Charlotte, destrozando meteóricamente la carrera de Jun Maeda

Charlotte

– Por fin despertaste. Gracias por el duro trabajo que has desempeñado. Has mantenido tu promesa. – Ay. -Tu vida ya no corre peligro. Pero necesitas descansar un tiempo. – Está bien… Por cierto… ¿quién eres? – Así que no me recuerdas… Es normal. Saqueaste miles… decenas de miles de habilidades. Tiene que haberte afectado al cerebro y es un milagro que puedas hablar. Yo soy… tu novia. – ¿Mi novia? ¿Y no te reconozco? – Oírte eso es algo que me duele más de lo que creía. – Acabo de hacer que te pongas triste, ¿verdad? Lo siento, no puedo recordar nada. – ¿Ves estas tarjetas? Yo las hice. Y las guardaste hasta el final. ¿Te sirvieron? – ¿Tú las hiciste? – Sí. – Fueron… mi amuleto de la suerte. Era lo único de lo que no me podía separar. Aunque ya estén rotas y viejas. – Muchísimas gracias. Porque si fuiste capaz de sobrevivir gracias a ellas… no podría estar más contenta. – ¿He hecho que te pongas triste otra vez? – No. Soy feliz. Eso es todo. Yuu, con esta cámara sólo captaba cosas malas, pero ahora quiero grabar nuestros momentos juntos. Así que, a partir de ahora, tengamos muchos momentos muy felices que grabar.

Sí hijos míos. Vuestra vista no sufre de ningún tipo de anomalía y no se trata de ninguna alucinación mental. Es la tercera entrada que redacto en lo que llevamos de mes y sí, hacía años que no redactaba “tantas” de un modo tan seguido. Un hecho inusual que encuentra su sentido en muchos motivos de entre los cuales destaca por méritos propios la escandalosa cantidad de aburrimiento que es capaz de provocar el pasar el mes de agosto en ciudades con los bullicios estivales de Zamora y de Valladolid, en las que podrías incluso hacer un “Abre los ojos” (correr en hora punta por la mitad de una carretera del centro de la ciudad) sin que pase nada al estar completamente vacía. Aunque, para qué nos vamos a engañar, gran parte de la culpa también reside en hasta qué punto estoy hasta las narices de escribir sobre temas de Derecho.

No tengo por lo tanto mucho que contar en lo personal mucho más allá de decir que, digan lo que digan, los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro me parecieron un auténtico insulto en cuanto a su calidad y sólo el hecho de ver a grandes como Phelps o Bolt los han salvado de ser los peores de la historia junto con los de Atlanta. Estadios medio vacíos, un público bastante maleducado por regla general y una organización que ha redefinido para mí el concepto de “vergüenza ajena”. Aunque lo más dramático es el cataclismo económico que van a provocar sus pérdidas en Brasil y el desastre que ello generará en todos los países de su área de influencia. Y pensar que aquí se ha intentado en tres ocasiones traernos ese engendro y que, para colmo, la siguiente víctima de la ocurrencia es Tokio…

Fuere como fuere, y volviendo a lo que nos ocupa, debo admitir que dije por activa y por pasiva que, no, jamás, bajo ningún concepto, etc… volvería a analizar un anime como el que tenéis ante vosotros. Pero ya sabéis que “no es no¿verdad Tania? Por ello, yo también me sumo al “cambio” ése y le doy a mis propias palabras la interpretación “coletudesca” con tintes de “neoadacolauimo” que ahora hay que darle a todo (especialmente dentro del mundo otaku español). Así pues, y no sin antes decir que sois muy afortunados o que os envidio a los que seáis de América y no sepáis con qué estoy ironizando, comencemos con este engendro… que no es tan horroroso como un “Aló Pablemos” de LaSexta… ni provoca tanto dolor de cabeza como aprenderse si hay que llamarlos “En Comú”, “En Marea”, “Sí se puede”, “Ganemos”, “Unidos Podemos” o como leches decidan presentarse durante los próximos diez minutos… pero bueno, algo hace.

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Poulette no isu, la losa profesional de Hiroyasu Ishida

Más o menos desde el año pasado no me animaba a redactar una minireview para la bitácora basada en una obra corta. Ya sabéis, una de éstas bien de carácter underground de las muchas que los jóvenes talentos suben a Internet para darse a conocer, bien de las que estudios profesionales utilizan para, de forma relativamente gratuita, realizar determinadas promociones comerciales a cambio de “compartirlas”. No soy demasiado aficionado a ellas, pero entre la avalancha de trabajo de estos días y que mi ciudad parece un horno a presión, creo que algo ligero puede venir bien para darle la bienvenida a este bochornoso mes de agosto.

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