Mai Mai Miracle, el milagro de crecer según Sunao Katabuchi

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– Shinko, mañana… me marcho de aquí. Mi madre y yo cogeremos el tren hacia Osaka para vivir junto a su familia. Pero te prometo que allí me haré un hombre de bien y aprenderé cosas como el hacer bailar una peonza o quitarle las patas a los pulpos para enseñárselo a mis hijos. – Vale. – Shinko, quédatelo. – Está bien. – Nos vemos. – ¡Espera Tatsuyoshi! Antes de hacer todo eso… diviértete todo lo que puedas. Así aprenderás muchos juegos y podrás enseñárselos a tus hijos. Y para eso tendrás que divertirte mucho. Recuerda, ¡ahora o nunca compañero!

Comenzamos el año con asuntos que verdaderamente nos importan y lo hacemos de la mano de un título que de una forma táctica estaba claro que iba a tener un hueco en esta bitácora, aunque confieso que más llevado por los motivos que expresaré en la segunda introducción que por su verdadera calidad. Por lo pronto he de decir que no os podéis imaginar hasta qué punto me siento bien por haber recuperado por fin la movilidad en mi muñeca izquierda y que agradezco a todas las personas que se preocuparon por aquel desagradabilísimo asunto. Y una manera como cualquier otra de celebrar la recuperación es volver a la normalidad haciendo una de las cosas que más me gusta, como es analizar productos relacionados con la animación japonesa.

Sé perfectamente que una cosa es lo que me propongo hacer, y otra muy diferente lo que realmente podré llegar a redactar. Mi tiempo libre es muy limitado y mi paciencia realmente poca para escudriñar algunas de las series que me he dejado en el tintero a lo largo de los años. Y es que Stein’s Gate, AnoHara y Code Geass, tienen que tener un espacio por aquí para ellas, y no sé de dónde voy a sacar las ganas para dedicarles el artículo que se merecen, máxime con todos los proyectos que tengo en la cabeza y el montonazo de preocupaciones que martillean mi cerebro, pero se hará lo que se pueda y no se me ocurre una mejor manera para dar fe de que así se hará que la elaboración de un artículo como éste.

Para terminar, tengo que aclarar que, a pesar de nuestro traspiés en Sevilla, me ha encantado ver al Real Madrid asestarle un golpe casi decisivo a la Liga a estas alturas del año. La verdad es que no saco nada en limpio con las victorias de mi equipo, pero cuando los merengues ganamos, todos los españoles ganamos, al contrario de lo que ocurre con ciertos equipos que se dedican más a causas políticas que deportivas, mientras coleccionan condenas Administrativas y Penales relacionadas con algo llamado “Agencia Tributaria”. Pero dejemos de hablar del equipo de los dioses y pongámonos con algo más mundano como lo es si la película que tenemos entre manos es o no digna de llegar al Olimpo del Anime o, por el contrario, acompañará a su predecesora al Averno.

Ficha Técnica

Mai Mai Shinko to Sennen no Mahou (マイマイ新子と千年の魔法) más conocida en el mercado anglosajón como “Mai Mai Miracle” y como “El Mágico Mai Mai” en el mercado hispanoparlante, es una película japonesa de 94 minutos de duración perteneciente a los géneros Realista y Dramático. Fue Dirigida en 2009 por Sunao Katabuchi, producida por el estudio MADHOUSE y distribuida por Shochiku. Se encuentra parcialmente inspirada en “Maimai Shinko”, la autobiografía de la escritora Nobuko Takagi, así como en el libro “Makura no Soushi”, un clásico de la literatura nipona escrito durante la era Heian por Sei Shōnagon.

Argumento

Han pasado ya diez años desde que Japón se rindiese ante los Estados Unidos poniendo de este modo fin a la Segunda Guerra Mundial. Una decisión dolorosa y controvertida pero que evitaba emular un drama como el de la división de Corea merced a la inminente invasión de la Unión Soviética, que tuvo como preludio en de la captura de las Islas Kuriles. El Imperio había fracasado en su intento de dominar Asia y Oceanía y las nuevas corrientes occidentales venidas de Europa y especialmente de América poco a poco empezaban a calar en una sociedad históricamente caracterizada por su aislacionismo y su más firme y rotunda oposición a ideas extranjeras que no estuviesen patrocinadas por el poder (y en ocasiones ni eso).

En mitad de ese panorama de conflicto cultural y generacional, una niña de nueve años llamada Kiiko Shimazu y que acaba de perder a su madre, se traslada a la aldea de Hōfu donde su padre hará las veces de médico rural. Pero ella es una flor en medio de cardos. Tímida, retraída e introvertida pero también adinerada y acostumbrada a ambientes sofisticados y burgueses, no encaja con unos compañeros que en ocasiones acuden descalzos a clase y que desconocen las reglas más elementales de la educación, los modales y el saber estar. Sin embargo, las cosas para ella están a punto de cambiar merced a una nueva amiga.

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Shinko Aoki, Kotaro Aoki y Kiiko Shimazu

Al contrario que la anterior, Shinko Aoki es una niña de carácter despierto y vivaz, capaz de encandilar a todo el mundo con su energía y sus ganas de vivir. Ello hará que, a pesar de ser una campesina como el resto de sus congéneres, logre inmediatamente cautivar a la pequeña Shimazu (hasta entonces asustada por la rudeza de sus compañeros) y convertirla así en su amiga del alma, dando pie al inicio entre un choque de mundos que poco a poco irán limando asperezas hasta converger. El de la niña rica habituada al lujo y a las comodidades, y el de la niña pobre que no sabe nada de eso, pero sí de lo estupendo que puede llegar a ser el comerse un estuche lleno de bombones de licor sólo por el placer de empacharse o incluso de emborracharse.

Pero hay algo más que distingue a Shinko del resto de niñas de su edad. En la mitad de su pelo, una especie de remolino en forma de antenas le permite retroceder mil años en el pasado y ver cómo era su pueblo durante el primer milenio de la Era Cristiana y así contactar con criaturas y seres fantásticos que puede presentarle así a su nueva amiga y que conoce a través de su abuelo, Kotaro Aoki, un antiguo maestro dedicado ahora a mejorar las nuevas infraestructuras de regadío del pueblo a pesar de sus problemas con el asma. Es lo que ella llama su “Mai Mai” y, según parece, tiene mucho que ver con la magia, ya que gracias a él ha podido contactar con una princesa que, con un milenio de antelación, viajó también al lugar en busca de una niña con la que jugar.

