Omoide no Marnie, el comienzo del Hiatus de Ghibli

Omoide No Marnie

– Tengo que volver. – ¿Estaban hablado de ti? – Sí, normalmente estoy en la cama a esta hora. Vamos, volvamos a casa remando. – Así que este bote era tuyo. – Sí, y lo dejé a tu alcance a propósito, aunque pensé que remabas bastante mejor. – Sí, eso creía yo también. – Eres mi precioso secreto. No le he dicho nada a nadie sobre ti y no lo voy a hacer, porque si alguien se entera lo estropeará todo. Por favor, prométeme que lo nuestro seguirá siendo un secreto siempre. – Sí. – Será nuestro secreto.

Sí, he tardado casi dos meses en volver a hablar de anime, pero como ya dejé bien claro o descansaba un poco o la cabeza me iba a estallar. Además, como siempre he dicho yo soy un lobo de invierno; el verano y yo jamás hemos sido buenos amigos y mi productividad durante estos meses suele mermarse considerablemente. Pero es que lo de este año y sus asquerosas oleadas de calor está superando todo lo humanamente soportable por mi parte. Os puedo asegurar que ha habido veces que me he encontrado al ir a correr el termómetro a 41 grados, he dormido con 34 por la noche y o bebo de tres a cuatro litros de agua diarios o tengo la sensación de que me voy a deshidratar.

Así es la meseta castellana durante estos meses. Un verdadero horno a presión particularmente difícil de llevar para todo aquel que no tenga a su alcance una piscina. Y teniendo en cuenta que lo más parecido que tengo a mi disposición es el mar de libros de Derecho (en especial Mercantil) que inunda habitualmente mi habitación, y que tengo que combatir estas temperaturas anormalmente altas a la par que mi mente resulta frecuentemente atacada por unas dosis exageradas de aburrimiento extremo… comprenderéis que no es una tarea precisamente fácil para mí ponerme a escribir, ya no sólo por la dificultad para encontrar tiempo, sino también para reunir las ganas necesarias con las que ponerme a ello. Pero una vez conseguidas, aquí estoy.

Así pues. Casi después de que Desiré Cordero despertase una oleada de patriotismo en Pérez-Reverte que ríete tú de cuando España ganó el Mundial de 2010, después (ya en el sentido estricto del término) de que Dragon Ball Super demostrase que muchos de los que a día de hoy van de otakus veteranos desconocían que existía un engendro llamado Dragon Ball GT desde cuyo estreno el confiar en que se edite algo mínimamente bueno relacionado con la franquicia es como esperar que Piqué parta la historia del pensamiento humano en dos tras una de sus juergas, después de que el TOPOR haya pasado a ser un problema del OTOPOR, digooooo, del Oporto (cosa que celebré con suma discreción) y apenas unos días después de que fuese ya definitivo que Miyazaki volvía a la carga con un corto de animación (ya es casualidad) procedo a analizar un anime que me habían exigido hasta la saciedad desde hace meses debido a que los caprichosos vientos del destino han hecho de él la que podría ser la última producción de Ghibli si este estudio no sale del hiatus indefinido en el que por el momento se encuentra. Por lo tanto, como siempre preparándome para lo peor, comencemos.

Ficha Técnica

Omoide no Marnie (思い出のマーニー) también conocida como When Marnie Was There en Estados Unidos y El Recuerdo de Marie en España es una película de animación de 103 minutos de duración perteneciente al género Dramático y, en menor medida, Infantil. Fue dirigida en 2014 por el director Hiromasa Yonebayashi para el estudio Ghibli. Está inspirada en el libro “When Marnie Was There” escrito en 1967 por la escritora británica Joan Mary Gale Robinson. Por el momento no existe una adaptación oficial del mismo al castellano ni tampoco un manga basado en él.

Argumento

Anna Sasaki es una adolescente con serios problemas para su adaptación. Carece de amigos, sus interacciones con gente de su edad son manifiestamente mejorables y el entorno que la rodea le es manifiestamente hostil. Por ello, y en vista de sus nulas habilidades sociales, se refugia en el campo de la pintura donde parece tener un talento poco común que no escapa al control de sus profesores, que aprecian en ella una brillantez impropia de alguien con tan pocos años a sus espaldas. Pero todo cambia cuando un día sufre un ataque de asma y es llevada a su casa, donde sus padres deciden que es mejor que pase el verano fuera del lugar en el que viven, Sapporo, cuyo entorno se encuentra demasiado contaminado para alguien con una salud tan delicada como la suya.

En vista de todo ello, su madre Yoriko decide enviarla a una localidad costera próxima llamada Kushiro donde unos parientes suyos se encargarán de cuidarla durante los meses de verano. Pero sólo una cosa le preocupa más que la débil constitución física de su hija, como es que ésta es, humanamente hablando, cada vez más fría y distante con todo el mundo, y en especial con ellos, lo que podría deberse a que entró a formar parte de sus vidas mediante un proceso de adopción. Sin embargo, la realidad dista mucho de lo que sospecha esta buena mujer que, con todo el dolor de su corazón, pone rumbo a la parte más oriental de Hokkaido y le encomienda su custodia al matrimonio de Setsu y Kiyomasa Oiwa.

Pero, una vez llegada a la zona, no será el aire puro ni el ambiente rural lo que más le sorprenda, sino más bien una ruinosa y opulenta mansión abandonada en mitad de un estanque que comenzará a visitar hasta que, un día, crea ver a una joven algo mayor que ella a través de una ventana cuya larga y tupida melena rubia es cepillada con brusquedad por una anciana que parece su institutriz. Aunque lo más sorprendente de todo es que dicha aparición parece coincidir con otro acontecimiento si cabe más enigmático como es que el gigantesco caserón parecía haber vuelto a la juventud con esa visión.

