Kimi no Na Wa (Your Name). El nombre para recordar de Makoto Shinkai

– ¿Eh? ¿Mitsuha? ¡Hey Mitsuha! Quería decirte que dondequiera que te encuentres, te buscaré. Tu nombre es Mitsuha. Sí, lo recordaré. Mitsuha, Mitsuha, Mitsuha. Tu nombre es Mitsuha. Tu nombre es… ¿Quién eres? ¿Por qué vine aquí? ¡Vine aquí a verla! Lo hice para salvarla, porque quería que viviese. ¿Quién era? ¿Quién? ¿A quién vine a ver? A alguien querida para mí, a alguien que no debo olvidar, a alguien que no quiero olvidar. ¿Quién? ¿Quién? ¿Quién? ¿Quién? ¡Cuál es tu nombre! – Taki-Kun, Taki-Kun, Taki-Kun. Está bien, lo recordaré y jamás lo olvidaré. Taki-Kun, Taki-Kun. ¡Tu nombre es Taki-Kun! Pero… ¿Quién eres? ¿Quién? ¿Quién? ¿Quién eres? Alguien querido por mí, no debo olvidarlo. ¡No quiero olvidarlo! ¿Quién? ¿Quién? ¿Quién eres tú? ¡Cuál es tu nombre! (…) – Un momento. ¿No nos hemos visto antes? – Creo que sí. – Tu nombre es…

No me voy a andar con rodeos. Necesitaba hacer esta review. O tal vez debería decir que era imperioso para mí el hincarle de una vez el diente a un anime de renombre que, bueno o malo, hiciese que me abalanzase sobre el teclado y empezase a machacarlo con los primeros pensamientos que me viniesen a la cabeza con la intención de dejar constancia de que existe un arte llamado “anime” y de que tengo un blog dedicado a intentar expandir el gusto y el amor que siento por él. Aunque últimamente ello haya sido un tanto difícil para mí, bien por el exceso de trabajo que desde hace años tengo que sufrir a mis espaldas, bien por la desgana que últimamente he padecido debido a un estado de ánimo anormalmente bajo hasta para mí.

Pero amigos, por fin he podido degustar la última obra del que para mí es, con mucha diferencia, el mejor autor japonés de la actualidad y del que puedo decir, sin ánimo de presunción, que he sido uno de los principales responsables de darlo a conocer en España desde los tiempos en los que lo idolatrábamos éramos considerados como poco más que una “panda de frikis”. Porque sí, muchos son los que a base de años se han ido subiendo al carro de sus seguidores alabando su trabajo y ensalzando sus méritos. Aunque lo cierto es que pocos, muy pocos, fuimos los que hace años nos fijamos en aquel muchacho que, de la mano de un Mac y ayudado por Tenmon, hacía las delicias de los cuatro gatos que por aquel entonces hablábamos de animación japonesa y se nos ocurrió apostar de un modo por él… bueno, por él y por sus extrañísimas historias que entremezclaban amores platónicos imposibles con la Ciencia Ficción, dando como resultado unas obras, a primera vista, rocambolescas, pero que ocultaban en su interior los intrincados recursos narrativos de los que sólo los genios pueden hacer gala.

He hecho esperar demasiado este análisis. Soy consciente de que muchos sois los que os habéis preocupado por mi aparente ausencia y, precisamente por ello, mi manera de daros las gracias por esperarme hasta que volviese a estar en condiciones de escribir es ésta; un análisis del que para mí no es uno más, sino sencillamente el mayor de los genios que se esconden en el Imperio del Sol Naciente y que, a base de obras maestras, se ha convertido en parte esencial de mi vida. No obstante, espero que me disculpéis si, al margen de dedicaros esta entrada a todos vosotros, tenga un recuerdo muy especial hacia Dunkel-Light. Ha sido sin lugar a dudas el que más me ha ayudado a llevarla a buen puerto, ha estado a mi lado en unos momentos muy duros y si hay alguien que ha demostrado que merece una dedicatoria, ése sin lugar a dudas es él. Así pues, y dejando patente que es un lujo tener como lector a nuestro amigo costarricense, no nos entretengamos más, y comencemos.

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