Tema Central de la OST

  • Kodomo no sekai” compuesto por Kotringo e interpretado por Nobuko Takagi

Análisis

No era muy difícil de adivinar. Después de haber acometido la review de Princess Arete, era lógico por mi parte el hacer lo propio con la siguiente gran película de Katabuchi que, esta vez sí, goza de un cierto reconocimiento social y que, para qué nos vamos a engañar, sí que está enfocada a un público de vocación mayoritaria al contrario de lo que ocurría con su predecesora, únicamente salvada del olvido por gente como yo, por fansubs especializados en material underground o, insistimos, por canales como Netflix cuando el título les viene en el mismo pack que acompaña a otras creaciones con un empaque considerablemente mucho mayor.

Estamos por lo tanto avanzando hacia la prometida review de In This Corner of The World, y si hay una obra sencillamente imprescindible para comprenderla es esta Mai Mai Miracle que, como veremos a continuación, sí que se encuentra en una línea mucho más cercana a aquélla de la que hará gala el autor en su más reciente largometraje y que denota en sí misma una evolución creativa en base no sólo al cambio de estudio encargado de darle vida, que en esta ocasión será MADHOUSE, sino también a la elección de la siempre socorrida temática del drama histórico de corte costumbrista propio del Japón posterior a la Segunda Guerra Mundial y que, en ocasiones, tan malos resultados ha dado, como hemos podido apreciar en este mismo blog.

Por lo pronto avanzaremos que, para variar, esta producción fue comparada… ¿adivináis? Con Ghibli y más concretamente con Totoro. Y es que en Internet, la forma tonta de hacer creer al personal que sabes algo de animación de origen nipón es compararlo todo con la obra de Miyazaki y elogiar todo lo que lleve el sello del aludido Ghibli aunque sepas positivamente que estás mintiendo. Así pues, esta reseña intenta hacer un análisis verdaderamente serio del producto que tenemos entre manos, a pesar de que en su momento pasó absolutamente desapercibido en España y, naturalmente, los pocos que se hicieron eco de él, no tardaron en sacar paralelismos con la muy citada empresa, aunque éstos no tuviesen el menor sentido. Aunque antes, por supuesto, intentaremos poner sobre la mesa algunos de los aspectos relacionados con su desarrollo.

Una nueva versión literaria desde un punto de vista más maduro

Casi una década después del fracaso de Princess Arete, Sunao Katabuchi seguía siendo a grandes rasgos un autor relativamente desconocido al que sólo se le invocaba por dos razones. Una de ellas, en tono innegablemente cansino, por su breve estancia profesional al lado de Hayao Miyazaki en dos proyectos como inicialmente Sherlock Hound y un poco más tarde con Kiki’s Delivery Service. Algo que, en resumidas cuentas, servía para elaborar alguna ficha suya cuando no se sabía qué decir y que, como diremos en la sección del análisis propiamente dicha, traerá sus consecuencias. La segunda es que poco después de terminar la que en la práctica (aunque no en teoría) fue su “Opera Prima” el cineasta ficha por el estudio MADHOUSE, que lo pondrá al frente de Black Lagoon, una serie de reconocido éxito que le abrirá las puertas del Olimpo del anime para crear con muchísima más libertad y medios de lo que había hecho hasta entonces. Algo por lo que cabía esperar algo de cierto empaque firmado por él.

A pesar de que algunas fuentes afirmen que todo empezó en 2007 y que ya por entonces el proyecto estaba muy avanzado, lo que parece claro es que esta promesa se concretará a mediados de 2008 (En medio de la edición de la Feria Internacional de Animación Japonesa de Tokio celebrada aquel año) con el anuncio a nivel mundial de la que será su tercera apuesta para la gran pantalla que llevaría por nombre Mai Mai Shinko to Sennen no Mahou y de la que apenas se dieron detalles mucho más allá aparte de que iba a tratar sobre las peripecias de una estudiante de ciudad que llega a una tierra en la que, de forma oculta a los ojos de la mayoría de los mortales, se esconde una magia cuya antigüedad supera los mil años. En resumen, una demostración más de lo que en tantas ocasiones hemos apuntado: Los estudios japoneses siguen sin saber vender sus productos ni crear expectación alguna sobre ellos fuera de sus fronteras.

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Mosaico con cuatro estudios de personajes de Mai Mai Miracle

Ya en verano de ese mismo año, coincidiendo con el lanzamiento de la web oficial del proyecto, se fueron conociendo detalles más concretos pero, a mi juicio, manifiestamente irrelevantes para los otakus occidentales, como lo era que aquella apuesta estaba en realidad inspirada en una novela infantil llamada “Mai Mai Shinko”; una autobiografía escrita por la autora Nobuko Takagi que, muy en resumidas cuentas, narraba su niñez en la prefectura de Yamaguchi, ubicada al Suroeste de Japón. Con la mano en el pecho, no puedo opinar y dar mucha más información al no conocer ni el título ni, desde luego, a la escritora mucho más allá de que los pocos artículos que sobre ella se encuentran escritos en un idioma inteligible para nosotros, apuntan a su pasión por los triángulos amorosos y las historias tórridas en esa dirección.

Otro dato del que parece que no existen demasiadas discrepancias es el de señalar que la otra gran fuente de inspiración para la producción es un libro titulado “Makura no Soushi”, escrito durante lo que en la historiografía japonesa se conoce como Era Heian (para nosotros equivalente más o menos a lo que sería la segunda mitad de nuestra Alta Edad Media) por una dama al servicio de la Emperatriz Teishi y cuyo nombre es comúnmente transcrito como Sei Shōnagon, a pesar de que su verdadera identidad es al parecer motivo de un intenso debate entre los estudiosos de esta clase de literatura cuyo nivel excede con creces las luces que yo pueda darle a esta problemática. Aunque lo importante y lo que verdaderamente importa en torno a lo que nos ocupa, es que, en resumen, el futuro largometraje combinaría libremente dos obras aparentemente inmiscibles, y aunque el resultado final y la coherencia de aquello eran muy complicados de prever, las intenciones de semejante mezcla no eran difíciles de intuir.

