El cansancio del guerrero

CaidaDarkerThanBlack

Ha pasado en torno a un mes desde que escribí el análisis de Life is Strange y, como bien se puede ver, todo sigue igual. Sin una actualización a la vista y sin que parezca que la situación se vaya a solucionar. Y ante ello no puedo hacer otra cosa que no sea disculparme, como ya he hecho en otras ocasiones. Sé muy bien que hay mucha gente que visita con fidelidad este blog y que merecería un número de entradas bastante mayor que el que os dispenso, pero me temo que por el momento eso no deja de ser un mero desideratum que, tal y como están las cosas, me veo en la imposibilidad de cumplir, por lo que escribo esta entrada con la intención de comunicar que hasta marzo no me será posible publicar de nuevo salvo una más que improbable sorpresa.

Estoy sobrecargado de trabajo. Llevo cerca de dos años metiéndome una “cera” desmedida entre estudios, trabajo y prácticas que (afortunadamente) hacen que para mí encontrar unos minutos al día con los que ponerme un rato a teclear sobre algo que me guste sea un lujo que rara vez se encuentra a mi alcance. Pero es que este mes de febrero, con una diferencia abismal, es el más cargado de tareas que he tenido en mi vida y hasta que no haya rematado hasta la última de ellas, mi único interés son asuntos tan aparentemente áridos y poco relacionados con el mundo del anime y de los videojuegos como la Preterición del Heredero Forzoso, la Colación, el Usufructo de Fidelidad Navarro y otros temas sin duda apasionantes pero que muy dudosamente serán del interés de todas aquellas personas que vivan ajenas al intrincado, cambiante y casi siempre ingrato mundo del Derecho Civil.

Para que os hagáis una idea, desde mayo del año pasado llevo escritas cerca de 300 páginas sobre estas instituciones (y otras análogas) que distan mucho de ser divertidas o amenas. Y llegar a casa y seguir delante de la pantalla de un ordenador es lo último que le apetece ya no a mi cerebro sino a mis ojos. Máxime cuando ello no me reporta beneficio alguno sino, en todo caso, pérdidas y más pérdidas. Porque sí, efectivamente, ésta es una de las bitácoras españolas sobre animación más leídas (lo cual tampoco es que sea mucho que decir) pero yo no he ganado con ella un solo céntimo jamás, ni pienso tampoco hacerlo. Es más, mientras estaba pensando en qué iba a comentar en esta entrada, me he dado cuenta de que muchas veces sólo he ganado disgustos y sinsabores, pero creo que no es momento de hablar de ello.

Sí amigos. Me gusta escribir, pero redactar este blog supone para mí muchísimo tiempo, trabajo y sacrificio y más de una entrada me ha tenido decenas de horas delante del portátil machacando las teclas, maquetando y pensando contenido que intento que sea de calidad, y todo ello para que muchas veces no se me haya dado ni unas tristes gracias, pero eso ya son historias pasadas que no llevan a ningún lado. No obstante, la ecuación es clara. Si no gano un duro y muchas veces he obtenido más sobresaltos que alegrías, está claro que, como diría Oskar Schindler en la celebérrima película de Spielberg que llevaba el nombre de su lista “Es mal negocio”. Y poco a poco la idea ha ido cristalizando en mí.

Tengo claro que seguiré escribiendo unos meses más. De hecho tengo en la cabeza, hasta el momento, cinco análisis, a los que pueden unirse dos artículos que pueden ser interesantes a mi entender. Pero más tarde o más temprano tendré, a lo largo de este año, que decidir si sigo o no con él, y no sólo por asuntos de tiempo (que sería tal vez el menor de los problemas) sino por ciertas decepciones que uno se lleva a lo largo de los años. Y a ello, cómo no, se junta el cómo está el panorama político en general y si decido o no mantenerme de brazos cruzados ante la tragedia que se avecina gracias al bochornoso espectáculo protagonizado por Rajoy y Pdro Snchz mientras Podemos sigue haciéndose más y más fuerte, bien amparados por el primero (que es el que en realidad los ha creado y protegido) a la par que se zampan al segundo con sus pactos trampa. Aunque sobre esto volveré un poco más adelante.

