Sobreviviendo (con gerundio) a un verano jurídico

Suzumiya en Verano

Otra vez como hace apenas un par de meses. Echo la vista atrás y casi han transcurrido nada menos que 30 días entre mi última entrada y el texto que tenéis ante vuestros ojos sólo puede contener una disculpa y una justificación para tan aparente desidia. Como os podréis imaginar todo tiene su explicación y esto no podía ser menos, pero no es muy difícil de deducir: estaba simple y llanamente molido debido al ritmo que me he impuesto durante todos estos meses y que debía suavizar si quería mantener la cordura que la sobrecarga de trabajo amenazaba. Aunque tal vez lo primero sería sincerarme.

Exactamente una semana después de haber publicado el artículo sobre Nippon Animation perdí la ilusión por escribir. La verdad es que puede sonar exagerado decir que cuando me pongo delante del ordenador para redactar una entrada me tiro varios días hasta que la termino, pero es cierto. No basta con tener buenas intenciones, sino elegir un buen tema, después asesorarse, comprobar algunas cosas que doy por ciertas (pero que después resultan ser diferentes) y, por supuesto, sacar tiempo. Y últimamente, el mencionado tiempo sólo lo encontraba por la noche a costa de robarle horas y horas al sueño. Todo ello, por supuesto, sin que ello sirviese como excusa para no rendir como Dios manda en todo lo demás.

Lógicamente todo ello me pasa factura y ya hubo un día en el que no me quedó más remedio que ordenarme a mí mismo (en el sentido más ridículo y literal del término) un descanso, porque mi cabeza estaba a punto de estallar. Pero, por pedante y cursi que pueda parecer, también mi alma me exigía un respiro puesto que, aunque no lo parezca, sufro bastante en cada pleito en cuya defensa colaboro. No es tanto una cuestión de quién tenga razón en términos jurídicos, sino un tema de humanidad. Es difícil mantener la compostura ante ciertas situaciones que ves y tener en tus manos vidas semidestrozadas que pueden irse al traste definitivamente ante el menor error es durísimo, incluso sin ser yo el que lleve todavía la toga. Pero en ese sentido no me puedo quejar.

No voy a ejercer en Zamora, pero la verdad es que mucha gente por aquí, tanto veteranos como noveles en el campo de la Abogacía, hasta funcionarios y autoridades me han ayudado muchísimo enseñándome cosas que muchos otros no aprenden en su vida: cómo hablar en un juicio, cómo reaccionar ante una situación difícil, cómo se interroga, cómo resultar convincente, qué cosas hay que preguntar, cómo solucionar errores del cliente… En ese sentido, estar en ciudades como ésta es un lujo para aprender y recibir diariamente el cariño y el apoyo de gente, que no me lo tendría por qué haber dado, me ha servido para olvidarme de malos momentos y de desilusiones que, de cualquier otro modo, me hubiese resultado muy difícil de sobrellevar.

Mi vida desde hace mucho tiempo es esto: trabajar hasta caerme de espaldas. Tengo que hacer en dos años lo que otros hacen en diez y no puedo permitirme distracciones. Estudio hasta la última coma de todo texto legal que cae en mis manos, leo decenas de sentencias al día, analizo juicios, juicios y más juicios, veo sus resultados, los recursos, sus ejecuciones… 24 horas de disciplina espartana en todo lo que hago sin permitirme el menor exceso, procurando mantener un lenguaje políticamente correcto en todo lo que expreso. En resumen, me paso el día empollando… rodeado de libros, apuntes, textos y hojas sin un solo segundo de esparcimiento.

Necesitaba una desconexión; un descanso para dedicarme a mí mismo y así volver con energías renovadas. Hablo del gustazo de llegar a casa cansado, ponerse un buen podcast y disfrutarlo mientras echas una partidita a un videojuego de la Neo Geo. O de ponerte a ver Juego de Tronos y disfrutar de una de sus megamasacres tras ocho episodios de palique ininterrumpido. O simplemente eso, dejar los problemas para otro momento mientras tienes unos instantes de paz… y es exactamente lo que he hecho durante estas semanas y lo que haré durante el resto del presente mes de junio, porque creo que me he ganado al menos unas horas de asueto al día tras casi un año de trabajo intensivo mañana, tarde y noche. Necesito “recargar las pilas” y eso no se puede hacer de la noche a la mañana con la tralla que me he metido.

Así que es eso. Espero que sepáis disculpar la ausencia de posts del presente mes y que durante el siguiente tarde algo de tiempo en elaborar algo a la altura de las circunstancias pero quiero tener un poco de tiempo para mí. Poder salir una tarde a tomar un café con mis amigos, jugar a algunos de los videojuegos que tengo pendientes o ver mi tradicional atracón estival de Naruto y Fairy Tail de todos los años para ponerme al día de las aventuras y desventuras de esta particular tropa de ninjas y de mi gremio de magos preferido. Sí, serán series “casual”, pero ahora mismo es exactamente lo que necesito; historias en las que, como dirían en la lucha libre, “los problemas, durante una hora, son de otros”.

Por último, sí, lo estoy pasando terriblemente mal con el calor. Los castellanos nos aclimatamos en seguida a un calor seco de cuarenta grados tras meses de termómetros bajo cero, pero lo de estos días ha sido sencillamente demencial, con temperaturas extremas por la mañana y tormentas terribles por la noche. Algo que a una persona como yo, que encuentra la felicidad en los cielos nublados, la lluvia, el frío y la nieve, le resulta especialmente difícil de llevar. Aunque por suerte el verano dura únicamente tres meses y serán en el contexto de los cuales en los que escribiré algunos de los análisis que tengo pendientes, y que, naturalmente, tendrán en dos casos como protagonistas a sendos films de Ghibli cuya review no puedo seguir demorando. Pero eso ya se verá en los próximos meses.

Ahora lo importante para mí es recuperarme. Mientras, aprovecho para desearos a todos y cada uno de vosotros un muy feliz verano, agradeciéndoos además vuestra fidelidad y compañía, puesto que sé que no soy el más afable ni accesible de los otakus españoles, y aunque sea uno de los pocos (o más bien “uno de los únicos”) que se aleja de la tónica habitual de “blogosfera-panda” y pase de ir a quedadas y de participar en otros proyectos y todas esas cosas, la verdad es que me hace mucha ilusión recibir el cariño de la gente que de vez en cuando he podido comprobar gracias a esta bitácora. Pero no me explayaré más. ¡Feliz verano a todos! ¡Que paséis unas vacaciones estupendas en compañía de vuestros seres queridos!

Javi.