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Portadas de MaiMai Shinko y de Makura no Sōshi, en los que se basa la película

Según parece, la ciudad de Hōfu en la que se desarrolla esta producción, era una urbe muy poco desarrollada en los años 50 y, de acuerdo con todas las fuentes a las que he podido acceder, muchas afirman lacónicamente que su estructura urbanística se limitaba, literalmente, a una “Calle Mayor” siendo el resto de la localidad un pueblo en toda regla cuya economía se basaba casi exclusivamente en la agricultura en general y en el cultivo de arroz en particular. Dicho de otra manera, se narrarían los acontecimientos vinculados a la modernización del lugar y se compararía este proceso con otro anterior, ocurrido mil años atrás donde, según se narra en el largometraje, se realizaron ciertos trabajos para ganarle terreno al mar.

Fuere como fuere, la labor promocional fue un fracaso y a pesar de que fue de las primeras obras en utilizar la táctica de ir poco a poco lanzando trailers cada vez más largos en cuanto a su duración de 30 y 90 segundos o de incluso dejar a través de la propia cuenta de Youtube de Avex escenas completas como la introducción o aquélla en la que las niñas se emborrachan mediante bombones de licor, la cinta fue a grandes rasgos un fracaso comercial en toda regla que apenas fue capaz de recaudar 300 millones de Yen en las salas japonesas. Un lastre que, curiosamente, no fue obstáculo para que recibiese algunos premios relacionados con la animación como el visto en festivales de animación de segunda fila como el de Otawa o el de Bruselas, o que incluso fuese anunciada su licencia en España, a pesar de que un servidor no haya tenido noticias de su lanzamiento en este país hasta el día de hoy. Aunque ahora es el momento de ver si este traspiés estaba o no justificado.

Un particular duelo de princesas reencarnadas

Cuando me metieron en Internet en aquel ya lejanísimo año 1999, recuerdo como si fuese ayer cómo en aquellos tiempos de foros cutres y chats a ritmo de tortuga (en los que perdíamos miserablemente el tiempo en lugar de asistir a clase) se empezó a repetir una máxima que al parecer tenía casi una década de antigüedad, pero que a nosotros nos parecía exultantemente nueva. Se trataba de la llamada Ley de Godwin, una máxima que a lo largo del tiempo ha vivido diversos enunciados y traducciones y que, en la práctica, viene a poner en evidencia una más que esclarecedora verdad: En el ámbito de la Red, la probabilidad de establecer una analogía con el Nazismo (venga o no a cuento) es directamente proporcional al tiempo en el que se prolonga una discusión sobre cualquier asunto.

Si bien esta particular norma procede de 1990, con una Red primigenia y bastantes menos usuarios y posibilidades que en la actualidad, ya por entonces los internautas tendían a traer a colación asuntos tan rimbombantes como el de Hitler o el del III Reich con la intención de satanizar las ideas del contrario o parecer contundentes, aunque más por tratarse de un recurso sencillo y al alcance de todos (no en vano el Partido NAZI ha sido desde 1945 hasta el momento de escribir este artículo la encarnación por excelencia del mal en las producciones audiovisuales de la Edad Contemporánea) que por ser algo real. Si se prefiere, estábamos hablando de una falacia argumental que delataba a gente que, a falta de ideas, tenía que recurrir a comparaciones de ese nivel de gravedad para salir airoso de debates de los que, para qué nos vamos a engañar, no tenían ni la más remota idea.

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La clave de una parte sustancial del argumento estará en el misterioso “poder” del Mai Mai que Shinko parece albergar en el remolino de su pelo

Naturalmente, insistimos en que el concepto ha sido múltiples veces reformulado y adaptado a los tiempos. Concretamente en España, esta treta en la actualidad consiste en aludir arbitrariamente, como he dicho en repetidas ocasiones, a Franco, al Machismo o a alguna fobia inventada para intentar acallar al rival intimidándolo ante un más que probable linchamiento. Sin embargo, sí que existen versiones algo más amables de este mal. Y en el universo del manganime, no existe en estos tiempos una mejor manera de quedar como un intelectual (siendo un simple imbécil) que dar la matraca con Ghibli y comparar cualquier película con las producciones de este estudio aunque carezca completamente de sentido. Y desde luego que el largometraje que en esta ocasión nos ocupa es una buena demostración de esto último.

Si os ha sucedido como a mí y os habéis topado con unas diez reseñas que hablan de esta obra y la comparan con Totoro, por favor haced caso de esto que voy a señalar como de una verdad revelada por Dios se tratase: No han visto ni esta cinta ni desde luego aquélla. Es triste tener que decir que, en el mundillo en el que nos movemos, inventarse cosas sobre obras que uno no ha visto es tan viejo como hablar de animación japonesa. Por lo tanto, lo primero que hay que decir sobre Mai Mai Miracle es esto. Casi todo lo que se dice o lo que se cuenta sobre ella en inglés o en nuestro idioma es, a grandes rasgos, falso y muchos de los que la han “analizado” se han limitado a plagiar una estupidez proferida por una web inglesa a la que no mencionaré por no darles publicidad, y se han quedado tan panchos. Y es que, una vez más, la frivolidad con la que se sacan comparaciones o influencias con Miyazaki en Occidente es asombrosa, pero lo que se hizo con esto, roza lo delirante.

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¿Seguro que Shinko no está basada, una vez más, en Heidi?

Dejado bien claro todo lo anterior, sería muy conveniente decir qué es o, por lo menos, qué intenta esta producción, y la respuesta, desde luego, no es precisamente sencilla. Es más, fueron tres las veces que tuve que acometer su visionado hasta que por fin tuve bien claro lo que tenía entre mis manos, y es, ni más ni menos que… una obra inacabada. Así es, nada más comenzar este análisis me veo en la obligación de adelantar una de sus más dolorosas conclusiones. De hecho, su comienzo es tan apresurado y la sucesión de acontecimientos tan precipitada, que resulta muy difícil hacerse a la idea de lo que uno, como espectador, tiene ante sí, y creo que lo más adecuado sería afirmar que estamos ante un choque de mundos.

Aparentemente estamos ante la cronología de una amistad arquetípica de las muchas que podemos encontrarnos en infinidad de clásicos de la literatura infantil y juvenil de los siglos XIX y XX del que el más socorrido ejemplo es el de Heidi. Es decir, niña de clase baja (o, más globalmente hablando, “de origen humilde”) pero con una enorme y contagiosa pasión por la vida y sus pequeños placeres; y niña rica, culta y sofisticada que, por contra, es el paradigma de las desdichas que, por supuesto, serán curadas mediante una bonita amistad que irá madurando conforme se sucedan los acontecimientos. Y efectivamente, la historia que tenemos ante nosotros es a grandes rasgos esto, pero más tarde comprenderemos que no es del todo así.