Lo importante por el momento es ver cómo salen algunos planes que tengo en ésta, mi pequeña ciudad. Unos tienen muy buena pinta, pero otros tienen todas las papeletas de salir mal. No obstante, si hay algo que he ido aprendiendo del mundo de las togas negras es que jamás hay que fiarse de las apariencias ni de lo que parezca probable, puesto que todo da muchas más vueltas de las que uno cree y nunca sabemos si lo que creíamos perdido se transforma en una victoria, o al revés. Pero por lo pronto dejémoslo en eso. Tengo retos personales por estos lares que me gustaría llevar a buen puerto, aunque sea muy difícil hacerlo y, desde luego, la marcha de éstos marcarán, entre otras muchas cosas, mi agenda y el tiempo que pueda tener para dedicarme al mundo “friki”.

La verdad es que ahora es precisamente un momento en el que me gustaría hacerlo. Sin ir más lejos, pocas han sido las veces en las que he disfrutado tanto configurando listas de usuarios a los que me gustaría felicitar las Navidades como la del pasado mes de diciembre. En serio, tener a lectores como vosotros es algo que no tiene precio y no encuentro palabras lo suficientemente elevadas como para expresaros hasta qué punto me siento honrado de disfrutar de la compañía habitual de tantos y tan buena gente. Máxime teniendo en cuenta la táctica que sigo de “ir a mi bola” y al margen de todo, que encuentra su explicación, entre otras cosas, que me harté de estrambotes.

Ciertamente, en el pasado tuve que soportar a gente que ahora tiene entre treinta y cuarenta años haciendo el troll (me niego a usar el “palabro” “trol” inventado por la RAE) y, tras una generosa colección de enfermos mentales de todo tipo y condición, pero con el denominador común de encontrarse entre esas edades, decidí que había que optar por la solución draconiana y hacer algo para vacunarme de esa clase de gente. Así pues, viendo una serie de patrones de comportamiento llegué a la conclusión de que el criterio que debía seguir era el de… no aceptar a nadie que mostrase tener alergia a trabajar (porque vamos, mal hacer tonterías con estos años, pero que encima lo hagan porque viven de otro es ya el acabose). Por lo tanto inventé esa regla, la he aplicado a rajatabla y los resultados son, simple y llanamente, incontestables. El blog ganó en calidad, la gente disfruta más con él y yo me siento bien en su interior.

Es posible que haya quien considere fuera de lugar este comentario. Pero es que, en serio, se trata de un mundo que quema, primero, por la gente que lo integra en términos generales, segundo, por la escasísima madurez que puede verse por aquí y, en tercer lugar, por la nula educación de unos cuantos. Y muy probablemente, si no me hubiese puesto hace muchos años como me puse, la verdad es que me hubiese vuelto “tarumba”. Que si uno metiéndose con otras blogueras al estilo del Sálvame por Dios sabe qué motivo, que si otra considerando escoria a todo hijo de vecino que no hable bien de las dos únicas (y horrendas) películas de Ghibli que ha visto (para después hablar ex cátedra del estudio sin tener ni idea), después unos cuantos dando a entender que eso de trabajar es cancerígeno mientras “depositan” barbaridades en las Redes Sociales, otros tantos demostrando que les falta un tornillo en base a disputas propias de un patio de colegio (con las que llegan a las manos) y, finalmente, el nexo en común a todos: una generosísima colección de improperios contra el PP y Ciudadanos con la primera excusa que tengan, pero con la única intención de arremeter contra su base social, que naturalmente identifican con “la derecha”, a la que la mayor parte de estos individuos no le reconocen el derecho a existir.

Vuelvo a insistir en lo que dije por Navidades. No tengo problemas ni polémicas, pero única y exclusivamente porque no he querido. De verdad, es difícil mantener las formas cuando cada poco tiempo te encuentras con una colección de comentarios nauseabundos procedentes de supuestos otakus profiriendo, en lugares teóricamente dedicados al anime y al manga, comentarios tan miserables como que el Partido Popular y Cs son “la misma mierda” (sic), o que el techo electoral de la formación naranja no se había alcanzado todavía porque hay “mucha ignorancia” (sic) [esto venía de alguien que no acertaba ni a la de tres con las haches, las uves, las bes y, ojo al dato, las zetas y las ces], la clásica gansada de que el PP es “ultraderecha fascista” y mejor no reproducir las ignominias lanzadas tanto contra las nuevas incorporaciones como Andrea Levy, Inés Arrimadas o incluso Albiol hasta los clásicos (Aznar, Aguirre, Mayor Oreja, etc), pero única y exclusivamente por ser de ese par de partidos.