Personajes Marnie

Anna, Hisako y Marnie

Un día, en pleno Tanabata, Anna discute con las nuevas amistades que ha entablado en el pueblo y se marcha a la orilla del pequeño lago que rodea a la enigmática vivienda que lleva días cautivando su atención. Pero algo ha cambiado. Allí, por sorpresa, encuentra un bote acompañado de unos remos que parece haber sido puesto expresamente para ella, y no perderá la oportunidad de comprobarlo. Se sube inmediatamente a la embarcación y, tras no pocos problemas para hacerse con su control, llega hasta un lugar donde por fin se topará con la enigmática muchacha que vio más allá de un cristal unas cuantas noches atrás y que parece huir de la fiesta que se está celebrando en ese preciso momento el interior de su domicilio.

Éste será el comienzo de una particular amistad entre dos pequeñas mujeres a las que les une un brutal sentimiento de soledad. A la una, porque sus padres parecen quererla únicamente por el dinero que reciben como subsidio por tenerla a su cargo. A la otra, por ser una niña rica prisionera en un mundo de opulencia y banalidad en el que ella sólo es un adorno más dentro de un castillo burgués lleno de enseres de lujo cuya presencia en él es, en resumidas cuentas, un objeto de coleccionismo. Así, ambas empezarán a verse todas las tardes después de que Marnie, como así se llamaba, le hiciese prometer que mantendrían sus encuentros en el mayor de los secretos.

De este modo, la vida de Anna pasará a tener una doble dimensión. Por un lado, la que transcurrirá en compañía de la gente del pueblo, en la que una anciana pintora llamada Hisako (que pasa los días pintando cuadros al óleo desde un mirador) ejercerá de auténtico pivote. Por otro, las vivencias que tendrá en compañía de la escurridiza Marnie a la que sólo ella parece haber visto en alguna ocasión y que llegará en ocasiones a resultar enfermiza para ella. Aunque en el fondo, todo terminará girando en torno a la misma pregunta. ¿Quién o qué es esa misteriosa muchacha rubia que parece haber llenado su vida?

Tema Central de la OST

  • Fine on the Outside”, escrito e interpretado por Priscilla Ahn

Análisis

Seamos claros desde el primer momento. Hacer esta review resulta enormemente difícil para mí al no conocer el contenido exacto del libro original, y lo que en un principio puede parecer un defecto sin importancia a tenor de lo ocurrido en otras adaptaciones de libros nacidas del sello Ghibli como ocurrió con Howl’s Moving Castle de Miyazaki o Arrietty del propio Yonebayashi, se vuelve particularmente grave en esta ocasión; algunos de los matices que apunté tras los dos primeros visionados me resultan simplemente imposibles de contrastar, con lo que no me es posible llegar a los extremos a los que me había propuesto, ni desde luego podré ahondar en determinados entresijos que juzgué particularmente interesantes y de los que no podré asegurar con propiedad y pleno conocimiento de causa si eran cosa del director o de la propia Joan G. Robinson.

Fuere como fuere me veo en la obligación de repetir lo que sempiternamente digo. Está claro que cualquier persona que haya seguido mínimamente la filmografía de la marca que nos ocupa puede intuir dos tipos de obras dentro de la misma como son las del ya mencionado Hayao Miyazaki y las de todos los demás o, como yo las llamo, las canónicas y las apócrifas. Asimismo nadie que me conozca mínimamente ignora mi profunda y declarada animadversión a estas últimas debido a decenas de razones que ya he hartado de aclarar y que, por supuesto, no enumeraré ahora. Sin embargo, sí me permitiré señalar que, dentro de esta línea de estudio a dos velocidades, se han emprendido iniciativas a medio camino entre el estilo realista de Takahata y el fantasioso del padre de Totoro de resultados desastrosos en líneas generales pero que por alguna razón son frecuentemente evocadas entre los aficionados a la animación de origen oriental y de las que Kondo fue el precursor y que continuó, varios años después del fallecimiento de este último, con este creador cuya labor ahora abordamos.

Partiendo de todo lo anterior, Yonebayashi es tal vez el único de los talentos que trabajan para Ghibli sobre los cuales existen todavía un mínimo de esperanzas puestas en él con la expectativa de que éstas acabarán en algo positivo; tesis avalada por un tal Goro, principal exponente de la doctrina política del niñopapismo en la animación japonesa, promotor de los dos mayores crímenes contra el anime perpetrados en forma de película y cuyo simple visionado deja a las obras completas de Belén Esteban cerca del Nobel de Filosofía. Sin embargo, su más firme competidor tenía hasta el momento un solo largometraje en el mercado. Por lo tanto, la pregunta es clara. ¿Se mantendrá en el Limbo en el que antaño se encontraba, bajará a los infiernos como su compañero, o subirá a los cielos para acompañar al progenitor de éste? Intentemos comprobarlo, no sin antes apuntar algunos aspectos sobre la producción de esta cinta.

Un error oriental transformado por azar en gran esperanza blanca occidental

La primera vez que se escuchó hablar sobre que esta peculiar factoría de sueños con doble cara estaba preparando la apuesta que tenemos sobre la mesa fue mediante su distribuidora en Japón, Toho, que dentro de sus planes para 2014 incluyó este título del que simplemente se anunciaron dos cosas. La primera que Yonebayashi, único miembro de la factoría que actualmente posee un mínimo de talento para suceder a Miyazaki, iba a hacerse cargo de la dirección, mientras que el guión correría a cargo tanto de éste como de Keiko Niwa, estrecho colaborador suyo en Arrietty, y de Masashi Ando, diseñador de personajes en cintas como Mononoke Hime o Chihiro.

No obstante, fue la segunda de las noticias la que verdaderamente entrañó dificultades. La historia estaría en realidad inspirada en un libro llamado “When Marnie Was There” del que, para qué nos vamos a engañar, apenas se sabía nada en aquel momento (incluso en el mundo anglosajón) pero que, por contra, gozaba de las simpatías del gran gurú de la animación japonesa quien, en toda una evocación a su pasado como miembro de lo que se convertiría en Nippon Animation, lo incluyó dentro de una lista que configuró en agosto de 2010 en la que se incluían los que, a su juicio, eran los 50 mejores libros jamás editados en el panorama de la literatura infantil y juvenil.