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A pesar de la introducción, el primer momento verdaderamente impactante del relato consiste en la llegada de Kiiko a la estación y su particular indumentaria de niña rica

La llegada a la estación de Kiiko Shimazu con su cofia y su “vestido de Domingo” y la posterior conversación con el chófer que la lleva a su nuevo hogar (en un pueblo en el que todo el mundo se desplaza a pie o en bicicleta) es la prueba más evidente de lo que vamos a ver. Se trata de una muchacha que viene de otro mundo y más concretamente del Tokio de 1955; una ciudad que ya ha superado el fantasma de la posguerra y que empieza a asimilar de un modo palpable las nuevas tendencias que la Occidentalización impuesta por Estados Unidos y su todopoderoso mercado han marcado en una sociedad que, apenas 15 años atrás, seguía creyendo en la divinidad de su Emperador.

No es por lo tanto extraño que sean varios los visionados que necesitaremos efectuar para comprender en todo su esplendor la escena en la que ella entra por primera vez en la escuela del pueblo y la reacción que genera en sus compañeros. Sí, efectivamente, estamos a punto de ver un choque de mundos, pero no motivado por las diferencias de clase social entre la pareja protagonista, sino por la colisión entre los dos tipos de Japón que están a punto de enfrentarse. Kiiko es el aperturista y sofisticado, aquél en el que se ve con normalidad la moda occidental, las cajas con casi 30 tipos de lápices de colores y los tonos suaves y delicados al hablar. Shinko por contra pertenece al que poco a poco está condenado a desaparecer y que tan bien representa su abuelo. Aquél que es fruto directo de la herencia feudal japonesa, caracterizado en ocasiones por la rudeza de algunos de sus habitantes y por un cierto rechazo hacia “lo nuevo” simbolizado en un comentario que considera que Shimazu “huele mal” por culpa de su perfume.

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Momento en el que Kiiko trata de rescatar uno de sus lápices de colores que están siendo destrozados por un compañero de clase

Una está acostumbrada a las comodidades. De hecho, no acude a clase con uniforme, al contrario que sus compañeros. Y éstos, a su vez, no comprenden el peculiar universo del que puede salir una niña que se pinta los labios y que ve con temor cómo un compañero destroza uno de sus lapiceros con su navaja, a la par que se le caen los mocos. Como tampoco parecen entender que esta clase de actitudes conllevasen un más que merecido castigo. La otra vive sin miedo alguno, tal y como ocurre en los pueblos. Sin temor a cosas como comer bombones de licor o jugar con unos perros que a su compañera le inspiran auténtico pavor, hasta el punto de huir de ellos. Todo ello compensado con una capacidad de asombro portentosa capaz de ver en una nevera algo mágico o de mostrarse sorprendida ante la simple mención de un televisor.

Como no podría ser de otra manera, Kiiko tiene unas muy considerables carencias emocionales. A su carácter tímido y retraído se le suma el drama interno que vive debido a la prematura muerte de su madre por culpa de un derrame pleural, que deja a la pequeña en un estado permanente de luto no declarado de la que su amiga la sacará, aunque irónicamente será a través del Whisky. Del mismo modo, su padre es médico y, como tal, se convierte en un hombre muy importante en la ciudad, pero ella por contra se siente sola, cosa que no ocurre con Shinko, quien a pesar de la ausencia de su padre, se encuentra entrañablemente unida a su abuelo y a su hermana de cinco años. Compañía a la que se suma otra muy especial.

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La gran incógnita oculta que alberga la película es la naturaleza de la princesa milenaria que busca una niña con la que jugar y que evolucionará en paralelo a las niñas

Aoki tiene una desbordante imaginación y considera que su “Mai Mai” (nombre que le ha puesto al remolino que tiene en el flequillo) puede hacer que se convierta en espectadora de lo que ocurría en su pueblo mil años atrás (en la Era Heian de la historiografía japonesa), y más concretamente con la hija del gobernador de la zona, quien a pesar de tener un progenitor de 67 años, tiene la misma edad que Shinko, aunque diferenciándose con ella en dos cosas. Una, que su padre es un hombre culto capaz de componer e interpretar poesías que despiertan la admiración entre sus semejantes. La otra, que ella no es una campesina más, sino nada menos que una princesa que, en el fondo, se siente sola alejada del mundo que supuestamente está destinada a gobernar o, cuanto menos, a tener una influencia decisiva, y sólo busca una amiga con la que jugar.

Como no es muy difícil de deducir, esta última variable empieza a complicar lo que en un principio parecía un rompecabezas sin demasiada complejidad y con claras connotaciones emotivas. Existirá por lo tanto un importante número de escenas en las que la acción se desarrollará en un doble plano que llevará un paso más allá el planteamiento que en los párrafos anteriores hemos apuntado. No estaremos hablando únicamente del conflicto entre la identidad japonesa anterior y posterior a la Segunda Guerra Mundial, sino también el de una problemática mucho más trasversal como lo es el choque entre el Japón que para nosotros los occidentales representa el anterior y el posterior al emperador Meiji. En otras palabras, seremos testigos del conflicto sentimental entre la evolución natural que debió haber experimentado el archipiélago y la que se ve obligada a experimentar a marchas forzadas durante el siglo XIX para evitar ser una parte más de los imperios europeos en general y el holandés o el ruso en particular.

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La escena en la que Kiiko y su padre son llevados a su casa en el único coche del pueblo delata hasta qué punto la ciudad de Hōfu se encontraba atrasada respecto a otras ciudades japonesas más cosmopolitas

Obviamente, este segundo conflicto, de haberse llevado correctamente, hubiese hecho de Mai Mai Miracle una de las películas imprescindibles del cine nipón de la presente centuria que, además, significaría una pieza de culto para los orientalistas europeos, que podrían encontrar en ella un fiel testimonio de esta problemática, comúnmente evocada en los análisis sobre el género del manganime pero que rara vez es resuelta de un modo satisfactorio por todos aquéllos que han pretendido darle una respuesta. Y aquí es donde, definitivamente, hemos de rendirnos a la evidencia de que el guión plantea una situación que a todas luces supera todo lo que Katabuchi quería realmente mostrar. Pero todavía no ahondaremos en ello.

