobre lo de Sherlock Hound, eso era porque Miyazaki (y en menor medida Takahata) iba y venía de Nippon Animation a TMS (donde se encargó por ejemplo de Lupin III).

      Por cierto, Ulysses 31 fue realizada con la mano de obra de TMS pero Jean Chalopin llevó la voz cantante en la dirección puesto que sus primeros pasos estuvieron muy vinculados a estudios japoneses (por ejemplo Taiyō no ko Esuteba la hizo con Pierrot) y gracias a ellos pudo sacar adelante su productora DIC Audiovisuel, que llevó la voz cantante durante muchos años en la animación francesa. Vamos, que es un mundo completamente aparte.

      Un saludo.

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  14. Hola, Javi, acá vengo después de un largo tiempo a comentar el blog. Te pido perdón por no haberme pasado antes, pero mis responsabilidades y mi estado de ánimo no me permitían pasarme por aquí.

    La verdad es que como soy más chica, no conocía a este estudio. El único anime de la que tengo algún recuerdo vago es “Heidi”. Algunas otras solo las conozco de nombre como, por ejemplo “Mujercitas”. No sabía que habían hecho tantas adaptaciones de grandes clásicos de la literatura infantil y juvenil. El que más me sorprende es el de “A Little Princess” o “La princesita” de Frances Hodgson Burnett, de la cual había visto la película de los ’90 y me había encantado.

    Creo que entiendo por qué tuvo tanto éxito en el exterior y, sin duda, ayudó mucho para que el anime fuese conocido ampliamente fuera de las fronteras del país del Sol Naciente.

    Besos.

    • No te preocupes mujer y no hace falta que te disculpes por nada😛 Por cierto, sí, A Little Princess fue adaptada, no tiene prácticamente nada que ver con la película y si le echas un vistazo a algún episodio te vas a quedar sorprendida de la crudeza de algunas de sus escenas.

      Un saludo.

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  19. Menos mal que todavía queda gente que recuerda a los grandes estudios clásicos de animación y su aportación a la expansión del anime. Posiblemente ninguno estaríamos aquí de no ser por Toei y por Nippon Animation, el gran olvidado. Espectacular artículo y felicidades por tu blog.

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Adelante, siéntete libre para incordiar :3

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