Es aquí donde nos encontramos con el primer gran problema. La autora de aquel libro se llamaba Joan G. Robinson pero de la misma apenas se recordaba nada en el momento de este anuncio. De hecho, aunque se conservaban ediciones originales de este título y de otros anteriores en portales como eBay o Amazon, la realidad es que la misma era completamente desconocida para el gran público. Por ello, los pocos que conocían su trayectoria apuntaron que no sería fácil de adaptar aquella particular apuesta por varias razones, aunque la más importante de ellas residía, efectivamente, en que sus inicios se centraron en crear historias destinadas claramente a niños. Pero conforme maduró, su estilo fue progresivamente cambiando hasta terminar por hacer obras destinadas a adultos a pesar de estar protagonizadas por infantes o preadolescentes. Y ésta era, precisamente, la primera de las historias de esa etapa que, para colmo, iniciaba con 57 años.

Promocion de Marnie

Portada de la edición japonesa del libro y cartel promocional de la película

En realidad, el problema residía en que ninguna de las mentes pensantes del estudio se había dado cuenta del embrollo en el que se acababan de meter puesto que su intención era la de crear una película cuya trama transcurriría en Japón. Sin embargo, el guión que habían elegido para ello tenía lugar en un entorno rural como el inglés, que en nada se parece al del Imperio del Sol Naciente ni en términos geográficos ni, por supuesto, sociológicos, y ello implicaba tener que hacer muchos más malabares con la adaptación de los que en un principio hubiesen sido deseables y ello, lógicamente, desembocó en más problemas.

Las protagonistas de esta historia se llamaban Anna y Marnie y finalmente se optó por respetar estos nombres, pero había que llevarlos a la realidad nipona; de ahí que la mencionada Anna, custodiada por los señores Preston, fuese rebautizada con el apellido “Sasaki”. Del mismo modo surgió un segundo inconveniente y es el de que esta historia tenía lugar en Norfolk, en la parte más oriental de Gran Bretaña. Por ello, y al trasladarse el campo de acción al país oriental, hubo que pensar en una zona con unos paisajes parecidos a los retratados por Robinson, por lo que se decantaron por hacer que la muchacha fuese originaria de Sapporo y el lugar al que se trasladase fuese Kushiro, ambas poblaciones ubicadas en Hokkaido cuyo clima, como es de sobra conocido, no tiene nada que ver con el que existe en las islas británicas.

Para lograr la cuadratura del círculo (y evitar las risas de los críticos japoneses, muy exigentes con la fidelidad en lo que a recreación de escenarios reales se refiere) hicieron que todo tuviese lugar en verano, aunque claro pronto se encontraron con que en el guión original se hablaban de fiestas y caserones muy típicos de finales de la etapa victoriana y principios del reinado de Eduardo VII. Es decir, una sociedad muy anclada en temas sociales dentro de las muy estrictas normas no escritas de la aristocracia y la alta burguesía inglesa que todavía tardarían un cuarto de siglo en ser flexibilizadas con los gobiernos de Ramsay MacDonald. En ese aspecto los guionistas no tenían salida posible. Sencillamente, la configuración de esa clase social en su país a principios del siglo XX no era ni remotamente parecida, por lo que finalmente todo ese entramado de “saraos” y “festines de postín” se introdujo con calzador de modo idéntico a como se describía en la narración (aderezándolo todo con un toque años veinte), empobreciendo significativamente el resultado final.

Lanzamiento Marnie

Cartel y stand promocional del lanzamiento en DVD y Blu Ray del anime

Como no es muy difícil de prever, este planteamiento podría colar de puertas para afuera del Imperio del Sol Naciente. Cuestión diferente es lo que pudiese pasar en su interior, por lo que se intentó compensar este error de cálculo contratando a actores de doblaje originarios de Hokkaido para que el acento de la zona quedase perfectamente retratado. Pero esto ocultaba en realidad otro inconveniente. El escaso presupuesto hacía que no fuese posible contratar a ningún Seiyuu de nivel y ni siquiera las dos elegidas para prestarles su voz a Anna y a Marnie (Kasumi Arimura y Sara Takatsuki respectivamente) gozaban del menor nivel.

Era una evidencia que las cosas no pintaban precisamente bien. No existía expectación alguna en Internet por este trabajo, la labor del equipo de desarrollo era difícilmente empeorable y el marketing promocional de la misma rozaba lo esperpéntico. Buen ejemplo de ello lo hallamos en que el primer trailer oficial de la misma lanzado el 2 de julio de 2014 pasó sin pena ni gloria entre las webs especializadas y redes sociales, hasta que, un mes después se producía el cataclismo. Ghibli anunciaba que se “reestructuraba como empresa”, lo que mercantilmente hablando significaba su cierre como empresa creadora de animación. De la noche a la mañana, Omoide no Marnie pasaba de Cenicienta a princesa heredera; una obra póstuma perteneciente a una marca que conocen y admiran personas capaces de mirar con extrañeza a aquél que hable del anime, pero que entiende a la perfección a qué se refieren nombres como “Mononoke”, “Chihiro” o “Howl”.

Así, tanto el ya aludido primer trailer como su sucesor pronto se convirtieron en fenómenos virales en Youtube, donde alcanzaron en torno al millón de visualizaciones en el portal. Asimismo la taquilla japonesa reaccionó con euforia, puesto que el film había sido estrenado dos semanas antes del fatal anuncio, lo que se tradujo en una recaudación de 3.630 millones de Yen, lo que suponía triplicar el presupuesto invertido en ella. Incluso fue nominada para el Animation of the Year de 2014 a pesar de no conseguirlo. Sin comerlo ni beberlo, aquella producción modesta, sin demasiadas ambiciones y con no pocos errores en su desarrollo, se convirtió en el último gran alimento espiritual para los fans de Totoro y ni siquiera la posterior matización de la factoría asegurando que en realidad se encontraban en una fase de “Hiatus” después de la cual volverían al trabajo, pudo matizar esta sensación. Aunque, claro está, una cosa es lo que “espiritualmente” representa el film y otra la calidad que realmente atesora. A lo largo de las siguientes líneas intentaremos desentrañarla.