Pensemos por lo tanto en una situación. Durante la primera parte de la cinta, se nos proponen dos problemáticas como son las de el contraste entre el Japón más tradicional frente al más vanguardista, y el de los japoneses más occidentalizados y pudientes frente a los más tradicionales y, por qué no decirlo, más humildes en cuanto a sus recursos económicos. Sólo uno de estos temas, exigiría un largometraje de al menos tres horas que sirviese para desarrollar adecuadamente todo lo que se quiere transmitir, y 94 minutos se nos antojan a todas luces poco para semejantes pretensiones. Sin embargo, el argumento nos tendrá reservada una sorpresa más que poco a poco se nos irá desvelando y que hallará su punto de partida justamente en su mitad.

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La muerte será también un tema que de un modo u otro salpicará las vidas de las jóvenes hasta el término de la historia

En este instante nos encontramos con una Kiiko ya integrada con los chicos del pueblo y con una Shinko convertida en su mejor amiga de un modo claro e indubitado. Todos los que alguna vez hemos vivido en un pueblo sabemos cómo se configuran sus pandas y que la conformación de una situación así está plena y fidedignamente reflejada. Y es aquí donde tomaremos conciencia de ello ya que lo más habitual cuando uno vive en una de estas localidades es la de que “cuando el Diablo no sabe qué hacer, con el rabo mata moscas”, queriendo decir que el aburrimiento en esta clase de lugares es de tal envergadura que uno termina haciendo lo que sea por matar el tiempo. Y colarse en el cine era la manera más aventurada y divertida de probar esa afirmación.

De este modo, la panda protagonizará un peculiar “simpa” en la sala de la localidad y, naturalmente, no lo hará para ver una película al uso… sino más bien una en la que podían apreciarse los ardientes besos entre hombres apolíneos y mujeres de grandes escotes que encendieron la llama de la pasión de varias generaciones de cinéfilos y que encontraban su origen, cómo no, en el cine estadounidense, muchas veces ambientado en su Oeste del que “The Outlaw” de Hughes es tal vez su título más emblemático. Si se prefiere, no sólo ven gratis un largometraje sino que además consiguen visionar un título que, aparte de hablar en inglés, adolece de un contenido que hubiese hecho que cualquier taquillero en su sano juicio les hubiese denegado una entrada por los medios convencionales por no ser un contenido apto para menores.

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Momento en el que la película hace un más que descarado guiño a “Cinema Paradiso” y a sus escenas de besos apasionados que despertaban el morbo del pueblo

Lo narrado en el párrafo anterior tiene una significación que va mucho más allá de la mera anécdota. La más evidente es la de que ni los niños ni ninguno de los presentes en aquel diminuto cine probablemente no tenían ni la más remota idea del idioma de Shakespeare, lo que unido a la ausencia de subtítulos, significaba que el único motivo que los llevaba a todos ellos a ver la proyección no era el amor al Séptimo Arte, sino el morbo proporcionado por un Erotismo que por aquel entonces se había convertido en uno de los principales filones de las producciones norteamericanas que en no pocas ocasiones toparía en su tierra de origen con la intransigencia de los más férreos seguidores del “Código Hays”. Pero existirá una segunda connotación que muy pocos serán capaces de captar en un primer momento, pero que inmediatamente todo buen seguidor del buen cine detectará. ¿No es esto acaso un guiño a “Cinema Paradiso”?

La alusión a la magistral película italiana no es ningún accidente ni un detalle de pretenciosidad por mi parte. En aquella producción, la crítica es más o menos unánime a la hora de señalar que su director, Giuseppe Tornatore, pretendía firmar con ella una carta de amor al cine en general y al clásico en particular. Pero lo cierto es que, además, la cinta suponía un desgarrador retrato de la Italia de la posguerra no precisamente amable ni condescendiente con los sicilianos y que, por encima de todo, representaba una crítica feroz en torno a esa sociedad que evoluciona paralelamente a ese cine y que, en definitiva, hubiese dejado que el bueno de Alfredo ardiese en su interior, y que deja sin trabajo al infeliz de Salvatore en el mismo momento en el que pueden deshacerse de él, a pesar de que se le había prometido lo contrario. Resumiendo, el film nos presentaba el dramático descubrimiento que para un niño supone la oscuridad del mundo de los adultos.

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Momento en el que Tatsuyoshi le entrega a Shinko su Bokken en señal del abandono de la infancia

Teniendo lo anterior en la cabeza, podremos observar cómo este momento cambiará dramáticamente la evolución de Mai Mai Miracle y se transformará paulatinamente hasta convertirse en algo muy similar. Kiiko ya no tiene problemas de integración y sus objetos y juguetes de niña rica y bien educada ya no supondrán sorpresa alguna para el espectador, mientras que aquella princesa que vivía hace mil años con la que Shinko se encuentra enigmáticamente conectada, tampoco parece vivir aventuras especialmente llamativas. Pero entonces, en mitad de ese momento de parón, ocurre algo muy típico en esos ambientes: Mitsuko, la hermana pequeña de la protagonista, desaparece, provocando la alarma de todo el pueblo. Pero la trastada tendrá un final feliz.

Un policía del pueblo, aparentemente respetable y admirable para los muchachos, encuentra a la niña mientras estaba recolectando pelotas de Golf y la trae de vuelta a casa. Efectivamente podemos caer en la tentación de pensar que estamos ante una metáfora más relacionada con la occidentalización del Imperio del Sol Naciente que lleva a la perdición a sus habitantes más indefensos en base a uno de los deportes más socorridamente norteamericanos como lo es el de “hacer unos hoyos”. Pero no tardaremos en darnos cuenta de que no es ésa la intención de la obra en este punto, dado que en todo momento, desde la recreación de su figura bizarra y evidentemente musculada hasta sus ademanes de hombre poderoso capaz de dominar un Bokken como si de un maestro de Kendo se tratase, se nos da a entender que estamos ante un héroe; ante un hombre que ningún niño podría dejar de admirar… y será entonces cuando recibamos uno de los mayores golpes que este anime nos tiene reservados.