Excuso decir que no me estoy refiriendo a que “critiquen” ya que, si así fuera, aquello me daría igual. Estoy diciendo que simplemente se buscan una excusa para insultar a “la derecha” (sea o no real) porque, insisto, no le reconocen el derecho a existir y les da igual el pretexto que elijan para ello. Bueno, a “la derecha” y a “la Iglesia”, que ése es otro clásico. El problema es que, claro, cuando tú te pones a insultar a sectores enteros de la población insultas también a sus componentes. Y como yo formo parte de esa “derecha” a la que odian y soy católico, pues digamos que prefiero mantenerme al margen antes de soltar el par de cosas que me vienen a la cabeza cada vez que leo estupideces como las del párrafo anterior. Pero he de confesar que no es ése el único motivo del divorcio que desde siempre he mantenido con ese mundillo.

Cada vez que llegan a mi vista esa clase de cosas pienso en lo mismo. ¿Es que de verdad no tienen otra cosa mejor que hacer que estar todo el santo día en Internet diciendo sandeces? Porque parece que no. De hecho, da la sensación de que existen unos cuantos que anhelan querer vivir en la adolescencia hasta los setenta años y, mañana, tarde y noche se ponen a hacer gala de un estilo de vida que se resume en estar todo el día de juerga y no dar un palo al agua. Y sí, hay que reconocer que es una manera estupenda de entrar en el Gran Hermano VIP, pero a mí en lo personal la vagancia es algo que siempre me ha inspirado arcadas. Así pues, como más de uno reúne en su haber todas esas cualidades, reconozco que, a veces, cuando me mencionan algunos nicks consiguen que se me revuelvan las tripas por la vergüenza ajena.

Supongo que ya soy muy mayor para aguantar según qué chiquilladas (aunque vengan de gente de, Dios mío, casi cuarenta añazos) pero es que ver y, lo que es peor, padecer a cierta gente aburre al más santo. Y eso es más o menos lo que me ocurre. No sé si soy mejor o peor. Sé que desde hace tiempo soy selecto con las personas con las que me relaciono y que, insisto, si no me hubiese vuelto así, hubiese mandado a freír puñetas este mundillo hace muchos años. Y éste es, por lo tanto, otro de los motivos del parón. Estoy intentando desconectar de chiquilladas… quiero decir de las que veo, porque mejor no hablar de aquéllas de las que me han querido hacer parte, con el consiguiente espectáculo asociado porque me he negado a participar en el circo (pero espectáculo digno de psiquiátrico). Pero eso sí que es capítulo aparte y me limitaré a decir que estoy harto de gente enferma y que no soy un psiquiatra como para que me interese su comportamiento.

Con todo lo anterior, lo que quiero decir es que un problema que para mí representa Internet es que te pone en contacto con gente a la que, en la vida real, no te acercarías ni con la Brunete custodiándote. Dicho de otro modo, terminas muchas veces relacionándote con indeseables a los que para colmo les falta un tornillo. Pero, a un tiempo, vosotros sois la excepción a esta clase de comportamientos que he visto a lo largo de los años. Fuera de aquí no veo más que malos modales, chabacanería, prepotencia, faltas al respeto y tonterías de todo tipo y condición. Dentro, gracias a esta bitácora he conocido a gente que me ha hecho disfrutar de una pasión que, en ocasiones, había llegado a odiar. Lo que, naturalmente, me ha ayudado a sobrellevar otras muchas cosas de las que no hablaré con excepción de una.