Una esquizofrenia británica a la japonesa

¿Y ahora qué tendría que decir? ¿Empezar evocando una y otra vez a Ghibli como pilar esencial en la historia del manganime y recordarlo unas quince veces para intentar evitar decir que estamos ante una película que de no llevar su sello hubiese pasado sin pena ni gloria por las taquillas de medio mundo? ¿Repetir como he repetido hasta caerme de espaldas que donde muchos dicen “Ghibli” quieren decir “Hayao Miyazaki” y que el resto de obras de esta factoría son completa, total y absolutamente prescindibles? ¿O tal vez sería mejor un Cortar y Pegar de lo que en su día dije de Arrietty y ahorrarme así el soponcio de decir con otras palabras lo que en su día opiné?

Es una obviedad que después de Hosoda y de Shinkai, el tapado destinado a ser el tercero en discordia dentro del futuro triunvirato que dirigirá el mundo del anime durante los próximos años es, sin el menor lugar a la duda, Yonebayashi tanto por edad (ha sobrepasado los cuarenta) como por su trayectoria en cine y televisión. Sin embargo, si hubo algo que demostró la obra en la que se estrenó como director, y a la que aludimos en el párrafo anterior, es que en ningún momento es él cuando actúa. La pieza era en términos generales buena, pero adolecía de un cierto factor de imitación obsesivo hacia el espíritu del padre de Totoro y sus recursos, tanto expresivos como narrativos, que terminaron por hacer del film algo “correcto” pero en ningún caso sobresaliente, como cabía esperar de él.

En este caso concreto nos encontramos ante un reto algo más complejo para él. Si bien en su opera prima poseía un enorme número de elementos de fantasía que le permitían sobrepasar las líneas rojas de la narrativa de lo cotidiano, que tanto gusta que se profanen a los fans de la empresa a la que nos referimos, el guión elegido en esta ocasión es de una inspiración asfixiantemente realista; una palabra increíblemente peligrosa cada vez que se ha tropezado con Ghibli y que no hace sino hacer temer los peores presagios cuando nos enseña su carta de presentación: un alma muerta que huye a un entorno rural para resucitarse.

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Mosaico con cuatro de los paisajes en versión matutina y nocturna que podremos disfrutar en la película (clic para ampliar)

Con semejante premisa como alegato inicial, el simple hecho de leer algo como eso debería levantar en nosotros el mismo temor que despertaba en los Países Bajos escuchar el nombre de “El Duque de Alba” en cualquier frase por aquella excreción pútrida llamada Omohide Poro Poro que hundió para siempre la carrera de Takahata y que constituyó el episodio más negro de la historia de esta particular empresa hasta la llegada de From Up to Poppy Hill, que hundió su reputación hasta niveles subterráneos. Dicho de otra manera, existen antecedentes sobre que esa clase de ocurrencias dan pie a películas nefastas que, para colmo, nadie en el interior de aquella factoría sabe redirigir hacia algo positivo.

Afortunadamente para nosotros, el mero hecho de que la protagonista, Anna, apenas cuente con doce años de edad, implica un abanico de posibilidades mucho más fascinante del que podía otorgarnos aquella monstruosidad que me ahorraré el volver a aludir debido a que el simple hecho de mentarla provoca arcadas . No obstante hemos de hacer alusión a un matiz: el del uso de la palabra “fascinante” en vez de “amplio”, puesto que en la práctica, y por motivos evidentes, lo único que en realidad puede hacer Anne es limitarse a asentir una y otra vez a las órdenes de sus mayores. Sin embargo, el factor “descubrimiento del mundo que la rodea” suele salir al paso del guión para salvar al espectador del tedio y efectivamente así ocurre.

Fácil es saber lo que ocurrirá después: la joven explora el entorno que marcará su vida en torno a los próximos meses y que servirá como medio para que, progresivamente abra ante todos su corazón. Y para ello, nada mejor que la estrategia de la “amiga del alma” que tan buenos resultados dio en narraciones y adaptaciones similares como en Akage no Anne de Nippon Animation. Pero será aquí donde el guión se la juegue en un verdadero “doble o nada” al presentarnos a la afortunada que, para colmo, termina por transformarse en una protagonista de tanto o más peso que su compañera.

PinturasMarnie

A lo largo de la historia, las pinturas de Anna y otros personajes configurarán un elemento clave en la narración

Será en este preciso momento cuando la trama adquiera un peculiar interés por desarrollarse a través de dos planos de acción que se entrecruzarán y separarán una y otra vez confundiéndonos y jugando sistemáticamente al despiste y que intentarán seducirnos a través de dos grandes preguntas: Por un lado, obviamente, ¿Quién es Anna? Por otro… ¿Quién es su particular compañera? Esa chica que nadie ha visto llamada Marnie y que generará un nuevo enigma. ¿Existe en realidad esta particular muchacha? O tal vez lo correcto sería preguntarse si existió alguna vez… y de nuevo se desarrollarán una vez más dos hipótesis.

La primera de ellas es la de que la citada Marnie nunca existió y no es más que un producto de la imaginación de una adolescente incomprendida. Pero dentro de esta tesis existe otro elemento añadido. Anna posee una apariencia profundamente andrógina, hasta el punto de que su diseño facial recuerda generosamente al Ashitaka de Mononoke Hime. Del mismo modo, y al contrario de lo que suele ocurrir con las mujeres del estudio, ella suele hacer uso de pantalones cortos (un elemento que a ningún seguidor de Ghibli le puede pasar desapercibido) y de una ropa más propia de un hombre que de una mujer. Por contra Marnie es el prototipo de la feminidad más estereotípica, hasta el punto de que luce siempre una amplia y admirablemente bien peinada melena rubia, unos ademanes exquisitos y vestidos propios de una señorita de alto standing que constituyen un inusitado contrapeso la una respecto a la otra que en ningún caso pasa desapercibido.