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Momento en el que el padre de Tatsuyoshi hace gala de sus habilidades con el Kendo para asombro de los niños del pueblo

Justo el día en el que habían prometido que tanto la siempre melancólica Kiiko como el resto de los niños sonreirían, aquel hombre invencible y admirable aparece ahorcado en su casa. Y pronto los rumores apuntan a la verdad. A pesar de estar casado llevaba una doble vida en la que el consumo de alcohol y de prostitución y las deudas de juego contraídas con la Yakuza lo habían llevado a una situación de tal desesperación que decidió quitarse la vida. ¿Cómo es posible? ¿Acaso ese mundo de los adultos como férreos referentes morales no es real? ¿No se suponía que las únicas fantasías se sucedían dentro de la mente de Shinko y sus viajes imaginarios a la Era Heian?

Y aquí es donde nos encontramos con la verdadera y tal vez más genuina esencia del relato con el que nos topamos y es la de que efectivamente todo empieza planteándose como un choque intergeneracional e intercultural. Pero en realidad, descubriremos que el verdadero objetivo del film muy problablemente no es ése, sino tal vez la peor de las enseñanzas que nos depara la vida, como es la de que el universo en el que vivimos es en realidad una ficción construida en base a las apariencias y que el llamado “mundo de los adultos” esconde un lado oscuro. Por ello crecer implica forzosamente el tener que asumir como parte de una verdad universal, que la infancia es un particular “The Matrix” en el que fuimos aislados para poder conservar una inocencia que, ya de mayores, no podemos permitirnos el lujo de portar.

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Instante de la película en la que tres miembros de la Marina de los Estados Unidos se emborrachan en el barrio rojo de la ciudad

Aquel hombre, aparentemente admirable, engañaba a su mujer con una rubia despampanante que trabajaba en compañía de la Yakuza en un bar que llevaba el muy ilustrativo nombre de “California” construido mediante un letrero semidestartalado. El simbolismo de la escena es evidente. Tal y como reflejan películas como “Oficial y Caballero” lo cierto es que el comportamiento de algunos miembros del cuerpo de Marines de los Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XX fue el de unirse a las hampas locales de las zonas que “protegían” que el film que catapultó al estrellato a Richard Gere situaba en la prostitución filipina mientras que éste hace lo propio con la japonesa, unido a la colaboración con las mafias del juego. Pero si bien podríamos interpretar una escena como ésta como una crítica a la ocupación de Estados Unidos en Japón, la verdad es que el mensaje está mucho más difuminado en torno al drama del desengaño que supone el paso de la niñez a la edad adulta y que representará como ningún otro el particular viaje que protagonizan Shinko y Tatsuyoshi en busca de venganza y que tendrá un desenlace cuanto menos inesperado.

Por un lado, y como nos hemos hartado a repetir, un hombre al que creían admirable llevaba una doble vida como juerguista y como vividor. Pero ¿y si resulta que esto no es un episodio aislado y hubiese otro caso? Y no existe un modelo de conducta más claro para un niño que un policía y… un profesor, que en este caso será su maestra… Una mujer sabia, culta, realmente bella y tremendamente respetable va a abandonarlos para casarse con un esbelto jugador de Rugby de Tokio. Todo parece un cuento de hadas de los muchos que les han contado a sus alumnos y que los tenían ensimismados durante su más tierna infancia… La realidad, es que ella ha sido amante de un hombre casado y con hijos que la abandona cuando se cansa de sus encantos, por lo que ella decidirá darle una oportunidad a un hombre que la amaba desde sus años juntos en la Universidad y con el que se unirá… por despecho y no por amor.

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La temática de la cinta se irá tornando más oscura conforme vayamos avanzando en el argumento hasta el punto de llegar a una particular venganza consistente en un coscorrón de poca entidad

Shinko comprenderá de este modo que el mundo que la rodea y en el que ha crecido no es más que una mentira. Kiiko por otro asumirá en ese momento el poder derivado del “Mai Mai” del que tanto disfruta su amiga del alma y podrá por fin ponerse en la piel de aquella princesa de la que apenas sabe nada ninguna de las dos. Así que heredará esa capacidad y, de este modo, vivirá una aventura cuyo significado sólo comprenderemos al término del largometraje: Desesperada por encontrar la niña que quería encontrar para jugar, termina por visitar a una familia de siervos que no ha podido trabajar por culpa de la enfermedad. Éstos temen que la joven acabe con su vida y suplican su clemencia. Pero ella, compasiva y sabedora del sufrimiento que empieza a padecer su gente por culpa de la pobreza y la precariedad de medios que en aquel momento padece la zona, no sólo las perdona sino que incluso representa para ellas una particular función de marionetas que les devolverá casi milagrosamente la salud… y será aquí cuando por fin lo entendamos todo.

Al principio de la historia Aoki era la soberana espiritual del pueblo donde vivía feliz en un mundo idealizado merced tanto a lo que sabía de sus vecinos, como por las historias de su abuelo enfermo, al que quería posiblemente más que a su padre. Pero ese mundo desaparecerá progresivamente ante sus ojos merced a los múltiples desengaños de los que será testigo y dejará definitivamente de tener sentido para ella cuando Kotaro abandone definitivamente este mundo por culpa del asma. En definitiva, aquel pueblo en el que ha vivido feliz y contenta ha desaparecido ante sus ojos y finalmente opta por mudarse a la ciudad en la que trabaja su progenitor, dejando de lado un pueblo que ya para ella posiblemente no representa más que un dolor que no se atreve a exteriorizar.

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Hasta los instantes finales, parecía que Shinko era la reencarnación de la princesa, pero más tarde descubriremos que no es así

Shimazu, por contra, encuentra en la población y sus habitantes un motivo para vivir. Ella, que jamás había podido superar el fallecimiento de su madre, se convierte en el verdadero referente social de la comunidad y empieza a sentir hacia ella un sentimiento de amor correspondido que hace que abandone para siempre tanto sus sentimientos negativos como la idea de volver a Tokio para quedarse allí, junto a unos aldeanos que han aprendido a quererla y a respetarla y que la han aceptado como a su auténtica princesa, en un intercambio de papeles completamente inesperado y que configurará un desenlace tan sorprendente como complaciente para un espectador tal vez ansioso de más trascendencia en la obra, pero que puede asimilar esta manera de finalizar, un tanto inacabada, pero asimilable a fin de cuentas.