Puede que no lo haya dicho, pero últimamente (aparte de la cara de Pdro Snchz que todo el mundo dice que se me está quedando) parece ser que me estoy ganando la fama de “el tipo con cara de malo que resultaba que era el bueno”. Es decir, resulta que soy un tipo que tiene fama de paternalista, por decir “no hagas esto, que la vas a cagar”. Y como lo que siempre se ha llevado para encajar es el “Ostrás, qué guay eres” y yo no lo decía, siempre acababa recibiendo más palos que una estera. Pues bien, resulta que, de pronto, en los últimos dos años no he parado de recibir, eso sí con cuentagotas, mensajes de gente del pasado que en su momento se comportó como una cabrona conmigo por, precisamente, intentar evitar que destrozasen su vida… para disculparse y decir que tenía razón. Y, bueno, uno siempre agradece que le hagan una justicia poética que lo resarza del daño que ellos mismos le ocasionaron. Otra cosa es que las disculpas lleguen cuando ya no hay remedio y la gente de la que vengan se ganasen a pulso durante años el que en la actualidad me importen un rábano.

Tal vez quiero expresar con todo esto que me siento algo triste y derrotado. Me he dado cuenta de que a lo largo de todos mis años he dado bastante más de lo que he recibo y de que me he preocupado bastante más de los demás que de mí, obteniendo como única recompensa una puñalada por la espalda. Y todo ello termina cansando. Recientemente me decían que era como Mourinho en el Madrid. Es decir, alguien sin pelos en la lengua, que ve lo que está mal y lo intenta arreglar, con la manía de atacar al enemigo y no al aliado, con una tolerancia cero al infiltrado que tienes en tu propia casa y que cogiendo un equipo ruinoso lo pone en cintura y lo deja todo encarrilado… para que otro se lleve la gloria, ya que el que se termina teniendo que ir eres tú echado por los mismos que, precisamente, deberían irse.

Sí amigos. Tal vez se trate de un destino triste, pero no deja de ser el mío. O tal vez debería decir que se trata de un sino cruel. La verdad es que no lo sé. Uno muchas veces lucha o se deja la piel por lo que quiere y por quien quiere para nada y, por mucho que el tiempo te termine resarciendo, esto importa poco si te apuñalaron o te machacaron, para colmo, sin qué ni por qué. En otras palabras, uno a veces llega a la conclusión de que pasarse de bueno sólo sirve para que a uno lo tomen por tonto, y hasta un cabezota como yo se ha tenido que bajar del burro con ello, a pesar de lo mucho que me resistí a hacerlo tiempo atrás. Si lo preferís, cuando eres pequeño te venden una serie de cosas que son ciertas. La gente debería premiar cosas como la lealtad, la integridad, el espíritu de trabajo, la cordialidad, la sencillez y especialmente la honradez. Pero a la hora de la verdad, lo único que quieren es que se les garantice el “y otra de gambas” de dentro de cinco minutos sin importarles las consecuencias que ello pueda tener en el futuro (cuando ya culparán a otro de sus desastres).

Así pues, efectivamente tengo ante mí un mes terrible en el que estoy trabajando como una mala bestia pero también me está sirviendo para reflexionar sobre todo lo anterior, puesto que no creo que vaya a cerrar en breve esta bitácora, pero para continuarla necesito, en primer lugar, tener la certeza de que (por pocos que hayan sido) no volveré a tener trato alguno con indeseables y en segundo, que (por mi propia salud física y mental) no puedo seguir permitiéndome el lujo de seguir saliendo de mi casa con cara de volver de la guerra tras haberme pasado decenas de horas redactando una entrada cuyo resultado en los lectores es totalmente incierto.

Concluyendo de una manera un tanto abstracta y que pocos entenderán, me he cansado de ganar casi todas las batallas de mi vida para después perder la guerra. Y en estos momentos son tres (y no una) las que tengo sobre la mesa y que no tengo más remedio que resolver a mi favor a pesar de que mis fuerzas están cada vez más menguadas y más de una vez he acabado con ganas de caerme sobre el suelo del agotamiento tal y como le ocurría a Hei en el opening de Darker Than Black y todo ello con una doble faz. La buena, que para hacerme con la victoria en ese trío de frentes dependo de mi trabajo. La mala, que en realidad el verdadero frente que me interesa sólo puedo abrirlo si gano esas tres contiendas y hacerme con la victoria en él me temo que no depende de mí, sino de la voluntad del de Arriba. Pero nunca me ha gustado el cuento de la lechera y no voy a protagonizarlo precisamente ahora.

Sin otro particular, hasta marzo queridos amigos.

Un abrazo.

Javi.