Precisamente por ello, y aunque no me he leído la novela original, investigué sobre las ilustraciones oficiales que se habían hecho en su tiempo sobre la obra y descubrí que esta caracterización de Sasaki es propia única y exclusivamente del producto que tenemos entre manos. Pero no apunto esto por accidente, y es que los abrazos y las demostraciones de afecto entre los cuales se encuentran numerosos “te quieros”, me hicieron pensar en más de una ocasión que para analizar esta película es un requisito indispensable tener a Yonebayashi por delante y hacerle la pregunta del millón: “¿Este largometraje ha pretendido plasmar por primera vez en la historia del estudio al que perteneces una posible relación lésbica entre dos protagonistas?”.

Homosexualidad Marnie

Algunas escenas de la primera parte sugerirán que entre Marnie y Anna existe algo más que una amistad, aunque jamás se verá nada explícito

Es posible que leyendo el párrafo anterior, y conociendo cómo termina la historia, más de uno considere aventurada esta afirmación, pero el hilo conductor del guión unido a ciertas licencias narrativas es el típico por el que tradicionalmente se pretende insinuar estas tendencias sexuales y, de hecho, todo el mundo da por sentado en animes como Madoka Magica que la aludida Madoka y Akemi mantienen una relación similar en base a bastante menos. Pero no nos olvidemos de algo todavía más relevante: mientras Toei primero, SUNRISE después y naturalmente Pierrot, nunca mostraron reparo alguno en sacar del armario a algunos de los personajes de sus series, Ghibli en ese sentido se había mantenido en una línea profundamente conservadora en lo que a esta clase de temas se refiere (con una excepción, como recordaremos en las conclusiones), por lo que teniendo en cuenta las circunstancias que rodean a esta producción, no deja de ser algo meramente simbólico pero profundamente representativo de un cambio de rumbo de cara al futuro.

Esta primera hipótesis cobrará una fuerza extraordinaria en la primera parte de su metraje, pero no en la segunda. En ese instante empezaremos a concebir a Marnie como un producto de la imaginación de Anna; una especie de Tyler Durden sobre el que la protagonista proyecta sus frustraciones y sus ambiciones sociales que en realidad nunca existió más allá de los límites de su mente y que servirá como pilar fundamental para darle sentido a su vida. Aunque, evidentemente, la pregunta que aquí habría que formularse sería el cómo pretende conseguirlo el director y, fundamentalmente, el porqué.

Aquí es donde echo en falta el no haberme leído la obra original. Como mero espectador tuve la sensación de que el “Toque Yonebayashi” pierde terreno en beneficio de las auténticas intenciones de Robinson, lo que hace que el guión en términos generales mejore sustancialmente hacia sus últimos compases hasta llegar incluso a ser emotivo. Dicho de otra manera, si bien Miyazaki hacía que la marca Ghibli mejorase los guiones que caían en sus manos hasta el punto de prescindir prácticamente de la mayor parte de los mismos sin que ello mereciese reproche alguno, su sucesor todavía dista mucho de llegar a este nivel de maestría al mostrarse como autor ante el público, lo que evidentemente pesa en su contra.

KazeMarnie

Hisako en esta película a la izquierda y Naoko en Kaze Tachinu a la derecha. Que cada cual saque sus propias conclusiones

Hablamos por lo tanto de una producción mal concebida desde el principio. En esta clase de apuestas no se busca hacer una adaptación sino un producto completamente paralelo al libro en el que se basa que justifique el permanecer dos horas seguidas ante una pantalla y éste When Marnie Was There no lo consiguió conmigo. Su primera parte se me hizo innecesariamente larga y, para colmo, no pude evitar tener constantemente en la cabeza otros títulos de la factoría frecuentemente evocados en situaciones y diseños como ocurre no sólo con Anna (probablemente por culpa de Ando) sino también con Sayaka y su parecido con Jiro Horikoshi o con la técnica de Hisako en comparación con Naoko Satomi en Kaze Tachinu. En resumen, nos encontramos ante los mismos errores que destrozaron Arrietty. Pero si bien en aquélla se cometían de forma tácita, en ésta se producen de manera expresa, lo que implica unas consecuencias mucho más negativas de cara al resultado final.

Al respecto, y como últimamente sucede en casi todo lo relacionado con la narración audiovisual, comprender todos los elementos con los que juega el argumento exige más de un visionado, pero no debemos llevarnos a engaños con esta afirmación. Si bien las segundas o terceras oportunidades a las cintas suelen traer causa en el haber disfrutado íntegramente de la primera vez, aquí lo haremos porque sólo el final salva lo que durante una hora no es más que una pesadilla animada. Un mal trago que, lógicamente, intentaremos redimir a costa de atar cabos sueltos o de aportar algo de luz a algunas situaciones un tanto oscuras del principio que, para colmo, dan pie a ciertas susceptibilidades sobre la vida de la protagonista con sus padres adoptivos de las que mejor no hablaremos.

Pero si hay algo que sobresale de todo lo dicho es el desenlace. Al respecto, reconozco que el mismo consiguió emocionarme (lo cual no es precisamente fácil) aunque creo que se cometió en su ejecución un gravísimo error. Todo espectador avezado es perfectamente consciente, a esas alturas, de cuál es la auténtica relación entre Marnie y Anna, pero el encanto de todo ello es que jamás se decía de un modo claro y rotundo. Por lo tanto, el dilema está sobre la mesa. ¿Debió Yonebayashi aclararlo como así lo hizo o dejar la incógnita en el aire para que los adentros de su público decidan? Pensemos que otros guiones como el de FF VIII recurrieron a esa táctica en relación a lo que unía a Laguna Loire con Squall Lionheart y ello fue lo único que salvó de la quema al videojuego en el que sus vidas se narraban.

Similitudes Marnie

Sayaka en esta película y Jiro en Kaze Tachinu. ¿Separados al nacer?