Como podemos ver, la influencia de Totoro de la que tanto se habla en otras webs es simplemente nula y, tal y como ocurriese con Princess Arete, la única reminiscencia visible y creíble que veremos en la cinta remotamente procedente de algo relacionable con Ghibli es, una vez más, Heidi que, como nos hemos hartado de decir, es la génesis de Nippon Animation, y de la que claramente toma principio y origen el personaje de la tan mencionada Shinko Aoki, que incluso sonríe de la misma manera y que, al igual que la niña de los Alpes, se encuentra muy estrechamente vinculada a su no menos referido abuelo. Lo que puede servir para remarcar la idea con la que iniciamos nuestro análisis. Se ha hablado de muchos productos de animación japonesa sin haberlos visto siquiera y este film es un buen ejemplo de ello.

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Kiiko, ya uniformada como una escolar del lugar, se despide de Shinko en lo que es, sin duda, un símbolo evidente de cambio de “poder” en el pueblo

Técnicamente hablando estamos a la altura de un producto de la factoría Madhouse. Es decir, escenarios con un impresionante nivel de colorido, mezclados con algunos efectos para dar un toque infantil a ciertos instantes, paisajes metropolitanos y rurales meticulosamente reproducidos de la Hōfu de 1955 y personajes de diseños estables y perfectamente integrados con su entorno hacen que, en resumen, podamos concluir con que estamos ante un apartado impecable que, por contra, adolece de una banda sonora mediocre por parte de Shusei Murai y Minako Obata de la que ningún tema sobresaldrá especialmente sobre los demás más allá del “Kodomo no sekai” al final de todo. Un fallo en ese sentido que no solucionó el director de su anterior trabajo al presente y que enturbia en cierta manera el resultado final.

En definitiva, podríamos decir que Katabuchi aprendió de algunos de sus errores en Arite y ofreció a sus seguidores un producto más atractivo que aquel cuento feminista y descaradamente cercenado, apostando por un caballo relativamente seguro en el mundo de la animación japonesa como es el del realismo costumbrista, a pesar de que éste (históricamente hablando) sólo garantiza la recuperación de inversiones en taquilla, en vez del éxito que las obras rompedoras y arriesgadas de Miyazaki en su tiempo, más tarde Kon y en la actualidad Hosoda con capaces de cosechar. Una obra conservadora, muy superior precisamente a esas aberraciones de Ghibli llamadas Omohide Poro Poro o From Up To Poppy Hill, pero que deja un sabor agridulce por no haber resuelto correctamente todos los conflictos históricos y filosóficos que plantea en su principio y que hubiesen hecho de ella un clásico. Lo que evidentemente debe tener sus consecuencias en la nota final.

Conclusión

Reconozco que cuando me puse a ver esta película no me esperaba gran cosa de ella merced a la utilización de una fórmula que casi siempre me ha dado mala espina y que no me ha llevado más que a continuas decepciones a lo largo de mi vida en torno a la animación japonesa: la del Realismo de corte costumbrista con la intención de recrear una situación histórica del Imperio del Sol Naciente sin muchas más pretensiones que ésas. Una idea que directores como Kurosawa o Kobayashi supieron plasmar magistralmente a lo largo de obras de imagen real como “Ikuru” o la trilogía “Ningen no joken” pero que han tenido como resultado en el terreno del anime, fracasos estrepitosos y de muy desagradable recuerdo para mi persona que, en resumen, me echaron sistemáticamente para atrás en mi idea de darle una oportunidad.

Tras haber visto hasta en tres ocasiones todo su metraje, la impresión que queda sobre él es sorprendentemente positiva, aunque sólo en comparación con sus más que mediocres rivales por parte de, fundamentalmente, Ghibli. Si se prefiere, el film es sensiblemente superior a la inmensa mayoría de sus competidores en clave de largometraje del género, pero al final de todo termina inspirando una sensación cuya mera evocación es un pecado mortal en todo largometraje que se tenga como tal. La idea de que podía haber llegado a ser mucho más de lo que finalmente es; de que media hora más de metraje y algo de picardía por parte de su director, hubiese hecho de ella una apuesta memorable y no una simple película pasable con la que pasar el rato como finalmente es.

Con todo esto, lo que intento decir es que estamos ante una obra “bonita” y con cierto interés de cara a conocer mejor una parte de la Historia Contemporánea de Japón, pero aspiraba a más. Nos explica el drama del paso de la infancia a la edad adulta en un niño, pero no en todo un país. Katabuchi pretendía explicarnos el mal trago que para todo un país supuso tanto la renuncia a sus tradiciones como el abandono de su identidad tras la pérdida de una guerra, y se ha quedado únicamente en lo que otros tantos han hecho bastante mejor que él en el mundo de la imagen real, pero no en el del anime. Un hecho que sitúa a este largometraje como uno de los mejores en cuanto al género de la “Recreación de la vida” pero al que le falta una hora más para cumplir con todos los objetivos a los que verdaderamente aspiraba. Lástima.

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NOTA: 6,5

7 comentarios el “Mai Mai Miracle, el milagro de crecer según Sunao Katabuchi

  1. Primero que nada me alegra que estés mejor y que te distraigas un poco con el hobby de ver películas o escribir.

    Vi el último video que subiste y el tema estaba muy interesante, lo que pasa por acá no está muy lejos de las cosas que comentas. Con el tiempo he aprendido que suelen haber problemas similares en muchas regiones y nadie parece prestarles la debida atención, al final a la mayoría nos toca vivir con temor de lo que pueda pasar mañana y es muy difícil fingir que todo está bien. Yo mismo estoy en una situación nada envidiable que me agobia constantemente, por eso comprendo muchos de los puntos que tocas en el video.

    Al final supongo que muchos en el fondo saben lo que sucede pero prefieren distraerse con tonterías y con temas de moda. Eso sumado a la irresponsabilidad de la prensa y la gente que tiene el poder de informar y manipular :/

    Ya sobre la película, la acabo de ver y me gustó mucho más que La Princesa Arete, esta vez sí tenemos un personaje más humano y no solo alguien que simboliza un tema.

    Los dibujos, escenarios y animación me parecieron de gran calidad. Incluso en cuanto a ritmo y tono es una película sencilla de ver y se la recomendaría a varias personas. Hasta me trajo recuerdos de la infancia.

    Lo que pasa es lo siguiente, si en forma es mejor que Arete, en contenido es menos interesante, habría que elegir entre quedarse con el factor entretenimiento o con el tema de mayor relevancia.