Dicho todo lo anterior sólo queda hacer referencia al siempre engorroso apartado técnico… y al respecto conviene empezar apuntando que estamos ante un título completamente “Low Cost” para lo que Ghibli representa. Sin ir más lejos la anterior obra de su director, Arrietty, gozó del doble de presupuesto que el presente largometraje, mientras Kaze Tachinu lo triplicó y la reciente Kaguya-hime no Monogatari casi lo quintuplicó. Es más, casi hay que retrotraerse a los tiempos de Porco Rosso (no poseo los datos estadísticos de Mimi Wo Sumaseba) con el lógico desfase del valor del Yen asociado al tan traído y llevado IPC a lo largo de dos décadas, para encontrar una apuesta de este estudio en la que se hubiese invertido una cantidad inferior a los 10 millones de dólares que costó la producción de ésta. Y ello se nota.

Confieso que si hubo algo que me chocó de esta obra en sus primeros momentos fue la escasa calidad de muchos de sus planos generales. Los personajes se encontraban bien diseñados y coloreados, pero éstos no se encontraban bien integrados con su entorno ni congeniaban en modo alguno con los fondos cuando debían moverse en su interior. De hecho, creo poder afirmar sin temor a equivocarme que desde Neko no Ongaeshi jamás había visto un trabajo tan malo dentro de la factoría como el mostrado durante los primeros compases de la presente película, lo que no constituye precisamente un factor a su favor.

Ciertamente, dicho problema salpica a la mayor parte de los fotogramas de la película y sólo los neófitos en esta clase de lides podrán perdonar estos errores que ni siquiera la magia de los ordenadores y sus CGs es capaz de obviar. Sin embargo, no todos son fallos en este campo. Es más, algunos de los paisajes naturales de los representados en la cinta sólo pueden describirse como excepcionales y como todo un regalo para la vista, a pesar de su más que sospechoso parecido con los retratados por, oh casualidad, Kaze Tachinu.

MarnieSonrisa

La escena de la liberación de Marnie será la única que posea un mínimo interés desde el punto de vista técnico

Creo que ahí se encuentra la clave de todo. Si Arrietty era una evocación al espíritu de Miyazaki en general, Omoide no Marnie es el de Kaze Tachinu en particular. Da igual las vueltas que le demos, puesto que la comparación está ahí, las similitudes están ahí, los planos casi idénticos están ahí y los diseños calcados están ahí. Y es que se puede ahorrar en presupuesto pero, ¿también se puede hacer lo propio con la originalidad? Es decir, el error que el director cometió en su primera gran apuesta no sólo no se ha corregido sino que para colmo se ha incrementado.

Conviene señalar también otro detalle. La Banda Sonora que acompañaba la historia de la tan evocada y entrañable “Borrower” era excepcional. Incluso podía considerarse toda una declaración de intenciones a la hora de marcar distancias respecto a la línea marcada por las producciones en las que Joe Hisaishi era la cabeza visible de la OST con el toque celta y New Age de la francesa Cécile Corbel. Sin embargo, el elegido en esta ocasión para estas lides fue Takatsugu Muramatsu, un músico alternativo bastante poco conocido fuera de los círculos más especializados en este terreno en Internet y cuyo trabajo pasa, simple y llanamente, absolutamente desapercibido, con todo lo que ello significa. Todo ello sin contar con que el otro “toque de distinción” de la OST lo marca el “Fine on the Outside” de Priscilla Ahn, que pone la nota musical al final del largometraje sin que sea capaz de generar otra cosa aparte de una epidemia de bostezos.

Así podríamos seguir día y noche. Hay aspectos muy buenos, pero inmediatamente surgen otros que emponzoñan, y de qué modo, el resultado final hasta convertirlo en algo infame. Incluso en ciertos instantes del final, hubo momentos en los que vino a mi mente el espíritu de Shinkai y la peculiar manera que éste tenía de concebir los entornos rurales en Hoshi o Ou Kodomo. Es más, incluso en relación a lo de utilizar los créditos para narrar lo que en la práctica sería un epílogo, sigo sin tener claro si el realizador lo hizo porque en su anterior film también decidió acabar de esta manera, o porque también Takahata finalizaba así su deleznable Omohide Poro Poro con el que, insisto, también es difícil disociar este film. Pero entonces, ¿estamos ante el enésimo fracaso dentro de la dinámica de los apócrifos de Ghibli o por el contrario merece una oportunidad?

Conclusión

¿Estaríamos hablando de esta película si no tuviese en sus inicios un logo con un Totoro retratado a base de líneas blancas sobre un fondo azul y un nombre como el de Ghibli debajo de todo? A lo largo de las varias horas que me llevó acabar los escasos 103 minutos de metraje de este Omoide no Marnie no dejé de hacerme esa pregunta, máxime cuando me tenía que dar por vencido con ella para darle al poco una nueva oportunidad al igual que sucedía con todos y cada uno de los productos mediocres relacionados con la animación que sólo terminaba de ver por haber generado una cierta expectación entre el público otaku, que reclamaba opiniones en cuanto al enésimo y esporádico fenómeno de fans que había cautivado su atención.

Estamos ante una película en dos mitades. La primera, una concesión a la escasísima creatividad de Yonebayashi que, de una manera más o menos encubierta, aborda, tal y como ocurriese con From Up To Poppy Hill, un tema tabú en Ghibli que si bien en el caso de la cinta del hijo de Miyazaki era una posible relación incestuosa, en ésta nos encontramos ante una hipotética relación lésbica. Aunque en ambos casos el resultado se resuelve con una huida hacia adelante un tanto cobarde que da a entender que nada de lo que hasta aquel momento se había visto y perfectamente intuido era real sino una suerte de malentendido en torno al cual gira una segunda mitad, bastante más fiel a las intenciones de la autora del guión primigenio que, sin embargo, deja una impresión un tanto ambigua a la hora de retratar el resultado final.

No tengo ningún inconveniente en reconocer que el final me emocionó, pero el mérito de ello no fue de su director sino de Joan G. Robinson, puesto que la labor más personal del realizador sólo consiguió sacarme mi lado más repelente a la hora de buscar fallos de guión y los constantes “homenajes” a otros compañeros suyos de su mismo estudio. ¿Es eso lo que se espera de un film que supone que marca el final de una época dentro del que es, junto a Toei, el gran santo y seña de la historia de la animación japonesa? Personalmente creo que no. Estamos pues ante una producción mal concebida, mal desarrollada pero bien terminada de la que sólo se salva lo copiado del estilo de Miyazaki y de la escritora que dio vida al relato que inspiró este guión. Un conjunto de fallos que condenan al infierno a esta iniciativa que cierra una trayectoria vital brillante, como la del archimencionado Ghibli, de una manera francamente indigna y que condena a su director a precipitarse por el abismo al que caen todos los que, de un modo u otro, han intentado coger el testigo del genial padre de Chihiro.

Marnie Fin

NOTA: 4

18 comentarios el “Omoide no Marnie, el comienzo del Hiatus de Ghibli

  1. Yo también creo que hay Yuri en la relación entre Anna y Marnie. Si has visto el anime Kannazuki no Miko verás que en el op y en las imágenes promocionales, por ejemplo, están las protagonistas en la misma pose que el cartel oficial de esta película. Ya en el resto de cosas que dices, yo también creo que es muy floja y tampoco me gusta especialmente como está animada. No sé, me dejó fría e indiferente cuando la vi y ni mi marido ni mis amigos sienten algo distinto con ella. Es aburrida, pero es Ghibli y eso garantiza mucha audiencia. Y yo no me creo lo del hiatus de Ghibli, llevaban tiempo sin hacer nada bueno y antes de arruinarse han decidido darse un tiempo, pero volverán.

    • Pues ahora que lo dices tienes razón. El problema es que no aguanté más de cinco minutos de Kannazuki no Miko en una época en la que me acababa hasta los animes más patéticos, pero sí, viendo la intro te doy toca la razón porque la composición es IDÉNTICA.

  2. Reconocelo, como dices tu, esta entrada era una excusa para celebrar la marcha de Casillas del Madrid ajaja. Dicen que vamos a fichar a Valdes o a Kiko Casilla.

    • Y ya anuncian que Ramos se pira también y me convierten en un hombre feliz. Sobre Kiko Casilla, dicen que lo van a fichar como “portero B”. Es bueno, pero de ahí a que esté en nuestra portería hay un abismo. Yo querría a De Gea y es el principal objetivo del Madrid. Valdés… bueno, se habló mucho por aquello de que Van Gaal no contaba con él, pero yo no lo veo en el equipo. Además, él en realidad más que ser un buen portero tenía a Puyol por delante y él dirigía una defensa terriblemente difícil de superar, y cuando alguien lo hacía sabía perfectamente dónde colocarse. No deja de ser una táctica como cualquier otra, pero nuestro equipo siempre ha tenido precisamente a la línea de defensa como Talón de Aquiles. Eso sí, le doy toda la razón a la madre del TOPOR diciendo que su hijo tenía que haberse ido al Barça. Hubiese sido toda una garantía para que, el año que viene, al menos la Liga y la Copa fuesen nuestras. En serio, todo balón aéreo = GOL, y encima después a malmeter contra sus compañeros y contra el entrenador. Qué tío.

      Un saludo.

        • Sí, yo no lo vi pero dijeron que estuvo muy mal ante la Roma. Aparte de que yo quiero a Mou de vuelta. Benítez es bueno, pero no sé si será capaz de hacer que nos llevemos la Undécima.

          Un saludo.

  3. Para nada de acuerdo en la mala crítica. Muy emotiva y bien llevada, y el final es muy bueno. A mi además me gusto la canción del final, pero en eso te doy la razón en que era mejor la de Arrietty.

  4. A mi me pareció una película del montón y decepcionante, también sentí un fallo importante con respecto al carisma en los personajes a la hora de transmitirme algo.

    Lo que me pasó es que a medida que la iba viendo me convencía cada vez menos como el aspecto sobrenatural que rodeaba a Marnie se integraba en una historia realista y era algo negativo que no podía obviar. Si, Marnie no estaba allí, eso estaba claro desde la primera vez que se vieron y sinceramente no esperaba que en los pocos minutos que le quedaban al film me dieran una explicación coherente para las vivencias del presente, las del pasado en el diario y que me dejara satisfecha. Me sorprendió bastante que finalmente lo lograran, que algo tan simple que no se me había ocurrido le diera sentido a todo y seguramente será por esto que recuerde esta película. La ambientación de la casa abandonada me encantó también.

    Te dejo una pelotita de Ping Pong a ver si con suerte te quita el mal sabor =)
    Un saludo.

    • Lo sé, lo sé xD. Antes tengo una review por delante que tengo que acometer. Cuando la termine, a ver si saco algo de tiempo para ver la de Ping Pong :3.

      Un saludo.

  5. Ciertamente como una obra más de animación no me pareció aburrida, ya que de todas maneras no tenia demasiadas expectativas puestas en ella; pero cuando la comparo con la anterior de este mismo director (Arrietty), la verdad es que Marnie pierde demasiado. Es de considerar que en su anterior propuesta Yonebayashi hubiese tenido el apoyo de Miyazaki y que a pesar de trasladar la acción de la novela al japón actual, lograran conservar su atmósfera de cuento. Sin embargo en esta ocasión me llego a resultar hasta vergonzoso que hayan recurrido a esa misma formula, pienso que si hubiesen respetado más la historia original, quizás nos encontraríamos ahora mismo con otra película importante dentro de la filmografia Ghibli.

    Esperaba por lo menos una historia en donde la psicología de los personajes tuviese más desarrollo, tomando en cuenta que la premisa más interesante era la relación entre ambas protagonistas, que viéndola de reojo podría pasar por algo más que una amistad con tantos abrazos y melosidades.
    Ese cumulo de escenas cursis solo me sirvieron para acrecentar una sensación de desconcierto en torno a la resolución del film (cuando Anna descubre la verdad), no pude evitar percibir ese desagradable tufillo telenovelesco de nuevo, tal y como ya había sucedido con “La Colina de las Amapolas”.