    Diría que la primera hora (sin ser demasiado especial) logra ser buena, pero luego de eso la dirección se cae, tratan de hacer varias cosas a la vez y no logra cerrar nada de manera redonda. La historia del pasado no se acopla con la subtrama del policía. El drama algo conmueve pero igual termina sintiéndose extraño.

    Al final la película deja una sensación positiva pero también una sensación de que los temas quedan inconclusos o que fueron solucionados de forma poco satisfactoria. No fue un final que me llenara mucho la verdad.

    La canción del final está bonita.

    Si “In This Corner of the World” logra mezclar la relevancia de Arete con la narrativa agradable de Mai Mai Miracle y si la dirección y temas se mantienen estables, puede que veamos una película realmente buena. Al menos de un 8.

    Pd: No le vi ningún parecido a Totoro ja ja es que esas comparaciones me recuerdan a esto.

    • Re-leyendo tu reseña me iba a replantear lo de la relevancia, pero la verdad es que no puedo darle demasiado crédito, se queda corta en todos los temas menos en el de madurar, que ya es algo bastante manoseado. Del resto me parece que no da mucho que pensar.

      • Es que es, como decimos en España, “del montón”. Pero entre tanta basura, no está mal del todo. A secas. Y sobre lo de Ghibli… De verdad, yo es que ya ni me molesto con las tonterías que he llegado a leer y los números que me han llegado a armar al respecto. Pero es que lo ocurrido con las comparaciones absurdas en esta película roza lo cómico.

        Un saludo.

  2. Tanto tiempo sin pasarme por aquí, espero que te sientas un poco mejor.

    Sobre esta película…uff, seré breve. La vi hace ya varios años, no me esperaba mucho de ella pero la imagen promocional era bonita y decidí darle una oportunidad. El aspecto visual me recordó mucho a los diseños de Ghibli, lo cual me gustó, pero tanto personajes como historia terminaron por aburrirme. No sé, no es que sea mala pero se me hizo poco interesante y olvidable y es triste porque me pongo a ver imágenes de la película y pienso “vaya, si se ve preciosa, que paisajes rurales más bellos… ¿cómo es que no le vi su encanto?” Una lástima, o la vi en un mal momento o no era para mi.

    Saludos!

    • Me basta ver que te pasas por aquí para estar muchísimo mejor. Un fortísimo abrazo Karina. Ya hablaré de una peli mejor la próxima vez, que será muy pronto.

      Un abrazo.

  3. Un gran gusto en volver a leer una reseña sobre un largometraje, una interesante película que más allá de no cumplir las expectativas que parecía presentar desde el turbio contexto histórico-social del Japón, fue lo más entretenido entre lo que promete Hollywood y sus declamatorias producciones autohomenajes.
    Las producciones Ghibli (no-Miyazaki) tendrán prensa y retransmisión a todo el mundo (en mi continente solo en canales infantiles), pero simplemente por estética de imagen y aspecto infantil, no ofrecen otra cosa que historias corrientes pareciendo más protectores de pantalla. Sin ir más lejos un relato costumbrista se tornaría aburrido y repetitivo, sin embargo la sinceridad y la espontaneidad de sus personajes (me encantó el progreso de Kiiko) pudo hacerme pasar al menos una hora de diversión genuina sin buscar excusas de comparaciones a otros films del género. Lástima el final, pero para ese momento ya tenia mi buena impresión en no ser tan severo con un proyecto sin tantas pretensiones.
    Kimi no na wa (todavía no vista por este servidor) fue todo un éxito histórico impensado en taquilla de su país, hasta para el mismo Shinkai. Sin embargo me deja la impresión de que fue por fortuna al enorme hipster generado por redes sociales, o la obra entendió los anhelos y los gustos de lo generación nipona. La película en si me sacara esta duda, pese a que no estará en la nomina de los Oscars a la animación.
    Sobre tu video balance despedida/comienzo de año, debo decir que la situación política, social y económica de España esta mucho peor de lo creía. Medios como El Mundo, El Pais o hasta EuropaPress no podrian hacer otra labor que distraerme de las cosas que realmente afecta a la sociedad en su conjunto. En mi país el aparato mediático de manipulación de los medios, pensaba que había alcanzado su cúspide en la época del peronismo Kirchnerista y en su oposición, pero escuchándote y entendiendo lo mejor posible, la situación no pinta para mejorar. Lo que hablas del relevo generacional, es obvio que apuntas a que la irreverencia de la juventud ha traspasado el lado del discurso social, apuntando desde la moda más instantánea que generan las redes sociales para hablar algo de lo que no saben (mi idea de que lo mejor es usar poco o nada las redes sociales, no sé como sera para vos), o hasta manipular la opinión general para desviar la culpa y responsabilidades del Estado hacia la parte de la población pudiente. La sensación de inseguridad es 70 por cierto de los noticias matutinas por televisión en mi caso; y es algo que sobreexagera la lealtad hacia actitudes fascistas y anula la obediencia a las instituciones y leyes.
    Te deseo lo mejor para este inicio del año y de animes no creo en propuestas optimistas este año, más allá de las temporadas de franquicia esperadas, como la continuación de Shingeki no Kyojin o la pelicula conceptual de Puella Magi Madoka Magica.

    Saludos.

    PD: Desde el tiempo en que escribes esta review, sos muy poco exigente con el Real Madrid, que juega a horrores cuando gana con Ramos y cuando no (Copa del Rey), también con Ramos. Y no te creas que los entrenadores argentinos por tener suerte en equipos de La Liga, vayan a ser las promesas de algo que nunca va existir como sacarle la Copa del Rey a un Barcelona que, pese a la desverguenza de sus dirigentes que le hacen plantón a la FIFA (tampoco es de ofenderse tanto si comparamos fraudes económicos), se la llevara a su vitrina.
    Llegue a esa conclusión después de que Higuaín los delatara al decir que silbar a sus players es parte de su cultura, si la afición merengue silba, toda la afición española silba.

    • Es que me ocurrió algo terrible antes de Navidad y, desde ese día, estoy muy blando con todo. Hasta con el Real Madrid. Y eso que últimamente no va demasiado bien, pero créeme, en mi estado anima cualquier cosa.

      Un saludo.

      PD: Me alegro de volver a verte por aquí. Se te echaba de menos 😉

Adelante, siéntete libre para incordiar :3

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