    Siendo un producto Ghibli, puedo decir que no me parece una mala película, aún con lo fallido del desarrollo de personajes, es bonita de ver gracias a la profundidad de la animación, que a falta de una buena banda sonora, consigue evocar con creces la melancolía de Anna.

    Y ya que Ghibli estaba tan dispuesto a cambiar cosas del libro, pudieron haberle otorgado un poco más de carisma a Anna, con algo más de mimo el personaje pudo haber llegado al nivel de heroína estándar dentro de la filmografia; y es que digo, Arrietty también tenia sus momentos de bajón depresivo, pero igualmente se lucia y estaba al nivel de las mejores féminas del estudio.

    Gracias por tus reseñas y muchos saludos.

  6. Pingback: Kaguya-hime no Monogatari, el “colorín colorado” de Takahata | Drakenland / El lobo zamorano

  7. Muy buena reseña, extensa pero fácil de digerir y muy bien planteada como siempre.
    Esta película como tal no me parece tan mal tomando en cuenta la cantidad de cosas mediocres que salen en estos tiempos, sin embargo toda la primera parte sí me pareció aburrida y nada especial, ya luego, sin llegar a maravillar, mejora cerca del final. Opino que no debió aclararse lo de la identidad de Marnie, eso ya estaba claro sin tener que restregarlo.

    No me gustó mucho que al final se resolvieran todos los conflictos de Anna casi de manera mágica y muy conveniente solo para que el final fuera feliz, porque para el tipo de depresión y los problemas interpersonales que acarreaba al principio la verdad siento que la catarsis se disparó de una manera no tan realista como hubiera querido. Imagino que el libro es más sutil en ese aspecto, empecé a leerlo pero llevo muy poco como para sacar conclusiones.

    Muy de acuerdo con lo de la música, no es nada memorable y el tema del final ni fu ni fa.

    Como película de anime es pasable sin tener nada único para recordarla, como película de Ghibli queda por detrás de varias y como despedida queda debiendo muchísimo.

    Es de especial consideración que en una semana vendió un poco más de lo que vendió La Princesa Kaguya y esa brecha se ha mantenido a lo largo de los meses siguientes. Con menos tiempo en las vitrinas ha tenido más ventas que Kaguya, sin embargo queda muy por debajo (alrededor de 1/3) de lo que hizo “From Up On Poppy Hill” cuando salió, que era la película de Ghibli que menos había vendido en ese entonces.

    Sobre el tema lésbico yo también lo noté y me alegra que más personas lo notaran, yo comenté sobre eso con unas amistades y me dijeron que exageraba con eso ya que en esos países las relaciones interpersonales entre mujeres eran vistas con menos morbo y no eran indicadoras de su preferencia sexual. Si bien es cierto que las relaciones amistosas entre mujeres permiten un acercamiento más arraigado y un lazo más profundo que una amistad entre hombres, la verdad es que hay ciertas cosas muy obvias y más en una cultura que ama ver colegialas y menores en actos sugestivos.

  8. La verdad es que no vi esta película, pero sí recuerdo haber visto alguna promoción de ella. Me parece interesante, así que la veré. A veces, no haber leído la historia original puede ser un problema para una película que esté basada en ella, porque puede haber cosas que no se entienden. Así que, por lo que leí en la reseña, primero habría que leer la novela y después ver el film.

    Por lo que veo, no ha sido lo peor, sino que parece tener ciertos aspectos positivos, como destacás del final y de ciertas escenas. Aunque falte originalidad y talento, puede llegar a ser una obra disfrutable y rescatable, hasta cierto punto.

    Así que, me la anoto para verla en algún momento.

    Besos.

    • Es que el final no está del todo mal, pero todo lo demás no está bien hilvanado. Es más, sólo podemos hablar de ella como una película del montón y de no ser porque Ghibli estaba detrás de ella, nadie se hubiese preocupado de su existencia. Desgraciadamente este estudio sin Miyazaki no es nada. Cuando éste falta, tratan de sustituir su fantasía por una emotividad empalagosa que evoca supuestamente valores humanos o simple emotividad para cautivar pero que no hacen más que aburrir, y películas como ésta, en la línea de las nefastas películas de Kondo y de Takahata, lo demuestran muy bien. Eso sí, tengo el honor de ser el que inventó para referirse a ellas como los animes “apócrifos de Ghibli” :3.

      Un saludo.

  9. lLa película en mi parecer es buena. Solo tuvieron pocas fallas como: el final feliz forzado por el origen de Marnie, la carencia de emociones de Anna y la falta de banda sonora memorable, pero studio Ghibli en cierto modo pudo llegar a adaptar la historia en una era moderna con un toque mágico por decirlo así, además de demostrar cual profunda puede llegar a ser una amistad,
    Sobre el tema lésbico no lo note en sí, para mí fue la demostración de la amistad entre niñas que son diferentes en ciertos aspectos tal como su personalidad, que al tener una relación estrecha pueden darse demostraciones de amor que ellas carecen y demostrar sus sentimientos al respecto de su vida cotidiana.
    Es una película disfrutable, con una animación excelente.

  10. lLa película en mi parecer es buena. Solo tuvieron pocas fallas como: el final feliz forzado por el origen de Marnie, la carencia de emociones de Anna y la falta de banda sonora memorable, pero studio Ghibli en cierto modo pudo llegar a adaptar la historia en una era moderna con un toque mágico por decirlo así, además de demostrar cual profunda puede llegar a ser una amistad,
    Sobre el tema lésbico no lo note en sí, para mí fue la demostración de la amistad entre niñas que son diferentes en ciertos aspectos tal como su personalidad, que al tener una relación estrecha pueden darse demostraciones de amor que ellas carecen y demostrar sus sentimientos al respecto de su vida cotidiana.
    Es una película disfrutable, con una animación excelente.

  11. Pingback: Okuribito, el canto mortuorio a la vida de Yojiro Takita | Drakenland / El lobo zamorano

Adelante, siéntete libre para incordiar :3

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